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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Trabajo Práctico sobre el método científico: Información extra: el método científico. observación, planetamiento del problema, el problema, la hipótesis, el experimento, la experimentación, la formulación de la teoría. Agregado: 17 de JUNIO de 2003 (Por Michel Mosse) | Palabras: 2028 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Botánica > |
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Toda ciencia tiene su base, en último término, en el método científico.
Tanto las posibilidades como las limitaciones de la ciencia dependen de este
método. Y donde quiera que el método científico no pueda aplicarse no puede
haber ciencia.
Consideradas aisladamente, la mayor parte de las fases del método
científico son procedimientos vulgares empleados cada día por todo el mundo.
(Cuando se decide que transporte es mejor tomar para llegar a determinado
lugar, para saber si una comida desconocida es rica, entre otras situaciones).
Tomados en conjunto, constituyen la herramienta más poderosa inventada por el
hombre para conocer y regular la naturaleza.
Toda ciencia empieza con
la observación, primer paso del
método científico.
Esto constituye una
delimitación inmediata del dominio científico; lo que no puede observarse no
puede ser investigado por la ciencia. No obstante, no es necesario que la
observación sea directa. Por ejemplo, los núcleos atómicos o el magnetismo no
pueden percibirse directamente mediante nuestros órganos de los sentidos, pero
pueden observarse sus efectos empleando instrumentos. Igualmente, la mente no
puede ser observada de manera directa, pero si sus efectos, expresados por
ejemplo en el comportamiento.
Es necesario que la
observación sea repetible, real o
potencialmente. Cualquiera que dude que los objetos caen al suelo después de
echarlos al aire puede convencerse por si mismo repitiendo la observación. Los
acontecimientos que ocurren una sola vez en la historia están fuera del campo
de la ciencia.
La observación correcta es
un arte extraordinariamente difícil, adquirido solamente después de una larga
experiencia y muchas equivocaciones. Todo el mundo observa, con los ojos, el
oído, el tacto y los demás sentidos, pero pocos observan correctamente. Los
abogados acostumbrados a observar testigos, los artistas que enseñan a los
estudiantes a dibujar objetos sobre un plano y los científicos que tratan de
observar la naturaleza, todos pueden dar testimonio de esto.
Tal dificultad de la
observación depende en gran parte de errores no sospechados. Por lo general, la
gente ve lo que desea ver o lo que piensa que debe ver. Es extraordinariamente
difícil librarse de los prejuicios inconscientes y ver lo que en realidad
tenemos ante nosotros, nada mas y nada menos. La experiencia pasada, “los
conocimientos vulgares” y, frecuentemente, los profesores, pueden constituir
sutiles obstáculos para la observación correcta, e incluso los científicos
experimentados no siempre consiguen evitarlos. Por eso las observaciones
científicas no tienen valor hasta que varios científicos las han repetido
independientemente y han llegado a los mismos resultados. Esa es la razón
principal de que los sucesos que ocurren una sola vez y no son repetibles no
pueden ser objeto de la ciencia.
Un trabajo científico solo
tiene el valor de la observación original. Los errores de observación persisten
en todo lo que sigue y los esfuerzos pueden fracasar incluso antes de empezar.
El problema
Después de realizada una observación, el segundo paso del método
científico es definir un problema: en otras palabras, nos hacemos preguntas
acerca de la observación. ¿Cómo ocurre esto y aquello? ¿Qué es lo que motiva
que esto y aquello ocurran de tal manera? El hacerse preguntas distingue al
científico del profano; todo el mundo realiza observaciones, pero no todo el
mundo sigue sintiendo curiosidad.
De una manera mas precisa, no todo el mundo se da cuenta de que puede
haber un problema relacionado con una observación. Durante miles de años
incluso las personas curiosas admitieron simplemente como un hecho natural el
que los objetos sin soporte cayeran al suelo. Fue necesario un genio para
preguntar: “¿Por qué?”, y realmente pocos problemas han resultados más profundos.
Por lo tanto los científicos no dan nada por supuesto y plantean
preguntas incluso arriesgándose a irritar a los demás. Es sabido que quien hace
preguntas se busca complicaciones; esto les ha ocurrido siempre a los
científicos. Mas deben continuar haciendo preguntas para seguir siendo
científicos; y la sociedad debe esperar preguntas desagradables si desea tener
ciencia.
Cualquiera puede hacer preguntas. No obstante, preguntar bien, lo mismo
que observar bien, es un arte difícil. Para tener valor científico, las
preguntas debe ser adecuada, y además
comprobable. La dificultad esta en
que con frecuencia es muy difícil o imposible saber por adelantado si una
pregunta es adecuada o no, comprobable o no comprobable. Si una persona se
desvanece en la calle y los que pasan junto a ella desean ayudarle, puede ser
inadecuado, o puede no serlo, el preguntarle cuando comió por ultima vez. Sin
experiencia, no es posible decidir sobre la oportunidad de esta pregunta y
podría seguirse un camino equivocado.
En lo que refiere a la posibilidad de comprobar las preguntas, es
evidente que debe disponerse de técnicas adecuadas para la comprobación, por lo
menos potencialmente. No siempre se tiene la garantía de que esto sea así. Por
ejemplo, la fama de Einstein se debe, en parte, a haber demostrado que es
imposible comprobar si la Tierra se mueve o no a través de un “éter”,
suposición admitida durante muchas décadas. Por lo tanto, todas las preguntas
sobre el éter resultan no científicas y debemos formular de nuevo los problemas
relacionados con esta cuestión hasta que sean comprobables. Einstein hizo esto
y llego a su teoría de la relatividad.
En general, las preguntas “¿cómo?”, o “¿qué?” resultan más fáciles para
la ciencia. Las preguntas con “¿Por qué?” son más embarazosas. Alguna de ellas
puede plantearse de nuevo preguntarse “¿cómo?” o “¿qué?”, pero otras, como por
ejemplo “¿por qué existe el universo?”, no es posible comprobarlas. Están fuera
del dominio de la ciencia.
La hipótesis
Después de hecha una pregunta apropiada, el científico realiza el tercer
paso del método científico que consiste en el procedimiento, aparentemente poco
científico, de adivinar. Se trata de adivinar cuál pueda ser la contestación
adecuada a la pregunta. Los científicos llaman a esto emitir una hipótesis.
El hacer hipótesis distingue todavía mas al científico del hombre
vulgar. Pues mientras que muchas personas observan y hacen preguntas, la mayor
parte se detienen aquí. Solo algunos piensan en contestaciones posibles, y los
científicos son de estos.
Naturalmente, cualquier pregunta puede tener miles de respuestas
posibles pero solo una cierta. Por consiguiente, son muy elevadas las
probabilidades de que una suposición hecha al azar sea falsa. El científico no
sabrá si su suposición es correcta o no hasta después de haber realizado el
cuarto paso del método científico, la experimentación.
El objeto de todo experimento es comprobar la valides de una hipótesis
científica.
Si la experimentación demuestra que la primera suposición era falsa, el
científico debe formular una nueva hipótesis y comprobar de nuevo su valides
realizando otro experimento. Claro esta que haciendo suposiciones y
comprobándolas pueden pasar años sin hallar nunca la contestación exacta. Esto
ocurre.
Pero aquí también el arte, el genio y la experiencia suelen encontrar
atajos. Existen hipótesis buenas e hipótesis malas y el científico posee
generalmente la habilidad de decidir desde un principio las respuestas que,
entre muchas, no tiene posibilidad de ser ciertas. Sus conocimientos en el
campo en que trabaja, su experiencia pasada y la experiencia de los demás en
problemas parecidos, le permiten reducir las numerosas posibilidades a unas
pocas hipótesis verosímiles.
Este es el momento en que los presentimientos, las intuiciones y los
accidentes afortunados ayudan enormemente a la ciencia. En un caso famoso,
según cuenta la historia, el químico alemán Kekule se fue a la cama una noche
después de una tertulia en la que se había bebido bastante y soñó que seis
monos se perseguían en un círculo, con la cola de uno cogida por los dientes
del otro. Prácticamente toda nuestra industria química se basa en este sueño,
porque indico al científico que dormía como era la estructura del benceno,
buscada desde hacia tanto tiempo, y que, como sabemos, consiste en seis átomos
de carbono “que se cogen” uno a otro en un circulo. Y el benceno es la
substancia fundamental de miles de productos químicos.
La situación ideal que suele buscar el científico es reducir sus
problemas a solo dos alternativas posibles, una de las cuales, al ser
comprobada experimentalmente, pueda ser contestada con un claro “sí” y la otra
con un claro “no”. Es dificilísimo plantear los problemas de esta manera y
hasta imposible en muchos casos. Muy a menudo la contestación obtenida es
“puede ser”. No obstante, si se obtiene un si o un no claros, los científicos
hablan e un trabajo primoroso y tales trabajos constituyen con frecuencia los
pilares fundamentales de la ciencia.
El experimento
La experimentación es el cuarto paso del método científico. En este
punto, la ciencia se aparta por completo del conocimiento vulgar.
Casi todo el mundo observa, hace preguntas y también trata de
contestarlas. Pero el vulgo se detiene aquí: “Mi contestación es tan lógica,
tan razonable, y parece tan cierta que debe ser correcta”. El oyente considera
el argumento, encuentra que en realidad es lógico y razonable y queda
convencido. Entonces, él a su vez convence a otros. Al poco tiempo, todo el
mundo cree haber hallado la respuesta.
Mas la voz débil y aguafiestas del científico se oye a lo lejos: ¿Dónde
están las pruebas? En tales condiciones, frecuentemente ha sido más fácil y más
conveniente eliminar al científico que suprimir una opinión publica arraigada
por el camino emocional. Pero la eliminación del científico no altera el hecho
de que las respuestas sin pruebas sean en el mejor caso opiniones sin base y,
en el peor caso, ilusiones fanáticas. La experimentación puede aportar las
pruebas necesarias, y todo aquel que experimentas después de haber admitido
varias respuestas hipotéticas obra científicamente en su procedimiento, tanto
si es un científico profesional como si no lo es.
Por otra parte, los experimentos no garantizan una conclusión
científica. Porque existe amplio espacio en la experimentación y en los pasos
sucesivos para que deje de ser científica.
La experimentación es con mucho la parte más difícil del método
científico. No existen reglas a seguir; cada experimento es un caso en sí
mismo.
El conocimiento y la experiencia suelen constituir una ayuda técnica,
pero el planteamiento de los experimentos, y el decidir los medios con los
cuales puede demostrarse mejor una hipótesis son los que distinguen el genio
del diletante.
El resultado de cualquier experimento representa una prueba. Esto es, la
suposición original respecto a un problema queda confirmada, corregida o
invalidada. Si se invalida, puede sentarse una nueva hipótesis confirmada luego
por la prueba experimental.
Lo mismo que la prueba legal, la prueba científica puede ser fuerte y
convincente, simplemente sugestiva, o deficiente. En cualquiera de estos casos
nada queda demostrado. Según la fuerza de la prueba, simplemente se dispone de
una base para considerar que la hipótesis sentada nos merece cierto grado de
confianza.
Los resultados experimentales no son nunca mejores ni más amplios que
los experimentos mismos.
Aquí es donde muchos que han sido científicos hasta este momento pasan a
ser no científicos. Sus afirmaciones rebasan las pruebas; confunden la
respuesta parcial que han obtenido con la respuesta total; sostienen que tienen
la prueba de un hecho, mientras que solo disponen de cierta evidencia a favor
de una hipótesis. Siempre es posible obtener una prueba mejor, o una nueva
prueba contradictoria, o por lo menos hipótesis mejores.
La teoría
La evidencia experimental es la base del quinto y ultimo paso del método
científico: la formulación de una teoría.
Cuando una hipótesis es apoyada por pruebes realmente convincentes,
mejor si se han obtenido en muchos laboratorios distintos y por muchos
investigadores independientes, y cuando la evidencia total acumulada, merece
una confianza incuestionable dentro de limites cuidadosamente especificados,
entonces puede proponerse una teoría.
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