Características
de la construcción musical en las sonatas de Beethoven
Trabajo Practico enviado
por Manuel Alejandro
Las
sonatas para piano de Beethoven, presentan nuevas sonoridades, audaces
experimentos, queda encerrado el mundo interior del compositor, y también el
recién llegado lenguaje expresivo de la revolución romántica. En la temprana
Patética,
en la tempestuosa Appassionata, en la
brusca y laberíntica Hammerklavier,
en las definitivas sonatas opus 110 y 111, se va llegando a las fronteras de la
exposición pianística, que serán alcanzadas en el opus 120.
El
inadecuado entrenamiento que tuvo Beethoven en sus primeros años de estudios
musicales, se refleja en las tres sonatas para piano escritas en 1783.
El
piano súbito, los repentinos arranques, las figuras de arpegios (ejecutadas a
altas velocidades en varias octavas de forma ascendente o descendente)
conocidas como los "cohetes de Manheim", son características de la
personalidad musical de Beethoven. Él es el primero en usar el acorde de novena
sin preparar, y se puede observar en el primer movimiento de su sonata Op. 27
N° 2 "Claro de Luna".
Las
sonatas para piano de Beethoven, transportaron a la música a un nuevo orden. En
las del opus 2, se advierte un aliento y un dominio estructural que rompían con
la elegancia dieciochesca. Después de 1800, Beethoven empezó a desarrollar el
género con proyecciones románticas. La Op. 26 en La bemol (la primera que
compuso desde el comienzo del nuevo siglo), se abre con un tema lento con
variaciones, sigue con un scherzo temerario y vertiginoso, una marcha fúnebre
"a la muerte de un héroe" y concluye en un final que es un
torbellino. A ésta le siguieron las dos sonatas Quasi una fantasía Op. 27 (a la
segunda se le suele llamar Claro de Luna) que formalmente son cualquier cosa,
menos convencionales. Los siguientes hitos de su composición pianística
coincidieron con la gran crisis que le produjo el agravamiento de su sordera.
La brillante Waldstein (el apellido del conde dedicatorio, más conocida por
Aurora en los países hispanófonos) y la arrolladora Appasionata fueron de
concepción tan revolucionaria, que hasta el propio Beethoven se abstuvo de
escribir para piano solo durante algunos años. Pero la cima de su pianismo, son
las cuatro últimas de las treinta y dos sonatas, desde la Hammerklavier, que
exigía un virtuosismo pianístico sin precedentes hasta entonces (fue Liszt
quien demostró que era "tocable"), hasta la Op. 111 en Do menor, la
tonalidad de la que se valía para su música Sturm und Drang, como por ejemplo,
su quinta sinfonía.
Análisis
escrito por Manuel Alejandro
SINFONÍAS
Segunda Sinfonía
Adagio molto - Allegro con brío
Larghetto
Scherzo e trio
Allegro molto
En 1802 Beethoven produjo dos documentos personales de carácter
aparentemente contradictorio que enriquecen considerablemente nuestra visión
del compositor. Por una parte, compone la Segunda Sinfonía, obra fogosa y
animada y por otra parte, escribe la carta a sus hermanos conocida como Testamento
de Heiligenstadt, uno de los escritos autobiográficos más conmovedores del
artista. En él, Beethoven reconoció la naturaleza implacable de su sordera y se
entregó a una profunda pero corta desesperación marcada por la autocompasión y
la lamentación.
Con la Segunda Sinfonía su vida parece tomar otro rumbo, teme los efectos
de su sordera sobre su carrera musical, pero se decide a desafiarlos. Con
entusiasmo se propone ahondar en las inquietudes sinfónicas que habían
inspirado su Primera Sinfonía. Esta nueva composición orquestal es más
extensa que la anterior y profundiza más en el estudio del colorido
instrumental, como se puede apreciar en la introducción al primer movimiento.
Da rienda suelta a su inspiración lírica en el Larghetto, con tal éxito, que el
tema central fue motivo de muchas adaptaciones vocales sin contar con la
transcripción que hiciera el mismo compositor para piano, violín y chelo. El
estilo cortesano del minuet es reemplazado definitivamente por la energía y el
humor del Scherzo que se prolongan en el rondo final de espíritu igualmente
vigoroso e ingenioso, representado en temas cortos y rítmicamente ágiles.
Quinta Sinfonía
Allegro
Andantes con
moto
Allegro Scherzo
Allegro Presto -
finale
Durante el período de cuatro años que abarcó la composición de la Quinta
Sinfonía (desde los primeros esbozos de 1804, hasta su estreno en 1808),
Beethoven compuso un número asombroso de obras maestras. Entre el compás de la
sinfonía, atendió encargos de urgencia y terminó obras iniciadas con
anterioridad. En el programa de estreno de la Quinta se escucharon también por
primera vez la Sexta Sinfonía, el Cuarto concierto para piano, trozos de la
Misa en do y la Fantasía para piano, coros y orquesta, pensada específicamente
para dar un final vistoso al extenso programa. Producto de la misma fértil
época fueron los Cuartetos Razumovsky, el Concierto para violín y la Obertura
Corioilano. También de esta época datan las últimas correcciones a su ópera
Fidelio.
El impacto de la Quinta Sinfonía
es permanente y directo. En primer lugar nos asalta el motivo principal del
primer movimiento, cuatro notas de presencia rítmica singular que no se pierden
de vista a lo largo de las múltiples variaciones y repeticiones de las cuales
son objeto. En el segundo movimiento Beethoven contrasta el lenguaje rítmico
del primero con un pasaje de gran lirismo y espíritu meditativo. Un conjunto de
variaciones con atractivos cambios armónicos y majestuosas intervenciones de
las trompetas constituyen el marco del Andante. El Allegro siguiente es en
realidad un Scherzo de carácter contradictorio serio en donde predominan las
sonoridades oscuras, misteriosas, ágiles. El Scherzo desemboca de manera
directa en el final, un movimiento de gran fuerza sonora y dimensiones
titánicas. Piccolo, trombón, contrafagot hacen su primera aparición sinfónica
en un movimiento triunfal con una extensa Coda en la cual el compositor reitera
gestos de gran sonido, ahora con un sentido incuestionable de finalidad.