El oro del Rin, Opera en un acto y cuatro escenas - Libreto de Richard Wagner , Nibelungo, Enanos, Anillo.
TRABAJO PRACTICO DE MUSICA
COLEGIO NACIONAL DE BUENOS AIRES
PROFESORA: MARIA INES NUÑEZ
El oro del Rin
Opera en un acto y cuatro
escenas - Libreto de Richard Wagner
Escena Primera. En el
fondo del Rin
Las ondinas Woglinde,
Ellgunde y Flosshilde, nadan y juegan alegremente en las aguas del río. Un
pérfido gnomo, ser fantástico y monstruoso, el nibelungo Alberico, surge de un
abismo y contempla a las ninfas. Con voluptuoso deseo intenta seducirlas; pero
sucesivamente, cada una de las hijas del Rin se burla del horrible enano, lo
que exaspera al nibelungo. Furiosamente las persigue, trepando por las rocas,
hasta que fatigado por sus vanos esfuerzos se detiene, amanazándolas con rabia
salvaje.
Entre tanto amanece y un
rayo de sol ilumnina una alta roca. Mágico fulgor de oro brilla al instante,
extendiéndose a través de las ondas. Las ninfas ensalzan con alegría el
esplendoroso encanto del oro, profunda estrella de las aguas. Admirado,
Alberico pregunta qué es lo que tanto brilla. ". Es el oro del Rin -contestan
las ninfas encargadas de su custodia- y un anillo forjado de aquel metal daría
a su poseedor el dominio del mundo". La revelación es peligrosa; pero como
advierte Woglinde, sólo quien reniegue del amor podrá conquistar el encanto
para forjarlo. El enamorado Alberique no es temible, por tanto, y las ninfas
continuan sus juegos y burlas. Mas el feroz y codicioso nibelungo exclama:
Maldigo el amor!". Inmediatamente se apodera del oro, sumiendo las aguas
en tienieblas, y ser rie de modo siniestro, perseguido por las desoladas hijas
del Rin.
Escena segunda. En las
alturas, sobre la tierra
En el
fondo se divisa un castillo iluminado por el sol naciente. En primer término,
hállanse dormidos Wotan, rey de los dioses, y Fricka. La diosa despierta,
observa el castillo y angustiada llama a su esposo. Wotan despierta a su vez y
saluda con orgullo y júbilo al resplandeciente castillo. Pero Fricka le
recuerda que el palacio fue construido para los dioses por los gigantes Fasolt
y Fafner, a quienes Wotan ofreció entregar como recompensa a Freia, la bella
diosa del amor y la juventud. Y en efecto, Freia, que es hermana de Fricka, no
tarda en llegar aterrada, pidiendo socorro, porque en su busca se aproximan los
gigantes.
Pronto
se presentan los hermanos Fassolt y Fafner, empuñando enormes mazas. Vienen a
exigir el pago de su obra. Wotan rehúsa cumplir con el pacto conmovido y no
quiere entregar a Freia, porque Loge el dios sutil del fuego y de la astucia,
le había prometido sustituirla por otra recompensa. Los gigantes se indignan y
Fafner dice a Fasolt que es muy conveniente arrebatar a Freia a los dioses,
porque ella cuida en su jardín las manzanas del oro, que procuran a la raza
divina de eterna juventud. A los gritos de la diosa acuden sus hermanos, Froh,
dios de la alegría, y Donner, dios del trueno, los cuales desafían a los
gigantes; pero Wotan, que espera impaciente la llegada de Loge, impone la paz
con su lanza, garantía del pacto.
Al fin
aparece Loge. Wotan le exige que solucione el conflicto, al cual contribuyó con
su promesa astuta. Pero Loge ha fracasado en su tarea. Buscó en el universo
entero algo con qué sustituir a Freia en el pago a los gigantes pero no lo
halló, porque nada iguala al encanto femenino. Sólo un ser perverso, el
nibelungo Alberico, fue capaz de renegar del amor para conquistar el oro del
Rin y forjar con él un anillo omnipotente. Las ondinas desean que el rey de los
dioses repare ese mal y castigue tal audacia. Pero Wotan se encuentra ahora en
grave apuro para cuidarse de ajenas desdichas, y además ambiciona para sí ese
oro que concede supremo poderío.
Todos se han quedado
fascinados ante la revelación de Loge, y Fafner convence as su hermano que el
oro es preferible a Freia. Entonces los gigantes proponen a Wotan que les
entregue el oro del nibelungo. El dios se encoleriza. ¿Cómo puede darles lo que
no posee?. Pero los gigantes le dicen que será fácil para él apoderarse del
tesoro. Se llevarán a Freia en prenda y si a su regreso no les entrega el
rescate, se quedarán para siempre con la diosa.
Fasolt y Fafner se llevan
a Freia, que lanza gritos de terror. Los dioses permanecen atónitos,
consternados y empiezan a envejecer de repente. Loge les explica que la
guardiana de su alimento de la juventud divina está como rehén y que las
manzanas cuelgan marchitas en el jardín. Si Freia no regresa, los dioses,
caducos perecerán. En tal extremo, Wotan decide descender da la oscura región
de los nibelungos para conquistar el tesoro de Alberico y rescatar a la bella
diosa. Loge lo acompañará.
Escena tercera. En las
profundidades de la tierra
Escúchase el rumor de
yunques en el sombrío Nibelheim, morada de los nibelungos, donde reina
Alberico. Este ha encargado a su hermano Mime que le forje el yelmo mágico.
Mime desa guardarse su obra, pero Alberico se la arrebata y, poniéndose el
yelmo, se hace invisible, propinando feroces latigazos al otro gnomo. Su voz se
aleja, lanzando imprecaciones, mientras Mime gime de dolor.
Descienden
Wotan y Loge e interrogan al gemebundo enano, quien les refiere que Alberico,
con su anillo ha esclavizado a los nibelungos, obligándolos a trabajar
incesantemente para forjar tesoros. Alberico no tarda en reaparecer,
conduciendo a latigazos una multitud de aterrados nibelungos cargados de
objetos de oro, que depositan en el suelo. En seguida les muestra el anillo,
símbolo de dominación, y los esclavos corren despavoridos. Luego Alberico
increpa a Wotan y a Loge. Los dioses le dicen que vienen a admirar sus
fabulosas riquezas, pero él sabe bien que son huéspedddes envidiosos. Muy
seguro de su poder, desafía a los dioses, su tesoro, es aún poca cosa, pero
crecerá fabulosamente, dándole dominio sobre el mundo entero. Wotan indigndo,
le amenaza pero Loge se interpone y pregunta al gnomo de qué medio se vale para
que nadie pueda robarle el anillo, en el cual reside su fuerza.
Ante las adulaciones
irónicas de Loge, Alberico dice que posee un yelmo mágico, pudiendo hacerse
invisible o transformarse a su voluntad. El astuto dios finge no creerle. Es
necesario que el enano demuestre tal maravilla. Entonces Alberico se transforma
en dragón, para reaparecen inmediatamente en su figura natural. El prodigio es
asombroso. ¿Pero podría convertirse en algo muy pequeño, para poder ocultarse
en el escondrijo de un sapo?. Eso sí que es imposible, agrega Loge, Alberico
para demostrar nuevamente su poder portentoso, transfórmase en sapo. Entonces
Wotan le pone el pie encima, mientras recobra su aspecto, y Loge lo ata
fuertemente. Los dioses arrastran a su prisionero hacia la superficie
terrestre.
Escena cuarta. En las
alturas, sobre la tierra.
Wotan y Loge llegan
conduciendo al gnomo, del cual se burlan ahora. Para recuperar su libertad le
exigen que entregue su tesoro, Alberico accede y pide que le desaten una mano.
Colócase la sortija en los labios, murmuando palabras cabalísticas, y a su
conjuro surgen los nibelungos del seno de la tierra, cargados con los tesoros,
que depositan en el suelo, desapareciendo enseguida. Pero antes de soltar al
enano Loge lo despoja de su yelmo. Entonces Wotan exige también el anillo, y a
pesar de las protestas de Alberico, se lo arrebata violentamente.
Luego Loge desata al
gnomo, el cual, con terrible desesperación, maldice al anillo. Al nibelungo le
procuró riquezas, pero quien lo posea después será víctima de la angustia y
morirá bajo el peso de la maldición. Preso de furor salvaje, Alberico huye
hacia las profundidiades de Nibelheim.
Wotan, desdeñando las
immprecaciones del nibelungo, contempla con éxtasis el anillo. Entonces vuelven
Fricka, Froh y Donner, regocijándose del triunfo de Wotan y poco después llegan
también los gigantesque traen a Freia, para llevarse el tesoro. Al acercarse la
diosa, las otras divinidades se sienten rejuvenecer nuevamente Fasolt y Fafner
reclaman el rescate, deseando tanto el oro como sea necesario para ocultar a
Freia. Tómase la medida con las mazas y se amontona el tesoro. Agotado éste se
ve todavía al trvés la cabellera de la diosa, por lo que es preciso entregar el
yelmo mágico. Ya se ha colmado la medida pero Fasolt descubre todavía un hueco
por el que ve brillar los ojos de Freia. Mientras los contemple no se resignará
a renunciar para siempre a la diosa. Ya no queda más que el anillo reluciente
de el dedo de Wotan.
Los gigantes lo reclaman.
El dios se enfurece y se niega a entregarlo. Fasolt y Fafner se llevarán
definitivamente a Freia, pese a las imploraciones de la afligida Fricka a su
esposo. En ese instante, de las profundidad de una caverna, envuelta en azulado
resplandor, surge una divinidad majestuosa: es Erda el alma de la tierra. Aconseja
a Wotan que se desprenda del anillo maldito. Ella eterna vidente, sabe que aún
los mismos dioses perecerán. Ya prevé su ocaso, Wotan angustiado, quiere saber
más, pero la profetisa desaparece, augusta y misteriosa.
El dios soberano cae en
profunda meditación, y al fin se decide a entregar el anillo a los gigantes.
Freia queda libre. Enseguida Fasolt y Fafner disputarán por el reparto del
tesoro. El anillo lo quiere Fasolt en recuerdo de la mirada de Freia. Se lo
arrebata a su hermano, pero Fafner cae sobre él, dándole muerte violentamente.
La maldición del nibelungo comienza su obra, que los dioses, contemplan
horrorizados. El cielo se ensombrece con siniestros nubarrones.
Donner, dios de la
tempestad, hace brotar el rayo y el trueno. El cielo se despeja y brilla un
arco iris, que forma luminoso puente haste el castillo de la cumbre. Wotan
invita a su esposa y a los demás a entrar en la mansión divina que será el
Walhalla, morada de los los héroes elegidos. El maligno Loge mira con desprecio
a los dioses; quizá le sería grato consumir con su fuego devorador a los que se
creen eternos.
El radiante cortejo es
interrumpido por melancólicos lamentos. Son las hijas del Rin, que desde el
valle profundo lloran su oro perdido. Los dioses, con cruel ironía, búrlandose
de las ondinas prosiguen majestuosamente su camino hacia la Walhalla.