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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Poema del Cid. Análisis del Poema del Mio Cid.: Poema del Mio Cid. Comenatarios respecto de Molina y de su alcalde Moro Abengalbón. Personalidad y afán de aventura del Campeador. Conde de Barcelona. Medinaceli. Valencia. Minaya. Agregado: 24 de JUNIO de 2003 (Por Michel Mosse) | Palabras: 2464 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
COMENTARIOS SOBRE EL MISMO RESPECTO DE MOLINA Y DE
SU ALCAIDE MORO ABENGALBON
INDICE
1.)
PERSONALIDAD Y AFAN DE AVENTURA DEL CAMPEADOR
2.)
EL MORO MOLINES ABENGALBON EN EL POEMA DEL CID
3.)
EL CID ENFRENTADO AL CONDE DE BARCELONA
4.)
EL CID MANDA POR SU MUJER E HIJAS QUE ESTABAN EN MEDINACELI. EN MOLINA SE SUMAN
A LAS TROPAS DEL CID LOS CABALLEROS MOROS DE ABENGALBON
5.)
LLEGADA DE LAS HUESTES A MEDINACELI, DONDE ESTA ESPERANDOLAS EL MINAYA
6.)
PARADA EN MOLINA, CAMINO DE VALENCIA, CON LA MUJER E HIJAS DEL CID
7.)
LLEGADA A VALENCIA DEL MINAYA CON LAS DAMAS
8.)
RETORNO DE ABENGALBON, FIN DE LOS DIAS MOROS DE MOLINA Y NACIMIENTO DEL SEÑORIO
INDEPENDIENTE DE MOLINA
1.)
PERSONALIDAD DEL CAMPEADOR
Aunque,
en el Poema del Cid, nos pretenden mostrar al héroe como persona de mesurado
comportamiento, no hay duda de que el personaje de Don Rodrigo correspondía más
bien al de un hombre áspero, de trato difícil y de reacciones extremosas, que
prefería siempre acortar por el atajo de la violencia: cabalgando por la noche,
corrió por aquellos campos, a fuego y sangre luchando... , y, como buen
aventurero, ansiaba hacer rápidamente fortuna: Con las riquezas ganadas de
vuelta ya van; todos están muy alegres, pues ganancias traen de más.
Sus
acciones guerreras, que eran llevadas a cabo siempre en pleno campo y continuo
vaivén, le valieron al de Vivar el sobrenombre de -Campeador -(Campidoctor o
Campeador: Campeón de lucha (de Kampf, lucha en alemán)): Oídme, mis
caballeros, os diré la verdad. A menguar pronto comienza quien se queda en un
lugar. Mañana por la mañana pensemos en cabalgar; dejemos estos reales y
sigamos más allá.
2.)
EL MORO MOLINES ABENGALBON EN EL POEMA DEL CID
El
destierro de Castilla del Cid y la conquista de Valencia tuvieron lugar en 1079
y 1099, respectivamente.
La
conquista de Molina fue posterior, pues la realizó Alfonso el Batallador de
Aragón en Diciembre de 1128, es decir que, si comparamos las fechas, queda
encuadrada perfectamente la figura histórica de nuestro molinés Abengalbón,
alcaide moro de Molina, en los hechos que propiciaron las idas y venidas de las
gentes del Cid - y su consiguiente paso por Molina - en sus desplazamientos
entre Medinaceli y Valencia.(...seguid a Molina, que más adelante está.
Abengalbón, que la tiene, es buen amigo y de paz...).
El
Campeador busca siempre el combate en horizontes amplios. Sus posibilidades de
triunfar radican, sobre todo, en la rapidez de movimientos, gracias a una
caballería ligera que vive y guerrea a campo abierto. De ahí que no pueda
encasillar a su gente y a su caballos en los límites de cercas medias o
castillos pequeños, que, por otra parte, una vez conquistados, no le interesaba
conservarlos guarnecidos con sus hombres, a quienes él necesitaba siempre, en
su totalidad, dispuestos para las continuas incursiones, trasnochadas,
algaradas, razias y celadas.
No
obstante, el Cid requería también el cobijo de un lugar amplio y resguardado,
como es el castillo molinés, dotado de gran albacara, de agua abundante (la
aguada del río Gallo estaba asegurada por la torre albarrana de la -Soledad-),
de una atalaya natural (el montículo de la torre adelantada o albarrana de
Aragón) y de puertas de salida a campo abierto y montes aledaños.
No
hay duda de que el régulo molinés se había doblegado ante el Cid y le prestaba
todo tipo de ayuda, ante el temor de correr la misma suerte que sus hermanos
moros de Terrer, Alcocer, Calatayud, etc., quienes habían sucumbido al
despiadado paso del Campeador, en las correrías de éste por la Cuenca del río
Jalón, antes de encaminarse a Valencia.
El
Cid necesitaba, pues, la fortaleza de Molina como lugar base de acogida, segura
e idónea para el reparto de los botines conseguidos, el reordenamiento de la
hueste y el descanso de ésta y de sus caballerías (algunas tropillas pastarían
también en otros lugares del territorio con buenos pastizales y fuertes
recintos exentos de peligro, como la vega de Arias, el prado de Santiuste, las
dehesas de Almallá, Picaza, Zafra y Cubillejo del Sitio (que, realmente,
debería escribirse Cidio, de Cid).
En la
política del Campeador estaba, por tanto, preservar a los habitantes de Molina,
a quienes, de otra parte,...el dar tributos al Cid pláceles, pues no temen aue
de ello les venga ninguna deshonra.
Los
moros molineses pretendían, en lógica contrapartida, no ser arrasados por el de
Vivar y conservar la paz y sus vidas, aunque ello implicara sumisión y pago de
parias, pues bien sabían que, por la vía de la fuerza o por concordia, siempre
terminaba el Cid imponiendo su voluntad.
Por
algo manifiesta Abengalbón:... sea por paz o por guerra, de lo nuestro el Cid
tendrá; y por muy torpe lo tengo a quien no sepa esta verdad. Cuando oyó esto
Alvar Fáñez el Minaya (hombre de confianza del Cid, pariente de él y su - mano
derecha- ), se sonrió y dijo: bien lo veo, Abengalbón, amigo le sois sin falta;
por lo que aquí le habéis hecho, vos no habéis de perder nada (había prestado
la ayuda de una guarnición de acompañamiento de caballeros armados, aparte de
albergue y avituallamiento para los hombres del Cid).
3.)
EL CID ENFRENTADO AL CONDE DE BARCELONA
El
Cid prosigue inmisericorde sus correrías y llega hasta las tierras mismas del
Conde Ramón Berenguer de Barcelona, quien de ello tuvo gran pesar y lo
consideró como una deshonra; no tardó, pues, en manifestar... :Ahora corre el
Cid las tierras que bajo mi amparo están, no quise desafiarlo ni le quité la
mía amistad, pero si él lo busca, yo se lo iré a demandar.
El
Campeador no quiere presentar batalla a este personaje cristiano y manda decir
a Berenguer, a través de un mensajero:
Al
Conde decidle que no me tome esto a mal. De lo suyo nada me llevo; que él me
deje ir en paz.
Berenguer
le responde: Esto no será verdad; el Desterrado conocerá a quién vino a
deshonrar.
(Aquí
vemos ya que, mediante el mismo calificativo de desterrado, el Conde lo
quiere desmerecer)
Entonces,
el Cid comprende bien que de allí no puede marchar sin enfrentamiento, y se
apresta a dar batalla: Caballeros, pronto, a salvo hay que poner la ganancia,
guarneceos y vestid los trajes de armas, pues el Conde Don Ramón trae muchas
gentes, moras y cristianas, y nos seguirá doquier que vayamos. Cinchad
firmemente los caballos, vestid y empuñad las armas, presentémosles las lanzas.
Ramón Berenguer ha de saber a quién vino a dar caza y a quitar sus ganancias.
Los
pendones y las lanzas muy bien se van empleando ....de voluntad y de agrado,
hiriendo a unos y a otros derrocando. Ha vencido esta dura batalla el Cid,
bienaventurado, y el Conde su prisionero ha quedado.
En
ella también ganó el Campeador su Colada, la espada del Conde que, en adelante,
blandió el Cid como suya. Muy complacido queda éste, pues .... grande es el
botín y ....buenos los manjares que ya se preparan.
Al
final, el de Vivar deja marchar al Conde, pues las ganancias que ha hecho son
grandes y los suyos, de tan ricos que están, ya no saben ni lo que tendrán.
Nuevamente
aparece Don Rodrigo, en este lance con el Conde Berenguer, a la luz de un
caballero de fortuna, del aventurero que -campea- con sus mesnadas por las tierras
de España.
4.)
EL CID MANDA POR SU MUJER E HIJAS QUE ESTABAN EN MEDINACELI Y, EN MOLINA. SE
SUMAN A LAS TROPAS DEL CID LOS CABALLEROS MOROS DE ABENGALBON
El
Campeador ordena a Muño Gustioz, Pedro Bermúdez, Martín Antolínez y al obispo
Jerónimo ir a buscar a su mujer e hijas a Medina(celi), diciéndoles: ..
cabalgad con cien jinetes dispuestos a luchar. Allá por Santa María ir vosotros
a pasar, seguid después a Molina, que más adelante está. Abengalbón, que la
tiene, es buen amigo y de paz, con otros cien caballeros a gusto se os unirá.
Abengalbón,
al saber que arribaban, saliólos a recibir, con gran gozo de amistad. ¡Entrad
en Molina, vasallos de mi amigo natural!. Sabed que vuestra llegada a mí me
place y no me da ningún pesar.
Muño
Gustioz transmitió a continuación: Saludos del Cid os traigo, él quiso así
mandar que pronto un ciento de caballeros habéis de preparar, pues su mujer y
dos hijas en Medina están ya. Que - con nosotros - vayáis por ellas pide y las
traigáis para acá y, después, hasta Valencia de ellas no os apartéis ya.
Abengalbón le contestó: Yo lo haré de voluntad.
Aquella
noche, con buena y abundante cena los agasaja el reyezuelo de Molina, y, en
cuanto llegó la mañana, comienzan a cabalgar hacia Medina. Si cien hombres le
pidió el Cid, doscientos son los que el moro molinés aporta como refuerzo de
caballeros acompañantes. Pasan por las altas y escabrosas montañas de
Aragoncilio y, de tal modo unidos marchan, que ningún temor sienten a su paso
por Maranchón, Layna y Las Salinas de Medina(celi).
5.)
LLEGADA DE LAS HUESTES A MEDINACELI, DONDE ESTA ESPERANDOLAS EL MINAYA
En
Medina, a buen recaudo tienen el Minaya y su gente a las damas de la familia
del Cid.
Al
ver a la tropa armada que se acerca a la población, exclama el Minaya: ¿Qué caballeros
por allá vienen?.
A lo
que responde uno de los hombres de su avanzadilla: Son fuerzas del Campeador y
del alcaide Abengalbón, que con ellas sumado va, a fin de complacer al buen
Cid, a quien tanto quiere honrar.
Al
arribar, el Minaya dice a los recién llegados: Ya la cena está servida, vayamos
a la posada. Abengalbón contesta: Sí, me place el aceptarla. Antes que pasen
tres días, yo os la volveré doblada.
6.)
PARADA EN MOLINA. CAMINO DE VALENCIA, CON LA MUJER E HIJAS DEL CID
Efectivamente,
a los tres días estaban ya de vuelta, y dice el Poema textualmente: Entran
todos en Molina, de buenas y ricas casas. Allí el moro Abengalbón ¡qué bien les
sirvió sin falta!. De todo cuanto quisieron, no echaron de menos nada. Y
también las herraduras quiso él mismo pagarlas ¡Dios, como honraba él a las
dueñas y al Minaya!. Al otro día, de mañana, en seguida a Valencia cabalgaban.
El molinés corre con todo, sirviendo a todos se afana y de ellos no toma nada
(en pago).
7.)
LA LLEGADA A VALENCIA DEL MINAYA CON LAS DAMAS
Al
llegar a Valencia y ver Doña Jimena al Cid, se echa a sus pies: Gracias,
Campeador, os doy. ¡Qué bien ceñís vos la espada!
El
gozo que todos sienten les hace soltar las lágrimas, así que:
Todas
las mesnadas y el buen moro de Molina con aquello se alegraban.
Se
dirigió el Cid con sus damas hasta lo alto del Alcázar. Miran desde allí a
Valencia, su huerta y el mar y alzan las manos al cielo para dar gracias a
Dios, por la ganancia cogida y el frondoso vergel que les depara aquél, su
nuevo hogar.
El
Campeador y la gente suya se encuentran muy a gusto allí, en su Valencia, la
ciudad conquistada.
8.)
RETORNO DE ABENGALBON. FIN DE LOS DIAS MOROS DE MOLINA Y NACIMIENTO DEL SEÑORIO
INDEPENDIENTE
En
1104 habían determinado Alfonso VI de Castilla y Pedro I de Aragón qué lugares
de reconquista corresponderían a cada uno de los dos reyes cristianos. En
cuanto a la tierra de Molina, acordaron ocuparla conjuntamente y partírsela por
la línea divisoria de aguas entre las vertientes del Ebro y del Tajo.
Sin
embargo, no se llevaron a la práctica los objetivos ni en el tiempo ni en la
forma previstos, pues los castellanos (Alfonso VI y, después, Alfonso VII)
tenían centrado todo el interés en la reconquista de Toledo (llegaron sólo
hasta Sigüenza, Luzón y Medinaceli) y no les inquietaba, en absoluto, la
existencia del reino de taifas molinés, que, ya de por sí, les era tributario y
afecto por la influencia que sobre él había ejercido siempre el Cid Campeador.
Así,
pues, tras dejar a las damas y las huestes acompañantes en Valencia, nuestro
molinés Abengalbón retorna con sus hombres a Molina, por tierras de Castellón y
Teruel.
Pero
pocos años más de paz concertada le esperaban al régulo molinés, ya que Alfonso
El Batallador, rey de Aragón, hombre de pocos pactos con la - morería-, no
podía tolerar, de ningún modo, que este reino de taifas, tan inmediato a sus
fronteras (él había llevado la reconquista hasta
Daroca),
prosiguiera su vida -in perpétuum-. Marchó, pues, sobre Molina a finales de
1128 y conquistó el territorio, desplazando hacia la Sierra (a Cuenca) a los
habitantes que no se sometieron.
En la
Serranía aún estuvieron los moros molineses largo tiempo, saqueando de continuo
lo que constituyó el -hinterland- o la raya entre los cristianos y musulmanes
españoles y hostigando a los usurpadores de su añorada Tierra.
No
quedó muy clara la pertenencia del nuevo territorio reconquistado, pues lo
pretendía tanto el nuevo rey de Aragón Ramiro el Monje, como el castellano
Alfonso VII, quien - posiblemente para no ver cercenados sus futuros derechos
sobre Molina - terminó por mandar al desolado solar a su Capitán General, el
noble y poderoso Señor Manrique de Lara.
A fin
de afianzar el territorio, Don Manrique se vio precisado a iniciar la actividad
repobladora, en seguida y por su cuenta, recurriendo principalmente a hidalgos
y caballeros procedentes de su Señorío de Vizcaya (de ahí los apellidos vascos
molineses, como Azpicueta, Iturbe, Viorreta, Arregui, Arauz, Uituriz, Gorioz,
Elgueta, Iribar, etc.) y de Castilla y León. Asimismo, para zanjar la discordia
entre los emperadores cristianos sobre la propiedad de la esquilmada comarca,
propuso no dividirla y fundar en ella un condado independiente bajo su
jurisdicción.
Tal
propuesta, si bien interesada, no dejaba de propiciar una salida al
enfrentamiento de ambos reinos, por lo que acabó encontrando el beneplácito de
los reyes y llevó al nacimiento de un - Estado cojín- entre los dos poderosos
reinos cristianos y la todavía tierra de reconquista (Cuenca). Esta solución
política terminó con las fricciones territoriales entre Aragón, Castilla y la
raya de la morería y enriqueció el mapa de España con un Señorío independiente
más (Molina de los Caballeros), repoblado y regido mediante fuero por el Conde
Don Manrique de Lara, quien, ya con plena facultad jurídica, lo constituyó para
sí y sus sucesores.
El
Fuero de Don Manrique de Lara (21 abril 1154) dispuso, al principio, de 30
artículos, ampliados posteriormente por el Infante don Alfonso de Molina (4
marzo1272) y por Doña Blanca (8 abril1293).
(Sección
de Manuscritos de la Biblioteca Nacional, Madrid).
Por
Antonio Ruiz Alonso
Castillo de Santiuste, a 28 de
Enero de 1997
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