Estructura De La Trilogía. Agamenón, Las Coéforas, Las Euménides. Coéforos. Esquilo
TRABAJO PRACTICO DE LATIN
COLEGIO
NACIONAL DE BUENOS AIRES
3°5° / 2002
Estructura De La Trilogía.
BREVE RESUMEN DE LA TRILOGÍA.
La
orestiada nos presenta un fresco de crímenes familiares.
En
la primera tragedia, Clitemnestra asesina a su marido Agamenón a la vuelta
de la guerra de Troya en venganza del asesinato de la hija de ambos, Ifigenia,
condición impuesta por el sacerdote para que tuvieran vientos favorables los
griegos.
Tras
la muerte de Agamenón, Egisto se une a Clitemnestra y usurpa el trono. Diez
años han pasado desde el crimen pero Electra, hija de Agamenón y de Clitemnestra,
no lo ha olvidado. Electra encuentra a su hermano Orestes en la tumba paterna
y le incita al asesinato y venganza. Acabará Orestes matando a Egisto y a
su madre. Esta es la historia de la segunda tragedia, Las Coéforas.
Pero
el matricidio de Orestes alzará contra él a las Furias, tercera tragedia.
Orestes será juzgado por el parlamento bajo la protección de Palas Atenea.
El parlamento absolverá al héroe por considerar que obró en la salvación de
la ciudad y por el honor de la familia, ultrajada en la figura de su rey.
Las Furias se calman y pasan a las Euménides.
I Agamenón.
Se
abre con un grandioso prólogo, no tan extenso en realidad si tenemos en cuenta
que es el prólogo de una trilogía, como apuntó Lesky en Die tragische Dichtung
der Hellenen. Gottinga 1956, pág. 73 y ss.
La
acción empieza con la noche, un centinela está vigilando por orden de Clitemnestra
en la azotea del palacio de los Atridas, en Argos. No es casual que la acción
comience de noche, la oposición Noche/Luz es básica en la obra y llena la
trilogía entera de este simbolismo que se ve en Coéforas 961, 962, 972.
961 "¡Ya es posible ver luz! ¡Ya se le han quitado a la casa las fuertes
cadenas!".
Es
curioso el protagonismo y estudio de este personaje, el vigía, tan inusual
en personajes secundarios: Lenguaje cuidado que expresa el desgarro interno
mediante anacolutos y expresiones de origen popular. Es un verdadero y sencillo
hombre del pueblo visto en el juego de dados y en la composición anular. Para
Rose en Symbolae Osloenses 32-1956 pág 1 y ss. lo identifica con el guardia
de la Antígona sofoclea. El vigía es capaz de fijar una angustia en el ánimo
del espectador-lector tras sus palabras.
Seguidamente
sale el coro, formado por ancianos y al igual que en Persas hay un sentimiento
de angustia. En la párodo se nos ilustran los antecedentes de la trama y del
hecho decisivo al que aludíamos antes, (parakopá): El sacrificio de Ifigenia.
Tras
la párodo, un largo estásimo de métrica polimórfica, predominando el ritmo
dactílico para dotarlo de un tono épico. Se nombran acciones prehistóricas
del drama: el portento de las águilas; la interpretación de Calcante.
Le
sigue un famoso himno vv. 160-183, que ha planteado problemas de interpretación.
Dawe lo coloca tras el v. 217 aunque no hay motivos suficientes para alterar
el orden tradicional. A partir de este himno se ha planteado el problema de
una religión personal de Zeus.
Es
un rasgo distintivo de la tragedia esquilea el que el héroe tenga que tomar
una grave decisión que desencadenará toda la carga de tragicidad de la obra.
El poeta llama a esto anánkê que sugiere una indecisión ineludible con poca
libertad de maniobra, pero sin que Esquilo deje a sus personajes sin libertad
humana. El héroe tiene responsabilidades lo que provoca una cierta ambigüedad
para no insistir demasiado en el juego Culpa/Castigo. Como dice Fraenkel,
en ninguna parte de la obra se nos dice por qué la cólera de Artemisa va dirigida
contra el Atrida. El prodigio de Calcante es, para algunos críticos, el símbolo
de la causa de la cólera, ahora bien, el prodigio tiene lugar antes de iniciar
la expedición, por lo tanto, Agamenón no puede ser el responsable. De todas
formas, lo que resulta claro de este estásimo es que la destrucción de Troya
es algo exigido por la Justicia de Zeus, aunque este castigo se haga efectivo
a través de un acto criminal: Sacrificio de Ifigenia. La doble cara de todo
acto humano alcanza aquí su cenit en el modo de pensar de Esquilo.
El
sacrificio de Ifigenia es descrito en los vv. 218 y ss. Como anécdota, el
sacrificio de Ifigenia llegó a ser una de las representaciones plásticas más
frecuentes del S. V. Este crimen será la razón del asesinato de Agamenón por
su esposa Clitemnestra.
El
canto coral termina en el v. 57. El corifeo habla respetuosamente con la reina.
Largo parlamento de Clitemnestra describiendo lo llamado "telégrafo ígneo"
(264-350).
En
el 355 da comienzo un nuevo estásimo, recordando la noche de la toma de Troya
por parte del coro, pero yendo más allá, como por ejemplo el rapto de Helena
y sus consecuencias, siendo un complemento del estásimo anterior, organizados
al modo arcaico por el procedimiento del Ringkomposition, lo más antiguo se
dice en segundo lugar, lo más reciente, al principio. Aparecen los griegos
como culpables de impiedad, y en el culmen del estásimo se dice una frase
que recibirá más tarde todo su profundo sentido, estamos en el verso 471:
" No sea yo u destructor de ciudades".
Hay
otro sentimiento en este segundo canto: duda sobre la veracidad de la conquista.
Se confirma la noticia mediante un mensajero enviado por Agamenón. Entabla
conversación con Clitemnestra y con el coro, respondiendo el mensajero a todas
las preguntas que ambos le formulan.
La
preocupación del coro será ahora Helena, la causa humana de la guerra. Se
juega con la etimología de su nombre, "la matadora de hombres",
comparación con la cría del león. La conclusión del coro es de carácter ético-religiosa:
la felicidad (olbós) conseguida por medio de hybris acarrea terribles consecuencias.
Doctrina arcaica de Solón y de Herodoto.
Terminado
el estásimo, aparece Agamenón. El coro lo saluda como "Destructor de
ciudades", dando a entender que está ya condenado por los dioses. El
matrimonio se saluda fríamente y él se niega a pisar una rica alfombra que
ella le ha puesto. Simbolismo de la alfombra, pero de difícil interpretación.
Textualmente se lee que era un tapiz dedicado al culto de los dioses. Pisarlo
significaría un sacrilegio. El punto de vista psicológico de este hecho:
· Nobleza de Agamenón, no quiere discutir con su esposa tras diez años sin
verse, y por lo tanto, pisa.
· Arrogancia y frialdad de Agamenón.
Difícil
de explicar es que el caudillo griego ceda a las súplicas de su esposa. Clitemnestra
se dirige a Zeus antes de salir de escena.
Tras
un nuevo estásimo (975-1034) que aumenta la tensión espiritual y de angustia
viene la escena de Casandra. Estamos en el clímax de la obra. Nadie dará crédito
a esta profetisa cuando anuncie el crimen de Agamenón.
La
última parte de la obra presenta varias escenas
1.
El asesinato, que tiene lugar entre bastidores;
2. La reacción del coro, que no comprende qué está pasando;
3. Canto amebeo entre el coro y Clitemnestra discutiéndose la culpabilidad
de la reina;
4. Treno o lamento fúnebre por un rey asesinado.
La
obra se cierra con una discusión entre el pueblo, coro, y Egisto, el tirano
nuevo que termina la obra amenazando al coro. La obra se cierra dejando al
espectador en un clima de espera por la libertad y la justicia, que caerá
sobre los culpables.
II Coéforos
Los
primeros versos de la pieza se han perdido, cayéndose las primeras páginas
del manuscrito Marciano, supliéndose con los textos de Aristófanes de Ranas.
El
coro está formado por mujeres troyanas esclavas. La párodos (22-83) está constituida
por tres tríadas que terminan en un epodo, el ritmo es yámbico. Su tema es
el envío que Clitemnestra ha mandado de unas libaciones a la tumba de Agamenón,
para calmar la pesadilla que tuvo la noche anterior no se cumpla. Este sueño
narra toda la obra: Llegada de Orestes y muerte de Clitemnestra.
Tras
el canto, Electra, que está confundida, dialoga con las esclavas. Su madre
le ha ordenado que haga ofrendas a Agamenón, su padre, pero ella no quiere
por considerarlo un acto sacrílego, y pide consejo a las esclavas, que le
darán una solución (84-164). Electra acepta el consejo y pronuncia una larga
rêsis en el sentido de sus consejeras (165-161).
Tras
esto, Electra comunica al coro que ha visto un rizo en la tumba de su padre,
así como unas pisadas, y piensa que ha sido Orestes quien ha mandado hacer
esta ofrenda. Sale Orestes de su escondite y se realiza el anagnorismós entre
los dos hermanos. Orestes le dice que ha sido enviado por Apolo para vengarse
y que si no lo cumple, recibirá grandes penas del dios.
El
kommós (306-407) es un pasaje lleno de controversia. Es un canto amebeo muy
largo, precedido por anapestos, con un ritmo predominante eólico, con algunos
yambos e itifálicos. Terminado el kommós, Orestes y Pílades entran en palacio
para realizar la venganza, el coro permanece callado, Electra para disimular
entra en casa y por si tuviera que intervenir (551-584).
El
coro entona un estásimo (585-651) donde se canta la maldad de Clitemnestra,
el colmo de la perfidia y la perversidad. Los coreutas revisan todos los crímenes
del mito y dicen que siempre ha habido justicia.
Orestes
llama a palacio, consigue entrar tras fingirse un caminante que trae la noticia
de la muerte de Orestes. La nodriza de Orestes comunica al coro que Clitemnestra
le ha ordenado que vaya a buscar a Egisto para oír de labios del caminante
la muerte de Orestes, el coro le dice que aconseje a Egisto que acuda sin
su escolta, para facilitar las cosas a Orestes en su venganza (652-782).
Con
un nuevo estásimo el coro invoca a los dioses implorando su ayuda en esta
venganza, el estásimo (783-837) está compuesto por tres tríadas con un canto
intermedio entre cada estrofa y antistrofa de ritmo crético, con lecitios
y docmios. Aparece Egisto (838), el coro entona un canto de júbilo (856-868),
se oye un grito de dolor (869), aparece un criado que comunica que Egisto
ha muerto asesinado. Clitemnestra recibe la noticia de este de esta forma
"el muerto asesina a los vivos" es el verso 886, la reina comprende
el significado y la venganza está casi completada, sólo falta que Clitemnestra
también muera, Orestes y Pílades salen a su encuentro y tras una pequeña vacilación,
Orestes mata a su madre en el verso 899. Pílades le recuerda el oráculo de
Apolo. Tras una breve conversación madre-hijo se culmina la venganza con el
matricidio. Es entonces cuando el coro estalla en alegría con un estásimo
de ritmo docmiaco (935-972). La luz brilla de nuevo.
Orestes
justifica su obra, recuerda el oráculo de Apolo, los crímenes de Clitemnestra
(972-1020). Sin embargo, la maldición de la madre empieza a actuar y la sangre
llama a las Erinias. Orestes siente
que
se le va la razón.
III Euménides.
El
Agamenón termina con un asesinato, que pide venganza. Orestes se la da, pero
mediante otro asesinato, el de Egisto y Clitemnestra, que también pide venganza,
aunque haya sido por mandato de un dios. Las Erinias serán las encargadas
de la venganza del segundo asesinato. Las Coéforos terminan con un triunfo
parcial de la Justicia, sin embargo, necesitaríamos una cadena interminable
de sangre para vengar los crímenes realizados para vengar los crímenes realizados...
jamas terminarían los asesinatos salvo si interviene una divinidad. Y eso
es lo que encontramos en las Euménides, que ellas se enfrentan a divinidades
preolímpicas y hace falta una divinidad neutral para poner solución al conflicto
entre Apolo y las Erinias. El resultado es la purificación mediante un rito.
El
prólogo de las Euménides es recitado por la profetisa de Delfos (1-63) quien
tras una breve historia del oráculo presenta a un hombre perseguido por las
Erinias. Aparece Orestes suplicando a Apolo protección quien se la dará (64
y ss). Tras la desaparición de Apolo aparece el espectro de Clitemnestra exigiendo
que las Erinias acosen a Orestes hasta aniquilarlo (93-116).
No
hay párodos, el coro está dormido en escena y Clitemnestra le despierta, una
vez despierto entona un estásimo (143-177) quejándose de sus derechos pisoteados
por los olímpicos. Aparece Apolo intentando expulsar a las Erinias de su templo.
Se entabla un diálogo entre Apolo y el coro sobre los derechos de cada uno.
Hay
un cambio de escena, estamos ahora en el Areópago, aparece Orestes, que tras
haberse purificado de la sangre vertida ha ido a abrazarse a la imagen de
Atenea, corriendo tras él las Erinias. Entona un estásimo (254-275), tras
el cual intenta justificarse ante el coro quien no acepta la solución apolínea
y le responde a las propuestas de inocencia de Orestes.
Aparece
entonces Atenea que acude tras oír la petición de Orestes. Se establece un
diálogo esticomítico, diálogo entre actores usando cada uno un verso, entre
el corifeo y Atenea. La diosa presidirá el tribunal juzgante de Orestes, interroga
a las dos partes. Tras la idea de juicio, el coro se enfurece ya que no quiere
juzgar a su acusado, piensa que las Erinias deben actuar automáticamente.
Tras
la votación mediante un tribunal humano instituido por Atenea en el cual cada
juez emitirá su voto, se produce un empate, según la diosa había dispuesto,
el acusado es absuelto.
Las
Erinias no se conforman y amenazan con infestar la ciudad, Atenea les promete
culto en Atenas y se convierten en las Euménides.