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Revolucion de Mayo>Antecedentes internos
Las invasiones inglesas
El
interés de Gran Bretaña por los dominios españoles en América surgió a partir
del Tratado de Utrecht (1713) y se desarrolló a lo largo del siglo XVIII. En
ese período se enfrentó varias veces con España (Guerra de Sucesión de Austria,
1740; Pactos de Familia entre Francia y España, 1761). Esto impulsó la acción
de los corsarios ingleses sobre las flotas españolas que viajaban desde o hacia
América y también el asalto a ciudades costeras.
Por otra parte, el sistema monopólico implantado por España perjudicaba a zonas
periféricas como el Río de la Plata. El contrabando de productos ingleses se
constituyó en una costumbre para los pobladores de Buenos Aires.
El comienzo del siglo XIX encontró a Inglaterra en una delicada posición
económica: la independencia de Estados Unidos (1776) fue un duro golpe para su
comercio exterior. La situación se agravó en 1789 con la Revolución Francesa y
empeoró aun más con la llegada al poder de Napoleón Bonaparte (1799).
Inglaterra entró en guerra con Francia y sus aliados, y en consecuencia sus
barcos fueron rechazados por la mayoría de los principales puertos europeos.
Gran Bretaña necesitaba imperiosamente obtener materias primas y comercializar
su producción industrial.
Entonces el gobierno inglés decidió enviar una expedición armada para
apoderarse de la colonia holandesa del Cabo de Buena Esperanza, en el sur de
África. La misma estaba compuesta por 6.654 hombres de tropa a las órdenes del
mayor general David Baird y el brigadier Guillermo Carr Beresford. La fuerza
naval que cooperaría en la conquista estaba dirigida por el comodoro Home
Popham.
En
enero de 1806, después de dominar la colonia del Cabo, el comodoro Popham
decidió atacar el Río de la Plata. Las tropas fueron puestas a las órdenes del
brigadier Beresford.
Es
interesante señalar que años antes Popham se había entrevistado con Francisco Miranda, patriota venezolano, con
quien había elaborado un proyecto para liberar a la América del Sur con la
ayuda de tropas expedicionarias británicas. El proyecto no se llevó a la
práctica pero según Lord Melville "para Inglaterra era de la mayor
importancia estar prevenida y observar la marcha de las tentativas para
aprovecharse de ellas con el fin de abrirse a los mercados de América del Sur,
a sus comercios y su manufactura".

Los ingleses eran expertos navegantes y excelentes
constructores de barcos

Monedas inglesas que circularon en Buenos Aires
durante el período de ocupación inglés

El Calibrado de cañones
le dio a los ingleses superioridad en la artillería

Desarrollada por el inglés Benjamin Robbins en 1742
la balística se convirtio en materia de estudio en las academias de guerra
inlgesas
Primera Invasión Inglesa

El virrey el Marques de Sobremonte se retiro al
interior, con la idea de organizar un contraataque pero se adapto a la nueva
situción y mantuvo relaciones comerciales con la ciudad tomada

Juan Martín de Pueyrredón quiso contener a los
ingleses con improvisados milicianos. Liniers lo convenció de adoptar medidas
militares más ortodoxas

William Carr Beresford , comando las tropas de
ocupación de la ciudad de Buenos Aires . El destino lo llevo pocos meses
después estar peleando junto a las tropas españolas en la guerra contra
Napoleón

Santiago de Liniers se traslado a Montevideo para
organizar la reconquista de Buneos Aires. Su acción lo transformó en un héroe
popular
El
24 de junio de 1806 las naves inglesas intentaron acercarse a la ensenada de
Barragán. Las baterías de la costa, al mando del capitán de navío Santiago de Liniers
impidieron que los invasores se acercaran. Al día siguiente, unos 1.600
ingleses desembarcaron en Quilmes y, tras combatir con la milicia que dirigía
Pedro Arce, ocuparon las barrancas de Quilmes.
El virrey Sobremonte no tomó ninguna medida defensiva adecuada y marchó hacia
Córdoba con el fin de reunir fuerzas y reconquistar la capital, aunque hay
historiadores que consideran que, en realidad, huyó con su familia.
El día 27 los ingleses cruzaron el Riachuelo y vencieron la última resistencia
de los milicianos en el paso de Barracas que llevaba directamente a Buenos
Aires. En la tarde las tropas invasoras entraron en Buenos Aires. Beresford se
estableció en el Fuerte y asumió el cargo de gobernador. Sus primeras medidas
pretendieron ser del agrado de la población: aseguró la libertad de cultos, la
protección de la propiedad privada y la libertad de comercio.
En la campaña, Juan
Martín de Pueyrredón organizó a 700 hombres entre milicianos y vecinos,
entre los que figuraba Martín Rodríguez,
pero fueron vencidos en Perdriel tras un breve combate.
Aquí entra en acción nuevamente el francés Santiago
de Liniers.
Militar sagaz y astuto, decidió concentrar la acción en Montevideo y emprender
desde allí la Reconquista.
Con la colaboración de la población montevideana formó un ejército de 1.300
hombres que, luego de cruzar el Río de la Plata, desembarcó en las proximidades
del Tigre el 10 de agosto, y avanzó hasta los Corrales de Miserere, en donde
estableció su campamento.
Desde allí, exigió la rendición de Beresford. Ante la negativa del inglés
avanzó con su ejército, tomó el Retiro y obligó a los invasores a retroceder
hacia la Plaza Mayor.
El 12 de agosto las fuerzas de la Reconquista iniciaron el ataque decisivo.
Beresford y sus hombres, refugiados en el Fuerte, se rindieron. En las puertas
del Cabildo el brigadier inglés depuso formalmente las armas.
Se dispuso entonces convocar a un Cabildo Abierto para el 14 de agosto. La
Asamblea resolvió comunicar el triunfo a la corona española y organizar cuerpos
de milicias para defender a Buenos Aires de una nueva invasión. Los cabildantes
resolvieron otorgar el mando militar a Liniers y el poder político a la
Audiencia. Al Cabildo se le encomendó la tarea de enrolar y armar a los vecinos
para preparar la defensa de la ciudad.
En el trayecto de Córdoba hacia Buenos Aires Sobremonte se enteró de lo
dispuesto por el Cabildo y manifestó su disconformidad, pero ante la presión
popular se trasladó a Montevideo para dirigir desde allí la defensa de la
ciudad en caso de nuevo ataque.
La certeza de que Inglaterra enviaría refuerzos para vengar la derrota impulsó
a Liniers a invitar a la población a sumarse espontáneamente a las milicias. La
gente respondió con entusiasmo y Buenos Aires se transformó en un inmenso campo
de entrenamiento militar. Prácticamente no había casa en Buenos Aires en donde
no viviera un miliciano. En la práctica esto significaba también que se hable y
discuta de política en cualquier ámbito. Las cuestiones de la ciudad dejaron de
hablarse sólo entre los funcionarios
Hacia octubre de 1806, las milicias ya contaban con alrededor de 8.500 hombres,
de los cuales sólo 3.000 eran españoles. Se formaron diez batallones: cinco
eran criollos (tres de Patricios - quiere decir "hijos de la patria"
-,integrado por blancos porteños a las órdenes de Cornelio
Saavedra; uno de Arribeños - de las provincias "de
arriba" -, compuesto por blancos provincianos al mando de Juan Martín de Pueyrredón y uno de Pardos, integrado por
mulatos, negros libres y esclavos entregados por sus dueños). Los españoles
integraron los otros cinco batallones restantes, agrupados bajo la denominación
de: Gallegos, Andaluces, Catalanes, Vizcaínos y Montañeses.

Beresford
se rinde ante Liniers en 1806
La segunda invasión inglesa
Liniers
conocía la naturaleza de los ingleses, por eso estaba seguro que volverían por
la revancha. Y no se equivocó...
A
fines de 1806, el gobierno inglés dispuso el envío de 4300 soldados al mando
del general Sir Samuel Achmuty para reforzar la ocupación de Buenos Aires. Lo
que todavía no sabía el gabinete británico era que sus tropas fueron derrotadas
por los habitantes de la ciudad. Mientras tanto, en enero de 1807, el derrotado
comodoro Popham, que había recibido una dotación de 980 hombres de refuerzo
desde del Cabo de Buena Esperanza, avanzó sobre el puerto de Maldonado, ubicado
en la Banda Oriental. El virrey Sobremonte, que se encontraba en Montevideo
desde la primera invasión inglesa, acordó con el gobernador Ruiz Huidobro, organizar
un cuerpo de tropas para intentar la reconquista de la ciudad invadida. Las
fuerzas, al mando del capitán de fragata Agustín de Abreu fueron derrotadas en
San Carlos.
El
19 de enero, las fuerzas inglesas, al mando del general Achmuty iniciaron el sitio
de Montevideo que se prolongó durante 17 días, después de los cuales ocuparon
la ciudad. El gobernador, Ruiz Huidobro, y varios oficiales argentinos, entre
ellos José Rondeau, Nicolás De Vedia, Matías Zapiola y Marcos Balcarce, cayeron
prisioneros y fueron enviados a Inglaterra.
Sobremonte
intentó una tímida defensa pero sus hombres pero fueron rápidamente dispersados
por el enemigo y el virrey huyó hacia el interior.
Enterados
de lo ocurrido, en Buenos Aires los vecinos se reunieron frente al Cabildo para
exigir la destitución del Virrey. El alcalde de primer voto, Martín de Alzaga,
convenció al Cabildo de destituir a Sobremonte.
Liniers
convocó, el 10 de febrero, una Junta de Guerra que decidió la suspensión y
arresto del Virrey y la entrega del mando político a la Audiencia.
Al
tiempo, arribaba a Montevideo el general John Whitelocke, al mando de 12.000
hombres. El gobierno inglés le había encomendado el refuerzo de las tropas
británicas en Montevideo y evaluar un nuevo ataque a Buenos Aires.
El
28 de junio de 1807, luego de dejar parte de los efectivos en la Banda
Oriental, el general Whitelocke desembarcó con unos 8.000 hombres en la
Ensenada de Barragán (cerca de La Plata).
El
1° de julio, Liniers salió al frente de 7.000 efectivos para enfrentarse a las
tropas inglesas en campo abierto, en las cercanías del puente de Gálvez, en
Barracas. Pero la columna inglesa eludió el encuentro y se dirigió hacia los
Corrales de Miserere. Hasta allí avanzó Liniers pero sus tropas fueron
desbandadas en un desordenado combate.
En
la ciudad, el Cabildo se declaró en sesión permanente y Martín de Alzaga asumió
la organización de la Resistencia. El Consejo de Guerra determinó que era
conveniente perimetrar y fortificar una amplia zona en donde se concentraba el
grueso de nuestras milicias. El sargento mayor de Patricios Juan José Viamonte,
el coronel de Vizcaínos, Pedro Andrés García, el coronel Balbiani y el
ingeniero Pedro Cerviño tuvieron a su cargo dicha misión. Alzaga y otros
acaudalados vecinos contribuyeron económicamente proveyendo dinero y
materiales.
El
5 de julio de 1807 seis mil soldados ingleses distribuidos en trece columnas
iniciaron el avance desde los Corrales de Miserere en dirección al río, en
donde se encontraban nuestras fuerzas.
La
tenaz resistencia de los habitantes de Buenos Aires organizados en tres líneas
de defensa impidió que la ciudad fuera ocupada. La defensa de Buenos Aires debe
también su éxito al coraje su población civil. Así la describió Vicente Fidel
López: "Por fuera del fuerte, espiaban a los ingleses a su paso,
mujeres, muchachos, viejos y gente suelta para los que habían faltado armas de
fuego; prontos todos a arrojarles materias alcohólicas en llama, agua y aceite
hirviendo, muebles, piedras, y mil otros proyectiles mas o menos serios".
Tras
una valiente resistencia, Liniers intimó a Whitelocke. El 6 de julio el general
inglés pidió el cese del fuego y al día siguiente se firmó el tratado que puso
fin a la lucha.

Bandera inglesa capturada
durante lso combates

Medalla la valor militar otorgada durante las
invasiones inglesas. Las ordenadas tropas inglesas se vieron desbordadas por la
lucha callejera , imprevisible y tenaz

La
rendición escrita de Withelocke
Las invasiones inglesas tuvieron las siguientes
cifras:
Las
cifras de la Invasiones inglesas
Cantidad
Descripción
1600
Soladado ingleses en la primera
invasión
700
Hombres al mando de Juan Martín
de Pueyrredón vencidos en el combate de Pedriel
1300
Milicianos en Montevideo se
pusieron a disposición de Liniers para la Reconquista de Buenos Aires
8500
Soldados integrabana las
milicias patriotas haci octubre de 1806
10
Batallones que integraban 5 de
criollos y 5 de españoles
8000
Ingleses al mando del general
Whitelocke participaron de la segunda invasión
6000
Hombres iniciaron el ataque
final sobre el Fuerte
Las Invasiones Inglesas tuvieron importantes
consecuencias políticas, sociales, militares y económicas. Se enumeran
entre las más importantes:
Acciones
Consecuencias
España no podía defender a sus colonias. Estaba
incapacitada para apoyarlas con dinero, armas o soldados.
En consecuencia, se crearon 10 batallones, cinco de
ellos con jefes locales para prevenir nuevos ataques.
Las autoridades coloniales tuvieron un
comportamiento ineficiente.
El Cabildo Abierto (14/08/1806) y la Junta de
Guerra (10/02/1807) marcaron el comienzo de la crisis política y demostraron al
pueblo que podía confiar en sus propias fuerzas. Los criollos sabían tomar sus
propias decisiones y ponerlas en práctica. El Cabildo tomó el control de las
autoridades coloniales y algunos casos, reemplazó a funcionarios españoles por
locales.
El ejército invasor fue expulsado por la acción de
los habitantes de Buenos Aires.
Los criollos podían defenderse solos. Por sí mismos
se armaron, organizaron y lucharon. Creció en ellos un amor a su tierra que
hasta entonces no habían tenido oportunidad de comprobar.
Los ingleses abrieron el comercio, suprimiendo las
trabas económicas. Permitieron la venta de frutos del país y la importación de
productos manufacturados. También rebajaron los impuestos y aranceles de aduanas.
Cuando intentaron reimplantar el monopolio, que
autorizaba a comerciar únicamente con España y a los precios que ellos querían,
los criollos opusieron una tenaz resistencia a la medida.
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