2º PARCIAL
CAPITULO 1- TEMA 15
CONCEPTOS FUNDAMENTALES EN EL ESTUDIO DEL CAMBIO
La metáfora orgánica: el enfoque clásico del cambio social
Comte dividió el
sistema de su teoría en dos partes separadas: estática social y dinámica
social. La estática social estaba concebida como el estudio de la anatomía de
la sociedad humana, de las partes que
la componen, como un cuerpo humano (órganos, esqueleto, tejidos, etc), mientras
que la dinámica social se concentraba en la fisiología de los procesos que operan
dentro de la sociedad, como las funciones corporales (respiración, circulación,
etc), que producen como último resultado el desarrollo de la sociedad.
El legado metodológico
de esas primeras ideas fue la oposición de dos tipos de procedimientos que
Comte los describió como la búsqueda de las leyes de coexistencia (porque
determinados fenómenos sociales proceden o siguen a otros de forma invariable).
El estudio moderno del cambio está muy influido por estas concepciones.
El modelo del
sistema: El nacimiento del concepto de cambio social
En el nivel macro,
la totalidad de la sociedad (humanidad), puede concebirse como un sistema; en
el nivel medio, los estados-nación y las alianzas políticas y militares
regionales también son sistemas; en el nivel micro, las comunidades
locales, las asociaciones, las empresas, las familias, etc, pueden considerarse
como pequeños sistemas. Por lo tanto, para los teóricos de sistemas como para
Parsons, la noción de sistema es universalmente aplicable.
El cambio social es
concebido como el cambio que acontece dentro del sistema social o que lo
abarca. El concepto de cambio social implica 3 ideas: a) diferencia; b)
diferentes momentos temporales y c) entre estados del mismo sistema.
Dependiendo de lo que
se considere que cambia, que aspectos, fragmentos y dimensiones del sistema
estén implicados en el cambio pueden distinguirse diversos tipos de cambio
como:
1.
Distintos individuos y sus acciones.
2.
Lazos sociales, lealtades, interacciones.
3.
Papeles ocupacionales jugados por los individuos.
4.
La frontera. Criterios de inclusión, condiciones de aceptación, paz o
guerra, etc.
5.
Los subsistemas
6.
El entorno (las condiciones naturales, la localización geopolítica,
etc.
Sólo a través de la
interacción emergen las características del conjunto del sistema: equilibrio o
desequilibrio, armonía o lucha, paz o guerra, etc.
Cuando el sistema se separa
de sus distintos componentes implica los siguientes cambios:
1.
cambio de composición, p.ej. migración de un grupo a otro, despoblación
debido al hambre, dispersión de un grupo, etc.
2.
Cambio de estructura, p.ej. aparición de desigualdades, emergencia de
lazos de amistad, establecimiento de relaciones cooperativas, etc.
3.
Cambio de funciones
4.
Cambio en el entorno, p.ej. deterioro ecológico, terremotos, enfermedades,
etc.
A veces los cambios son
parciales, sin mayor repercusión para otros aspectos del sistema. El sistema
como un todo permanece intacto, al margen de pequeños cambios en su interior,
p.ej. la fuerza de un sistema político democrático radica en su capacidad para
afrontar los cambios, aliviar las quejas, etc, mediante reformas sin poner en
peligro la estabilidad y continuidad del estado en su totalidad. Pero en otras
ocasiones los cambios pueden abarcar todos o casi todos los aspectos del sistema,
produciendo una mutación de conjunto que obliga a considerar el nuevo sistema
como diferente del antiguo, p.ej. las grandes revoluciones sociales. Este tipo
de transformación merece llamarse cambio de sistema.
-
El cambio social es la transformación en la organización de la sociedad
y en los modelos de pensamiento y conducta a lo largo del tiempo.
-
Es una modificación o transformación en la forma en la que se organiza
la sociedad.
-
Hace referencia a las variaciones en el tiempo de las relaciones entre
individuos, grupos, etc.
En el cambio estructural con
más frecuencia que en otros tipos de cambios, cuando cambia todo lo demás
también tiene tendencia al cambiar.
Normalmente cuando hay
cambios en el nivel micro se producen cambio en el nivel macro porque el cambio
social está mediado por los actores individuales.
Conjunto de
cambios: aumento de la complejidad de los conceptos dinámicos.
El más importante es la idea
de “progreso social”, que describe la secuencia de los cambios
interrelacionados. Ejemplos de procesos desde el nivel macro al nivel micro
incluirían: industrialización, urbanización, globalización, cristalización de
un grupo de amigos, crisis familiar, etc.
CAPITULO 2 – TEMA 16
VICISITUDES DE LA IDEA DE PROGRESO
Las primeras raíces de la
idea de progreso puede encontrarse en la antigüedad griega. Los griegos
percibieron el mundo en un proceso de crecimiento, pasando por etapas fijas
(épocas) y produciendo avance y mejora.
La segunda fuente del
concepto se encuentra en la tradición religiosa judía. El énfasis bíblico en
las profecías y los profetas implica una imagen sagrada de la historia, guiada
por una voluntad divina y por lo tanto predestinada y necesaria. El diseño de una historia que abarca a toda
la humanidad está presente desde el principio y su culminación final es la
“edad dorada” o paraíso.
Ambas líneas de pensamiento,
la griega y la judía, se unen en la tradición judeocristiana, que abarca toda
la cultura occidental durante los siglos siguientes.
Durante la Edad Media, se
añadieron algunos elementos nuevos a la idea de progreso, se afirmaba que el
conocimiento humano es acumulativo a través del tiempo y se enriquece y
perfecciona. Lo que esto implica es que el conocimiento avanza de forma
constante y gradual. Las utopías sociales definen la dirección en la que se
supone que se mueve la humanidad.
Un cambio en la idea de
progreso se produce cuando llega la era de los descubrimientos geográficos. Se
pone de manifiesto que las sociedades, las culturas y las organizaciones
políticas no son homogéneas. Se hace evidente la tremenda variedad de formas
sociales en las distintas partes del mundo, pero se pretende que esta variedad
es debida a los diferentes estadios de desarrollo o de progreso que algunas
sociedades han alcanzado. Los más primitivos son vistos como si pertenecieran a
los primeros estadios, y mostrarían, a los más civilizados la imagen de su
propio pasado; los más civilizados representan estadios superiores mostrando a
los más primitivos su futuro. Se supone que hay una trayectoria común por la
que discurren todas las sociedades.
La época de la Ilustración
aportó matices nuevos a la noción de progreso. Así el s.XIX, es denominado por
algunos como la “Era del progreso” y por otros como el “triunfo de la idea de
progreso”. La idea de progreso impregna el sentido común, la literatura, el
arte y la ciencia. Este espíritu romántico es acompañado por la creencia en la
razón y en el poder humano. La ciencia y la tecnología parecen aportar la
promesa de una expansión y un avance ilimitado. Todos los padres fundadores de
la sociología tienen alguna versión del progreso.
Saint-Simon y Comte se
concentraron en el progreso del espíritu y vieron que los cambios se producen a
través de tres etapas: teológica, metafísica y positiva. El último estadio es
el de la ciencia. La ciencia positiva es considerada como el logro que corona
el pensamiento humano. Marx hablaba de la utopía de la sociedad comunista y
afirmó que se conseguiría mediante el empuje de las clases explotadas. Weber se
dio cuenta de la poderosa tendencia hacia la racionalización de la vida social
y consideró esta dirección como la que mueve la sociedad.
La definición
de progreso
Siguiendo a Nisbet, puede
definirse el progreso como la idea de que la sociedad ha avanzado lenta,
gradual y continuamente desde la privación cultural, ignorancia e inseguridad
hacia niveles cada vez más altos de civilización y de que el avance continuará
a pesar de algunos retrocesos ocasionales, desde el presente hacia el futuro.
El concepto de progreso
puede ser dividido en varios componentes fundamentales: 1) hay una noción de
tiempo irreversible, que fluye en forma lineal y que proporciona continuidad al
pasado, al presente y al futuro. El progreso, por definición es el paso del
pasado al futuro evaluado positivamente. 2) está la noción de movimiento
direccional, en el que ningún estadio se repite y cada estadio posterior se va
acercando más a un estadio final que a cualquier estadio anterior. 3) la idea
de progreso acumulativo, que opera de forma gradual, paso a paso, o en forma
revolucionaria a través de saltos periódicos cualitativos. 4) la distinción de
estadios necesarios típicos (fases, épocas) a través de los cuales pasa el
proceso. 5) el énfasis en las causas endógenas (internas) de los procesos, que
aparecen como auto-propulsados. 6) el proceso es concebido como inevitable,
necesario, natural, no puede pararse o desviarse. 7) la noción de mejoramiento,
avance, la valoración de que cada estadio es relativamente mejor que el
anterior, culminando en el estadio final que se espera produzca la satisfacción
completa de los valores apreciados como la felicidad, la abundancia, la
libertad, etc.
Este último punto nos hace
darnos cuenta que el progreso siempre es relativo , dependiendo de los valores
que se toman en consideración. El mismo progreso puede ser concebido como
progresista o no, dependiendo de las preferencias. Estas difieren entre las
personas individuales, los grupos, las clases y las naciones. Lo que unos
consideran progreso puede no serlo para otros.
No debe caerse en el
relativismo absoluto. Hay varios grados donde los valores son relativos. En un
extremo encontramos medidas de progreso con las que coincidirán la mayoría de
la gente, que pueden tomarse como lo más parecido a criterios absolutos de
progreso, p.ej. medicina, comunicaciones, etc. Otro criterio absoluto podría
ser el alcance del conocimiento.
Por otra parte hay otras
áreas donde los criterios de progreso son más cuestionables. En el s. XIX y XX,
la industrialización, la urbanización, etc, eran tratados como sinónimos de
progreso. Ahora se ha reparado en que se ha ido demasiado lejos (polución,
agotamiento de recursos, etc). También se ha hecho evidente que el progreso en
un área puede a menudo acontecer a costa del retroceso de otra. La
democratización, la apertura de las sociedades, etc, están acompañadas por el
crecimiento del desempleo y la pobreza. Durante un largo período de tiempo,
pensadores como Tomás Moro o Marx, han creído que es posible salvaguardar el
progreso en todas las dimensiones de la sociedad para todos sus miembros al
mismo tiempo. Han dibujado las imágenes de las sociedades perfectas, de las
utopías sociales.
Otros conscientes de las
incompatibilidades de las diversas dimensiones de progreso propusieron
criterios más concretos. Seleccionaron aquellos aspectos de la vida que para
ellos tenían una importancia superior.
El mecanismo de
progreso
Al hablar de la agencia del
progreso podemos distinguir tres estadios consecutivos en la historia del
pensamiento social. Los primeros pensadores creían que la fuerza motriz del
progreso era lo sobrenatural. Las deidades, los dioses. Pensadores posteriores
coloraron esta idea en el dominio de lo natural. Esta consideración condujo a
la conclusión de que se necesitaba una adaptación como la única reacción humana
concebible. Los pensadores modernos se inclinan a considerar a los agentes
humanos (individuales y colectivos) como productores y constructores del
progreso.
La diferencia fundamental
que divide la noción de progreso mecánico, automático de la noción de progreso,
es que la primera postula por lo extrahumano, la segunda se concentra en la
gente y en sus acciones. La primera afirma la necesidad de progreso, en la
segunda el progreso puede ocurrir o no, dependiendo de las acciones que realice
la gente.
Si consideramos la manera de
funcionar del sistema social que da lugar al progreso, hay dos imágenes. Una,
la de los primeros evolucionistas, pacífica. La otra se centra en las tensiones
internas, en los conflictos cuya resolución mueve al sistema en la dirección
progresiva.
El derrumbe de
la idea de progreso
La idea de progreso parece
haber entrado en declive durante el s. XX. Cuando se intenta hacer un balance
del s. XX, muchos observadores ya lo denominan “el siglo espantoso”. Es un
siglo que ha sido testigo del holocausto nazi, las dos guerras mundiales,
extensión del desempleo, pobreza, etc. No ha de sorprender que se haya
extendido la desilusión y el desencanto con la idea de progreso.
Algunas tendencias
intelectuales operan en la misma dirección. Nisbet, observando las principales
premisas del progreso, afirma que todas ellas son atacadas por el pensamiento
contemporáneo. Recientemente se ha observado el desplazamiento de occidente, el
declinar de la fé en los valores y en las instituciones modernas altamente
desarrolladas. Nisbet encuentra sus síntomas en la extensión del
irracionalismo, el renacimiento del misticismo, el narcisismo típico de la
cultura del consumo.
Como consecuencia de todo
ello, el concepto de progreso ha sido reemplazado por el concepto de crisis
como lema del s. XX. Este concepto está en la conciencia común, en la que
dominan las visiones pesimistas de las realidades sociales, no sólo en los
países pobres y subdesarrollados sino también en los prósperos de primera fila.
En este contraste la gente concibe la crisis como crónica, endémica y no
vislumbran su eliminación futura.
El concepto alternativo de
progreso y su fuente principal, se encuentra en la ilimitada creatividad de los
seres humanos, capaces de transmitir las innovaciones, aumentando el
conocimiento.
CAPITULO 3 – TEMA 17
LA DIMENSIÓN TEMPORAL DE LA SOCIEDAD: EL TIEMPO
SOCIAL
El tiempo como
dimensión de la vida social
Todos los fenómenos sociales
acontecen en algún momento en el tiempo. La vida social se vive en el tiempo.
El tiempo está ligado de
forma aún más íntima a la idea de cambio social. La experiencia misma del
tiempo y la idea del tiempo derivan de la naturaleza cambiante de la realidad.
Es imposible concebir el tiempo sin referencia a algún cambio.
Todo fenómeno social está
relacionado con otros sucesos o fenómenos. No hay fenómenos o sucesos
absolutamente singulares, únicos. Esto es cierto tanto para macroacontecimientos,
para acontecimientos de tipo medio o para microacontecimientos. La guerra es
seguida de un tratado de paz, la inflación por el descenso del nivel de vida,
etc. Todo esto ocurre en el curso de la historia. A todos los niveles si
tomamos cualquier hecho singular, siempre está situado en una secuencia mayor,
precede o sucede a otros, acontece antes o después de otros. En otras palabras,
todos los actos sociales están encajados temporalmente dentro de actos sociales
mayores. Llamamos a esto estar permeados por el tiempo. Decimos que todo
fenómeno o suceso tiene alguna duración, duran algún tiempo. En suma la
secuencia y la duración, son dos aspectos fundamentales de la vida social,
reflejo de dos aspectos cruciales del tiempo.
Los fenómenos y los sucesos
sociales son también irreversibles. Una vez que algo ha sucedido no puede ser
deshecho. Es decir, la vida no puede des-vivirse. Heráclito expresó esto en la
antigüedad en su famosa proposición de que uno no puede meterse dos veces en el
mismo río. En palabras de un autor moderno: la acción en su repetición no puede
ser siempre la misma.
La irreversibilidad del
flujo del tiempo implica la distinción entre pasado, presente y futuro. La
distinción que hoy resulta obvia no es históricamente universal, está ligada a
la invención de la escritura. Sólo entonces el pasado pudo ser recordado. En el
sentido más estricto, la historia comienza con la escritura. El futuro pudo ser
planeado y no solamente imaginado. Hablando de forma estricta, no hay presente
porque los procesos sociales están en movimiento y en cualquier momento están
pasando del pasado al futuro. Tal como ha expresado Barbara Adam: ”Conocemos
los hechos pasados por testimonios, percibimos los presentes directamente y
conocemos los futuros sólo en nuestra imaginación.
El tiempo en
tanto aspecto del cambio social
Para el estudio del cambio
social, el tiempo no es sólo una dimensión universal, sino el núcleo, el factor
constitutivo.
El tiempo en relación con
los cambios sociales, puede aparecer de dos formas. Primero, puede servir como
estructura externa para la medida de sucesos y procesos, ordenando el flujo
caótico para beneficio de la orientación humana y de la coordinación de las
acciones humanas. Este es el tiempo cuantitativo, determinado por relojes y
calendarios, que nos permiten identificar la velocidad, los intervalos y la
duración de los acontecimientos sociales.
Cuando más compleja es una
sociedad, mayor es la importancia del ordenamiento y la coordinación temporal.
En la sociedad moderna, ninguna organización podría funcionar sin contar con el
tiempo. Cuando se inventan y desarrollan aparatos para medir el tiempo, todos
los cambios sociales pueden ser cronometrados, localizados dentro de una
estructura externa. A esto nos referimos cuando hablamos de acontecimientos en
el tiempo.
Cuando consideramos
cualquier proceso social, vemos que manifiesta varias cualidades temporales:
1.
Son de forma característica más largos o más cortos.
2.
Van más deprisa o más despacio. P.ej. la inflación galopante y la lenta
emancipación de la mujer.
3.
Están marcados por intervalos rítmicos o fortuitos, p.ej. las oleadas
de prosperidad económica y la decadencia.
El cálculo del
tiempo
La medida del tiempo exige
una escala y unas unidades. Estas pueden constituirse por referencia a sucesos
repetitivos que señalan intervalos y a sucesos únicos que marcan el comienzo de
la escala. Los sucesos naturales proporcionan los puntos obvios de referencia y
el más simple de ellos es el ciclo astronómico, la sucesión del día y la noche
y la sucesión de las estaciones.
Otras unidades de tiempo
reflejan experiencias sociales. Este es el caso de la semana y sus orígenes
sociales. El fundamento para la determinación de la semana se halla en el ritmo de los mercados y de
las ferias. También refleja la necesidad biológica de descanso, el establecer
un día para el ocio, para las necesidades espirituales, etc.
El tiempo en la
conciencia y en la cultura
Para la sociología es más
interesante otra reflexión de las realidades del tiempo. La sociopsicológica o
cultural, los símbolos típicos, los valores, las reglas y orientaciones
referidas al tiempo y compartidas por grupos, comunidades, clases y otras
entidades colectivas o sociales. Estos patrones culturales comunes se asientan
en diversas áreas de la vida social, manifestándose en estilos específicos de
conducta. Se ha constatado que no sólo las ocupaciones y las profesiones, sino
también las clases sociales, el género y el grupo de edad están altamente
diferenciados en sus perspectivas temporales.
Cuando hablamos de
orientación en el tiempo o de perspectiva temporal, han de distinguirse los
siguientes aspectos:
1.
El nivel de conciencia del tiempo. En un extremo,
la preocupación obsesiva por el tiempo, por el paso del tiempo, por la falta de
tiempo, etc y en el otro extremo la indiferencia con respecto al tiempo (el
síndrome mañana).
2.
La profundidad de la conciencia del tiempo. A veces sólo el
tiempo inmediato es reconocido.
3.
La forma o perfil del tiempo. Cíclico o
lineal, p.ej. la concepción del tiempo en el hombre arcaico era cíclica, en
ella el tiempo se despliega con el ritmo de la naturaleza. La visión lineal del
tiempo comienza con la cristiandad.
4.
El énfasis en el pasado o el futuro. La forma en la
que los miembros del grupo se relacionan con el pasado y el futuro, esto es, su
perspectiva temporal es en gran medida dependiente de la estructura del grupo y
e sus funciones. La perspectiva del tiempo es una parte integral de los valores
de la sociedad y los individuos orientan sus acciones en el presente y hacia el
futuro, por referencia a los grupos cuyos valores comparten. Algunas sociedades
o grupos miran hacia atrás: aprecian las tradiciones, se fijan en hazañas
pasadas, etc; otros miran hacia delante, rompen con las tradiciones, ignoran el
pasado, etc.
5.
La manera de concebir el futuro. Puede verse
como algo con lo que uno se topa pasivamente, o como algo que ha de construirse
activamente. Lo primero sugiere anticipación y adaptación. Lo segundo
planificación. Podemos hablar de orientación pasiva o fatalista (p.ej. los
movimientos sociales revolucionarios). La historicidad, es el
conocimiento consciente de que no sólo estamos formados históricamente sino de
que formamos la historia, que la historia nos hace y que hacemos la historia.
El factor tiempo puede
penetrar la cultura de una sociedad, de una comunidad o de un grupo social, no
sólo en la faceta general, sino también en la faceta mucho más específica de
las reglas que regulan los distintos aspectos de la conducta humana. Estas
reglas se encontrarán en la educación, la familia, la economía y dentro de los
diversos papeles sociales, como los de profesor, director, estudiante, etc.
Lo fundamental no es que
algunas formas de vida social duren más que otras, sino que hay expectativas
normativas que prescriben cuanto han de durar y cualquier alejamiento de tales
normas está definido socialmente como desviación, provocando sanciones
sociales.
Al igual que todas las
reglas sociales, la duración esperada influye en el pensar y en el hacer de los
actores sociales. Cuando se espera que el lazo social, la pertenencia al grupo
o el estatus, dure mucho, la gente se toma más en serio su apoyo, se compromete
más, le dedica más recursos (tiempo, energía, etc).
Si la duración es
normativamente limitada, se pueden observar llamativas diferencias de conducta
y de compromiso entre el período inicial, las fases intermedias y el tiempo
próximo al final.
Las funciones
del tiempo social
Se puede desarrollar una
tipología:
1.
La sincronización de actividades. Una gran parte de
la vida social de toda sociedad es ocupada por la acción colectiva, por las
cosas hechas por gran número de gente. Para que se dé la acción colectiva, la
gente ha de encontrarse en el mismo sitio al mismo tiempo Cuanto mayor es la
interdependencia de los actores, mayor es la necesidad de sincronización
temporal.
2.
Coordinación. Las acciones individuales no
acontecen en el vacío. Gran número de ellas están relacionadas y conducen a un
bien común. La división del trabajo es el más claro ejemplo.
3.
Secuenciación. Los procesos sociales se
producen por fases, los sucesos se suceden unos a otros en secuencias
específicas, hay una lógica necesaria inherente a la mayoría de los procesos,
p.ej. el niño tiene que empezar a ir a
la escuela en un momento determinado, el campo tiene que ararse en una época,
etc.
4.
Actualidad. Algunas actividades sólo
pueden emprenderse si determinadas oportunidades o recursos están disponibles.
Hay momentos en los que los trenes, los autobuses, etc, llegan y no es posible
utilizar el transporte público sin un mínimo de familiaridad con los horarios.
5.
Medida. La duración de las
diversas actividades pueden tener una importancia social decisiva.
6.
Diferenciación. Es importante romper con
la monotonía de la rutina vital intercalando diversos períodos con actividades
variadas.
La significación de todas estas funciones cambia con la complejidad de
la sociedad humana, sus instituciones y organizaciones, las tareas y los
desafíos a los que se enfrentan sus miembros.
CAPITULO 4 – TEMA 18
MODALIDADES DE TRADICIÓN HISTÓRICA
La naturaleza
procesal de la sociedad
Las sociedades modernas
están en cambio constante. Cambian en el macronivel de la economía, la política
y la cultura y en el micronivel de las acciones individuales y las interacciones.
La sociedad no es una
entidad, sino un conjunto de procesos entremezclados a muchos niveles. No está
constituida por una existencia en un momento singular del tiempo. Está
constituida temporalmente.
Si esto es así, entonces hay
un movimiento constante desde el pasado hacia el futuro. Su presente es
simplemente una fase transitoria entre lo que ha acontecido y lo que viene. La
naturaleza de la sociedad implica que las fases anteriores están causalmente
conectadas con la fase presente y la fase presente contiene las condiciones que
determinan la siguiente fase.
Este enlace del presente con
el pasado es el fundamento de la tradición.
El pasado de la sociedad
desaparece. Sus fragmentos permanecen y proporcionan un especie de ámbito para
las fases siguientes para la continuación del proceso. Esto ocurre por dos
mecanismos causales. Uno es el
material o físico y el otro el ideal o psicológico.
El mecanismo material. Opera a través
de objetos, artefactos, organizaciones, etc., producidos por las actividades de
las generaciones anteriores pero que envuelven las acciones emprendidas por las
generaciones presentes. Carreteras, monumentos, etc., conforman el medio
material heredado en el que vivimos.
El mecanismo ideal. Opera a
través de las capacidades humanas en la memoria y en la comunicación. El pasado
es preservado porque la gente recuerda fragmentos de él. El alcance de la
memoria se amplia de dos formas. Primero, hacía sus contemporáneos, con quienes
pueden compartir sus memorias y de quienes pueden aprender acerca de
hechos pasados que no experimentaron
personalmente. De esta forma se logra un depósito de memoria colectiva que se
almacena en archivos, bibliotecas, etc.
Aquí se hace obvia la
importancia de la escritura como una de las invenciones fundamentales de la
humanidad.
A través del mecanismo ideal
o psicológico, la gente hereda creencias pasadas, conocimientos, símbolos,
normas y valores. Son almacenados, interpretados y aprobados por distintas
agencias como la familia, escuelas, medios de comunicación, etc. Lo que nos
llega del pasado está preseleccionado y mediatizado a través del tiempo. Los
dos mecanismos material y psicológico interactuan.
Monumentos antiguos,
ciudades medievales y en general la mayoría de los objetos que encontramos en
los museos, tienen por objeto ilustrar y enfatizar la belleza del pasado. En
casos excepcionales también pueden servir como aviso de la miseria del pasado.
A través de las rutas
materiales e ideales, el pasado, aunque esté distorsionado, penetra en el
presente. Puede decirse que existe en el presente en dos sentidos:
objetivamente, cuando los objetos del pasado son conservados materialmente y
subjetivamente cuando las ideas del pasado son recordadas y recibidas en la
conciencia de los miembros de la sociedad.
Existe una tercera vía. El
pasado puede imaginarse. Puede ocurrir de forma inconsciente o puede hacerse
adrede. Este es el caso de la tradición inventada. Las razones de tal invención
puede varias: a veces se necesita para justificar o proporcionar legitimidad a acciones
políticas presentes, fortalecer el espíritu nacional, etc.
Pero la continuidad nunca es
absoluta, la herencia es remodelada, distorsionada, modificada o enriquecida y
cada momento posterior de la vida de una sociedad es diferente de cualquier momento
anterior.
El concepto de
tradición
Los contenidos de todo
aquello que heredamos del pasado, de todo lo que nos es trasmitido en el
proceso histórico acumulativo, es la herencia de la sociedad. En el nivel
macro, lo que se hereda es una herencia histórica, en el nivel medio es la
herencia del grupo, en el nivel micro, es la herencia personal.
Para hablar de tradición, la
conexión entre el pasado y el presente ha de ser más próxima, más íntima. Ha de
implicar la existencia continua del pasado en el presente. Por tradición se
entiende la totalidad de objetos e ideas que se derivan del pasado y que pueden
encontrarse en el presente, todas aquellas que han sido destruidas, dañadas,
abandonadas u olvidadas. Tradición significa aquí la herencia. Es algo transportado
desde el pasado hacia el presente. En el caso de las ideas (creencias,
símbolos, normas, valores, etc) tendrían que ser realmente consideradas y
seguidas, habrían de influir en el pensamiento y la conducta y extraer su
legitimidad del pasado.
El surgimiento
y el cambio de la tradición
Las tradiciones, entendidas
como los objetos e ideas dotadas que la gente da un significado especial debido
a sus orígenes en el pasado, están sujetas a cambio. Aparecen en determinados
momentos, cuando la gente define determinados fragmentos del pasado heredado
como tradición y son modificados cuando la gente selecciona unos e ignora
otros; permanecen durante algún tiempo y pueden desaparecer cuando los objetos
son abandonados y las ideas rechazadas y olvidadas. Un ejemplo son las
tradiciones étnicas y nacionalistas en la Europa del Este tras un período en el
que fueron suprimidas.
El nacimiento de la
tradición puede acontecer de dos formas:
Por una razón o por otra,
los individuos encuentran atractivos determinados fragmentos de la herencia
histórica. Las referencias y las acciones individuales se vuelven compartidas y
se convierten en verdaderos hechos sociales.
La segunda ruta se produce a
través de la imposición. Cuando lo que se considera tradición es seleccionado,
enfatizado e incluso forzado por individuos con poder e influencia.
Una vez establecidas, las
tradiciones atraviesan varios cambios. Una dirección de cambio es cuantitativa,
un cambio en el contenido de la tradición.
La cuestión más importante
es porqué se producen los cambios. Parte de la respuesta puede encontrarse en
las cualidades psicológicas de la mente humana. Tarde o temprano toda tradición
comienza a ser cuestionada, puesta en duda.
Las tradiciones diferentes
también pueden apoyarse entre sí. Depende en gran medida de la fuerza relativa
de las tradiciones que compiten, la cantidad de apoyo que tienen por parte de
agentes poderoso. Cuando las tradiciones que están en interacción son
relativamente iguales en fuerza, puede darse la fusión de tradiciones
diferentes, preservando los elementos centrales de todas, pero alterándolas al
tiempo de forma perceptible.
Las funciones
de la tradición
1.
La tradición es la sabiduría de generaciones. Ponen a nuestro alcance
las creencias, normas, valores y los objetos creados en el pasado. Por tanto,
la tradición es una especie de depósito de recursos que la gente puede utilizar
en sus acciones corrientes para construir el futuro utilizando el pasado, p.ej.
Modelos a copiar.
2.
Dar legitimación a las formas de vida, a las instituciones y a los
códigos existentes. De este modo, es una justificación común y poderosa afirmar
que las cosas siempre han sido así. Fue Max Weber el que señalo el papel de la
tradición al establecer los fundamentos de la autoridad, es decir, el poder
reconocido y aceptado.
3.
Proporciona símbolos persuasivos de la identidad colectiva. Las
identidades nacionales con sus símbolos, himnos y banderas.
Las tradiciones
pueden a su vez tener consecuencias funcionales como las que acabamos de
mencionar, pero también pueden ser disfuncionales:
a)
Cualquier tradición puede evitar o restringir la creatividad o la
innovación, proporcionando soluciones dadas de antemano a problemas
contemporáneos.
b)
Puede darse la tendencia a confiar en las formas de vida, en métodos de
gobierno, en estrategias económicas tradicionales en lugar de en un cambio
radical en las condiciones históricas. Apegarse a las viejas tradiciones por
inercia. El resultado será la falta de efectividad y el descontento.
c)
Algunas tradiciones pueden ser disfuncionales o dañinas debido a su
contenido específico.
Tradicionalismo
y antitradicionalismo
Las ideologías articuladas o
los climas generales de opinión que favorecen la tradición pueden denominarse
tradicionalismo. Puede admitirse que los períodos de desarrollo dinámico,
coronados por el éxito, no favorecen la tradición. En esos momentos el cambio y
no la continuidad es el tema dominante.
La gente se orienta en
general hacía el futuro y no hacía el pasado. Creen que construir el futuro
requiere un rechazo activo y el alejamiento del pasado.
La sociedad capitalista,
industrial y urbana del s. XX, era notablemente antitradicionalista.
En estos casos el
antitradicionalismo adopta la modalidad de ignorar el pasado en lugar de
cambiarlo.
Los períodos de estancamiento,
de decadencia o de crisis, tanto económica como intelectual, despiertan de
inmediato a las tradiciones. En tiempos difíciles, la gente busca la ayuda en
el pasado, el consuelo de un pasado más brillante y lo encuentra en la
revitalización de las tradiciones. En estas épocas las tradiciones aparecen
como útiles.
Quizá, la postura ideológica
más razonable hacia la tradición sea “la tradición del tradicionalismo
crítico”. Implica una actitud analítica y escéptica que hace balance de
funciones en cada caso concreto, tomando en cuenta tanto el contenido de la
tradición como las circunstancias históricas de su afirmación.
CAPITULO 5 – TEMA 19
LA MODERNIDAD Y MÁS ALLÁ
La definición
de la modernidad
La sociología surgió en el
s. XX, como un intento de interpretar y comprender la gran transición en la que
estaba sumido occidente, de la sociedad tradicional al orden social moderno,
urbano, industrial y democrático. La mayoría de las investigaciones desde
entonces se han centrado en la sociedad moderna.
Hay dos formas de definir la
modernidad: histórica y analíticamente.
La mayoría de los
historiadores coinciden en que la modernidad surgió como consecuencia de las
grandes revoluciones. Las revoluciones americana y francesa proporcionaron el
entramado político e institucional de la modernidad: la democracia
constitucional, el imperio de la ley y el principio de soberanía de los
estados-nación. La revolución industrial británica proporcionó la fundación
económica: la producción industrial por medio del trabajo libre en
asentimientos urbanos, dio lugar al industrialismo y al urbanismo como nuevas
formas de vida y al capitalismo como nueva forma de apreciación y distribución.
Comte señaló diversos rasgos
del nuevo orden social: 1) concentración de la fuerza de trabajo en grandes
centros urbanos. 2) organización del trabajo, guiado por el beneficio. 3)
aplicación de la ciencia y la tecnología a la producción. 4) la aparición de
antagonismos latentes o manifiestos entre empresarios y empleados. 5)
desigualdades sociales. 6) un sistema económico basado en la libre empresa y en
la competición abierta.
La sociedad tradicional
frente a la capitalista pueden compararse siguiendo seis dimensiones: forma de
propiedad, tecnología dominante, carácter de la fuerza de trabajo, medios de
distribución económica, naturaleza de la ley, motivaciones dominantes.
Aspectos de la
modernidad
Siguiendo a Kumar, debemos
enumerar las características generales de la modernidad y después indicar sus
repercusiones en diversas áreas de la vida más limitadas: la economía, la
estratificación, la política, la cultura y la vida cotidiana.
El primer principio de la
modernidad es el individualismo. Se entiende por esto la ascendencia del
individuo humano en lugar de la tribu, el grupo o la nación.
1)
El individuo es libre para moverse entre los colectivos sociales, de
responsabilizarse de sus propias acciones, tanto de los éxitos como de los
fracasos.
2)
Diferenciación. Es más significativa en la espera del trabajo, donde
aparece a través de gran número de ocupaciones y profesiones. Pero también se
manifiesta en la esfera del consumo, donde hay una asombrosa variedad de
opciones.
3)
Racionalidad. Despersonalización del trabajo en las organizaciones e
instituciones. Este es el motivo principal de la teoría weberiana de burocracia
y la organización burocrática es considerada en general como una de las
características centrales de la modernidad.
4)
Economicismo o dominación de toda la vida social por actividades
económicas. Desplaza a un segundo plano posibles preocupaciones alternativas
por la familia o los parientes que dominaban las anteriores sociedades
primitivas.
5)
Expansión. La modernidad tiene una tendencia inherente a expandir su
alcance y esto es lo que quiere decir el proceso de globalización.
La modernidad también se
extiende con profundidad, alcanzando las esperas más privadas e íntimas de la
vida cotidiana. (p.ej. las conductas religiosas, la vida sexual, etc.).
Así en el área económica que
es central para todo el sistema se observa lo siguiente:
a) Velocidad y
alcance sin precedentes en el crecimiento económico.
b) Cambio de los
productos agrícolas a los industriales como sector central de la economía.
c) La
concentración de la producción económica en las ciudades y en las
aglomeraciones urbanas.
d) Aprovechamiento
de fuentes no vivas de energía para reemplazar la fuerza humana y animal.
e) Eclosión de
innovaciones tecnológicas que abarcan todas las esferas de la vida social.
f)
Apertura de mercados de trabajo libre y competitivo con un margen de desempleo.
g) Concentración
de trabajo en fabricas y grandes empresas industriales.
Este sistema remodela la
estructura de clases y las jerarquías de estratificación de modo que:
1)
La situación de propiedad y la posición en el mercado se convierten en
los determinantes principales del estatus social (reemplazando a la edad, la
etnia, el género, etc.).
2)
Grandes segmentos de la población sufren el proceso de proletarización,
se convierten en fuerza de trabajo no propietaria, obligada a vender su fuerza
de trabajo como mercancía, sin participar en los beneficios que produce.
3)
En el otro extremo, poderosos grupos de propietarios adquieren una
riqueza considerable, por lo tanto las diferencias sociales se hacen más
marcadas.
En el dominio político, los
principales cambios incluyen:
1)
El papel creciente del estado, que toma nuevas funciones al regular y
coordinar la producción.
2)
La difusión del imperio de la ley, que obliga tanto al estado como a
los ciudadanos.
3)
La creciente inclusividad de la ciudadanía, que proporciona categorías
sociales más amplias, con derechos políticos y civiles.
4)
La extensión de la organización burocrática racional, impersonal, como
sistema dominante de gestión y administración de todas las áreas de la vida
social.
Debemos el concepto de
organización burocrática a Weber.
La personalidad
moderna
La personalidad moderna
puede tener un conjunto de los siguientes rasgos:
1)
Predisposición a las experiencias nuevas y apertura hacía las
innovaciones y el cambio.
2)
Predisposición a formarse y a sostener opiniones sobre una gran
cantidad de temas de naturaleza amplia, pública, a buscar pruebas que apoyen
las opiniones, a reconocer la diversidad de las opiniones existentes o incluso
a valorar tal diversidad de forma positiva.
3)
Una orientación específica hacía el tiempo; énfasis en el presente y en
el futuro en lugar de en el pasado, aceptación de horarios y puntualidad.
4)
Eficacia.
5)
Planificación, esto es, anticipación y organización de actividades
futuras, dirigidas a fines asumidos tanto en el dominio privado como en el
público.
6)
El sentido de justicia distributiva, es decir, la creencia de que las
recompensas deben estar de acuerdo con las reglas, en lugar de al capricho y de
que la estructura de recompensas debe estar de acuerdo en la medida de lo
posible con la pericia y la contribución relativa.
7)
Interés y alta valoración de la educación formal y la escolarización.
8)
Respeto por la dignidad de los otros, incluidos aquellos de estatus y
poder inferior.
El
desencantamiento con la modernidad
El s. XX, es a veces denominado
la era de la modernidad triunfante. Hay una fe generalizada en la razón, en la
tecnología y en la ciencia como salvaguardias del progreso. Pero pronto se hizo
obvio que la modernidad daba lugar a consecuencias ambiguas.
En el s. XIX, se inicia la
crítica de la sociedad industrial-capitalista y continua a lo largo del siglo
XX.
Quizá el tema más
persistente es introducido por Marx en su idea de la alienación. Marx creía que
los individuos eran libres, creativos y sociales, pero abandonaron estas
virtudes naturales cuando surgieron condiciones históricas que no daban
oportunidad al ejercicio de la naturaleza humana. Estas condiciones fueron
engendradas por las sociedades de clases, pero sobre todo por el capitalismo
moderno, que convirtió a las personas en fragmentos dependientes de la
maquinaria económica. Privado del control sobre su trabajo y sus productos, el
trabajador se convirtió en alienado. El hombre solo puede recobrar todas sus
potencialidades humanas, cuando la alienación sea cicatrizada y esto requiere
el derrocamientos de todas las condiciones sociales que la han producido y el
establecimiento de una sociedad sin clases.
Se vió que la alienación no
solo se producía en el trabajo, sino en la política, la cultura, la educación,
etc. El desalentador cuadro de la sociedad moderna al que se llega por esta vía
alcanzó su apogeo con el trabajo de Erich Fromm y Marcuse.
Otra línea crítica fue la
expuesta por Durkheim y su noción de anomía. Hay circunstancias históricas en
las que las reglas culturales pierden su fuerza. Esta es la anomía, la falta de
normas, en las que la gente queda abandonada sin guía, sintiéndose desarraigada
y perdida. La sociedad moderna promueve la condición de la anomía.
Otra línea crítica discurre
bajo la denominación de “sociedad de masas” o la decadencia de la comunidad. El
énfasis radica en los efectos socialmente desintegradores de la
industrialización, la urbanización y la democratización, tanto a nivel micro
como macro.
Estos críticos afirman que
en la sociedad moderna la gente ha perdido sus identidades individuales y ha
comenzado a ser tratada como agregados anónimos. Las distinciones individuales
y los lazos particulares hacía el grupo se difuminan o se ignoran. Los lazos
interpersonales de la localidad común, de la etnia, la religión o de la clase
son cortados, los individuos están solos y desarraigados.
Otra crítica es muy reciente
y es la ecología. Numerosos autores se ocuparon del agotamiento de los
recursos, de la destrucción del medio natural, e las repercusiones genéticas de
la población humana. Algunos se ocuparon de los límites del crecimiento.
Hay una interpretación que
sugiere la diferenciación creciente entre el norte opulento y el sur
subdesarrollado como principal eje de tensiones y conflictos en el futuro.
Más allá de la
modernidad
Las consecuencias
ambivalentes de la modernidad, positivas y negativas, dan lugar a varios puntos
de vista teóricos acerca del futuro de la sociedad. Uno de ellos está arraigado
en el clima optimista y progresista de la sociología clásica y sigue la
estructura del evolucionismo. Afirma que las tendencias presentes, la mayoría
de ellas beneficiosas, continuarán en el futuro y que simplemente la modernidad
evolucionará en la misma dirección alcanzando formas más maduras y perfectas.
Algunos autores sugieren un
retorno a formas anteriores, tradicionales, de vida social, abandonados o
destruidos por la modernidad.
Giddens sostiene que es
prematuro hablar de postmodernidad. Dice que en lugar de entrar en un período
de postmodernidad nos estamos moviendo hacía uno en el que las consecuencias de
la modernidad se están haciendo más radicales y universales que nunca. Pero no
es una simple continuación de tendencias anteriores, sino que aparecen
fenómenos nuevos que remodelan el mundo contemporáneo y nos introducen en un
universo nuevo.
Giddens comenta los rasgos
de la alta modernidad bajo cuatro rótulos: confianza, riesgo, opacidad y
globalización. La importancia de la confianza se deriva de la presencia
en la vida moderna de sistemas abstractos cuyo funcionamiento no es
transparente para la gente corriente pero de cuya fiabilidad depende la vida
cotidiana, p.ej. el transporte, las comunicaciones, las organizaciones
internacionales, etc.
El riesgo significa
incertidumbre acera de las consecuencias de las acciones propias. Así surge la
inevitabilidad de vivir con peligros que están fuera de control, no sólo de los
individuos sino también de las organizaciones mayores, estados incluidos.
La globalización continua, es
decir, las redes de las relaciones sociales, económicas, políticas y culturales
a lo largo del globo. Esto da como consecuencia la disminución del
estado-nación.
Los lazos sociales más
primordiales y las lealtades del grupo, durante mucho tiempo suprimidas por los
estados-nación, tienen tendencia a reaparecer. Al mismo tiempo las relaciones
sociales se expanden lateralmente, y como parte del mismo proceso, vemos el
reforzamiento de las presiones a favor de la autonomía local y la identidad
regional.
CAPITULO 6 – TEMA 20
LA GLOBALIZACIÓN DE LA SOCIDAD HUMANA
Del aislamiento
a la globalización
Una de las tendencias
históricas particularmente señaladas en la Era moderna es el movimiento hacia
la globalización. Puede definirse como el conjunto de procesos que conducen a
un mundo único. Las sociedades se vuelven interdependientes en todos los
aspectos de su vida, político, económico y cultural. Ningún país es una isla
autosuficiente. Numerosos sociólogos coinciden en que la sociología es sólo posible
como sociología de la sociedad mundial.
La sociedad pasada ha
contemplado un heterogéneo mosaico de unidades sociales aisladas,
diversificadas y plurales. Había múltiples entidades políticas separadas como
tribus, reinos, imperios, etc. Había economías interdependientes, cerradas y
había culturas indígenas que conservaban su identidad única.
La sociedad presente muestra
un cuadro completamente diferente. En el terreno político encontramos unidades
supranacionales de diverso alcance: bloques políticos y militares, coaliciones,
organizaciones internacionales, etc. También percibimos fragmentos de un
gobierno mundial en evolución cuando algunas funciones de autoridad son
ejercidas por agencias con competencia supranacional, p.ej. Parlamento Europeo,
y hay una creciente homogeneización política.
Si hablamos del terreno económico,
se puede observar el papel creciente de la coordinación y la integración
supranacional, los acuerdos económicos, regionales y mundiales, la división
global del trabajo y el creciente papel de las corporaciones multinacionales y
supranacionales. Algunas operan desde sus oficinas nacionales y otras han
perdido sus raíces nacionales y operan a lo largo del mundo, p.ej. Pepsi-Cola.
En el área de la cultura,
contemplamos una progresiva homogeneización., Los medios de comunicación de
masas y en especial la televisión, han convertido el mundo en una aldea global,
donde todo el mundo está expuesto a las mismas experiencias culturales,
unificando los gustos y preferencias. Los movimientos actuales de personas, las
migraciones, el empleo temporal en el extranjero, el turismo, etc.,
proporcionan una familiarización directa, inmediata con modelos extranjeros.
Aparece un lenguaje global,
el inglés. La tecnología de los ordenadores, refuerza otra unificación: los
mismos programas son usados en todo el mundo como modelo común para la
organización y procesamiento de los datos.
A partir de mediados del s.
XX, la tendencia a la globalización, ha cambiado cualidad fundamental de los
procesos históricos. Cualquier cosa que ocurre en cualquier lugar, tiene
determinantes globales y repercusiones globales. Todos los procesos históricos
tienen que ser estudiados en el contexto global.
Descripciones
clásicas de la globalización
Hay tres descripciones
teóricas de la globalización que ya pueden considerarse clásicas: la teoría del
imperialismo, la teoría de la dependencia y la teoría del sistema mundial. Se
ocupan principalmente de la esfera económica y están dirigidas a desentrañar
los mecanismos de la explotación y la injusticia. Por tanto, tienen claras
raíces marxistas y son de orientación izquierdista.
El imperialismo, es
considerado el último estadio de la evolución del capitalismo, cuando la
sobreproducción y las tasas descendentes de ganancia exigen medidas defensivas.
La expansión imperial (conquista, colonización, control económico sobre otros
países) es la estrategia del capitalismo para defenderse de su colapso
inmediato. Sirve a tres fines económicos: obtener una fuerza de trabajo barata,
adquirir materias primas baratas y abrir nuevos mercados para los productos
excedentes. Como consecuencia el mundo se convierte en algo dividido: un
limitado número de metrópolis capitalistas son vistas como explotadoras de la
inmensa mayoría de las sociedades menos desarrolladas o subdesarrolladas. Como
consecuencia hay un abismo entre países pobres y ricos que cada vez se agranda
más.
La teoría de la dependencia,
tiene sus orígenes en América Latina y refleja principalmente los problemas de
América Latina. Está basada en el supuesto de que el subdesarrollo de los
países hispanoamericanos, se debe no sólo a problemas internos, sino en gran
medida a factores externos. A partir de aquí, apareció una teoría de
dependencia más sofisticada que toma dos versiones ligeramente distintas: una
es pesimista y la otra moderadamente esperanzadora.
Gunter Frank enunció una
visión pesimista del subdesarrollo permanente e irreversible de América Latina,
de la explotación y del atraso. Esto se debería a diversas razones. 1) Hay unas
relaciones completamente asimétricas entre las metrópolis capitalistas
(especialmente EEUU) y los satélites dependientes. Los recursos sociales son
explotados, y el producto excedente se
lo apropia capital extranjero. 2) Este tipo de estructura económica permanente
engendra un tipo particular de intereses creados en las elites (empresariales,
políticas, etc.) del país dependiente. Llegan a establecer sus oportunidades de
vida y de compra fuera de su propio país, en las metrópolis dominantes. De esta
forma, las elites son puestas al servicio del capital extranjero,
convirtiéndose en verdaderos ejecutores de sus planes y proyectos.
Como consecuencia de esto
surge la cadena de la dependencia. Las elites locales no se preocupan de la
obtención de soberanía económica. La única fuerza social potencialmente capaz
de romper la cadena es la clase humilde.
Un cuadro ligeramente más
optimista es el trazado por Fernando Cardoso. Afirma que el principal problema,
es la falta de tecnología autónoma y de un sector desarrollado de bienes
capitales.
La condición de dependencia
produce algunos efectos colaterales involuntarios o de efecto boomerang. La
inyección de inversiones extranjeras crea islas de alta desarrollo, empresas
modernas en medio del atraso y el tradicionalismo y sirven como ejemplo: educan
a una clase obrera capacitada, preparan a una clase empresarial local. Las
motivaciones empresariales nacen y se extienden, surge lentamente una clase
media local y comienza la acumulación de capital local.
Wallerstain bajo el nombre
de “teoría del sistema mundial”, distingue tres estadios principales en la
historia: el primero es el estadio de los minisistemas, unidades
económicas autosuficientes, relativamente pequeñas dotadas de una división
interna del trabajo y de una estructura cultural singular. Estos sistemas
predominaban en la época de las sociedades horticultoras y agrícolas.
En segundo lugar los imperios
mundiales: grandes entidades mucho más variadas que incorporan un número
considerable de minisistemas. Estos se encuentran en economías agrícolas y
tienen gobiernos militares y políticos fuertes, administración e impuestos.
Estaban en permanente guerra y conquista imperial (China, Egipto, Roma, etc.).
La época de la economía
mundial o del sistema mundial surge alrededor del s. XVI. En ese tiempo
aparece el capitalismo como sistema económico dominante. El estado es apeado
como agencia reguladora y coordinadora y es reemplazado por el mercado. La
única función que tiene el Estado es salvaguardar la actividad económica, la libre
empresa y las condiciones favorables para el comercio.
El sistema capitalista
muestra un enorme potencial para la expansión. También dispone de poder
político y recursos militares que le permiten extender su dominio. Los
desarrollos en el transporte, la tecnología militar y las comunicaciones
aceleran su avance a lo largo del mundo. La consecuencia es la desigualdad y la
jerarquización de la sociedad global. Esta se diferencia en tres niveles:
centrales, periféricos y semiperiféricos.
Partiendo del centro, las
sociedades avanzadas de Europa Occidental, el capitalismo se extiende hacía la
semiperiferia y periferia. En el s. XX, la totalidad del globo se va
incorporando gradualmente a un único sistema de interdependencias.
Un enfoque
reciente: la globalización de la cultura
Las formas de vida locales,
las normas y los valores, las costumbres y los usos parecen marchitarse bajo el
impacto de las instituciones modernas occidentales.
La sincronización cultural
carece de precedentes históricos. La comercialización, mercantilización y
masificación de la cultura, disminuye la calidad de los productos al mínimo
denominador común y el resultado es una “no cultura” o un nuevo salvajismo.
Pero también está la orientación opuesta. Intimamente ligado a la idea de modernización
y a la de alcanzar a las sociedades más desarrolladas, está la predisposición a
abrazar los modelos occidentales como medios para una emancipación social
general o, al menos, como símbolos de avance civilizatorio.
Ulf Hannerz propone la
teoría de la “ecumene”. Los flujos culturales dentro de la ecumene global no
son simétricos o recíprocos. En su lugar la mayoría de ellos son
unidireccionales, con una clara distinción entre el centro, en el que se
originan los mensajes culturales y las periferias donde son adoptados. Las
transferencias culturales de la periferia al centro están muy limitadas.
Hannerz dice que puede haber
cuatro escenarios posibles de la unificación cultural. El primero, el escenario
de la homogeneización global, contempla la disminución total de la cultura
occidental, en el que el resto del mundo adopta los estilos de vida
occidentales. Cualquier especificidad nativa desaparece bajo la presión de
occidente.
El escenario de la
corrupción periférica, señala una decadencia y distorsión de la cultura
occidental en el curso de su adopción. El choque con la periferia distorsiona y
corrompe valores superiores. Hay dos razones que explican esto: en la parte
receptora, la falta de preparación cultural y de gustos sofisticados; en la
parte emisora, la tendencia a vender los peores productos en los mercados
periféricos.
El cuarto escenario es el escenario
de la maduración. Implica más diálogo e intercambio entre iguales. Aquí
aparece una fusión entre elementos indígenas e importados. La diversidad de
culturas permanece, pero todas son enriquecidas por el impacto del centro.
El resultado ultimo es lo
que Hannerz denomina mestizaje de la cultura. A lo largo de todo el
mundo, las culturas muestran orígenes mixtos. Esto es producido por la continua
interrelación entre el centro y la periferia.
CAPITULO 19 – TEMA 22
LOS MOVIMIENTOS SOCIALES COMO FUERZAS DE CAMBIO
Los movimientos
sociales entre los agentes del cambio
El cambio social es
producido por distintos agentes, pero entre todos hay uno que en la época
moderna se ha vuelto más relevante. Son los movimientos sociales, quizás las
fuerzas de cambio más potentes de nuestra sociedad.
Muchos autores los ven como
una de las formas principales a través de las cuales la sociedad se reconstruye
e incluso llegan a afirmar que los movimientos de masas y el conflicto que
general son los agentes primarios del cambio social.
Algunos cambios pueden
originarse desde abajo, en las actividades realizadas por gente corriente, con
diversos grados de cohesión, otros pueden originarse desde arriba, en las
actividades de las elites poderosas (gobernantes, mandatarios, etc.) capaces de
imponer sus preferencias sobre los otros miembros de la sociedad.
El resultado acumulado y
combinado de las acciones dispersas individuales da como resultado tendencias
que pueden dar lugar a movimientos sociales.
La tipología del cambio
puede ser latente o manifiesta.
Definición de
los movimientos sociales
Los movimientos sociales
tienen que comprender los siguientes componentes:
1. Una
colectividad de personas actuando conjuntamente.
2. El fin que
persiguen es algún cambio en la sociedad y tiene que ser definido de forma
parecida por los participantes.
3. La colectividad
es difusa, con un nivel bajo de organización formal.
4. Las acciones
tienen un grado relativamente alto de espontaneidad.
Los movimientos sociales se
entienden como movimientos vagamente organizados que actúan de forma conjunta y
de manera no institucionalizada, con el fin de producir cambio en su sociedad.
El cambio social en tanto
fin de un movimiento puede significar distintas cosas. El objetivo puede ser
positivo, introducir algo que falta (un nuevo gobierno, costumbres, leyes,
etc.) o detener, evitar o contrarrestar los cambios resultantes (p.ej. el deterioro
medioambiental, las tasas de nacimientos, etc.).
Los movimientos sociales
pueden tener distintas categorías causales con respecto al cambio. El problema
que entraña esta posición es que normalmente, para tener éxito, los movimientos
sociales tienen que ocurrir en condiciones sociales favorables, han de
encontrar una oportunidad favorable y solo son efectivos si se complementan con
otros factores. Su presencia activa raramente es, si es que lo ha sido alguna
vez, causa completa del cambio.
La tercera aclaración hace
referencia al dominio en el que acontece el cambio provocado por un movimiento social. Una parte considerable de
los cambios producidos por el movimiento son cambios en el movimiento mismo (de
sus miembros, su ideología, sus reglas, etc.). los movimientos sociales son
peculiares por esta conexión mutua íntima entre los cambios externos e
internos: cambian la sociedad, cambiándose a sí mismos en el proceso, y se
cambian a sí mismos con el fin de cambiar la sociedad de la forma más efectiva.
Los movimientos
sociales y la modernidad
Solo en los s. XIX Y XX, los
movimientos sociales se han vuelto tan numerosos, tan masivos y con tantas
consecuencias para el curso del cambio.
Hay diversas razones que
explican lo sobresaliente y significativo de los movimientos sociales en el
período moderno:
1)
A primera vista se podría llamar el “tema Durkheniano”, las
concentraciones de grandes masas de gente en un espacio limitado, lo que
acontece con la urbanización y la industrialización y produce una gran densidad
moral de la población. Esto hace que haya mejores oportunidades para el
contacto y la interacción. En suma, las oportunidades de movilización de los
movimientos sociales son elevadas significativamente.
2)
La siguiente característica típica de la modernidad es el aislamiento
de los individuos en la “multitud solitaria”. La experiencia de la alienación,
de la soledad y de la falta de raíces.
3)
El “tema marxiano” hace notar el crecimiento sin precedentes de las
desigualdades sociales con jerarquías de riqueza, poder y prestigio que
acompañan a la economía moderna capitalista. Esto produce una percepción de la
opresión, la injusticia y la privación, lo que genera conflictos y hostilidades
de grupo. La gente cuyos intereses creados están en peligro, está dispuesta a
luchar contra aquellos que los amenazan.
4)
El “tema weberiano” hace referencia a la transformación democrática del
sistema político, abre paso a la acción colectiva de grandes masas de gente.
5)
Otra característica podría ser denominada el “tema de Saint-Simon y
Comte”, es el énfasis en la conquista, el control y manipulación de la
realidad, inicialmente de la naturaleza pero eventualmente también de la
sociedad humana. La creencia de que el cambio social y el progreso dependen de
las acciones humanas, que la sociedad puede ser modelada por sus miembros para
su propio beneficio.
La sociedad moderna ha
experimentado una elevación cultural y educativa. La participación en los
movimientos sociales demanda un cierto grado de conciencia, imaginación
sensibilidad moral y preocupación por los asuntos públicos. La revolución
educativa que acompaña la extensión del capitalismo y la democracia aumenta el
cúmulo de miembros potenciales de movimientos sociales.
La característica final es
la emergencia de medios de comunicación de masas. Amplían el horizonte de los
ciudadanos más allá de su mundo personal hacía la experiencia de otros grupos,
clases y naciones.
Esto tiene dos
consecuencias: a) la apertura produce el “efecto demostración”, es
decir, la oportunidad de comparar la propia vida con la vida de otras
sociedades. La percepción de desventajas injustificadas y el sentimiento de privación
relativa producen un trasfondo psicológico que facilita los movimientos
sociales. B) a través de los medios de comunicación de masas, la gente aprende
las creencias políticas, las actitudes y las quejas de otros. Este sentimiento
de causa común y de solidaridad, es otra precondición para la aparición de
movimientos sociales.
Tipos de
movimientos sociales
1)
Los movimientos sociales difieren en el alcance del cambio pretendido.
Algunos tienen propósitos limitados. Denominamos a estos movimientos de
reforma, p.ej. los movimientos pro y anti-aborto, que demandan determinados
cambios en la legislación. Otros movimientos pretenden cambios más profundos
que toquen los fundamentos de la organización social. A estos movimientos los
denominamos radicales. En caso extremo, cuando los cambios pretendidos abarcan
todos los aspectos centrales de una estructura social (políticos, económicos,
culturales) hablamos de movimientos revolucionarios como el militarismo, el
fascismo o el movimientos comunista.
2)
Algunos movimientos sociales enfatizan las innovaciones, se esfuerzan
en introducir nuevas instituciones, nuevas leyes, nuevas formas de vida. Es decir,
quieren modelar la sociedad de acuerdo con un patrón nunca visto. Su
orientación es hacía el futuro. Podemos denominarlos movimientos
progresistas, p.ej. mov. republicano, progresista o de liberación de la
mujer. Otros movimientos se dirigen al pasado. Buscan restaurar instituciones,
leyes, formas de vida que ya fueron establecidas en el pasado, pero que fueron
abandonadas en el curso de la historia. Los podemos llamar movimientos
conservadores. La distinción entre movimientos progresistas y conservadores
se puede alinear junto a la distinción política entre derecha e izquierda.
3)
Los movimientos sociales difieren respecto a los objetivos del cambio
pretendido. Algunos se centran en el cambio de las estructuras sociales, otros
en cambiar a los individuos. Los movimientos orientados hacía la estructura
toman dos formas: a) los movimientos sociopolíticos que intentan cambiar
la política, la economía y las jerarquías de clase y estratificación. B) los
movimientos socioculturales, que se ocupan del cambio de creencias, los
valores, las normas, etc. Los movimientos cuyos objetivos son los individuos,
adoptan dos formas: a) los movimientos sagrados, místicos o religiosos
que luchan por la redención de sus miembros y por el renacimientos del espíritu
religioso y b) la variante laica que busca el bienestar personal moral o
físico de sus miembros. Algunos movimientos buscan el cambio en la modificación
de las estructuras y otros en la modificación de las personas.
4)
Los movimientos sociales difieren con respecto a la estrategia de
acción. En algunos su intención primera es el control político. Cuando tiene
éxito, el movimiento se convierte en un grupo de presión o un partido político,
acceden a los parlamentos y los gobiernos. El Partido Verde en Alemania p.ej.
Otros movimientos se encaminan a la afirmación de la identidad, a lograr la
aceptación de sus valores o formas de vida, p.ej. grupos étnicos, feministas,
gays.
5)
Distintos tipos de movimientos dominan en distintas épocas históricas.
Los movimientos que dominaban en las primeras fases de la modernidad estaban
centrados en intereses económicos, los sindicatos, los movimientos de
trabajadores, etc. En épocas recientes las sociedades capitalistas más
desarrolladas son testigos de la emergencia de otro tipo de movimiento son “los
nuevos movimientos sociales” p.ej. movimientos ecologistas, por la paz o los
feministas. Se centran en los nuevos problemas sociales. Estos movimientos
están más interesados por temas culturales que tienen que ver con la autonomía
individual. Sus seguidores no están relacionados con ninguna clase específica
sino que saltan por encima de las divisiones de clase tradicionales,
representan problemas de vital importancia para miembros de clases distintas.
Los nuevos movimientos sociales están descentralizados y toman la forma de
redes extensas en lugar de organizaciones jerárquicas y rígidas.
Dinámicas
internas de los movimientos sociales
En la dinámica interna de
los movimientos sociales, se pueden distinguir cuatro estadios principales:
orígenes, movilización, elaboración estructural y terminación.
Todos los movimientos
sociales se originan en unas condiciones históricas específicas. La estructura
preexistente modela su ideología y su visión de futuro. El horizonte ideológico
de una sociedad dada siempre está preestablecido. Según la teoría marxista, las
fuentes del futuro, al igual que la fuente de cualquier idea, ha de estar en el
pasado.
Las normas, los valores, las
instituciones, etc., son criticadas y desafiadas. Algunos movimientos se
centran en las normas, considerándolas como medios ineficientes e inadecuados.
Las desigualdades
preexistentes, las jerarquías de riqueza, poder y prestigio, son el primer
factor que motiva la movilización. Las diferencias jerárquicas producen
tensiones entre la población, lo que motiva a la gente para que se una a los
movimientos de protesta y reforma.
Las condiciones y las
tensiones son necesarias pero no suficientes para generar un movimiento. Tiene
que haber una conciencia social. La gente afectada por las tensiones debe
desarrollar cierta conciencia de su condición, una conciencia ideológica común.
Entonces, muy a menudo, un suceso relativamente insignificante juega el papel
de factor precipitador.
Un suceso precipitador
inicia la fase de movilización. Las primeras personas que se unen a la
movilización son aquellas que están más afectadas, las que tienen una
conciencia más aguda y las de mayor sensibilidad hacía los problemas centrales
del movimiento. Tales personas se unen al movimiento por convicción y lo consideran
como un instrumento para conseguir los cambios sociales deseados.
Los diversos procesos dentro
del movimiento no se producen necesariamente con armonía. Recalcar demasiado
los lazos personales, las lealtades privadas entre los miembros del movimiento
genera conflicto. La diferencia de oportunidades entre los miembros, los
distintos intereses, a veces conducen a que el programa inicial del movimiento
pase a un segundo plano.
El último estadio de los
movimientos sociales es su terminación. Hay 2 posibilidades: una optimista, el
movimiento vence y por lo tanto pierde su razón de ser, desmovilizándose y
disolviéndose. La otra pesimista, el movimiento no vence sino que es suprimido
y derrotado.
Dinámicas
externas de los movimientos sociales
Aquí de lo que se habla es
del movimiento social en la sociedad y en particular su papel en las
transformaciones estructurales.
Normalmente para introducir
innovaciones estructurales, el movimiento ha de derribar o al menos debilitar
las estructuras existentes. Sólo después pueden empezar los esfuerzos
constructivos.
Hay dos modelos
tradicionalmente opuestos de la sociedad, que están relacionados con dos
enfoques opuestos en el estudio de los movimientos sociales. El primer modelo
da importancia a la movilización de los actores: los movimientos sociales
surgen desde abajo, cuando el descontento y la frustración de las poblaciones
humanas exceden de un determinado límite: los movimientos sociales vistos como
estallidos espontáneos de conducta colectiva y sólo más tarde se dotan de
liderazgo, organización e ideología. Otra versión es que el movimiento social
es considerado como una acción colectiva intencionada. El movimiento es
controlado por líderes e ideólogos en un intento por alcanzar fines
específicos. Los movimientos estallan cuando las condiciones, circunstancias y
situaciones lo permiten.
CAPITULO 20 – TEMA 23
LAS REVOLUCIONES: LA CUMBRE DEL CAMBIO SOCIAL
La revolución
como forma de cambio
Las revoluciones son las
manifestaciones más espectaculares del cambio social. Señalan rupturas
fundamentales en el proceso histórico, dan nueva forma a la sociedad humana
desde dentro y remodelan a la gente. No dejan nada como antes, cierran épocas y
abren otras nuevas. Con las revoluciones, las sociedades y sus miembros parecen
revitalizarse. En este sentido, las revoluciones son signos de salud social.
En comparación con otras
formas de cambio social, las revoluciones se distinguen por 5 rasgos: 1)
Producen cambios del más vasto alcance, tocando todos los niveles de la
sociedad: la economía, la política, la cultura, la vida cotidiana, etc. 2) En
todas estas áreas, los cambios son radicales. 3) Los cambios son muy rápidos.
4) Provocan reacciones tanto emocionales como intelectuales en los
participantes y los testigos: entusiasmo, excitación, la recuperación del
sentido de la vida.
Las grandes revoluciones, la
francesa, la americana y la inglesa, dieron paso a la modernidad. La revolución
rusa y la china iniciaron el período comunista y las revoluciones anticomunistas
de Europa central y oriental lo clausuraron. Por lo tanto, las grandes
revoluciones parecen íntimamente conectadas con la modernidad.
La idea de
revolución: una ojeada a la historia
El concepto de revolución en
su forma moderna es relativamente joven. El término apareció en el s. XIV, pero
con un significado mucho más general. En aquel tiempo significaba movimiento
circular, dar vueltas. En el s. XVII, el término fue adoptado por la filosofía
política. Significó cambio cíclico de gobernantes o de elites políticas en los
estados emergentes.
No es hasta el s. XVIII, con
la revolución francesa, cuando el concepto moderno de revolución toma forma.
Empieza a ser usado para la descripción de rupturas sociales. El s. XIX con su
optimismo ilimitado por la expansión de la modernidad (industrialismo,
urbanismo, capitalismo) fue también la edad de oro de la revolución que dominó
tanto el pensamiento cotidiano como la teoría social y política. La sociedad
era vista como sometida a un cambio necesario y progresivo, guiada por la razón
y por la historia, siempre para mejor, hacía un orden futuro ideal. Las
revoluciones eran consideradas inevitables.
El mito de la revolución
comienza a desmoronarse y quebrarse en el s. XX, la era de la modernidad
decadente. Por alguna ironía, las revoluciones nunca terminan en lo que soñaron
los revolucionarios, sino en todo lo contrario, dando lugar a más injusticias,
desigualdad, opresión y explotación.
El concepto
moderno de revolución
El concepto sociológico de
revolución, denota movimientos de masas de utilizan o que amenazan usar la
coacción y la violencia contra los gobernantes con propósito de forzar cambios
básicos y duraderos en sus sociedades.
Parece existir un consenso
sobre los conceptos básicos del término revolución. (1) las revoluciones se
refieren a cambios fundamentales, generales, que afectan al núcleo mismo del
orden social. En este sentido, las reformas de las leyes, la administración, el
reemplazo de gobiernos, etc., no cuentan como revoluciones. (2) las revoluciones
implican grandes masas de gente movilizada y actuando dentro de un movimiento
revolucionario. Los casos más característicos implican revueltas campesinas y
levantamientos urbanos. Incluso los cambios más profundos, si son impuestos
desde arriba por los gobernantes no contarán como revoluciones, p.ej. la
perestroika de Gorbachov. (3) la mayoría de los autores parecen creer que las
revoluciones implican necesariamente violencia y coacción.
Este último punto es
rebatible a la vista de la evidencia histórica de movimientos “revolucionarios”
básicamente no violentos, sorprendentemente eficaces y de largo alcance como el
gandhismo de la India o movimientos sociales en la Europa central y del este,
que forzaron la caída del comunismo p.ej. la revolución política de
Solidaridad. Los observadores contemporáneos han denominado estos últimos casos
como revolucionarios.
El curso de la
revolución
Las revoluciones conocidas
históricamente son muy variadas, la inglesa, la americana, la francesa, la
rusa, etc.
Las primeras descripciones
sociológicas de la revolución, intentaron establecer determinadas uniformidades
entre las revoluciones. Se considera que todas tienen una serie de secuencias
típicas:
1) Se ha dicho que
todas las revoluciones son precedidas de una situación típica conocida como
preámbulo revolucionario. La intensificación del descontento, de las quejas, de
los desordenes debido a crisis económicas y fiscales. Estos cambios son
experimentados de forma más dolorosa por las clases sociales en ascenso, en
lugar de por los más oprimidos.
2) El siguiente
nivel es el de las lealtades entre los intelectuales: la difusión de la
crítica, los debates sobre la reforma, p.ej. a la Revolución Francesa,
Voltaire, Rousseau, Diderot, etc., todos ellos dirigieron su ingenio contra la
iglesia y el estado.
3) La creciente
incapacidad del estado para gobernar, da como consecuencia una parálisis del
estado. Esto da a los revolucionarios la posibilidad de tomar el poder.
4) El antiguo
régimen se colapsa y se produce una euforia tras la victoria.
5) Las divisiones
internas comienzan a aparecer entre los revolucionarios victoriosos.
6) Comienza el
estadio del terror cuando los radicales intentan reforzar el orden y eliminar
el antiguo régimen. La agitación social que sigue, proporciona a los dictadores
y a los líderes militares la oportunidad de tomar el poder.
Principales
teorías de la revolución
Hay cuatro escuelas
importantes en la teoría de la revolución: conductista, psicológica,
estructural y política.
1)
La primera teoría moderna de la revolución fue propuesta por Sorokin en
1925. Su teoría puede considerarse como un ejemplo del enfoque conductista
puesto que se centra en la “perversión revolucionaria del comportamiento de los
individuos” y busca la causa de tal perversión en el dominio de las necesidades
o instintos humanos básicos. La revolución está marcada por cambios
fundamentales en el comportamiento humano típico.
Una represión excesivamente
fuerte de los instintos más importantes, o la represión de un gran número de
ellos son indispensables para producir un estallido revolucionario. Es
necesario que la represión se extienda a la gran mayoría de la población.
Las revoluciones, sin
embargo, no solucionan los problemas de los instintos suprimidos. Todo lo
contrario: el caos revolucionario incrementa la dificultad de satisfacer las
necesidades básicas. La gente comienza a implorar orden y tranquilidad.
2)
Las teorías psicológicas se centran los
motivos y las actitudes. Las revoluciones son causadas por un doloroso síndrome
mental que se extiende sobre la población agravado porque afecta a mucha gente
y que motiva una lucha colectiva para aliviarlo.
El concepto de privación
relativa es la diferencia entre la situación deseada y la intensidad con la que
se siente dicha privación, en otras palabras, es la discrepancia entre los
bienes y las condiciones de vida que la gente cree que tiene derecho, y los que
esperan obtener realmente, dados los medios sociales a su disposición.
La privación relativa
solamente nace cuando comienzan a cuestionarse las condiciones existentes,
cuando comienzan a definir lo que en justicia deberían tener y a percibir la
diferencia entre lo que deberían tener y lo que tienen. La experiencia está
íntimamente relacionada con la percepción de la injusticia, que surge de la
comparación.
Las revoluciones ocurren con
mayor probabilidad cuando un período prolongado de desarrollo económico y
social es seguido por un período de recesión
3)
En las llamadas teorías estructurales, las revoluciones son el
resultado de tensiones estructurales y de las relaciones entre los ciudadanos y
el estado. Las causas de las revoluciones han de buscarse en el nivel social,
en el contexto de las relaciones de clase y de grupo, en lugar de en las
cabezas de los ciudadanos, en sus mentalidades o en sus actitudes. Theda
Skockpol compara las revoluciones francesa, rusa y china y proporciona una
descripción estructural general de las causas, así como de sus cursos y
resultados. “Es la ruptura de la capacidad represiva de un estado anteriormente
unificado, lo que crea finalmente las condiciones de la revolución. Las
revoluciones se consuman por completo una vez que las nuevas organizaciones del
estado, administraciones y ejércitos son asumidas por la población.
4)
Las teorías políticas consideran las revoluciones
como fenómenos inherentemente políticos, que surgen de procesos que acontecen
exclusivamente en el dominio político. Son variaciones del proceso político
normal en el que diversos grupos intentan realizar sus fines ganando poder.