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Obras de Roberto Artl

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Los siete locos. Un hombre extrao. Las opiniones del Rufin Melanclico. El discurso del astrlogo. El jorobadito. El origen de algunas palabras de nuestro lxico popular.

Agregado: 18 de JULIO de 2003 (Por Michel Mosse) | Palabras: 11689 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario
Categoría: Apuntes y Monografas > Literatura >
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    Obras de Roberto Artl

    Los siete locos
    Un hombre extrao

     

        A las diez de la maana Erdosain lleg a Per y Avenida de Mayo. Saba que su problema no tena otra solucin que la crcel, porque Barsut seguramente no le facilitara el dinero. De pronto se sorprendi.
        En la mesa de un caf estaba el farmacutico Ergueta.
        Con el sombrero hundido hasta las orejas y las manos tocndose por los pulgares sobre el grueso vientre, cabeceaba con una expresin agria, abotagada, en su cara amarilla.
        Lo vidrioso de sus ojos saltones, su gruesa nariz ganchuda, las mejillas flccidas y el labio inferior casi colgando, le daban la apariencia de un cretino.
        Enfundaba su macizo cuerpazo en un traje de color de canela y, a momentos, inclinado el rostro, apoyaba los dientes en el puo de marfil de su bastn.
        Por ese desgano y la expresin canalla de su aburrimiento tena el aspecto de un tratante de blancas. Inesperadamente sus ojos se encontraron con los de Erdosain, que iba a su encuentro, y el semblante del farmacutico se ilumin con una sonrisa pueril. An sonrea cuando le estrechaba la mano a Erdosain, que pens:
         Cuntas lo han querido por esa sonrisa!
        Involuntariamente, la primera pregunta de Erdosain fue:
         Y, te casaste con Hiplita?
         S, pero no te imagins el bochinche que se arm en casa...
         Qu..., supieron que era de la vida?
         No... eso lo dijo ella despus. Vos sabs que Hiplita antes de hacer la calle trabaj de sirvienta?...
         Y?
         Poco despus que no casamos, fuimos mam, yo, Hiplita y mi hermanita a lo de una familia. Te das cuenta qu memoria la de esa gente? Despus de diez aos reconocieron a Hiplita que fue sirvienta de ellos. Algo que no tiene nombre! Yo y ella nos vinimos por un camino y mam y Juana por otro. Toda la historia que yo invent para justificar mi casamiento se vino abajo.
         Y por qu confes que fue prostituta?
         Un momento de rabia. Pero, no tena razn? No se haba regenerado? No me aguantaba a m, a m, que les he sacado canas verdes a ellos?
         Y cmo te va?
         Muy bien... La farmacia da sesenta pesos diarios. En Pico no hay otro que conozca la Biblia como yo. Lo desafi al cura a una controversia y no quiso agarrar viaje.
        Erdosain mir repentinamente esperanzado a su extrao amigo. Luego le pregunt:
         Jugs siempre?
         S, y Jess, por mi mucha inocencia, me ha revelado el secreto de la ruleta.
         Qu es eso?
         Vos no sabs... el gran secreto... una ley de sincronismo esttico... ya fui dos veces a Montevideo y gan mucho dinero, pero esta noche salimos con Hiplita para hacer saltar la banca.
        Y de pronto lanz la embrollada explicacin:
         Mir, le jugs hipotticamente una cantidad a las tres primeras bolas, una a cada docena. Si no salen tres docenas distintas se produce ferozmente el desequilibrio. Marcs, entonces, con un punto la docena salida. Para las tres bolas que siguen quedar igual la docena que marcaste. Claro est que el cero no se cuenta y que jugs a las docenas en series de tres bolas. Auments entonces una unidad en la docena que no tiene alguna cruz, disminus, en una, quiero decir, en dos unidades la docena que tiene tres cruces, y esta sola base te permite deducir la unidad menor que las mayores y se juega la diferencia a la docena o las docenas que resulten.
        Erdosain no haba entendido. Contena su deseo de rer a medida que su esperanza creca, pues era indudable que Ergueta estaba loco. Por eso replic:
         Jess sabe revelar esos secretos a los que tienen el alma llena de santidad.
         Y tambin a los idiotas arguy Ergueta, clavando en l una mirada burlona, a medida que guiaba el prpado izquierdo. Desde que yo me ocupo de esas cosas misteriosas he hecho macanas grandes como casas, por ejemplo, casarme con esa atorranta...
         Y sos feliz con ella?
         ... creer en la bondad de la gente, cuando todo el mundo lo que tira es a hundirlo a uno y hacerle fama de loco...
        Erdosain, impaciente, frunci el ceo; luego:
         Cmo no quers que te tengan por loco? Vos fuiste, segn tus propias palabras, un gran pecador. Y de pronto te converts, te cass con una prostituta porque eso est escrito en la Biblia, le habls a la gente del cuarto sello y del caballo amarillo... claro... la gente tiene que creer que ests loco, porque esas cosas no las conoce ni por las tapas. A m no me tienen tambin por loco porque he dicho que habra que instalar una tintorera para perros y metalizar los puos de las camisas?... Pero yo no creo que ests loco. No, no lo creo. Lo que hay en vos es un exceso de vida, de caridad y de amor al prjimo. Ahora, eso de que Jess te haya revelado el secreto de la ruleta me parece medio absurdo...
         Cinco mil pesos gan en las dos veces...
         Pongamos que sea cierto. Pero lo que te salva a vos no es el secreto de la ruleta, si no el hecho de tener una hermosa alma. Sos capaz de hacer el bien, de emocionarte ante un hombre que est a las puertas de la crcel...
         Eso s que es verdad interrumpi Ergueta. Fijate que hay otro farmacutico en el pueblo que es un tacao viejo. El hijo le rob cinco mil pesos... y despus vino a pedirme un consejo. Sabs lo que le aconsej yo? Que lo amenazara al padre con hacerlo meter preso por vender cocana si lo denunciaba.
         Ves cmo te comprendo yo? Vos queras salvar el alma del viejo hacindole cometer un pecado al hijo, pecado del que ste se arrepentir toda la vida. No es as?
         S, en la biblia est escrito: "Y el padre se levantar contra el hijo y el hijo contra el padre"...
         Ves? Yo te entiendo a vos. No s para lo que ests predestinado... El destino de los hombres es siempre incierto. Pero creo que tens por delante un camino magnfico. Sabs? Un camino raro...
         Ser el Rey del Mundo. Te das cuenta? Ganar en todas las ruletas el dinero que quiera. Ir a Palestina, a Jerusaln y reedificar el gran templo de Salomn...
         Y salvars de angustia a mucha gente buena. Cuntos hay que por necesidad defraudaron a sus patrones, robaron dinero que les estaba confiado! Sabs? La angustia... Un tipo angustiado no sabe lo que hace... Hoy roba un peso, maana cinco, pasado veinte y cuando se acuerda debe cientos de pesos. Y el hombre piensa. Es poco... y de pronto se encuentra con que han desaparecido quinientos, no, seiscientos pesos con siete centavos. Te das cuenta? sa es la gente que hay que salvar..., a los angustiados, a los fraudulentos.
        El farmacutico medit un instante. Una expresin grave se disolvi en la superficie de su semblante abotagado; luego, calmosamente, agreg:
         Tens razn... el mundo est lleno de turros, de infelices... pero cmo remediarlo? Esto es lo que a m me preocupa. De qu forma presentarle nuevamente las verdades sagradas a esa gente que no tiene fe?
         Pero si la gente lo que necesita es plata... no sagradas verdades.
         No, es que eso pasa por el olvido de las Escrituras. Un hombre que lleva en s las sagradas verdades no lo roba a su patrn, no defrauda a la compaa en que trabaja, no se coloca en situacin de ir a la crcel del hoy al maana.
        Luego se rasc pensativamente la nariz y continu:
         Adems, quin no te dice que eso no sea para bien? Quines van a hacer la revolucin social, si no los estafadores, los desdichados, los asesinos, los fraudulentos, toda la canalla que sufre abajo sin esperanza alguna? O te cres que la revolucin la van a hacer los cagatintas y los tenderos?
         De acuerdo, de acuerdo... pero, en tanto llega la revolucin social, qu hace ese desdichado? Qu hago yo?
        Y Erdosain, tomndolo del brazo a Ergueta, exclam:
         Porque yo estoy a un paso de la crcel, sabs? He robado seiscientos pesos con siete centavos.
        El farmacutico gui lentamente el prpado izquierdo y luego dijo:
         No te aflijs. Los tiempos de tribulacin de que hablan las Escrituras han llegado. No me he casado ya con la Coja, con la Ramera? No se ha levantado el hijo contra el padre y el padre contra el hijo? La revolucin est ms cerca de lo que la desean los hombres. No sos vos el fraudulento y el lobo que diezma el rebao...?
         Pero, decime, vos no pods prestarme esos seiscientos pesos?
        El otro movi lentamente la cabeza:
         Te penss que porque leo la Biblia soy un otario?
        Erdosain lo mir desesperado:
         Te juro que los debo.
        De pronto ocurri algo inesperado.
        El farmacutico se levant, extendi el brazo y haciendo chasquear la yema de los dedos, exclam ante el mozo del caf que miraba asombrado la escena:
         Raj, turrito, raj.
        Erdosain, rojo de vergenza, se alej. Cuando en la esquina volvi la cabeza, vi que Ergueta mova los brazos hablando con el camarero.

    Las opiniones del Rufin Melanclico

     

    [...]

        Caminaban junto a los bardales, y en el dulce atardecer las palabras del macr abran un parntesis de extraeza en Erdosain. Comprenda que se encontraba junto a una vida substancialmente distinta a la suya. Entonces, le pregunt:
         Y cmo se inici usted en la "vida"?
         En ese tiempo era joven. Tena veintitres aos y una ctedra de matemticas. Porque yo soy profesor aadi orgullosamente Haffner, profesor de matemticas. Con mi ctedra iba viviendo, cuando en un prostbulo de la calle Rincn encontr una noche a una francesita que me gust. Hace de esto diez aos. Precisamente en esos das haba recibido una herencia de cinco mil pesos de un pariente. Lucienne me agrad, y le ofrec que vinera a vivir conmigo. Tena un cafishio, el Marsells, un gigante brutal, a quien vea de vez en cuando. No s si por la labia, o porque era lindo, el caso es que la mujer se enamor, y una noche de tormenta, la saqu de la casa. Fue eso una novela. Nos fuimos a las sierras de Crdoba, despus a Mar del Plata, y cuando los cinco mil pesos se terminaron, le dije: "Buenos, adis idilio. Se termin." Entonces ella me dijo: "No, mi querido, nosotros no nos separaremos ms."
        Ahora iban bajo las bvedas de verdura, ramas entrelazadas y bsides de tallos.
         Yo estaba celoso. Sabe usted lo que es estar celoso de una mujer que se acuesta con todos? Y sabe usted la emocin del primer almuerzo que paga ella con la plata del mish? Se imagina la felicidad de comer con los tenedores cruzados, mientras el mozo los mira a usted y a ella sabiendo quines son? Y el placer de salir a la calle con ella prendida de un brazo mientras los tiras lo relojean? Y ver que ella, que se acuesta con tantos hombres, lo prefiere a usted, nicamente a usted? Eso es muy lindo, amigo, cuando se hace la carrera. Y ella es la que se preocupa de que usted consiga otra mujer para que la explote, ella es la que la trae a su casa diciendo: "vamos a ser cuadas", ella es la que varea a la primeriza para que levante nicamente viajes para usted, y cuanto ms tmido y vergonzoso es usted, ms goza ella en destruir sus escrpulos, en hundirlo en su basura, y de pronto... cuando menos se acuerda se encuentra enterrado hasta los pelos en el barro... y entonces hay que bailar. Y mientras la mujer est metida hay que aprovechar, porque un da le da una viaraza, enloquece por otro, y con la misma inconsciencia con que lo sigui a usted se sacrifica de nuevo. Me dir usted: para qu necesita una mujer un hombre? Ms, desde ya le dir: Ningn dueo de prostbulo va a tratar con una mujer. Con quien trata es con su "marlu". El cafishio le da a una mujer tranquilidad para ejercer su vida. Los tiras no la molestan. Si cae presa, l la saca; si est enferma, l la lleva a un sanatorio y la hace cuidar, y le evita los y mil cosas fantsticas. Vea, mujer que en el ambiente trabaja por su cuenta termina siendo siempre vctima de un asalto, una estafa o un atropello brbaro. En cambio, mujer que tiene un hombre trabaja tranquila, sosegada, nadie se mete con ella y todos la respetan. Y ya que ella, por un motivo o por otro, eligi su vida, es lgico que por su dinero pueda darse la felicidad que necesita.
        Claro, para usted todo esto es nuevo, pero ya se va a ir haciendo. Y si no, dgame: cmo explicar que haya fioca que tenga hasta siete mujeres? El tano Repollo lleg en sus buenos tiempos a tener once mujeres. El gallego Julio, ocho. No hay francs casi que no tenga tres mujeres. Y ellas se conocen, y no slo se conocen, si no que saben vivir juntas y rivalizan en quin le da ms, porque es un orgullo ser la preferida de un hombre que los sosiega a los pesquisa ms prepotentes de una sola mirada. Y pobrecitas, son tan locas, que uno no sabe si compadecerlas o romperles la cabeza de un palo.
        Erdosain se senta anonadado por el desprecio formidable que ese hombre revelaba hacia las mujeres. Y recordaba que en otra oportunidad el Astrlogo le haba dicho: "El Rufin Melanclico es un tipo que al ver una mujer lo primero que piensa es esto: sta, en la calle, rendira diez o veinte pesos. Nada ms."
        Y ahora sinti Erdosain que el hombre le repugnaba. Para cambiar de conversacin, dijo:
         Dgame... Usted cree en el xito de la empresa del Astrlogo?
         No.
         Y l sabe que usted no cree?
         S.
         Y por qu usted lo acompaa?
         Yo lo acompao relativamente, y de aburrido que estoy. Ya que la vida no tiene ningn sentido, es igual seguir cualquier corriente.
         Para usted la vida no tiene ningn sentido?
         Absolutamente ninguno. He organizado toda mi vida como la de un industrial. Todos los das me acuesto a las doce y me levanto a las nueve de la maana. Hago una hora de ejercicio, me bao, leo los diarios, almuerzo, duermo una siesta, a las seis tomo el vermut y voy a lo del peluquero, a las ocho ceno, despus salgo al caf, y dentro de dos aos, cuando tenga doscientos mil pesos, me retirar del oficio para vivir definitivamente de mis rentas.
         Y en realidad, cul va a ser su intervencin en la sociedad del Astrlogo?
         Si el Astrlogo consigue dinero, guiarlo en la junta de mujeres y en la instalacin del prostbulo.
         Pero usted, en su interior, qu piensa del Astrlogo?
         Que es un manitico que puede o no tener xito.
         Pero sus ideas...
         Algunas son embrolladas, otras claras, y francamente, no s hasta donde quiere apuntar ese hombre. Unas veces usted cree estar oyendo a un reaccionario, otras a un rojo, y, a decir verdad, me parece que ni l mismo sabe lo que quiere.
         Y si tuviera xito...?
         Entonces ni Dios sabe lo que puede ocurrir. Ah!, a propsito, usted le habl de cultivos de bacilos del clera asitico?
         S... sera un magnfico medio de combate contra el ejrcito. Desparramar un cultivo en cada cuartel. Se da cuenta? Simultneamente, treinta o cuarenta hombres pueden destruir el ejrcito y dejar que las masas proletarias hagan la revolucin...
         El Astrlogo lo admira mucho a usted. Siempre me ha hablado de usted como de un individuo que tiene grandes posibilidades de xito.
        Erdosain sonri halagado.
         S, algo estudia uno para destruir esta sociedad. Pero volviendo a lo de antes: lo que yo no concibo es su posicin respecto a nosotros...
        Haffner se volvi rpidamente, midi de una mirada a Erdosain como extraado por los trminos de ste, y luego, sonriendo burlonamente, agreg:
         Yo no estoy en ninguna posicin. Entindame bien. A m no me perjudica ayudar al Astrlogo. Lo dems, sus teoras, las tomo como a cuenta de conversacin. l es para m un amigo que piensa instalar un negocio, previsto y tolerado por nuestras leyes. Eso es todo. Ahora, que el dinero que l gane con ese negocio lo invierta en una sociedad secreta o en un convento de monjas, personalmente no me interesa. Ya ve usted que mi actuacin en la famosa sociedad no puede ser ms inocente.
         Y a usted le resulta lgico pensar que una sociedad revolucionaria se base en la explotacin del vicio de la mujer?
        El Rufin frunci los labios. Luego, mirando de reojo a Erdosain, se explic:
         Lo que usted dice no tiene sentido. La sociedad actual se basa en la explotacin del hombre, de la mujer, y del nio. Vaya, si quiere tener consciencia de los que es la explotacin capitalista, vaya a las fundiciones de hierro de Avellaneda, a los frigorficos y a las fbricas de vidrio, manufactura de fsforos y tabaco. Rea desagradablemente al decir estas cosas. Nosotros, los hombres del ambiente, tenemos una o dos mujeres; ellos, los industriales, a una multitud de seres humanos. Cmo hay que llamarles a esos hombres? Y quin es ms desalmado, el dueo de un prostbulo o la sociedad de accionistas de una empresa? Y sin ir ms lejos, no le exigan a usted que fuera honrado con un sueldo de cien pesos y llevando diez mil en la cartera?
         Tiene razn... pero entonces, por qu me facilit el dinero?
         Eso es harina de otro costal.
         Pero a m me preocupa.
         Bueno, hasta la vista.
        Y antes de que Erdosain pudiera contestarle, el Rufin tom por una diagonal arbolada. Andaba apresuradamente. Erdosain le mir un instante, luego ech a caminar tras l, y le alcanz junto a una esquina. Haffner se volvi irritado, y ya estridente exclam:
         Se puede saber qu es lo que quiere usted de m?
         Lo que quiero?... Quiero decirle esto: Que no le agradezco absolutamente nada del dinero que me ha dado. Sabe? Quiere el cheque? Aqu lo tiene.
        Y, efectivamente, se lo alcanzaba, pero el Rufin lo examin esta vez despreciativamente:
         No sea ridculo, quiere? Vaya y pague.
        Los alambrados ondularon ante los ojos de Erdosain. Sufra visiblemente, porque palideci hasta quedar amarillo. Se apoy en un poste, crea que iba a vomitar. Haffner, detenido frente a l, le pregunt condescendiente:
         Se le pasa el mareo?
         S... un poco...
         Usted est mal... tiene que hacerse ver...

    El discurso del astrlogo

     

    [...El Astrlogo] Dijo:
         S, llegar un momento en que la humanidad escptica, enloquecida por los placeres, blasfema de impotencia, se pondr tan furiosa que ser necesario matarla como a un perro rabioso...
         Qu es lo que dice?...
         Ser la poda del rbol humano... una vendimia que slo ellos, los millonarios, con la ciencia a su servicio, podrn realizar. Los dioses, asqueados de la realidad, perdida toda ilusin en la ciencia como factor de felicidad, rodeados de esclavos tigres, provocarn cataclismos espantosos, distribuirn las pestes fulminantes... Durante algunos decenios el trabajo de los superhombres y de sus servidores se concretar a destruir al hombre de mil formas, hasta agotar el mundo casi... y slo un resto, un pequeo resto, ser aislado en algn islote, sobre el que se asentarn las bases de una nueva sociedad.
        Barsut se haba puesto en pie. Con el entrecejo fiero, y las manos metidas en los bolsillos del pantaln, se encogi de hombros, preguntando:
         Pero, es posible que usted crea en la realidad de esos disparates?
         No, no son disparates, porque yo los cometera aunque fuera para divertirme.
        Y continu:
         Desdichados hay que creern en ellos... y eso es suficiente... Pero he aqu mi idea: esa sociedad se compondr de dos castas, en las que habr un intervalo... mejor dicho una diferencia intelectual de treinta siglos. La mayora vivir mantenida escrupulosamente en la ms absoluta ignorancia, circundada de milagros apcrifos, y por lo tanto mucho ms interesantes que los milagros histricos, y la minora ser la depositaria absoluta de la ciencia y del poder. De esa forma queda garantizada la felicidad de la mayora, pues el hombre de esta casta tendr relacion con un mundo divino, en el cual hoy no cree. La minora administrar los placeres y los milagros para el rebao, y la edad de oro, edad en la que los ngeles merodeaban por los caminos del crepsculo y los dioses se dejaron ver en los claros de luna, ser un hecho.

      [...]

         Y la idea?
         Aqu llegamos... Mi idea es organizar una sociedad secreta, que no tan slo propague mis ideas, si no que sea una escuela de futuros reyes de hombres. Ya s que usted me dir que han existido numerosas sociedades secretas... y eso es cierto... todas desaparecieron porque carecan de bases slidas, es decir, que se apoyaban en un sentimiento o en una irrealidad poltica o religiosa, con exclusin de toda realidad inmediata. En cambio, nuestra sociedad se basar en un principio ms slido y moderno: el industrialismo, es decir, que la logia tendr un elemento de fantasa, si as se quiere llamar a todo lo que le he dicho, y otro elemento positivo: la industria, que dar como consecuencia el oro.
        El tono de su voz se hizo ms bronco. Una rfaga de ferocidad pona cierta desviacin de astigmatismo en su mirada. Movi la greuda cabeza a diestra y siniestra, como si le punzara el cerebro la agudeza de una emocin extraordinaria, apoy las manos en los riones y renaudando el ir y venir, repiti:
         Ah! el oro... el oro... Sabe cmo lo llamaban los antiguos germanos al oro? El oro rojo... El oro... Se da cuenta usted? No abra la boca, Satans. Dse cuenta, jams, jams ninguna sociedad secreta trat de efectuar semejante amalgama. El dinero ser la soldadura y el lastre que conceder a las idea el peso y la violencia necesarios para arrastrar a los hombres. Nos dirigiremos en especial a las juventudes, porque son ms estpidas y entusiastas. Les prometeremos el imperio del mundo y del amor... Les prometeremos todo... me comprende usted?... Y les daremos uniformes vistosos, tnicas esplendentes... capacetes con plumajes de variados colores... pedreras... grados de iniciacin con nombres hermosos y jerarquas... Y all en la montaa levantaremos el templo de cartn... Eso ser para imprimir una cinta... No, cuando hayamos triunfado levantaremos el templo de las siete puertas de oro... Tendr columnas de mrmol rosado y los caminos para llegar a l estarn enarenados con granos de cobre. En torno construiremos jardines... y all ir la humanidad a adorar el dios vivo que hemos inventado.
         Pero el dinero para hacer todo eso... los millones...
        A medida que el Astrlogo hablaba, el entusiasmo de ste se contagiaba a Erdosain. Se haba olvidado de Barsut, aunque ste se encontraba frente a l. Sin poderlo evitar, evocaba una tierra de posible renovacin. La humanidad vivira en perpetua fiesta de simplicidad, ramilletes de estroncio tachonaran la noche de cascadas de estrellas rojas, un ngel de alas verdosas soslayara la cresta de una nube, y bajo las botnicas arcadas de los bosques se deslizaran hombres y mujeres, envueltos en tnicas blancas, y limpio el corazn de la inmundicia que a l lo apestaba. Cerr los ojos, y el semblante de Elsa se desliz por su memoria, mas no despert ningn eco, porque la voz del Astrlogo llenaba la cochera con esta rplica salvaje:
         As que le interesa de dnde sacaremos los millones? Es fcil. Organizaremos prostbulos. El Rufin Melanclico ser el Gran Patriarca Prostibulario... todos los miembros de la logia tendrn inters en las empresas... Explotaremos la usura... la mujer, el nio, el obrero, los campos y los locos. En la montaa... ser en el Campo Chileno... colocaremos lavaderos de oro, la extraccin de metales se efectuar por electricidad. Erdosain ya calcul una turbina de 500 caballos. Prepararemos el cido ntrico reduciendo el nitrgeno de la atmsfera con el procedimiento del arco voltaico en torbellino y tendremos hierro, cobre y aluminio mediante las fuerzas hidroelctricas. Se da cuenta? Llevaremos engaados a los obreros, y a los que no quieran trabajar en las minas los mataremos a latigazos. No sucede esto hoy en el Gran Chaco, en los yerbales y en las explotaciones de caucho, caf y estao? Cercaremos nuestras posesiones de cables electrizados y compraremos con una pera de agua a todos los polizontes y comisarios del Sur. El caso es empezar. Ya ha llegado el Buscador de Oro. Encontr placeres en el campo chileno, vagando con una prostituta llamada la Mscara. Hay que empezar. Para la comedia del dios elegiremos un adolescente... Mejor ser criar un nio de excepcional belleza, y se le educar para hacer el papel de dios. Hablaremos... se hablar de l por todas partes, pero con misterio, y la imaginacin de la gente multiplicar su prestigio. Se imagina usted lo que dirn los papanatas de Buenos Aires cuando se propague la murmuracin de que all en las montaas del Chubut, en un templo inaccsesible de oro y de mrmol, habita un dios adolescente... un fantstico efebo que hace milagros?
         Sabe que sus disparates son interesantes!
         Disparates? No se crey en la existencia del plesiosaurio que descubri un ingls borracho, el nico habitante del Neuqun a quien la polica no deja usar revlver por su espantosa puntera?... No crey la gente de Buenos Aires en los poderes sobrenaturales de un charlatn brasileo que se comprometa curar milagrosamente la parlisis de Orfilia Rico? Aqul s que era un espectculo grotesco y sin pizca de imaginacin. E innumerables badulaques lloraban a moco tendido cuando el embrolln enarbol el brazo de la enferma, que todava est tullido, lo cual prueba que los hombres de sta y de todas las generaciones tienen absoluta necesidad de creer en algo. Con la ayuda de algn peridico, crame, haremos milagros. Hay varios diarios que rabian por venderse o explotar un asunto sensacional. Y nosotros les daremos a todos los sedientos de maravillas un dios magnfico, adornado de relatos que podemos copiar de la Biblia... Una idea se me ocurre: anunciaremos que el mocito es el Mesas pronosticado por los judos... Hay que pensarlo... Sacaremos fotografas del dios de la selva... Podemos imprimir una cinta cinematogrfica con el templo de cartn en el fondo del bosque, el dios conversando con el espritu de la Tierra.
         Pero usted, es un cnico o un loco?
        Erdosain lo mir malhumorado a Barsut. Era posible que fuera tan imbcil e insensible a la belleza que adornaba los proyectos del Astrlogo? Y pens: "Esta mala bestia le envidia su magnfica locura al otro. sa es la verdad. No quedar otro remedio que matarlo."
         Las dos cosas, y elegiremos un trmino medio entre Krishnamurti y Rodolfo Valentino, pero ms mstico; una criatura que tenga un rostro extrao simbolizando el sufrimiento del mundo. Se imagina usted la impresin que causar al populacho el espectculo del dios plido resucitando a un muerto, el de los lavaderos de oro con un arcngel como Gabriel custodiando las barcas de metal y prostitutas deliciosamente ataviadas dispuestas a ser las esposas del primer desdichado que llegue? Van a sobrar solicitudes para ir a explotar la ciudad del Rey del Mundo y a gozar de los placeres del amor libre... De entre esa ralea elegiremos los ms incultos... y all abajo les doblaremos bien el espinazo a palos, hacindolos trabajar veinte horas en los lavaderos.

    El jorobadito

     

       Los diversos y exagerados rumores desparramados con motivo de la conducta que observ en compaa de Rigoletto, el jorobadito, en la casa de la seora X, apartaron en su tiempo a mucha gente de mi lado.
        Sin embargo, mis singularidades no me acarrearon mayores desventuras, de no perfeccionarlas estrangulando a Rigoletto.
        Retorcerle el pescuezo al jorobadito ha sido de mi parte un acto ms ruinoso e imprudente para mis intereses, que atentar contra la existencia de un benefactor de la humanidad.
        Se ha echado sobre m la polica, los jueces y los peridicos. Y sta es la hora en que an me pregunto (considerando los rigores de la justicia) si Rigoletto no estaba llamado a ser un capitn de hombres, un genio, o un filntropo. De otra forma no se explican las crueldades de la ley para vengar los fueros de un insigne piojoso, al cual, para pagarle de su insolencia, resultaran insuficientes todos los puntapis que pudieran suministrarle en el trasero, una brigada de personas bien nacidas.
        No se me oculta que sucesos peores ocurren sobre el planeta, pero sta no es una razn para que yo deje de mirar con angustia las leprosas paredes del calabozo donde estoy alojado a espera de un destino peor.
        Pero estaba escrito que de un deforme deban provenirme tantas dificultades.
        Recuerdo (y esto a va de informacin para los aficionados a la teosofa y la metafsica) que desde mi tierna infancia me llamaron la atencin los contrahechos. Los odiaba al tiempo que me atraan, como detesto y me llama la profundidad abierta bajo la balconada de un noveno piso, a cuyo barandal me he aproximado ms de una vez con el corazn temblando de cautela y delicioso pavor. Y as como frente al vaco no puedo sustraerme al terror de imaginarme cayendo en el aire con el estmago contrado en la asfixia del desmoronamiento, en presencia de un deforme no puedo escapar al nauseoso pensamiento de imaginarme corcoveado, grotesco, espantoso, abandonado de todos, hospedado en una perrera, perseguido por trallas de chicos feroces que me clavaran agujas en la giba...
        Es terrible..., sin contar que todos los contrahechos son seres perversos, endemoniados, protervos..., de manera que al estrangularlo a Rigoletto me creo con derecho a afirmar que le hice un inmenso favor a la sociedad, pues he librado a todos los corazones sensibles como el mo de un espectculo pavoroso y repugnante. Sin aadir que el jorobadito era un hombre cruel. Tan cruel que yo me vea obligado a decirle todos los das:
        Mir, Rigoletto, no seas perverso. Prefiero cualquier cosa a verte pegndole con un ltigo a una inocente cerda. Qu te ha hecho la marrana? Nada. No es cierto que no te ha hecho nada?...
        Qu se le importa?
        No te ha hecho nada, y vos contumaz, obstinado, cruel, desfogas tus furores en la pobre bestia...
        Como me embrome mucho la voy a rociar de petrleo a la chancha y luego le prendo fuego.
        Despus de pronunciar estas palabras, el jorobadito descargaba latigazos en el crinudo lomo de la bestia, rechinando los dientes como un demonio de teatro. Y yo le deca:
        Te voy a retorcer el pescuezo, Rigoletto. Escuch mis paternales advertencias, Rigoletto. Te conviene...
        Predicar en el desierto hubiera sido ms eficaz. Se regocijaba en contravenir mis rdenes y en poner en todo momento en evidencia su temperamento sardnico y feroz. Intil era que prometiera zurrarle la badana o hacerle salir la joroba por el pecho de un mal golpe. El continuaba observando una conducta impura.
        Volviendo a mi actual situacin dir que si hay algo que me reprocho, es haber recado en la ingenuidad de conversar semejantes minucias a los periodistas.
        Crea que las interpretaran, ms heme aqu ahora abocado a mi reputacin menoscabada, pues esa gentuza lo que menos ha escrito es que soy un demente, afirmando con toda seriedad que bajo la trabazn de mis actos se descubren las caractersticas de un cnico perverso.
        Ciertamente, que mi actitud en la casa de la seora X, en compaa del jorobadito, no ha sido la de un miembro inscripto en el almanaque de Gotha. No. Al menos no podra afirmarlo bajo mi palabra de honor.
        Pero de este extremo al otro, en el que me colocan mis irreductibles enemigos, media una igual distancia de mentira e incomprensin. Mis detractores aseguran que soy un canalla monstruoso, basando esta afirmacin en mi jovialidad al comentar ciertos actos en los que he intervenido, como si la jovialidad no fuera precisamente la prueba de cun excelentes son las condiciones de mi carcter y qu comprensivo y tierno al fin y al cabo.
        Por otra parte, si hubiera que tamizar mis actos, ese tamiz a emplearse debera llamarse Sufrimiento. Soy un hombre que ha padecido mucho. No negar que dichos padecimientos han encontrado su origen en mi exceso de sensibilidad, tan agudizada que cuando me encontraba frente a alguien he credo percibir hasta el matiz del color que tenan sus pensamientos, y lo ms grave es que no me he equivocado nunca. Por el alma del hombre he visto pasar el rojo del odio y el verde del amor, como a travs de la cresta de una nube los rayos de luna ms o menos empalidecidos por el espesor distinto de la masa acuosa. Y personas hubo que me han dicho:
        Recuerda cuando usted, hace tres aos, me dijo que yo pensaba en tal cosa? No se equivocaba.He caminado as, entre hombres y mujeres, percibiendo los furores que encrespaban sus instintos y los deseos que envaraban sus intenciones, sorprendiendo siempre en las laterales luces de la pupila, en el temblor de los vrtices de los labios y en el erizamiento casi invisible de la piel de los prpados, lo que anhelaban, retenan o sufran. Y jams estuve ms solo que entonces, que cuando ellos y ellas eran transparentes para m.
        De este modo, involuntariamente, fui descubriendo todo el sedimento de bajeza humana que encubren los actos aparentemente ms leves, y hombres que eran buenos y perfectos para sus prjimos, fueron, para m, lo que Cristo llam sepulcros encalados. Lentamente se agri mi natural bondad convirtindome en un sujeto taciturno e irnico. Pero me voy apartando, precisamente, de aquello a lo cual quiero aproximarme y es la relacin del origen de mis desgracias. Mis dificultades nacen de haber conducido a la casa de la seora X al infame corcovado.
        En la casa de la seora X yo "haca el novio" de una de las nias. Es curioso. Fui atrado, insensiblemente, a la intimidad de esa familia por una hbil conducta de la seora X, que procedi con un determinado exquisito tacto y que consiste en negarnos un vaso de agua para poner a nuestro alcance, y como quien no quiere, un frasco de alcohol. Imagnense ustedes lo que ocurrira con un sediento. Oponindose en palabras a mis deseos. Incluso, hay testigos. Digo esto para descargo de mi conciencia. Ms an, en circunstancias en que nuestras relaciones hacan prever una ruptura, yo anticip seguridades que escandalizaron a los amigos de la casa. Y es curioso. Hay muchas madres que adoptan este temperamento, en la relacin que sus hijas tienen con los novios, de manera que el incauto si en un incauto puede admitirse un minuto de lucidez observa con terror que ha llevado las cosas mucho ms lejos de lo que permita la conveniencia social.
        Y ahora volvamos al jorobadito para deslindar responsabilidades. La primera vez que se present a visitarme en mi casa, lo hizo en casi completo estado de ebriedad, faltndole el respeto a una vieja criada que sali a recibirlo y gritando a voz en cuello de manera que hasta los viandantes que pasaban por la calle podan escucharle:
        Y dnde est la banda de msica con que deban festejar mi hermosa presencia? Y los esclavos que tienen que ungirme de aceite, dnde se han metido? En lugar de recibirme jovencitos con orinales, me atiende una vieja desdentada y hedionda. Y sta es la casa en la cual usted vive?Y observando las puertas recin pintadas, exclam enfticamente:Pero esto no parece una casa de familia sino una ferretera! Es simplemente asqueroso. Cmo no han tenido la precaucin de perfumar la casa con esencia de nardo, sabiendo que iba a venir? No se dan cuenta de la pestilencia de aguarrs que hay aqu?
        Reparan ustedes en la catadura del insolente que se haba posesionado de mi vida?
        Lo cual es grave, seores, muy grave.
        Estudiando el asunto recuerdo que conoc al contrahecho en un caf; lo recuerdo perfectamente. Estaba yo sentado frente a una mesa, meditando, con la nariz metida en mi taza de caf, cuando, al levantar la vista distingu a un jorobadito que con los pies a dos cuartas del suelo y en mangas de camisa, observbame con toda atencin, sentado del modo ms indecoroso del mundo, pues haba puesto la silla al revs y apoyaba sus brazos en el respaldo de sta.
        Como haca calor se haba quitado el saco, y as descaradamente en cuerpo de camisa, giraba sus renegridos ojos saltones sobre los jugadores de billar. Era tan bajo que apenas si sus hombros se ponan a nivel con la tabla de la mesa. Y, como les contaba, alternaba la operacin de contemplar la concurrencia, con la no menos importante de examinar su reloj pulsera, cual si la hora que ste marcara le importara mucho ms que la sealada en el gigantesco reloj colgado de un muro del establecimiento.
        Pero, lo que causaba en l un efecto extrao, adems de la consabida corcova, era la cabeza cuadrada y la cara larga y redonda, de modo que por el crneo pareca un mulo y por el semblante un caballo.
        Me qued un instante contemplando al jorobadito con la curiosidad de quien mira un sapo que ha brotado frente a l; y ste, sin ofenderse, me dijo:
        Caballero, ser tan amable usted que me permita sus fsforos?
        Sonriendo, le alcanc mi caja; el contrahecho encendi su cigarro medio consumido y despus de observarme largamente, dijo:
        Qu buen mozo es usted! Seguramente que no deben faltarle novias.
        La lisonja halaga siempre aunque salga de la boca de un jorobado, y muy amablemente le contest que s, que tena una muy hermosa novia, aunque no estaba muy seguro de ser querido por ella, a lo cual el desconocido, a quien bautic en mi fuero interno con el nombre de Rigoletto, me contest despus de escuchar con sentenciosa atencin mis palabras:
        No s por qu se me ocurre que usted es de la estofa con que se fabrican excelentes cornudos.Y antes que tuviera tiempo de sobreponerme a la estupefaccin que me produjo su extraordinaria insolencia, el cacaseno continu:Pues yo nunca he tenido novia, cralo, caballero... le digo la verdad...
        No lo dudo repliqu sonriendo ofensivamente, no lo dudo...
        De lo que me alegro, caballero, porque no me agradara tener un incidente con usted...
        Mientras l hablaba yo vacilaba si levantarme y darle un puntapi en la cabeza o tirarle a la cara el contenido de mi pocillo de caf, pero recapacitndolo me dije que de promoverse un altercado all, el que llevara todas las de perder era yo, y cuando me dispona a marcharme contra mi voluntad porque aquel sapo humano me atraa con la inmensidad de su desparpajo, l, obsequindome con la ms graciosa sonrisa de su repertorio que dejaba al descubierto su amarilla dentadura de jumento, dijo:
        Este reloj pulsera me cuesta veinticinco pesos...; esta corbata es inarrugable y me cuesta ocho pesos...; ve estos botines?, treinta y dos pesos, caballero. Puede alguien decir que soy un pelafustn? No, seor! No es cierto?
        Claro que s!
        Gui arduamente los ojos durante un minuto, luego moviendo la cabeza como un osezno alegre, prosigui interrogador y afirmativo simultneamente:
        Qu agradable es poder confesar sus intimidades en pblico, no le parece, caballero? Hay muchos en mi lugar que pueden sentarse impunemente a la mesa de un caf y entablar una amable conversacin con un desconocido como lo hago yo? No. Y, por qu no hay muchos, puede contestarme?
        No s...
        Porque mi semblante respira la santa honradez.
        Satisfechsimo de su conclusin, el bufoncillo se restreg las manos con satnico donaire, y echando complacidas miradas en redor prosigui:
        Soy ms bueno que el pan francs y ms arbitrario que una preada de cinco meses. Basta mirarme para comprender de inmediato que soy uno de aquellos hombres que aparecen de tanto en tanto sobre el planeta como un consuelo que Dios ofrece a los hombres en pago de sus penurias, y aunque no creo en la santsima Virgen, la bondad fluye de mis palabras como la piel del Himeto.
        Mientras yo desencajaba los ojos asombrados, Rigoletto continu:
        Yo podra ser abogado ahora, pero como no he estudiado no lo soy. En mi familia fui profesional del betn.
        Del betn?
        S, lustrador de botas..., lo cual me honra, porque yo solo he escalado la posicin que ocupo. O le molesta que haya sido profesional? Acaso no se dice "tcnico de calzado" el ltimo remendn de portal, y "experto en cabellos y sus derivados" el rapabarbas, y profesor de baile el cafishio profesional?...
        Indudablemente, era aqul el pillete ms divertido que haba encontrado en mi vida.
        Y ahora qu hace usted?
        Levanto quinielas entre mis favorecedores, seor. No dudo que usted ser mi cliente. Pida informes...
        No hace falta...
        Quiere fumar usted, caballero?
        Cmo no!
        Despus que encend el cigarro que l me hubo ofrecido, Rigoletto apoy el corto brazo en mi mesa y di jo:
        Yo soy enemigo de contraer amistades nuevas porque la gente generalmente carece de tacto y educacin, pero usted me convence.... me parece una persona muy de bien y quiero ser su amigodicho lo cual, y ustedes no lo creern, el corcovado abandon su silla y se instal en mi mesa.
        Ahora no dudarn ustedes de que Rigoletto era el ente ms descarado de su especie, y ello me divirti a punto tal que no pude menos de pasar el brazo por encima de la mesa y darle dos palmadas amistosas en la giba.
        Quedse el contrahecho mirndome gravemente un instante; luego lo pens mejor, y sonriendo, agreg:
        Que le aproveche, caballero, porque a m no me ha dado ninguna suerte!
        Siempre dud que mi novia me quisiera con la misma fuerza de enamoramiento que a m me haca pensar en ella durante todo el da, como en una imagen sobrenatural.
        Por momentos la senta implantada en mi existencia semejante a un peasco en el centro de un ro. Y esta sensacin de ser la corriente dividida en dos ondas cada da ms pequeas por el crecimiento del peasco, resuma mi deleite de enamoramiento y anulacin. Comprenden ustedes? La vida que corre en nosotros se corta en dos raudales al llegar a su imagen, y como la corriente no puede destruir la roca, terminamos anhelando el peasco que aja nuestro movimiento y permanece inmutable.
        Naturalmente, ella desde el primer da que nos tratamos, me hizo experimentar con su frialdad sonriente el peso de su autoridad. Sin poder concretar en qu consista el dominio que ejerca sobre m, ste se traduca como la presin de una atmsfera sobre mi pasin. Frente a ella me senta ridculo, inferior sin saber precisar en qu poda consistir cualquiera de ambas cosas.
        De ms est decir que nunca me atrev a besarla, porque se me ocurra que ella poda considerar un ultraje mi caricia. Eso s, me era ms fcil imaginrmela entregada a las caricias de otro, aunque ahora se me ocurre que esa imaginacin pervertida era la consecuencia de mi conducta imbcil para con ella.
        En tanto, mediante esas curiosas transmutaciones que obra a veces la alquimia de las pasiones, comenc a odiarla rabiosamente a la madre, responsabilizndola tambin, ignoro por qu, de aquella situacin absurda en que me encontraba. Si yo estaba de novio en aquella casa debase a las arterias de la maldita vieja, y lleg a producirse en poco tiempo una de las situaciones ms raras de que haya odo hablar, pues me retena en la casa, junto a mi novia, no el amor a ella, sino el odio al alma taciturna y violenta que envasaba la madre silenciosa, pesando a todas horas cuntas probabilidades existan en el presente de que me casara o no con su hija. Ahora estaba aferrado al semblante de la madre como a una mala injuria inolvidable o a una humillacin atroz. Me olvidaba de la muchacha que estaba a mi lado para entretenerme en estudiar el rostro de la anciana, abotagado por el relajamiento de la red muscular, terroso, inmvil por momentos como si estuviera tallado en plata sucia, y con ojos negros, vivos e insolentes.
        Las mejillas estaban surcadas por gruesas arrugas amarillas, y cuando aquel rostro estaba inmvil y grave, con los ojos desviados de los mos, por ejemplo, detenidos en el plafn de la sala, emanaba de esa figura envuelta en ropas negras tal implacable voluntad, que el tono de la voz, enrgico y recio, lo que haca era slo afirmarla.
        Yo tuve la sensacin, en un momento dado, que esa mujer me aborreca, porque la intimidad, a la cual ella "involuntariamente" me haba arrastrado, no aseguraba en su interior las ilusiones que un da se haba hecho respecto a m.
        Y a medida que el odio creca, y lanzaba en su interior furiosas voces, la seora X era ms amable conmigo, se interesaba por mi salud, siempre precaria, tena conmigo esas atenciones que las mujeres que han sido un poco sensuales gastan con sus hijos varones, y como una monstruosa araa iba tejiendo en redor de mi responsabilidad una fina tela de obligaciones. Slo sus ojos negros e insolentes me espiaban de continuo, revisndome el alma y sopesando mis intenciones. A veces, cuando la incertidumbre se le haca insoportable, estallaba casi en estas indirectas:
        Las amigas no hacen sino preguntarme cundo se casan ustedes, y yo qu les voy a contestar? Que pronto.O si no: Sera conveniente, no le parece a usted, que la "nena" fuera preparando su ajuar.
        Cuando la seora X pronunciaba estas palabras, me miraba fijamente para descubrir si en un parpadeo o en un involuntario temblor de un nervio facial se revelaba mi intencin de no cumplir con el compromiso, al cual ella me haba arrastrado con su conducta habilsima. Aunque tena la seguridad de que le dara una sorpresa desagradable, finga estar segura de mi "decencia de caballero", mas el esfuerzo que tena que efectuar para revestirse de esa apariencia de tranquilidad, pona en el timbre de su voz una violencia meliflua, violencia que imprima a las palabras una velocidad de cuchicheo, como quien os confa apuradamente un secreto, acompaando la voz con una inclinacin de cabeza sobre el hombro derecho, mientras que la lengua humedeca los labios resecos por ese instinto animal que la impulsaba a desear matarme o hacerme vctima de una venganza atroz.
        Adems de voluntariosa, careca de escrpulos, pues finga articular con mis ideas, que le eran odiosas en el ms amplio sentido de la palabra.
        Y aunque aparentemente resulte ridculo que dos personas se odien en la divergencia de un pensamiento, no lo es, porque en el subconsciente de cada hombre y de cada mujer donde se almacena el rencor, cuando no es posible otro escape, el odio se descarga como por una vlvula psquica en la oposicin de las ideas. Por ejemplo, ella, que odiaba a los bolcheviques, me escuchaba deferentemente cuando yo hablaba de las rencillas de Trotsky y Stalin, y hasta lleg al extremo de fingir interesarse por Lenin, ella, ella que se entusiasmaba ardientemente con los ms groseros figurones de nuestra poltica conservadora. Acomodaticia y flexible, su aprobacin a mis ideas era una injuria, me senta empequeecido y denigrado frente a una mujer que si yo hubiera afirmado que el da era noche, me contestara:
        Efectivamente, no me fij que el sol hace rato que se ha puesto.
        Sintetizando, ella deseaba que me casara de una vez. Luego se encargara de darme con las puertas en las narices y de resarcirse de todas las dudas en que la haba mantenido sumergida mi noviazgo eterno.
        En tanto la malla de la red se iba ajustando cada vez ms a mi organismo. Me senta amarrado por invisibles cordeles. Da tras da la seora X agregaba un nudo ms a su tejido, y mi tristeza creca como si ante mis ojos estuvieran serruchando las tablas del atad que me iban a sumergir en la nada.
        Saba que en la casa, lo poco bueno que persista en m iba a naufragar si yo aceptaba la situacin que traa aparejada el compromiso. Ellas, la madre y la hija, me atraan a sus preocupaciones mezquinas, a su vida srdida, sin ideales, una existencia gris, la verdadera noria de nuestro lenguaje popular, en el que la personalidad a medida que pasan los das se va desintegrando bajo el peso de las obligaciones econmicas, que tienen la virtud de convertirlo a un hombre en uno de esos autmatas con cuello postizo, a quienes la mujer y la suegra retan a cada instante porque no trajo ms dinero o no lleg a la hora establecida.
        Hace mucho tiempo que he comprendido que no he nacido para semejante esclavitud. Admito que es ms probable que mi destino me lleve a dormir junto a los rieles de un ferrocarril, en medio del campo verde, que a acarretillar un cochecito con toldo de hule, donde duerme un mueco que al decir de la gente "debe enorgullecerme de ser padre".
        Yo no he podido concebir jams ese orgullo, y s experimento un sentimiento de verguenza y de lstima cuando un buen seor se entusiasma frente a m con el pretexto de que su esposa lo ha hecho "padre de familia". Hasta muchas veces me he dicho que esa gente que as procede son simuladores de alegra o unos perfectos estpidos. Porque en vez de felicitarnos del nacimiento de una criatura debamos llorar de haber provocado la aparicin en este mundo de un msero y dbil cuerpo humano, que a travs de los aos sufrir incontables horas de dolor y escassimos minutos de alegra.
        Y mientras la "deliciosa criatura" con la cabeza tiesa junto a mi hombro soaba con un futuro sonrosado, yo, con los ojos perdidos en la triangular verdura de un ciprs cercano, pensaba con qu hoja cortante desgarrar la tela de la red, cuyas clulas a medida que creca se hacan ms pequeas y densas.
        Sin embargo, no encontraba un filo lo suficientemente agudo para desgarrar definitivamente la malla, hasta que conoc al corcovado.
        En esas circunstancias se me ocurri la "idea"idea que fue pequeita al principio como la raz de una hierba, pero que en el transcurso de los das se bifurc en mi cerebro, dilatndose, afianzando sus fibromas entre las clulas ms remotasy aunque no se me ocultaba que era sa una "idea" extraa, fui familiarizndome con su contextura, de modo que a los pocos das ya estaba acostumbrado a ella y no faltaba sino llevarla a la prctica.
        Esa idea, semidiablica por su naturaleza, consista en conducir a la casa de mi novia al insolente jorobadito, previo acuerdo con l, y promover un escndalo singular, de consecuencias irreparables. Buscando un motivo mediante el cual podra provocar una ruptura, repar en una ofensa que podra inferirle a mi novia, sumamente curiosa, la cual consista:
        Bajo la apariencia de una conmiseracin elevada a su ms pura violencia y expresin, el primer beso que ella an no me haba dado a m, tendra que drselo al repugnante corcovado que jams haba sido amado, que jams conoci la piedad anglica ni la belleza terrestre.
        Familiarizado, como les cuento, con mi "idea", si a algo tan magnfico se puede llamar idea, me dirig al caf en busca de Rigoletto.
        Despus que se hubo sentado a mi lado, le dije:
        Querido amigo: muchas veces he pensado que ninguna mujer lo ha besado ni lo besar. No me interrumpa! Yo la quiero mucho a mi novia, pero dudo que me corresponda de corazn. Y tanto la quiero que para que se d cuenta de mi cario le dir que nunca la he besado. Ahora bien: yo quiero que ella me d una prueba de su amor hacia m... y esa prueba consistir en que lo bese a usted. Est conforme?
        Resping el corcovado en su silla; luego con tono enftico me replic:
        Y quin me indemniza a m, caballero, del mal rato que voy a pasar?
        Cmo, mal rato?
        Naturalmente! O usted se cree que yo puedo prestarme por ser jorobado a farsas tan innobles? Usted me va a llevar a la casa de su novia y como quien presenta un monstruo, le dir: "Querida, te presento al dromedario".
        Yo no la tuteo a mi novia!
        Para el caso es lo mismo. Y yo en tanto, qu voy a quedarme haciendo, caballero? Abriendo la boca como un imbcil, mientras disputan sus tonteras? No, seor; muchas gracias! Gracias por su buena intencin, como le deca la liebre al cazador. Adems, que usted me dijo que nunca la haba besado a su novia.
        Y eso, qu tiene que ver?
        Claro! Usted sabe acaso si a m me gusta que me besen? Puede no gustarme. Y si no me gusta, por qu usted quiere obligarme? O es que usted se cree que porque soy corcovado no tengo sentimientos humanos?
        La resistencia de Rigoletto me enardeci. Violentamente, le dije:
        Pero no se da cuenta de que es usted, con su joroba y figura desgraciadas, el que me sugiri este admirable proyecto? Piense, infeliz! Si mi novia consiente, le quedar a usted un recuerdo esplndido. Podr decir por todas partes que ha conocido a la criatura ms adorable de la tierra. No se da cuenta? Su primer beso habr sido para usted.
        Y quin le dice a usted que se sea el primer beso que haya dado?
        Durante un instante me qued inmvil; luego, obcecado por ese frenes que violentaba toda mi vida hacia la ejecucin de la "idea", le respond:
        Y a vos, Rigoletto, qu se te importa?
        No me llame Rigoletto! Yo no le he dado tanta confianza para que me ponga sobrenombres.
        Pero sabs que sos el contrahecho ms insolente que he conocido?
        Amain el jorobadito y ya dijo:
        Y si me ultrajara de palabra o de hecho?
        No seas ridculo, Rigoletto! Quin te va a ultrajar? Si vos sos un bufn! No te das cuenta? Sos un bufn y un parsito! Para qu hacs entonces la comedia de la dignidad?
        Rotundamente protesto, caballero!
        Protest todo lo que quieras, pero escuchme. Sos un desvergonzado parsito. Creo que me expreso con suficiente claridad no? Les chups la sangre a todos los clientes del caf que tienen la imprudencia de escuchar tus melifluas palabras. Indudablemente no se encuentra en todo Buenos Aires un cnico de tu estampa y calibre. Con qu derecho, entonces, pretends que te indemnicen si a vos te indemniza mi tontera de llevarte a una casa donde no sos digno de barrer el zagun? Qu ms indemnizacin quers que el beso que ella, santamente, te dar, insensible a tu cara, el mapa de la desverguenza!
        No me ultraje!
        Bueno, Rigoletto, acepts o no acepts?
        Y si ella se niega a drmelo o quedo desairado?...
        Te dar veinte pesos.
        Y cundo vamos a ir?
        Maana. Cortte el pelo, limpite las uas...
        Bueno..., prsteme cinco pesos...
        Tom diez.
        A las nueve de la noche sal con Rigoletto en direccin a la casa de mi novia.
        El giboso se haba perfumado endiabladamente y estrenaba una corbata plastrn de color violeta.
        La noche se presentaba sombra con sus rfagas de viento encallejonadas en las bocacalles, y en el confn, tristemente iluminado por oscilantes lunas elctricas, se vean deslizarse vertiginosas cordilleras de nubes.
        Yo estaba malhumorado, triste. Tan apresuradamente caminaba que el cojo casi corra tras de m, y a momentos tomndome del borde del saco, me deca con tono lastimero:
        Pero usted quiere reventarme! Qu le pasa a usted?
        Y de tal manera creca mi enfurecimiento que de no necesitarlo a Rigoletto lo hubiera arrojado de un puntapi al medio de la calzada.
        Y cmo soplaba el viento! No se vea alma viviente por las calles, y una claridad espectral cada del segundo cielo que contenan las combadas nubes, haca ms ntidos los contornos de las fachadas y sus cresteras funerarias.
        No haba quedado un trozo de papel por los suelos. Pareca que la ciudad haba sido borrada por una tropa de espectros. Y a pesar de encontrarme en ella, crea estar perdido en un bosque.
        El viento doblaba violentamente la copa de los rboles, pero el maldito corcovado me persegua en mi carrera, como si no quisiera perderme, semejante a mi genio malo, semejante a lo malvado de m mismo que para concretarse se hubiera revestido con la figura abominable del giboso.
        Y yo estaba triste. Enormemente triste, como no se lo imaginan ustedes. Comprenda que le iba a inferir un atroz ultraje a la fra calculadora; comprenda que ese acto me separara para siempre de ella, lo cual no obstaba para que me dijera a medida que cruzaba las aceras desiertas:
        Si Rigoletto fuera mi hermano, no hubiera procedido lo mismo. Y comprenda que s, que si Rigoletto hubiera sido mi hermano, yo toda la vida lo hubiera compadecido con angustia enorme. Por su aislamiento, por su falta de amor que le hiciera tolerable los das colmados por los ultrajes de todas las miradas. Y me aada que la mujer que me hubiera querido deba primero haberlo amado a l.
        De pronto me detuve ante un zagun iluminado:
        Aqu es.
        Mi corazn lata fuertemente. Rigoletto aties el pescuezo y, empinado sobre la punta de sus pies, al tiempo que se arreglaba el moo de la corbata, me dijo:
        Acurdese! Usted es el nico culpable! Que el pecado... !
        Fina y alta, apareci mi novia en la sala dorada.
        Aunque sonrea, su mirada me escudriaba con la misma serenidad con que me examin la primera vez cuando le dije: "me permite una palabra, seorita?", y esta contradiccin entte la sonrisa de su carne (pues es la carne la que hace ese movimiento delicioso que llamamos sonrisa) y la fra expectativa de su inteligencia discernindome mediante los ojos, era la que siempre me causaba la extraa impresin.
        Avanz cordialmente a mi encuentro, pero al descubrir al contrahecho, se detuvo asombrada, interrogndonos a los dos con la mirada.
        Elsa, le voy a presentar a mi amigo Rigoletto.
        No me ultraje, caballero! Usted bien sabe que no me llamo Rigoletto!
        A ver si te calls!
        Elsa detuvo la sonrisa. Mirbame seriamente, como si yo estuviera en trance de convertirme en un desconocido para ella. Sealndole una butaca dorada le dije al contrahecho:
        Sentte all y no te muevas.
        Quedse el giboso con los pies a dos cuartas del suelo y el sombrero de paja sobre las rodillas y con su carota atezada pareca un ridculo dolo chino. Elsa contemplaba estupefacta al absurdo personaje.
        Me sent sbitamente calmado.
        Elsale dije, Elsa, yo dudo de su amor. No se preocupe por ese repugnante canalla que nos escucha. Oigame: yo dudo... no s por qu..., pero dudo de que usted me quiera. Es triste eso..., cralo... Demustreme, dme una prueba de que me quiere, y ser toda la vida su esclavo.
        Naturalmente, yo no estaba seguro de lo que quera expresar "toda la vida", pero tanto me agrad la frase que insist:
        S, su esclavo para toda la vida. No crea que he bebido. Sienta el olor de mi aliento.
        Elsa retrocedi a medida que yo me acercaba a ella, y en ese momento, saben ustedes lo que se le ocurre al maldito cojo? Pues: tocar una marcha militar con el nudillo de sus dedos en la copa del sombrero.
        Me volv al cojo y despus de conminarle silencio, me expliqu:
        Vea, Elsa, y la nica prueba de amor es que le d un beso a Rigoletto.
        Los ojos de la doncella se llenaron de una claridad sombra. Cavil un instante; luego, sin clera en la voz, me dijo muy lentamente:
        Retrese!
        Pero! ...
        Retrese, por favor...; vyase!...
        Yo me inclino a creer que el asunto hubiera tenido compostura, cranlo..., pero aqu ocurri algo curioso, y es que Rigoletto, que hasta entonces haba guardado silencio, se levant exclamando:
        No le permito esa insolencia, seorita..., no le permito que lo trate as a mi noble amigo! Usted no tiene corazn para la desgracia ajena. Corazn de peasco, es indigna de ser la novia de mi amigo!
        Ms tarde mucha gente crey que lo que ocurri fue una comedia preparada. Y la prueba de que yo ignoraba lo que iba a ocurrir, es que al escuchar los despropsitos del contrahecho me desplom en un sof rindome a gritos, mientras que el giboso, con el semblante congestionado, t ieso en el cent ro de la sala, con su brac i to extend ido , vociferaba:
        Por qu usted le dijo a mi amigo que un beso no se pide..., se da! Son conversaciones esas adecuadas para una que presume de seorita como usted? No le da a usted verguenza?
        Descompuesto de risa, slo atin a decir:
        Callte, Rigoletto; callte!...
        El corcovado se volvi enftico:
        Permtame, caballero...; no necesito que me d lecciones de urbanidad!Y volvindose a Elsa, que roja de verguenza haba retrocedido hasta la puerta de la sala, le dijo:Seorita... la conmino a que me d un beso!
        E1 lmite de resistencia de las personas es variable. Elsa huy arrojando grandes gritos y en menos tiempo del que poda esperarse aparecieron en la sala su padre y su madre, la ltima con una servilleta en la mano.
        Ustedes creen que el cojo se amilan? Nada de eso. Colocado en medio de la sala, grit estentreamente:
        Ustedes no tienen nada que hacer aqu! Yo he venido en cumplimiento de una alta misin filantrpica! ... No se acerquen!Y antes de que ellos tuvieran tiempo de avanzar para arrojarlo por la ventana, el corcovado desenfund un revlver, encaonndolos.
        Se espantaron porque creyeron que estaba loco, y cuando los vi as inmovilizados por el miedo, quedme a la expectativa, como quien no tuviera nada que hacer en tal asunto, pues ahora la insolencia de Rigoletto parecame de lo ms extraordinaria y pintoresca.
        Este, dndose cuenta del efecto causado, se envalenton:
        Yo he venido a cumplir una alta misin filantrpica! Y es necesario que Elsa me d un beso para que yo le perdone a la humanidad mi corcova. A cuenta del beso, srvanme un t con coac. Es una verguenza cmo ustedes atienden a las visitas! No tuerza la nariz, seora, que para eso me he perfumado! Y trigame el t!
        Ah, inefable Rigoletto! Dicen que estoy loco, pero jams un cuerdo se ha redo con tus insolencias como yo, que no estaba en mis cabales.
        Lo har meter preso...
        Usted ignora las ms elementales reglas de cortesainsista el corcovado. Ustedes estn obligados a atenderme como a un caballero. E1 hecho de ser jorobado no los autoriza a despreciarme. Yo he venido para cumplir una alta misin filantrpica. La novia de mi amigo est obligada a darme un beso. Y no lo rechazo. Lo acepto. Comprendo que debo aceptarlo como una reparacin que me debe la sociedad, y no me niego a recibirlo.
        Indudablemente... si all haba un loco, era Rigoletto, no les quede la menor duda, seores. Continu l:
        Caballero... yo soy...
        Un vigilante tras otro entraron en la sala. No recuerdo nada ms Dicen los peridicos que me desvanec al verlos entrar. Es posible.
        Y ahora se dan cuenta por qu el hi jo del diablo, el maldito jorobado, castigaba a la marrana todas las tardes y por qu yo he terminado estrangulndole?

    El origen de algunas palabras de nuestro lxico popular

     

       Ensalzar con esmero al benemrito "fiacn".
       Yo, cronista meditabundo y aburrido, dedicar todas mis energas a hacer el elogio del "fiacn", a establecer el origen de la "fiaca", y a dejar determinados de modo matemtico y preciso los alcances del trmino. Los futuros acadmicos argentinos me lo agradecern, y yo habr tenido el placer de haberme muerto sabiendo que trescientos setenta y un aos despus me levantarn una estatua.
       No hay porteo, desde la Boca a Nez, y desde Nez a Corrales, que no haya dicho alguna vez:
       -Hoy estoy con "fiaca"!.
       De ello deducirn seguramente mis asiduos y entusiastas lectores que la "fiaca" expresa la intencin de "tirarse a muerto", pero ello es un grave error.
       Confundir la "fiaca" con el acto de tirarse a muerto es lo mismo que confundir un asno con una cebra o un burro con un caballo.
       Exactamente lo mismo.
       Y sin embargo a primera vista parece que no. Pero es as. S, seores, es as. Y lo probar amplia y rotundamente, de tal modo que no quedar duda alguna respecto a mis profundos conocimientos de filologa lunfarda.
       Y no quedarn, porque esta palabra es autnticamente genovesa, es decir, una expresin corriente en el dialecto de la ciudad que tanto detest el seor Dante Alighieri.
       La "fiaca" en el dialecto genovs expresa esto: "Desgarro fsico originado por la falta de alimentacin momentnea". Deseo de no hacer nada. Languidez. Sopor. Ganas de acostarse en una hamaca paraguaya durante un siglo. Deseos de dormir como los durmientes de Efeso durante ciento y pico de aos.
       S, todas estas tentaciones son las que expresa la palabra mencionada. Y algunas ms.

    La Fiaca

     

    "La fiaca" por Cal

       Comunicbame un distinguido erudito en estas materias, que los genoveses de la Boca cuando observaban que un prvulo bostezaba, decan: "Tiene la "fiaca" encima, tiene". Y de inmediato le recomendaban que comiera, que se alimentara.
       En la actualidad el gremio de almaceneros est compuesto en su mayora por comerciantes ibricos, pero hace quince y veinte aos, la profesin del almacenero en Corrales, la Boca, Barracas, era desempeada por italianos y casi todos ellos oriundos de Gnova. En los mercados se observaba el mismo fenmeno. Todos los puesteros, carniceros, verduleros y otros mercaderes provenan de la "bella Italia" y sus dependientes eran muchachos argentinos, pero hijos de italianos. Y el trmino trascendi. Cruz la tierra nativa, es decir, la Boca, y fue desparramndose con los repartos por todos los barrios. Lo mismo sucedi con la palabra "manyar" que es la derivacin de la perfectamente italiana "mangiar la follia", o sea "darse cuenta".
       Curioso es el fenmeno, pero autntico. Tan autntico que ms tarde prosper este otro trmino que vale un Per, y es el siguiente: "Hacer el rostro".
       A qu no se imaginan ustedes lo que quiere decir "hacer el rostro"? Pues hacer el rostro, en genovs, expresa preparar la salsa con que se condimentarn los tallarines. Nuestros ladrones la han adoptado, y la aplican cuando despus de cometer un robo hablan de algo que qued afuera de la venta por sus condiciones inmejorables. Eso, lo que no pueden vender o utilizar momentneamente, se llama el "rostro", es decir, la salsa, que equivale a manifestar: lo mejor para despus, para cuando haya pasado el peligro.
       Volvamos con esmero al benemrito "fiacn".
       Establecido el valor del trmino, pasaremos a estudiar el sujeto a quien se aplica. Ustedes recordarn haber visto, y sobre todo cuando eran muchachos, a esos robustos ganapanes de quince aos, de dos metros de altura, cara colorada como una manzana reineta, pantalones que dejaban descubierta una media tricolor, y medio zonzos y brutos.
       Esos muchachos era los que en todo juego intervenan para amargar la fiesta, hasta que un "chico", algn pibe bravo, los sopapeaba de lo lindo eliminndolos de la funcin. Bueno, estos grandotes que no hacan nada, que siempre cruzaban la calle mordiendo un pan y con gesto hudo, estos "largos" que se pasaban la maana sentados en una esquina o en el umbral del despacho de bebidas de un almacn, fueron los primitivos "fiacunes". A ellos se aplic con singular acierto el trmino.
       Pero la fuerza de la costumbre lo hizo correr, y en pocos aos el "fiacn" dej de ser el muchacho grandote que termina por trabajar de carrero, para entrar como calificativo de la situacin de todo individuo que se siente con pereza.
       Y, hoy, el "fiacn" es el hombre que momentneamente no tiene ganas de trabajar. La palabra no encuadra una actitud definitiva como la de "squenn", sino que tiene una proyeccin transitoria, y relacionada con este otro acto. En toda oficina pblica y privada, donde hay gente respetuosa de nuestro idioma y un empleado ve que su compaero bosteza, inmediatamente le pregunta:
       -Ests con "fiaca"?
       Aclaracin. No debe confundirse este trmino con el de "tirarse a muerto", pues tirarse a muerto supone premeditacin de no hacer algo, mientras que la "fiaca" excluye toda premeditacin, elemento constituyente de la alevosa segn los juristas. De modo que el "fiacn" al negarse a trabajar no obra con premeditacin, sino instintivamente, lo cual lo hace digno de todo respeto


     
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