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Alimentación antes, durante y después del embarazo

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En éste libro podrá encontrar la embarazada una guía de normas y hábitos que serán beneficiosos para ella y para su hijo, tanto en la vida intraútero como en el desarrollo del niño post-parto. Ginecología, obstetricia y nutrición. El control de peso y la alimentación correcta para la embarazada y para su bebé. Alimentación de la embarazada. Dieta de la embarazada. Dieta durante el embarazo.

Agregado: 11 de JULIO de 2003 (Por Dr. Ernesto E. Villalba Supka) | Palabras: 14868 | Votar! |
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Categoría: Apuntes y Monografías > Medicina >
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    DR. ERNESTO E. VILLALBA SUPKA

    ALIMENTACION

      antes,

       durante,

     y despues del

    EMBARAZO

     


    Corrección:        Gabriela Yocco 

                                Alina González

                                Sergio Rafael Mancovsky

    Diseño de tapa:        Juan Carlos Guiñazú

     

     

     

     

     

     

    e-mail: ernestovillalbasupka@hotmail.com

                                                        
                                                        

                                                        

                                                        


    Prólogo

    Es para mí, motivo de satisfacción presentar esta nueva obra del doctor Ernesto E. Villalba Supka en la que vuelca su experiencia adquirida en mucho tiempo de práctica en Ginecología y Obstetricia primero y luego en la Nutrición.

    En ella podrá encontrar la embarazada una guía de normas y hábitos que serán beneficiosos para ella y para su hijo, tanto en la vida intraútero como en el desarrollo del niño post-parto.

    Escrito de una manera sencilla y clara, es su lectura amena, interesante y de fácil comprensión, lo que unido a la capacidad de síntesis de su autor, hacen de esta obra un elemento imprescindible para la gestante.

                                                                           Dr. José Luis Fernández Bonas

    1.   Introducción

    Durante los años en que atendí a embarazadas en consultorios de mi Hospital, en Clínicas y en otros centros, ocurría sistemáticamente lo mismo: hacíamos el control periódico correspondiente y cuando llegaba el momento de la balanza era un problema para todos: el control de peso y la alimentación correcta para la embarazada y para su bebé.

    Hoy, casi en los umbrales del siglo XXI y cuando pasaron ya treinta y cinco años de esa experiencia, tuve una inquietud y recorrí hospitales, algunos consultorios privados, además de tomarme el atrevimiento de preguntar a las pacientes que estuvieron embarazadas si les confeccionaban menúes o les daban algún tipo de orientación nutricional. Descubrí con asombro que el problema continúa: ni los médicos obstetras tienen una guía de alimentación para las embarazadas y su bebé, ni las embarazadas tienen orientación para alimentarse correctamente ellas y su bebé.

    Cuando una nueva vida se encuentra en gestación, es necesario tomar conciencia de que los cuidados que deben brindársele comienzan en el mismo momento en el que nos enteramos de ese maravilloso milagro de la naturaleza. No sólo la madre debe asegurarse, conjuntamente con el seguimiento de su médico, de estar haciendo lo adecuado para que ese pequeño brote de vida crezca sano y vigoroso, sino que deben tomarse en cuenta las situaciones previas al embarazo y debe existir un compromiso de la pareja como un vínculo unitario responsable de esa nueva vida. Pero no debe olvidarse que el momento de empezar la correcta alimentación de su hijo es varios años antes de que nazca ya que el embarazo y, en especial, el parto, constituyen dos instancias culminantes en la vida de una mujer.

    Con la llegada de la medicina moderna se le ha prestado una especial atención a la alimentación de la mujer embarazada. En la actualidad es indudable el aumento del interés por parte del médico obstetra y de la embarazada en todo lo relacionado con la nutrición antes y durante los períodos de gestación y de lactancia. El objetivo: lograr que la futura madre aprenda qué nutrientes son indispensables para el desarrollo saludable de su bebé.

    Aumentar de peso durante el embarazo es diferente a engordar. Aumentar significa comer con calidad, ciertos y determinados alimentos. Engordar es comer en cantidad cualquier alimento y depositar grasas en el cuerpo sin ningún valor alimenticio.

    Es necesario que la pareja se relacione con el médico de un modo directo y estableciendo lazos de confianza y de responsabilidad mutuas que garanticen una nutrición adecuada, tanto para la madre como para el bebé.

    El cuerpo de la mujer se torna extraño para ella misma, se vuelve mucho más que un cuerpo: es el sitio en el que una nueva vida se está formando. Durante nueve meses el niño crece a una velocidad que no podrá igualar en el resto de su vida: a partir del segundo mes, crece 167,5 veces hasta el final de la gestación. Pensando de éste modo, ningún cuidado es excesivo y tanto el padre como el médico deben acompañar a la mujer en ese momento de cambios, con delicadeza y una orientación y compañía oportunas que le brinden a la futura madre un marco de seguridad en el que pueda sentirse entendida y contenida con todas sus dudas, temores, expectativas. Sin dejar de ningún modo que los cuidados –imprescindibles- empañen o entorpezcan el sentimiento que debe primar por sobre todo lo demás: la alegría y la maravilla de estar alimentando una nueva vida que tomará después rumbo propio, existencia propia.

    En cuanto al aumento de peso, se estima un promedio de 9 a 11 kilogra­mos en los nueve meses de gestación, entendiéndose por promedio a que una mujer puede aumentar de 1 a 3 kilogramos más y otra de 1 a 2 kilogramos menos; dependiendo esto de su condición física, del peso antes del embarazo, de su estatura, etc. No existe una regla común a todas las mujeres en lo que concierne al aumento de peso durante el embarazo.

    La importancia del período de vida interior dentro del vientre materno, es manifestada por numerosas creencias y prácticas desde la antigüedad. En China, por ejemplo, se la añaden nueve meses a la edad real; en la India, desde el primer día de embarazo, la mujer debe intentar mantener la mente serena y el cuerpo limpio, llevar ropa blanca y limpia, entretenerse en agradables pasatiempos y realizar ritos propiciatorios. Así, pasando por diferentes creencias, diferentes culturas y épocas.

    Pero lo interesante es que estas antiguas prácticas han sido revalorizadas en el presente por los máximos expertos del mundo. Según esas opiniones, el estado anímico de la madre puede influír en la construcción celular del feto en formación. Particularmente una situación de estrés originada por emociones violentas o por malas costumbres, provoca la entrada en funcionamiento de ciertas sustancias nocivas, tanto para la madre como para su hijo. Estas sustancias repercuten en el sistema nervioso central y en el cerebro del embrión y le predisponen a tener ciertas disfunciones de comportamiento en los años siguientes.

    La alimentación cobra un papel importante en la preparación de un cuerpo sano –más de cuarenta nutrientes están trabajando en la formación, el desarrollo y el crecimiento del bebé– pero además de esto, no pueden perderse de vista la existencia de situaciones peligrosas. Las enfermedades, más que prevenir, se pueden prever. La prevención consistirá en abstenerse de procrear si el riesgo fuera demasiado.

    El conocido dicho de que una mujer embarazada debe comer por dos, es una de esas verdades a medias que ha producido más mal que bien. La cantidad de alimentos que consume la mujer en el período de gestación debe ser la misma que acostumbraba comer cuando no estaba embarazada. Esto se ve convalidado por el consejo del Buró de Alimentos y Nutrición de la Academia Nacional de Ciencias, Consejo Nacional de Investigación, que recomienda un consumo de 2500 a 2750 calorías por día durante el embarazo; esto es, apenas unas 300 a 450 calorías más, en el caso de las mujeres embarazadas que realizan quehaceres do­més­ti­cos, (ver cuadro de gasto calórico, en el apartado 5) que las recomendadas para una mujer moderadamente activa no embarazada. Es de especial importancia el hecho de que este Buró aconseja un aumento sustancial de la cantidad de proteínas consumidas durante el embarazo, aproximadamente de 20 a 30 gramos adicionales por día, o un total de 80 gramos (variando estas cantidades en 100 gr. en el segundo trimestre hasta llegar a los 120 gramos en el tercero y en el período de lactancia).

    Si la mujer está acostumbrada a una dieta variada, rica en alimentos naturales como leche, huevos, fruta, vegetales verdes y carne, requerirá pocas alteraciones, o ninguna durante el embarazo.

    Dividimos el embarazo en tres trimestres, a saber:

    1o trimestre:  a)  la madre: busca adaptarse al embarazo. Etapa de náuseas, vómi­tos, hipotensión, etc. Poco aumento de peso.

    b)  el embrión: importante período por la aparición y desarrollo de órganos.

    2o trimestre:  a)  la madre: etapa de logro de la adaptación al embarazo. Equilibrio total. Aumento de peso.

    b)  el feto: período de crecimiento y desarrollo de los órganos.

    3o trimestre:  a)   la madre: evidente aumento de peso. Preparación para el parto.

    b)      el bebé: crece a un ritmo que no igualará en el resto de su vida.

    2.   Aspectos socio-culturales del embarazo y la alimentación

    “La mortalidad infantil es un síntoma del estado de una sociedad”, observa Joseph Dancis, médico y profesor de pediatría en Nueva York. Si se puede describir de algún modo, la atención médica que reciben los pobres tiene poca regularidad. Muchas mujeres que viven por debajo del nivel medio de subsistencia, nunca ven a un médico en todo el transcurso del embarazo; en especial en casos de ilegitimidad –más frecuentes entre los pobres – en los que, además, pueden intervenir el temor y la vergüenza.

    En cambio, en Suecia, con una de las tasas de mortalidad infantil más baja del mundo, (y donde las madres solteras no son relegadas al ostracismo), toda mujer tiene derecho a tres consultas gratuitas durante el embarazo. Estas se realizan respectivamente: en los primeros meses del embarazo, a mitad de éste y un mes antes de la fecha prevista para el parto. También ve a su médico de seis a ocho semanas después del mismo. Todas las visitas, así como la atención hospitalaria, son gratuitas. Además –lo que probablemente sea un factor clave en la baja tasa sueca de mortalidad– todas las mujeres están bajo supervisión constante de una partera durante todo el embarazo.

    El modo en que la pobreza influye sobre los defectos de nacimiento y las muertes infantiles es complejo y poco claro y lamentablemente no puede remediarse con sólo brindar al pobre una atención médica mejor y más barata. La pobreza durante la infancia de una niña produce daños irreparables antes de llegar ella a la edad de procrear, con lo que se generaría una suerte de cadena de partos y nacimientos por debajo de las condiciones óptimas.

    Evidentemente la deficiencia nutricional es un factor clave en las altas tasas de mortalidad. Por más que se aumente el número de visitas a un médico, es imposible remediar la insuficiencia de la dieta durante la gestación. Y una buena guía médica acerca de la dieta tampoco asegurará una nutrición adecuada, si faltan los fondos y el deseo –porque otros son los problemas que acucian – de alimentarse mejor.

    Pese a la complejidad, quedan en pie ciertos hechos definidos. Una mujer que vive en la pobreza es un caso de embarazo de alto riesgo. Estos riesgos pue­den reducirse mediante nutrición adecuada, educación y asesoramiento apropiados. Algunos factores de riesgo incluyen: embarazo a una edad demasiado temprana, es­caso peso del niño al nacer, intervalo breve entre varios embarazos, ilegiti­mi­dad, agotamiento, higiene deficiente, enfermedades crónicas, etc.

    Factores socio-económicos en la desnutrición

    En el cuadro que veremos más adelante, basado en un estudio de la Organi­za­ción Mundial de la Salud, se describe en forma gráfica la estrecha relación entre el bajo peso de nacimiento y el nivel socioeconómico inferior.

    Debe recordarse que también representan un papel importante la calidad higiénica de las condiciones de vida y las posibilidades de infección. A mayor des­nu­tri­ción, mayores posibilidades de casos de infección. Las sociedades muy pobres cuentan con menos medios complejos de eliminación de basura, menos médi­cos para impedir el contagio de infecciones, menos dinero para medicación destina­da a erradicar la enfermedad y deficientes comunicaciones con las zonas en las que podrían hallarse solución para estos problemas. Hay, por lo tanto, un riesgo mayor de enfermedades infecciosas que, como es sabido, interfieren en el crecimien­to y contribuyen a la alta frecuencia de enfermedades de los niños en estas socieda­des.

    En la mayor parte de los países occidentales industrializados, en los que hay abundancia de alimentos de alto valor nutritivo y en especial proteico, el peso promedio estimativo al nacer en Capital Federal y en grandes ciudades de nuestro país es, según estimaciones, de 3350 gramos.

    La ingestión dietética durante el embarazo o en el estado nutricional acumulativo durante la vida de la mujer, es lo que produce estas diferencias de peso al na­cer. La conclusión es que el estado nutricional de la madre, resultante de los hábi­tos alimenticios durante su vida, tiene mayor influencia en la evolución del em­barazo y en el peso del bebé, que los alimentos que ingirió durante el mismo.

    Algunos de los inconvenientes que ocasionan los nacimientos con bajo peso son: un mayor índice de mortalidad en el momento del parto; menores defensas que los bebés grandes o con peso dentro de los límites de lo normal; un crecimiento y un desarrollo físico y psíquico pobres; mayores posibilidades de infecciones, etc. Desde ya que hay que tener en cuenta las particularidades raciales (por ejemplo de la raza oriental); el peso y la estatura de los padres (en caso de que sean bajos); la edad (el caso de padres adolescentes) y demás factores condicionantes.

    El caso de los niños holandeses nacidos durante el hambre de la Segunda Guerra Mundial, con un tamaño considerablemente más pequeño que los nacidos antes y después, es ejemplificador al respecto. Otro caso estudiado y revelador al respecto (también durante la Segunda Guerra Mundial) es el de los niños nacidos en el período de 18 meses en el que Leningrado estuvo sitiada por los alemanes. No sólo hubo niños muertos al nacer, sino que también se registró un peso promedio de 2,500 Kg. en los bebés nacidos con vida. Es importante señalar que el peso de las criaturas estuvo directamente relacionado con el momento en el que habían sufrido carencias alimenticias. Los más pequeños eran aquellos cuyas madres habían estado mal alimentadas durante el embarazo.

    A causa de que la nutrición y los factores socioeconómicos se encuentran en una estrecha relación, resulta difícil determinar cuál es el papel que juega la nutrición en forma independiente dentro del embarazo. Pero se cuentan con numerosos datos estadísticos que dan cuenta de la relación antes mencionada.

    En la tabla siguiente aparecen algunos datos que informan acerca del peso promedio en ocho poblaciones distintas. La influencia que cobra el nivel socioeconómico en los países consignados resulta evidente. Las mujeres que viven en mejores condiciones socioeconómicas tienen hijos mejor desarrollados que las mujeres más pobres de la misma comunidad. Cabe destacar que todos los pesos son inferiores a los observados en la Capital Federal y ciudades del interior:

    PESO MEDIO AL NACER SEGÚN EL NIVEL SOCIOECONOMICO

    Lugar

    Población

    Sujetos

    Peso medio al nacer (g)

    Madrás

    India

    ·        Buena posición

    ·        En su mayor parte pobres

    2985

    2736

    India Meridional

    India

    ·        Ricos

    ·        Pobres

    3182

    2810

    Bombay

    India

    ·        Clase superior

    ·        Clase media su­pe­rior

    ·        Clase media infe­rior

    ·        Clase baja

    3247

    2945

    2796

    2578

    Calcuta

    India

    ·        Pacientes pagos

    ·        Clase pobre

    2851

    2656

    Congo

    Bantú

    ·        Muy bien alimentados

    ·        Bien alimentados

    ·        Mal alimentados

    3026

    2965

    2859

    Pigmeos

    2635

    Ghana (Accra)

    Africana

    ·        Prósperos

    ·        Población general

    3188

    2879

    Indonesia (Yakarta)

    Javanesa

    ·        Buena posición

    ·        Pobres

    3022

    2816

    (Fuente: Organización Mundial de la Salud)

    No se sabe con certeza si cada uno de los ejemplos señalados responden a la ingestión de alimentos previa al embarazo o a la nutrición durante el mismo, pero existen conclusiones que apuntan a determinar que el estado nutricional de la madre, previo al embarazo y debido a sus costumbres alimenticias, tuvo mayor influencia en la evolución de la gestación que los alimentos ingeridos durante el mismo.


    Cuidados alimenticios antes y durante el embarazo

    El control dietético todavía se detiene en la lectura de la balanza, como si lo que ingiere el paciente fuera de una importancia menor. Sin embargo, no sólo cuán­do y cuánto come la futura madre es esencial para el feto, sino también qué come.

    Es importante tener en cuenta que no existe una dieta para todas las mujeres embarazadas, ya que cada organismo presenta sus particularidades, además del estado de salud previo al embarazo que puede determinar necesidades específicas.

    Cuando una mujer descubre que está esperando un hijo, lo que puede hacer es analizar cuáles son los factores que pueden influír de forma negativa en su salud e intentar modificarlos.

    La alimentación materna incorrecta puede, por ejemplo, provocar un desarrollo menor de las células cerebrales del embrión. El período de formación de las neuronas comienza en el quinto mes de gestación y termina a los dieciocho meses de vida. Por lo tanto, los hijos cuyas madres hayan tenido una dieta insuficiente durante el embarazo, no recuperarán jamás el nivel de desarrollo de las neuronas que no alcanzaron durante ese período.

    La desnutrición en los países occidentales no ha desaparecido, sino que se pre­sentan de una forma más sutil. Esto ocurre porque, si bien hay gran cantidad y va­riedad de alimentos disponibles en el mercado, nuestra alimentación es defi­ciente; ya que estos alimentos son cada vez más refinados, edulcorados, precocina­dos, esterilizados, etc. Sacian el apetito, pero no nutren nuestro organismo.

    Después de una importante investigación se descubrió que uno de cada diez ni­ños nace con poco peso debido a la incorrecta nutrición de la madre; fenó­meno observado en toda la población, sin distinción de diferencia de clases socia­les. Los recién nacidos con un peso inferior a la media, tienen un treinta porciento más de posibilidades de morir durante el primer mes y diez veces más de sufrir re­traso mental que los bebés con peso normal. También pueden sufrir más problemas de tipo psicológico y, según algunos expertos, son más lentos en el aprendizaje.

    Cuando el peso escaso del bebé es fruto de desnutrición maternal el tema cobra mayor gravedad, ya que puede significar una relación entre su peso al nacer y el futuro desarrollo de su vida.

    Se considera, por lo general (existen casos individuales excepcionales, en los que el peso bajo ni implica necesariamente problemas futuros si no es consecuencia de una nutrición materna deficiente, sino simplemente a la contextura física de la mu­jer que da a luz), que los bebés pequeños tienen menos defensa que los grandes.

    Además el nacimiento con peso bajo se relaciona con la mortalidad infantil –como ya apuntamos­– , con la aparición de deformaciones congénitas, crecimiento y desarrollo pobres y posibles retardos mentales. Sin embargo, es necesario señalar que existen muchas opiniones autorizadas al respecto que descartan la idea de que el peso de nacimiento y la nutrición prenatal sean factores de tan vital importancia.

    Otro aspecto relacionado con el peso del nacimiento, la nutrición previa al alum­bramiento y el desarrollo futuro del bebé es la circunferencia de la cabeza, que indicaría el tamaño del cerebro del recién nacido. Según ciertas teorías –no absolu­ta­mente comprobadas– el tamaño del cerebro está directamente relacionado con la capacidad intelectual del niño. Pero, por otra parte, una deficiencia nutricional prenatal puede provocar una pérdida irreversible de células cerebrales, lo que traería como consecuencia una reducción en la capacidad intelectual futura.

    Otros de los posibles responsables de esta casi epidemia de bebés con poco peso (recordemos, uno de cada diez bebés nace con poco peso en occidente), también podrían ser: el tabaco (más de diez cigarrillos por día producen partos prematuros y el nacimiento de bebés con bajo peso), el alcohol, la cafeína, el contacto oral con raticidas, tomar diuréticos, etc.

    La importancia del riesgo en cuanto al alcohol es proporcional al tipo de bebida alcohólica ingerida, al momento del embarazo en que es ingerida, y a la cantidad. Debe tenerse en cuenta que el feto es mucho más vulnerable durante los tres primeros meses de gestación.

    3.   Calorías básicas

    Usted escucha y lee con asiduidad la palabra calorías y seguramente tiene una idea aproximada de lo que son y de lo que significan para el organismo. Pero ¿realmente las conoce?. Veamos ahora de qué se trata, cuáles son sus aportes y cuál debe ser su límite de consumo.

    Usted sabe bien que nuestro cuerpo necesita energías permanentemente pa­ra poder funcionar. Estas energías son proporcionadas por las calorías que, por lo tanto, consumimos constantemente con los alimentos y bebidas.

    Durante el día el organismo gasta una determinada cantidad de energía que, si desea seguir existiendo, debe reponer. Esto se logra mediante la ingestión de ali­mentos, los que al entrar en contacto con el oxígeno del aire absorbido por los pul­mo­nes, reaccionan. De esta combustión se desprende una cierta cantidad de calor que se mide con una unidad denominada caloría. Produciendo la combustión de dis­tintos alimentos en aparatos adecuados, se ha llegado a establecer una escala de calorías; no sólo de cada alimento en relación con los demás, sino también de acuer­do con la manera de ingerirlos, es decir: crudos, cocidos, hervidos, fritos, etc.

    Valor energético de las calorías

    El valor energético de los alimentos se determina, entonces, en calorías. Por ejemplo:

    un gramo de proteínas libera...............................................   4 calorías

    un gramo de hidratos de carbono libera............................   4 calorías

    un gramo de grasas o lípidos libera...................................   9 calorías

    La energía liberada por los alimentos o de los depósitos corporales y traducida en calorías, sirve para:

    a)     Mantener constante la temperatura corporal.

    b)     Hacer posibles los esfuerzos físicos, trabajos, estudios, etc.

    c)      Permitir el funcionamiento regular del organismo a través de la circulación sanguínea, la digestión, la respiración, etc.

    Una dieta equilibrada y balanceada en un régimen para una mujer no embarazada debe tener:

    Proteínas ...............................................................................   12 – 15 %

    Grasas ..................................................................................   30 – 33 %

    Hidratos de carbono ............................................................   50 – 55 %

    En el caso de una mujer en estado de gestación, una dieta equilibrada y balanceada, debe tener:

    1º trimestre

    2º y 3º trimestre y lactancia

    Proteínas

    15 %

    17 %

    Grasas

    30 %

    30 %

    Hidratos de carbono

    55 %

    53 %

    Estas cantidades son siempre estimativas, dependiendo del peso, de la estatura, de la constitución física y de la edad de la gestante.

    4.   Tabla de peso en la mujer no embarazada

    Llevar un control de este parámetro de la figura es esencial. Algunas sugerencias:

    a)     Debe pesarse sin zapatos y con poca ropa.

    b)     Pesarse siempre en la misma balanza, con la misma ropa, a la misma hora y una vez por semana.

    c)      Tratar de mantener un horario fijo para pesarse, preferentemente por la mañana (a la tarde se puede pesar unos gramos más).

    d)     Tener en cuenta que las mujeres, en las variaciones del ciclo menstrual, pueden aumentar desde 500 gramos hasta 1 y ½ kilogramo una semana antes, durante el ciclo y uno o dos días después de finalizado el mismo.

    e)     No pesarse después de haber hecho actividad física.

    Incluimos ésta tabla a título informativo, para que usted conozca su peso ideal antes de quedar embarazada o bien el peso al que debe aspirar una vez que ha tenido a su hijo.


    Tabla de peso para mujeres

    ESTRUCTURA

    ALTURA

    chica

    mediana

    grande

    min - max

    min - max

    min - max

    1.42

    41 – 44

    43 – 48

    47 – 51

    1.45

    43 – 46

    45 – 50

    49 – 53

    1.47

    44 – 47

    46 – 51

    50 – 54

    1.50

    46 – 49

    48 – 53

    52 – 56

    1.52

    47 – 50

    49 – 54

    53 – 58

    1.55

    49 – 52

    51 – 56

    55 – 60

    1.57

    50 – 53

    52 – 57

    56 – 62

    1.60

    52 – 55

    54 – 59

    57 – 64

    1.62

    54 – 57

    56 – 61

    60 – 66

    1.65

    56 – 59

    58 – 63

    62 – 68

    1.67

    57 – 60

    59 – 64

    63 – 70

    1.70

    59 – 62

    61 – 66

    65 – 72

    1.72

    61 – 63

    63 – 68

    67 – 74

    1.75

    63 – 65

    65 – 70

    69 – 77

    1.77

    64 – 67

    66 – 72

    71 – 78

    1.80

    66 – 69

    68 – 74

    73 – 81

    (Fuente: Instituto Argentino de Nutrición)

    5.   Gasto calórico normal y en el embarazo

    No todos, ni en cualquier circunstancia, necesitamos de la misma cantidad de calorías para poder desempeñarnos con eficacia.

    Las variaciones guardan relación directa con el sexo, la edad, el peso, la talla, la contextura oseo-muscular y la naturaleza de la actividad que desempeñe la persona de la que se trate, desde una vida sedentaria hasta la actividad física intensa, pasando por ejercicios leves y moderados. Naturalmente en cada caso se necesitará un gasto calórico proporcional y, por lo tanto, diferente de lo que pueda establecerse a partir de una única tabla.

    La demanda calórica aumenta progresivamente a partir del segundo trimestre del embarazo, en forma paralela al aumento de peso, y por lo tanto el aporte debe incrementarse durante ese período.

    Para un cálculo de requerimiento calórico total acertado, es conveniente tener en cuenta la edad, el peso, la talla, la superficie corporal, la actividad, el momento biológico, el medio y la alimentación de cada mujer.

    Gasto calórico diario de la mujer no embarazada (promedio)

    Reposo

    1950 calorías

    Sin trabajo muscular

    2100 calorías

    Que realiza quehaceres domésticos

    2400 calorías

    Trabaja y no realiza quehaceres domésticos

    2550 calorías

    Trabaja y realiza quehaceres domésticos

    2750 calorías

    Gasto calórico diario de la mujer embarazada (promedio)

    1o

    trimestre

    2o / 3o

    trimestre

    Puerperio

    Lactancia

    Reposo

    2100

    2250

    2400

    Sin trabajo muscular

    2250

    2400

    2550

    Que realiza trabajos domésticos

    2550

    2700

    2850

    Trabaja y no realiza quehaceres domésticos

    2700

    2850

    3000

    Trabaja y realiza quehaceres domésticos

    2900

    3050

    3200

    Esto significa que al gasto calórico diario de una mujer no embarazada, se le agre­gan 150 calorías durante el primer trimestre, 150 en el segundo y tercer trimestre y 150 durante el período de lactancia. Es importante recordar que no importan tanto las cantidades de calorías que se agregan como las calidades de los alimentos incluidos en la dieta. Durante el primer trimestre, sin embargo, puede comerse menos, igual o más, según el estado de la embarazada; ya que se trata de un perí­odo especial por los vómitos, náuseas, salivación, etc.; siendo menos importante aún la cantidad de calorías ingeridas. Ya en el segundo y tercer trimestre es de ma­yor necesidad comer todos los nutrientes, especialmen-te durante el tercer tri­mestre, que es cuando el feto realiza su pico de mayor crecimiento.

    Como puede observarse, no es lo sustancial el aumento en número de ca­lorías, sino el agregado en proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y sa­les minerales como componentes esenciales de la alimentación diaria. No se tra­ta de comer más, sino mejor. Su dieta debe proporcionarle el máximo de sustan­cias nutritivas sin elevar demasiado el número de calorías.

    Según se ha comprobado, en la alimentación media actual, muchos de esos componentes esenciales durante el embarazo, son insuficientes. También debe tenerse en cuenta la importancia de la distribución de las comidas a lo largo del día. Para el bebé es muy beneficioso que el suministro de energía que necesita se realice del modo más regular posible. Es preferible hacer pequeñas comidas cada dos o tres horas que comer en forma por demás espaciada.

    6.   Aumento de peso durante el embarazo

    Todos los consejos en lo referente a la alimentación de la embarazada están dirigidos principalmente a lograr una nutrición ideal, tanto para la madre como para el bebé. Pero no debe dejarse de lado la conveniencia de restringir un excesivo aumento de peso durante la gestación. Es aconsejable que el aumento de peso oscile entre los 9 y los 11 kilos al final del embarazo.

    El aumento de peso era, hasta una década atrás y aún hoy en algunos casos, un problema que convertía al médico obstetra en una suerte de doble: era a la vez el consejero amable de la embarazada y el temible policía que tenía como deber impedir que el aumento de peso durante el embarazo sobrepasara los 11 kilogra-mos. En cada visita prenatal, la paciente era solemnemente pesada y el resultado de su peso registrado con tanta expectación como si se estuviera en una bolsa de valores, tanto por parte del médico como de la paciente. Un aumento que sobrepasara la pequeña cantidad permitida, producía un reto paternal exagerado, seguido de penas de severas dietas y restricciones que muchas veces rondaban lo ridículo.

    Pero ya en los últimos años algunos científicos sugirieron que la cantidad de la dieta dependía particularmente del contenido de proteínas, que era mucho más importante que el total de calorías. Esto no significa la resolución total del problema del aumento de peso durante el embarazo. Es claro que un aumento insuficiente de peso resulta nocivo para el bebé y las evidencias muestran que tampoco se obtiene nada constructivo de un aumento de más de 11 kilogramos; no ayuda al bebé y no es conveniente para el curso del embarazo.

    Es importante señalar que el aumento de peso está repartido en varios componentes, según el siguiente cuadro.

    Aumento de peso al fin del embarazo, discriminado en tejidos fetales y órganos maternos

    Feto

    3,350 Kg.

    tejidos fetales

    Placenta

    0,800 Kg.

    Líquido amniótico

    0,750 Kg.

    Mamas

    0,400 Kg.

    Utero

    0,800 Kg.

    organos maternos

    Aumento de la sangre

    1,000 Kg.

    Líquido retenido

    1,000 Kg.

    Grasa almacenada

    2,900 Kg.

    total aumento de peso

    11,000 Kg.

    La placenta, el cordón umbilical, el líquido amniótico y la alimentación del bebé

    1)     La placenta:  Es el único punto de contacto de la criatura con el mundo exterior. Cumple funciones esenciales en la alimentación del bebé, además de otras como intermediaria entre la madre y su criatura. Algunas de ellas son:

    a)     Circulatoria

    b)     Intercambio madre-bebé

    c)      Hormonal

    a)     Circulatoria:  Es en la placenta en donde la sangre materna y del feto confluyen, exis­tiendo entre ambas un espacio y una membrana finísima que los separa y en la cual se produce el intercambio de la sangre materna que lleva el oxígeno y alimentos y la sangre fetal que contiene sangre mal oxigenada y deshechos expulsados por la madre.

    b)     Intercambio madre-bebé:  La placenta es un reservorio de alimentos. Pasan hacia el bebé los nutrientes esenciales para su vida, hidratos de carbono, proteínas, grasas, agua, minerales, etc. Otros alimentos deben transformarse antes de su pasaje, por esto el llamado ‘reservorio’. Cuando existe abundancia de alguno de estos elementos, la placenta los ‘almacena’ y el feto recurre a ella cuando los necesita. También la madre hace las veces de pulmón –como ya hemos mencionado– a través de la placenta envía oxígeno y el bebé manda el anhídrido carbónico para que ella lo elimine. Actúa también como barrera que detiene algunos microorganismos, toxinas y otros elementos nocivos; esta es su función protectora. Alrededor de la mitad del mes previa al nacimiento del bebé, la placenta deja de crecer y por ende el crecimiento fetal se hace más lento.

    c)     Hormonal:  La placenta produce hormonas: la lactógena que indica el buen funcionamiento de la placenta. Cuando ésta se enferma se denomina insuficiencia placentaria, uno de los factores que provocan la disminución del crecimiento fetal por mala nutrición y falta de oxigenación. También produce los estrógenos y la progesterona, que aportan para un mejor crecimiento, desarrollo y mantenimiento del feto, además de informar acerca de la vitalidad del mismo.

    2)     El cordón umbilical:  Cumple la función de transportar la sangre de la placenta al feto y viceversa. Es un cordón que lleva esta sangre placentaria limpia, bien oxigenada y rica en nutrientes; trayendo sangre sin oxígeno y con grandes cantidades de productos de deshecho.

    3)     El líquido amniótico:  Sus funciones son: amortiguar los golpes en el feto, a modo de colchón; permitir el desplazamiento permanente del feto como si nadara; mantener constante la temperatura; aportar al feto discreta cantidad de agua y sales minerales; en el parto forma la ‘bolsa de las aguas’.

    El gráfico a continuación le proporcionará un método práctico para vigilar el aumento de peso y le resultará útil para su dieta y para su progreso. Se pretende que el mismo sea sólo eso: una guía útil en la búsqueda de patrones nutricio-nales durante su embarazo. Obviamente (ver tabla de peso guía) su peso antes de quedar embarazada impondrá consideraciones obvias para determinar cuál es el aumento de peso óptimo.



    Este gráfico muestra el aumento de peso al final de cada mes de embarazo en una embarazada tipo. (Recuerde que el embarazo hasta el parto dura 280 días ó 40 semanas ó 10 meses lunares = 28 días cada mes lunar).

    Durante la gestación, el aumento de peso representa aproximadamente entre el 15 y el 18 % del peso normal de la mujer (si comenzó su embarazo con 60 kilogramos, el peso promedio al finalizar oscilaría entre los 69 y 71 kilogramos, es decir un aumento de 9 a 11 kilogramos).

    Como puede observarse en el cuadro de peso de la embarazada, es muy común que:

    1)        En los primeros tres meses, el peso se estabilice o bien aumente poco, especialmente en las primeras semanas. La alimentación, durante este período, no reviste tanta importancia como en los subsiguientes. Incluso es posible que durante este período el apetito disminuya en lugar de incrementarse. Esto se debe, por lo general, a las alteraciones propias de las primeras semanas del embarazo.

    2)        En los tres meses siguientes la curva realiza un moderado ascenso y la alimentación requiere especial atención. Puede ocurrir que en este momento el apetito aumente hasta volverse casi voraz. Por otra parte es el momento en el que la madre encuentra su equilibrio, debe estar controlada en su alimentación para prevenir trastornos posteriores y empieza a hacer reservas alimenticias para los últimos meses del embarazo, para el parto y la lactancia. Acumula energía y genera reserva de proteínas para la parte final de la gestación. Ya en esta época, la embarazada manifiesta avidez orgánica por el agua, la sal y por algunos alimentos en especial. De allí la importancia de una alimentación balanceada, moderada y equilibrada en todos sus nutrientes.

    3)        En los últimos tres meses, la curva experimenta un fuerte ascenso, que se traduce en un aumento aproximado de 500 grs. por semana, lo cual indica una gran necesidad de aporte de sustancias nutritivas, en especial proteínas, ya que es el momento en el que el bebé experimenta su pico de crecimiento y desarrollo máximo.

    Los últimos 15 días la curva prácticamente se aplana, porque el peso sube poco y luego se estabiliza, ya que la placenta comienza a funcionar menos ante la cercanía del momento del parto y del fin del embarazo.

    Aumento de peso de su bebé durante el embarazo

    a)     Primer trimestre: Es el momento de la formación de los órganos del embrión. Se observa en la curva de aumento de peso del bebé que en el inicio de la misma es baja o casi chata. Esto se debe a que el embrión (llamado de este modo hasta los tres meses de embarazo, para pasar a llamarse feto hasta la finalización del mismo) se desarrolla muy lentamente y, por lo tanto, el problema de la alimentación todavía no reviste gran importancia. La curva puede experimentar también un leve descenso, lo cual indica una pérdida de peso, que puede ser causada por vómitos, náuseas, salivación, que provocan un descenso en el peso de la embarazada. Por este motivo hacemos hincapié en la buena base alimenticia que debe tener la mujer antes de comenzar su embarazo.

    El peso del embrión es, al final del tercer mes de gestación, de 20 gr. aproximadamente.

    b)     Segundo trimestre: Empieza con un desarrollo lento al principio, para luego acelerarse. Es el momento en el que la alimentación comienza a cobrar gran importancia y los nutrientes a ser considerados de un modo vital. El peso del feto es, al final del sexto mes de entre 680 y 700 gramos aproximadamente.

    c)     Tercer trimestre: El crecimiento del bebé se acelera notablemente, a un ritmo que no igualará en el resto de su vida. La madre lo advertirá por el brusco aumento de su abdomen. Es el momento en el que se necesitan importantes calidades nutritivas, un poco más de calorías que en el segundo trimestre, más proteínas, vitaminas y minerales. No sólo para este último período del embarazo, sino también para el posterior al parto y para una mejor lactancia.

    El peso estimativo del feto al finalizar el noveno mes (es decir, al término del embarazo) es de 3,350 kilogramos.

    Cabe aclarar que el gráfico del crecimiento fetal es estimativo y que depende de la edad de la madre, de su peso, su estatura, su contextura física, etc., etc.



    El bebé más grande del mundo

    En febrero de 1916, la Sra. Rowe fue atendida por el Dr. D. P. Belcher, en Sale City, Georgia, EE.UU., en la situación del parto de una niña que pesó 11,337 kilogramos. Dadas las circunstancias de la época, el médico no registró qué tipo de balanza se había utilizado para verificar el peso de la criatura.

    Por este motivo, se considera récord, el bebé cuyo peso fue cuidadosamente registrado en el Hospital de Albershot, Inglaterra, en 1933. Fue comunicado por el Dr. Moss al British Medical Journal. La madre tenía apenas 22 años y ya había tenido un hijo con anterioridad, con un peso de 4,535 kilogramos. Tanto ella como su marido tenían una altura que excedía la media: 1,83 metros de estatura. El bebé fue dado a luz cinco días antes de la fecha calculada, y pesaba 10,843 kilogramos. Medía 88,5 cm. de largo; más alto y más pesado que un niño promedio de un año de edad. La criatura nació muerta.

    Una curiosidad

    Tabla de peso de nueve especies

    Especie

    Gestación (días)

    Peso al nacer (gr.)

    Ratón

    21

    2

    Rata

    21

    5

    Gato

    63

    100

    Perro

    63

    200

    Cerdo

    120

    1,500

    Hombre

    280

    3,350

    Elefante

    600

    114,000

    Hipopótamo

    240

    500,000

    Ballena azul

    330

    3,000,000

    Fuente: E. M. Widdowson.



    7.   Alimentación del bebé y de su madre

    Una dieta sana, equilibrada y balanceada en cualquier momento de la vida de una persona, debe ser completa en calorías, proteínas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales. En el caso de la mujer en estado de gestación, el cuidado de la dieta reviste una importancia aún mayor. Para ver con mayor claridad este sistema que debe ponerse en funcionamiento a partir del momento en el que una mujer descubre que está esperando un hijo, lo graficaremos de este modo:

    Pentágono de los nutrientes en el embarazo

                                                   PROTEINAS (15 – 17 %)

    HIDRATOS DE CARBONO (50 – 53 %)

     

    GRASAS (30 %)

     


                            VITAMINAS                                             MINERALES

                  (pequeñas cantidades)                             (ínfimas cantidades)

    La alimentación cobra, durante el embarazo, una importancia y una función irreem­plazables; ya que los alimentos deben cubrir las necesidades energéticas, no sólo de la mujer sino de la criatura y preparar, además, a la embarazada para el momento de la lactancia.

    En el período de gestación se imponen, entonces, un nuevo equilibrio biológico en el organismo de la mujer, que implica una sobrecarga en la función de los principales órganos y sistemas y exige, por lo tanto, un aporte material y energético acorde a este estado, para asegurar un desarrollo fetal normal e impedir el consumo de las reservas maternas.

    Las deficiencias alimenticias durante el período de gestación, sean por las causas que fueren (falta de información, carencia de recursos económicos, temor de perder la línea) producen comprobados efectos en el bebé; tales como retardo en el crecimiento intrauterino, menor coeficiente intelectual posterior, mayor índice de mortalidad perinatal, abortos, partos prematuros, etc.

    Como se observa en el pentágono de nutrientes, cinco son los elementos indispensables para la buena alimentación durante el embarazo, garantizando de este modo la salud de madre e hijos; a saber: proteínas (entre un 15 – 17 % de la alimentación); hidratos de carbono (53 %); grasas (un 30 %); minerales (en pequeñas cantidades) y vitaminas (también en pequeñas cantidades).

    1)        Las proteínas

    Las proteínas están formadas por la unión de numerosas unidades o “ladrillos”: los aminoácidos, que son 20 en total y sirven para la “construcción” del nuevo bebé.

    La necesidad de proteínas es uno de los factores distintivos de la alimentación propia del embarazo y de la lactancia; ya que el bebé crece dentro del útero principalmente a base de proteínas, es decir, de los aminoácidos.

    Estudios realizados han puesto de manifiesto que el peso de los recién nacidos depende del correcto contenido proteico de la alimentación materna, acompañado de la ingesta de hidratos de carbono y de las grasas. Aumentar el porcentaje de proteínas en la dieta juega un papel decisivo para:

    la madre: el desarrollo y crecimiento de los órganos maternos durante el embarazo (útero, mamas, placenta, etc.);

    el bebé: para el desarrollo y crecimiento normal de todo su cuerpo.

    Se recomiendan al menos 80 gr. de proteínas al día durante el primer trimestre, mientras otros expertos sugieren que el aporte aumente a 100 gr. diarios en el segundo y en el tercer trimestre; hasta llegar a los 120 gr. diarios durante el período de la lactancia.

    ALIMENTOS QUE PROVEEN PROTEINAS

    Queso

    Carne vacuna

    Pollo

    Pescado

    Hígado de vaca

    Soja

    Cordero

    Huevos de gallina

    Leche de vaca

    Lentejas

    Porotos

    Jamón

    2)        Los hidratos de carbono

    La cantidad necesaria para la mujer embarazada es prácticamente igual a la de la mujer no embarazada, si bien puede variar según diversos factores, como el peso, la actividad física y el estado de salud general.

    Los hidratos de carbono cumplen una función energética predominante exteriorizada en la producción de actividad muscular y calor. Además ayudan a la desintoxicación y a la protección de todo el organismo. Deben proporcionar entre el 50 y el 53 % del valor calórico total de la dieta, una vez cubierta la cuota proteica y de grasa.

    ALIMENTOS QUE PROVEEN HIDRATOS DE CARBONO

    Azúcar

    Arroz

    Pan

    Pastas

    Papa

    Frutas

    Verdura

    Galletitas

    Bombones

    Leche

    Harinas

    Gaseosas

    3)        Los lípidos o grasas

    Contienen un elevado número de calorías ( un gramo contiene nueve calorí­as) y se aconseja que su aporte no supere el 30 % del aporte calórico total. Las gra­sas cumplen también la función de transportar algunas vitaminas, como la A y la D. Es importante que la cantidad de grasas no sufra grandes variaciones cualitativas; la cantidad de grasas necesarias se modificará según la época del año en que se desarrolle el embarazo; por ejemplo en invierno, el organismo requerirá una cantidad un poco superior que en verano.

    Las grasas desempeñan una doble función: energética y, en menor medida que las proteínas, interviene en la formación de los tejidos. En la embarazada deben proporcionar aproximadamente el 30 % del valor calórico total de la dieta. La necesidad diaria es de una cantidad variable entre los 80 y los 90 gramos para una mujer tipo.

    ALGUNOS ALIMENTOS QUE PROVEEN GRASAS

    Aceites

    Manteca

    Aceitunas

    Mayonesa

    Quesos

    Cordero

    Cerdo

    Huevos (yema)

    Jamón

    Cacao

    Galletitas

    Margarina

    4)        Minerales

    Son sustancias inorgánicas que se encuentran en el suelo y que, por lo general, ingresan naturalmente al cuerpo humano a través de la ingesta de los alimentos.

    a)     El hierro

    Es un mineral de gran importancia para el organismo y su deficiencia es el problema nutricional más común en el mundo. La mayor parte del hierro se en­cuentra alojada en los glóbulos rojos mientras que el resto se halla en los músculos.

    Si el hierro se encuentra por debajo de los niveles normales al inicio del embarazo, el riesgo de anemia es severo. Si la embarazada comienza con un nivel normal de hierro en su organismo, es probable que continúe así o que tal vez desa­rro­lle una anemia leve. Esto se debe a que el hierro es el único nutriente cuyas cantidades necesarias durante el embarazo son mayores de las que puede suminis­trarse sólo a partir de una dieta. Por eso es conveniente –y hasta imprescindible en algunos casos- dar a la madre un suplemento en los alimentos (por ejemplo leche descremada con hierro) o bien que los ingiera en forma de medicamento.

    Una de cada tres embarazadas presenta anemia por falta de hierro durante el último trimestre. Es cuando el bebé necesita y absorbe este mineral de los depósitos maternos en mayor cantidad que lo habitual. Algunos de los síntomas que pueden detectarse en una embarazada con carencia de hierro son: cansancio, sueño, calambres, etc. y al bebé le llega menor cantidad de oxígeno, lo que puede generarle trastornos de diversa gravedad.

    El hierro puede encontrarse sólo en un porcentaje del 10 ó 15 % del total de los alimentos que habitualmente se ingiere. Para su buena absorción necesita de estimulantes:

    a)     La carne

    b)     La vitamina C (por ejemplo un vaso de jugo de naranja con las comidas, que facilita la absorción del hierro y además le aporta vitamina C).

    La deficiencia de hierro durante el embarazo es, según el último Curso Internacional sobre Hierro realizado en Argentina en 1997, de un 10 % en Buenos Aires, de un 18 % en Europa, de un 30 % en Costa Rica, Guatemala y Paraguay y del 50 % en Ecuador y Perú, mientras que asciende al 60 % en la región caribeña.

    En la siguiente tabla se indican cuáles son los alimentos ricos en hierro:

    Fuentes de hierro (Fe)

    alimentos

    porcion

    Fe (mg)

    Excelentes

    Morcilla

    50 gr.

    22,5

    Yogurt entero para beber (con hierro)

    1 litro

    18,0

    Hígado de cerdo

    100 gr.

    17,9

    Leche entera (con hierro)

    1 litro

    15,0

    alimentos

    porcion

    Fe (mg)

    Ostras

    100 gr.

    13,4

    Leche en polvo (con hierro)

    100 gr.

    12,0

    Hígado vacuno

    100 gr.

    6,3

    Muy buenas

    Carne vacuna

    100 gr.

    3,2

    Espinaca cocida

    ½ taza

    3,2

    Riñones vacunos

    100 gr.

    3,0

    Pan de centeno

    100 gr.

    2,8