El Racionalismo: Descartes
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¿Cómo era la Nueva Época Moderna y cuál fue la
critica fundamental al pensamiento medieval?
El
primer período de los tiempos modernos, el Renacimiento fue una época de
critica a la Edad Media. El renacimiento indica el momento en que el hombre
occidental se ha desembarazado de la confianza en las creencias fundamentales
sobre las que había vivido en el mundo medieval. Para señalar un único aspecto
de la cuestión, basta indicar que lo característico de la concepción medieval
del mundo residía en su constante referencia al más allá, en su interés
dominante por la salva1ción del hombre, lo cual lleva consigo un cierto
desprecio hacia el mundo terreno; se trata de una concepción religiosa del mundo y de la vida, centrada
o dirigida hacia la divinidad (teocentrismo).
El Renacimiento, en cambio, vuelve la mirada hacia este mundo, hacia la naturaleza (naturalismo). Por oposición al carácter religioso de la época
anterior, la del Renacimiento es una concpeción1 del mundo esencialmente profana.
En
lo que se refiere a la actividad filosófica el Renacimiento es esencialmente
época de fracasos. La época tiene clara conciencia de que los contenidos y
modos del saber medieval son insuficientes, los critica y rechaza, pero por si
cuenta no es capaz de inaugurar nuevos caminos, es época de transición, especie
de preparación de lo que luego avendrá en el siglo XVII.
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¿Qué se le criticaba al método medieval?
El
Renacimiento, y luego el S.XII, sintieron el problema como una cuestión
concerniente al método de la filosofía y de la ciencia. Por ello su crítica al
saber medieval la centra en éste tema: El método de conocimiento de la Edad
Media –sobre todo, tal como los hombres modernos l ven, a través de las formas
más decadentes de la escolástica- es un método inútil, ineficaz que impide
cualquier progreso científico.
Puede
decirse que el modo de proceder escolástico se caracterizaba por el criterio de
autoridad, el verbalismo y la silogística.
El pensamiento medieval reconocía como valedero y
decisivo el llamado criterio de autoridad,
es decir, se admitía que lo dicho por ciertas autoridades –la Biblia, la
Iglesia, Aristóteles- era verdad por el sólo hecho de que tales autoridades lo
afirmasen. Un ejemplo: Copérnico publicó un libro en el que formulaba la tesis
de que la tierra giraba alrededor del sol (heliocentrismo) se le objeto que la
teoría era falsa porque en la Biblia está dicho que Josue mandó a detener el
sol; y si lo mando a detener, quiere decir que es el sol el que se mueve y no
la tierra.
Al calificar de verbalista al método escolástico,
quiere decirse que frecuentemente se enredaba en meras discusiones de palabra,
en ves de ir a las cosas mismas, o que con solo vocablos o distinciones
verbales pretendía resolver problema que, o eran falsos problemas carentes de
importancia, o en realidad sólo pueden solucionarse mediante la observación o
cualquier otro procedimiento objetivo. Ej: decir que el opio hace dormir porque
posee la virtud dormitiva, no hace más que afirmar que el opio hace dormir
porque hace dormir. No se ha enunciado en rigor absolutamente nada más, el
conocimiento no ha aumentado ni avanzado, sino que lo único que se ha hecho es
introducir nuevas palabras o expresiones, pero de idéntico significado.
La ciencia y la filosofía escolástica se valieron en
gran medida de los silogismos:
Todos los hombres son mortales
Sócrates es hombre
Luego Sócrates es mortal.
Lo
que se objeta al silogismo es que con el en realidad no se amplía el saber de
ninguna manera, porque lo que dice la conclusión ya está dicho y sabido, aunque
sea de manera implícita, en el punto de partida, en l premisa mayor. ; pues al
afirmar "todos los hombres son mortales", es obvio que entre ellos
figura ya Sócrates, de modo que la conclusión no hace más que explicitar o
aclarar lo que decía la premisa mayor.
El
silogismo no permite determinar la verdad de los conocimientos: puede tener
valor como método de exposición, es decir, para presentar ordenadamente
verdades ya sabidas, y en tal sentido tenía su legitimidad para la Edad Media
en cuanto que para ésta las verdades ya estaban dadas. Pero no puede servir
como fuente para obtener nuevos conocimientos, que es lo que los tiempos
modernos exigen; no es un método para el descubrimiento de nuevas verdades.
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¿En que consiste el radicalismo cartesiano?
La
palabra "radicalismo" mienta "raíces", es decir, la
tendencia de que se orienta hacia las verdaderas y profundas "raíces"
de algo, hacia los fundamentos últimos. La filosofía cartesiana se ofrece ante
todo como el más tenaz y sostenido esfuerzo, en cualquier dominio de que se
trate, por alcanzar el último fondo, los principios postreros de las cosas.
Descartes
no puede soportar lo dudoso, lo simplemente verosímil. El conocimiento, o ha de
ser absolutamente seguro, o ha de ser abandonado como teóricamente
insuficiente. Se propone dar termino definitivamente a tal estado de las cosas
y fundar un saber sobre las bases cuya firmeza esté más allá de toda sospecha.
Su pensamiento así se caracteriza como filosofía de la desconfianza, dada por
la posición que asume frente a todo aquel esfuerzo secular de la filosofía que
parece no haber hecho otra cosa más que fracasar.
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¿Qué es la duda metódica?
El
pasado encierra una enseñanza: la de que debemos cuidarnos de no caer en el
error, la de que debemos también ser críticos respecto de nosotros mismos, y no
sólo del pasado. De éste modo, el radicalismo cartesiano se manifiesta ante
todo como preocupación por evitar el
error. Más ello no le lleva a la construcción de una mera teoría del error,
sino a algo mucho más fundamental: la duda metódica.
La
duda metódica no significa dudar simplemente, se trata de hacer de la duda un
método, convertir la duda en el
método. Para evitar los errores, o, en términos más generales, las incertidumbres
en que hasta ahora se ha incurrido, el radicalismo quiere alcanzar u saber
absolutamente cierto, cuya verdad sea tan firme que esté más allá de toda
posible duda. Sólo de dará por válido lo que sea absolutamente cierto y no se
aceptará lo dudoso, lo sospechoso de error.
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¿Qué otros dos caracteres presenta la duda?
¿Cómo los explicaría?
El
método cartesiano consiste entonces, inicialmente, en emplear la duda para ver
si hay algo capaz de resistirla. –aún a la duda más exagerada- y que sea entonces
absolutamente cierto. La duda es,
pues, metódica, es decir que se la
emplea como instrumento o camino para llegar a la veredad, y no para quedarse
en ella, a la manera de los escepticos. Es, en seguno lugar, universal, porque habrá de aplicarse a
todo sin excepción, porque nada deberá excluirse de ella, hasat no llegar al
cao en de que resulte imposible la duda. Y en tercer lugar la duda es, por lo
mismo hiperbólica, si así puede
decirse, prque será llevada hasta último extremo, hasta su última exageración,
forzada al máximo posible.
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¿Qué crítica le hace Descartes al saber
sensible? (2 argumentaciones)
Acerca
del conocimiento sensible, Descartes apunta dos argumentos para probar que debe
ser puesto en duda: el primero se funda en las ilusiones de los sentidos; el
segundo en los sueños.
Los sentidos a vecs yerran, y es propio de la
prudencia no confiar jamás demasiado en aquellos que nos engañaron alguna vez.
Por lo tanto las "cosas sensibles" resultan dudosas, no podemos saber
si los sentidos no engañan igual en todos los casos; por lo menos no es seguro
que no nos engañen, y , en consecuencia, según el plan que el método ha
impuesto, de dar por falso todo lo dudoso, se deberá desechar el saber que los
sentido proporcionan..
Sin embargo hay muchas cosas de las que no puede
razonablemente dudarse, como de que estoy acá sentada estudiando en el living
de mi casa, teniendo este papel en la mano, y otras cosas por el estilo. Pero
sucede que alguna vez, en mis sueños, me he imaginado estar como ahora despierto
y escribiendo cuando en realidad estaba dormido y acostado. En efecto, no
tenemos ningún indicio cierto que nos permita establecer cuando estamos
despiertos y cuando dormidos: no hay posibilidad alguna de distinguir con
absoluta seguridad el sueño de la vigilia.
De éstos dos argumentos resulta entonces que todo conocimiento sensible
es dudoso.
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¿Qué crítica le hace Descartes al conocimiento
racional? (dos argumentaciones)
Con respecto al conocimiento racional, Descartes enuncia también dos
argumentos:
Puesto que hay hombres que yerran al razonar y cometen
paralogismos, es decir, razonamientos incorrectos, juzgue que yo estaba tan
expuesto al error como cualquier otro y rechacé por falsas todas las razones qe
anteriormente había tenido como demostrativas. En la matemática, la mas
"racional" de las ciencias, al parecer, hay sin embargo la
posibilidad de equivocarse; aún respecto de una operación relativamente
sencilla, como una suma, cabe la posibilidad de error. Por lo tanto, cabe
también la posibilidad, por más remota que ésta sea, de que todo s los
argumentos racionales sean falaces, de que todo conocimiento racional sea
falso.
El argumento anterior, sin embargo, no es todavía
suficiente, porque aún adjudicándole validez, atañe propiamente a los
"razonamientos", vale decir, a los "proceso", por así
decir, relativamente complejos, de nuestro pensamiento; se refiere a los
procesos discursivos. Pero los razonamientos o procesos discursivos se apoyan
en ciertos "principios", como por ejemplo que todo objeto es idéntico
a si mismo, o que el todo es mayor que las partes. Ahora bien. Estos principios
mismos del conocimiento racional, no son conocidos de manera discursiva, sino
de modo inmediato por simple incurrir del espíritu. Siendo esto así, ¿podrá
dudarse también de estos principios? Es evidente que el argumento anterior no
puede aplicarse también a este caso. Por lo cual Descartes entonces propone un
segundo argumento, el del "genio maligno".
Supondré que cierto genio o espíritu maligno, no menos astuto y burlador
que poderoso, ha puesto su industria toda en engañarme.
Puede efectivamente imaginarse que exista un genio o especie de dios,
muy poderoso a la vez que perverso, que nos haya hecho de horma tal que siempre
nos equivoquemos; que haya construído de tal manera el espíritu humano que
siempre, por más seguros que estemos de dar en la verdad, caigamos sin embargo
en el error; o que este por así decir detrás de cada uno de nuestros actos y
pensamientos para retorcerlos deliberadamente y sumirnos en el error,
haciéndonos creer, por ejemplo, que 1+1=2, siendo ellos falso.
Es justamente a este argumento al que se refería cuando habló de
hiperbolismo de la duda cartesiana. Y este argumento hay que entenderlo
rectamente, en su verdadero sentido. Descartes no dice que haya efectivamente
tal genio maligno. Pero lo que importa notar es que por ahora no tenemos
ninguna razón para suponer que no lo haya; es, por consiguiente, una posibilidad, por mas remota y
descabellada que parezca ser. Y, puesto que la duda debe llevársela hasta su
punto limite si lo tiene; si incluso hay que forzarla, si en verdad se quiere
llegar a un conocimiento absolutamente ineludible, resulta entonces que la
hipótesis del genio maligno debe ser tomada en cuenta, justamente porque
representa el punto máximo de la duda, el último extremo a que la duda puede
llegar.
Sucede
entonces que también el saber racional se vuelve dudoso.
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¿Qué sucede cuando la duda llega al extremo?
¿Por qué él cogito es el primer principio de su filosofía?
En
el preciso momento en que la duda llega al extremo, se convierte en su opuesto,
en conocimiento absolutamente cierto: "queriendo
yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que yo que lo
pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad: "yo pienso,
luego soy", era tan ftrme y segura que las más extravagantes suposiciones
de los escepticos no son capaces de conmoverla, juzgue que podía recibirla si
crepúsculo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando".
En
efecto, aunque suponga que el genio maligno existe y ejerce su maléfico
maleficio sobre mí, yo mismo tengo que existir o ser, porque de otro modo no
podría ser engañado. 2Y po mucho que me
engañe, nunca conseguirá hacer que o sea nada, mientras yo esté pensando que
soy algo"- El cogito constituye el primer principio de la filosofía ya
que es el primer conocimiento seguro, el fundamento de cualquier otra verdad y
el punto de partida para construir el edificio de la filosofía y del saber
general; y además porque me pone en presencia del primer ente indudablemente
existente, que soy yo mismo en tanto pienso.
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¿Cómo llega a la idea de que él es una
sustancia pensante?
Podemos
dudar de todo, menos de que en tanto pienso, soy. Según Descartes, entonces, yo
soy una substancia pensante, cale decir, una cosa cuya propiedad fundamental,
esencial, definitoria, consiste en pensar. Además este yo o cosa pensante, o
alma, es independiente del cuerpo, y más fácil de conocer que éste, pues en
efecto, no se si tengo cuerpo o no, pero en cambio de mi alma o yo (cogito) es
absolutamente indubitable.
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¿Qué son las ideas innatas?
Entre
los pensamientos hay algunos que tienen singular importancia, y que Descartes
llama "ideas": que son imágenes de las cosas, representaciones.
Las
ideas se subdividen en innatas, adventicias, y facticias. Las adventicias son
aquellas que parecen venirnos del exterior, mediante los sentidos, como las
ideas de rojo, amargo. Las facticias son las que nosotros mismos elaboramos
mediante la imaginación, como la idea del centauro o de la quimera. Por último,
las ideas innatas sn aquellas que el alma trae consigo, como constituyendo su
patrimonio original, con tal independencia de la experiencia. De éstas unas
representan cosas o propiedades de las cosas (dios, mayor, menor, círculo,
alma) y las otras las llama Descartes Axiomas o verdades externas, y son
proposiciones como "el todo es mayor que las partes", "nada
puede ser y no ser al mismo tiempo", etc. Con las ideas innatas trabaja
propiamente la razón, tal como ocurre, por ejemplo, es el conocimiento
matemático; y de ellas sostiene Descartes que, si nos atenemos rigurosamente a
las reglas del método, ya establecidas, nos proporcionaran siempre un
conocimiento evidente, absolutamente seguro.
Sin
embargo, surge una dificultad. Porque si bien es cierto que el genio maligno
puede burlarnos acerca del cogito, puede en cambio muy bien engañarnos acerca
de cualquier otro conocimiento por más claro que parezca; en otras palabras
puede que el genio maligno nos haya hecho deliberadamente con una razón
torcida, deforme, incapaz de conocer nada. Hay que buscar, para no quedarnos
detenidos en este punto, eliminar por completo la hipotesis del maligno. Esto
lo va a lograr mediante la demostración de la existencia de Dios.
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Para demostrar que la sustancia extensa es real
tiene que probar la idea de Dios ¿ A qué argumentos recurre para ello?
Hay
tres pruebas mediante las cuales Descartes prueba la existencia de Dios. Las
tres parten del mismo punto la idea de Dios, es decir, la idea de un ser perfecto,
independientemente de que crea o no:
esa idea de Dios que yo tengo ha de haber sido
producida por algo o alguien, necesita una causa, porque de la nada, nada sale.
Esa causa, además no puedo serla yo, porque yo soy imperfecto (la prueba está
en que dudo), e imperfecto no puede ser causa de lo perfceto, ya que en tal
caso habría falta de proporción entre la causa y el efecto, y el efceto no
puede ser nunca mayor que la causa. Es preciso entonces que esa idea me la haya
puesto alguien más perfecto que yo, a saber, Dios, por lo tanto Dios existe.
A esta segunda prueba Kant le dio el nombre e argumento ontológico. Tengo la idea de
un ente perfecto. Ahora bien, siendo este ente perfecto, no le puede faltar
nada, porque si le faltase algo sería imperfecto; por tanto, tiene que existir,
porque si no existiese le faltaría existencia, sería inexistente, y es evidente
que esto sería una imperfección.
Ahora
bien, Dios que es una sustancia pensante infinita, y que es perfecto, no puede
ser engañador, sino veraz.; si nos ha hecho, pues con nuestra razón, y las
ideas innatas, esto quiere decir que ésta razón y éstas ideas son instrumentos
válidos para el conocimiento. De manera que la veracidad de Dios es la garantía
y fundamento de la verdad del conocimiento evidente, claro y distinto. Y si nos
equivocamos no ha de ser culpa de Dios, que nos ha hecho tan perfectos como
pueden serlo los seres finitos, sino por nuestra propia culpa que nos
apresuramos a juzgar antes de haber llegado al conocimiento claro y distinto o
nos dejamos llevar por los prejuicios.
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¿Qué es la sustancia extensa?
Encuentro
en mí la facultad de cambiar de lugar, de colocarme en diversas posiciones. El
movimiento supone algo que se mueve, y sólo es concebible si hay una sustancia
espacial a la cual se halle unido. Por ende, los movimientos deben pertenecer a
la substancia corpórea o extensa (res extensa), y no a una sustancia
inteligente, puesto que en su concepto claro y distinto hay contenida cierta
suerte de extensión, más no de inteligencia. (la sustancia pensante no necesita
para ser espacio alguno sino que es puro pensamiento o actividad psíquica sin
extensión).
Por
otra parte es imposible dudar de que tengo sensaciones, de que tengo la
facultad de recibir ideas de cosas sensibles, dicho en otras palabras, dentro
de mis ideas encuentra ideas adventicias (de calor, sabor, dureza calor, etc).
La cuestión consiste en sabe si son puras ideas, o si corresponden a algo
realmente existente.
Esas
iudeas han de tener una causa. Esa causa no puedo ser yo, desde el momento en
que aquella receptividad no presupone mi pensamiento: yo no soy consciente de
producirlas, sino que las recibo pasivamente incluso contra mi voluntad, como
impuestas de afuera. Por lo tanto deberán ser efecto de una sustancia diferente
a mi.
Siento
además en mí fuerte inclinación a creer que las ideas adventicias "parten
de las cosas corporles". Es decir, a considerar que los cuerpos son sus
causas. Ésta inclinación inclinación natural ha sido puesta en mí por Dios. Y
como Éste no es engañador, sino veraz. Hay que concluir que existen cosas
corporales.
De
este modo encontramos una nueva substancia junto a la pensante: la res extensa,
que así se llama porque su carácter esencial es la extensión, el ocupar lugar.
La extensión (que es el único aspecto del mundo exterior que se me ofrece con
claridad y distinción) equivale a la corporeidad, a la materia, de modo que
para descartes coinciden materia y extensión (no hay para el espacio vacío).
RACIONALISMO
Se ha criticado el idealismo subyacente a los
postulados racionalistas, acusándolo de "petrificar" y
"falsificar" la realidad en detrimento de "lo vital". Pese
a ello, su mérito consistió en liberar e higienizar a la razón de todos los
prejuicios heredados.
Si en el lenguaje ordinario se denomina racionalista a aquella persona que
rehuye de toda creencia infundada o superstición y que no reconoce más
evidencia que la aportada por la sola luz de la razón, en el contexto de la
filosofía este término hace relación a una particular corriente filosófica
surgida en el siglo XVII de manos de René Descartes
(La Haye, Francia, 1596-1650) y cuyos máximos exponentes fueron Baruch Spinoza (Amsterdam, 1632-1677) y
G. Wilhelm Leibniz (Leipzig, 1646-1716).
Tradicionalmente se suele contraponer el racionalismo a otro movimiento
aparecido paralelamente en Inglaterra, el empirismo de Locke, Berkeley y Hume , aunque ambas corrientes mantienen ciertos
rasgos generales propios de la modernidad a la que representan.
Rasgos epocales de la filosofía
racionalista
Cabría destacar en primer lugar, la primacía
otorgada al problema del conocimiento. Efectivamente, los filósofos modernos se
caracterizan por anteponer la gnoseología a toda otra cuestión, gnoseología que
posee un carácter genético, es decir, se investiga el origen, la génesis de los
procesos de conocimiento, cuyo valor de verdad o falsedad es determinado con
posterioridad a su origen.
La segunda característica que comparten las corrientes filosóficas de la
modernidad consiste en la asunción de una postura claramente subjetivista. El
hombre se encuentra imposibilitado para conocer directamente la realidad, las
cosas en sí, tal y como son. Perdida la ingenuidad de un realismo goseológico,
se hace necesario reorientar la pregunta acerca de lo real: ¿Conocemos las
cosas tal y como son o son las cosas tal y como las conocemos?. La realidad ha
dejado de ser evidente, porque no puede ser conocida más que mediatamente, a
partir de nuestras ideas o representaciones mentales, esto es: a partir del
propio sujeto cognoscente y no del mundo en sí.
Racionalistas y empiristas tendrán que enfrentarse antes que nada con la
cuestión del sujeto como origen de todo conocimiento acerca de lo real y con la
cuestión de las posibilidades y límites de tal conocimiento. Lo obvio es el
sujeto que conoce, a partir del cual se construye lo real, el mundo
"extramental":
Subjetivismo y gnoseología tienen como consecuencia inmediata la importancia
otorgada a la investigación sobre el método. Se tiene conciencia de una ruptura
con el Renacimiento y la seguridad de que se está haciendo y estrenando un
nuevo saber. De la preocupación fundamentalmente filológica de los
renacentistas, de su revolución orientada hacia el pasado, se pasa a una
revolución que, desde el presente, se ordena hacia el futuro desde una
perspectiva optimista de progreso.
El paulatino despegue de las ciencias particulares, favorecido por la
independencia gradual de toda investigación respecto a los dogmas de la
religión y la tradición hacía necesaria la investigación de un método que
desechara todo aquello que no pudiera diferenciarse rigurosamente ni de lo
verdadero ni de lo falso. El ámbito de la conjetura, de lo probable no puede
mantenerse si lo que se pretende es construir una ciencia cuya característica
fundamental sea la certeza, su absoluta indubitabilidad. Por eso, la
preocupación por establecer un método seguro y riguroso fue uno de los
intereses primordiales de esta época.
Características
fundamentales de la filosofía racionalista
1. Plena confianza en la razón humana
los filósofos racionalistas le otorgan un valor extremo a la razón entendida
como la única facultad susceptible de alcanzar la verdad. La oposición típica
en la Edad Media entre razón y fe (Revelación) o entre filosofía y religión, es
sustituida ahora por la contraposición entre las verdades racionales frente a
los engaños o ilusiones de los sentidos. Razón se opone a sensibilidad,
experiencia, conocimiento sensoperceptual, no a fe.
2. Existencia de ideas innatas
Siguiendo la tradición abierta por Platón, para el cual el conocimiento
verdadero podía ser alcanzado a través del recuerdo, al estar las Ideas de
algún modo "presentes" en el alma humana, los racionalistas afirman
que la conciencia posee ciertos contenidos o ideas en las que se encuentra
asentada la verdad. La mente humana no es un receptáculo vacío, ni una
"tabla rasa" como defendieron los empiristas, sino que posee
naturalmente un número determinado de ideas innatas o naturalezas simples (como
las denomina Descartes) a partir de las cuales se vertebra y fundamenta
deductivamente todo el edificio del conocimiento. La característica fundamental
de tales ideas es su simplicidad, claridad y distinción, es decir, la
evidencia. En Descartes las ideas innatas y en particular la idea de Dios garantizan
y son los pilares desde los que reconstruir con plena certeza todos los
saberes, desde la física hasta la metafísica. En Leibniz, por ejemplo, las
mónadas contienen ("como semillas") una perspectiva parcial de la
totalidad del universo, son un microcosmos en el que se refleja el macrocosmos.
3. Adopción de un método de carácter
matemático
Todos los racionalistas tomaron como modelo el método utilizado por la
matemática y la geometría: Descartes lo desarrolló en su obra Reglas para la dirección del espíritu;
Spinoza en el Tratado de la reforma del entendimiento y Leibniz en su De Arte combinatoria, que estaba
inspirado en Ramón Llull.
La utilidad del método estriba no sólo en escapar del error, sino que persigue
una intención clara: la unificación de las ciencias e incluso la creación de
una "Mathesis Universalis" o ciencia cierta de carácter universal que
pudiera utilizar un lenguaje simbólico matemático con el que analizar y reducir
a lo simple (y cierto) toda proposición compleja de la ciencia.
En las Regulae ad directionem ingenii (Regla IV) define Descartes el método de
la siguiente manera:
"Así pues, entiendo por método
reglas ciertas y fáciles, mediante las cuales, el que las observe exactamente
no tomará nunca nada falso por verdadero, y, no empleando inútilmente ningún
esfuerzo de la mente, sino aumentando gradualmente su ciencia, llegará al
conocimiento verdadero de todo aquello de que es capaz."
El método es una propedeútica: sana, cura el entendimiento y lo orienta a la
conquista de la verdad, reduciendo toda cuestión compleja a elementos simples,
claros y distintos (evidentes) que son conocidos mediante una intuición
intelectual, despojada de toda sensibilidad e independiente del ámbito de la
experiencia (a priori).
4. Metafísica basada en la idea de
substancia
La metafísica racionalista desvía la atención del ser (to ón) a la substancia (substantia) y adelgaza la división
categorial de Aristóteles a tres únicos fundamentos: substancia, atributos
(esencia o naturaleza de la substancia) y modos (cualificaciones, afecciones y
variaciones de la substancia).
Por substancia entienden los racionalistas "aquello que existe de tal
manera que no necesita de ninguna otra cosa para existir" (Descartes).
Ahora bien, no todos estos filósofos admitieron el mismo número de ellas ni le
otorgaron las mismas características. Descartes afirmó la existencia de tres
substancias distintas (res infinita o Dios, res cogitans o pensamiento y res
extensa o substancias corpóreas), lo cual le condujo al establecimiento de un
acusado dualismo que escindió la realidad en dos ámbitos heterogéneos (lo
corporal o material y lo espiritual) irreconciliables entre sí y regidos por
leyes absolutamente divergentes (leyes mecánicas para el mundo físico).
Spinoza afirmó la existencia de una única substancia, "Deus sive substancia, sive natura",
que le hizo desembocar en una postura panteísta: pensamiento y extensión son
atributos de Dios, única substancia existente, por lo que tanto el pensamiento
(alma) como las cosas materiales no pueden ser consideradas sino como sus
modos, no como entidades independientemente existentes.
Leibniz, sin embargo, adoptó un pluralismo metafísico que afirmaba la
existencia de infinitas substancias simples o mónadas caracterizadas por ser
inextensas,, simples, impenetrables y dotadas de percepción y apetición. La
mónada es una cierta energía, fuerza o entelequia (alma) que sigue el orden
inexorable de una armonía preestablecida por Dios.
5. El mecanicismo
Aunque no fue adoptado por todos los racionalistas (Leibniz, por ejemplo), el
mecanicismo fue el paradigma científico predilecto para la mayoría de ellos.
Según éste, el mundo es concebido como una máquina, despojada de toda finalidad
o causalidad que vaya más allá de la pura eficiencia: todo se explica por
choques de materia en el espacio (lleno) y no existen fuerzas ocultas o
acciones "a distancia". El mundo es como un gigante mecanismo
cuantitativamente analizable.