El Paciente Reincidente y su Relación con la Medicina. La ciencia y la practica medica.
EL PACIENTE REINCIDENTE Y SU RELACION CON
LA MEDICINA
La ciencia y la practica medica han sido alcanzadas y
conquistadas por la universalizaron de la posmodernidad, en tanto que la
ciencia como tal se a universalizado, por que el cuerpo en cualquier lugar del
planeta es concebido como un objeto natural, uno mas de los objetos del mundo y
como tal observable, medible, palpable, ausucultable, radiografiable, adecuado
en el estudio de las ciencias naturales.
Entonces el medicamento es
entendido como un producto fabricado que tiene una acción determinada, regular
y específica sobre los seres vivos. Es decir, como un agente capaz de
desencadenar una serie de reacciones previsibles, generalizables.
Hay situaciones del plano de lo orgánico,
que corresponden a fenómenos de lo singular porque en la relación entre un cuerpo y un remedio se pueden presentar un
sin numero de reacciones químicas, por ejemplo el manejo de las alergias repentinas,
gastritis, cánceres, eritemas de la piel, etc. como también en otro extremo las
curas milagrosas, reacciones inmediatas a la toma de substancias aparentemente insignificante,
o, por el contrario, substancias potentes que demuestran a veces una acción
inesperadamente neutra. Efectos en contrasentido.
Las variaciones individuales de
los sujetos en torno a la cantidad y a las dosis de los medicamentos, ponen en cuestión
si todo medicamento es virtualmente
medicamento desde la sugestión, como también todo gesto o palabra constituye
un medicamento en potencia; la sugestión que sirve para explicarlo todo, produce
entonces ella misma de difícil explicación.
El médico se encuentra
cotidianamente, forzado a utilizarlo, por que
la ciencia ya lo ha decretado así; paciente – medico - medicamentos; entonces de cierta manera frente algunas
enfermedades se ve obligado a recetar.
Ahora bien, reducir la relación
con el medicamento a las reacciones físico-químicas que éste puede provocar en
el organismo supone, en primer lugar, dejar de lado que el cuerpo no es sólo
una máquina, en el sentido mecánico del término. El cuerpo es antes que nada
algo que se tiene, el cuerpo habla por el
sujeto, el esta identificado; la forma de pensar de cada sujeto, genera producción
de sustancias químicas particulares a otros sujetos, sin embargo esto es en
cierta forma obviado, por que mas allá de esta situación están los poderes
curativos de los medicamentos y el poder de la palabra del curador.
Retomando entonces el cuerpo es
una forma en la que el sujeto se reconoce, con la que se hace representar, pero
que se mantiene a cierta distancia, que distingue precisamente lo que es del
orden del ser de lo que es del orden del tener. Es un cuerpo para mostrar o
esconder, alcanzado por el pudor, un cuerpo para el placer, o el dolor, que
puede obtener placer en el dolor, en fin.
En tanto el cuerpo finalmente grita, expresa, dice lo no dicho, lo que
el ser quiere acallar.
Un cuerpo en libidinosidad, es
el soporte de la más poderosa fantasía inconsciente de aquel paciente que
requiere ser escuchado a través del cuerpo en la consulta medica, es una forma
de ascender al lenguaje, es un cuerpo
que ha perdido la inmediatez de sus relaciones con los objetos del mundo, y
que, en su sintomatología, en su enfermedad, se demuestra capaz de desafiar las
leyes que rigen al organismo, dañando
sus propios procesos naturales, con el objetivo de ser escuchado a cualquier
precio.
El cuerpo del hablante es un
cuerpo que habita el lenguaje, que sólo con él obtiene su unidad y también por
él encuentra las líneas de su fragmentación; un cuerpo que, en tanto real, está
irremediablemente perdido. Arrebatado al mundo de la necesidad, es un cuerpo habituado
a la economía del deseo y violentado a las exigencias de la pulsión. Es este
cuerpo sexuado, atrapado y mortificado por la lengua, el que los médicos
manipulan. Y en esta manipulación, consideramos
que reside el goce, ante un cuerpo alterado que encuentra en cosas distintas a
las naturales cierta satisfacción, el medicamento ocupa un lugar libidinal, en donde es el que reemplaza al objeto
perdido. El medicamento ocupa un lugar fantástico; se trata efectivamente de
operar a nivel de la fantasía, reconocida por los fabricantes como un orden de
realidad perfectamente operativo en el consumidor en contraposición al de la
realidad orgánica de acción de la droga.
En la relación medico paciente
se observa un requerimiento de ambos el primero esta atento a la demanda y el
segundo, se instala en el lugar de receptor en todos los sentidos, en muchos
casos pese a la subjetividad de los pacientes y sus fantasías frente al poder medico, lo que hace que las expectativas del
paciente frente al médico excedan en mucho; ya que el medico debe de manera
alterna entrar en la fantasía del paciente, pero salir al mismo tiempo para
lograr reincertarlo en el plano de la normalidad.
Consideramos entonces que el
medicamento en algunos casos es la excusa para que entre el paciente y el medico surja la transferencia y en cierta
medida se le concedan dones a las recetas medicas.