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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Pío Baroja.: Tesis, personajes, Behavionistas, Andrés Hurtado, el árbol de la ciencia, Conexiones con su realidad, Margarita, Las dos Españas: Pueblo y ciudad, Temas del 98: Reacciones ante el desastre, Experiencia de Madrid y la Universidad, Influencias de filosofías Agregado: 29 de AGOSTO de 2000 | Palabras: 4247 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
Tesis
El árbol de la ciencia, (y todas sus novelas en
general) abarca todo tipo de temas, combinando la filosofía, la crítica a la
sociedad y una trama argumental entorno a la vida de Andrés Hurtado.
Baroja parece actuar como narrador testigo,
compartiendo las mismas miserias sociales que sus personajes, pero la obra
tiene mucho de autobiográfica. El autor práctica la técnica del desdoblamiento
en el personaje principal, Andrés Hurtado, y en Lulú, el otro gran
protagonista, en los que vierte sus inquietudes, ideas y posibilidades de un yo
futuro o pasado. Baroja coincide con Hurtado en que estudia en Madrid, reside
una temporada en Valencia, y en la muerte de su hermano. Además éste le sirve
de puente para desarrollar sus propias teorías, sobretodo filosóficas,
especialmente reflejadas en la cuarta parte del libro, un diálogo con Iturrioz.
Los personajes
constituyen el elemento más importante de la obra. Los dos personajes sobre los
que se desdobla el autor son los más importantes, desarrollándose la obra a
partir de la experiencia vital de Andrés Hurtado. Andrés Hurtado es un
personaje arrojado al mundo, donde se siente perdido, sin un apoyo familiar,
sin una orientación filosófica clara, y golpeado por la deficiencia de la
educación y de la medicina de la época. Lulú es la mujer que ocupará un puesto
esencial en la vida de Hurtado, producto de la miseria y el trabajo, de fondo
muy noble y preocupada por los desvalidos, sobre los que vierte una gran
ternura. Gran importancia tendrá también en la obra la figura de Luis, que con
su muerte, provocará la desorientación de Andrés.
Éstos personajes
principales no se muestran ya caracterizados desde el momento de su aparición,
sino que se van creando lentamente, a medida que se desenvuelven en los
distintos ambientes, y a los que llegamos por medio de sus acciones, sus
diálogos, o sus reflexiones. Son personajes que evolucionan a medida que avanza
la novela, como es el claro caso de Andrés, quien adquiere nuevas concepciones
de la vida a medida que pasan los capítulos, construyendo y modificando
filosofías que conocemos a través de sus diálogos y reflexiones
En torno a Andrés y
Lulú se mueven gran cantidad de personajes secundarios, bocetos vigorosos,
retratados o no, de manera directa, por Baroja. Así, el autor se entretiene más
en el padre de Andrés, Pedro Hurtado, despótico, arbitrario y egoísta;
Iturrioz, con quien Andrés mantenía conversaciones filosóficas; Lamela,
estudiante rezagado, gallego, flaco y nervioso... Estos personajes no se
justifican, en muchas ocasiones, por el argumento central, sino que son en sí,
representan tipos sociales en los que Baroja se entretiene. Con todo, hay que
estudiar la influencia que tendrá cada personaje en los principales, Andrés y
Lulú. Tales personajes, al contrario de los principales, se nos dan ya
dibujados, con trazos rápidos pero certeros, descritos de forma satírica,
incluso cruel, en algunos casos, pero tratados con extrema ternura en otros.
Las descripciones son subjetivas, muestra los defectos, todo le parece repulsivo.
En "el árbol
de la ciencia" podría hablarse de una tercera categoría de personajes,
personajes colectivos, que aparecen como meros figurantes, piezas de un
ambiente, de una atmósfera insustituible. En esta categoría se encuentran los
enfermos del hospital, los estudiantes, los amigos, los vecinos...
Distingue dos tipos
de personajes: el ibérico, fuerte y guerrero, y el semita, de tendencias
rapaces, de intriga y de comercio. Al igual que los Behavionistas,
psicológicamente estudia los personajes según su conducta y sus manifestaciones
externas. Cree que la gente es ridícula y por eso la presenta así: unos porque
hacen el bien, como el hermano Juan, y otros porque hacen el mal.
En cuanto al estilo, a
parte de la técnica de pintura de los personajes, se reconoce el gusto por el
párrafo breve, la naturalidad expresiva del autor, tanto en lo descriptivo como
en los diálogos. Casi clasificable como una novela con connotaciones de
picaresca, la cual se define como: “ extensa
obra de ficción, por lo general de carácter satírico, cuyo personaje principal
es un individuo cínico y amoral. La novela picaresca narra una serie de
incidentes o episodios de la vida del protagonista que se presentan en orden
cronológico sin entremezclarse en una trama sólida. Utiliza el esquema tradicional de los libros o novelas de
caballería, pero lo hace con una voluntad claramente desmitificadora, a partir
de la crítica a la sociedad de la época. La estructura es un relato en primera
persona de episodios de la vida del autor que vienen a justificar su situación
final poco afortunada. Sin embargo, la novela picaresca no constituye un género
claramente diferenciado, pues el propósito de sus autores es siempre distinto”
El lenguaje actúa
como otro elemento más en la caracterización de ambientes, así Baroja opta por
el uso de términos coloquiales y vulgarismos, De esta manera, contrasta el
lenguaje de Lulú con el del filósofo Iturrioz, en sus conversaciones
existenciales con Hurtado, en la cuarta parte del libro. El lenguaje es austero,
y de un estilo "desarreglado", desordenado, pero culto.
La
concepción de Baroja de una novela abierta se hace notar en su despreocupación
por la composición, que da esa idea de desorden estructural, aunque, como ya
veremos, la obra resulta de una gran consistencia estructural. Lo que le
importa son los episodios, las anécdotas y las disgresiones. Tampoco le
preocupa la unidad, según él, una novela larga es una sucesión de novelas
cortas.
La
figura de Andrés Hurtado da unidad al relato, pero su trayectoria va hilvanando
multitud de elementos. No obstante, esto no quiere decir que haya una ausencia
de composición.
Pese a todo esto,
el árbol
de la ciencia está hilvanado sobre la trayectoria vital del árbol de
la ciencia, que confiere la unidad a la obra y que enlaza los ambientes,
anécdotas y episodios.
El árbol de
la ciencia es un ejemplo de condensación temporal, porque en un
libro que se puede leer entre siete y diez horas, el autor condensa toda la
vida de su protagonista, Andrés Hurtado. Las acciones pasan rápidamente, y los
años se suceden en cuestión de párrafos.
El tiempo es
lineal, sin saltos atrás en el tiempo, pero con enormes saltos hacia el futuro
(analepsis).
La estructura no limita la libertad del relato, el hilo narrativo se desarrolla con gran libertad y se sigue entrelazando con multitud de anécdotas laterales.
Personajes (psicología
de los personajes)
- Doctor Iturrioz: Es el tío de Andrés y otro
de los protagonistas de la novela. Este personaje se convertirá en el mejor
amigo, junto a Lulú, de Andrés Hurtado. Con él discute todo lo cuestionable que
se le pasa por la cabeza. Es él quien, junto a otro médico, le ve en su lecho
de muerte después de que Andrés se haya suicidado.
- Andrés Hurtado: Es el protagonista de la obra, y es también el que hace el papel
de Pío Baroja en la obra. Su familia era de ideas derechistas, contrarias a las
suyas. Era un joven inquieto y ávido de aprender cualquier cosa, sobre todo
medicina (su carrera). Este ímpetu de aprendizaje le levaba a plantearse cuestiones
filosóficas que discutía con su tío Iturrioz, estas preguntas eran sobre todo
existenciales, las cuales se plante más
que nunca a partir de la muerte de su hermano Luisito. Estas inquietudes
vitales terminan con su muerte. El fallecimiento de su esposa poco después de
dar a luz un niño que nace muerto le sumen en una profunda depresión que no
puede aguantar y termina suicidándose.
- Julio Aracil. : Amigo íntimo de Andrés, compañero desde antes de la carrera y más
tarde de trabajo. Aunque su forma de vida no concordaba con los ideales de
Andrés Hurtado, eran buenos amigos
-Lulú: Se la podría considerar la
tercera protagonista de la obra. Al principio aparece como alguien poco
significativo para Andrés, simpática pero fea, pero poco a poco se va dando
cuenta de que es la mujer a quien ama, tal es así que Lulú termina
representando para Andrés el culmen de mujer inteligente y bella. Llegó a
amarla hasta el punto de no soportar su muerte.
- Montaner:
Compañero de carrera de Julio Aracil y de Andrés Hurtado, con este
ultimo mantenía discusiones de todo tipo. Al principio estas discusiones eran
muy tensas y Aracil hacia de árbitro e intermediario entre los dos compañeros.
Montaner era derechista, aristócrata, monárquico y creía en las clases
sociales. Paradójicamente acabó siendo pobre y pidiendo un puesto de trabajo a
Aracil.
- Margarita:
La hermana real de Baroja (Carmen) se convierte en este personaje. Es
una mujer resignada a los valores sociales de la época y acostumbrada a vivir
en el seno de una familia costumbrista y de derechas.
- D. Pedro Hurtado: Padre de Andrés, hombre totalmente contrario a las ideas de este,
de costumbres e ideas derechistas y que demostraba (y sentía) muy poco afecto
por Andrés.
- Dorotea: Representa para Andrés (y en la
obra) el amor carnal, toda la lujuria desenfrenada de una pasional explosión de
amor por una noche.
- Dña. Leonarda: Madre de Lulú representa la mujer madura de la época de Andrés.
Volcada a la religión y a los valores tradicionales que la sociedad había
impuesto anteriormente.
Tanto Julio Aracil como Montaner, representan dos compañeros verdaderos de Baroja, Carlos Venero y Pedro Riu Davets, mencionados a menudo en sus memorias, sobre todo en la parte “De estudiante de medicina”, de Familia, infancia y juventud.
El tío Iturrioz, es un personaje que había aparecido
antes en “La Dama errante”(1908), aunque con distintas características, y que
asumirá un papel importante en esta novela. Se inspira en un tío-primo del
novelista llamado Justo Goñi que vivía en Madrid, y a quien el joven Baroja
solía ver a menudo. Retratado por Baroja como un “hombre original, ocurrente, e
individualista”, que “había empezado la carrera de ingeniero militar, pero que
no la acabó. Luego estudió la de abogado, que también dejó a medio acabar, y
por fin se hizo médico”; No obstante no habría por qué creer que las ideas que
expresa Iturrioz a lo largo de la obra correspondan siempre a la manera de
pensar de Justo Goñi.
Antonio Lamela, aparece también brevemente en otras
novelas de Baroja. Como Julio Aracil y Montaner, fue un conocido de Baroja en
sus años de estudiante, y que es incluido en la novela sin otra modificación
que su nombre.
Al hermano de Baroja, Darío, le corresponde el
personaje de Luisito. Darío murió en Valencia en febrero de 1894. Baroja
cuenta: “...Andrés abrió la carta, la leyó, y quedó atónito. Luisito acababa de
Morir en Valencia...”
Si diversos personajes de la obra tienen un carácter
definidamente autobiográficos, la figura de Lulú es la que más se despega de lo
que escribió Baroja en sus Memorias, Para cobrar un desarrollo autónomo y una
importancia real, perceptible, más si cabe, en las dos últimas partes de la
obra.
La trilogía de “La lucha por la vida” nos
permite ver un reflejo fiel de la sociedad madrileña de esos años, de sus
ambientes y preocupaciones; Que quedan completadas con otras del mismo Baroja
en las que aborda temas más concretos, y una de ellas es “El árbol de la
ciencia”(1911).
Así, para conocer el mundo pobre de Madrid
hay que recurrir a dicha trilogía.
La idea de conocer España (muy arraigada y clara en los jóvenes de esa
generación) fue la precursora de muchas inquietudes de los jóvenes de hoy en
día y que entronca, saltándose otras generaciones intermedias más preocupadas
por otros valores más estéticos y menos realistas, con la inquietud de conocer
la tierra y los pueblos de España.
Andrés Hurtado se mueve en una sociedad
inmersa en las más diversas miserias y lacras sociales, pero la realidad
española se estructura más marcadamente en la contraposición campo-ciudad.
El mundo rural
(Alcolea del campo) es un mundo inmóvil como "un cementerio bien
cuidado", presidido por la pasividad y la insolidaridad de sus gentes ante
las injusticias. Palabras como egoísmo, prejuicios, envidia, crueldad, etc.,
son las que sobresalen en su pintura. Es un pueblo ficticio al que Baroja da
características típicas de un pueblo manchego. Así, su crítica socio-política
pretende ser de carácter nacional
La
ciudad, Madrid, es "un campo de ceniza" por donde discurre una
"vida sin vida". De nuevo se nos presentan muestras de la más
absoluta miseria, con la que se codea la despreocupación de los pudientes, de
los "señoritos juerguistas".
Temas del 98:
Reacciones ante el desastre
La Generación del 98, también
llamada generación del desastre en alusión a la pérdida de Cuba por España,
representó un fenómeno importante por cuestionarse la tarea intelectual frente
a España y la política española, y plantearse el dilema de una literatura
acorde con esas inquietudes. Sobresale la enumeración de los engaños que
dominaban a España en el campo de la prensa, la política, la oligarquía y el
caciquismo, la literatura y la ciencia, las supuestas glorias históricas, y,
como otros jóvenes rebeldes, rechazaba la guerra colonial en todas sus
manifestaciones. La generación del 98, a veces asociada con el modernismo
literario, reflejó en gran medida las oscilaciones ideológicas de algunos de
sus integrantes, según lo ha estudiado Carlos Blanco Aguinaga en su “Juventud
del 98” (de las posturas socialistas y anarquistas a cierto énfasis nacional de
corto alcance) y en no conseguir siempre resolver el ajuste entre su
preocupación por el casticismo y el problema español, y las preguntas
estrictamente ligadas al ejercicio de la literatura. Este ejercicio sólo fue
posible a través de búsquedas más individuales y en el tránsito hacia
propuestas estéticas de las generaciones próximas en el tiempo: la del 14 y la
del 27.
Los rasgos estilísticos
comunes en los autores de la Generación del 98 se dejan notar en el Arbol de la
ciencia: la creación de una lengua sencilla y espontánea marcada por un claro
antirretoricismo; el enriquecimiento de la lengua con la etimología y la expresión
popular; la abundancia de estructuras coordinadas en la sintaxis y de párrafos
breves; la renovación de la técnica de la novela, y la predilección por el
ensayo.
Los miembros de la
generación del 98 manifiestan dos grandes preocupaciones en sus obras: El tema
de España y del sentido de la vida. Demuestran un entrañable amor hacia el
país, denuncian su atraso y buscan soluciones para forjar una España distinta
de la consagrada por los tópicos. Para ello, recogen la inquietud que muchos
intelectuales y habían manifestado desde hacía siglos.
Efectivamente, los
escritores de este grupo, siguen aquella tradición de crítica al país que ya
aparece en el Lazarillo de Tormes, y que plasmaron autores como Francisco de
Quevedo, Baltasar Gracián, Diego de Saavedra Fajardo, Benito Feijoo, José
Cadalso, Gaspar Melchor de Jovellanos, y Mariano José de Larra. Esta
preocupación también la habían manifestado autores e intelectuales del siglo 19
como Angel Ganivet, Joaquín Costa y Francisco Giner de los Ríos.
Su temática tiene que ver con los siguientes
aspectos:
-El paisaje.
Descubren y valoran el austero y pobre paisaje castellano como núcleo de España
(aunque ninguno de estos escritores haya nacido en Castilla). No reflejan el
paisaje de forma realista y objetiva, sino subjetivamente ya que proyectan su
espíritu sobre él. De este modo, desean captar su alma y a través de ella, la
de Castilla y la de la verdadera España, sintiendo tristeza y amor, como dice
A. Machado en un poema.
-La historia.
Al principio, consideran que la historia de España es la causa de los males que
sufre el país, pero a partir de 1905 también indagan en el pasado para
encontrar los valores intrínsecos de Castilla y de España. Más que la historia
externa, les atrajo la intrahistoria (M. De Unamuno), es decir, la vida callada
de millones de hombres sin historia, que son los que han protagonizado la
verdadera historia de España.
-Los problemas
existenciales. Sienten una desazón como consecuencia del mundo que les ha
tocado vivir. Se preguntan sobre el sentido de la existencia del ser humano, el
paso del tiempo, la muerte, las personas... y, al no hallar respuestas, sienten
una profunda angustia vital.
Concretamente, Pío
Baroja se preocupa por el dolor humano desde una perspectiva pesimista. Predomina
la narración de acciones de unos personajes inadaptados que luchan por la
supervivencia.
Experiencia de Madrid y la Universidad
En la
primera parte, llamada “La Vida de un Estudiante en Madrid” se
cuentan los encuentros de Andrés con los compañeros de la facultad, el jaleo de
las clases y las fuertes discusiones entre Hurtado y Montaner, arbitradas por
Julio Aracil, hasta que este consiguió que cesara la fuerte tensión que existía
cuando los dos primeros discutían.
El ambiente familiar de Andrés era también tenso,
enemigo de su padre viudo y derechista, y totalmente en desacuerdo con sus
hermanos Alejandro y Pedro, los únicos miembros dela familia por los que sentía
verdadero afecto eran su hermana Margarita, única mujer dentro de una familia
excesivamente conservadora, y su hermano Luisito, que muere de tuberculosis.
Habiendo aprobado todas las asignaturas menos
química al fina de curso, en junio fue a que su tío Iturroz le diera clase de
la materia pendiente. Iturroz era un muy buen médico y consiguió que Andrés
aprobara en Septiembre. Lo mismo sucedió con la asignatura de Anatomía en el
curso siguiente. En el tercer curso Luisito, el hermano de Andrés cae enfermo,
y aunque logra recuperarse, nunca volvió a estar enteramente sano. Durante el
cuarto curso Aracil y Andrés logran entrar como médicos en el Hospital San Juan
de Dios, a Andrés Hurtado no le gustaba este sitio y tras pensarlo
detenidamente lo abandona. Pero a mediados del último curso Aracil y él
aprueban un examen por el que consiguen entrar en el Hospital General. Ahora son los dos compañeros los que están a
disgusto y abandonan los dos.
La
sexta parte, “La Experiencia en Madrid”
comienza con el regreso de Andrés Hurtado a Madrid, donde recibe la noticia de
que España ha declarado la guerra a los E.E. U.U. y de que no hay casi
posibilidades de ganar. Se entera también de que Aracil se ha hecho rico, que
se ha casado con una rica y que le ha prometido un trabajo de auxiliar de una
de sus clínicas a Montaner, que ahora es pobre. Pero el encuentro que más le
impacta es volver a ver a Lulú. Su hermana se ha casado con un hombre rico y
gracias a ella Lulú ahora tiene una tienda de confecciones. La amistad entre
Lulú y Andrés, como en su juventud, sigue creciendo, hasta convertirse en
verdadero amor lo que sienten el uno por el otro. Antes de llegar a esto,
Andrés había pasado por ser médico de higiene, donde vio todo el horror de la
prostitución y la enfermedad, más tarde fue médico de pobres e incluso con
estos tuvo tiempo de reflexionar sobre la vida y la muerte, y con sigo mismo,
sobre el amor.
En la obra cabe destacar el pesimismo de Baroja hacia la vida en general, como se puede apreciar en “... La vida en general y sobre todo la suya, le parecía una cosa fea, turbia, dolorosa e indomable...”, donde cabe destacar la presencia de estos adjetivos –tres notas descriptivas y una filosófica – un auténtico resumen de la visión de Baroja acerca de la existencia.
La manera en que
Andrés Hurtado se inicia en la lectura de los filósofos alemanes es pura
autobiografía Barojiana, que el autor describiría más tarde en sus memorias en
el tomo Familia, infancia y juventud. Fischte le aburrió muy pronto, pero
durante toda su vida consideró a Kant como un símbolo de cultura, marca de
prestigio intelectual, aunque no lo entendió directamente sino a través de la
interpretación de Schopenhauer.
Esta
relación filosófica Kant-Schopenhauer con Andrés Hurtado se puede observar en
los capítulos en los que Andrés discute con su tío Iturrioz. El respeto
intelectual y ético que Baroja siente por Schopenhauer es transparente e
incuestionable.
La discusión mencionada antes entre Andrés e
Iturrioz, viene a ser una contraposición del pragmatismo filosófico y el
utilitarismo inglés, con su método esencialmente anti-metafísico, y la teoría
metafísica de Kant de que los conceptos de espacio, tiempo, y causalidad son
propiedades de la inteligencia humana y no de la misma realidad. Esto es el
meollo metafísico de la filosofía de Schopenhauer, descrito en su obra capital,
El mundo
como voluntad y representación. Y pone, como se ve en el siguiente
capítulo que argumenta Andrés, la ciencia como una base más segura porque la
inteligencia y el conocimiento están limitados a la experiencia humana y no
tienen nada que ver con abstracciones tales como Justicia, Moral, Dios.
Schopenhauer cree que lo que experimentamos no es más que un reflejo de la
realidad, limitado por el espacio, tiempo y las leyes de la causalidad, y que
este conocimiento puede ser determinado y estudiado por la ciencia. La vida
misma es una fuerza ciega, desconocida por el hombre e imposible de conocer
excepto a través de reflejos de la experiencia. La única verdad, entonces, se
halla en la concordancia de nuestras experiencias de conocimientos prácticos.
Entre
líneas se puede leer “... Ya se ve claro en estos dos principios: vida y
verdad, voluntad e inteligencia...” haciendo referencia a las teorías de Kant,
según las cuales, los grandes problemas de la metafísica, como Dios, libertad e
inmortalidad, no se pueden resolver por la razón especulativa. Toda cuestión
ética parte de una creencia en la existencia de Dios, la libertad y la
inmortalidad. Así es que son necesarias para que halla leyes morales.
Schopenhauer, sin embargo, da una interpretación conflictiva o pesimista a la
“cosa en sí”, como dice Andrés(Baroja) aquí.
Más adelante, es posible apreciar cómo
defiende las teorías de Lange, al afirmar “... Esta sentencia de Demócrito, que
había leído en la Historia del materialismo de Lange, le parecía a Andrés muy
exacta...”.
En
otro fragmento de su novela se puede leer “... comenzaba a vislumbrar ese
estado de ataraxia...”, haciendo alusión al término utilizado por Baroja para
definir la imperturbabilidad del ánimo, tranquilidad máxima del alma, lograda a
través del dominio de las pasiones. Es un tema muy frecuente en la obra de
Baroja.
Misoginismo y antisemitismo
El Misoginismo de
Baroja se deja entrever en la discusión entre Andrés e Iturrioz, en la que se
puede leer “... ¡Cómo se ve el sentido práctico de esa granujería semítica! ...
Griegos y semitas tenían el instinto fuerte de vivir, inventaban dioses para
ellos, un paraíso exclusivamente suyo... los turanios y los arios del norte
intentaron ver la naturaleza tal y como es... el semitismo, con sus tres
impostores, ha dominado al mundo... hoy después de siglos de dominación
semítica, el mundo vuelve a la cordura, y la verdad aparece... tras de los
terrores de la noche...” lo que hace pensar que Baroja piensa algo así como que
todo lo semítico, a pesar de ayudar a vivir, oculta en las sombras a la
ciencia, que resurgirá “como una aurora pálida tras de los terrores de la
noche”.
En la misma página,
se determina el concepto de Baroja del sexo femenino, al aparecer la siguiente oración,
que relaciona a la mujer con el –sexo
débil- y al hombre con el espíritu guerrero: “...el semitismo... dio... a los
débiles y a las mujeres un motivo de lamentos, de quejas y de sensiblería...”
lo que refleja su aspecto misógino.
Arbol de la ciencia
-o-
Ambas opciones pueden ser válidas, aunque la
complementación de ambas permite llegar a la verdad absoluta “Debe haber
filósofos y biófilos” La mentira es necesaria para la vida.
Cuando
Andrés/Baroja dice: “En estas circunstancias el instinto vital se siente herido
y tiene que reaccionar y reacciona. Los unos,...,ponen su optimismo en la vida,
en la brutalidad de los instintos y cantan la vida cruel, canalla, infame, la
vida sin finalidad, sin objeto, sin principios y sin moral, como una pantera en
medio de la selva” nos da a entender que si el individuo se fija sólo en lo
material, la energía y lo tangible, es decir , en la ciencia, la vida pierde
todo su sentido como tal, y sin embargo, como demuestra en la siguiente
oración: “hay quienes desean volver a la tradición, a las viejas ideas, y a los
viejos mitos, porque son útiles para la vida” expresa todo lo contrario: Vivir
feliz, sin preocuparse de la vida, pero viviéndola, sin plantearse un objetivo
pero buscándolo.
Baroja
no se aleja de la dualidad de opinión al expresarla en: “...¿Qué mejor norma de
la vida que su utilidad?-...-Eso llevaría a los mayores absurdos en la teoría y
en la práctica. Tendríamos que ir aceptando ficciones lógicas: el libre
albedrío, la responsabilidad, el mérito; acabaríamos aceptándolo todo, las
mayores extravagancias de las religiones.-.No, no aceptaríamos mas que lo
util.-.Pero para lo útil no hay comprobación como para lo verdadero...”
Y
concluye, tras comprobar la obligatoriedad de la existencia de árboles de ambos
tipos, con carácter de burla irónica: “Habrá que creer que el árbol de la
ciencia es como el clásico manzanillo, que mata a quien se acoge a su sombra.”
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