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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: El desarrollo de la agricultura: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 5741 | Votar! | 3 votos | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Ciencias de la Tierra > |
Monografía sobre el desarrollo de
la agricultura
a lo largo del timpo y en el mundo
Agricultura, arte, ciencia e industria que se ocupa de la
explotación de plantas y animales para el uso humano. En sentido amplio, la
agricultura incluye el cultivo del suelo, el desarrollo y recogida de las
cosechas, la cría y desarrollo de ganado, la explotación de la leche y la
silvicultura .
Las agriculturas regionales y
nacionales se abordan con mayor detalle en los artículos individuales dedicados
a los diferentes continentes y países.
La agricultura moderna depende en
gran medida de la ingeniería, la tecnología y las ciencias biológicas y
físicas. El riego, el drenaje, la conservación y la canalización, campos todos
importantes para garantizar el éxito en la agricultura, requieren los
conocimientos especializados de los ingenieros agrícolas.
La química agrícola se ocupa de
otros problemas vitales para la agricultura, tales como el empleo de
fertilizantes, insecticidas y fungicidas, la estructura del suelo, el análisis
de los productos agrícolas y las necesidades nutricionales de los animales de
granja.
La mejora vegetal y la genética
representan una contribución incalculable en la productividad agrícola. La
genética, además, ha introducido una base científica en la cría de animales.
Los cultivos hidropónicos, un método en el que las plantas prosperan sin tierra
gracias a soluciones de nutrientes químicos, pueden resolver otros problemas
agrícolas adicionales.
El empaquetado, procesamiento y
comercialización son actividades íntimamente relacionadas y también
influenciadas por el desarrollo de la ciencia. Los métodos de congelación
rápida y deshidratación han ampliado los mercados de los productos agrícolas
.La mecanización, la característica más destacada de la agricultura de finales
del siglo XIX y del siglo XX ha aliviado mucho el agotador trabajo del
agricultor. Aún más significativo: la mecanización ha multiplicado la
eficiencia y productividad de las explotaciones agrícolas.
Aviones y helicópteros se emplean
en la agricultura con finalidades tales como la siembra, el transporte de
productos perecederos y la lucha contra los incendios forestales, así como para
fumigar las cosechas para controlar las plagas de insectos y las enfermedades.
Los aparatos de radio y televisión transmiten datos meteorológicos vitales, así
como otras informaciones de interés para los agricultores.
La agricultura mundial
A lo largo de los 10.000 años
transcurridos desde el desarrollo de la agricultura, los pueblos de todo el
mundo han descubierto el valor alimenticio de plantas y animales salvajes,
domesticándolos y criándolos. Los más importantes son los cereales, como el
trigo, el arroz, el maíz y el centeno; la caña de azúcar y la remolacha
azucarera; los animales de carne, como las ovejas, las vacas, las cabras y los
cerdos; las aves, como los pollos, los patos y los pavos; y productos como la
leche, el queso, los frutos secos y los aceites. La fruta, las verduras y las
aceitunas son también importantes fuentes de alimentos para el ser humano. Los
granos para pienso de animales incluyen la soja, el maíz forrajero y el sorgo.
Los artículos independientes sobre plantas y animales en concreto contienen
información adicional.
También se obtienen ingresos de
cultivos no alimentarios como el caucho, las plantas de las que se obtienen
fibras, el tabaco y las semillas oleaginosas empleadas en compuestos químicos
sintéticos, así como de la cría de animales para la obtención de pieles.
Las condiciones que determinarán el
tipo de explotación incluyen el clima, el suministro de agua y el terreno.
Casi el 50% de la población del
mundo se dedica a la agricultura. La distribución, a finales de la década de
1980, variaba desde un 64% de la población activa en África hasta un 4% en
Estados Unidos y Canadá. En Asia, la cifra era de un 61%; en América del Sur,
un 24%; en Europa del Este y la antigua Unión Soviética (URSS), el 15%, y el 7%
en Europa Occidental.
El tamaño de las explotaciones
varía enormemente de una región a otra. Por ejemplo, a finales de la década de
1980, su tamaño medio en Canadá era de unas 230 hectáreas (ha) por granja,
mientras que la media en Filipinas era algo inferior a 3,6 ha, y en
Indonesia, de menos de 1,2 hectáreas.
El tamaño depende también del
propósito de la explotación. Las explotaciones comerciales, cuyo propósito es
hacer dinero, suelen emplear grandes superficies de terreno. Los latifundios de
Latinoamérica son propiedades de gran extensión, privadas, explotadas por mano
de obra arrendataria y caracterizadas por una ineficaz utilización de los
recursos disponibles. En algunas áreas de Latinoamérica llegan a alcanzar miles
y hasta decenas de miles de hectáreas. Los monocultivos producen té, caucho y
cacao. La eficiencia de las plantaciones de trigo se optimiza cuando abarcan algunos
miles de hectáreas y pueden ser trabajadas por equipos agrícolas y máquinas.
Las granjas de ganado ovino australianas y otras granjas de cría de ganado
deben ser igualmente extensas para proveer de pastos a miles de animales. Las
explotaciones agrícolas de las comunas chinas, las cooperativas gestionadas por
comunidades peruanas o los ejidos mexicanos son otros ejemplos de unidades
agrícolas que han de ser amplias, como lo eran las granjas colectivas propiedad
de empleados del estado, que eran los encargados de trabajarlas, en la
desaparecida URSS.
Las explotaciones individuales de
subsistencia y las pequeñas explotaciones mixtas unifamiliares van decreciendo
en número en los países desarrollados, pero siguen siendo numerosas en los
países en vías de desarrollo de África y Asia. Los ganaderos nómadas recorren
el África subsahariana, Afganistán y Laponia; y el pastoreo sigue siendo una
parte importante de la agricultura en áreas como Mongolia.
Buena parte de las divisas
ingresadas por un país puede depender de una única mercancía; por ejemplo, Sri
Lanka depende del té, Dinamarca está especializada en productos lácteos,
Australia en la producción de lana, y Nueva Zelanda y Argentina en productos
cárnicos.
La importancia de un determinado
país como exportador de productos agrícolas depende de muchas variables. Entre
ellas está la posibilidad de que no esté suficientemente desarrollado en el
ámbito industrial para producir mercancías elaboradas en cantidad suficiente o
que carezca de la necesaria sofisticación tecnológica. Este tipo de
exportadores agrícolas incluye a Ghana, que exporta cacao y a Myanmar
(Birmania) que exporta arroz. Por otra parte, un país muy desarrollado puede
producir excedentes que su población no necesita; es el caso de Estados Unidos,
Canadá y algunos países de Europa occidental.
Dado que las naciones dependen de
la agricultura no sólo para alimentarse, sino para obtener ingresos y también
materias primas para la industria, el comercio agrícola es una preocupación
constante, regulada por acuerdos internacionales como el Acuerdo General sobre
Aranceles y Comercio (GATT), el Mercosur y por grupos con intereses comerciales
comunes como la Unión Europea.
Historia
La historia de la agricultura puede
dividirse en cuatro grandes periodos de duración desigual, cuyas fechas
difieren enormemente según las regiones: prehistórico, histórico (incluido el
periodo romano) feudal y científico.
Agricultura prehistórica
Los primeros agricultores
pertenecían en su mayor parte a la cultura del neolítico. Los emplazamientos
ocupados por estos pueblos se encontraban en lo que hoy son Irak, Irán, Israel,
Jordania, Siria y Turquía; en el Sureste asiático, en la actual Tailandia; en
África, a lo largo de río Nilo en Egipto; y en Europa, en las márgenes del río
Danubio y Macedonia, Tracia y Tesalia. También se han identificado primitivos
centros agrícolas en el área del Huang He (río Amarillo), en China; en el valle
del río Indo, en India y Pakistán; y en la cuenca de México, al noroeste del
istmo de Tehuantepec.
Las fechas de las que datan las
plantas y animales domesticados varían según las regiones, pero la mayoría son
anteriores al sexto milenio a.C., y las más antiguas podrían remontarse al año
10000 a.C. Los científicos han aplicado el método del carbono 14 sobre restos de animales y plantas y han
fechado hallazgos de ovejas domesticadas que se remontan al año 9000 a.C.
en el norte de Irak; de vacas del sexto milenio a.C. en el noreste de Irán; de
cabras del año 8000 a.C. en el centro de Irán; de cerdos del año 8000 a.C.
en Thailandia y del 7000 a.C. en Tesalia; onagros, o asnos, del año
7000 a.C. en Jarmo, Irak; y de caballos del año 4350 a.C. en Ucrania.
La llama y la alpaca fueron domesticadas en las regiones andinas de Sudamérica
a mediados del tercer milenio a.C.
Según las pruebas realizadas con el
carbono14, el trigo y la cebada fueron cultivados en Oriente Próximo en el
octavo milenio a.C.; el mijo y el arroz en China y el Sureste asiático ya en el
año 5500 a.C.; y la calabaza, que además de aportar alimento se utilizaba
como vasija en México y otros países del continente americano, hacia el año
8.000 a.C. Las leguminosas descubiertas en Tesalia y Macedonia se remontan
hasta el año 6000 a.C. El lino se cultivaba y, aparentemente, se empleaba
para elaborar tejidos a comienzos del periodo neolítico.
El agricultor empezó,
probablemente, fijándose en qué plantas silvestres eran comestibles o útiles de
algún modo, y aprendiendo a conservar sus semillas para replantarlas en
terrenos despejados con anterioridad. El cultivo durante un largo periodo de
tiempo de las plantas más prolíficas y resistentes producía una variedad
estable. Los rebaños de cabras y ovejas estaban compuestos por animales
salvajes jóvenes capturados, y aquellos que presentaban los caracteres más deseables,
tales como cuernos pequeños y una elevada producción de leche, eran criados de
forma selectiva. Los uros parecen ser los antecesores del ganado vacuno
europeo, y el buey salvaje asiático es el del cebú, el ganado vacuno con gibas
de Asia. El gato, el perro y los pollos fueron domesticados muy pronto. La
transición de la caza y la recolección a la dependencia de la producción propia
de alimentos se produjo de forma gradual, y en algunos lugares aislados del
mundo, aún no se ha logrado. Las cosechas y el suministro propio de carne eran
complementados por la pesca y la caza de aves, así como por la carne de
animales salvajes.
Los agricultores del neolítico
vivían en alojamientos sencillos como cuevas y pequeñas chozas de adobe secado
al sol o de carrizo y madera. Estas viviendas se agrupaban en pequeñas aldeas o
existían como explotaciones aisladas rodeadas de campos, ofreciendo abrigo a
animales y personas en edificaciones adyacentes o unidas. En el neolítico, la
aparición de ciudades como Jericó (fundada c. 9000 a.C.) se vio estimulada
por la producción de excedentes agrícolas.
El pastoreo puede haber sido
posterior a esto. La evidencia parece indicar que las explotaciones mixtas, la
combinación de cosechas y la cría de animales era el patrón más habitual en el
neolítico. No obstante, los pastores nómadas recorrían las estepas de Europa y
Asia, donde fueron domesticados el caballo y el camello.
La primeras herramientas agrícolas
eran de madera y piedra. Incluían la azada de piedra; la hoz para recoger el
grano fabricada con palas de piedra afilada; la pértiga empleada para agujerear
el suelo y plantar semillas y, con posteriores adaptaciones, como pala o
azadón; y un arado rudimentario, una rama de árbol modificada empleada para
levantar la superficie del suelo y prepararlo para la siembra. Más tarde se
adaptó el arado para el tiro por bueyes.
Las penillanuras del suroeste de
Asia y los bosques de Europa disponían de lluvia suficiente para el
mantenimiento de la agricultura, pero Egipto dependía de las inundaciones
anuales del Nilo para reponer la humedad y fertilidad del suelo. Los habitantes
del llamado ‘creciente fértil’, en torno a los ríos Tigris y Éufrates,
dependían también de las inundaciones anuales para obtener agua para la
irrigación. El drenaje se hacía necesario para impedir que el suelo fuera
arrastrado de las laderas por las que corrían los ríos. Los agricultores que
vivían en las proximidades del río Huang He desarrollaron un sistema de
irrigación y drenaje para controlar los daños sufridos por sus campos en la
planicie aluvial atravesada por los meandros del río.
Aunque los asentamientos neolíticos
eran más permanentes que los campamentos de los pueblos cazadores, las aldeas
tenían que trasladarse periódicamente en algunas áreas, ya que sus campos
perdían fertilidad a causa de la sobreexplotación. Esto resultaba más necesario
en el norte de Europa, donde los campos se despejaban mediante la técnica de la
tala y el incendio. Los asentamientos a lo largo del Nilo, por el contrario,
eran más permanentes, dado que el río depositaba en sus márgenes limo fértil
todos los años.
Agricultura: primeras civilizaciones e
Imperio romano
Con el final del neolítico y la
introducción de los metales, prácticamente llegó a su fin la era de las
innovaciones en la agricultura. El siguiente periodo histórico, conocido a
través de información escrita y dibujada, incluyendo la Biblia, los registros y
monumentos de Oriente Próximo y escritos chinos, griegos y romanos, estuvo
dedicado a las mejoras de las técnicas ya existentes. Existen una serie de
hitos que sirven para trazar un boceto del desarrollo en el ámbito mundial de
la agricultura en esta era, que abarcan, a grandes rasgos, desde 2500 a.C.
hasta 500 d.C. Algunas plantas empezaron a adquirir importancia. Las uvas
y el vino se mencionan en registros egipcios ya alrededor del 2900 a.C., y
el comercio de aceite de oliva estaba ya generalizado en el área del
Mediterráneo en el primer milenio a.C. El centeno y la avena se cultivaban en
el norte de Europa hacia el año 1000 a.C. En América, el maíz fue el
cereal más difundido.
Muchas verduras y frutas,
incluyendo cebollas, melones y pepinos, se cultivaban en el tercer milenio a.C.
en Ur. Los dátiles e higos eran una importante fuente de azúcar en Oriente
Próximo, y en el área del Mediterráneo se cultivaban la manzana, la granada, el
melocotón y la mora. El algodón se cosechó e hiló en India hacia el año
2000 a.C., y el lino y la seda se empleaban mucho en China durante el
segundo milenio. En Asia central y las estepas rusas se fabricaba fieltro a
partir de lana de ovejas.
El caballo, introducido en Egipto
alrededor del 1600 a.C., era ya conocido en Mesopotamia y Asia Menor. El
carro de bueyes de cuatro ruedas para trabajos agrícolas y los carruajes de dos
caballos eran familiares en el norte de India en el segundo milenio a.C.
El perfeccionamiento de las
herramientas y el equipamiento fue de especial importancia. Las herramientas de
metal eran más duraderas y eficaces, y el cultivo se vio impulsado gracias a la
ayuda de útiles como el arado tirado por bueyes equipado con una reja metálica,
descubierto en el siglo X a.C. en Palestina. En Mesopotamia, en el tercer
milenio a.C. se añadió un dispositivo en forma de embudo al arado con el fin de
plantar las semillas, y en China se emplearon también otras formas primitivas
de sembradora. La trilla se realizaba con ayuda de animales en Palestina y
Mesopotamia, aunque la recogida, el empaquetado y el tamizado seguían siendo
manuales. Egipto conservó la siembra manual durante este periodo, tanto en
pequeñas explotaciones como en grandes propiedades.
Mejoraron los métodos de
almacenamiento del aceite y el grano. Los graneros, cisternas secas, silos y
recipientes de uno u otro tipo empleados para almacenar grano, sustentaban a
las poblaciones de las ciudades. De hecho, sin un abastecimiento adecuado y sin
el comercio de alimentos y productos no alimentarios, las civilizaciones
avanzadas de Mesopotamia, el norte de India, Egipto y Roma no hubieran sido
posibles.
Los sistemas de irrigación usados
en China, Egipto y Oriente Próximo eran muy elaborados, y permitieron explotar
una mayor superficie de tierra. En Sumer, el trabajo forzado de los campesinos
y la burocracia creada para planificar y supervisar los trabajos de irrigación,
probablemente fueran básicos para el desarrollo de las ciudades estado de
Sumer. Los molinos de viento y de agua, desarrollados a finales del periodo
romano aumentaron el control sobre las múltiples incertidumbres climáticas. La
introducción de fertilizantes, en su mayor parte estiércol de animales, y la
rotación de cultivos dejando tierras en barbecho hicieron más productiva la
agricultura.
Las explotaciones mixtas y la cría
de animales florecían en las islas Británicas y en Europa continental; llegaron
hasta Escandinavia a comienzos de este periodo histórico, donde mostraron un
modelo que persistiría durante los siguientes 3.000 años. La caza y la pesca,
dependiendo de las regiones, complementaban los alimentos cultivados por los
agricultores.
Poco después del gobierno de Julio
César, el historiador romano Publio Cornelio Tácito describía a los germanos
como una sociedad tribal de guerreros campesinos libres, que cultivaban sus
propias tierras o las abandonaban para ir a la guerra. Unos 500 años más tarde,
la aldea europea típica consistía en un núcleo de casas rodeado de campos
cultivados de forma tosca y compuestos por explotaciones privadas; los valles,
bosques y tierras sin aprovechar eran empleados por toda la comunidad. Los
bueyes y el arado pasaban de un campo a otro, y la cosecha era un esfuerzo
cooperativo.
Al parecer, Roma comenzó como una
sociedad rural de agricultores independientes. En el primer milenio a.C., tras
el establecimiento de la ciudad, la agricultura emprendió un desarrollo
capitalista que alcanzó su apogeo en la era cristiana. Las grandes propiedades
que abastecían a las ciudades del Imperio estaban en manos de propietarios
ausentes y eran explotadas por mano de obra esclava bajo la supervisión de
capataces contratados. Al ir disminuyendo el número de esclavos, en general
cautivos de guerra, iban siendo reemplazados por trabajadores en régimen de
arrendamiento. La villa romana típica de la era cristiana se aproximaba al
sistema feudal de organización; los esclavos y los arrendatarios manumitidos se
veían obligados a trabajar con arreglo a un horario, y los arrendatarios
pagaban una proporción fija de la producción al propietario. Ya en el siglo IV
d.C., la figura del siervo estaba firmemente establecida, y el arrendatario
estaba vinculado a la tierra.
La agricultura feudal
En Europa, el periodo feudal
comenzó poco después de la caída del Imperio romano, y alcanzó su cumbre hacia
el año 1100 d.C. Este periodo fue también testigo del desarrollo del
Imperio bizantino y del poder de los musulmanes en Oriente Próximo y el sur de
Europa. España, Italia y el sur de Francia se vieron afectadas por los
acontecimientos de fuera de Europa continental.
Durante el periodo de dominio árabe
en Egipto y España, la irrigación se extendió a tierras que antes eran
improductivas o estériles. En Egipto, la producción de grano era suficiente
para permitir al país vender trigo en el mercado internacional. En España, se
plantaron viñedos en terrenos en pendiente, y el agua para la irrigación se
traía desde las montañas hasta los llanos. En alguna áreas de dominación
islámica se cultivaban naranjas, limones y albaricoques.
Se producía arroz, caña de azúcar,
algodón y verduras como las alcachofas y las espinacas, además de azafrán, una
especia típicamente española. Se crió el gusano de seda, así como su fuente de
alimento, el árbol de la morera.
Ya en el siglo XII la agricultura
de Oriente Próximo se había estancado, y Mesopotamia, por ejemplo, retrocedió
hasta niveles de subsistencia al ser destruidos sus sistemas de irrigación por
los mongoles. Las Cruzadas aumentaron el contacto de los europeos con los
países islámicos y familiarizaron a Europa occidental con los cítricos y los
tejidos de algodón.
La estructura agrícola distaba de
ser uniforme. En Escandinavia y Alemania oriental perduraban las pequeñas
granjas y aldeas de épocas anteriores. En las zonas montañosas y los pantanos
de la Europa eslava el sistema señorial no podía florecer. La cría de animales
y el cultivo de aceituna y uva se encontraban normalmente fuera de este
sistema.
Una explotación feudal requería, a
grandes rasgos, de 350 a 800 ha de suelo arable y una cantidad equivalente
de otras tierras, como humedales, zonas de bosque y pastizales. Se trataba de
una comunidad típicamente autosuficiente. En ella se alzaba la mansión del
señor del feudo, un militar o vasallo de la iglesia de alto rango, al que a
veces se le otorgaba el título de lord, o de su administrador. A menudo, el
feudo podía constituir la totalidad de una parroquia por lo que incluía una iglesia.
En la propiedad podían existir una o más aldeas, y sus habitantes eran los
trabajadores de hecho. Bajo la dirección de un capataz o supervisor, cultivaban
la tierra, criaban los animales de carne y de carga y pagaban impuestos en
forma de servicios, bien como mano de obra forzosa en las tierras de su señor y
otras propiedades o en forma de servicio militar obligatorio.
Un feudo de grandes dimensiones
contaba con un molino para moler el grano, un horno para hornear el pan, un
estanque de peces, huertos, tal vez una prensa para el vino o el aceite, y
jardines de hierbas aromáticas y hortalizas. Tenían también abejas para obtener
miel.
Con la lana de las ovejas criadas
en la propiedad se fabricaba la ropa. La lana era hilada para obtener hilazas,
con las que elaborar tejidos y finalmente prendas de vestir. Asimismo, era
posible conseguir telas a partir del lino, que se cultivaba con este fin y para
la extracción de aceite.
Los alimentos que se servían en una
propiedad feudal variaban dependiendo de la estación y de la valía como cazador
de su señor. La caza para procurarse carne era, de hecho, la principal tarea no
militar del dueño de la casa y de sus asistentes militares. Los residentes en
el castillo podían comer pato, faisán, paloma, ganso, gallina y perdices;
pescado, cerdo, carne de vacuno, y carnero, además de coles, nabos, zanahorias,
alubias y guisantes. También se servían pan, queso, mantequilla, cerveza, vino
y manzanas. En la Europa meridional a veces se consumían aceitunas y aceite de
oliva, a menudo en sustitución de la mantequilla.
El cuero procedía de las vacas de
la propiedad. Las bestias de carga eran caballos y bueyes; al irse criando
variedades más pesadas de caballos, y desarrollarse un nuevo tipo de arreos,
éstos adquirieron mayor importancia. El herrero, el fabricante de ruedas y el
carpintero se encargaban de la fabricación y mantenimiento de las toscas
herramientas agrícolas.
El cultivo estaba organizado de
forma rígida. Las tierras arables se dividían en tres partes: una se sembraba
en otoño con trigo o centeno; la segunda en primavera con cebada, centeno,
avena, alubias o guisantes; y la tercera se dejaba en barbecho, es decir, sin
sembrar. Los campos se dividían en bandas distribuidas por las tres divisiones,
y sin setos o verjas para separar una banda de otra. A cada campesino varón que
fuera cabeza de familia se le asignaban unas 30 de estas bandas. Con la ayuda
de su familia y un tiro de bueyes, trabajaba a las órdenes de los capataces del
señor feudal. Cuando trabajaba en sus propios campos, si es que los tenía, lo
hacía ateniéndose a las costumbres de la aldea, que probablemente eran tan
rígidas como las de cualquier capataz.
Hacia el siglo VIII se introdujo un
ciclo cuatrienal de tierras en barbecho. La rutina anual en 400 ha consistía
en arar 100 ha en otoño y 100 ha en primavera, dejando 200 ha en
barbecho que se araban en junio. Estos tres periodos que abarcaban todo el año,
permitían recoger dos cosechas en un total de 200 ha, dependiendo del
clima. Como norma general se uncían diez o más bueyes, no mayores que los
novillos de hoy en día, al arado, que a menudo era poco más que un tronco
ahorquillado. A la hora de la cosecha, todos los campesinos, incluyendo mujeres
y niños, debían trabajar en los campos. Tras la recogida se daba suelta a los
animales de la comunidad en los campos para que pastaran.
Algunos feudos empleaban un sistema
de franjas o bandas, con una superficie de unas 0,4 ha, que medían unos
200 m de largo por 1,2 a 5 m de ancho. Las del señor de la propiedad
tenían unas dimensiones similares a las de los campesinos, y estaban
distribuidas por terrenos buenos y malos. El sacerdote de la parroquia podía
tener tierras separadas de las de la comunidad o franjas en las que trabajaba
él mismo o eran atendidas por los campesinos.
En todos los sistemas feudales, los
campos y las necesidades del señor eran lo primero, pero solían dejarse libres
cerca de tres días a la semana para que los campesinos trabajaran en sus
franjas y huertos familiares. La madera y la turba para combustible se recogían
en terrenos comunales y los animales pastaban en las vegas de la aldea. Cuando
había excedentes de grano, pieles y lana, se enviaban al mercado para su venta.
Hacia el año 1300 empezó a hacerse
patente la tendencia a cercar las tierras comunales y la cría de ovejas para
aprovechar la lana. La aparición de la industria textil hizo que la cría de
ovejas resultara más rentable en Inglaterra, Flandes, Champagne, Toscana,
Lombardía y la región de Augsburgo en Alemania. Al mismo tiempo, las áreas que
rodeaban las ciudades medievales empezaron a especializarse en productos
hortícolas y lácteos. El feudalismo independiente se vio también afectado por
las guerras de los siglos XIV y XV en Europa, y por las grandes epidemias de
peste del siglo XIV. Aldeas enteras quedaron borradas del mapa, y muchas
tierras arables fueron abandonadas. Los campesinos supervivientes empezaron a
expresar su descontento y a intentar mejorar sus condiciones de vida.
Con la disminución de la mano de
obra, sólo se conservaron para el cultivo las mejores tierras y, en el sur de
Italia, por ejemplo, el riego contribuyó a aumentar la producción de los suelos
más fértiles. El énfasis en la producción de grano fue reemplazado por la
diversificación y comenzó la producción de mercancías que requerían mayores
cuidados, como vino, aceite, queso, mantequilla y verduras.
En América, la base material de las
grandes civilizaciones era principalmente la agricultura. Una inmensa variedad
de plantas cultivadas satisfacían las necesidades alimenticias y proporcionaban
materia prima para las artesanías. Casi todas las regiones cultivaban un número
de plantas que como el maíz, el frijol, la papa o patata se adaptaban a las
distintas condiciones ambientales. Aparte de la calabaza, antes mencionada, los
americanos plantaban jitomate (tomate), miltomate, huanlizontli y hierbas como
el epazote. Había también una gran variedad de frutales: aguacate, chirimoya,
mamey, zapote, capulín, guayaba, etc. El maguey y el nopal, característicos de Mesoamérica se cultivaban en sus
diversas variedades, no sólo como alimento sino que utilizaban la fibra para
fabricar telas de vestir. En las tierras templadas, el cultivo del algodón era
uno de los más destacados.
La agricultura científica
Al llegar el siglo XVI, la
población europea iba en aumento, y la producción agrícola entró de nuevo en
una fase de expansión.
Allí y en otras áreas, la
naturaleza de la agricultura habría de cambiar mucho en los siglos venideros.
Había varias razones para ello. Europa había quedado aislada de Asia y Oriente
Próximo por la extensión del poderío turco. Se estaban poniendo en práctica
nuevas teorías económicas, que afectaban directamente a la agricultura. Además,
las guerras continuadas entre Inglaterra y Francia, en el seno de ambos países
y en Alemania consumían capital y recursos humanos.
Se inició un nuevo periodo de
exploraciones y colonización para intentar soslayar el control por parte de
Turquía del comercio de especias, para dar un hogar a los refugiados
religiosos, y para obtener recursos para unas naciones europeas que estaban
convencidas de que la única riqueza eran los metales preciosos.
El descubrimiento de América
favoreció el hallazgo de especies vegetales y animales hasta entonces
desconocidas en Europa. La agricultura colonial comenzó no sólo para proveer de
alimentos a los colonizadores, sino también para producir cosechas comerciales
y suministrar alimentos a la metrópolis. Esto representaba el cultivo de
productos como el azúcar, el algodón, el tabaco, la papa o patata, el tomate y
el té, así como la producción de productos animales tales como lana y pieles.
De los siglos XV al XIX el comercio de esclavos se encargó de aportar la mano
de obra necesaria. Los esclavos procedentes de África, por ejemplo, trabajaban
en el Caribe en plantaciones de azúcar, y en Norteamérica en plantaciones de
índigo y algodón. La primera sociedad colonial se sustentó en la explotación de
la mano de obra indígena, entonces abundante, asegurada por la esclavitud y la
encomienda, que transformó la estructura social del mundo indígena. Los
prisioneros procedentes de Europa, sobre todo de las cárceles inglesas,
aportaron tanto mano de obra cualificada como no cualificada en muchas colonias
americanas. En última instancia, no obstante, tanto la esclavitud como la
servidumbre fueron erradicadas en el siglo XIX.
Cuando fueron descubiertos por los
conquistadores españoles, las civilizaciones más avanzadas del Nuevo Mundo
disfrutaban de economías agrícolas desarrolladas, pero carecían de animales de
tiro y desconocían la rueda. Los clanes y otros grupos consanguíneos, o de
tribus dominantes que habían creado sofisticados sistemas de gobierno, poseían
la tierra, a la que no tenían acceso como propietarios los particulares o las
familias individuales. En el siglo XVI habían desaparecido ya varias
civilizaciones en Centroamérica y Sudamérica. Las que conocieron los españoles
fueron las de los aztecas, los incas y los mayas.
La revolución científica producto
del renacimiento y el Siglo de las Luces en Europa favoreció la experimentación
en la agricultura así como en otros campos. La experimentación y el error en el
cultivo de plantas condujo a la mejora de las cosechas, y se desarrollaron
algunas variedades nuevas de ganado vacuno y ovino. Especialmente notable fue
la vaca Guernsey, que incluso hoy sigue siendo una especie apreciable como
productora de leche. El proceso de parcelación (enclosura) se aceleró
enormemente en el siglo XVIII, y los propietarios de tierras pudieron
determinar la disposición de tierras y pastizales, anteriormente sometidos al
uso común. La rotación de los cultivos, alternando las legumbres con el grano,
fue practicada con más entusiasmo al desaparecer el sistema de franjas heredado
del periodo feudal. En Inglaterra, donde la agricultura científica era
especialmente eficaz, la enclosura produjo una reorganización fundamental de la
propiedad de la tierra. Desde 1660 en adelante, los propietarios de las mayores
superficies habían empezado a incrementar el tamaño de sus posesiones, a menudo
a expensas de pequeños agricultores independientes. Cuando llegó la era
victoriana, el modelo agrícola se basaba en la relación entre el terrateniente,
dependiente de las rentas; el agricultor, que producía las cosechas; y los
jornaleros sin tierras. El drenaje hizo cultivables más tierras y, con la
Revolución Industrial, surgió la maquinaria agrícola.
No es posible fijar con claridad
una década o una serie de acontecimientos como comienzo de la revolución
agrícola a través de la tecnología. Entre los adelantos más importantes están
la crianza selectiva de ganado, iniciada a comienzos de 1700, y la dispersión
de caliza en las tierras de cultivo a finales de ese mismo siglo. Las mejoras
mecánicas del arado tradicional comenzaron a mediados del siglo XVII con la
fijación de pequeñas puntas de hierro a la madera mediante tiras de cuero. En
1797, Charles Newbold, un herrero de Burlington, Nueva Jersey, introdujo el
arado de reja de hierro fundido. La reja voltea la tierra y la empuja a un
lado; este tipo de arado sigue siendo hoy el más utilizado. John Deere, otro
herrero estadounidense, mejoró aún más el arado en la década de 1830 y lo
fabricó en acero. Otros inventos notables incluyen la sembradora del agrónomo
inglés Jethro Tull, desarrollada a comienzos del siglo XVIII y progresivamente
mejorada durante más de un siglo; la segadora del norteamericano Cyrus
McCormick, creada en 1831; y multitud de trilladoras, cultivadoras, cortadoras
de grano y hierba, rastrilladoras y desgranadoras de maíz. A finales del siglo
XIX, se empleaba a menudo el vapor para reemplazar la energía animal en el
arrastre de arados y en el accionamiento de máquinas trilladoras.
La demanda de alimentos para los
trabajadores urbanos y de materias primas para la industria produjo una reestructuración
del comercio mundial. Ciencia y tecnología desarrolladas con fines industriales
fueron aplicadas a la agricultura, dando lugar finalmente al nacimiento de la
industria agrícola de mediados del siglo XX.
En los siglos XVII y XVIII se
efectuaron los primeros intentos sistemáticos por estudiar y controlar las
plagas. En épocas anteriores a éstas la recogida manual y las fumigaciones eran
los métodos habituales para el control de plagas. En el siglo XIX se
desarrollaron varios tipos de venenos para su empleo en forma de fumigaciones;
también se usaron medios biológicos de control como los insectos depredadores.
Se cultivaron variedades resistentes de plantas; esto último tuvo especial
éxito en los viñedos europeos, en los que se injertaron tallos europeos no
resistentes en cepas radiculares americanas que sí lo eran para luchar contra
el áfido filoxera tras su introducción accidental en Francia.
Los avances en el transporte
afectaron también a la agricultura. Las carreteras, canales y ferrocarriles
permitieron a los agricultores obtener los suministros necesarios y
comercializar sus productos en un mercado más amplio. Los alimentos podían
protegerse durante el transporte y era posible trasladarlos a menor coste
gracias a los trenes, los barcos y la refrigeración, avances producidos a
finales del siglo XIX y principios del XX. El uso eficaz de estos adelantos
llevó a una creciente especialización y, en ocasiones, a cambios en la
localización de los proveedores agrícolas. En el último cuarto del siglo XIX,
por ejemplo, los proveedores de grano australianos y norteamericanos
desplazaron a los europeos en el mercado del viejo continente. Cuando la
producción de grano dejaba de ser rentable para los agricultores europeos, o un
área era urbanizada, se potenciaban las industrias lácteas, la producción de
queso y otros productos.
El paso hacia un incremento en la
producción en el periodo posterior a la II Guerra Mundial fue el resultado
de una nueva explosión demográfica. La necesidad de más alimentos fue paliada
en parte por la llamada revolución verde, que implicó el cultivo selectivo de
cosechas tradicionales en busca de mayores rendimientos, nuevos híbridos, y
métodos de cultivo intensivo adaptados a los climas y condiciones culturales de
países densamente poblados como India. La crisis mundial del petróleo a
mediados de la década de 1970, no obstante, redujo el abastecimiento de
fertilizantes nitrogenados necesarios para el éxito de las nuevas variedades.
Simultáneamente, un clima errático y desastres naturales como la sequía y las
inundaciones redujeron las cosechas en todo el mundo. Parecía inminente el
hambre en el subcontinente indio, y la hambruna se generalizó en muchas partes
de África al sur del Sahara. La situación económica, en especial la inflación
descontrolada, amenazaban por igual al productor y al consumidor de alimentos.
Estos problemas se convirtieron en los factores determinantes del cambio y el
desarrollo agrícolas.
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