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      Al final del camino: Biogra´fia del General Perón, por Ramón Lan


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    Categoría: Apuntes y Monografías > Historia >

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         Este modesto esfuerzo está dedicado a LINA, mi querida e insustituible Esposa, Compañera y Amiga, que en todo momento supo estar a mi lado, impidiendo que el espíritu desfalleciera, cuando el peso de las presiones y ataques sufridos, me provocaban una gran depresión.  Por su permanente aliento para que no renunciara, enfrentando con sacrificio la adversidad y disimulando y perdonando mis debilidades.        

                Dejo constancia de mi total reconocimiento y gratitud al General Juan Domingo Perón, mi Maestro, que al honrarme con su confianza y amistad, me permitió compartir sus momentos más amargos, angustiantes y difíciles. En la tremenda soledad que vivió, fuí depositario de sus confidencias, experiencia que me han sido de utilidad para enfrentar y superar contingencias que a lo largo de la vida se han presentado.

                Mi recuerdo muy especial para ese amigo y extraordinario hombre que es símbolo de la conducta leal del Peronista, que se llamó Isaac Gilaberte. Juntos, acompañamos al General en los días inciertos y peligrosos que vivió en Panamá y Venezuela, enfrentando dificultades originadas por aquellos que lejos de servir a una causa, buscaron servirse de ella para satisfacer  mezquinas ambiciones.

                Mi identificación con esos maravillosos Compañeros, que sin medir consecuencias, ofrendando todo, han sido quienes han mantenido encendida la llama viva del sentir Peronista, transmitiendo a nuevas generaciones la fuerza que superando la etapa de confusión, han de sentar bases firmes para alcanzar una Patria Libre y Soberana.

                También lo dedico a quienes en su momento me calumniaron y difamaron, juzgando mi conducta sin dejarme dar respuesta las

    dudas que pudieran existir sobre mi proceder. A ellos, las gracias, porque fueron el alimento que me ha permitido subsistir, impulsando mi rebeldía.

                            También, a los pocos, pero sinceros amigos, que me han acompañado, sin medir esfuerzos o sacrificios.

                A los que en un momento confiaron en mí, y a los que pese a caídas o tropiezos que sorprenden al recorrer el camino de la vida, continúan alentando mis proyectos.

                A las mujeres y hombres de mi Pueblo, que luchan firmemente, sin renunciamientos,para...

      SER FIELES A LAS CONVICCIONES

      Y DEFENDERLAS ,SI ES PRECISO,

      HASTA CON LA VIDA.                        

                                                                                                                                                                                                                                               RAMON LANDAJO

    Buenos Aires, octubre de 1994.

     

     

     

     

     

     



     

    A MI PUEBLO

     

                Ante la realidad que agobia a los argentinos, las posibilidades de la total desintegración de la Nación ante el accionar de quienes se suponen dueños de todos los derechos de la ciudadanía, dejando de lado dudas y temores, trayendo y reviviendo las enseñanzas del General Perón, convoco a los compañeros y amigos a organizarnos, para que juntos, seamos constructores de una Nueva Argentina.

                Cuando el 16 de noviembre de 1955, en el encuentro que mantuve con el General Juan Domingo Perón, en el lugar donde fuera confinado tras el artero golpe gorila que lo derrocara en setiembre de ese año, al honrarme con su amistad y confianza, juramenté ser un soldado de la Causa Nacional y Popular, iniciando en mi vida el proceso revolucionario cuya llama inflama mi espíritu. Junto a Perón, que vivía su hora más dura y amarga del exilio, abandonado y traicionado,  aprendí que todo cuanto hace a esta lucha que desde entonces hemos desarrollado, a la que se sumaron hombres y mujeres de extraordinaria valía, también se infiltraron sinvergüenzas, simuladores, arribistas, aprovechados y aventureros, que valiéndose de aliados bastardos, destruyeron los cimientos que eran la base de una Argentina grande, próspera y feliz.

                Han sido muchos los años de lucha. Millones de argentinos que abrazaron la causa de Perón, Compañeros que no sabían de renuncia, son los que con su sacrificio iluminaron el cielo de una Patria que no quiere estar sometida y entregada a la voraz rapiña foránea.

                Pocas semanas antes de morir, el Presidente Perón, en su despacho de la Casa de Gobierno, a donde concurrí con el Secretario de Informaciones de Estado, general Morello, me hizo depositario de su preocupación, de su angustia y de su dramática soledad.

                "Estoy sólo, hijo. Aquí enfrento a un conjunto de delincuentes,  traidores, ambiciosos, simuladores y gusanos, que lejos de servir a los intereses de la Patria y del Pueblo, son ejecutores de la entrega  que miserablemente es paga por nuestros enemigos, lo que anticipa momentos aciagos para los argentinos. No ignoro que mis días están contados. Viejo y enfermo, rodeado por esta camarilla que me niega hasta los medicamentos y me aislan de los que se leales, a los que no puedo llegar para alertarlos de los peligros que acechan, cargo sobre mi conciencia el pecado de haber querido dar a la Patria, grandeza, y al Pueblo, felicidad".

                Me ofreció volver a su lado para acompañarlo como Secretario Privado - lo que acepté - y me encomendó que previo a hacerme cargo de la función, solucionara problemas que sus carceleros y vividores crearon a sus amigos japoneses, que encabezados por Yoshinobu Daisho, habían venido a la Argentina, con un ofrecimiento de colaboración.

                Al  día siguiente viajé a Tokyo. Aquel fue el último encuentro con el General, ya que mi regreso se concretó diez días antes de su fallecimiento. Todos los caminos fueron cerrados para impedir que pudiera verlo. Al igual que yo, muchos amigos y leales colaboradores de Perón, fueron impedidos de verlo, interponiéndose el clan de la dupla satánica. De nada sirve revivir esos personajes y la triste historia que protagonizaron.

                Esta recopilación de recuerdos y anécdotas vividas durante esos años que consolidaron mi amistad con  el General en Panamá y Venezuela, como también momentos compartidos durante los años de la lucha que se prolongó hasta el momento de su muerte, es mi aporte al efectuado por todos aquellos que no han aceptado le sean arrebatados derechos y conquistas. Es la nueva generación la que debe recuperar las banderas históricas del Peronismo, para hacer realidad una Argentina que sea socialmente Justa, económicamente Libre y políticamente Soberana.

     

    Buenos Aires, octubre de 1994.

                                                                                                             

                                                                                                  RAMON LANDAJO



     

    PERON EN PANAMA

     

    Octubre y Noviembre de 1955

     

                    Convocado a su residencia por el Lic. Miguel Alemán, ex presidente de México, a la que había concurrido en reiteradas oportunidades desde mi llegada a ese país para desempeñarme en el diario NOVEDADES (de donde era el principal accionista), me expresó el deseo de ofrecer al General Perón, en esos momentos en Paraguay, su total apoyo y solidaridad.

                    Yo había sido contacto personal y reservado entre Perón y Alemán, que junto al Licenciado Portes Gil y al general Francisco Cárdenas, ex presidentes mexicanos, mantenían contacos fluidos, trabajando en un proyecto para alcanzar la  unidad latinoamericana.

                    En dicha oportunidad, se interesó por lo que venía aconteciendo en Argentina y me comentó información que obraba en su poder sobre el momento delicado y angustioso que vivía su amigo Perón en Villarrica.  Puso, también, en mi conocimiento, que tras el derrocamiento del General, el encargado de negocios de Argentina en México, había enviado a la dirección del diario y a la Secretaría de Gobernación una denuncia en la que me acusaban de ser "espía" peronista, reclamando mi alejamiento de la editorial y la expulsión del país por especial pedido de los nuevos ocupantes del Palacio San Martín, en Buenos Aires. Era  evidente que mis actividades reservadas a las que me ajusté de acuerdo a directivas que recibí en su momento del Presidente de la Nación, el General Perón, habían trascendido en conversaciones entre directivos del diario, las que fueron también conocidas por dos periodistas argentinos, Arístides Moleón y Leguizamón Martínez, furiosamente antiperonistas, que se desempeñaban en las agencias de noticias yanquis, United Press e International News Service. Totalmente identificados con el antiperonismo, cabe suponer fueron ellos los que me marcaron a los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y, por supuesto, a la dictadura gorila.

                    Había un resentimiento de ellos, ya que los había descubierto a poco de llegar a México, cuando creyendo que estaba consustanciado con la  prédica que realizaban, puse al descubierto las conexiones que mantenían con el "coronel" Jules Dubois, conocido mercenario de la prensa internacional, encargado de orquestar y ejecutar la campaña en contra del peronismo y del General Perón, las que ocupaban páginas en diarios y revistas asociadas a la Sociedad Interamericana de Prensa.

                    Para disimular el propósito de brindar solidaria ayuda al General Perón, a la vez de alejarme de un punto de conflicto, al ser denunciada el contacto que mantenía, el Licenciado Alemán convino realizar una edición del diario Novedades,que estaría dedicada a mostrar aspectos de la gestión de gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, presidente de Venezuela. La idea había sido propuesta por la agencia Inter Prensa, por lo que me encomendaron supervisar las gestiones iniciales. Para cumplir ese fin, fui comisionado a viajar a Caracas. Así podía ser disimulado mi paso por Panamá y mantener la entrevista con Perón en la breve escala que obligadamente debía realizar para conectar vuelo a Venezuela.

                    Ese proyecto ocultaba el verdadero propósito de mi misión, que era llevar el ofrecimiento de solidaridad del Licenciado Miguel Alemán, a su amigo Perón, de quien era ferviente admirador. Las gestiones oficiales se iniciaron de inmediato, contando con la coopración del embajador Angarita Arévalo, que agilizó los trámites y visados, para mi traslado, lo que permitió pudiera llevar sin crear sospecha, la correspondencia personal del Alemán, junto a una copia del informe producido por la inteligencia yanqui, que recibiera el gobierno mexicano, que detallaba posibles atentados que sufriría el General en Panamá.

                    En su carta, el licenciado Alemán invitaba al General Perón para que se trasladara a México, poniendo a su disposición una finca en la ciudad de Cuernavaca, ofreciéndole también ayuda económica pecuniaria para cubrir todos sus gastos, dado que sabía que sus recursos se encontraban muy limitados, y no eran suficientes enfrentar un largo exilio.

                    El 16 de noviembre de 1955, tomé el vuelo regular de Pan American, llegando por la tarde a Tocumen, donde días antes había aterrizado el avión de la presidencia de Paraguay, que trasladó al General desde Asunción.

                    Bien descendí, ajustándome a las instrucciones dadas por el licenciado Alemán, me trasladé a Panamá, instalándome  en el Panamá Hilton. Luego de registrarme, fui a mi habitación, reservada por el diario desde México.

                    Todo había sido planificado en detalles, recibiendo a poco de llegar un llamado telefónico, en el cual, el ingeniero Pascali me transmitía el saludo de bienvenida del General, invitándome para que a la mañana siguiente concurriera al Hotel Washington para desayunar y conversar con él. Un ayudante militar del Licenciado Alemán, había comunicado mi viaje, adelantando las razones de mi visita.

                    El clima panameño a esa altura del año resulta insoportable para quiénes no están acostumbrados al trópico. Amaneciendo, dejé el hotel y salí hacia mi destino. Un automovil de sitio me llevó hasta la ciudad de Colón, recorriendo los ochenta kilómetros de carretera bajo una torrencial tormenta, propia del “invierno panameño”.

                    Durante el trayecto, el conductor del auto, no hizo más que elogiar al ilustre huesped argentino, tratando de averiguar razones de mi viaje a Colón, ya que descubrió nuestro característico acento al hablar.

                    Si en su momento me llamó la atención el interés expuesto por el chófer, al comentarlo durante el desayuno con Perón, pude enterarme sobre la importante tarea que desarrollaban esos trabajadores panameños, para brindarle cobertura de  seguridad.

                    Un edificio que a principios de siglo fue un lujoso hotel donde se hospedaron las más importantes personalidades del mundo, llegados al lugar movidos por el deseo de ver la colosal obra de ingeniería que es el canal que une a los océanos Atlántico y Pacífico, mostraba las huellas del tiempo, como también del abandono que sufrió tras haber sido usado como alojamiento para soldados que marcharon hacia Europa durante la segunda guerra mundial.

                    Un agente de la Guardia Nacional, única fuerza de seguridad que tenía Panamá, me aguardaba en el lobby del hotel. Era un moreno, alto y delgado, que vestía pantalón y camisa blanca, siendo su tarea la de custodiar al ex Presidente.

                    Subimos al primer piso. A pocos metros de la escalera, se hallaba la "lujosa suite" que ocupaba el General, y que era publicitada por la mala prensa mundial como muy lujosa. La puerta, despintada, de madera, era como las que suelen mostrar los hospedajes baratos en películas de aventuras, y por cuyas hendijas se descondensaba un poco la humedad del aire.

                    En cuanto escuchó nuestra voz, Perón abrió la puerta. Tras confundirnos en un fuerte abrazo, me invitó para que lo acompañara a la sala que utilizaba como comedor y lugar de trabajo.

                     Dos destartalados sillones y una mesa en iguales condiciones, que utilizaba como escritorio, era - junto con una mesa ratona sobre la que había colocado un viejo  calentador eléctrico -el moblaje de su despacho.

                    En uno de los lados, la puerta abierta mostraba una pequeña habitación, con una vieja cama de dos plazas, con  respaldar de caño de hierro, donde la descascarada pintura blanca mostraba el paso del tiempo.

                    Dos mesas de noche, sobre una de las cuales se encontraba una imagen de la Virgen de Luján junto a un retrato de Eva Perón, realizado por el artista Mezzadra, ambientaban la  "suite especial" que ocupaba quién, no obstante ser considerado el más grande estadista latinoamericano del siglo, era denostado por la jauría oligárquica, por el insensato propósito de haber sentado bases para construir una Nación soberana, en la cual, el pueblo, en su totalidad, sin distingo de credo, o raza, pudiera alcanzar su felicidad y bienestar, despetando su condición de ser humano.

                    Un viejo abanico -  como lo llaman los panameños al ventilador de techo -  giraba lentamente, dando un poco de fresco al pesado ambiente.  Las puertas del balcón, abiertas de par en par, dejaban ver el paisaje tropical, verde brillante, junto a los cursos de agua de los que emergía una nube de vapor que nos envolvía.

                    Perón, vistiendo pantalón y camisa blanca, se encontraba ahí. Lejos físicamente de la patria, pero con el pensamiento puesto en los millones de argentinos, que no tuvieron el  coraje o no supieron cómo defender a su líder. Traicionado por aquellos a quienes creía leales amigos, colaboradores y dirigentes. Burlado igualmente por sus camaradas, que rompiendo juramento de lealtad, pusieron las armas a disposición de los enemigos de la Nación, comenzaba a reaccionar con el fin de recobrar derechos y conquistas para su Pueblo, buscando en un camino de lucha que se prolongaría por muchos años, la recuperación hasta hoy no alcanzada, del honor y dignidad nacionales.

                    Perón, se encontraba solo. En esos días contaba únicamente con esporádicas visitas del que fuera embajador de su gobierno ante Panamá, el doctor Pascali, además de la presencia de Vitorio Radeglia, un sujeto de pésimos antecedentes,que se había colado en el avión que lo llevó al exilio a Panamá, y que le fuera presentado por el mayor Cialcetta, uno de sus ayudantes en la Presidencia de la Nación.

                    Radeglia, se supo luego,-aunque ya estaba alertado el General-  era agente de los servicios argentinos, que como  otros mercenarios, vendía información a la recién nacida CIA de los Estados Unidos y a la KGB comunista. Su misión era mantener informados sobre las visitas y correspondencia que recibía el General, ejerciendo control sobre sus movimientos. Comprobada su dualidad, agentes de la FBI, que también vigilaban al derrocado mandatario argentino, lo denunciaron.

                    Con la llegada de Isaac Gilaberte a Panamá, se pudo desprender del informante gorila, por lo que le encomendó una misión en Chile, que sabiendo sería derivada a los servicios argentinos, crearía preocupación en el gobierno. En Buenos Aires fue puesto a resguardo por sus protectores, quiénes lo utilizaron haciéndole decir barbaridades sobre el General y su conducta, reunión de prensa que contó con amplia cobertura mundial. Tras ser usado, fue liberado.Seguramente se deshicieron de él en algún lugar del mundo, consideraron que no  era conveniente mantenerlo.

                    Entregué al General la correspondencia que me había confiado el Lic. Miguel Alemán, como también  cartas del Lic. Portes Gil y del general Mariles. Tras la detenida lectura de las mismas, sus ojos trasuntaban la emoción al comprobar la solidaridad de verdaderos amigos.

                    Hizo un respiro. Levantó su vista, y me dijo:" Con ellos, mi trato fue circunstancial. Con Alemán, nació una amistad y un profundo afecto, cuando él me visitó en Buenos Aires. Es un auténtico revolucionario, que pensando en la grandeza de su México, proyectó obras que han dado impulso a la industria turística, fuente de importantes ingresos. El tiempo lo mostrará como uno de los grandes estadistas del siglo, que supo proyectar con sabiduría la grandeza de su país.  Supo imponer un estilo, propio de hombres de conducción. ¿Cómo no voy a reconocer a este amigo, que viéndome en desgracia, sabiendo que estoy preso de los gringos, despreciado por los traidores que llegaron a concretar este golpe que solamente sirve para condenar a décadas de sufrimiento a nuestro Pueblo y al desmembramiento de nuestra Patria, me ofrece todo su apoyo económico y solidaridad?....

                    ¿Cómo no he de emocionarme con las palabras de aliento que me hace llegar Portes Gil, otro auténtico soldado de la revolución mexicana, como también este mensaje de Mariles, un general de ese ejército de machos, que quizás sin la Academia de los cipayos, se pone a mis órdenes para servir a la causa de nuestro Movimiento?...

                    La sangre vertida por los mexicanos en su auténtica Revolución, es la que da fuerza a ese país, que con orgullo nacional, formó un ejército con hombres decididos y patriotas, acompañados por sus aguerridas y sacrificadas mujeres, con Generales que ganaron méritos, no en cómodos asientos de academias militares, sino bautizados en la lucha por el fuego de la metralla, como Villa, Zapata y tantos otros. Esos son los corajudos valientes que sentaron las bases para que los descendientes de los grandes jefes aztecas, mayas, zapotecas, razas que no destruyeron las civilizaciones bárbaras de los que nos decimos civilizados, sean hoy respetados y considerados en el mundo entero.

                    Ya les he de contestar a ellos. Ahora, tomemos un poco de café, y conversemos sobre presente y futuro."

                    Una importante cantidad de recortes periodísticos se acumulaban en la mesa. Todos contenían información sobre acontecimientos de  Argentina, como también comentarios de diarios de paises vecinos,  Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Chile. Don Geraldo Rocha, importante político, empresario y periodista brasileño, gran amigo del General, le hacía llegar ese material, dónde se evidenciaba la influencia de poderosos intereses aliados en el derrocamiento del gobierno constitucional presidido por Perón. Respondían al centro de poder formado por Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Soviética, las grandes potencias de postguerra.

                    " Sólo hace falta leer con cuidado todos estos comentarios y la información que reproducen, cuyo origen ya conocemos. Así  se podrá advertir qué clase de argentinos son los protagonistas de esta historia triste y dramática para nuestro país. Aquellos que desconocen los manejos de la prensa internacional, pueden comprobar sin embargo lo bastardo de estos" apóstoles de la democracia" que tanto declamaban libertad y derechos. Son los escribas a sueldo de los que se han adueñado del mundo, y  los propagandistas de un sistema que dice defender al hombre, y sólo busca dominarlo y someterlo a sus arbitrios.

                    Fácil hubiera sido para nuestro gobierno lograr el apoyo de esos mercaderes. Solamente era necesario pagarles por los halagos, por los elogios y mantenerlos dentro de un presupuesto. Pero ello hubiera significado ir contra nuestro firme propósito de promover lo auténticamente nacional y realizar obras que hoy son prueba evidente de que trabajamos para la felicidad y bienestar de las mayorías. El tiempo será testigo de la nefasta acción de esa especie de periodistas, que creyendo saberlo todo, se erigen como fiscales de  aquellos que hacen algo por su país y por su pueblo. Distorsionando la verdad a la medida de los intereses de sus patrones van creando una opinión equivocada y un sentir perverso que sirve a la destrucción de los valores reales.

                    Hace pocos días, el "coronel" Jules Dubois me hizo llegar un ofrecimiento de "darme prensa", para lo cual debía convenir un acuerdo económico con las agencias que representaba. Maldito sucio, servil de ese poder oculto, pensó que la difamación y el engaño eran  armas suficientes para hacerme renunciar a mi pasión argentina. No cabe duda de que sus patrones son los mismos que financiaron a los  que, deshonrando sus uniformes de soldados de la patria, indignos de ser llamados jefes u oficiales de las Fuerzas Armadas Argentinas, sirvieron a esa siniestra conjura que quedará en nuestra historia, como la hora oscura que condenó a la Argentina a una nueva era de esclavitud y sometimiento.

                    El tiempo será testigo de esta tragedia que le toca vivir a nuestro país, y transcurrirán varias décadas, más de lo que muchos puedan suponer, hasta que Argentina vuelva a ser esa Nación socialmente Justa, económicamente Libre y políticamente Soberana, que por un tiempo hicimos realidad. No  cabe duda que seremos testigos de horas de inmenso dolor y sufrimiento para nuestro Pueblo, cuyos derechos serán conculcados por camarillas que se irán sucediendo, con diferentes discursos y signos, pero que tras una falsa apariencia de democracia y honradez, serán los verdugos y saqueadores de la patria. Debo admitir que mal favor he hecho a los argentinos, ya que durante nuestro gobierno creamos condiciones para su felicidad, seguridad y bienestar. Mal favor fue el haber querido la autosuficiencia del país, levantando industrias, fomentando la capacitación de nuestros trabajadores, creando condiciones dignas para todas las familias, asegurando la salud y la vejez de millones de mujeres y hombres. Todos serán testigos del padecer de quiénes por la acción de estos mal llamados "demócratas", deambularán a corto plazo por calles y avenidas reclamando por sus derechos, ante una  sordera y soberbia criminal de los ocupantes de las estructuras de gobierno que impondrán los dictados de sus mandantes foráneos instalados en la gran metrópoli del norte.

                    Nadie puede ignorar el sentimiento de odio y revancha de esta oligarquía que desplazamos del poder en su momento, y que fue a pertrecharse en los buques de la armada inglesa para luego utilizar esas bombas en la masacre de nuestro pueblo indefenso. Allí los tiene a los Rojas, a los Zavala Ortiz, a los Alconada Aramburu, a los Lonardis, a los Quaranta, a los Imaz, a los Sanmartinos, a los Codovilla, a los Molinari, a los Ghioldi, y a toda esa vetusta comparsa integrando una llamada Junta Consultiva, que buscan botines en zapaterías y baratijas en las joyerías para exhibirlas como prenda de guerra, y decir que eran los millones robados para satisfacer frívolas apetencias personales. Poca cosa resultan ser esos individuos que buscan mediante la complicidad de otros carentes de sentir patrio, en el sensacionalismo de una prensa de mercachifles y oportunistas, argumentar contra  realidades palpables de una acción de gobierno que estuvo inspirada en el auténtico sentimiento de patria y pueblo.

                    Ahí están traidores de poca valía, tal el caso de Tessaire, un infame homosexual y drogadicto, que a cambio de sus dosis de coca y morfina, se ha convertido en el vocero de la difamación, el odio y la revancha. Ahí están las declaraciones de un pobre individuo, que acosado en su cobardía, como Mendé, sin dignidad alguna, acepta por su seguridad repetir los libretos del engaño y la mentira. Y ahí, entre todas esas declaraciones que reproducen diarios y revistas a toda página, están esos individuos que hasta ayer hacían cola ante mi despacho, buscando, no beneficios para sus representados, sino satisfacer sus mezquinas apetencias. Una dirigencia de ambiciosos carentes de toda moral, que adueñándose de instituciones y entidades de trabajadores, solamente buscaban mediante el engaño y la simulación, ingresar en una oligarquía de orangutanes que ni siquiera tenían o tienen el decoro de saber lavarse sus intimidades.

                    Debo señalar, que el futuro de nuestro país es incierto. No hay tiempo previsto para imaginar un despegue, ya que está sujeto a los dictados de quiénes se repartieron, con diferentes concepciones, el mundo. En la Argentina, que es cosmopolita, no hay un verdadero sentido de nacionalidad, ya que somos el resultado de inmigraciones que se asentaron en nuestro suelo, y no siempre llegaron los mejores. Al indio lo hemos destruído en nombre de una civilización superior, sin entender o esforzarse por hacerlo, que la misma arrastra siglos de frustraciones y errores. Y han sido nuestros mayores, los que nos han inculcado una superioridad de "color", que no condice con la sinceridad, lealtad y honorabilidad de los eternos perseguidos y dominados.

                    Ahí puede encontrar, entre tantos recortes, las "verdades de los yanquis", dignos hijos de ingleses, que en su farandulesco show que exportan a través de los medios de comunicación, hablan de democracia. Para ello se justifican a través de dos partidos de derecha que les permiten mantener un sistema ilusoriamente plutocrático y sostener esa simulación para engañar a tontos que tanto abundan en la política, o para estimular a los sinvergüenzas, que tampoco escasean en este mundo a contramano.

                    Como señalo en ese escrito que estoy esbozando, las plutocracias imperialistas, que ya no se animan a defender el sistema burgués, hacen incapie en la "democracia liberal" que fue su creadora, porque comprenden que, perimido el sistema, deben salvar por lo menos a su inventor como garantía de que en el futuro, pueda crear algo semejante que les permita continuar colonizando naciones y explotando a los pueblos con diferentes trucos, en los que no estarán ausentes  publicitadas alianzas para el progreso, radicaciones empresarias privadas, concesiones para adueñarse de las riquezas naturales, ofreciendo una supuesta ayuda técnica para concretar el despojo liso y llano mediante el engaño o la violencia si es preciso.

                    No pasará mucho tiempo, y el mundo, se verá sorprendido por la caída del comunismo. A ello habrán de contribuir los propios errores de quiénes se sucedan en su conducción, ya que no escaparán a la insensibilidad de la soberbia, que los impulsará al desprecio de las mayorías por ese unitarismo de los déspotas. A sus aliados de hoy en la repartija del mundo, también les preocupa tal posibilidad, pero ayudarán a destruir a los enemigos que en ellos se encarnan la infiltración de sujetos que, ganados por sus miserables pequeñeces, sean de grupo o personales, no trepidarán ante la traición para alcanzar metas inconfesables.

                    Y a la caída del comunismo, que podrá tardar algún tiempo, y que será provocada por la propia reacción de los pueblos cansados de ser víctimas de esas minorías enquistadas en el poder, sucederá, tras aparente pausa, la caída del capitalismo insensible y bastardo que alimentan las oligarquías esclavizadoras y prepotentes, que  dentro de su liviandad, desconocen el derecho del hombre a vivir en felicidad, bienestar y seguridad. Tanto los unos como los otros, son los condenados a desaparecer cuando sea realidad la hora de los pueblos, de la cual, hemos sido los promotores. Yo no alcanzaré a ver esta hermosa página, ya que pasarán muchos años, muchas décadas, antes de alcanzar esa realidad. Así, por el momento, mi preocupación será la de servir de orientación a nuestro pueblo al que le aguardan horas duras e inciertas, no sólo en este presente, sino en todo un período en el cual deberá estar alerta y luchar en defensa de sus derechos y conquistas."

                    Hicimos una pausa. La intensidad de la lluvia obligó a cerrar las puertas del balcón, volviendo sofocante el ambiente. Salimos al corredor, y caminando por él, tomándome del brazo, el General me dijo: " Mañana, mi estimado Landajo, estará en Caracas. Encontrará en ese país a algunos argentinos que han estado y están al servicio de  quiénes hoy se han adueñado del país. No se preocupe por defender lo nuestro, ya que no será prudente ni conveniente que lo haga. No estamos en fuerza, ni condiciones para enfrentar a nuestros enemigos. Como usted lo puede comprobar, yo, que tenía tanto poder, estoy solo y abandonado. No hay tantos amigos como uno pudo suponer, y la lealtad de éstos, en no pocos casos, está sujeta a intereses. Tal como decía Disraeli, los amigos son circunstanciales; los intereses son permanentes.

                    Fieles. De todos aquéllos que juraron dar la vida por Perón, cuando llegó la hora de la verdad, me negaron. Mis generales no sólo no supieron cumplir con sus deberes para con la Patria, sino que fueron los que rápidamente negociaron una renuncia que no existió, pero los llevó a ello su cobardía, y el propósito de asegurar el futuro personal, de sus mujeres y queridas. De cuantos me rodeaban y conformaban ese círculo íntimo, Atilio Renzi se alzó con el santo y la limosna; Renner, simulador al extremo, fue quien me anunció la posibilidad que me iban a asesinar, como también la claudicación de los mandos militares. Luego desapareció, hasta el momento de subir al auto del embajador para llevarme a la cañonera; solamente hubo uno, Isaac Gilaberte.

    Entró a mi dormitorio, mientras preparaba mi valija. Me solicitó le hiciera un favor. Supuse que iba a pedir que lo librara de compromisos o problemas que podrían surgir ya que había sido  un colaborador de muchos años. ¿ Cuál fue el favor solicitado?... Que le permitiera acompañarme al exilio, continuando como chofer, sirviente o guardaespaldas, simplemente para cumplir con su sentimiento de lealtad, afecto y  amistad. A él lo estoy  aguardando aquí, en Colón, es un  hombre de trabajo y del Pueblo.  Mi chófer cuando estaba en el Ejército, y luego con Eva y conmigo, a partir de la jornada histórica del 17 de octubre.

                    Durante esa  caminata muchos fueron los temas abordados. Se interesó por conocer aspectos de mi vida, mis actividades en México, como también algo que me conmovió: recordar aquellas ocasiones en que, acompañando al General Pedro Pablo Ramírez, luego presidente de la República tras la Revolución del 43, visitaba el consultorio de mi padre que era su odontólogo.

                    Quería conocer un poco más sobre México y su Revolución, dado que sentía una especial admiración por el auténtico sentimiento patriótico de los mexicanos, y el coraje de ese Pueblo que fue un real protagonista de una página en la que escribió el firme deseo de las masas populares de ser protagonistas en la lucha por la liberación.

                    Regresamos a la habitación. La lluvia había cesado. Las puertas del balcón fueron abiertas, y en la cálida brisa que entraba, se encontró un respiro.

                    Habían alistado la mesa en la que almorzaríamos. Un mantel, dos platos, los vasos con su jarra de agua, y una fuente con presas de pollo horneadas, acompañadas por una ensalada. En otra fuente, fruta de estación, y una panera con algunas rodajas de pan.

                    Nos sentamos, y tras servirme la presa que me permití elegir, una pechuga, comenzamos a comer y compartir un diálogo del cual no estaba ausente la actualidad y futuro de nuestro país.

                    Sobre el final, luego de levantarse a poner agua en el calentador donde iba a preparar el café, hizo una serie de reflexiones que guardo como las confidencias que se hacen a un amigo o a un sacerdote en el momento de la confesión.

                    "La vida, dijo, nos muestra sus diferentes caras a cada instante. La soledad en el hombre es una constante, ya que uno mismo es el hacedor del  propio destino. Cuando en torno a uno se crean cortinas o cercos que nos apartan o alejan de la realidad, lo que en nuestra condición humana aceptamos y, quizás algunas veces nos resultan agradables o cómodas, pero contribuyen a hacernos cometer errores y afectan nuestra conductas hacia nuestros  semejantes. En estos momentos, han caído esos muros que me ocultaban una dolorosa realidad que negaban muchos de los simuladores y traidores que usufructuaban mi confianza, pero de la que eran los arquitectos y beneficiados, lo que me ha hecho entender lo amargo y duro de esta soledad que, puede estar seguro, he vivido y vivo.

                    He acumulado a lo largo de la vida muchos errores. Si así no hubiera sido, la perfección de Dios, que es única, la hubiera alcanzado. Pero los mismos no han sido cometidos con mala fe, dado que siempre me ha movido el deseo de servir a mi Patria y a mi Pueblo. Intenté y he tratado de estudiar. He procurado volcar esos conocimientos en experiencias que me inculcaron desde chico que si bien se modificaron al llevarme a la vida militar, estaban inspiradas en mis deseos juveniles de ser médico. Esa profesión que tuviera en mi abuelo un ejemplo de vida, ya que los médicos con auténtica vocación, son verdaderos discípulos de Cristo, que no sólo buscan llevar alivio al alma, sino atenuar el sufrimiento del hombre.

                    Mi primera esposa, que era de su barrio de niño, Flores,  estudió en el Colegio de Nuestra Señora de la Misericordia. Fue una cariñosa y fiel compañera, que se mantiene viva en mi recuerdo con un profundo cariño, Me impulsó y apoyó hasta que la muerte la llevó. Muchas veces  rezongaba, porque con bondad infinita se desvivía, al igual que Evita, por todos aquéllos que sufrían injusticias de la vida.

                    Esto, que le cuento, es algo que llevo dentro de mi cansado corazón, dado que uno es esclavo de recuerdos, mucho más estando en esta soledad que me tiene prisionero."

                    Tras servir el café, pudo desahogarse disimulando el cansancio que produce la traición y la supuesta derrota. Luego continuó:

                    "Tras el tiempo en que busqué aturdirme en los libros, en las investigaciones, en los estudios, como también en actividades sociales y deportivas, tanto en mis destinos como militar en el exterior o en el país, en aquella desgraciada situación vivida por los sanjuaninos, tuve oportunidad de conocer a Evita. Fue otra hermosa página en mi vida. Desde el primer momento hubo una comunión de amor entre nosotros, y su entusiasmo y su fervor por la justicia hacia los desamparados y abandonados, nos unió en una lucha que fue la llama en la cual ella consumió su frágil existencia.

                    Analizando este momento, sé que la situación que sufrimos todos, porque no solamente yo he caído, hubiera podido evitarse si a mi lado hubiera estado ella. En una mano, y esto téngalo como una reflexión de la conversación con un amigo, hay cinco dedos. Por experiencia puedo señalarle, que si cada uno de ellos fuera una persona en la cual tuviera que confiar para algo importante, sincero y leal en su vida, más de uno habría de sobrar".

                    Su voz denotaba cansancio, angustia y amargura. Era el hombre solitario, que habiendo tenido todo, habiendo igualmente dado todo por un ideal, estaba allí abandonado en un viejo hotel de la ciudad de Colón librado a su suerte. Era el ídolo caído. El que conoció el halago y fervor de las multitudes que luego le dieron la espalda para difamarlo, maldecirlo o ignorarlo.

                    Las paredes blancas, manchadas por la humedad. El viejo ventilador de techo, dando vueltas lentamente. Muebles de mimbre de un blanco amarillento que denotaba el paso del tiempo. La cama de caño, con su colcha de algodón que mostraba, no obstante el cuidado que ponía en mantenerla pulcra, con  años de uso. Un vaso de grueso vidrio y un botellón de agua, junto al viejo velador con pantalla desteñida sobre una primitiva mesa de luz, era el telón de fondo para ese guerrero arrojado a las fieras, que con motivos suficientes para renunciar a toda lucha futura,  guardaba fuerzas para reiniciar una pelea contra todos aquellos individuos que siendo parte activa o silenciosa de bastardos y mezquinos intereses,  aplaudían la entrega de la Patria y el sometimiento de millones de hombres y mujeres que desorientados y quizás decepcionados por el accionar de traidores y simuladores que se mostraban como leales soldados de la causa común,  defeccionaron.

                    Al despedirme, me preguntó:

                    ¿Que piensa hacer en el futuro?....

                    Seguir luchando, General, fue mi respuesta. ¿A que viene esa pregunta?...

                    Hizo un silencio. Apoyando la mano sobre mi hombro, me respondió:

                    La nuestra es una lucha que todos vamos a enfrentar, y sólo el tiempo nos dirá de sus resultados.

                    Lamentablemente, Usted estará en México, y yo, aquí... Si tuviera medios, le ofreceria, si es que le conviniera, que venga a estos lados ya que compartiríamos el ansia  y la lucha para recuperar para nuestro país y su gente, lo que le han robado. Pero no estoy en condiciones ni puedo pedirle que se sume a este sacrificio y a este trabajo...

                    Lo escuché en silencio.Con la seguridad que tomaba nuevo rumbo en mi destino, al apretar su mano en señal de despedida, le aseguré:

                    Mi General: Hace pocos meses perdí a mi padre que era luchador como Usted. Me hubiera gustado  poder estar a su lado en esos momentos finales de la vida y darle fuerza y coraje para continuar viviendo. Pese a su enfermedad,  ya que también, vivía con la idea de imponer la Justicia y el Respeto como  principal derecho del hombre, tal cual fue su prédica durante el gobierno. En estas horas hemos abierto nuestros corazones. Estamos identificados en un mismo sentimiento, y me ha honrado con esa confianza y esa sinceridad que raramente surge entre los seres humanos. Soy su soldado y quiero me considere como amigo, tal como lo manifestaba, cuando yo de purrete, lo escuchaba conversar con mi padre. Tras cumplir los compromisos que me han dado y con los que Usted también me ha encargado cumplir en Venezuela, México, Cuba y República Dominicana, regresaré a casa, iré al diario, y luego de explicar las razones al Licenciado Alemán, renunciaré para regresar a su lado, sin otro propósito de poder ser útil a nuestra Causa, pero, sobre todo para ser su colaborador, como lo he sido en estos años.

                    Un abrazo selló aquel compromiso. Un Perón que se encontraba  abandonado a su suerte, atacado y vilipendiado por muchos que le fueron adictos, y que en la difamación y la mentira descargaban sobre él responsabilidades para justificar la más infame de las conductas.  Entendí en aquel momento que en mi solidaridad y adhesión se expresaba la voluntad de millones de argentinos, que pudiendo estar en mi lugar, hubieran querido devolver a quién todo dio, la lealtad y el afecto que merecen únicamente los grandes Hombres.

                    El brazo en alto, era la señal de despedida de aquel encuentro del 16 de noviembre de 1955 en el viejo hotel Washington, de la ciudad de Colón, República de Panamá. Aquel encuentro fue el inicio de las principales horas que me tocó vivir, en las que cometí enormes errores, grandes equivocaciones, recibiendo justas o injustas críticas, que me honraron al hacerme blanco, al igual que los que son atacados por defender principios. Fui blanco de las difamaciones y ataques de los que, lejos de servir a principios sanos, se aferran a la infamia de los intrascendentes.


    SE INICIA LA LUCHA

     

                    Me encontraba en vuelo hacia Caracas. Existía dentro de mí una gran preocupación, considerando las responsabilidades que había asumido.

                    Un camino nuevo se presentaba. Recorrerlo habría de acarrearme numerosos inconvenientes, que me obligarían a enfrentar situaciones imprevistas, no siempre comprendidas y aceptadas por la gente. Estaba confundido, ya que no sabía como encarar los problemas que habrían de presentarse. Por un lado, el compromiso con el diario. Por el otro, la alternativa de sumarme a una lucha que sabía iba a  ser larga y peligrosa, debiendo anteponerla a todo, incluso a lo que fuera relación familiar. Pero, nadie escapa a su destino, como me había dicho Perón, y estimo que el mío marcaba el compartir  inconvenientes, amarguras y  satisfacciones que se alcanzan en toda lucha que se  adueña de uno, cuando el objetivo es la grandeza de la Patria y la felicidad del Pueblo.

                    En un plano secundario quedó mi compromiso con el diario NOVEDADES. Si bien entendía que tanto el licenciado Alemán como el señor O'Farril lo comprenderían - justificándome en todo lo que hiciera, dado que en el corazón llevaban encendido el fuego de la Revolución Mexicana, cuyo origen estaba en la rebelión de las mayorías populares en contra de las imposiciones de minorías oligárquicas y cipayas - no ignoraba que aparecerían otros que tras demostrar amistad, por intereses personales o de grupos, o en su afán de justificarse ante quiénes aparentemente ignoraban las actividades que iba a realizar al servicio del General, me atacarían salvajemente.

                    Rápidamente transcurrió el tiempo de vuelo. Cuando el avión  carreteaba por la pista hacia la estación terminal de Maiquetía, sentí temor y angustia. Abandoné el aeropuerto y me trasladé a Caracas, hospedándome en el viejo hotel El Nacional, donde  habían efectuado la reservación por indicación del embajador en México, Dr. Angarita Arévalo.

                    Este hotel, que luego fue demolido, estaba ubicado frente a las Torres en la zona de El Silencio, y era lugar obligado de reunión de los influyentes personajes de la política perezjimenista y de la "élite" empresaria caraqueña. No mostraba el lujo ni tenía las comodidades del famoso Tamanaco, pero era el centro de "relax" de ministros, militares, jefes políticos, banqueros, industriales y comerciantes, ya que en él se hospedaban  hermosas mujeres que contribuían a la distracción y a librar de preocupaciones a quienes vivían la euforia del despegue petrolero venezolano.

                    Los empresarios, tras las copas de rigor, en medio de sus fiestas trasnochadas, acordaban con los influyentes de turno las condiciones para ser los adjudicatarios de las grandes obras que hoy, pese a todo, marcan la época de progreso alcanzada durante la conducción del general Marcos Pérez Jiménez.

                    Fui alojado en una habitación en uno de los últimos pisos. No diré que me disgustó, ya que en esas alturas, los pasillos eran recorridos por  importantes personajes, con o sin uniforme, que me permitieron hacer amistades y me facilitaron luego  acceder a importantes informaciones. Además, todo aquello resultaba, entretenido, ya que uno podía ser testigo de la ridiculez de muchos funcionarios de gobierno y algunos poderosos, cuando se consideran dueños de la vida de todos por el  hecho de ocupar ocasionalmente cargos relevantes dentro del gobierno, o contar con las bendiciones de los que supuestamente hombres deben administrar seguridad, orden, justicia y la ley.

                    Luego de un reparador descanso, ya que las emociones y el viaje me habían agotado, a la mañana siguiente inicié mis actividades. Me comuniqué con el Embajador de México en Venezuela, quien llevaba algunas cartas de presentación, y con el cual convine una entrevista para horas después. No quedó en mi memoria su nombre, pero recuerdo que fue sumamente atento, poniendo a mi disposición apoyos para las gestiones que tuviera que realizar. Fue a él a quien entregué las cartas que me confiara el general Perón, las que estaban dirigidas al Lic. Alemán, al Lic. Portes Gil, a Don Rómulo y a Francisco Venegas Anguiano. Días más tarde salieron por valija diplomática llegando de manera segura a manos de sus destinatarios.

                    Durante esos días, mantuve encuentros con funcionarios del gobierno venezolano, especialmente con el encargado de prensa, de apellido Spineti Dini, quien me llevó a presencia del Canciller, el Lic. Arismendi y del vice ministro de Interior, señor Schlöeter. Pude realizar algunas notas, que envié al diario, pero el apoyo publicitario que se pretendía se fue demorando, debido a que en esos días, como reflejo de lo acontecido en la Argentina, la prensa dependiente de la Sociedad Interamericana de Prensa en el Continente, desató una campaña contra los gobiernos de Venezuela, Paraguay, República Dominicana, Haití, Nicaragua, Honduras, Bolivia y Chile, la cual era parte del plan tendiente a generar una  reacción generalizada contra  gobernantes qué osaban desoir a los que se han considerado y consideran dueños del mundo.

                    Críticas feroces formuladas por la prensa mercenaria donde promueven a los inescrupulosos "apóstoles" defensores de la democracia y el derecho de las mayorías, hacían casi imposible  justificar las llamadas ediciones especiales, que como medio económico utilizan para mantenerse, pero que no pueden disimular que son el resultado de una extorsión. Además, de que valen esas apreciaciones compradas, si ellas no pueden esconder la realidad de que muchos pueblos sufren, tanto por el sometimiento a los mandantes de turno, como a los intereses internacionales de los que se valen los dictadores o gobernantes sin principios de nacionalidad o de Pueblo.

                    Ante esas dificultades, si bien el diario me sostenía económicamente, dediqué mi tiempo y actividades a cumplir con el compromiso de luchar por la causa de mi Patria, de mi Pueblo y de Perón. Ya estaba todo decidido.

                    Así me avine a aceptar las  consecuencias, lo que muchos aprovecharon, para  atacarme.Todo es válido, me dijo Perón, cuando el esfuerzo y los medios se utilizan para contribuir al éxito de nuestra misión revolucionaria.

                    En el hotel, se hacían reuniones de las que participaban  figurones del momento, junto a una fauna compuesta por funcionarios de gobierno, diplomáticos, empresarios y "probos ciudadanos" que escapados de sus casas, frecuentaban a sus amiguitas. Allí también se hospedaban algunos artistas de fama, tal el caso de Charlo y Sabina Olmos de nuestro país, Tony Aguilar, de México, Olguita Guillot, de Cuba, junto a otros de menor renombre, que llegaban a la Meca del Oro Negro para ganar sus bolívares. Recuerdo, que entre otros, por aquellos días, se hospedó Leonardo Barujel, conocido representante de cantantes, de quién más adelante relataré una anécdota que lo tuvo como protagonista, la que me fue contada por el General Perón.

                    Obligado a silenciar toda relación con el General, por su propia directiva, en muchas oportunidades fui invitado a mesas donde despotricaban contra el "sangriento dictador depuesto",  que contaban con la presencia de algunos venezolanos y a las que asistían hombres de la embajada argentina. En ellas alternaban  algunos militares que huyendo de la Argentina en junio del 55 luego del fracasado golpe, habían elegido este país como seguro y cómodo refugio.  En esas mesas pude conocer y escuchar a individuos, todos furiosamente antiperonistas. Junto a periodistas del diario EL NACIONAL, cuyo propietario era el comunista Otero Silva,(protegido de la embajada yanqui y representante de las revistas Time y Life), estaba De Armas, ex-socio de Miguel Angel Capriles, Monseñor Chapellín, un sacerdote que tras colgar sus hábitos en la sacristía concurría al centro nocturno donde conspiraba contra Pérez Jiménez. Comentaban junto a agentes enviados por los usurpadores del gobierno en Argentina, sus planes destinados a eliminar físicamente a Perón en su refugio panameño.

                    Las chicas se hicieron amigas mías, y me facilitaban algunas "confidencias" de sus circunstanciales amigos argentinos, los cuales en sus espasmos amorosos y divagaciones alcoholicas descubrían sus andanzas y propósitos.

                    Mientras todo esto acontecía en Caracas, el general Perón debía afrontar una serie de problemas y dificultades en Panamá. El Departamento de Estado por expreso pedido de sus "gerentes en la Argentina", lo acosaba permanentemente. A las dificultades se sumaba la falta de recursos económicos, ya que la "borrada" como se podría definir utilizando terminología de Casildo Herrera, era generalizada. Al respecto pude saber tiempo después, del propio General, que algún dinero que de Argentina le fuera enviado a través del sobrino político Cialcetta - suma muy modesta - pasó de largo por Panamá, ya que éste justificó que se vio precisado a disponer  de esos fondos para poder llegar a México, donde se exilió con su esposa.

                    Sobre fines de diciembre, decidí viajar a México, haciendo escala en Panamá. Ese viaje estuvo motivado, no sólo por mi interés de saludar al General, sino para hacerle entrega de cierta documentación que recibí de Argentina, junto a la esquela que me entregara el general Lonardi, cuando, haciendo escala en La Guayra - tras haber sido desalojado del gobierno por Aramburu y Rojas -  viajaba hacia  Estados Unidos.

                    Esta entrevista, que se hizo a bordo del vapor que lo transportaba, fue posible utilizando para ello mi identificación como periodista del diario NOVEDADES. No concurrí solo, entendiendo que debía contar con testigos, por lo que solicité a un matrimonio argentino, oriundo de Avellaneda, dedicados a  negocios inmobiliarios y a la venta de caballos de carrera, José Ibañez y señora, que me acompañaran. Debieron quedar en el muelle debido a que la custodia que le impusieran al autor de "sin vencedores, ni vencidos", no permitía los libres movimientos del "jefe revolucionario".

                    No hubo charla prolongada. Lonardi, manifestó que su finalidad patriótica había sido burlada por una camarilla de delincuentes, que, adueñados del poder, eran ejecutores del más siniestro programa de entrega de la soberanía y patrimonio nacional, no pudiendo ocultar que sus compañeros y camaradas de pocas semanas atrás, eran serviles ejecutores de las ordenes emanadas de las internacionales del dinero.

                    Consideré sincero a este militar de convicción nacional, por lo que, seguro de su reserva, le hice conocer mis actividades junto al General Perón, y le señalé que le informaría de esa entrevista. Me solicitó entonces le hiciera el favor de llevar una carta para quién fuera su enemigo. La entregué a su destinatario en mi paso por Panamá hacia México.

                    Cuando Lonardi me entregó el sobre, visiblemente emocionado,  dijo, mas o menos así:

                    "El general Perón sabrá perdonar. El, como yo, hemos sido traicionados por la misma conjura de individuos, que ocultando las verdaderas intenciones, serán responsables de días negros para la Patria y dolor para nuestro Pueblo. Dígale, que firmemente inspirado en mi sentir cristiano, ruego sepa perdonarme en mi equivocación y pecado."

                   

     

     

     

     

     

     

     

                    El General, haciendo referencia al cantor Charlo, comentó que en sus primeros días de exilio en Panamá se cruzó con éste. Al verlo se hizo el distraído no devolviendo siquiera el saludo que aquél le hiciera. Gilaberte, que luego se encontró con el representante, Leonardo Barujel, le reclamó una  explicación sobre la conducta del cantor a quien tanto ayudó el General, y por el cual guardaba particular estima.

                     Barujel, confesó que les resultaba muy peligroso saludar a Perón, ya que al regresar a Buenos Aires encontrarían muchas dificultades. Cuando Gilaberte se lo comentó a Perón, solamente respondió: Esta es una  evidencia de cómo está hecho el  hombre.

     

     

     

     

     

     

     

    ENFRENTANDO DIFICULTADES

     

                    De paso por Panamá,en diciembre de 1955 y de regreso a México, mantuve una entrevista con el General, quién me aguardaba en el domicilio de uno de los hermanos Ciniglio, propietarios de la cantina Hankow, donde solía almorzar o cenar circunstancialmente. En el aeropuerto me aguardaba Gilaberte, quién me llevó rápidamente a su encuentro.

                    Mientras tomábamos  café, dado que no había mucho tiempo ya que mi escala estaba condicionada, le hice entrega de los sobres que llevaba. Comentamos lo de Lonardi, y me hizo referencia a dificultades que se plantearon en Colón.

                    El grupo que acompañaba habitualmente a Perón estaba integrado por Gilaberte, su hombre de mayor confianza, y el ex embajador Pascali a quien, siendo  buena persona, su afición al alcohol lo convertía en algo peligroso. Además, su "pasión peronista" estaba más en lo anecdótico que en los hechos. Vitorio Radeglia, el doble agente que se infiltró ya no estaba con él.

                    Dentro del grupo panameño, algunos  se acercaron y trataron de ayudar al General. Eran el cubano Arnaldo "cabo" Parra, Aaron Abougamem, José Dominador Bazán, Eloy Alfaro y el Mayor Alemán. También lo frecuentaban algunos otros amigos, entre ellos un periodista, Fernández Domenech, de cuya hija, Eva Argentina había sido padrino, y los ex embajadores panameños en Argentina. También los licenciados Sergio González Ruiz y Rubén Dardo Carlés. Sus relaciones con funcionarios de gobierno eran circunstanciales, ya que estaban sometidos a grandes presiones por parte de los gobiernos de los Estados Unidos y de Argentina, los que presentaban continuos reclamos.

                    Uno de los problemas que afectaron a Perón en las primeras semanas durante su permanencia en Panamá, fue el de una señora norteaméricana, Eleanor Freeman, huésped del hotel Washington, con la que entabló  estrecha amistad y simpatía. Eleanor, le brindó importante apoyo en momentos en los que en su gran soledad sufría permanentes ataques de sus enemigos, al igual que el olvido de sus "juramentados amigos", que a fin de salvarse, negaron la amistad y buscaron en el chismerío  justificativos basados en el sensacionalismo del periodismo amarillo. La Gringuita, como la llamaba, fue ganando las simpatías de Perón, y con ella compartía muchos momentos. Su cultura era amplia, y comentaba temas generales, discutiendo aspectos de la historia de los Estados Unidos, y haciendo referencia a sus ocupaciones en la ciudad de Chicago, de donde era oriunda. En reiteradas oportunidades suspendió su regreso a la Unión, ya que estaba naciendo entre ellos una simpatía qué, de haberse consolidado, hubiera cambiado mucho la historia de nuestro país.

                                   La familia de Eleanor -posteriormente conocimos las razones-  fue presionada por funcionarios del Departamento de Estado y del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, para que hicieran una denuncia sobre el supuesto secuestro por parte Perón y sus guardaespaldas peronistas, lo que obligó a una intervención diplomática con lo que se logró que ella regresara a su lugar de residencia.

                    En el ínterin  se registraron varios intentos de asesinar a Perón, todos orquestados desde Argentina por los democráticos gorilas. Uno de ellos estaba conducido por Raúl Lamuraglia, quién llegó a Panamá en un avión privado, que fue intervenido ni bien aterrizó. Otros dos, fueron desbaratados por la Guardia Nacional, la cual era informada permanentemente de sospechosos argentinos que arribaban al aeropuerto de Tocumen, por los chóferes de los autos de alquiler que, simpatizantes de Perón, constituyeron una eficiente red de información y seguridad.

                    Habían llegado a Panamá varios argentinos, muchos de los cuales expresaban fidelidad incondicional al General. Si bien  la aceptaba, no ignoraba que a la mayoría de ellos los movía otras intenciones, no siempre referidas al sentir de la revolución que reclamaban necesaria.

                    Rodolfo Martínez, conocido como Martincho, fue un elemento de aristas oscuras y falladas, que en su momento sirvió a los propósitos esperados. No existían dudas sobre su conducta, pero en este aspecto nadie tiene la verdad absoluta y cada cual es dueño de lo que en justicia la conciencia le dicte. Perón solía repetir que aquellos que mal proceden, siempre caen víctimas de su mal procedimiento. Era astuto. Y esa astucia le permitió nuclear a algunos argentinos radicados en Venezuela,  que sin ser peronistas, o realizar actividades que merezcan ser destacadas, contituyeron un supuesto Comando de Exiliados en ese país, i para lo cual instaló una oficina para disfrazarla de agencia publicitaria, que operaba bajo la denominación comercial de  ROMPE.

                    Martincho, con conexiones en ambientes vinculados a la noche, que a esferas turfísticas, sirvió para difundir material periodístico que el propio General elaboraba, y que fuera publicado en revistas de Cuba, tal el caso de Bohemia y Carteles, y en las venezolanas ELITE Y  Venezuela Gráfica. Perón no ignoraba que esas colaboraciones eran pagadas a Martínez, y si bien el dinero era necesario,  como a él no le interesaba en demasía el dinero, permitía que Martincho las llevara a las redacciones, sumando recursos a los que conseguía de sus pupilas que ejercìan la prostitución. En conocimiento de todo esto, el General, como era su costumbre, daba soga. Sostenía, cuando se iba con la verdad sobre la conducta de determinados personajes que no vale la pena ni recordar, que "aquel que mal procede, cae víctima de su mal procedimiento".

                    Además, no ignoraba que antes de llegar a la composición en los talleres de las editoriales, el material era entregado a los agentes de la SIDE a través de la embajada, lo  que provocaba preocupaciones por temor al contenido. Esa fue la acción psicológica que se pudo desarrollar, cuando no se contaba con mayores medios para pagar a los mercaderes de la información.

                    Casi toda las cartas que Perón recibía en Panamá estaban controladas por el FBI, el cual entregaba toda la información  al gobierno argentino. A raíz de ello, se resolvió que la correspondencia muy confidencial o clasificada, fuera enviada en mano, como también haciendo posta en paises como México, Colombia y Ecuador. La que se recibía en la oficina de Colón,  llegaba a nombre de Carmen Bardales, empleada del correo, la que la rescataba antes de que intervinieran los agentes encargados del control por el FBI.

                    En esa corta entrevista, hice entrega al General de una serie de documentos que Don Geraldo Rocha, el multimillonario brasileño, periodista y político de gran prestigio, me había hecho llegar a Caracas, como también de una serie de regalos que amigos de Paraguay le enviaban con motivo de fin de año. Entre los documentos enviados por su amigo Don Geraldo, había una carpeta confidencial en la cual se incluía información donde se le hacia conocer que la SIDE había elaborado un plan de control sobre sus actividades, para lo cual tratarían de cercarlo con personas de aparente lealtad peronista, pero que respondían ciegamente a los gorilas.  La información coincidía con una que tamb