ALIMENTACIÓN del BEBÉ
Fuente: El Ojo
del Consumidor - ADELCO
El menú de
los pequeños: equívocos a la carta.
Los padres
primerizos saben por experiencia, que alrededor de su niño apenas recién
nacido, suelen formarse verdaderos conciliábulos y tertulias en las que abundan
los consejos, no siempre acertados. Poco después será el propio bebé quien
empiece a emitir sus juicios delante del plato o del vaso, y la situación
terminará por complicarse.
¿Cualquier
tiempo pasado, fue mejor?
A continuación
vamos a confrontar una serie de viejas ideas en circulación acerca de la
alimentación de los pequeños de hasta tres años, con los conocimientos
actuales. Se trata de una información general, que sirve para la mayoría de los
niños. Pero cuando sospechemos que existen realmente trastornos de alimentación
y no melindres, habrá que acudir al pediatra para lograr consejos
especializados. La dietética infantil ha evolucionado mucho en los últimos años
y a menudo hay un desfase con respecto a la sabiduría popular. No hace mucho,
por ejemplo, se decía que el recién nacido debía comer cada cuatro horas
justas, lo que obligaba a muchas madres a hacer oídos sordos los llantos de sus
hijos, esperando a que las manecillas del reloj dieran por fin la señal que
desencadenara el almuerzo. Veamos otras situaciones equívocas.
1. ¿Debe el
bebé pasar cuanto antes a las cuatro comidas diarias?
NO. El número
biberones no obedece a una regla universal, sino que varía de un niño a otro.
Algunos pueden tomarlos casi cada hora y otros cinco o seis veces; algunos no
pasan de los 50 ml en cada toma y otros se tragan el triple... Lo mejor es
seguirle el ritmo a bebé y no despertarlo nunca porque "ya es hora de que
coma". Si se salta una comida, no hay que preocuparse; comerá más en la siguiente.
En esta etapa el niño autorregula su alimentación, por ello no conviene
obligarlo a comer, sino acompañar su ritmo de consumo.
2. ¿Es
preferible amamantar al niño durante los primeros 4 ó 6 meses de vida?
Sí. La leche
materna contiene todos los elementos que garantizan el buen crecimiento del
recién nacido y poseen sustancias activas contra virus y bacterias, que harán
al pequeño más resistente frente a otras, afecciones respiratorias, etc.
Además, los niños criados a pecho, suelen ser menos sensibles a las alergias.
3. ¿Es mejor
emplear agua mineral para preparar los biberones?
DEPENDE. En
general, en las zonas de aguas muy duras o con presencia de pesticidas, etc.,
es preferible utilizar agua mineral, siempre que sea de mineralización baja o
muy baja, dato que debería poder consultarse en el etiquetado.
4. ¿Deben
calentarse los biberones exactamente a 37 ºC?
§
NO. Algunos niños
prefieren tomar la leche tibia. Tan sólo deben evitarse temperaturas excesivas,
para lo que basta con verter unas gotas de le sobre la piel de la muñeca. En
cualquier caso, más vale conservar un biberón caliente en un termo, porque 37
ºC e precisamente la temperatura ideal para el desarrollo de bacterias, pasado
un cierto tiempo. Si por cuestiones de tiempo prepara usted todos los biberones
del día a la vez consérvelos siempre en la heladera y caliéntelos antes de la
toma.
S. ¿Es
preferible echar la leche en polvo en el agua ya caliente?
§
Sí. Aunque el bebé no
notará mucha diferencia entre los distintos métodos de preparación, es más
fácil disolver la leche en polvo tras haber calentado el agua, pues no se
formarán grumos. Además, si el polvo se lleva a ebullición junto con el agua,
las altas temperaturas podrían degradar ligeramente las proteínas de la leche.
Raramente esta recomendación figura en los envases de la leche en polvo.
6. ¿Pueden
calentarse los biberones en el microondas?
§
Sí. En principio no hay
ningún riesgo para el bebé. Pero, ¡ojo! : el microondas no siempre calienta de
manera uniforme o perceptible al contacto con el recipiente, así que lo que
parece tibio por fuera puede estar caliente por dentro. El resultado es que al
pediatra acuden muchos más niños con quemaduras en el paladar de lo que pudiera
pensarse. Es importante agitar bien el biberón para repartir el calor y
comprobar el resultado vertiendo un poco en la muñeca.
7. ¿La leche
desencadena diarreas en el niño?
§
NO. Este malentendido se
debe a que la leche puede agravar las diarreas ya existentes. En caso de
infección intestinal, la lactosa (el azúcar natural de la leche), es más
difícil de digerir y provoca hinchazón del vientre, gases y demás molestias. En
esos casos es mejor reemplazar la leche por una solución rehidratante, siempre
aconsejado por el pediatra.
8. ¿Hay que
sustituir lo antes posible la leche por el caldo, la papilla de frutas, etc.?.
§
NO. Hasta que el niño
cumpla 4 ó 6 meses, lo ideal es la leche materna pues contiene todos los
elementos necesarios (en particular, vitamina C y hierro), sin ser demasiado
ricas en proteínas o sodio. En cualquier caso, incluso cuando el niño ya come
papilla de frutas, no debe suprimirse el equivalente a medio litro de leche al
día, pues los lácteos son una fuente insustituible de calcio y proteínas de
gran valor.
9. ¿Es preciso
ampliar la dieta del bebé introduciendo de uno en uno los nuevos alimentos?
§
Sí. La mejor estrategia
cuando se empieza a diversificar la dieta M niño, es introducir pequeñas
cantidades de nuevos alimentos por separado, dejando pasar varios días entre
novedad y novedad; así es más fácil detectar qué alimento es el responsable de
eventuales alergias o reacciones inesperadas y el niño irá acostumbrándose
gradualmente a los distintos sabores. Empiece siempre por ofrecerle un pequeño
bocado. Si lo rechaza, no lo apure; déjelo para más adelante.
10. ¿Deben
cocerse las verduras del niño en agua salada?
§
NO. Aunque usted
encuentre sosa la comida del pequeño, éste no tiene porqué ser de la misma
opinión. Un exceso de sal sobrecargaría sus riñones aún frágiles, lo que en
casos extremos puede derivar en deshidratación, aparición de edemas, etc.
11.¿Pueden
emplearse hortalizas congeladas en lugar de frescas?
§
Sí. Su valor nutritivo
es similar. Sin embargo, hay que ser precavido con las verduras de lata o de
pote, porque suelen ser muy saladas; es mejor usarlas sólo en caso de necesidad
y probarlas primero.
12. En caso de
diarrea, ¿basta con darle al niño manzana rallada o zanahoria cocida?
§
NO. La pectina que
contienen esos alimentos cambiará el aspecto de las heces del pequeño, que
parecerán menos líquidas. Pero no solucionará el problema más importante: las
pérdidas de agua y sales minerales. Lo más indicado es utilizar una solución de
rehidratación, rica en sodio, potasio y glucosa, importantes para el correcto
funcionamiento del organismo, y continuar con una dieta suave (papillas de
arroz, etc.).
13. ¿Cuando el
bebé está estreñido, hay que administrarle medicamentos o infusiones laxantes?
§
NO. En estos casos es
preferible adaptar la dieta, aumentando la proporción de fibra: más puré de
frutas y verduras e incluso una cucharadita de salvado mezclada con la comida.
Si el niño ya ha cumplido un año, se puede añadir a los ingredientes de la
papilla un puñado de legumbres (preferentemente lentejas). En cualquier caso,
es imprescindible que el niño beba mucha agua para agilizar el tránsito
intestinal, y no administrarle medicamentos laxantes sin el consejo del
pediatra, al que habrá que acudir si el estreñimiento no se pasa en dos o tres
días. Si su problema son los gases, dele una tisana casera; las infusiones
instantáneas suelen tener mucho azúcar.
14. ¿Son las
zanahorias y espinacas las únicas verduras apropiadas?
§
NO. Las zanahorias son
populares por su sabor dulce y su alto contenido en vitamina A, mientras que
las espinacas se benefician de su imagen de verdura rica en hierro (gracias,
Popeye). Pero hay que saber que esas verduras pueden tener un alto contenido en
nitratos, por lo que conviene cocerlas en agua y desechar el caldo de cocción.
Para el puré, más vale utilizar hortalizas pobres en nitratos: papa, batata,
zapallo, calabaza, tomates, etc. Puerros, pepino o incluso verduras de sabores
muy característicos como el repollo, también son apropiados, a condición de
comenzar en pequeñas dosis y asegurarse que el niño las digiere bien.
15. ¿Es mejor
desterrar el cerdo de la dieta, por tratarse de una carne grasa?
§
NO. La carne de cerdo
tiene, a menudo, la reputación inmerecida de ser indigesta, lo que es falso. La
cantidad de grasa depende más que del animal, de la pieza escogida. Se
desaconsejan los embutidos porque son demasiado y ricos en grasa.
16. ¿La carne
roja es nutritiva que la de ave. ?. ¿El jugo de carne es
"fortalecedor"?
§
NO. Las aves y carnes
blancas contienen tantas proteínas, hierro y vitamina B como la carne roja
(ternera, por ejemplo). Pero el color rojo suele asociarse con una mayor
energía. En cuanto al jugo de carne, tan sólo contiene un 1% de sangre por un
99% de agua. Los elementos nutritivos
útiles se quedan en la carne durante la cocción, sin pasar al caldo.
17. ¿Puede sustituirse
carne por pescado a partir de los 5 ó 6 meses?.
§
SÍ. El pescado debería
figurar en el menú del niño con igual frecuencia que en el del adulto, dos
veces a la semana. Lo mejor es empezar por el pescado blanco y continuar, desde
los 18 meses, con el azul. El pescado se digiere mejor que la carne y contiene
muchas proteínas de gran valor y ácidos grasos poli insaturados, cuyo papel es
importante en el desarrollo del cerebro y de la retina. Esto no quiere decir
que haya que cebar al niño con aceite de hígado de bacalao: tiene demasiadas
vitaminas A y D, que en dosis altas, pueden dar problemas en el hígado y los
riñones. Sin embargo, no hay que dejar de lado atún, salmón, caballa, etc.,
pues son una excelente fuente de grasas de buen valor cualitativo. Sólo una
precaución: ¡cuidado con las espinas!
18. ¿Un huevo
es un alimento completo?
§
Sí, pero no antes de
tiempo, La leche materna es el único alimento que puede cubrir todas las
necesidades nutritivas del bebé al comienzo, desde que empieza a caminar, mientras
que, por ejemplo, el huevo carece de vitamina C. Sin embargo, las proteínas del
huevo siguen a las de la leche materna en la lista de las proteínas por
excelencia. Puesto que hay riesgo de alergia, es preferible esperar a los 10 6
12 meses para introducir huevo en la dieta y comenzar con la yema, dejando la
clara para más adelante (12 meses).
19. ¿Es buena
idea añadir un poco de aceite de girasol, oliva o maíz en la comida caliente?
§
Sí. Estas grasas son una
fuente ideal de ácidos grasos, necesarios sobre todo para el desarrollo del
cerebro. Su aporte disminuye a medida que la leche es reemplazada por alimentos
sólidos, así que es buena idea añadirlos en las papillas.
20. ¿Un queso
crema es tan nutritivo como un filete?
§
NO. Digan lo que digan
las campañas publicitarias al respecto, la coincidencia sólo se da a nivel de
proteínas. Los productos lácteos son, por Ej. pobres en hierro y ricos en
calcio, a la inversa que la carne.
21. ¿Debe
incluirse un bizcocho o galletita en la papilla de frutas?
§
DEPENDE. Antes, la leche
artificial era demasiado rica en proteínas y para reducir su presencia en la
dieta infantil, se aumentaba la cantidad de frutas; al ser éstas pobres en
calorías, se aplastaba una galleta en la papilla para aplacar el hambre del niño.
Sin embargo, ahora se puede complementar la papilla con un biberón de leche de
inicio o de crecimiento. Si además quiere aprovechar para añadir una galleta
(por ej., porque el niño come poco), escoja una que no tenga gluten para los
menores de 6 meses, a fin de no favorecer la aparición de la enfermedad celíaca
en los niños predispuestos a ella. Se puede agregar el gluten a partir de los
8-9 meses.
22. ¿Es
preferible un yogur o un trozo de queso a una papilla de fruta?
§
NO. Ambos productos son
necesarios y uno no sustituye al otro. La leche leda al pequeño las proteínas
que le hacen falta, así que si añadimos más productos lácteos y eliminamos la
fruta, caeremos en el exceso de proteínas que puede, entre otras cosas,
conducir a la obesidad. La compota tiene menos proteínas y es más apropiada.
Sólo si el niño bebe poca leche, el yogur y los quesos blancos tendrían
utilidad.
23. ¿El jugo
de frutas es la bebida más conveniente después de la leche?
§
NO. Los jugos de frutas
y las limonadas, están bastante azucarados y pueden desequilibrar la
alimentación. Lo mejor es diluirlos en agua y dárselos al niño sólo de vez en
cuando. El exceso puede conllevar problemas gastrointestinales, dolores
abdominales y diarrea crónica. Un estudio americano relaciona su consumo excesivo
(más de 350 ml diarios), con la obesidad o pequeña talla de los menores de 5
años.
24. ¿Los
dientes salen antes si se le da al niño un trozo de pan, fruta o zanahoria para
chupar?.
§
NO. A partir del primer
año puede comer una rebanada sin corteza que se deshará fácilmente con la
saliva. Para las “crudités” habrá que esperar hasta los tres años y
proporcionarle al niño trozos tan grandes que sólo pueda tomarlos con la mano y
chuparlos (si te caben enteros en la boca hay riesgo de atragantamiento). En
cualquier caso, no se aceleran la dentición, tan sólo se aliviará el dolor que
produce salida de los dientes.
25. ¿Cuando el
niño llora, está bien calmarlo con un chupete mojado en azúcar, miel o anís?
§
NO. El sabor dulce puede
consolar durante unos momentos al niño, pero no conviene que ingiera un exceso
de azúcar que, entre otras cosas, puede hacer aparecer caries en sus dientes de
leche. En cuanto al alcohol, aparte de ser rico en azúcar, es una sustancia que
el organismo de los niños metaboliza con mucha dificultad. Lo que parece una
simple gota, es una enormidad, especialmente para un bebé, cuyo peso será
aproximadamente diez veces menor al de un adulto.
26. ¿Un niño
gordito será forzosamente un adulto obeso?
§
NO. No hay ninguna razón
para creer que un bebé rollizo sea el precedente de un adulto grueso y no hay
que intentar ponerle a dieta para que adelgace. Únicamente si el niño se revela
anormalmente gordo para su edad, habrá que acudir al pediatra.
En boca
cerrada no entran papillas
Entre teoría y
práctica a veces hay mucho más de un paso. Por más que se empeñen en que el
bebé debe consumir medio litro de leche al día, éste puede mantener la boca
cerrada a cal y canto o escupir el biberón. Tacto, calma y sentido común son
las palabras clave: -El niño, como el adulto, tiene un apetito irregular, que
varía según el día, el estado de ánimo... No debe obligarlo sistemáticamente a
terminarse la comida cuando tuerce la cabeza demostrando que su estómago está
saciado. -Conviene darle ejemplo al niño para que no perciba como una
imposición lo que tan sólo son hábitos alimentarios correctos (no predique la
dieta sana comiendo mal). -Un niño no es un adulto en miniatura y tiene unas
necesidades particulares. Por eso, los padres no deben aplicarle sus fobias alimentarías
personales: supresión de las grasas, por ejemplo. -Desconfíe de los rumores de
su entorno y de prioridad a la opinión del pediatra, que es la persona más
indicada para resolver sus dudas. -Vaya cediéndole la iniciativa al niño cuando
le vea ansioso por manejar los cubiertos. Los ensayos dejarán un rastro de
puré, pero el pequeño se familiarizará con la comida "cara a cara".