El
anarquismo
es la doctrina política que se opone a cualquier jerarquía, tanto si se ha
consolidado por la tradición o el consenso como si se ha puesto de forma
coactiva.
Los
anarquistas creen que el mayor logro de la humanidad es la libertad del individuo
para poder expresarse y actuar sin que se lo impida ninguna forma de poder, sea
terrena o sobrenatural, por lo que es básico abatir todo tipo de
gobierno,
luchar contra toda religión o secta organizada, en cuanto que éstas representan
el desprecio de la autonomia de los hombres y la esclavitud economica. Combatir
al Estado se considera un objetivo revolucionario a corto plazo. La doctrina
anarquista impone para su acción una sola limitación: la prohibición de causar
perjuicio a otros seres humanos, y en el caso de que cualquier humano intente
hacer daño a otros, todos los individuos bienintencionados tienen derecho a
organizarse contra él.
El
anarquismo se consolidó definitivamente como doctrina política en el siglo XIX
con Proudhon y Mx Stirner. Sus ideas políticos – sociales fueron sistematizadas
por bakunin , Kropotkin y Malatesta hasta convertir al anarquismo en la
ideología de sectores muy importantes del proletariado.
Entre
1820 y 1852 transcurrieron los años centrales de la Argentina criolla,
caracterizados por un profundo enfrentamiento de los sectores políticos que
desencadenaron las luchas civiles por la organización de la República.
Al
desaparecer el objetivo común de la independencia, las divisiones internas se
profundizaron. La intolerancia, la militarización y la violencia se instalaron
en la sociedad. El principio de autoridad se debilitó. La anarquía se hizo
presente.
El
anarquismo estaba pasando en Europa por una etapa particularmente violenta, y
sus cultores difundieron en el Río de la Plata esas mismas estrategias. Había
diversas tendencias, desde las más extremas, que creían en las bombas como
argumento último contra la sociedad burguesa, hasta las que favorecían formas
menos agresivas.
El
Diario La Anarquía recomendaba a los trabajdadores no confiar en als simples
huelgas por mejores salarios, sino que decían que antes las leyes de excepción
y los fusiles de repetición no le queda otro remedio que recurris a la
dinamita. Toda esta corriente estaba en contra de la acción de los sindicatos,
porque consideraba que terminaban por integrarse al orden al que querían
combatir.
Otros
grupos anarquistas, en cambio, sin dejar de lado sus ideas, aceptaban actuar en
la organización sindical, y asumir las responsabilidades de representar los
intereses concretos de trabajadores cuyas convicciones ideaologicas eran muy
tenues, o que no tenias nada que ver con las utopias anarquicas.
El
periodico La Verdad decía que era enemigo de la propaganda dinamitera y gruesa,
que si bien puede ser buena para exaltar, en cambio, no convence a nadie, y lo
que deben buscar es convencidos y no exaltados.
Los
conflictos entre las diversas lineas de acción se evidenciaban sobre todo en
momentos de huelgas, en los que había que ponderar las estrategias alternativas,
sin dejarse llevar por la emotividad hacia una confrontación que podía ser
suicida.
El
periodico anarquista El Rebelde reconocía que, desgraciadamente la masa aún
debía ser manejada, porque se bamboleaba en la incertidumbre.
Demografía
No
existen censos generales para estimar la población en el período, pero la
información disponible señala un lento crecimiento, que se acelera hacia el fin
de la etapa.
La
zona más poblada se había desplazado del interior al Litoral, por el
crecimiento de Buenos Aires, donde se registraba el mayor aumento de la
población, en lo cual influía la entrada de extranjeros.
En
Buenos Aires predominaba la raza blanca y los mestizos en el interior. Los
indios seguían dominando la región pampeana y chaqueña. Los negros habían
disminuido en número; la esclavitud era una institución en vías de desaparecer.
Decadencia
de la ¨ gente decente ¨ y organización bipolar
La
clase decente, constituida por los sectores socialmente dominantes de las
ciudades (burguesía
comercial, funcionarios, profesionales) sufrió un proceso de empobrecimiento y
declinación como consecuencia de la guerra.
La
fortunas urbanas desaparecieron; el comercio exterior, principal fuente de
recursos, pasó a manos de los ingleses.
Los
empleos de la administración, el ejercito y la iglesia perdieron importancia y
seguridad; los sueldos, además de reducirse, dejaron de percibirse con
regularidad.
La
iglesia empobrecida debió afrontar planes de reformas que redujeron aún más su
patrimonio. La ordenes religiosas fueron las más perjudicadas, al disminuir sus
bienes y el número de sus integrantes.
Este
deterioro arrastró a los sectores medios
de las ciudades vinculados a ella. La organización de la sociedad quedó
reducida a los dueños de la tierra y las clases bajas rurales y urbanas.
La decadencia de la vida en
las ciudades se manifestó en la declinación de las actividades esencialmente
urbanas: el comercio, la educación, la administración pública, las artesanías.
Preponderancia de los hacendados
Los grupos urbanos que
reorientaron sus actividades hacia la ganadería lograron su recuperación
económica al restablecerse el orden de la sociedad. Los hacendados alcanzaron
los principales lugares en la escala social; en ellos recayó el orden político:
la mayoría de los gobernadores pertenecía a los sectores ganaderos o contaba
con su apoyo.
La inseguridad existente en
la campaña los impulsó a equipar milicias para defender sus propiedades los
ataques de indios o de lso robos de ganados; así sumaron la fuerza militar al
poder economico y político. Su autoridad se extendió a los otros sectores de la
sociedad rural (peones
y gauchos) sobre los que mantuvieron una autoridad paternalista.
El caudillismo
Desaparecido el orden
institucional establecido por el gobierno central (directorio) , el poder redayó en las autoridades del
orden local: los caudillos (hombres
dotados de condiciones para la conducción, que supieron atraer el apoyo
incondicional de las clases populares)
Considerados hombres
providenciales, ejercieron una autoridad autocritica y paternalista. No
aceptaban límites a su poder; aspiraban a obtener el bien de la comunidad. Casi
todos ellos pertenecían a las cleses altas de la sociedad. Formados en el
ejercito o la milicias, o poseedores de grandes propiedades y dueños de
considerable prestigio en las zonas rurales, eran verdaderos lideres en su
provincia.
Muchos de ellos no sólo
ejercieron influencia regional sino que se transformaron en figuras de
gravitación nacional.
Su autoridad fue reconocida
por los distintos sectores de la sociedad. Las clases altas encontraban en
ellos a los sostenedores del orden; las clases populares, en especial los
gauchos y peones, los consideraban defensores de sus intereses inmediatos y sus
formas de vida.
Militarización y violencia
La militarización se
expandió a toda la sociedad a través de las luchas civiles.
En cada región surgieron
milicias irregulares de caballería, llamadas montoneras, integradas por los
habitantes armados por su propia cuenta. Cercanas a los poderes locales, entraron
en la lucha convocadas por sus jefes, los caudillos. Con la prolongación de las
luchas, comenzó a sentirse el peso de su mantenimiento; cuando éste no era
posible, sus jefes toleraban el saqueo a las ciudades o las zonas rurales.
La violencia se extendió
considerablemente; el enfrentamiento de los partidos buscó la eliminación total
del enemigo. Se generalizaron los fusilamientos de los vencidos después de las
batallas. A la anarquía le siguió un orden basado en la fuerza y el miedo.
Conclusiones
La sociedad de los años
centrales en La Argentina criolla se caracterizó por la estructura bipolar
integrada por una clase alta minoritaria, dueña de la tierra y una numerosa
clase baja; sólo en Buenos Aires existía un limitado sector medio.
Una profunda división
política intensificó los enfrentameintos; la militarización y la violencia
alcanzaron mayores niveles que en el periodo anterior. Se justificó e impulsó
la organización d egobiernos fuertes, personalizados en los caudillos capaces
de restablecer el orden.
Las clases populares,
tuvieron cierto protagonismo.
Hacia el fin del periodo, al
disminuir los conflictos, la sociedad cansada de luchas requeria
transformaciones que pusieran fin a al violencia y el personalismo, dando lugar
a instituciones basada en una legislación que asegurase la paz y la libertad.
Bibliografía:
- Cristina Rins; María Felisa Winter, La
Argentina, una historia para pensar 1776 – 1996, Editorial Kapelusz
- Torcuato S Di Tella, Historia social de la
Argentina Contemporánea, Editorial Troquel.
- La razón 75 aniversario, historia viva.
- Ernesto Palacios, Historia de la Argentina
tomo II, Editorial
- Revisión
TRABAJO PRÁCTICO DE INTEGRACIÓN
ANARQUISMO EN LA ARGENTINA
Materia: Historia
Alumnos: Maximiliano Lucero, Ezequiel Saraleguy, Carolina
Sidders, Gabriela Snaidas