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HISTORIA
Prof. Ruben P. Cano
ANEXOS - Versión
año 2000
_____________________________________________________________Buenos
Aires, 13 de marzo de 2000
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Norma de trabajo
La totalidad de lo que aparece escrito
en cuerpo 12 tanto como lo escrito en cuerpo
10 es de lectura obligatoria
Anexo 0
Índice
Consideraciones previas
0-A El campo de la Historia y el de las
Ciencias Sociales
0-B "Lo Histórico" y "la
Historiografía"
0-B-0 La realidad histórica
0-B-0-0 Límites espaciales
0-B-0-1 Límites temporales
0-B-0-2 Límite de lo humano
0-B-1 La
investigación histórica
0-B-1-0 Los
límites del saber del lector
0-B-1-1 Los límites del saber del
historiador
0-B-1-1-0 Aparición de nuevas técnicas
0-B-1-1-1 El "olvido" de lo que se
sabe
0-B-1-1-2 Las especializaciones
0-B-1-1-3 La barrera del idioma
0-B-2 La "investigación" de los no especialistas
0-B-3 Los pasos de la investigación
0-B-3-0 Exposición final
0-B-4 Los "contenidos" en el bachillerato.
Falencias
yyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy
0-B-5 Resumen de los contenidos de Historia Universal
Prehistoria Paleolítico Inferior, Medio y
Superior. Neolítico. Edad de los Metales.
Historia Edad Antigua: En Asia. En África. En Europa. En América.
Edad Media: En Asia, En África. En Europa. En
América.
Edad Moderna: En Asia, En África. En Europa. En América.
E. Contemporánea: En Asia, En África. En Europa. En América.
yyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy
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DESARROLLO
Consideraciones previas
En algún momento de la vida profesional o de la vida estu- diantil
- una misma cosa, al cabo -
sucédenos que pase a re- sultarnos
atractivo, interesante, pertinente, oportuno, suges- tivo, adecuado,
satisfactorio, hasta imperativo, quizá acucian- te,hacer un alto para observar
y meditar acerca de lo que hemos venido
experimentando hasta ahora.
Eso es lo que plantea Descartes en su Discurso del Método, bien
que el referido llegará a
mayores extremos: insatisfecho de todo lo que había aprendido, esperó a terminar
sus estudios para pasar a borrar todo lo que sus maestros le habían
enseñado - ya cuestionables los mismos por el sim- ple hecho de que se
odiaran entre sí,dice - para pasar
luego a reconstruir el saber ab nihilo. Al menos es lo que pretenderá
hacer.
Aquí invito al lector, simplemente,
a meditar acerca de to- do lo que ha aprendido hasta el día de hoy, lo mucho y
bueno, y de cómo ha actuado para fijar lo ha aprendido.
Podría ensayar esta experiencia con
todas las materias,por cierto; aquí habremos de cogitar, conjuntamente, acerca de
nuestro metièr, la Historia y su área aledaña, nuestro dominio.
Dos aspectos habrá que considerar:
por un lado,la naturale- za del conocimiento histórico, por el otro, los contenidos
his- tóricos adquiridos hasta el presente.
Habremos de numerar los distintos
items a partir del 0, como correspon- de y no a partir del 1, como se estila.
Nuestro sistema numeral, mal llama- do arábigo, parte del 0, no del 1. Numerar
del 1 al 10, en cambio, proviene de nuestra tradición grecorromana; en otras
palabras, al sistema arábigo lo hemos asimilado a medias. En esto, como
en todo, cuando se adoptan creacio- nes
culturales superiores a las propias suele cargarse con el lastre de la
tradición y no es fácil desprenderse de él.
Claro,lo dicho lo aplicaremos en el
Anexo 0, donde hemos
"mayizado" la numeración; en los posteriores Anexos (1 a 4),
elaborados antes que ahora,ha- brá de
mantenerse el nomenclador en uso hasta el presente a fin de no cau- sar
confusión.
Otrosí digo.
Al final de este Anexo 0
hago un resumen de la Historia
Universal que sirva de repaso y para trabajar en lo nuestro es-pecífico.
¿Tiene un sentido esa Historia
Universal? Y si lo tiene, ¿cuál es? Se ha encargado de responder a ello
la Filosofía de la Historia, con resulta-
tados siempre harto magros. Actividad intelectual ociosa,en realidad, o por lo
menos, improductiva.
Se ha fracaso siempre cuando se
trata de darle un sentido a la Historia como totalidad, probablemente esté fuera del alcance de nuestra capacidad humana; las interpretaciones más contradictorias aparecen igualmente
váli- das o no válidas, sean las de Toynbee,Jaspers, Vico, Marx, Voltaire o
Spen- gler. Algo así como los creadores
de los mosaicos bizantinos que con los mismos mosaicos podían hacer las
más diversas obras de arte, la mayoría muy bellas, por cierto. La Ciencia, para
casi todos, es otra cosa.
Tal vez tenga razón aquí
Marrou cuando afirma que "solamente al final de la Historia se
conocerá la Historia".
Aquí se abordará el estudio global
con otro proyecto y con menores pretensiones. Ya advertía Ortega que "es
la Ciencia del más riguroso y actual presente",hasta podríamos agregar que
ri- guroso y actual futuro, por razones que se explican en otro lu- gar (13*).
A mí me parece, a mí me parece
claro,advierto "claro y dis- tintamente"[A,4,1] que si observamos
toda la Historia de la Hu- manidad a "escala pequeña" 10*, es decir
lo equivalente en car- tografía a un planisferio,resalta el Neolítico
como la gran re- volución: resaltan allí la aparición del Estado y la
revolución agrícola, entre otras. Y bien, al cabo de unos diez mil años se han
acumulado cambios y hasta progresos
tanto en materia agrí- cola cuanto como en materia de organización del
Estado;nada pa- recido a las
violentísimas variaciones que nos regala el momen- to actual.
Piénsese,como ejemplo de cambios
durante este proceso, en la enorme re- volución doctrinaria 9* que vino a significar la concepción genial
de Mon- tesquieu acerca de cómo organizar
de la mejor manera posible el gobierno (gobierno como parte visible del
Estado), en el siglo XVIII y la aplicación práctica 9* luego también y
lentamente, en casi todo el planeta.
Ocurre, estoy persuadido, que en la
última década del siglo XX se está manifestando una transformación del concepto de Es- tado de una envergadura tal
que no hay precedentes,por lo menos por la energía con que se está produciendo
dicha transformación y a la que debemos
estar atentos. En esto último el filósofo García Venturini fue un
verdadero profeta (Ante el Fin
de La Historia; también,atribuyéndole al autor tener dicho
pensamien- to "encapsulado"
en su Introducción a Jacques Maritain, Filoso-fía de la Historia). Examinaremos,
ocurre también, por lo menos desde el último cuarto del siglo XX, que se está
produciendo un cambio profundo y acelerado de las prácticas
agrícolas-ganaderas,particularmen- te en la última década.
Al respecto,no tengo dudas de que
estamos ingresando, esta- mos ya en una revolución de tal envergadura que desde
el Neolí-
tico no se tenía noticias de algo semejante.
Si hilamos fino observamos que
otros logros o creaciones del Neolítico están
ahora cambiando pero no de la misma manera
- el capital, por caso -
otros quizá se entén revirtiendo, como el sedentarismo. Quede librado al
esfuerzo y al empeño del lector el extenderse sobre estas otras facetas, de
desearlo.
Queda claro, pues, que Estado y
revolución agrícola-ganade- ra serán
los ejes sobre los que se habrá
de realizar nuestro estudio del presente.
Se me dirá que hay otra fabulosa
revolución en la Historia de Humanidad que estamos presenciando hoy y es la de
las comunicaciones.
No tiene simetría con el Neolítico,
quizá se desarrollaron más los pue- blos del Paleolítico.
Hay una razón de más peso:las comunicaciones son meramente
instrumenta- les en el acaecer humano, en "lo histórico",
pertenecen al dominio de las
"potencias" (Zubiri) 7*. Dominio y organización del espacio y de
la econo- mía y Estado, por su parte,
están sí inordinados en la Historia (lo
histó- rico).
Como trabajo especial, por ende,
estableceremos tomar algún aspecto de
uno de estos dos ítems y será trabajado como premo- nografía (Anexo IV).
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0-A El
campo de la Historia y el de las Ciencias Sociales
Se sabe que en la Escuela Secundaria se aprenden diversas
materias;cada una de ellas corresponde o debería corresponder a una
Ciencia.
La pretensión de la reforma educativa, actualmente en curso de ejecu- ción, de enseñar
"Ciencias Sociales", no parece instrumentable: lo que a nivel científico no ha sido resuelto
no es posible aplicar en el aula.
Los obstáculos, hasta ahora insalvables, de conformar lo que Braudel llamara "mercado común de las
Ciencias Sociales",no pueden ser superados por un ma- estro o profesor en
el curso,por muchas luces que tenga. Cuando se llegue a la realidad del aula
allí se verá la inaplicabilidad.Stephenson pasóse años buscando el movimiento
continuo, cuando cambió de libreto inventó el ferro- carril; algunos dicen que
no había perdido tiempo, puesto que el fracaso lo ayudó a ser tenaz. Sea.
Es verdad que hay puntos de
contacto entre Historia, Geografía y Civis- mo(Politología); lamentablemente
los aspectos de todas estas tres discipli-
nas sobre los que se hace hincapié son los menos cercanos a esos
"campos de indeferenciación", es decir, allí donde los contenidos,
las experiencias de todas tres ciencias toman contacto.
Cosa distinta es buscar el aporte
de otras Ciencias Sociales para ense- ñar Historia - así nos enriquecemos,
tanto en la investigación cuanto en el aula
- asumiendo eso sí la limitación,la responsabilidad de que el pro- fesor
o el investigador las conoce imperfectamente,o, lo que es peor,lo que sabe rara
vez,casi nunca, responde al estado actual de la ciencia abordada.
Por ello no hay más remedio que
incursionar en otras disciplinas "como explorador" - "suelo
pasar hasta a los propios campamentos enemigos, no co- mo tránsfuga,sino como
explorador",reflexionaba Séneca en su Epístola a Lu- cilio -
muniéndose al exponer, por ende, de abundantes quizaes.
Toda Ciencia tiene un objeto y
un método.
Las Ciencias Sociales tienen por objeto el hombre, ser so- cial,
o,mejor dicho, el comportamiento humano, el comportamien- to de ese ser social.
Este comportamiento es distinto al de los otros seres de naturaleza, ámbito de
estudio éste a su vez pro- pio de las Ciencias Naturales.
Tiempo, espacio y conducta parecen ser los elementos comu-
nes a todas las Ciencias Sociales. Aparece
claro que, por ejemplo, la Geografía
hace más hin- capié en el factor espacio,la Historia en el tiempo, aunque hay
que considerar además que cada quien investigador - se
dice que, en realidad, cada uno crea su
propio método dentro de su Ciencia -
ponderarán más una cosa u otra, a sabor.
La Argentina es un país de
desiertos,nos enseña en geógrafo Roccataglia ta (Roccatagliata, Juan A. La Argentina Geografía General y los Marcos Re-
gionales Buenos Aires,
Planeta, 1988). Ha sido insatisfactoriamente pobla- da, incluso las regiones
menos áridas: el medio geográfico ha
pesado enor- memente en su Historia pero pocos investigadores le han prestado
atención a esto.
Relación entre Historia y
Geografía. Área de indeferenciación, a menu- do. Un tema importante en el estudio de cualquier época es el de cuánto pudieron haber ayudado los
animales domesticados para el dominio
que sobre el espacio geográfico ejerce una comunidad cualquiera en un momento deter- minado de la historia.
A este punto se impone una aclaración. Como explico en el anexo 1,
"la primera operación intelectual legítima" - por predicar su importancia se fatigaron tanto aquel
grande sofista que se llamó Pródico de Ceos como lue- go también se fatigará
Sócrates - es la traducción, [A,2,1] en el nomen-
clador de la taxonomía de Bloom,
volcado del inglés como transferencia por algunos autores, como
Nérici.
Se impone de tal guisa en primer
lugar difinir qué se entiende por ani- mal domesticado: siguiendo a Thevenin, El origen de
los Animales Domésticos (Buenos Aires,Eudeba, varias ediciones, considérase
doméstico al animal que se reproduce en cautiverio.
Con todo, como el campo está viviendo una tal fabulosa revolución
que no se tiene memoria de algo semejante desde el Neolítico; dase el caso hoy de que se están sutilizando tanto
las técnicas que "se reproducen en cauti- verio" ejemplares de
animales que en otros tiempos se hubieran juzgado no controlables,
esto va desde el pacú hasta el pulpo.
Siempre me ha interesado plantear a
los estudiantes problemas para los que
no tengo solución. "Cuando no sé algo se lo pregunto a mis
estudiantes" decía aquel gran maestro que se llamó Antonio Jorge Pérez
Amuchástegui.Que- da, pues, a resolución de los estudiantes, o, mejor, deben
intentarlo, aun- que quienes tienen la obligación de redefinirnos la cosa son
los que se han especializado en ella, como es lógico. El tema, en sí, es
apasionante.
La vinculación entre
la Historia y la Politología, por su parte, es también muy fuerte.
Definida ésta como la Ciencia de las
instituciones, mejor dicho, de las instituciones en funcio- namiento (Vida Política, en la terminología de la escuela de Prelot), pongámosle luego a las instituciones el motor
temporal y ya estamos en la Historia.
Por supuesto, la Historia nunca perderá de vista ese indi- viduo,
único, con nombre y apellido, que asume "a su manera" siempre el rol que el juego
de las instituciones le tiene pre-
determinado; individuo único que para el politólogo estará fue- ra de su campo
de estudio.
Una cosa es San Martín capitán del ejército español, otra es pasajero de la
George Canning, otra es jefe del regimiento de
Granaderos, otra jefe del ejército del norte, otra, Gobernador de Cuyo,
otra, Protector del Perú, otra, simple ciudadano retirado de la vida política.
La persona, se sabe, será siempre la misma, los roles no, el
comporta- miento del personaje, en cada caso, depende, por
cierto, de lo que es él mismo pero también
depende de su rol, que necesariamente
debo conocer si quiero
comprender cada comportamiento ¿Se tiene esto claro en las narracio- nes escolares
siempre?
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0-B "Lo Histórico" y la Historiografía
La palabra Historia
en castellano, como en casi todas las lenguas modernas, quiere
decir dos cosas: acaecimiento y, tam- bién, conocimiento
de ese acaecimiento.
Los romanos distinguían, en cambio,
entre res gestae e historia rerum gestarum,o sea "las hazañas"
y la narración de dichas hazañas; paralelamen- te los griegos utilizaban ta
ellhnika e istoria
En castellano los eruditos hablan
entonces de historiografía para refe-
rirse a la narración, a la ciencia
que estudia el acaecer (la terminología fue creada en italiano por Croce)
y "lo histórico" (por lo menos lo hace su ideador, Luis Aznar)
La lengua es sabia y a la vez avara
y si ella no creó dos palabras dis- tintas es porque no se hace necesario: en
la exposición se nota claramente, casi siempre, a qué nos estamos
refiriendo cuando usamos la palabra histo- ria,
de ahí
que rara vez en la práctica se utilice la terminología creada por los
eruditos.
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0-B-0 La realidad histórica
Allí donde los hombres crearon
cultura, allí está el campo de estudio
del historiador. A eso lo llamamos la realidad his- tórica,
técnicamente, "lo histórico".
La convención establece que la Historia (lo
histórico) tie- ne como escenario todo
lo acaecido durante el período que se extiende desde que se inventó la
escritura hasta nuestros días, lo anterior es la Prehistoria.
El campo de la Prehistoria ha sido explorado
por los inves- tigadores muy
recientemente, hace poco más de ciento cincuenta años. Es la Antropología,
ciencia mucho más joven que la Histo- ria (Historiografía), la que se ha ocupado de indagar en este ámbito.
En
realidad, se trata de una división artificial. El campo de estudio es
todo uno.
Los antropólogos hoy se introducen
hasta en la Edad Media Europea y con sus técnicas arqueológicas incursionan en sus basureros y cementerios
para saber qué comían, cómo vivían,
cuán bien estaban alimentados. Antropólogos hay ya que usan sus afinadas técnicas
para estudiar la propia sociedad ac-
tual, superponiendo su campo de estudio al de la Sociología y superando a
esta Ciencia en muchos aspectos.
División un tanto arbitraria entre
Prehistoria
e Historia
es aquella que establece
como hito la invención de la escritu- ra.
Grandes avances,por cierto, en la historia de
la humanidad co- mo son la invención del lenguaje,el dominio de la producción
de fuego, la aparición del sentimiento religioso, la invención del arco y la
flecha, el logro de la supremacía sobre todas las es- pecies vivientes del
planeta, las ciudades, la domesticación de plantas y animales, la aparición
del Estado, del capital, del sistema
impositivo, del sedentarismo, del dintel,se produjeron antes de la
invención de la escritura y es harto discutible que ésta haya
tenido más importancia que todos
y cada uno de los avances anteriormente enunciados.
Ya Voltaire en el siglo XVIII
prestaba atención a este desmedro y decía que un tonto recitaba en latín
sentencias que no entendía y le daban el tí- tulo de doctor, mientras que nadie
honraba al que había inventado el reloj. Y mucho antes que Voltaire los
sofistas, un Protágoras, por ejemplo, ya va- loraban las manualidades.
No olvidemos que el historiador es un intelectual, la es- critura es su herramienta de
trabajo imprescindible y, tiende
- no debería ser así - a valorar
menos los avances que les son de lejano trato en su vida profesional.¿Cuánto
tiempo pasó has- ta que el historiador se decidió a valorizar - sin haberlo he- cho todavía como corresponde
- la invención del tornillo du-
rante el período alejandrino?
¿Cómo determinamos que el hombre ha
pasado a ser hombre -
campo de estudio de la historia - y
ha dejado de ser un ani- mal?¿Cómo se define claramente una cosa y la otra?
¿Cuál el ám- bito geográfico sobre el que va a establecer sus límites el
historiador cuando estudia? ¿Cuál
tiempo está dentro de su ju- risdicción?Son las preguntas a que habremos de
responder a con- tinuación.
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0-B-0-0 Límites espaciales
Los límites espaciales que debemos
abordar resultan claros: allí donde se han establecido comunidades humanas, ahí está el espacio que
debe estudiar el historiador.
Sin embargo, en la práctica,
determinarlo no es tan senci- llo. El Estado moderno tiene límites
precisos que señala en los mapas y amojona
en el terreno. Gran parte de la superficie del planeta está ocupada por
el hombre. Ese es un criterio europeo-occidental y bien de nuestros días y que
se ha expandido por todo el
mundo.
Es difícil determinar, en cambio,el
"territorio" de los nó- mades y, aun sin serlo, en el África al sud
del Sahara, donde a raíz de la casi inexistencia de humus la agricultura es itine- rante,los territorios ocupados
y sus límites son asimismo siem- pre difusos e imprecisos, tanto en lo que se refiere a la pro- piedad de la tierra
individual - concepción europea que les es extraña - cuanto en lo que
límite preciso entre los Esta- dos, por
poderosos que éstos hubieran podido llegar a ser y efectivamente lo fueron.
Las apariencias a veces engañan.
Inmensos desiertos que pa- recen vacíos ecuménicos tienen, en realidad,
vigorosas rutas de comunicación cuya importancia es en muchos casos
superior,desde el punto de vista
comercial, que la que se observa en territo- torios más generosos.
Tal el caso del Sahara: todavía en las primeras décadas del siglo pasa-
do (el lector no se habrá dejado influir por ficticias celebraciones y tie- ne
en claro que todavía, en el año 2000,
estoy escribiendo en el siglo XX) estaba
surcado por rutas comerciales enormemente más activas que las de la
feracísima Pampa Húmeda contemporánea.
El mar y el océano pueden también
representar "vacíos", pe- ro que a veces son aparentes. Siempre hay que leer con extre- mo cuidado la
Historia en el mapa.
Tal el caso del Pacífico, inmenso,
superior en tamaño a todos los con-
tinentes sumados,parece infranqueable: no lo fue en absoluto para los poli- nesios
que durante los últimos dos mil años, por lo menos, tejieron sutiles y
cambiantes vías de comunicación con sus
piraguas de balancín. El Medite- rráneo, por su parte, fuera de la
navegación costera, fue en su interior
y hasta el siglo XVIII de nuestra era, para los barcos, un "desierto"
induda- blemente menos franqueable que
el Sahara.
La relación constante con un medio
geográfico determinado puede llegar hasta a modificar somáticamente a los
hombres.
El hombre ocupa la superficie
terrestre, repito. En los úl- timos tiempos,empero, la situación se ha alterado
un tanto. Es que ha aparecido la tercera dimensión.