“ANTROPOLOGÍA,
SOCIAL, CULTURAL Y BIOLÓGICA”
DESCRIPCIÓN
TEMÁTICA DEL TRABAJO PRESENTADO:
La antropología estudia las personas,
sus herramientas y sus significados. La antropología cultural, una de las ramas
en que se divide esta ciencia, estudia otras culturas y pueblos con el objeto
de conocer y comparar las distintas formas de aprendizaje que existen en el
mundo. Los ritos, ceremonias universales, renuevan mitos mediante la
celebración de dramas cargados de símbolos. En la República Democrática del Congo
(antiguo Zaire), la tribu de los quba interpreta un rito de iniciación. La
máscara moshambwooy (situada a la izquierda), simboliza la realeza y sólo puede
ser utilizada por hombres de linaje Eliot
Elisofon/National Museum of African Art.
ÍNDICE:
- INTRODUCCIÓN
- HISTORIA
- ANTROPOLOGÍA FÍSICA
3.1
EVOLUCIÓN DEL HOMBRE
3.2
BIOLOGÍA HUMANA
3.3
ESTUDIOS DE LOS PRIMATES
- ANTROPOLOGÍA SOCIAL
4.1
PARENTESCO Y ORGANIZACIÓN SOCIAL
4.2
LA EVOLUCIÓN DE LOS SISTEMAS POLÍTICOS y SOCIALES
4.3
EL AUGE DE LAS NACIONES-ESTADO
4.4
DESARROLLO DE LOS SISTEMAS RELIGIOSOS
4.5
EVOLUCIÓN DE LA CULTURA
- MÉTODOS Y APLICACIONES
5.1
INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA
5.2
INVESTIGACIÓN SOCIAL Y CULTURAL
- TENDENCIAS ACTUALES
- A MODO DE CONCLUSIÓN
- BIBLIOGRAFÍA
1. INTRODUCCIÓN Antropología, estudio de los seres humanos desde una perspectiva biológica,
social y humanista. La antropología se divide en dos grandes campos: la
antropología física, que trata de la evolución biológica y la adaptación
fisiológica de los seres humanos, y la antropología social o cultural, que se
ocupa de las formas en que las personas viven en sociedad, es decir, las formas
de evolución de su lengua, cultura y costumbres.
La antropología es fundamentalmente
multicultural. Los primeros estudios antropológicos analizaban pueblos y
culturas no occidentales, pero su labor actual se centra, en gran medida, en
las modernas culturas occidentales (las aglomeraciones urbanas y la sociedad
industrial). Los antropólogos consideran primordial realizar trabajos de campo
y dan especial importancia a las experiencias de primera mano, participando en
las actividades, costumbres y tradiciones de la sociedad a estudiar.
2. HISTORIA
Desde tiempos remotos, viajeros,
historiadores y eruditos han estudiado y escrito sobre culturas de pueblos
lejanos. El historiador griego Herodoto describió las culturas de varios
pueblos del espacio geográfico conocido en su tiempo; interrogó a los
informantes clave, observó y analizó sus formas de vida —al igual que los
antropólogos modernos—, e informó sobre las diferencias existentes entre ellas,
en aspectos tan importantes como la organización familiar y las prácticas
religiosas. Mucho más tarde, el historiador romano Tácito, en su libro Germania
(hacia el 98 d.C.), reseñó el carácter, las costumbres y la distribución
geográfica de los pueblos germánicos.
En el siglo XIII, el aventurero italiano
Marco Polo viajó a través de China y otras zonas de Asia, aportando con sus
escritos una información muy amplia sobre los pueblos y costumbres del Lejano
Oriente.
Durante el siglo XV
se exploraron nuevos campos de conocimiento debido al descubrimiento por los
exploradores europeos de los diferentes pueblos y culturas del Nuevo Mundo,
África, el sur de Asia y los Mares del Sur, que dio como resultado la
introducción de ideas revolucionarias acerca de la historia cultural y
biológica de la humanidad.
A lo largo del siglo
XVIII, los estudiosos de la Ilustración francesa, como Anne Robert Jacques
Turgot y Jean Antoine Condorcet, comenzaron a elaborar teorías sobre la
evolución y el desarrollo de la civilización humana desde sus albores. Estos
planteamientos antropológicos y filosóficos chocaban con el relato bíblico de
la creación y con los dogmas teológicos que afirmaban que determinadas culturas
y pueblos no occidentales habían caído en desgracia divina y, por ello, habían
degenerado hacia una situación denominada peyorativamente ‘primitiva’.
El hallazgo de un
fósil en Neandertal (Alemania) en 1856 y los restos del hombre de Java (Homo
erectus) en la década de 1890, proporcionaron pruebas irrefutables del
larguísimo proceso de evolución del hombre. En la abadía Boucher de Perthes (véase
Jacques Boucher), en las proximidades de París, se descubrieron también
diversos utensilios de piedra que corroboraron que el proceso evolutivo de la
prehistoria humana tal vez se remontara a cientos de miles de años atrás. Desde
un principio, la arqueología se convirtió en una compañera inseparable de la
emergente disciplina antropológica.
La antropología
surgió como campo diferenciado de estudio a mediados del siglo pasado. En
Estados Unidos, el fundador de dicha disciplina fue Lewis Henry Morgan, quien
investigó en profundidad la organización social de la confederación iroquesa (véase
Confederación iroquesa). Morgan elaboró en su estudio La sociedad
primitiva (1877) una teoría general de la evolución cultural como
progresión gradual desde el estado salvaje hasta la barbarie (caracterizada por
la simple domesticación de animales y plantas) y la civilización (iniciada con
la invención del abecedario). En Europa, su fundador fue el erudito británico
Edward Burnett Tylor, quien construyó una teoría sobre la evolución del hombre
que prestaba especial atención a los orígenes de la religión. Tylor, Morgan y
sus contemporáneos resaltaron la racionalidad de las culturas humanas y
argumentaron que en todas las civilizaciones la cultura humana evoluciona hacia
formas más complejas y desarrolladas.
A mediados del siglo
XIX se crearon, además, importantes fundaciones de arqueología científica,
sobre todo a cargo de arqueólogos daneses del Museo Nacional de Antigüedades,
Septentrionales en Copenhague. A partir de unas excavaciones sistemáticas
llegaron a descubrir la evolución de los utensilios y herramientas durante la
edad de piedra, la edad del bronce y la edad del hierro. El fundador de la
escuela funcionalista de antropología, Bronislaw Malinowski, afirmaba que las
organizaciones humanas debían ser examinadas en el contexto de su cultura y fue
uno de los primeros antropólogos en convivir con los pueblos objeto de su
estudio, los habitantes de las islas Trobriand, cuya lengua y costumbres
aprendió para comprender la totalidad de su cultura.
La antropología
aplicada nació en el siglo XIX con organizaciones como la Sociedad Protectora
de los Aborígenes (1837) y la Sociedad Etnológica de París (1838). Estas
instituciones se preocuparon por despertar en Europa una conciencia contraria
al tráfico de esclavos y a la matanza de pueblos indígenas americanos y
australianos.
3. ANTROPOLOGÍA FÍSICA
La antropología física se ocupa
principalmente de la evolución del hombre, la biología humana y el estudio de
otros primates, aplicando métodos de trabajo utilizados en las ciencias
naturales.
3.1. Evolución
del hombre
Una de las ramas de la antropología
física tiene como objetivo reconstruir la línea evolutiva del hombre. En la
década de 1960 los paleoantropólogos Louis Seymour Bazett Leakey, su esposa
Mary Douglas Leakey y su hijo Richard Erskine Leakey encontraron una serie de
fósiles en la garganta de Olduvai, África oriental, que desencadenó una
revisión profunda de la evolución biológica de los seres humanos. Los restos
fósiles desenterrados a finales de 1970 y 1980 proporcionaron después pruebas
adicionales, en el sentido de que el género Homo coexistió en África
oriental con otras formas evolucionadas de hombre-simio conocidas como
australopitecinos hace más de 4 millones de años. Estos dos homínidos son al
parecer descendientes de un fósil etíope, el Australopithecus afarensis,
que tiene una antigüedad datada entre 3 y 3,7 millones de años —la famosa Lucy,
descubierta en 1974, es uno de los fósiles encontrados. Estos antiguos
antecesores del hombre tenían las piernas y el cuerpo adaptados para caminar
erguidos (véase Bipedación), lo cual dejaba sus manos libres para
manipular diversos utensilios. Más tarde, investigadores de la Universidad de
California descubrieron numerosos fósiles en la garganta de Olduvai, lo que
reforzó aún más la tesis de la irregularidad del proceso de evolución humana.
Este nuevo fósil tenía aproximadamente 1,8 millones de años de antigüedad,
presentaba huesos de los brazos y las piernas que confirmaban una locomoción
vertical relativamente evolucionada, pero su capacidad craneana reducida y
marcadas diferencias de estatura entre hombres y mujeres no diferían demasiado
de Lucy.
Algunos utensilios de piedra sin tallar,
hallados con ciertos fósiles de Homo en yacimientos del este de África,
demuestran que hace casi 3 millones de años ya eran capaces de fabricar
herramientas. Esta habilidad técnica contribuyó al aparente éxito evolutivo del
Homo habilis. En comparación con los australopitecinos vegetarianos, los
antecesores modernos de los seres humanos, tipo Homo habilis, parecen
haber evolucionado al incorporar la carne como parte esencial de su dieta
alimenticia, a juzgar por la disposición de los dientes y la utilización de
ciertas herramientas.
A medida que han ido
aumentando los descubrimientos de fósiles homínidos, al parecer fue en África,
y no en Asia, donde se produjo la primera hominización. Los fósiles de Homo
habilis apuntan hacia una criatura de unos 91 cm de estatura, con una
capacidad craneana de unos 600 cm3. Sin embargo, se han hallado en África oriental restos de una
especie mayor de Homo con capacidad craneana superior a los 800 cm3, de unos 1,5 millones de años de antigüedad. Este protohumano
mayor, denominado generalmente Homo erectus, se extendió desde África
hacia Europa y Asia hace aproximadamente un millón de años, y desarrolló una
gama más completa de herramientas.
Los restos más conocidos del Homo
erectus son el célebre hombre de Java, que antes se conocía técnicamente
como Pithecanthropus, así como el igualmente famoso hombre de Pekín, una
colección de componentes de esqueletos hallados en Zhoukoudian, cerca de Pekín
(China), y que en principio recibió el nombre de Sinanthropus pekinensis.
Ambos son mucho más recientes que los yacimientos que conforman el Homo
habilis de África oriental, y se remontan a 750.000 y 300.000 años. Los
fósiles del hombre de Pekín son especialmente interesantes, ya que el tamaño
del cerebro es incluso mayor que el de Java, con un promedio superior a los
1.050 cm3, y cuyo cráneo y
otros elementos óseos son ligeramente más modernos. También se han hallado
fósiles de Homo erectus en Europa y en África junto a numerosos
utensilios de piedra y otras herramientas, que prueban la existencia de una
sociedad de cazadores-recolectores muy básica. En Zhoukoudian, los arqueólogos
se encontraron con el testimonio más antiguo del uso del fuego por el hombre,
así como algunos indicios de canibalismo.
Hay antropólogos que
consideran como antepasados directos del hombre a los ejemplares de Neandertal
y a las docenas de fósiles emparentados; otros opinan que sólo son una
ramificación del Homo sapiens que se extinguió hace decenas de miles de
años. Se calcula que hace entre 100.000 y 35.000 años, los hombres de
Neandertal ya eran una población de cazadores-recolectores extendida por gran
parte de Europa y de Oriente Próximo; de constitución robusta y cejas espesas,
con capacidad craneana de unos 1.500 cm3, mayor que la de gran parte de los Homo sapiens sapiens,
especie a la que pertenecemos los seres humanos modernos. Se han encontrado
fósiles que algunos consideran intermedios entre los de Neandertal y el Homo
sapiens sapiens. Estos restos podrían ser la prueba del cruce de los
Neandertal con los antepasados directos del hombre, o simplemente reflejan una
multitud de variantes dentro de la misma población de Homo sapiens (las
tesis más modernas se inclinan hacia el primer supuesto). Desde las últimas
fases de los periodos glaciales, en Europa, África y otros muchos lugares se
han sucedido los hallazgos de un sinfín de restos fósiles que se asemejan al
hombre moderno.
En el continente
americano, sin embargo, ningún rastro humano tiene más de 15.000 años, y los únicos
ejemplares óseos que cuentan algunos miles de años pertenecen todos al Homo
sapiens sapiens. Por tanto, parece que la evolución biológica que derivó en
el hombre moderno tuvo lugar en el Viejo Mundo.
3.2. Biología
humana Otra de las ramas importantes de la antropología física la
constituye el estudio de los pueblos contemporáneos y de sus diferentes rasgos
biológicos. Gran parte de los estudios y discusiones de antaño se centraron en
la identificación, número y características de las razas principales. A medida
que se fueron desarrollando técnicas más perfectas para medir el color de la
piel y los ojos, la textura del cabello, el tipo sanguíneo, la capacidad
craneana y demás variables, la clasificación de las razas se hizo más compleja.
Los teóricos modernos mantienen que cualquier idea sobre las denominadas ‘razas
puras’ o arquetipos ancestrales es engañosa y errónea. Todos los seres humanos
actuales son Homo sapiens sapiens y descienden de los mismos orígenes
universales y complejos. Los rasgos genéticos siempre han variado con la
geografía según la respuesta biológica de su adaptación al entorno, pero en
cada región la herencia genética produce una gama de variedades tipo y
combinaciones intermedias. Por tanto, la asimilación de las personas a categorías
según posibles razas es más un planteamiento social y político que biológico.
Los calificativos ‘asiático’, ‘negro’, ‘hispano’ o ‘blanco’ obedecen a
definiciones sociales que conllevan una gran mezcla de características
genéticas y culturales.
Después de que los
antropólogos biológicos centraran su atención en los complejos patrones de la
genética humana, estudiaron la interacción de las adaptaciones genéticas y las
adaptaciones (no genéticas) fisiológicas y culturales, en relación con la
enfermedad, la desnutrición y la presión del entorno, así como las grandes
altitudes y los climas calurosos. Los médicos y antropólogos especialistas en
nutrición combinan los enfoques biológicos y genéticos con datos culturales y
sociales, ya sea para estudiar enfermedades como la hipertensión y la diabetes
o para investigar el crecimiento y el desarrollo en diferentes condiciones de
alimentación y salud.
El médico
estadounidense, galardonado con el Premio Nobel, Daniel Carleton Gajdusek,
adquirió especial renombre por su descubrimiento de que el kuru (‘temblores’),
enfermedad debilitante que sólo existe entre pueblos aislados de las montañas
de Nueva Guinea, estaba causada por un agente infeccioso lento denominado prión
(que consiguió aislar e identificar) transmitido a través de la antropofagia (véase
Canibalismo). Algunos antropólogos biológicos han detectado los esquemas
genéticos de otras enfermedades, como la anemia de células falciformes,
talasemia y diabetes.
3.3. Estudio
de los primates Debido a que los seres humanos son primates emparentados
genéticamente con otros simios y monos el estudio de la conducta, la dinámica
de la población, los hábitos alimenticios y otras cualidades de los mandriles,
chimpancés, gorilas y primates análogos, constituye una dimensión comparativa
esencial de la antropología. La etóloga británica Jane Goodall y sus colegas
dedicaron años a la observación de los chimpancés en una reserva del lago
Tanganica (Tanzania) y descubrieron que estos animales son capaces de usar
útiles simples —sobre todo, pequeños palos para conseguir termitas y hormigas—
y lanzar de forma eficaz piedras; en uno de los experimentos se observó a los
chimpancés usando palos gruesos para apalear a un leopardo disecado. Además se
comunican entre sí tanto vocal como físicamente. Estudios realizados acerca de
los esquemas de comunicación y de la vida en grupo de los simios y los monos,
facilitan la comprensión del pasado remoto del hombre.
4. ANTROPOLOGÍA SOCIAL Y CULTURAL
Gran parte de la investigación
antropológica se basa en trabajos de campo llevados a cabo con diferentes
culturas. Entre 1900 y 1950, aproximadamente, estos estudios estaban orientados
a registrar cada uno de los diferentes estilos de vida antes de que
determinadas culturas no occidentales experimentaran la influencia de los
procesos de modernización y occidentalización. Los trabajos de campo que
describen la producción de alimentos, la organización social, la religión, la
vestimenta, la cultura material, el lenguaje y demás aspectos de las diversas
culturas, engloban lo que hoy se conoce por etnografía. El análisis comparativo
de estas descripciones etnográficas, que persigue generalizaciones más amplias
de los esquemas culturales, las dinámicas y los principios universales, es el
objeto de estudio de la etnología.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la etnología
(que hoy se suele conocer como antropología cultural) comenzó a relacionar su
campo de estudio con el de la antropología social, desarrollada por los
científicos británicos y franceses. En un breve periodo se debatió intensamente
si la antropología debía ocuparse del estudio de los sistemas sociales o del
análisis comparativo de las culturas. Sin embargo, pronto se llegó a la
conclusión de que la investigación de las formas de vida y de las culturas casi
siempre están relacionadas, de donde procede el nombre actual de antropología
sociocultural.
4.1. Parentesco
y organización social Uno
de los descubrimientos importantes de la antropología del siglo XIX ha sido que
las relaciones de parentesco constituyen el núcleo principal de la organización
social en todas las sociedades. En muchas de ellas, los grupos sociales más
importantes comprenden clanes y linajes. Cuando la pertenencia a dichas
corporaciones de parentesco se asigna a las personas sólo por la línea
masculina, el sistema se denomina de descendencia patrilineal (véase Patrilinaje).
Antes del desarrollo del comercio y de la urbanización a gran escala, muchos
pueblos europeos estaban organizados desde el punto de vista económico y político
como grupos de filiación patrilineal.
Las sociedades
matrilineales, en las que el parentesco se transmite por línea femenina (véase
Matrilinaje), son menos comunes hoy día. Herodoto fue el primer erudito en
describir este tipo de sistema social, que detectó entre los habitantes de
Licia, en Asia Menor.
La organización de
parentesco bilateral, en la que se tiene en cuenta la parte materna y la
paterna, es la que predomina en las sociedades más sencillas de
cazadores-recolectores (tales como los pueblos san en el sur de África o los
inuit de las regiones ártica y subártica). El antropólogo británico Robert
Stephen Briffault defendió un concepto relacionado, el matriarcado, y afirmó
que este tipo de organización social se encontraba latente en gran parte de las
sociedades más primarias.
En las sociedades basadas en el parentesco, los
miembros de un linaje, clan o demás grupos afines suelen ser descendientes de
un antepasado común. Este concepto es un factor unificador, pues dota a grandes
masas de individuos de cierta cohesión para afrontar actividades guerreras o
rituales, lo que les hace sentirse diferentes de sus vecinos y enemigos. Por
ejemplo, entre las hordas centroasiáticas que durante siglos atacaron a las
sociedades europeas, o entre los aztecas o mexicas del continente americano, la
compleja organización militar se sustentaba en el parentesco patrilineal.
4.2. La
evolución de los sistemas político-sociales Las sociedades humanas que, en principio, se consideraron más
simples son los grupos de cazadores-recolectores, como los inuit, san, pigmeos
y aborígenes australianos. En estos pueblos se agrupa un pequeño número de
familias para formar bandas o grupos nómadas de 30 a 100 individuos,
relacionados por parentesco y asociados a un territorio concreto.
Los grupos
supervivientes de cazadores-recolectores (en zonas de África, India y
Filipinas) nos permiten conocer el estado de la organización social y cultural
de casi toda la experiencia histórica de la humanidad. Sus relaciones de
parentesco, ideas religiosas, métodos sanitarios y características culturales
no sólo ilustran las raíces culturales de la humanidad moderna, sino que se nos
presentan a escala reducida y resultan más fáciles de analizar. Las culturas de
cazadores-recolectores que aún perduran ponen de manifiesto las adaptaciones
que son necesarias para sobrevivir en entornos hostiles e inhóspitos.
Los sistemas sociales
y económicos de mayor complejidad no surgieron hasta que no se presentaron las
condiciones favorables que permitieron a las primeras sociedades asentarse en
comunidades estables y permanentes durante todo el año. Se produjo entonces el
avance crucial hacia la agricultura y la cría de animales.
La transición
neolítica —es decir, los inicios de la aclimatación de los recursos alimenticios—
se produjo de forma independiente en el Oriente Próximo y en Asia oriental hace
unos 12.000 años, según las pruebas arqueológicas más recientes. Con las
grandes concentraciones de población y los asentamientos permanentes, surgieron
las organizaciones sociopolíticas que entrelazaban a diferentes grupos locales.
Los nuevos sistemas locales, que a menudo comprendían grupos de individuos
procedentes de comunidades aisladas, estaban unidos en la celebración de
ceremonias religiosas, en el intercambio de alimentos y en los rasgos
culturales.
Aunque los grupos más
pequeños carecían, en muchos casos, de un gobierno central, el aumento de la
población y de las fuentes de alimentos crearon la necesidad, y la viabilidad,
de la centralización política. Las jefaturas representan los sistemas sociales
a pequeña escala, en los que los alimentos y el acatamiento político confluyen
en un dirigente central, o jefe, que a su vez redistribuye los alimentos y es
respetado por los miembros de la comunidad.
4.3. El auge de las
naciones-estado
Los orígenes de las naciones-estado han
sido objeto de grandes controversias. En el antiguo Oriente Próximo, por
ejemplo, las primeras ciudades-estado aparecieron cuando el aumento de la
población provocó una mayor demanda de alimentos, facilitada por el desarrollo
de cultivos de regadío para atenderla. Esto motivó la expansión de sistemas
militares que protegieran dichos recursos. En otros casos, la ubicación en
rutas comerciales estratégicas —por ejemplo, Tombuctú en la ruta sahariana del
comercio de la sal— favoreció la centralización militar y administrativa.
Los estudios etnológicos y arqueológicos apoyan la
tesis de que los estados o reinos nacieron de forma ligeramente distinta en
situaciones históricas y ecológicas diferentes; sin embargo, presentan en casi
todas partes los mismos esquemas de desarrollo. En sus primeros momentos de
existencia, los estados manifiestan una tendencia universal a anexionar las
regiones vecinas, para explotarlas económicamente y someter a sus enemigos
potenciales. En las primeras civilizaciones urbanas —en el Oriente Próximo,
Egipto, el norte de India, el sureste de Asia, China, México y Perú—
aparecieron pronto las fortificaciones militares, por lo general acompañadas de
templos y rituales religiosos que manifestaban el auge y mayor poder del
sacerdocio. Sin embargo, la estratificación social, con una reducida minoría
militar-religiosa y una gran población subordinada de campesinos, fue
consecuencia inevitable.
4.4. Desarrollo
de los sistemas religiosos
Los sistemas religiosos de las
sociedades cazadoras-recolectoras pueden ser muy complejos en relación con el
mundo sobrenatural, las fuerzas de la naturaleza y el comportamiento de los
espíritus y los dioses. Estas sociedades pequeñas, relativamente igualitarias,
suelen carecer de los recursos necesarios para mantener una clase sacerdotal.
Sin embargo, todos los grupos humanos, ya sean grandes o pequeños, poseen en un
momento determinado de su evolución algún tipo de especialización similar a los
chamanes o curanderos, hombres o mujeres de quienes se cree mantienen contacto
directo con los seres y fuerzas sobrenaturales, y que reciben poderes
especiales para solucionar problemas como las enfermedades. El chamán es muchas
veces la única persona con un papel religioso especializado en este tipo de
sociedades.
Por ejemplo, en las
sociedades pequeñas que practican la agricultura, los sistemas religiosos
comunales implican al pueblo en prácticas rituales complejas, y con frecuencia
se produce una rotación de las responsabilidades sacerdotales. Cuando los
grupos de parentesco constituyen los elementos principales de la solidaridad
social, las ceremonias religiosas tienen como centro la familia y el
parentesco.
El auge de los
sistemas sociales centralizados, con un sistema de clases estratificado, casi
siempre ha ido acompañado del desarrollo de los sistemas religiosos que
implicaban la existencia de sacerdotes dedicados únicamente a las funciones
religiosas, rituales para toda la población y una mayor tendencia a legislar
tanto en el plano moral como político. Estos sistemas religiosos casi nunca
eliminaban las prácticas del chamanismo individualizado (sobre todo para curar
las enfermedades).
Las pruebas arqueológicas de las primeras
ciudades-estado corroboran los estrechos vínculos que existían entre los
dirigentes religiosos y los dirigentes comerciales y políticos, poniendo de
relieve el aspecto conservador de la religión. Por otro lado, los movimientos
de reforma social radical han sido religiosos y en las sociedades con niveles
cambiantes de desarrollo tecnológico aparecen con regularidad nuevas formas
religiosas. Por tanto, la religión unas veces está al servicio de la situación
establecida y otras actúa como fuerza de un cambio radical.
4.5. Evolución
de la cultura
Los esquemas más bien
simples de evolucionismo cultural propuestos durante el siglo XIX han sido
objeto de discusiones elaboradas y modificadas a la luz de los nuevos datos
arqueológicos y etnológicos. Destacados antropólogos de principios del siglo
XX, como el germano-estadounidense Franz Boas y el estadounidense Alfred Louis
Kroeber, adoptaron puntos de vista bastante antievolucionistas, ya que
mantenían que los procesos culturales y sociales han sido tan dispares en todo
el mundo que es difícil discernir algún proceso o tendencia general.
Existen dos posturas
radicalmente diferentes para explicar la evolución cultural. Los evolucionistas
del siglo pasado defendían que en las distintas sociedades se producen procesos
muy similares de desarrollo cultural debido a la unidad psíquica fundamental de
toda la humanidad. Así, los procesos paralelos hacia la estratificación social
y las minorías gobernantes se explican como efectos de las cualidades psíquicas
y mentales de los individuos. Claude Lévi-Strauss fue un defensor tardío de
este enfoque, sin hacer hincapié en el carácter evolucionista.
La postura contraria
encuentra la clave en las condiciones materiales de vida: en las fuentes de
energía, las tecnologías y los sistemas de producción de los grupos humanos;
además, resalta las influencias ambientales en el desarrollo de los complejos
sistemas culturales, ya que se han visto favorecidos por determinadas
características geográficas y climáticas. Por ejemplo, el Oriente Próximo
prehistórico era rico en animales de caza y plantas silvestres que resultaron
especialmente aptos para su domesticación y aclimatación.
5. MÉTODOS Y APLICACIONES
Los métodos de investigación
en antropología son tan variados como los distintos temas de estudio.
5.1. Investigación
arqueológica Para los arqueólogos resulta fundamental establecer esquemas
cronológicos a partir de los restos y fósiles que descubren en sus
excavaciones. Entre los modernos métodos de datación arqueológicos, la técnica
del carbono radiactivo tal vez sea la más utilizada. Este método se basa en que
las plantas y los animales vivos contienen unas proporciones fijas de una
variedad radiactiva del carbono, denominada carbono 14, que se va degradando a
ritmo constante hasta convertirse en carbono no radiactivo. La medición de los
restos del radiocarbono en madera carbonizada, restos de plantas, fibras de
algodón, madera y otras sustancias, permite determinar con bastante precisión
edades de hasta 60.000 y 70.000 años de antigüedad.
La edad de los antiguos
yacimientos fósiles en África oriental, que datan de hace varios millones de
años, se ha podido fijar con ayuda de otra potente herramienta radiológica: el
método del potasio-argón —el potasio radiactivo, potasio 40, se degrada con
enorme lentitud para convertirse en argón 40.
Las secuencias
temporales de los restos arqueológicos se determinan todavía de forma bastante
primaria mediante la observación meticulosa de la estratigrafía, depósito
secuencial de sustancias terrestres orgánicas y de restos de la actividad
humana. Estos depósitos van creciendo poco a poco y cubren cada una de las
fases previas de cualquier asentamiento humano. Las técnicas utilizadas para
determinar las secuencias estratigráficas incluyen el análisis del suelo, los
estudios geológicos y el estudio de restos animales y vegetales, así como la
laboriosa tarea de unir restos de suelos, fosas de almacenamiento y demás
construcciones.
5.2. Investigación
social y cultural En la antropología social y cultural, la investigación se ampara
en la idea fundamental de la observación participante dentro del seno de una
comunidad o sistema social. El antropólogo se introduce primero en la vida de
la comunidad y, a través de los contactos y las observaciones cotidianas, es
aceptado por ella. Esta primera fase de la investigación de campo requiere
semanas, incluso meses, sobre todo si hay que aprender la lengua local. Los
primeros etnógrafos obtenían los datos a partir de entrevistas en profundidad
con algunos informantes clave, personas expertas en la cultura y en el sistema
social local. Estos datos se verificaban y cruzaban con los de otros
informantes y con las observaciones directas del propio trabajador de campo.
Sin embargo, la
investigación de las distintas sociedades y pueblos exige hoy otras
herramientas metodológicas. Las entrevistas estructuradas (con muestreo) se
utilizan de forma rutinaria para la obtención de una información; por ejemplo,
el consumo de alimentos, el comportamiento sanitario, los recursos económicos,
los movimientos migratorios laborales, el tiempo libre y otros aspectos. Para
analizar la conducta económica hay que registrar con minuciosidad las
transacciones en el mercado, las horas de trabajo, las capturas de peces y
animales de caza, así como los rendimientos de las cosechas. Cuando se tratan
de estudiar los aspectos de la personalidad se utilizan pruebas psicológicas.
También se someten a análisis los posibles datos de los registros parroquiales,
los textos locales, los informes gubernamentales y otras fuentes escritas.
A medida que los
datos son más complejos e intrincados, y se hace necesario el tratamiento
rutinario de miles o incluso cientos de miles de fragmentos de información, los
arqueólogos han recurrido a las computadoras y equipos informáticos para
dibujar las secuencias temporales, las relaciones espaciales y demás esquemas.
Las tendencias del cambio cultural, la interacción entre las actividades
económicas y sociales, las interrelaciones étnicas y otros patrones complejos
se comprueban hoy mediante avanzados métodos estadísticos.
Estos métodos
técnicos y cuantitativos en la investigación no han sustituido a los estilos
tradicionales de investigación de campo. Al contrario, las entrevistas en
profundidad a los informantes clave, así como el complejo análisis cualitativo
de los sistemas simbólicos, las ceremonias y otras prácticas culturales,
constituyen todavía una parte esencial de la metodología holística (doctrina
epistemológica que hace hincapié en el estudio de los elementos desde su
totalidad).
6. TENDENCIAS ACTUALES La antropología moderna se está convirtiendo poco a poco en una
ciencia aplicada, ya que los investigadores se están concentrando en aspectos
sociales como la sanidad, la educación, protección del entorno y el desarrollo
urbano. Hoy son muchos los antropólogos contratados por organismos públicos,
empresas de investigación, grupos independientes de presión, organizaciones
indigenistas y agencias sanitarias para realizar trabajos de campo en entornos
culturales, ya sean proyectos educativos, sanitarios o programas de desarrollo
agrícola a gran escala en regiones rurales.
El desplazamiento
hacia el estudio de sistemas heterogéneos y diversificados, así como el auge de
los métodos cuantitativos de investigación han promovido la necesidad de la investigación
en equipo. Anteriormente, una investigación, por lo general, sólo implicaba a
un trabajador de campo que se aislaba durante meses en algún poblado remoto;
hoy, por el contrario, la mayor parte de los proyectos de campo necesitan el
apoyo de diferentes profesionales, incluidos los asesores estadísticos,
biólogos, sociólogos y estudiantes colaboradores.
Por cuestiones de metodología, los
antropólogos han desarrollado vínculos sociales con las comunidades objeto de
estudio. Estas relaciones muchas veces han pasado a ser verdaderas asociaciones
que, en la mayoría de los casos, han beneficiado a estas comunidades. A cambio,
la aplicación pragmática de estos métodos ha abierto nuevos caminos en la
teoría social y bioculturaL
El antropólogo inglés
Edward Evans-Pritchard murió sin terminar de escribir esta obra, basada en una
serie de conferencias, a menudo polémicas, impartidas a los alumnos del
Instituto de Antropología Social de Oxford. En el siguiente fragmento,
Evans-Pritchard comenta algunos de los escritos del antropólogo de origen
polaco Bronislaw Malinowski, a quien considera figura clave e innovadora del
trabajo de campo en antropología, pero del que presenta interrogantes y
críticas sobre sus interpretaciones sociológicas y su pensamiento científico.
Fragmento de Historia del
pensamiento antropológico.
De Edward
Evans-Pritchard.
Su obra más conocida es Argonauts of the Western Pacific,
publicada en 1922. Empieza por un análisis general del método y el alcance de
su trabajo de campo y después expone los antecedentes etnológicos que lo
respaldan: una descripción general del país y de los habitantes del distrito kula
y su modo de vida; después una descripción similar de los nativos de las Islas
Trobiand. Después de haber descrito con muchos pormenores los intercambios kula
y un gran volumen de información periférica, finalmente Malinowski hace el
intento de explicarnos el significado del kula. El intento es un
fracaso, porque no nos ofrece interpretación sociológica de ningún tipo. ¿Por
qué? Malinowski no tenía ni idea de lo que era un análisis abstracto y, por
tanto, de la estructura. En la medida en que tenía alguna idea de «sistema
social» era puramente en un nivel descriptivo. Un suceso sigue a otro y son
descritos sucesivamente con digresiones explicativas. Para hacer kula se
han de tener canoas, así que se describe la construcción y el uso que se hace
de éstas; implica visitar a pueblos forasteros, así que se describen sus
costumbres, artesanías y demás; para propósitos diversos relacionados con el kula
se utilizan hechizos mágicos, así que se ha de entrar detalladamente en cada
uno de los aspectos de la magia; hay historias de expediciones kula en
el pasado, así que tiene que haber una digresión sobre el mito; y así
sucesivamente. Al no tener ni idea de la estructura, no hay una pauta que sea
pertinente sociológicamente. La pauta no consiste más que en los vínculos entre
los acontecimientos reales y el supuesto análisis no es más que un comentario.
El libro está mucho más orientado a la magia que al kula. Todo lo que
nos dice pudiera haber ocupado 50 páginas en vez de las 500 que ocupa. En
cierto sentido, es un ejemplar de libro que responde al modelo de novela
sociológica escrita, por ejemplo, por Zola. El intento fallido de eludir un
mero registro de las observaciones y de llevar a cabo un análisis mediante una
serie de abstracciones significa no sólo que no se nos transmite nada sobre las
interrelaciones políticas de las comunidades implicadas en el kula y
nada sobre el sistema de parentesco, sino incluso que se omiten los hechos
esenciales respecto al kula. Malinowski no nos dice quién comerciaba con
quién; no nos dice nada de las interrelaciones de las personas que componen las
aldeas que toman parte en el kula; y así sucesivamente.
Las interdependencias que sí cita no son las de las abstracciones
dentro de un marco de referencia teórico como el que encontramos en cualquier
ciencia natural (Malinowski defendía que la antropología social era una de
ellas), si no entre las diferentes formas de comportamiento, acontecimientos.
Los habitantes de las Islas Trobiand hacen magia para proteger sus jardines y
canoas o para que los primeros florezcan y las segundas naveguen. Es una
interdependencia de actividades económicas y rituales en el sentido de conexión
temporal y espacial, de yuxtaposición. Pero si fuera una interdependencia
funcional, por ejemplo, ¿cultivarían de otra manera o menos sin la magia? Con
este método de investigación no podemos saberlo. Sólo podemos saberlo
utilizando la situación experimental que nos proporciona la historia o
utilizando el método comparativo. Ciertamente, para la utilización del método
comparativo se requiere la idea de «sistema» o «estructura». Uno no compara una
ballena y un ratón como cosas reales y concretas. Uno compara sus sistemas
anatómicos y fisiológicos. Del mismo modo, uno no puede comparar instituciones
reales en diferentes sociedades —únicamente características o aspectos o
cualidades de ellas—, es decir, abstracciones. Por ejemplo, yo he comparado la
magia zande con la magia trobiand, pero sólo en relación con la naturaleza del
encantamiento en conexión con las leyes de la herencia. La debilidad del
planteamiento de Malinowski se hace patente cuando trata de decir algo general
sobre las sociedades humanas y no sobre una sociedad en particular.
En un libro posterior, Crime and Custom in Savage Society
(1926), Malinowski dice: «Lo único que nos queda es abogar por la rápida y
completa desaparición en los informes de trabajo de campo de estas briznas de información
sobre costumbres, creencias y normas de conducta que flotan en el aire o que
más bien llevan una existencia insulsa en el papel, con la tercera dimensión,
la de la vida, totalmente ausente. Si así fuera, los razonamientos teóricos de
la antropología podrían desprenderse de las interminables letanías de informes
ensartados que hacen a los antropólogos sentirse estúpidos y a los salvajes
parecer ridículos» (pág. 126).
Fundamentado en este tipo de información, se ha erigido un enorme
edificio de teoría antropológica. Como la información carecía en gran parte de
sentido, las construcciones basadas en ella también. Malinowski pensó que su
labor tenía que consistir en sacar a la antropología de este callejón sin
salida. Este libro trata del salvaje místico de Lévy-Bruhl, de las ideas de
Rivers y de la escuela francesa sobre la solidaridad clánica, y de las
reconstrucciones hipotéticas de Rivers y otros. La ley primitiva ha merecido la
atención de Bachofen, Post, Kohler y otros en el siglo pasado, pero todos ellos
se atenían a enunciados inadecuados; en un tema complejo como la ley, las
observaciones de aficionado eran en conjunto inútiles. Estaban también ligadas
a la doctrina de Morgan y otros: promiscuidad primitiva, matrimonio grupal,
comunismo primitivo, etc. «En suma», escribe Malinowski, «subyacente a todas
estas ideas estaba el supuesto de que en las sociedades primitivas el individuo
está completamente dominado por el grupo —la horda, el clan o la tribu—, que
obedece los mandatos de su comunidad, sus tradiciones, su opinión pública, sus
decretos, con obediencia servil, fascinada y pasiva» (pág. 3). A Malinowski le
resulta fácil mostrar que todo esto es absurdo y le debemos mucho por haber
actuado como disolvente crítico de la teoría aceptada, aun cuando su
contribución fuera más negativa que positiva. Pero fue falto de escrúpulos en
el uso que hizo de los autores teóricos como hombres de paja y poco
constructivo teóricamente: no nos ofrece ninguna verdadera teoría de la ley y
ni siquiera una definición elemental de ella o una clasificación de sus tipos.
Los planteamientos más maduros de Malinowski están contenidos en
su libro póstumo, pero casi totalmente revisado, A Scientific Theory of
Culture and Other Essays (1944). Es un buen ejemplo del marasmo de
verborrea y trivialidad a que puede llevar el intento de aparentar ser un
científico natural. Malinowski fue en todo caso un pensador fútil.
Lo que Malinowski denomina teoría no es en absoluto una teoría,
sino una guía para la recolección y la ordenación de datos, un vade mecum
para el investigador de campo, un prolijo Notas y dudas. No supera nunca
el nivel descriptivo y operativo del análisis; y es en su mayor parte una
elaboración verbosa de lo obvio y la elevación de lugares comunes a conceptos científicos.
Parece que el propio Malinowski así lo percibió. Él dice (pág. 175) de su
libro, o mejor, de la teoría funcional que contiene, que «está dirigida
principalmente a equipar al investigador de campo con una perspectiva clara y
con todas las instrucciones necesarias respecto a qué observar y qué
registrar». También dice: «Este tipo de análisis funcional se expone fácilmente
a la acusación de tautología y trivialidad, así como a la crítica de que
implica un círculo lógico, porque, obviamente, si definimos la función como la
satisfacción de una necesidad, es fácil sospechar que la necesidad que se ha de
satisfacer ha sido introducida con el fin de satisfacer la necesidad de
satisfacer una función. Así pues, por ejemplo, los clanes son obviamente un tipo
adicional de diferenciación interna. ¿Podemos hablar de la necesidad legítima
de semejante diferenciación, especialmente cuando la necesidad no siempre está
presente, puesto que no todas las comunidades tienen clanes, y aun así
funcionan muy bien sin ellos?» El libro es un ejercicio de pragmatismo y, por
tanto, Malinowski yerra cuando analiza algo que no le gusta, la guerra. Él
estima que la guerra no satisface una necesidad en la Europa moderna. Entonces,
¿por qué la tenemos?
Fuente: Evans-Pritchard, Edward. Historia del pensamiento antropológico. Recopilación de André Singer. Madrid. Ediciones Cátedra, 1987.
7 . A MODO DE
CONCLUSIÓN
Antropología: el más completo cráneo de homínido primitivo
Según una información
proporcionada por Associated Press el 27 de abril, un equipo de paleontólogos
desenterró el cráneo de hombre-mono más completo y mejor conservado . Fue
descubierto en octubre de 1994, en Drimolen, un lugar a 32 km al noroeste de la
ciudad surafricana de Johannesburgo. Es “uno de los descubrimientos más
extraordinarios de la paleontología”, según afirmó Lee Berger, director de la
sección de paleontología de la Universidad de Witwatersrand, en Suráfrica.
Se trata de una
hembra de Paranthropus robustus con entre 1,5 y 2 millones de años de
antigüedad. Junto al cráneo de la hembra se encontró también la mandíbula de un
macho. Los restos fueron bautizados con los nombres de los amantes de la
mitología griega Orfeo y Eurídice. Su estudio proporcionará a los
investigadores una buena oportunidad para comparar las diferencias entre el
macho y la hembra de este homínido.
El Paranthropus
robustus vivió hace entre 1,5 y 2 millones de años y era un animal
vegetariano capaz de usar rudimentarias herramientas de hueso. Se extinguió
hace aproximadamente un millón de años, probablemente como consecuencia de la
dominación del hombre primitivo. “Se trata de una criatura que entró en
competición directa con nuestros primeros ancestros”, afirmó Andre Keyser,
paleontólogo y director del yacimiento en el que fueron encontrados los
fósiles.
Hasta hoy, los
científicos desconocían con precisión las características de la hembra del Paranthropus
robustus. Ahora ya saben que ésta era más pequeña que el macho, que sus
dientes eran también más pequeños, y que había perdido una protuberancia en la
parte superior del cráneo, una diferencia entre macho y hembra que comparten
con el gorila, según afirma Keyser.
8. BIBLIOGRAFÍA
Augé,
Marc. Hacia una antropología de los mundos contemporáneos. Barcelona:
Editorial Gedisa, 1995. Original aplicación de los principios de la
antropología al análisis de la época contemporánea.
Boas,
Franz. Cuestiones fundamentales de antropología cultural. Barcelona:
Círculo de Lectores, 1990. Obra clásica de introducción a los temas
fundamentales de la antropología cultural.
Caro
Baroja, Julio. Reflexiones nuevas sobre viejos temas. Madrid: Ediciones
Istmo, 1990. Conjunto de ensayos sobre diferentes temas antropológicos desde la
perspectiva particular de Caro Baroja.
Carrithers,
Michael. ¿Por qué los humanos tenemos culturas?: una aproximación a la
antropología y la diversidad social. Madrid: Alianza Editorial, 1995.
Ensayo sobre la diversidad cultural, con análisis sobre temas esenciales de la
antropología cultural.
Espina
Barrio, Ángel. Manual de antropología cultural. Salamanca: Amaru
Ediciones, 1992. Introducción a la antropología cultural, con indicaciones
bibliográficas.
Geertz,
Clifford. La interpretación de las culturas. Barcelona: Editorial
Gedisa, 1995. Original interpretación de temas centrales de antropología
cultural, que se ha convertido en clásico.
Harris,
Marvin. Introducción a la antropología general. Madrid: Alianza
Editorial5ª ed., 1996. . Excelente manual introductorio, con bibliografía.
Ø
TRABAJO A CARGO DEL: LIC.
JOSÉ LUIS DELL’ORDINE
Ø
dellordine@arnet.com.ar
http://orbita.starmedia.com/~dellordine/
http://orbita.starmedia.com/~fundaciontm/
<table border=0 bgcolor="#245DAA"
width=150 cellspacing=0 cellpadding=0>
<form
action="http://www.monografias.com/cgi-bin/search.cgi"
method="GET">
<tr><td align=center>
<table width="100%">
<tr>
<input type="hidden"
name="type" value="keyword">
<input type="hidden"
name="bool" value="or">
<td bgcolor="#FFFFFF" align=center>
<a href="http://www.monografias.com">
<img
src="http://www.monografias.com/img/sb-logo.gif"
border=0 width=117 height=54 alt="Monografias.com"></a>
<br>
<input type="text" size=15
name="query" value="Busque aquí...">
<br>
<input type=image
src="http://www.monografias.com/img/sb-buscar.gif"
alt="Buscar" width=58 height=16>
</td></tr>
</table>
</td></tr></table>
.

<a
href="http://www.monografias.com">
<img src="http://monografias.com/img/468x60.gif"
border="0"
width="468" height="60"
alt="Monografias.com"></a>