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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Ateletacsia: Etiología, anatomía patológica y fisiopatología, Síntomas y signos, Diagnóstico, Profilaxis, Tratamiento, Atelectasia aguda, Atelectasia crónica. Agregado: 24 de MAYO de 2000 | Palabras: 2621 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Medicina > |
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36. ATELECTASIA
Pérdida del volumen aéreo del pulmón que puede ser aguda o
crónica, completa o parcial; el
área afectada se compone a menudo de una asociación compleja de espacios
desprovistos de aire, infección, bronquiectasias y fibrosis.
Etiología
En los adultos, la causa principal de atelectasia
aguda o crónica es la obstrucción bronquial intraluminal, que se
debe a menudo a tapones de exudados bronquiales muy espesos, tumores
endobronquiales, granulomas o cuerpos extraños. La atelectasia puede estar también
provocada por distorsiones o acodamientos bronquiales, por compresión externa
de un bronquio a causa de adenopatías aumentadas de tamaño, tumores o un
aneurisma y por compresión pulmonar externa por líquido o gas en el espacio
pleural (p. ej., a causa de un derrame pleural o un neumotórax). El
surfactante, una mezcla compleja de fosfolípidos y lipoproteínas, cubre la
superficie del alveolo, reduce la tensión superficial y contribuye a
estabilizar el alveolo. La interferencia en la producción de surfactante o en
su efectividad promueve también la aparición de atelectasias en los cuadros de
toxicidad por O2, edema pulmonar, el síndrome de distrés
respiratorio del adulto y del recién nacido (cap. 33, y
Alteraciones respiratorias, cap. 189), la embolia
pulmonar (cap. 37) y, probablemente, durante la
anestesia general y la ventilación mecánica.
El colapso pulmonar masivo agudo constituye
habitualmente una complicación del período postoperatorio, más frecuente tras
las intervenciones del hemiabdomen superior y la cirugía cardíaca con
derivación cardiopulmonar (se ha sugerido que la lesión de las células
endoteliales por la hipotermia y por la solución cardiopléjica intravascular podría
contribuir a la aparición de atelectasias). La administración de dosis altas de
opiáceos o sedantes, de concentraciones elevadas de O2 durante la
anestesia, unos vendajes demasiado apretados, la distensión abdominal y la
inmovilidad del cuerpo favorecen la aparición de atelectasias a causa de la
limitación del movimiento torácico, la elevación del diafragma, la acumulación
de secreciones bronquiales viscosas y la eliminación del reflejo de la tos.
Otros estados que pueden provocar la aparición de respiración superficial que
interfiere en la tos y la eliminación eficaz de secreciones son: cuadros de
depresión depresivos del SNC, anomalías de la pared torácica, dolor y espasmo
muscular y enfermedades neuromusculares. La hiperosmolalidad sanguínea de los
pacientes diabéticos con cetoacidosis y la impactación oculta de moco son
probablemente otros factores que aumentan la retención de secreciones viscosas.
En el síndrome del lóbulo medio, una forma de
atelectasia crónica, dicho lóbulo pulmonar sufre un colapso, en
general a causa de la compresión bronquial por adenopatías adyacentes. Puede
producirse una neumonía aguda, habitualmente con una resolución incompleta y
tardía. La infección asociada a una obstrucción bronquial parcial puede
provocar una atelectasia crónica y, finalmente, una neumonitis crónica a causa
del drenaje deficiente. No obstante, el síndrome se ha descrito sin hallazgos
broncoscópicos anómalos; la longitud y el reducido diámetro del bronquio del
lóbulo medio derecho y la existencia de una ventilación colateral ineficaz
pueden explicar el desarrollo de atelectasias.
Anatomía
patológica y fisiopatología
Después de una obstrucción bronquial,
la circulación sanguínea absorbe el gas alveolar periférico, y la retracción
pulmonar consiguiente provoca la desaparición del contenido aéreo al-veolar al
cabo de unas pocas horas; la pérdida de volumen o el colapso pulmonar pueden
ser completos sin que exista infección. En los estadios iniciales hay perfusión
sanguínea del pulmón no aireado, apareciendo por tanto hipoxemia arterial. La
hipoxia capilar y tisular puede provocar trasudación de líquido y edema
pulmonar; los espacios alveolares se llenan de secreciones y células, evitando
el colapso completo del pulmón atelectásico. Aunque la distensión del tejido
pulmonar adyacente puede compensar parcialmente la pérdida de volumen, en casos
de colapso muy extenso puede producirse elevación del diafragma y depresión de
la pared torácica. La pérdida de volumen causada por la atelectasia de todo un
pulmón puede provocar el desplazamiento del corazón y del mediastino hacia el
lado afectado.
Con frecuencia hay hiperventilación y
disnea. Es habitual la disminución de la PaO2, y si el área
atelectásica es grande, esta reducción puede ser importante; la PaO2
mejora a menudo durante las primeras 24 h y también después, posiblemente a
medida que se reduce el flujo sanguíneo hacia el área atelectásica. El valor de
la PaCO2 suele ser normal o bajo a causa del aumento de la
ventilación en el parénquima pulmonar normal restante.
Si se resuelve la obstrucción
bronquial, el aire penetra en el tejido, se elimina cualquier infección
asociada y (según la magnitud de la infección) el pulmón puede volver a su
estado normal. Si la obstrucción persiste y hay una infección asociada, la
falta de aire y de perfusión inicia una serie de cambios que desencadenan
fibrosis y bronquiectasias. Incluso si no existe obstrucción, los cambios de la
tensión superficial alveolar, la reducción de las dimensiones de los al-veolos
y los cambios en las relaciones entre la presión de la vía aérea y pleural
pueden provocar una ventilación regional inadecuada y pequeñas áreas de atelectasias
parcheadas o microatelectasias difusas. Como
consecuencia pueden producirse alteraciones del intercambio gaseoso leves o
incluso graves (cap. 33). Las atelectasias por aceleración,
que aparecen en los pilotos militares, son el resultado de la absorción de gas
alveolar atrapado cuando las elevadas fuerzas de aceleración cierran las vías
aéreas de las zonas declives del pulmón y mantienen este cierre.
Síntomas
y signos
La mayoría de los síntomas y signos
dependen de la rapidez con que ocurre la oclusión bronquial, de la extensión de
pulmón afectado y de la coexistencia o no de infección. Una oclusión
rápida con colapso masivo, sobre todo cuando coexiste infección,
provoca dolor en el lado enfermo, disnea y cianosis de inicio brusco,
hipotensión arterial, taquicardia, fiebre y, en ocasiones, shock. En la
exploración física destacan matidez en la región afectada y reducción, o
incluso abolición completa, de los ruidos respiratorios. En la zona enferma hay
disminución o ausencia de los movimientos respiratorios de la caja torácica y
desviación de la tráquea y el corazón hacia el lado afectado. Las atelectasias
de aparición lenta pueden ser completamente asintomáticas o bien
causar sólo síntomas leves. El síndrome del lóbulo medio suele ser
asintomático, aunque en ocasiones el enfermo presenta tos seca acusada y no
productiva por irritación de los bronquios de los lóbulos medio e inferior
derechos, en cuyo caso la exploración física revela los mismos signos que en
una oclusión rápida.
En la radiografía de tórax se aprecia a
veces una región pulmonar no aireada, cuyo tamaño y localización dependen del
bronquio afectado. Cuando se afectan sólo segmentos pulmonares, la sombra tiene
forma triangular, con el vértice orientado hacia el hilio. Cuando se afectan
zonas de pequeño tamaño, adoptan un curioso aspecto discoide debido a la
distensión del tejido adyacente, sobre todo en las atelectasias subsegmentarias
del lóbulo inferior. Si la atelectasia es lobular se aprecia falta de aireación
en todo el lóbulo. También suelen apreciarse desviación de la tráquea, del
corazón y del mediastino hacia el lado afectado, elevación del diafragma del
mismo lado y disminución de la altura de los espacios intercostales. Las microatelectasias
difusas, una manifestación inicial de la toxicidad por O2
y del síndrome del distrés respiratorio agudo del adulto, no son visibles en
general en su fase inicial, pero se sospechan o identifican por sus efectos:
hipoxemia arterial, disminución de la distensibilidad pulmonar y reducción del
volumen pulmonar.
Diagnóstico
El diagnóstico suele establecerse por
los hallazgos clínicos y los signos radiológicos de disminución del tamaño del
pulmón (según indican la retracción costal, un diafragma elevado y un
mediastino desplazado) y una opacidad sólida carente de aire en su interior.
Debe buscarse siempre una causa que explique la obstrucción, independientemente
de la edad del paciente. Con la ayuda del fibrobroncoscopio es posible observar
las divisiones segmentarias y subsegmentarias. La TAC puede ayudar a aclarar el
mecanismo del colapso; un profesional experto puede diferenciar la atelectasia
secundaria a una obstrucción endobronquial de la atelectasia por compresión a
causa de líquido o aire y de las cicatrices provocadas por una inflamación
crónica. Un derrame pleural masivo puede causar también disnea, cianosis,
debilidad, matidez a la percusión de la zona afectada y desaparición de los
ruidos respiratorios, pero el desplazamiento del corazón y el mediastino hacia
el lado contrario al pulmón afecto y la falta de depresión de la pared torácica
distinguen el derrame de la atelectasia masiva.
El neumotórax espontáneo provoca
síntomas similares, pero la percusión revela un sonido timpánico, el mediastino
y el corazón están desplazados hacia el lado contrario y la radiografía de
tórax muestra aire en la cavidad pleural, hallazgo que es diagnóstico.
Una forma poco frecuente de colapso
lobular periférico, la atelectasia redonda o "pulmón
plegado", se confunde a menudo con un tumor. Por lo común es una
complicación de la enfermedad pleural provocada por el asbesto y tiene un
aspecto característico en las radiografías que la distingue de los tumores. La
densidad pulmonar es redonda y de localización inmediatamente subpleural, con
un ángulo agudo entre ella y la pleura; a menudo presenta una "cola de
cometa" extendida hacia el hilio, que se cree puede representar los vasos
sanguíneos y bronquios comprimidos que se dirigen hacia la zona atelectásica.
La TAC puede mejorar la precisión en el diagnóstico y, en algunos casos, evitar
la práctica de una toracotomía diagnóstica. La biopsia con aguja ha sido en
ocasiones de poca utilidad, pero se puede intentar antes de practicar la
toracotomía cuando la diferenciación entre una atelectasia redondeada y un
tumor subpleural es menos precisa.
Profilaxis
La mejor forma de combatir la
atelectasia masiva aguda es su prevención. Dado que el hábito de fumar y la
bronquitis crónica aumentan mucho el riesgo de atelectasias postoperatorias,
antes de una intervención hay que tomar las medidas de limpieza bronquial que
se consideren más oportunas (v. Enfermedades obstructivas crÓnicas de las vÍas
aéreas, cap. 34, y Fisioterapia respiratoria, cap. 31). Se debe evitar la administración de anestésicos
que posean un tiempo de narcosis postanestésica prolongado y, después de la
cirugía, hay que utilizar la menor cantidad de opiáceos posible, pues deprimen
el reflejo tusígeno. Al finalizar la anestesia hay que llenar los pulmones del
enfermo con algo de aire y no con O2 al 100 %. El enfermo no debe
permanecer en la misma posición más de 1 h seguida. Es importante la
deambulación precoz y también animar al enfermo a que tosa y respire
profundamente (suspiros controlados). Lo más eficaz es hacer toser y respirar
en profundidad al enfermo, utilizar broncodilatadores y agua o suero fisiológico
en aerosol, para licuar y facilitar la salida de las secreciones, y, cuando sea
necesario, recurrir a la aspiración traqueal. Existe controversia aún sobre las
posibles ventajas de la IPPB, de la espirometría incentivada (en la que el
enfermo efectúa maniobras de espiración sostenida y voluntaria durante 3-5 s) y
de los diversos tipos de medidas fisioterapéuticas existentes (percusión,
vibración, drenaje postural y ejercicios de respiraciones profundas). En caso
de que sean eficaces dichas medidas, han de aplicarse siempre de forma
apropiada y junto al resto de medidas terapéuticas coadyuvantes. En ocasiones,
la percusión torácica en un enfermo postoperatorio incrementa paradójicamente
el riesgo de atelectasias, al aumentar el dolor ya presente.
Los pacientes que muestran tendencia a
hipoventilar o a presentar una respiración superficial durante un período
prolongado a causa de una anomalía de la pared torácica, debilidad
neuromuscular o parálisis o enfermedades del SNC o que están sometidos a
ventilación mecánica prolongada, presentan un riesgo elevado de atelectasias y
deberían ser observados en busca de sus signos iniciales: taquipnea, hipoxemia,
disminución del volumen pulmonar (p. ej., disminución de la capacidad vital) y
signos radiológicos.
Tratamiento
Atelectasia aguda. En
toda atelectasia aguda, incluido el colapso pulmonar masivo agudo
postoperatorio, hay que tratar su causa. Cuando se sospecha una obstrucción
mecánica pero no se evidencia una mejoría en el enfermo después de toser o de
recurrir a la aspiración y han transcurrido 24 h tras tomar enérgicas medidas
respiratorias y fisioterapéuticas (o bien si el paciente no coopera para que
éstas tengan éxito), hay que pasar entonces a la fibrobroncoscopia (v.
Broncoscopia, cap. 31). Una vez establecido el
diagnóstico de obstrucción bronquial, el tratamiento debe orientarse a la
obstrucción y a la infección habitualmente asociada a aquélla. Con frecuencia
es posible eliminar con el broncoscopio mismo los tapones de moco o las secreciones
espesas, pero además hay que continuar con una fisioterapia enérgica y con las
restantes medidas mencionadas. Ante la sospecha de aspiración de cuerpo
extraño, hay que realizar la broncoscopia lo antes posible; la extracción del
cuerpo extraño puede requerir un broncoscopio rígido.
Los pacientes con atelectasias deben:
(1) permanecer acostados con el lado afecto en posición elevada para facilitar
el drenaje de secreciones, (2) recibir una fisioterapia adecuada, y (3) ser
animados a toser. Más adelante se les debe recomendar cambiar de posición con
frecuencia y respirar profundamente. El uso frecuente y con supervisión (c 1-2
h) de IPPB o de un espirómetro incentivado puede asegurar la práctica de
inspiraciones profundas. Si la atelectasia ocurrió fuera del hospital (p. ej.,
por aspiración de un cuerpo extraño) y existen signos clínicos y analíticos de
infección o bien circunstancias clínicas que sugieren una probabilidad elevada
de infección, debe administrarse al inicio del tratamiento un antibiótico de
amplio espectro (p. ej., ampicilina, 500 mg p.o. o 1 g por vía parenteral c 6
h, o 50-100 mg/kg/d en dosis fraccionadas c 6-8 h en niños). Si el paciente se
halla gravemente enfermo e ingresado en el hospital, el tratamiento antibiótico
se debe basar en la cobertura de los patógenos locales conocidos y en los
perfiles de susceptibilidad a los antibióticos en dicho hospital. La
antibioterapia puede incluir penicilina (p. ej., ampicilina) o clindamicina, en
dosis de 1.200-2.700 mg/d i.v. (en lactantes > 1 mes y niños, 25-40 mg/kg/d
i.m. o i.v. 3-4/d) y un aminoglucósido (p. ej., amikacina, 15-30 mg/kg/d i.m. o
i.v. en 3 dosis iguales, o gentamicina, 3-7,5 mg/kg/d i.m. o i.v. en 3 dosis
iguales) o una cefalosporina de 2a o 3a generación (p.
ej., cefuroxima 0,75-1,5 g i.v. c 8 h [en lactantes > 1 mes y niños, 75-150
mg/kg/d i.m. o i.v. en dosis fraccionadas c 6-8 h] o cefamandol 0,5-1 g i.v. c
4-6 h). La dosificación puede requerir ajustes en los ancianos y debe
efectuarse con precauciones en los pacientes con antecedentes de enfermedad GI
o una alteración grave de la función renal o hepática. Si posteriormente se
aísla un germen específico en el esputo o las secreciones bronquiales, la pauta
de antibióticos debe modificarse de acuerdo con ello.
Los pacientes que padecen atelectasias
de repetición (p. ej., por enfermedades neuromusculares) pueden beneficiarse de
un tratamiento de prueba utilizando presión positiva continua en la vía aérea
(CPAP) por vía nasal con valores de 5-15 cmH2O.
Atelectasia crónica. Cuanto
más tiempo permanezca el pulmón sin expandirse, más probable es la aparición de
lesiones destructivas, fibróticas y bronquiectásicas. Dado que las atelectasias
secundarias suelen infectarse independientemente de la causa de la obstrucción,
cuando aumentan el volumen de esputo emitido y el carácter purulento de éste
hay que administrar un antibiótico de amplio espectro (p. ej., ampicilina o
tetraciclina), o bien otro, según los resultados de la tinción de Gram y del
cultivo. Ha de considerarse siempre la posibilidad de una resección quirúrgica
del lóbulo o segmento pulmonares atelectásicos, sobre todo cuando coexistan
infecciones respiratorias recurrentes e incapacitantes y/o hemoptisis
recurrentes con origen en la zona pulmonar afecta. Cuando la obstrucción se
deba a un tumor, la valoración de su extensión, de su tipo celular y del estado
general y de la función pulmonar del enfermo determinará si el mejor
tratamiento es el quirúrgico, la radioterapia o la quimioterapia. En algunos
casos seleccionados, el tratamiento con rayos láser ha logrado disminuir de
modo eficaz una obstrucción producida por una lesión endobronquial.
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