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Átomo, la unidad más pequeña posible de un elemento
químico.
El
tamaño del átomo
La curiosidad acerca del tamaño y masa del átomo atrajo a cientos de
científicos durante un largo periodo en el que la falta de instrumentos y
técnicas apropiadas impidió lograr respuestas satisfactorias. Posteriormente se
diseñaron numerosos experimentos ingeniosos para determinar el tamaño y peso de
los diferentes átomos. El átomo más ligero, el de hidrógeno, tiene un diámetro
de aproximadamente 10-10 m (0,0000000001 m) y una masa alrededor de
1,7 × 10-27 kg (la fracción de un kilogramo representada por 17
precedido de 26 ceros y una coma decimal). Un átomo es tan pequeño que una sola
gota de agua contiene más de mil trillones de átomos.
El
átomo nuclear de Rutherford
El descubrimiento de la naturaleza de las emisiones radiactivas permitió
a los físicos profundizar en el átomo, que según se vio consistía
principalmente en espacio vacío. En el centro de ese espacio se encuentra el
núcleo, que sólo mide, aproximadamente, una diezmilésima parte del diámetro del
átomo. Rutherford dedujo que la masa del átomo está concentrada en su núcleo.
También postuló que los electrones, de los que ya se sabía que formaban parte
del átomo, viajaban en órbitas alrededor del núcleo. El núcleo tiene una carga
eléctrica positiva; los electrones tienen carga negativa. La suma de las cargas
de los electrones es igual en magnitud a la carga del núcleo, por lo que el
estado eléctrico normal del átomo es neutro.
El
núcleo atómico
En 1919, Rutherford expuso gas nitrógeno a una fuente radiactiva que
emitía partículas alfa. Algunas de estas partículas colisionaban con los
núcleos de los átomos de nitrógeno. Como resultado de estas colisiones, los
átomos de nitrógeno se transformaban en átomos de oxígeno. El núcleo de cada
átomo transformado emitía una partícula positivamente cargada. Se comprobó que
esas partículas eran idénticas a los núcleos de átomos de hidrógeno. Se las
denominó protones. Las investigaciones posteriores demostraron que los protones
forman parte de los núcleos de todos los elementos.
No se conocieron más datos sobre la estructura del núcleo hasta 1932,
cuando el físico británico James Chadwick descubrió en el núcleo otra
partícula, el neutrón, que tiene casi exactamente la misma masa que el protón
pero carece de carga eléctrica. Entonces se vio que el núcleo está formado por
protones y neutrones. En cualquier átomo dado, el número de protones es igual
al número de electrones y, por tanto, al número atómico del átomo. Los isótopos
son átomos del mismo elemento (es decir, con el mismo número de protones) que
tienen diferente número de neutrones. En el caso del cloro, uno de los isótopos
se identifica con el símbolo 35Cl, y su pariente más pesado con 37Cl.
Los superíndices identifican la masa atómica del isótopo, y son iguales al
número total de neutrones y protones en el núcleo del átomo. A veces se da el
número atómico como subíndice, como por ejemplo }Cl.
Los núcleos menos estables son los que contienen un número impar de
neutrones y un número impar de protones; todos menos cuatro de los isótopos
correspondientes a núcleos de este tipo son radiactivos. La presencia de un
gran exceso de neutrones en relación con los protones también reduce la
estabilidad del núcleo; esto sucede con los núcleos de todos los isótopos de
los elementos situados por encima del bismuto en la tabla periódica, y todos
ellos son radiactivos. La mayor parte de los núcleos estables conocidos
contiene un número par de protones y un número par de neutrones.
El
átomo de Bohr
Para explicar la estructura del átomo, el físico danés Niels Bohr
desarrolló en 1913 una hipótesis conocida como teoría atómica de Bohr. Bohr
supuso que los electrones están dispuestos en capas definidas, o niveles
cuánticos, a una distancia considerable del núcleo. La disposición de los
electrones se denomina configuración electrónica. El número de electrones es
igual al número atómico del átomo: el hidrógeno tiene un único electrón
orbital, el helio dos y el uranio 92. Las capas electrónicas se superponen de
forma regular hasta un máximo de siete, y cada una de ellas puede albergar un
determinado número de electrones. La primera capa está completa cuando contiene
dos electrones, en la segunda caben un máximo de ocho, y las capas sucesivas
pueden contener cantidades cada vez mayores. Ningún átomo existente en la
naturaleza tiene la séptima capa llena. Los “últimos” electrones, los más
externos o los últimos en añadirse a la estructura del átomo, determinan el
comportamiento químico del átomo.
Todos los gases inertes o nobles (helio, neón, argón, criptón, xenón y
radón) tienen llena su capa electrónica externa. No se combinan químicamente en
la naturaleza, aunque los tres gases nobles más pesados (criptón, xenón y
radón) pueden formar compuestos químicos en el laboratorio. Por otra parte, las
capas exteriores de los elementos como litio, sodio o potasio sólo contienen un
electrón. Estos elementos se combinan con facilidad con otros elementos
(transfiriéndoles su electrón más externo) para formar numerosos compuestos
químicos. De forma equivalente, a los elementos como el flúor, el cloro o el
bromo sólo les falta un electrón para que su capa exterior esté completa. También
se combinan con facilidad con otros elementos de los que obtienen electrones.
Las capas atómicas no se llenan necesariamente de electrones de forma
consecutiva. Los electrones de los primeros 18 elementos de la tabla periódica
se añaden de forma regular, llenando cada capa al máximo antes de iniciar una
nueva capa. A partir del elemento decimonoveno, el electrón más externo
comienza una nueva capa antes de que se llene por completo la capa anterior. No
obstante, se sigue manteniendo una regularidad, ya que los electrones llenan
las capas sucesivas con una alternancia que se repite. El resultado es la
repetición regular de las propiedades químicas de los átomos, que se
corresponde con el orden de los elementos en la tabla periódica.
Resulta cómodo visualizar los electrones que se desplazan alrededor del
núcleo como si fueran planetas que giran en torno al Sol. No obstante, esta
visión es mucho más sencilla que la que se mantiene actualmente. Ahora se sabe
que es imposible determinar exactamente la posición de un electrón en el átomo
sin perturbar su posición. Esta incertidumbre se expresa atribuyendo al átomo
una forma de nube en la que la posición de un electrón se define según la
probabilidad de encontrarlo a una distancia determinada del núcleo. Esta visión
del átomo como “nube de probabilidad” ha sustituido al modelo de sistema solar.
Espectro
Serie de colores semejante a un arco iris —por este orden: violeta, azul,
verde, amarillo, anaranjado y rojo— que se produce al dividir una luz compuesta
como la luz blanca en sus colores constituyentes. El arco iris es un espectro
natural producido por fenómenos meteorológicos. Puede lograrse un efecto
similar haciendo pasar luz solar a través de un prisma de vidrio.
Líneas
espectrales
Uno de los grandes éxitos de la física teórica fue la explicación de las
líneas espectrales características de numerosos elementos. Los átomos excitados
por energía suministrada por una fuente externa emiten luz de frecuencias bien
definidas. Si, por ejemplo, se mantiene gas hidrógeno a baja presión en un tubo
de vidrio y se hace pasar una corriente eléctrica a través de él, desprende luz
visible de color rojizo. El examen cuidadoso de esa luz mediante un
espectroscopio muestra un espectro de líneas, una serie de líneas de luz separadas
por intervalos regulares. Cada línea es la imagen de la ranura del
espectroscopio que se forma en un color determinado. Cada línea tiene una
longitud de onda definida y una determinada energía asociada. La teoría de Bohr
permite a los físicos calcular esas longitudes de onda de forma sencilla. Se
supone que los electrones pueden moverse en órbitas estables dentro del átomo.
Mientras un electrón permanece en una órbita a distancia constante del núcleo,
el átomo no irradia energía. Cuando el átomo es excitado, el electrón salta a
una órbita de mayor energía, a más distancia del núcleo. Cuando vuelve a caer a
una órbita más cercana al núcleo, emite una cantidad discreta de energía que
corresponde a luz de una determinada longitud de onda. El electrón puede volver
a su órbita original en varios pasos intermedios, ocupando órbitas que no estén
completamente llenas. Cada línea observada representa una determinada
transición electrónica entre órbitas de mayor y menor energía.
En muchos de los elementos más pesados, cuando un átomo está tan excitado
que resultan afectados los electrones internos cercanos al núcleo, se emite
radiación penetrante (rayos X). Estas transiciones electrónicas implican
cantidades de energía muy grandes.
Modelos
atómicos
La evolución de
los modelos físicos del átomo se vio impulsada por los datos experimentales. El
modelo de Rutherford, en el que los electrones se mueven alrededor de un núcleo
positivo muy denso, explicaba los resultados de experimentos de dispersión,
pero no el motivo de que los átomos sólo emitan luz de determinadas longitudes
de onda (emisión discreta). Bohr partió del modelo de Rutherford pero postuló
además que los electrones sólo pueden moverse en determinadas órbitas; su
modelo explicaba ciertas características de la emisión discreta del átomo de
hidrógeno, pero fallaba en otros elementos. El modelo de Schrödinger, que no
fija trayectorias determinadas para los electrones sino sólo la probabilidad de
que se hallen en una zona, explica parcialmente los espectros de emisión de
todos los elementos; sin embargo, a lo largo del siglo XX han sido necesarias
nuevas mejoras del modelo para explicar otros fenómenos espectrales.

Radiactividad
Una serie de descubrimientos importantes realizados hacia finales del
siglo XIX dejó claro que el átomo no era una partícula sólida de materia que no
pudiera ser dividida en partes más pequeñas. En 1895, el científico alemán
Wilhelm Conrad Roentgen anunció el descubrimiento de los rayos X, que pueden
atravesar láminas finas de plomo. En 1897, el físico inglés J. J. Thomson
descubrió el electrón, una partícula con una masa muy inferior al de cualquier
átomo. Y, en 1896, el físico francés Antoine Henri Becquerel comprobó que
determinadas sustancias, como las sales de uranio, generaban rayos penetrantes
de origen misterioso. El matrimonio de científicos franceses formado por Marie
y Pierre Curie aportó una contribución adicional a la comprensión de esas
sustancias “radiactivas” Como resultado de las investigaciones del físico
británico Ernest Rutherford y sus coetáneos, se demostró que el uranio y
algunos otros elementos pesados, como el torio o el radio, emiten tres clases
diferentes de radiación, inicialmente denominadas rayos alfa (a), beta (b) y gamma (g). Las dos
primeras, que según se averiguó están formadas por partículas eléctricamente
cargadas, se denominan actualmente partículas alfa y beta. Posteriormente se
comprobó que las partículas alfa son núcleos de helio y las partículas beta son
electrones. Estaba claro que el átomo se componía de partes más pequeñas. Los
rayos gamma fueron finalmente identificados como ondas electromagnéticas,
similares a los rayos X pero con menor longitud de onda.
Radiactividad
artificial
Los experimentos llevados a cabo por los
físicos franceses Frédéric e Irène Joliot-Curie a principios de la década de
1930 demostraron que los átomos estables de un elemento pueden hacerse
artificialmente radiactivos bombardeándolos adecuadamente con partículas nucleares
o rayos. Estos isótopos radiactivos (radioisótopos) se producen como resultado
de una reacción o transformación nuclear. En dichas reacciones, los algo más de
270 isótopos que se encuentran en la naturaleza sirven como objetivo de
proyectiles nucleares. El desarrollo de “rompeátomos”, o aceleradores, que
proporcionan una energía elevada para lanzar estas partículas-proyectil ha
permitido observar miles de reacciones nucleares.
Introducción
del cuanto de Planck
A principios del siglo XX, los físicos aún no reconocían claramente que
éstas y otras dificultades de la física estaban relacionadas entre sí. El
primer avance que llevó a la solución de aquellas dificultades fue la
introducción por parte de Planck del concepto de cuanto, como resultado de los estudios
de la radiación del cuerpo negro realizados por los físicos en los últimos años
del siglo XIX (el término ‘cuerpo negro’ se refiere a un cuerpo o
superficie ideal que absorbe toda la energía radiante sin reflejar ninguna). Un
cuerpo a temperatura alta —al rojo vivo— emite la mayor parte de su radiación
en las zonas de baja frecuencia (rojo e infrarrojo); un cuerpo a temperatura
más alta —al rojo blanco— emite proporcionalmente más radiación en frecuencias
más altas (amarillo, verde o azul). Durante la década de 1890, los físicos
llevaron a cabo estudios cuantitativos detallados de esos fenómenos y
expresaron sus resultados en una serie de curvas o gráficas. La teoría clásica,
o precuántica, predecía un conjunto de curvas radicalmente diferentes de las
observadas. Lo que hizo Planck fue diseñar una fórmula matemática que
describiera las curvas reales con exactitud; después dedujo una hipótesis
física que pudiera explicar la fórmula. Su hipótesis fue que la energía sólo es
radiada en cuantos cuya energía es hu, donde u es la frecuencia de la radiación y h
es el ‘cuanto de acción’, ahora conocido como constante de Planck.
Efecto
Fotoeléctrico
Formación y liberación de partículas eléctricamente cargadas que se
produce en la materia cuando es irradiada con luz u otra radiación
electromagnética. El término efecto fotoeléctrico designa varios tipos
de interacciones similares. En el efecto fotoeléctrico externo se liberan
electrones en la superficie de un conductor metálico al absorber energía de la
luz que incide sobre dicha superficie. Este efecto se emplea en la célula
fotoeléctrica, donde los electrones liberados por un polo de la célula, el
fotocátodo, se mueven hacia el otro polo, el ánodo, bajo la influencia de un
campo eléctrico.
El estudio del efecto fotoeléctrico externo desempeñó un papel importante
en el desarrollo de la física moderna. Una serie de experimentos iniciados en
1887 demostró que el efecto fotoeléctrico externo tenía determinadas
características que no podían explicarse por las teorías de aquella época, que
consideraban que la luz y todas las demás clases de radiación electromagnética
se comportaban como ondas. Por ejemplo, a medida que la luz que incide sobre un
metal se hace más intensa, la teoría ondulatoria de la luz sugiere que en el
metal se liberarán electrones con una energía cada vez mayor. Sin embargo, los
experimentos mostraron que la máxima energía posible de los electrones emitidos
sólo depende de la frecuencia de la luz incidente, y no de su intensidad.
En 1905, para tratar de explicar el mecanismo del efecto fotoeléctrico
externo, Albert Einstein sugirió que podría considerarse que la luz se comporta
en determinados casos como una partícula, y que la energía de cada partícula
luminosa, o fotón, sólo depende de la frecuencia de la luz. Para explicar el
efecto fotoeléctrico externo, Einstein consideró la luz como un conjunto de
"proyectiles" que chocan contra el metal. Cuando un electrón libre
del metal es golpeado por un fotón, absorbe la energía del mismo. Si el fotón
tiene la suficiente energía, el electrón es expulsado del metal. La teoría de
Einstein explicaba muchas características del efecto fotoeléctrico externo,
como por ejemplo el hecho de que la energía máxima de los electrones expulsados
sea independiente de la intensidad de la luz. Según la teoría de Einstein, esta
energía máxima sólo depende de la energía del fotón que lo expulsa, que a su
vez sólo depende de la frecuencia de la luz. La teoría de Einstein se verificó
por experimentos posteriores. Su explicación del efecto fotoeléctrico, con la
demostración de que la radiación electromagnética puede comportarse en algunos
casos como un conjunto de partículas, contribuyó al desarrollo de la teoría
cuántica.
El término efecto fotoeléctrico también puede referirse a otros tres procesos:
la fotoionización, la fotoconducción y el efecto fotovoltáico. La
fotoionización es la ionización de un gas por la luz u otra radiación
electromagnética. Para ello, los fotones tienen que poseer la suficiente
energía para separar uno o más electrones externos de los átomos de gas. En la
fotoconducción, los electrones de materiales cristalinos absorben energía de
los fotones y llegan así a la gama de niveles de energía en la que pueden
desplazarse libremente y conducir electricidad. En el efecto fotovoltáico, los
fotones crean pares electrón-hueco en materiales semiconductores. En un
transistor, este efecto provoca la creación de un potencial eléctrico en la
unión entre dos semiconductores diferentes.
El principio
de incertidumbre
La imposibilidad de determinar exactamente la posición de un electrón en
un instante determinado fue analizada por Heisenberg, que en 1927 formuló el
principio de incertidumbre. Este principio afirma que es imposible especificar
con exactitud y al mismo tiempo la posición y el momento lineal de una
partícula. En otras palabras, los físicos no pueden medir la posición de una
partícula sin causar una perturbación en la velocidad de dicha partícula. Se
dice que el conocimiento de la posición y de la velocidad son complementarios,
es decir, que no pueden ser precisos al mismo tiempo. Este principio también es
fundamental en la visión de la mecánica cuántica que suele aceptarse en la
actualidad: los caracteres ondulatorio y corpuscular de la radiación
electromagnética pueden interpretarse como dos propiedades complementarias de
la radiación.
Principio
de dualidad Onda-corpúsculo
Posesión de propiedades tanto ondulatorias como corpusculares por parte
de los objetos subatómicos. El principio fundamental de la teoría cuántica es
que una entidad que estamos acostumbrados a considerar como una partícula (por
ejemplo, un electrón, con un momento lineal p) puede comportarse también como una
onda, mientras que otras entidades que solemos concebir como ondas (por
ejemplo, la luz, con una longitud de onda l) también pueden
describirse como corpúsculos (en este caso, fotones). La longitud de onda l y el momento lineal p de una entidad cuántica
están relacionados por la ecuación pl = h, donde h es una constante conocida como constante
de Planck.
Esta dualidad onda-corpúsculo se aprecia especialmente bien en los
experimentos de ‘doble rendija’, en los que un cañón de partículas dispara
electrones o fotones (uno cada vez) a través de un par de agujeros en una
barrera, tras lo que son detectados en una pantalla situada al otro lado. En
ambos casos, lo que sale del cañón y lo que llega a la pantalla detectora son
partículas, y cada una marca un punto individual en la pantalla. No obstante,
la figura global que se acumula en la pantalla a medida que se disparan más y
más corpúsculos a través de los dos agujeros es un diagrama de interferencia
formado por franjas claras y oscuras, que sólo pueden explicarse como resultado
de ondas que pasan por ambos agujeros de la barrera e interfieren entre sí. Esto
se expresa en el aforismo de que las entidades cuánticas “viajan como ondas
pero llegan como partículas”.
Números
cúanticos
Estos números cuánticos se emplen para describir matemáticamente un
modelo tridimensional del átomo. El número cuántico principal, n,
define el estado de energía principal, o capa, de un electrón en órbita. El
número cuántico orbital, l, describe la magnitud del momento
angular del electrón en órbita. El número cuántico m describe la orientación
magnética en el espacio del plano de la órbita del electrón. El llamado espín
se designa con el número cuántico de espín magnético, ms, que puede
adoptar el valor de -1 o +1 según la dirección del espín. Para cada número cuántico, salvo ms,
sólo están permitidos determinados valores enteros. Las consecuencias de esta
regla están sustancialmente de acuerdo con la ley periódica.
Por ejemplo, cuando el número cuántico principal n es 1, la teoría cuántica
sólo permite que el número orbital l y el número cuántico magnético m
tengan un valor de 0, y que el número cuántico de espín ms sea +1 o -1. El resultado es que sólo hay dos combinaciones posibles de números
cuánticos: 1-0-0-(+1) y 1-0-0-(-1). Según el principio de exclusión, cada una de estas dos combinaciones
de números cuánticos puede ser adoptada por un único electrón. Por tanto,
cuando el número cuántico principal es n = l, sólo dos electrones pueden ocupar
esa capa electrónica.
Cuando n = 2, la teoría cuántica permite que l sea 0 o 1, m
sea +1, 0, o -1, y ms s sea +1 o -1. Existen ocho combinaciones posibles de estos números cuánticos. Por
tanto, en la segunda capa electrónica puede haber un máximo de ocho electrones.
Con este método puede establecerse el número máximo de electrones permitidos en
cada capa electrónica de cualquier átomo. La ley periódica se explica por el
diferente grado de llenado de las capas electrónicas de los átomos.
Raúl Gayoso Acción 1ºb
Bachillerato
Indice
El
atomo.....................................................................................3
El tamaño del
atomo..................................................................3
El atomo nuclear de
Rutherford.................................................3
El nucleo atómico.......................................................................4
El átomo de
Bohr........................................................................5
Espectro......................................................................................6
Líneas
espectrales.......................................................................7
Modelos
atómicos.......................................................................8
Radiactividad...............................................................................9
Radiactividad
artificial................................................................10
Introducción del cuanto de
Planck..............................................10
Efecto fotoeléctrico......................................................................11
Principio de
incertidumbre...........................................................12
Principio de dualidad
Onda-corpúsculo.......................................12
Números cúanticos.......................................................................13
Bibliografía..................................................................................15
Bibliografía
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