El Imperio
Babilónico:
Babilonia
(imperio),
antiguo reino de Mesopotamia, conocido originalmente como Sumer y después como
Sumer y Acad, situado entre los ríos Tigris y Éufrates, al sur de la actual
Bagdad (Irak). La denominación de este territorio, que llegó a constituirse
como un gran imperio, deriva del nombre de la ciudad de Babilonia.
Civilización babilónica
La
civilización babilónica, que duró desde el siglo XVIII hasta el VI a.C., era,
como la sumeria que la precedió, de carácter urbano, aunque se basaba en la
agricultura más que en la industria. El país estaba compuesto por unas doce
ciudades, rodeadas de pueblos y aldeas. A la cabeza de la estructura política
estaba el rey, monarca absoluto que ejercía el poder legislativo, judicial y
ejecutivo. Por debajo de él había un grupo de gobernadores y administradores
selectos. Los alcaldes y los consejos de ancianos de la ciudad se ocupaban de
la administración local.
Los
babilonios modificaron y transformaron su herencia sumeria para adecuarla a su
propia cultura y carácter. El modo de vida resultante demostró ser tan eficaz
que sufrió relativamente pocos cambios durante aproximadamente 1.200 años.
Influyó en sus países vecinos, especialmente en el reino de Asiria, que adoptó
la cultura babilónica prácticamente por completo. Afortunadamente, se ha
encontrado una colección importante de obras de literatura babilónica gracias a
las excavaciones. Una de las más importantes es la magnífica colección de leyes
(siglo XVIII a.C.) frecuentemente denominada Código de Hammurabi, que, junto
con otros documentos y cartas pertenecientes a distintos periodos, proporcionan
un amplio cuadro de la estructura social y de la organización económica.
Sociedad
La
sociedad babilónica estaba compuesta por tres clases sociales representadas por
el awilu,
persona libre de clase superior; el wardu, o esclavo; y el mushkenu,
persona libre de clase inferior, que se encontraba legalmente entre el awilu
y el wardu.
La mayoría de los esclavos eran prisioneros de guerra, aunque algunos eran
reclutados entre la población babilonia. Por ejemplo, las personas libres
podían ser hechas esclavos como castigo por algunos delitos; los padres podían
vender a sus hijos como esclavos en momentos de necesidad; o un hombre incluso,
podía someter a toda su familia a los deudores como pago de una deuda, pero no
durante más de tres años. Los esclavos eran propiedad de su amo, como un bien
mueble, podían ser marcados y azotados, y eran severamente castigados si
intentaban escapar. Los esclavos tenían algunos derechos legales y podían
realizar negocios, prestar dinero y comprar su libertad. Si un esclavo se
casaba con una persona libre y tenían hijos, éstos eran libres.
Vida familiar
La
familia era la unidad básica de la sociedad babilónica. Los matrimonios eran
dispuestos por los padres y los esponsales se reconocían legalmente tan pronto
como el novio presentaba un regalo nupcial al padre de la novia; la ceremonia
matrimonial normalmente concluía con un contrato inscrito en una tablilla.
Aunque el matrimonio se consideraba principalmente un acuerdo práctico, hay
pruebas que sugieren que no eran completamente desconocidas las relaciones
prematrimoniales clandestinas. La mujer babilonia tenía algunos derechos
civiles importantes. Podía tener propiedades, realizar negocios y actuar como
testigo en un juicio. Sin embargo, el marido podía divorciarse de ella por
cuestiones triviales o, si no le había dado hijos, podía contraer matrimonio
con otra mujer.
Ciudades
El
número de habitantes de una ciudad variaba probablemente entre 10.000 y 50.000.
Las calles de la ciudad eran estrechas, sinuosas e irregulares, flanqueadas por
los muros altos y sin ventanas de las casas. Las calles no estaban pavimentadas
ni tenían alcantarillas. La casa media era una estructura pequeña, de una
planta y de ladrillos de barro, compuesta de distintas habitaciones agrupadas
alrededor de un patio. Por otra parte, la casa de un próspero babilonio era,
probablemente, una residencia de dos pisos de ladrillo con aproximadamente una
docena de habitaciones, con muros interiores y exteriores enlucidos y
enjalbegados. La planta inferior tenía una habitación de recibimiento, una
cocina, un cuarto de aseo, las habitaciones del servicio y, a veces, incluso
una habitación privada para el culto. Los muebles incluían mesas bajas, sillas
con respaldo y camas con armazón de madera. La vajilla doméstica estaba
fabricada de arcilla, piedra, cobre y bronce, y los cestos y las arcas de caña
y madera.
Las
casas frecuentemente se construían sobre un mausoleo donde se enterraban a los
miembros de la familia. Los babilonios creían que las almas de los muertos
viajaban al siguiente mundo, y que, al menos en cierto grado, la vida seguía
allí como en la tierra. Por ello, enterraban junto al muerto tarros,
herramientas, armas y joyas.
Tecnología
Los
babilonios heredaron los logros técnicos de los sumerios en riego y
agricultura. El mantenimiento del sistema de canales, diques, presas y
depósitos construidos por sus predecesores necesitaba de un considerable
conocimiento y habilidad de ingeniería. La preparación de mapas, informes y
proyectos implicaban la utilización de instrumentos de nivelación y jalones de
medición. Con fines matemáticos y aritméticos, utilizaban el sistema
sexagesimal sumerio de numeración, que se caracterizaba por un útil dispositivo
denominado notación lugar-valor que se parece al actual sistema decimal.
Continuaron utilizándose las medidas de longitud, área, capacidad y peso,
normalizadas anteriormente por los sumerios. La agricultura era una ocupación
complicada y metódica que necesitaba previsión, diligencia y destreza. Un
documento escrito en sumerio recientemente traducido, aunque utilizado como
libro de texto en las escuelas babilónicas, resulta ser un verdadero almanaque
del agricultor, y registra una serie de instrucciones y direcciones para guiar
las actividades de la granja, desde el riego de los campos hasta el
aventamiento de los cultivos cosechados.
Los
artesanos babilonios eran diestros en metalurgia, en los procesos de abatanado,
blanqueo y tinte, y en la preparación de pinturas, pigmentos, cosméticos y
perfumes. En el campo de la medicina, se conocía bien la cirugía y se
practicaba frecuentemente, a juzgar por el Código de Hammurabi, que la dedica
varios párrafos. También se desarrolló, sin lugar a dudas, la farmacopea,
aunque la única prueba importante de ello procede de una tablilla sumeria
escrita algunos siglos antes del reinado de Hammurabi.
Sistema
legal y escritura
Ley y
justicia eran conceptos fundamentales en el modo de vida babilónico. La
justicia era administrada por los tribunales, cada uno de los cuales tenía
entre uno y cuatro jueces. Los ancianos de una ciudad frecuentemente formaban
un tribunal. Los jueces no podían revocar sus decisiones por ninguna razón,
aunque podían dirigirse apelaciones contra sus veredictos ante el rey. Las
pruebas consistían en afirmaciones de testigos o de documentos escritos. Los
juramentos, que desempeñaban un papel importante en la administración de
justicia, podían ser prometedores, declaratorios o exculpatorios. Los
tribunales aplicaban castigos que iban desde la pena de muerte al azote, la
reducción del estado social a la esclavitud y el destierro. Las compensaciones
por daños iban desde 3 a 30 veces el valor del objeto perjudicado.
Para
asegurar que sus instituciones legales, administrativas y económicas
funcionaban eficazmente, los babilonios utilizaban el sistema de escritura
cuneiforme desarrollado por los sumerios. Para formar a sus escribas,
secretarios, archiveros y demás funcionarios administrativos, adoptaron el
sistema sumerio de educación formal, bajo el cual escuelas seglares servían
como centros culturales. El plan de estudios consistía principalmente en copiar
y memorizar ambos libros de textos y los diccionarios sumero-babilónicos que
contenían largas listas de palabras y frases, incluidos los nombres de árboles,
animales, pájaros, insectos, países, ciudades, pueblos y minerales, así como
una gran y diversa colección de tablas matemáticas y problemas. En el estudio
de la literatura, los alumnos copiaban e imitaban distintos tipos de mitos,
epopeyas, himnos, lamentaciones, proverbios y ensayos en lengua sumeria y
babilónica.
Largos
periodos de la historia del antiguo Oriente Próximo no pueden datarse con
exactitud. La Relación de Reyes Sumerios ofrece una sucesión de
gobernantes hasta el final de la I Dinastía de Isin, hacia el 1790 a.C., pero no es fiable para las
fechas anteriores a la dinastía de Acad, hacia el 2340 a.C. Se establece una cronología
relativamente fiable para el periodo que comienza con la dinastía de Acad hasta
el final de la I dinastía de Babilonia, cerca del 1595 a.C. Sin embargo, este periodo es
seguido por más de 700 años de oscuridad, durante el cual las fechas son
únicamente aproximadas. Se utilizan tres sistemas cronológicos principales para
el antiguo Oriente Próximo: alto, medio y bajo, dependiendo de si la fecha
asignada al primer año de reinado de Hammurabi de Babilonia es 1848, 1792 o
1728 a.C.
Las fechas de este artículo siguen la denominada cronología media, y se data el
primer año de reinado de Hammurabi en el 1792 a.C.
Los
sumerios
Hacia
finales del III milenio a.C., el reino de Sumer y Acad cubría una gran zona
regida por una dinastía sumeria conocida como la III Dinastía de Ur. El
catalizador de su caída fue la migración de un gran grupo de nómadas semíticos,
los amurru, o amorreos bíblicos, desde los desiertos arábigos hasta el oeste.
Tomaron una serie de ciudades importantes como Isin, Larsa, Babilonia y Esnunna
(actualmente Tell Asmar) donde establecieron nuevas dinastías. Hacia el 2000 a.C. el último gobernador de la III
Dinastía de Ur fue capturado por los elamitas. El reino de Sumer y Acad se
desintegró y se inició la guerra civil. Al principio la ciudad de Isin intentó
controlar Sumer y Acad, pero su autoridad fue retada por Larsa, algo alejada
hacia el sur, y las dos ciudades estuvieron constantemente en guerra. Hacia el
1790 a.C.
el rey Rim-Sin I de Larsa (que reinó hacia 1823-1763 a.C.) conquistó y ocupó Isin,
acontecimiento considerado tan importante que marcó el comienzo de una nueva,
aunque limitada, época de datación en los anales de los escribas.
Hammurabi
Rim-Sin
era incapaz de explotar su victoria, porque al mismo tiempo, en la hasta
entonces modesta ciudad de Babilonia, el gobernante Hammurabi empezaba a
destacar. Como rey, Hammurabi combinaba la astuta diplomacia con el liderazgo
militar; derrotó a Rim-Sin, así como a los reyes de Elam, Mari y Esnunna, y
hacia el 1760 a.C.
se convirtió en el gobernante de un reino unificado que se extendía desde el
golfo Pérsico hasta el río Jabur. Se considera que la historia de Babilonia se
inicia con Hammurabi.
Administrador
inusualmente activo y capaz, Hammurabi ofreció su atención personal a detalles
tales como la limpieza de canales de irrigación y la introducción de un mes más
en el calendario. Era un extraordinario legislador; el Código de Hammurabi es
uno de los documentos legales más importantes jamás descubierto. También era un
inspirado líder religioso; durante su reinado el dios de la ciudad babilónica
Marduk se convirtió en el líder reconocido en el panteón de las deidades.
Los
casitas y la II Dinastía de Isin
Durante
los reinados de Hammurabi y de su hijo Samsu-Iluna (que reinó hacia 1750-1712 a.C.), quien le sucedió, la
civilización babilónica alcanzó el cenit de su desarrollo cultural y poder
político. Algunas de las ciudades más importantes de Babilonia comenzaron a
buscar la independencia y, durante el reinado de
Samsu-Iluna,
los casitas invadieron por primera vez el país. Aunque Samsu-Iluna tuvo éxito
en expulsarles, durante los siglos siguientes se infiltraron definitivamente en
Babilonia. Samsu-Iluna también había tratado con el líder rebelde, Iluma-Ilum,
quien fundó una dinastía en el sur de Babilonia, en la frontera con el golfo
Pérsico, en el territorio conocido comúnmente como el país del mar.
Con
los sucesores de Samsu-Iluna, Babilonia sufrió un grave deterioro en cuanto a
su poder y territorio. Cuando, hacia el 1595 a.C., un ejército hitita penetró
por el sur hasta Babilonia y llevaron prisioneros y riquezas babilónicas hasta
la alejada Anatolia, en el reino comenzó el desorden. Durante un breve periodo,
Babilonia cayó bajo el dominio de la dinastía del país del mar. Finalmente,
hacia mediados del siglo XVI a.C., el gobernante casita Agum (que reinó hacia
el 1570 a.C.)
tomó Babilonia y extendió su territorio desde el río Éufrates a los montes
Zagros.
Bajo
dominio casita, Babilonia de nuevo se convirtió en un poder de considerable
importancia. Así, a comienzos del siglo XV a.C., era uno de los cuatro poderes
principales de Asia occidental, los otros tres eran los imperios egipcio e
hitita, así como el reino de Mitanni.
Después
de la recuperación de la independencia de Asiria respecto de la dominación de
Mitanni a principios del siglo XIV a.C., sus gobernantes comenzaron a
interferir en los asuntos de Babilonia e intentaron controlarla políticamente.
Finalmente, tuvieron éxito y Babilonia estaba tan debilitada que cayó a manos
de los elamitas, que la invadieron por el este, depusieron al rey casita y la
redujeron a un estado de vasallaje. En el sur y centro de Babilonia surgió una
revuelta y se fundó una nueva dinastía, conocida como II Dinastía de Isin.
Hacia finales del siglo XII a.C., Nabucodonosor I (que reinó hacia 1125-1103 a.C.), uno de los reyes de Isin,
derrotó a los elamitas y atacó Asiria. No mucho después, grandes grupos de
nómadas arameos emigraron a Babilonia. Durante dos siglos aproximadamente, el
país estuvo en un estado de caos político.
Periodo
caldeo
Una
de las tribus que rodeaban Babilonia era el poderoso grupo conocido como los
caldeos. Se asentaron y dominaron el territorio a lo largo del golfo Pérsico.
Desde el siglo IX al VI a.C., los caldeos desempeñaron una parte importante en
la conformación de la historia de Asia; sus gobernantes ayudaron a destruir el
Imperio asirio y, al menos durante un breve periodo, se establecieron en
Babilonia (a la que se comenzó a conocer gradualmente como Caldea), el poder
dominante de Mesopotamia.
Uno
de los principales reyes caldeos fue Merodak-Baladán II (que reinó en el
722-710 a.C.),
quien luchó amarga y valerosamente, aunque sin éxito, contra cuatro poderosos
monarcas asirios: Teglatfalasar III (que reinó en 745-727 a.C.), Salmanasar V (que reinó en
727-722 a.C.),
Sargón II (que reinó en 722-705 a.C.) y Senaquerib (que reinó en 705-681 a.C.), destructor de Babilonia. Los
sucesores de Senaquerib, Asaradón (que reinó en 681-699 a.C.) y Assurbanipal, mantuvieron
el control político a pesar de las numerosas rebeliones y deserciones. Sin
embargo, en el 626, cuando Asiria estaba sumida en desórdenes y amenazada por
medas, escitas y cimerios, un caldeo llamado Nabopolasar (que reinó en 626-605 a.C.) se autoproclamó rey de
Babilonia. Aliándose con los medas, ayudó a destruir el poderío asirio.
Aprovechándose
de la débil posición de Asiria, Egipto comenzó a amenazar Palestina y Siria. En
el 605 a.C.
Nabucodonosor II marchó contra los egipcios y los derrotó en Karkemish (en la
actual Siria). Nabucodonosor II, que reinó durante 43 años, extendió el control
político babilónico sobre la mayor parte de Mesopotamia. Entre los estudiosos
bíblicos se le conoce como el destructor de Jerusalén y como el rey que llevó a
los judíos cautivos a Babilonia. Para los arqueólogos e historiadores es
conocido como gran constructor y restaurador. Reconstruyó Babilonia, su
capital, con un estilo lujoso y restauró muchos templos en todo el Imperio.
La
resurrección babilónica no duró mucho tiempo. Tras la muerte de Nabucodonosor en
el 562 a.C.,
hubo una prolongada lucha por el poder entre los distintos partidos e
individuos. En el 556 a.C. Nabonides, uno de los gobernadores de
Nabucodonosor, se convirtió en rey de Babilonia (donde reinó en 556-539 a.C.). Figura enigmática en cierto
modo, se opuso a la influyente clase sacerdotal de Babilonia. Nabonides dejó la
ciudad de Babilonia bajo el control de su hijo Baltasar y vivió durante cierto
tiempo en la ciudad de Harran y después en el oasis de Tema (Tayma), en el
desierto de Arabia. En el 539 a.C. los babilonios fueron derrotados por el rey
persa Ciro II el Grande, quien también había derrotado a Media. Nabonides fue
capturado en Sippar (cerca de la actual Bagdad, Irak); los persas entraron en
Babilonia sin encontrar resistencia. Babilonia fue entonces anexionada a Persia
y, de este modo, finalmente perdió la independencia.
El
legado babilónico
Más
de 1.200 años pasaron desde el glorioso reinado de Hammurabi hasta la
subyugación de Babilonia por los persas. Durante este largo lapso de tiempo, la
estructura social, la organización económica, el arte y la arquitectura, la
ciencia y la literatura, el sistema judicial y las creencias religiosas
babilónicas sufrieron una considerable modificación, aunque en general
únicamente en los detalles, no en la esencia. Basados prácticamente por
completo en la cultura de Sumer, los logros culturales de Babilonia dejaron una
profunda impresión en el mundo antiguo, y particularmente entre los hebreos y
los griegos. La influencia babilónica es evidente en las obras de poetas
griegos tales como Homero y Hesíodo, en la geometría del matemático griego
Euclides, en astronomía, en astrología, en heráldica y en la Biblia.
Tolteca, Pueblo (en nahuatl, 'maestros
constructores'), pueblo nativo de México que emigró desde el norte de lo que
ahora es México, tras la decadencia (en torno al año 700 d.C.) de la gran
ciudad de Teotihuacán, y que estableció un estado militar en Tula, a 64 km al
norte de la moderna ciudad de México, en el siglo X d.C. Se pensó que su llegada
marcó el cenit del militarismo en Mesoamérica, puesto que el ejército tolteca
empleó su mayor potencia para dominar las sociedades vecinas. El pueblo tolteca
creó una refinada cultura, que incluía conocimientos sobre la fundición del
metal, el trabajo de la piedra, la destilación y la astronomía. Su arquitectura
y su arte reflejan influencias de Teotihuacán y de la cultura olmeca. Los
restos de Tula, a veces llamada Tollan Xicocotitlán, incluyen tres templos
piramidales, de los cuales el más grande está rematado por columnas de 4,6 m de
altura en forma de estilizadas figuras humanas conocidos como
"atlantes" (guerreros); se cree que estaba dedicado a Quetzalcóatl,
la Serpiente Emplumada, deidad que los toltecas adaptaron de culturas
anteriores y la adoraron como el dios del planeta Venus. Según la leyenda, un
dios rival tolteca Tezcatlipoca, hizo que Quetzalcóatl y sus seguidores
abandonaran Tula en torno al año 1000 d.C. Se desplazaron al sur y
posteriormente desarrollaron la ciudad maya de Chichén Itzá, convirtiéndola en
su capital y en un importante centro religioso.
La
civilización tolteca decayó en el siglo XII, cuando los chichimecas, junto con
otros pueblos indígenas, invadieron el valle central y saquearon Tula. Los
toltecas del sur fueron absorbidos por los mayas, a los que habían conquistado
anteriormente. Hacia el siglo XIII la caída de Tula y del poder tolteca abrió
el camino para la ascensión de los aztecas.[1]
Olmeca, Pueblo, antiguo pueblo del sur del golfo
de México que originó la más antigua civilización en Mesoamérica (México y
América Central), y cuyo esplendor se fecha desde aproximadamente el 1500 hasta
el 900 a.C.
Su área central ocupó unos 18.000 km2, en las pantanosas selvas de las
cuencas ribereñas de los actuales estados mexicanos de Veracruz y Tabasco. Su
influencia se extendió gradualmente hasta las tierras altas de México, esto es,
el valle de México, conocido como el Anáhuac, y los actuales estados de Oaxaca
y Guerrero, por lo que influyeron en otras culturas posteriores como la mixteca
y zapoteca. Los olmecas iniciaron su andadura, durante el denominado periodo
olmeca I (1500-1200 a.C.), con pequeñas aldeas costeras que practicaban
una agricultura incipiente y mantenían el importante aporte de la caza y la
recolección. El periodo olmeca II (1200-400 a.C.) comprende San Lorenzo, su
centro más antiguo conocido, que fue destruido en torno al año 900 a.C. y sustituido por La Venta, una
ciudad creada según un patrón axial que influyó en el desarrollo urbanístico de
América Central durante siglos. Una pirámide de tierra apisonada de 30 m de altura, una de las más
antiguas de Mesoamérica, estaba situada en el centro de un complejo de templos
y patios abiertos. El periodo olmeca III (400-100 a.C.) se caracteriza por su marcada
decadencia, ubicado en los centros de Tres Zapotes y Cerro de las Mesas y que
reflejan ya las influencias de las culturas de Teotihuacán y maya, que
comenzaron su expansión en los primeros siglos de la era cristiana.
Los
olmecas, cuyo nombre significa ‘país del hule’ (del azteca ulli, hule o caucho), fueron
los primeros en emplear la piedra en la arquitectura y escultura, a pesar de
tener que extraerla de los montes de Tuxtla, a 97 km al este de Tula. Sus obras
escultóricas incluyen tanto las colosales cabezas masculinas de basalto de 2,7 m de altura y 25 t de peso como pequeñas estatuillas
de jade que pueden observarse, junto a otros productos olmecas, en la ciudad
mexicana de Villahermosa. Su sistema de escritura fue el precursor de los
jeroglíficos mayas, y es probable que el famoso calendario maya se haya
originado en la cultura olmeca. La civilización olmeca dejó establecidos
patrones de cultura que influyeron en sus sucesores en los siglos venideros;
por ello está considerada como la cultura ‘madre’ más importante de México (véase
Arte Olmeca).