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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: La belle epoque (La bella época): Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 763 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
Trabajo
sobre la Belle
Époque
15-Agosto-1999
Término que hace
referencia al periodo de tiempo comprendido entre los años 1890 y 1914 en
Francia. Esta expresión surgió al término de la I Guerra Mundial para calificar como ‘edad de oro’ a la
época inmediatamente anterior a la guerra. Expresó la reacción de los que
añoraban el pasado ante los horrores del primer conflicto mundial; la noción de
Belle Époque es independiente de los movimientos de vanguardia (futurismo,
dadaísmo, constructivismo, surrealismo).
Sin embargo, hay
algo de verdad en el mito de la Belle Époque. La economía francesa conoció,
desde la derrota de 1871, un importante progreso: la producción de carbón
(principal fuente de energía en aquel momento) pasó de 17 a 40 millones de
toneladas entre 1871 y 1914; la tasa de crecimiento industrial, que estaba
estancada desde 1820 en torno al 1,5%, pasó, según estimaciones a la baja, a
partir de 1900 al 3% y subió a más del 5% en el periodo inmediatamente anterior
a la guerra. Los salarios aumentaron alrededor del 60%, con matices según los
sectores y las regiones, y la renta agrícola también subió. El fenómeno más
importante sin duda en la génesis del mito de la Belle Époque fue la
estabilidad monetaria, el valor del franco no cambió desde 1815 hasta 1914. La
inflación fue prácticamente nula y la emisión de valores mobiliarios se
quintuplicó entre 1890 y 1913, mientras que el valor de las rentas emitidas por
el Estado aumentó en un 40% entre 1871 y 1900. A este crecimiento económico
correspondió un estancamiento demográfico excepcional: entre 1871 y 1914 la
tasa de crecimiento natural no pasó nunca del 0,2% al año, la población
francesa aumentó en un 9,7% frente al 51% de Alemania. El malthusianismo,
aunque inquietó a algunos pensadores y políticos, acentuó también los progresos
generales (y evidentemente muy desiguales) del nivel de vida. En este contexto,
la idea de Belle Époque se impone a la vez en el plano económico y cultural.
Este segundo aspecto, aún más que el precedente, que lo explica en parte, llama
la atención. Francia conoció entonces un apogeo cultural que sólo tiene un
equivalente en la primera mitad de la Ilustración.
El marco urbano
siguió transformándose: en la línea de las directrices de Haussmann, las
grandes ciudades acabaron por dotarse de conjuntos inmobiliarios prestigiosos,
revalorizados por las instalaciones ligadas al progreso de la técnica, como los
ascensores (que permitieron elevar hasta ocho o nueve el número de pisos; los
más altos se convirtieron pronto en los de mayor prestigio) o la electricidad.
En París, no sólo las avenidas del distrito XVI fueron rehabilitadas, sino que
en los distritos del Este, relevantes ciudades obreras fueron testigo de que
todos los estratos sociales podían pretender sacar provecho de la abundancia.
Auguste Perret (teatro de los Campos Elíseos), Gustave Eiffel, Deglane (Grand
Palais) y Girault (Petit Palais) ilustran la evolución del estilo hacia las
líneas curvas y ondulantes características del Art Nouveau; formas que se
encuentran en los muebles de Louis Majorelle, en los vidrios de Émile Gallé,
los cristales de Auguste y Antonin Daum y en las bocas del metro diseñadas por
Hector Guimard, verdes arborescencias metálicas con frutas anaranjadas.
La publicidad,
cuyas técnicas se asentaron, recurrió cada vez más a la pintura, en un estilo
que evocaba el grafismo de Alphonse Mucha. La pintura también conoció un
periodo de esplendor del que, en ambos extremos, Manet y Monet, Cézanne y
Picasso podrían ser los símbolos, con el movimiento impresionista y las
escuelas que se derivaron del mismo: simbolismo, puntillismo, fauvismo y
cubismo, del que el cuadro Las señoritas de Avignon (1907, Museo de
Arte Moderno, Nueva York), de Picasso, es la primera obra; mecenas incansables,
como Kahnweiler, animaron a los jóvenes talentos. La escultura estuvo dominada
por la gran figura de Rodin, pero Maillol o Bourdelle muestran la diversidad de
la misma.
También la
literatura es rica en escuelas (los parnasianos, los decadentes) y en
personalidades importantes, desde Maupassant a Daudet. Expresa a veces las
contradicciones de la época y deja traslucir un sentimiento difuso de angustia,
así ocurre con Les Rougon-Macquart (1871-1893), de Zola, o la poesía de
Mallarmé. Con Bergson, Unamuno, Nietzsche o Schopenhauer, el optimismo
humanista de Alain o el positivismo de Auguste Comte fueron muy cuestionados.
El mito de la
Belle Époque, aunque se aplica a un auténtico periodo de prosperidad, no puede,
sin embargo, circunscribirlo totalmente. A pesar de todo, constituye junto con
los Années Folles y los Trente Glorieuses una de las tres edades de oro del
siglo XX francés.
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