Un completo analisis de los cambios de las practicas sociales a lo largo de los años en la Argentina
El habitus y el espacio
de los estilos de vida
Culto
al Cuerpo ...
Estudiar las principales
características de una sociedad particular, para Bourdieu requiere en primer
lugar comprender las diferencias y los principios de diferenciación objetiva
entre las personas, para entender no sólo las disparidades que separan y a la
larga definen grupos sociales, sino además para entender las disposiciones que
guían los comportamientos prácticos, las representaciones y las elecciones que
realizan esas personas a partir, precisamente, de las posiciones objetivas de
diferenciación que ocupan. Por eso para entender este trabajo realizaré
previamente una explicación conceptos fundamentales que giran en torno al Habitus
mencionado por Bourdieu, para luego poder acceder con mas facilidad al tema
central de este trabajo que es “El Culto al Cuerpo” y a dos entrevistas
realizadas a dos profesionales en el área de la estética capilar.
Posición objetiva, disposición
mental y corporal y toma de posición práctica
son, por tanto, tres niveles de estudio que interconectan el ámbito de las
propiedades y posesiones materiales objetivas, con el de las estructuras
cognoscitivas (tanto conscientes como prerreflexivas) que guían las acciones
prácticas de las personas, y el nivel simbólico de las elecciones, de las
distinciones con las que los sujetos explicitan e interpretan sus posiciones
sociales y las de los demás.
El estudio de las características
pasa entonces por una conceptualización del mundo social como un espacio donde
las distancias entre los agentes se definen por los volúmenes y las
características de ciertas posesiones (llamadas capitales) presentes en tal
espacio y que pueden ser acumuladas, producidas, consumidas, gestionadas. De
esta manera, las posiciones ocupadas por unos son lo que son, por su relación
con las otras posiciones dando lugar a un “estructura de diferencias” fundada
en la propia objetividad del espacio.
Tenemos entonces, una
conceptualización de espacio social como una trama intensa y dinámica, de
relaciones de fuerzas de un campo de batalla donde se delimitan posiciones
sobre la base de diferencias en la “distribución de las formas de poder
eficientes” que
están presentes en el espacio en un momento dado.
El espacio social así constituido
como red de posiciones y relaciones entre esas posiciones puede ser estudiado
de dos maneras complementarias:
·
Por medio de las posiciones objetivas y las relaciones entre
esas posiciones producidas en torno a la apropiación y monopolio de ciertos
bienes fundamentales (estudio de los capitales y campos).
·
Por medio de las representaciones y distinciones con que las
personas organizan sus prácticas, optan por nuevas posesiones e interpretan las
elecciones que otras personas realizan. Este es el espacio simbólico cuya
condición de posibilidad, está dado por el espacio de posiciones objetivas,
pero sobre el cual se actúa precisamente, a través de las prácticas que
orienta.
Los principios de diferenciación
objetiva en el espacio social con los que Bourdieu propone estudiar las
posiciones objetivas que ocupan las personas, son “distintas especies de
capital”
o “poderes eficientes” que dan lugar al espacio social y que, al tiempo que
permiten distanciar a las personas por la posesión de determinados bienes
sociales, permite a la vez agrupar en torno a la similitud de esas
posesiones-propiedades a las mismas personas en determinados “polos” o “clases
de condiciones de existencia social”.
El concepto de clase hace
referencia a la identificación de condiciones de existencia material más o
menos similares, si se prefiere, a la posesión de capacidades, de poderes y
propiedades sociales similares en torno a las cuales es posible teóricamente
reunir a grupos de personas, creando un efecto de condensación (o curvatura del
espacio tiempo en el sentido einsteiniano) y diferenciación respecto a otras
condiciones de existencia condensadas (otras clases) que se diferenciarán
precisamente por su relación (oposición, competencia, convergencia,
antagonismo, etc.) con las otras condiciones de existencia o clases.
La construcción conceptual de
clases en Bourdieu presenta una intelección de las estructuras sociales
centrada tanto en las diferenciaciones producidas a nivel de la apropiación de
determinados poderes, como en una interpretación relacional de estas actitudes,
en la medida en que la estructura de posesión de esos bienes por uno de los
polos, en su amplitud y su composición define la amplitud y composición de los
poderes en los otros polos.
Cada clase se configura en
relación a las demás, en lucha frente a las demás y cada transformación de la
condición de una clase es sólo un momento de la transformación en la condición
de las otras clases, y por tanto, de sus luchas. Las luchas de clases son por
ello, el momento fundante de la construcción de las clases, por lo que
cualquier persona o grupo social al interior del espacio, de manera objetiva
habrá de ubicarse por sus propias propiedades portadas en función de las
propiedades eficientes del espacio en una posición de diferenciación con una
fuerza y en unas luchas de posiciones, de enclasamientos, que están definidos
de manera objetiva con independencia del criterio o deseo que al respecto
pudiera tener el grupo o la persona. Se trata sin duda de un auténtico efecto
de campo que se “impone a los agentes que se han adentrado en él”.
El concepto de clases de Bourdieu
no actúa como una típica clasificación de ubicaciones estancas y separadas unas
de las otras a manera de gabinetes, donde los sujetos pueden ser encajonados.
Tampoco se refiere a unos cuerpos compactos autónomamente definidos y que
después de ello pudieran entrar en relaciones y conflictos.
El espacio de
relaciones de fuerzas exige delimitar las posiciones, las disposiciones y las
prácticas sociales como condensaciones diferenciadas de unas mismas fuerzas
constitutivas del espacio (de ahí lo relacional), pero que además, no tienen
fronteras de cierre fijas pues se trata de condensaciones que generan flujos de
influencia “gravitacionales”
que permiten distinguir múltiples líneas de fuerza o fracciones de clase al
interior de una misma clase. También permite visualizar diversas posiciones
intermedias que fluctúan alrededor de los polos fundamentales de clase, a
semejanza de los niveles de energía que se forman en los campos magnéticos
dando lugar a clases sociales intermedias, etc.
En conjunto, tres son los niveles
conceptuales con los cuales Bourdieu arma la categoría de clase social en las
sociedades modernas y con los cuales logra articular la dimensión objetiva,
incluido su devenir histórico, con la dimensión mental, simbólica, práctica,
corporal, cultural. Estos tres niveles de la realidad son:
·
Principio de diferenciación objetiva o dimensión objetiva de
la estructuración de las clases.
·
Habitus o capital incorporado.
·
Estructura simbólica: el espacio de los estilos de vida y el
poder simbólico
Se trata del momento fundante de la
condición de clase que se organiza en torno a la distribución, conservación,
ampliación, acumulación y transformación de tipos de propiedades sociales
designadas como distintas especies de capital.
Bourdieu habla del capital como una "relación social" que
asigna eficacia competitiva a determinados factores en el espacio social, son
todos aquellos bienes sociales, materiales e inmateriales, que siendo escasos y
susceptibles de acumulación dan lugar a una economía particular de producción,
circulación y consumo, de conservación, conquista, de valoración y
desvalorización, etc.
En términos globales, junto al capital
económico, Bourdieu propone la existencia del capital cultural, el capital
social, y el capital simbólico, como otros tantos principios de diferenciación
social objetivos en torno a los cuales se configura la lógica de Mercado, esto
es, un campo, y que en conjunto dan lugar a lo que él denomina los principios
fundamentales de la condición de clase.
El capital Cultural, es el conjunto de
“factores eficientes”, de bienes, de propiedades que permiten a sus poseedores
ejercer un poder en alguna área especifica de las prácticas culturales. Estas
pueden ser en el conocimiento, en la educación, en el lenguaje, el idioma, la
ciencia, la estética, los gustos y, en general, en los modos de apropiación de
los objetos culturales legítimos con que cuenta una sociedad y que pueden
considerarse como distintas variantes del capital cultural que dan lugar a
específicos campos de competencia cultural como el campo artístico, el campo
científico, el campo cultural, el campo lingüístico, etc.
Este capital puede presentarse de
tres maneras:
·
En estado incorporado, esto es como cualidad aprendida
depositada en el cuerpo, adherida a la corporeidad de las personas y cuya
existencia objetiva no puede separarse de la subjetividad poseedora del bien
como el capital lingüístico, los saberes heredados por los aprendizajes
tempranos de la familia, los arquetipos estéticos primordiales con los que las
personas valoran el mundo, etc.
·
En estado objetivado, como los libros, cuadros, máquinas, y
otros medios culturales objetivos en los que ha quedado cristalizado un trabajo
cultural previo y que poseen un poder negociable en el mercado cultural.
·
En estado institucionalizado , como los títulos escolares,
universitarios (grados escolares, títulos universitarios), de pos-grado
(diplomados, maestrías, doctorados), y en general los certificados académicos
emitidos por instituciones de “consagración y legítimación del bien cultural”,
a través de los cuales se tabulan en términos de una convención social
aceptada, los grados del “saber” de las personas.
El capital Social es la “suma de
recursos, actuales o potenciales, correspondientes a un individuo o grupo en
virtud de que estos poseen una red duradera de relaciones, de conocimientos y
reconocimientos mutuos, más o menos institucionalizados”. Se trata de las redes
sociales de conocimiento pero, ante todo, de reconocimiento que permiten a las
personas movilizar en su favor y en determinados momentos una serie de apoyos,
de garantías, de influencias, que le proporcionan algún tipo de bien material o
simbólico.
Las relaciones de
parentesco, la pertenencia partidaria, las amistadas cultivadas, la vecindad,
etc., son aspectos de estas redes de relaciones resultantes de “estrategias de
inversión social” como los dones, la participación en reuniones, las visitas en
ocasiones regulares, que ponen en movimiento un tipo de intercambio simbólico
de palabras, regalos, mujeres, sentimientos, desplazamientos y escenificaciones
corporales, capaces de crear un efecto de reconocimiento mutuo, que luego puede
traducirse en una multiplicación del capital económico o cultural poseído.
El capital Simbólico
articula la conformación del campo simbólico como un nivel expresivo y actuante
de toda la trama de las clases sociales. “El capital simbólico es una propiedad
cualquiera, fuerza física, belleza, riqueza, valor guerrero que percibido por
los agentes sociales dotados de las categorías de percepción que les permite
percibir y reconocerla deviene simbólicamente".
En términos iniciales
es el honor, el prestigio que ya fueron señalados por Weber. El aporte de
Bourdieu es el de articularlo en una estructura patrimonial de bienes
eficientes diferencialmente distribuidos entre todos los miembros de la
sociedad; y además, el precisar su capacidad de construcción de realidades
simbólicas de consecuencias prácticas.
“Es cualquier tipo de
capital cuando es conocido y reconocido” ante la sola presencia corporal de su
propietario, del representante o del sello de la institución que posee algún
tipo de capital; es un “crédito, una especie de anticipo que la creencia del
grupo sólo puede conceder a quienes más garantías materiales y simbólicas le
ofrece”
El conjunto de estos cuatro
grandes bloques de capital, que en su interior presentan sub-especies de
capital (capital lingüístico, capital político, etc.), a su vez, presentan unas
características de forma y contenido.
En primer lugar son
poderes bidimensionales; tienen cualidad (estructura) que permite hablar de
distintos tipos poder social que dan lugar a un campo específico y a
diferencias en el campo que vendrían a ser algo así como fluctuaciones de la
energía que crean pliegues interdependientes en la topografía del campo.
Tienen, además,
volumen que permite medir la distribución específica de la energía al interior
del campo. El capital total poseído por las personas y grupos es la combinación
compleja de volumen y estructura de todos los capitales, que señala la
composición cuantitativa del capital total y los tipos de capital de los que
esta compuesto.
En segundo lugar, existe una
relación de convertibilidad de los capitales que asume varias direcciones.
Vertical, entendida como una variación en los volúmenes de cada capital
especifico y que es la resultante de las estrategias de valorización o
desvalorización incesante con la que las distintas posiciones se confrontan en
el espacio social.
Bourdieu propone la
existencia de un principio de reconocimiento del capital que se halla presente
en la propia realidad objetiva del capital, en tanto aceptación tácita entre
las personas que están en el campo, de que esta en juego un bien acaparable y
escaso en torno al cual las personas se posicionan en el campo. Es un interés,
una illusio, una finalidad buscada a través de acciones “subjetivamente
interesadas o desinteresadas” que proporcionan una funcionalidad de
direccionalidad en el campo y adhiere a los sujetos a las reglas del campo.
Hay tantas illusios o
comprensiones del sentido del “juego social” como campos existen, a la vez que
internamente este interés específico varia en cada campo según la posición que
se ocupe en él.
Hay por tanto según Bourdieu una
razón, un sentido, un “interés” en todas las acciones humanas incluidas
aquellas en que se presenta el “interés por el desinterés”.
Una forma particular del “interés”, es el beneficio estrictamente
económico; pero otros campos generan otro tipo de interés en el que más bien la
búsqueda de beneficios económicos está desaconsejado y la “acumulación”, la
ganancia se la obtiene por la capacidad de “dar”, de ser generosos, desinteresados
sin necesidad de que ello haya sido calculado o conscientemente producido.
El interés por el
desinterés por lo general puede ser vivido como un hecho de gratuidad
satisfactoria, de generosidad espontánea, prerreflexivo; eso no quita sin embargo
la concordancia de una serie de actos sociales en un campo social donde la
gratuidad es recompensada simbólicamente, dando lugar a la distribución de
clases de honor, respetabilidad, prestigio, autoridad y otras formas de poder
simbólico.
Para Bourdieu, “la
mayor parte de las acciones de los sujetos son económicas objetivamente, sin
ser económicas subjetivamente, sin ser el resultado de un cálculo económico
racional”. Se trata ciertamente de una reinterpretación de la dialéctica
histórica de los fines y de la ampliación de una interpretación materialista de
las prácticas sociales en torno al concepto de “economía de los bienes
simbólicos” en la que la ganancia económica queda en suspenso o reprimida pero
en tanto otros beneficios simbólicos emergen como recompensa de la actitud
antieconómica (generosa), y más aún si ella es desplegada al margen de
cualquier cálculo consciente o deliberado. La economía de los intercambios
domésticos, el campo artístico, literario, científico, son lugares que pueden
ser estudiados a partir de las reglas de una economía de bienes simbólicos.
Junto a las propiedades
principales de condiciones de existencia que pueden clasificarse por el nombre
de una “profesión” (asalariados agrícolas, agricultores autónomos, peones,
obreros especializados, obreros cualificados, empleados de oficina, empleados
de comercio, artesanos, pequeños comerciantes, técnicos, servicios
médico-sociales, maestros, industriales, grandes comerciantes, banqueros,
peluqueros...), existen otro tipo de propiedades como la ubicación en el
espacio geográfico respecto a los valores económicos y culturales legítimos, y
que habilita tanto la cercanía o la lejanía de las personas a un acceso real a
los capitales por su competencia y posesión, como el hecho de que la
apropiación geográfica tiende a aproximar a personas que portan parecidas
propiedades y distancias sociales con los centros de ubicación de los poderes,
ampliando las probabilidades de encuentros “fortuitos”, de avenencias entre
personas de una misma posición social. Otro de estos
capitales secundarios es el sexo: “una clase se define en lo que tiene de más
esencial por el lugar y el valor que otorga a los dos sexos y a sus
disposiciones socialmente constituidas”, por lo que las maneras que existen de
vivir la feminidad y la masculinidad son tantas como clases sociales existan.
La edad, pero en
particular, la etnicidad, son otros criterios de selección y de exclusión
social que Bourdieu propone integrar al espacio multidimensional de poderes y
posiciones que conforman la clase social. Aunque no existe un trabajo
específico de Bourdieu en el que se abarque de lleno el papel de las
diferenciaciones étnicas en la sociedad actual, en antiguas como nuevas
investigaciones ha tratado esta temática.
El habitus es una manera de
entender el mundo y, además de armar dispositivos de acción sobre el mundo que
está siendo entendido. De hecho, la posibilidad de unas luchas simbólicas
capaces de erosionar las pautas dominantes del habitus dominado que lo
proyectan como habitus dominado en el porvenir, pasan por una lucha al interior
de la propia estructura del habitus de los dominados y no por su sustitución
por la “ciencia” de los científicos.
En este punto, el
habitus se acerca más a uno de los aspectos de la definición de Marx de
ideología como el lugar donde las personas también toman conciencia de los
conflictos sociales y los dirimen.
Pero además no es un
conocimiento cualquiera: en primer lugar, es un conocimiento que permite
anticipar el curso del mundo porque no necesita pensar el mundo, no tiene una
distancia objetivadora respecto a él porque “se encuentra inmerso en él, forma
un cuerpo con él”. Es pues un conocimiento por inmediatez, sin necesidad de
pensamiento reflexivo ni voluntad que empuja al individuo a hacer lo que se
tiene que hacer sin deliberación ni cálculo, en una suerte de “colusión
implícita” entre el cuerpo social y el cuerpo socializado.
En segundo lugar, es
un conocimiento in-corporado, hecho cuerpo, adherido a los esquemas mentales
más profundos, a los dispositivos de la pre-reflexión, del “inconciente social”
con los que las personas guían la mayor parte de sus prácticas sin necesidad de
racionalizarlas, pero adecuadas a un fin racional. Es también un conocimiento
hecho cuerpo, una creencia somatizada, adherida a las elecciones más viscerales
por las que se pone en juego el cuerpo y que se explicita por el uso del
cuerpo.
El habitus no es sólo un hecho de
ideas susceptible de ser modificado por la prédica de otras ideas; es un hecho
de esquemas productores de ideas que se traducen en prácticas que habilitan un
repertorio acumulativo de prácticas susceptibles de ser repetidas sin necesidad
de conciencia sobre ellas, por la propia inercia de las disposiciones del
cuerpo, de las creencias corporales más profundas, y también claro, de la
conciencia y más allá de la conciencia, por las estructuras cognitivas del
cuerpo, objetivadas en la propia construcción social del cuerpo individual .
El habitus como “hexis”corporal.
“Los esquemas del habitus, formas de clasificación originarias, deben su
eficacia propia al hecho de que funcionan más allá de la conciencia y del
discurso, luego fuera de la influencia del examen y del control voluntario:
orientando prácticamente las prácticas, esconden lo que se denominaría
injustamente, unos valores en los gestos más automáticos o en las técnicas del
cuerpo más insignificantes en apariencia, como los movimientos de las manos o
las maneras de andar, de sentarse o tomar, las maneras de poner la boca al
comer o al hablar; y ofrecen los principios más elementales de la construcción
o la evaluación del mundo social”.
Ya sea la sobriedad, la discreción
y severidad en su manera de vestir, hablar y llevar el porte del pequeño
burgués, el “estilo deportivo”, delgado, la frente despejada, la sonrisa y
andar apurado de los juniors de la clase dominante, la esculpida delgadez
resaltada por la ropa ceñida, el hablar con la lengua retraída y la boca
semicerrada de las señoritas de “alta sociedad” o el cuerpo delgado pero tenso
marcado por el trabajo físico desde temprana edad de los jóvenes obreros, la
soltura controlada y la abundancia de la carne exhibida por el comerciante
exitoso, marcan todos por igual la manera en que las clases sociales
experimentan y expresan su opinión con el mundo social, la opinión que tienen
de si mismos en el. En el porte, los gestos, la manera de presentar y trabajar
el cuerpo, definen una “fisonomía social del cuerpo”, en los que están
depositadas las disposiciones más básicas y vitales del habitus pues en esa
hexis corporal las personas expresan el aprendizaje de su lugar en el mundo y
su manera objetiva de ser en el mundo. En la cara, los brazos y las piernas
están depositados los imperativos y valores sociales aprendidos en el pasado y
que ahora están hechos cuerpo ; por lo que con la hexis corporal, el habitus se
expresa como el más amplio “conocimiento por cuerpos”.
·
En este caso,
elegí la publicidad gráfica del desodorante Impulse Body Spray para explicar
como el cuerpo es portador de signos y a su vez productor de signos. El
habitus, junto a estas características presenta otras como la de la finalidad
de la acción práctica, el principio de incertidumbre e invención, el habitus
como formador de espíritu de cuerpo, como porvenir factible, etc., que también
son importantes para entender los procesos de elaboración de las prácticas
sociales.
Lo que quiero resaltar es como
estas predisposiciones incorporadas, hechas cuerpo, pueden ser vistas como
propiedades del cuerpo lanzadas como fuerzas de estructuración de la sociedad a
través de la práctica y, por tanto como una forma específica de capital, como
capital incorporado y acumulado en el cuerpo, que otorga a cada individuo, bajo
la forma de esquemas cognoscitivos del cuerpo, unas capacidades específicas y
diferenciadas, de clase, para involucrarse en el mundo.
Quiero dejar en claro que simplemente tomo
la publicidad para ver gráficamente el habitus representado por una fragancia,
como lo menciono antes también como hexis corporal.
El estudio del habitus tiene por
tanto una doble importancia para el estudio de las clases. En primer lugar,
permite entender la distribución del poder de generación de representaciones,
de disposiciones, de apreciaciones y valoraciones con el que las personas emprenden
acciones prácticas para conservar o modificar el orden social objetivo del
mundo que los ha producido a ellos.
En tanto poder
estructurante, el estudio del habitus es el estudio de uno de los poderes
sociales más prácticos y de mayor influencia sobre la realidad y la
conformación de las clases sociales contemporáneas, pero a la vez, uno de los
poderes sociales más “inmateriales” porque está corporalizado en el sujeto, al
modo de la fuerza de trabajo estudiada por Marx que no es el sujeto obrero pero
que está en el de manera inseparable físicamente.
En segundo lugar, porque el
habitus es un poder que es estructurado por las propias luchas de clases
desencadenadas en todos los demás terrenos de las condiciones de existencia de
clase y, en ese sentido, es una medida de la realidad de las relaciones de
clase, de sus posibles cursos, de sus potencialidades, de sus limites, etc.
El habitus al tiempo de ser un
conjunto de esquemas cognoscitivos productores de prácticas, es simultáneamente
una serie de esquemas cognitivos de percepción y apreciación de esas prácticas.
Las cosas sociales, las personas, las clases de personas, sus acciones, sus
productos no sólo tienen una existencia objetiva marcada por sus propiedades
materiales objetivas, sino que además poseen una segunda existencia simultánea
al momento en que esas propiedades son percibidas y apreciadas en sus
relaciones mutuas por las propias personas que las poseen en relación a las
propiedades poseídas por otras personas y clases, y que a la vez son percibidas
por esas otras personas desde el punto de vista de las propiedades que ellas
tienen o pueden llegar a tener. Esta manera de existencia del mundo social
donde las cosas tienen un significado que es percibido por los agentes
portadores de criterios de percepción pertinentes, es el espacio simbólico.
Las propiedades de
las personas, de sus acciones, mediante las cuales afirman y despliegan su
posición de clase en el espacio de las condiciones de existencia, son entonces,
también, signos, discursos, lenguajes que expresan en el terreno de lo
simbólico las posiciones, las diferencias de clase y las luchas simbólicas que
en este espacio simbólico se despliegan por el control y el monopolio del poder
simbólico que está en juego.
Con este concepto de
espacio simbólico, Bourdieu retoma una antigua preocupación de Weber sobre los
reconocimientos, el honor y el prestigio que dan lugar a los grupos de status,
sólo que ahora no como una clasficación paralela a la de la clase social, sino
como parte de ella, como uno de sus componentes estructurales sostenido sobre
la presencia de una estructura simbólica en las que las distintas posiciones de
clase y luchas han de desdoblarse.

El habitus
aparece como un «sistema socialmente constituido de disposiciones estructuradas
y estructurantes que es adquirido en la práctica y constantemente orientado
hacia las funciones prácticas» .
El habitus es, por lo tanto, el conjunto de los esquemas de percepción, de
apreciación y de acción inculcados por el medio social en un momento y en un
lugar determinado; es decir, es un conjunto de disposiciones socialmente
adquiridas mediante el aprendizaje. En las siguientes fotos podemos observar lo
anteriormente citado y además podemos hacer referencia a los cambios en la
vestimenta según la época y las prácticas.
·
Las fotografías muestran entre otras cosas como se visten
los jóvenes de la ciudad de Dolores para ir a bailar, los jóvenes en las dos
fotografías tienen edades que oscilan entre los 15 y 25 años. En la fotografía
de la izquierda es de 1991, un gran grupo tanto de chicas como de chicos con
características similares tanto en la vestimenta como en la imagen. La
fotografía de la derecha es de este año (2001), las jóvenes tienen entre 17 y
20 años. Se notan diferencias en la presentación ante el público entre las
fotografías, hay cambios y permanencias. Las texturas de las prendas son
diferentes, el vinílico, los colores brillantes, las transparencias, y la
texturas de las telas al tacto han cambiado. En la fotografía del 2001 el cuerpo
luce mas esbelto y delgado, los modelos al vestir son más estilizados y pegados
al cuerpo, los cabellos son mayoritariamente lacios, previa visita a la
peluquería. En la foto de 1991 las chicas se hacen bucles y rulos en su cabello
sin duda es “el boom de la permanente”, que menciona una peluquera entrevistada
mas adelante.
Sea en el vestir, en el comer, en
la manera de preparar los alimentos, en la elección de las lecturas o los
programas televisivos, en la práctica de los deportes o en la manera de
practicarlos, en los gustos musicales, en lo que se fotografía, en la elección
de la mujer o el hombre para enamorar, las personas al tiempo de elegir según
sus posibilidades y disposiciones incorporadas, afirman simbólicamente su
distinción frente a los demás de manera simultánea a cómo los demás se
distinguen (o se acercan) a ellas a través de sus propias elecciones y gustos.
“Expresiones del habitus percibidas según las categorías del habitus, las
propiedades simbolizan la capacidad diferencial de apropiación” mediante las
cuales los agentes representan su propia posición y la de los demás en el
espacio social .
Esto es muy importante tomar en
cuenta por cuanto hay una propensión de cierta etnohistoria a asignar como
peculiaridad andina la formación de identidades sociales emblemáticas
expresadas a través, por ejemplo de la ropa o el idioma. En realidad, toda
identidad social es emblemática; todo grupo o clase de condiciones de
existencia afirma sus condiciones de vida diferentes a las otras clases de condiciones
de existencia mediante sus gustos, sus elecciones estéticas, que vinculan sus
posibilidades objetivas con sus necesidades y deseos habilitados por su
posición en el espacio social. En los Andes como en Francia, en Australia como
aquí en Uruguay, el espacio de los estilos de vida manifiestos en los
alimentos, la vestimenta, las celebraciones de casamiento, los ritos
mortuorios, las formas del cuerpo, etc., son momentos de distinción, de
diferenciación social mediante los cuales, cada segmento afirma su ser
difiriendo de las otras formas de ser y las otras maneras de ser validan su
diferenciación exhibiendo simultáneamente su distinta manera de gustar y
elegir.

·
Esta foto fue tomada en una playa de Brasil cuando fui con
un grupo de amigos, solamente por la ropa
de baño se puede distinguir la nacionalidad.
En las preferencias definidas por
el gusto, las personas se acercan y optan por una clase de objetos y de
prácticas que han sido habilitadas por el rango de sus posibilidades objetivas
y las experiencias previas de haber satisfecho esos deseos que han reafirmado
el gusto por sus gustos; en esa medida, los objetos elegidos, las formas de
consumo optadas son elecciones que han manifestado el abanico de probables
despertado por su situación objetiva en volumen, posición y trayectoria de los
capitales poseídos y por eso aparecen como prácticas enclasadas.
Así, es posible
hallar tantas clases probables de maneras más o menos comunes de ordenar el
mobiliario, de servir la comida en público y de prepararla, de emplear los
utensilios, de elegir vestuarios, del uso de la ropa en publico y en casa, de
la manera de adornar o usar las paredes, de practicar o elegir el deporte de su
agrado, de hablar, de presentar el cuerpo, de elegir los programas de radio o
televisión, etc., como clases y fracciones clase objetiva existen en una
sociedad.
Pero a la vez, este gusto que
dirige las elecciones en los estilos de vida y que expresa hasta que punto la
clase se ha hecho cuerpo y cosa, permite percibir los cuerpos y cosas de otras
clases de estilos de vida que no son los propios. Se trata ciertamente de una
lectura de la posición social y las cualidades objetivas a través de las cosas
en que se expresa esa posición social.