El habitus y el espacio
de los estilos de vida
Culto
al Cuerpo ...
Estudiar las principales
características de una sociedad particular, para Bourdieu requiere en primer
lugar comprender las diferencias y los principios de diferenciación objetiva
entre las personas, para entender no sólo las disparidades que separan y a la
larga definen grupos sociales, sino además para entender las disposiciones que
guían los comportamientos prácticos, las representaciones y las elecciones que
realizan esas personas a partir, precisamente, de las posiciones objetivas de
diferenciación que ocupan. Por eso para entender este trabajo realizaré
previamente una explicación conceptos fundamentales que giran en torno al Habitus
mencionado por Bourdieu, para luego poder acceder con mas facilidad al tema
central de este trabajo que es “El Culto al Cuerpo” y a dos entrevistas
realizadas a dos profesionales en el área de la estética capilar.
Posición objetiva, disposición
mental y corporal y toma de posición práctica
son, por tanto, tres niveles de estudio que interconectan el ámbito de las
propiedades y posesiones materiales objetivas, con el de las estructuras
cognoscitivas (tanto conscientes como prerreflexivas) que guían las acciones
prácticas de las personas, y el nivel simbólico de las elecciones, de las
distinciones con las que los sujetos explicitan e interpretan sus posiciones
sociales y las de los demás.
El estudio de las características
pasa entonces por una conceptualización del mundo social como un espacio donde
las distancias entre los agentes se definen por los volúmenes y las
características de ciertas posesiones (llamadas capitales) presentes en tal
espacio y que pueden ser acumuladas, producidas, consumidas, gestionadas. De
esta manera, las posiciones ocupadas por unos son lo que son, por su relación
con las otras posiciones dando lugar a un “estructura de diferencias” fundada
en la propia objetividad del espacio.
Tenemos entonces, una
conceptualización de espacio social como una trama intensa y dinámica, de
relaciones de fuerzas de un campo de batalla donde se delimitan posiciones
sobre la base de diferencias en la “distribución de las formas de poder
eficientes” que
están presentes en el espacio en un momento dado.
El espacio social así constituido
como red de posiciones y relaciones entre esas posiciones puede ser estudiado
de dos maneras complementarias:
·
Por medio de las posiciones objetivas y las relaciones entre
esas posiciones producidas en torno a la apropiación y monopolio de ciertos
bienes fundamentales (estudio de los capitales y campos).
·
Por medio de las representaciones y distinciones con que las
personas organizan sus prácticas, optan por nuevas posesiones e interpretan las
elecciones que otras personas realizan. Este es el espacio simbólico cuya
condición de posibilidad, está dado por el espacio de posiciones objetivas,
pero sobre el cual se actúa precisamente, a través de las prácticas que
orienta.
Los principios de diferenciación
objetiva en el espacio social con los que Bourdieu propone estudiar las
posiciones objetivas que ocupan las personas, son “distintas especies de
capital”
o “poderes eficientes” que dan lugar al espacio social y que, al tiempo que
permiten distanciar a las personas por la posesión de determinados bienes
sociales, permite a la vez agrupar en torno a la similitud de esas
posesiones-propiedades a las mismas personas en determinados “polos” o “clases
de condiciones de existencia social”.
El concepto de clase hace
referencia a la identificación de condiciones de existencia material más o
menos similares, si se prefiere, a la posesión de capacidades, de poderes y
propiedades sociales similares en torno a las cuales es posible teóricamente
reunir a grupos de personas, creando un efecto de condensación (o curvatura del
espacio tiempo en el sentido einsteiniano) y diferenciación respecto a otras
condiciones de existencia condensadas (otras clases) que se diferenciarán
precisamente por su relación (oposición, competencia, convergencia,
antagonismo, etc.) con las otras condiciones de existencia o clases.
La construcción conceptual de
clases en Bourdieu presenta una intelección de las estructuras sociales
centrada tanto en las diferenciaciones producidas a nivel de la apropiación de
determinados poderes, como en una interpretación relacional de estas actitudes,
en la medida en que la estructura de posesión de esos bienes por uno de los
polos, en su amplitud y su composición define la amplitud y composición de los
poderes en los otros polos.
Cada clase se configura en
relación a las demás, en lucha frente a las demás y cada transformación de la
condición de una clase es sólo un momento de la transformación en la condición
de las otras clases, y por tanto, de sus luchas. Las luchas de clases son por
ello, el momento fundante de la construcción de las clases, por lo que
cualquier persona o grupo social al interior del espacio, de manera objetiva
habrá de ubicarse por sus propias propiedades portadas en función de las
propiedades eficientes del espacio en una posición de diferenciación con una
fuerza y en unas luchas de posiciones, de enclasamientos, que están definidos
de manera objetiva con independencia del criterio o deseo que al respecto
pudiera tener el grupo o la persona. Se trata sin duda de un auténtico efecto
de campo que se “impone a los agentes que se han adentrado en él”.
El concepto de clases de Bourdieu
no actúa como una típica clasificación de ubicaciones estancas y separadas unas
de las otras a manera de gabinetes, donde los sujetos pueden ser encajonados.
Tampoco se refiere a unos cuerpos compactos autónomamente definidos y que
después de ello pudieran entrar en relaciones y conflictos.
El espacio de
relaciones de fuerzas exige delimitar las posiciones, las disposiciones y las
prácticas sociales como condensaciones diferenciadas de unas mismas fuerzas
constitutivas del espacio (de ahí lo relacional), pero que además, no tienen
fronteras de cierre fijas pues se trata de condensaciones que generan flujos de
influencia “gravitacionales”
que permiten distinguir múltiples líneas de fuerza o fracciones de clase al
interior de una misma clase. También permite visualizar diversas posiciones
intermedias que fluctúan alrededor de los polos fundamentales de clase, a
semejanza de los niveles de energía que se forman en los campos magnéticos
dando lugar a clases sociales intermedias, etc.
En conjunto, tres son los niveles
conceptuales con los cuales Bourdieu arma la categoría de clase social en las
sociedades modernas y con los cuales logra articular la dimensión objetiva,
incluido su devenir histórico, con la dimensión mental, simbólica, práctica,
corporal, cultural. Estos tres niveles de la realidad son:
·
Principio de diferenciación objetiva o dimensión objetiva de
la estructuración de las clases.
·
Habitus o capital incorporado.
·
Estructura simbólica: el espacio de los estilos de vida y el
poder simbólico
Se trata del momento fundante de la
condición de clase que se organiza en torno a la distribución, conservación,
ampliación, acumulación y transformación de tipos de propiedades sociales
designadas como distintas especies de capital.
Bourdieu habla del capital como una "relación social" que
asigna eficacia competitiva a determinados factores en el espacio social, son
todos aquellos bienes sociales, materiales e inmateriales, que siendo escasos y
susceptibles de acumulación dan lugar a una economía particular de producción,
circulación y consumo, de conservación, conquista, de valoración y
desvalorización, etc.
En términos globales, junto al capital
económico, Bourdieu propone la existencia del capital cultural, el capital
social, y el capital simbólico, como otros tantos principios de diferenciación
social objetivos en torno a los cuales se configura la lógica de Mercado, esto
es, un campo, y que en conjunto dan lugar a lo que él denomina los principios
fundamentales de la condición de clase.
El capital Cultural, es el conjunto de
“factores eficientes”, de bienes, de propiedades que permiten a sus poseedores
ejercer un poder en alguna área especifica de las prácticas culturales. Estas
pueden ser en el conocimiento, en la educación, en el lenguaje, el idioma, la
ciencia, la estética, los gustos y, en general, en los modos de apropiación de
los objetos culturales legítimos con que cuenta una sociedad y que pueden
considerarse como distintas variantes del capital cultural que dan lugar a
específicos campos de competencia cultural como el campo artístico, el campo
científico, el campo cultural, el campo lingüístico, etc.
Este capital puede presentarse de
tres maneras:
·
En estado incorporado, esto es como cualidad aprendida
depositada en el cuerpo, adherida a la corporeidad de las personas y cuya
existencia objetiva no puede separarse de la subjetividad poseedora del bien
como el capital lingüístico, los saberes heredados por los aprendizajes
tempranos de la familia, los arquetipos estéticos primordiales con los que las
personas valoran el mundo, etc.
·
En estado objetivado, como los libros, cuadros, máquinas, y
otros medios culturales objetivos en los que ha quedado cristalizado un trabajo
cultural previo y que poseen un poder negociable en el mercado cultural.
·
En estado institucionalizado , como los títulos escolares,
universitarios (grados escolares, títulos universitarios), de pos-grado
(diplomados, maestrías, doctorados), y en general los certificados académicos
emitidos por instituciones de “consagración y legítimación del bien cultural”,
a través de los cuales se tabulan en términos de una convención social
aceptada, los grados del “saber” de las personas.
El capital Social es la “suma de
recursos, actuales o potenciales, correspondientes a un individuo o grupo en
virtud de que estos poseen una red duradera de relaciones, de conocimientos y
reconocimientos mutuos, más o menos institucionalizados”. Se trata de las redes
sociales de conocimiento pero, ante todo, de reconocimiento que permiten a las
personas movilizar en su favor y en determinados momentos una serie de apoyos,
de garantías, de influencias, que le proporcionan algún tipo de bien material o
simbólico.
Las relaciones de
parentesco, la pertenencia partidaria, las amistadas cultivadas, la vecindad,
etc., son aspectos de estas redes de relaciones resultantes de “estrategias de
inversión social” como los dones, la participación en reuniones, las visitas en
ocasiones regulares, que ponen en movimiento un tipo de intercambio simbólico
de palabras, regalos, mujeres, sentimientos, desplazamientos y escenificaciones
corporales, capaces de crear un efecto de reconocimiento mutuo, que luego puede
traducirse en una multiplicación del capital económico o cultural poseído.
El capital Simbólico
articula la conformación del campo simbólico como un nivel expresivo y actuante
de toda la trama de las clases sociales. “El capital simbólico es una propiedad
cualquiera, fuerza física, belleza, riqueza, valor guerrero que percibido por
los agentes sociales dotados de las categorías de percepción que les permite
percibir y reconocerla deviene simbólicamente".
En términos iniciales
es el honor, el prestigio que ya fueron señalados por Weber. El aporte de
Bourdieu es el de articularlo en una estructura patrimonial de bienes
eficientes diferencialmente distribuidos entre todos los miembros de la
sociedad; y además, el precisar su capacidad de construcción de realidades
simbólicas de consecuencias prácticas.
“Es cualquier tipo de
capital cuando es conocido y reconocido” ante la sola presencia corporal de su
propietario, del representante o del sello de la institución que posee algún
tipo de capital; es un “crédito, una especie de anticipo que la creencia del
grupo sólo puede conceder a quienes más garantías materiales y simbólicas le
ofrece”
El conjunto de estos cuatro
grandes bloques de capital, que en su interior presentan sub-especies de
capital (capital lingüístico, capital político, etc.), a su vez, presentan unas
características de forma y contenido.
En primer lugar son
poderes bidimensionales; tienen cualidad (estructura) que permite hablar de
distintos tipos poder social que dan lugar a un campo específico y a
diferencias en el campo que vendrían a ser algo así como fluctuaciones de la
energía que crean pliegues interdependientes en la topografía del campo.
Tienen, además,
volumen que permite medir la distribución específica de la energía al interior
del campo. El capital total poseído por las personas y grupos es la combinación
compleja de volumen y estructura de todos los capitales, que señala la
composición cuantitativa del capital total y los tipos de capital de los que
esta compuesto.
En segundo lugar, existe una
relación de convertibilidad de los capitales que asume varias direcciones.
Vertical, entendida como una variación en los volúmenes de cada capital
especifico y que es la resultante de las estrategias de valorización o
desvalorización incesante con la que las distintas posiciones se confrontan en
el espacio social.
Bourdieu propone la
existencia de un principio de reconocimiento del capital que se halla presente
en la propia realidad objetiva del capital, en tanto aceptación tácita entre
las personas que están en el campo, de que esta en juego un bien acaparable y
escaso en torno al cual las personas se posicionan en el campo. Es un interés,
una illusio, una finalidad buscada a través de acciones “subjetivamente
interesadas o desinteresadas” que proporcionan una funcionalidad de
direccionalidad en el campo y adhiere a los sujetos a las reglas del campo.
Hay tantas illusios o
comprensiones del sentido del “juego social” como campos existen, a la vez que
internamente este interés específico varia en cada campo según la posición que
se ocupe en él.
Hay por tanto según Bourdieu una
razón, un sentido, un “interés” en todas las acciones humanas incluidas
aquellas en que se presenta el “interés por el desinterés”.
Una forma particular del “interés”, es el beneficio estrictamente
económico; pero otros campos generan otro tipo de interés en el que más bien la
búsqueda de beneficios económicos está desaconsejado y la “acumulación”, la
ganancia se la obtiene por la capacidad de “dar”, de ser generosos, desinteresados
sin necesidad de que ello haya sido calculado o conscientemente producido.
El interés por el
desinterés por lo general puede ser vivido como un hecho de gratuidad
satisfactoria, de generosidad espontánea, prerreflexivo; eso no quita sin embargo
la concordancia de una serie de actos sociales en un campo social donde la
gratuidad es recompensada simbólicamente, dando lugar a la distribución de
clases de honor, respetabilidad, prestigio, autoridad y otras formas de poder
simbólico.
Para Bourdieu, “la
mayor parte de las acciones de los sujetos son económicas objetivamente, sin
ser económicas subjetivamente, sin ser el resultado de un cálculo económico
racional”. Se trata ciertamente de una reinterpretación de la dialéctica
histórica de los fines y de la ampliación de una interpretación materialista de
las prácticas sociales en torno al concepto de “economía de los bienes
simbólicos” en la que la ganancia económica queda en suspenso o reprimida pero
en tanto otros beneficios simbólicos emergen como recompensa de la actitud
antieconómica (generosa), y más aún si ella es desplegada al margen de
cualquier cálculo consciente o deliberado. La economía de los intercambios
domésticos, el campo artístico, literario, científico, son lugares que pueden
ser estudiados a partir de las reglas de una economía de bienes simbólicos.
Junto a las propiedades
principales de condiciones de existencia que pueden clasificarse por el nombre
de una “profesión” (asalariados agrícolas, agricultores autónomos, peones,
obreros especializados, obreros cualificados, empleados de oficina, empleados
de comercio, artesanos, pequeños comerciantes, técnicos, servicios
médico-sociales, maestros, industriales, grandes comerciantes, banqueros,
peluqueros...), existen otro tipo de propiedades como la ubicación en el
espacio geográfico respecto a los valores económicos y culturales legítimos, y
que habilita tanto la cercanía o la lejanía de las personas a un acceso real a
los capitales por su competencia y posesión, como el hecho de que la
apropiación geográfica tiende a aproximar a personas que portan parecidas
propiedades y distancias sociales con los centros de ubicación de los poderes,
ampliando las probabilidades de encuentros “fortuitos”, de avenencias entre
personas de una misma posición social. Otro de estos
capitales secundarios es el sexo: “una clase se define en lo que tiene de más
esencial por el lugar y el valor que otorga a los dos sexos y a sus
disposiciones socialmente constituidas”, por lo que las maneras que existen de
vivir la feminidad y la masculinidad son tantas como clases sociales existan.
La edad, pero en
particular, la etnicidad, son otros criterios de selección y de exclusión
social que Bourdieu propone integrar al espacio multidimensional de poderes y
posiciones que conforman la clase social. Aunque no existe un trabajo
específico de Bourdieu en el que se abarque de lleno el papel de las
diferenciaciones étnicas en la sociedad actual, en antiguas como nuevas
investigaciones ha tratado esta temática.
El habitus es una manera de
entender el mundo y, además de armar dispositivos de acción sobre el mundo que
está siendo entendido. De hecho, la posibilidad de unas luchas simbólicas
capaces de erosionar las pautas dominantes del habitus dominado que lo
proyectan como habitus dominado en el porvenir, pasan por una lucha al interior
de la propia estructura del habitus de los dominados y no por su sustitución
por la “ciencia” de los científicos.
En este punto, el
habitus se acerca más a uno de los aspectos de la definición de Marx de
ideología como el lugar donde las personas también toman conciencia de los
conflictos sociales y los dirimen.
Pero además no es un
conocimiento cualquiera: en primer lugar, es un conocimiento que permite
anticipar el curso del mundo porque no necesita pensar el mundo, no tiene una
distancia objetivadora respecto a él porque “se encuentra inmerso en él, forma
un cuerpo con él”. Es pues un conocimiento por inmediatez, sin necesidad de
pensamiento reflexivo ni voluntad que empuja al individuo a hacer lo que se
tiene que hacer sin deliberación ni cálculo, en una suerte de “colusión
implícita” entre el cuerpo social y el cuerpo socializado.
En segundo lugar, es
un conocimiento in-corporado, hecho cuerpo, adherido a los esquemas mentales
más profundos, a los dispositivos de la pre-reflexión, del “inconciente social”
con los que las personas guían la mayor parte de sus prácticas sin necesidad de
racionalizarlas, pero adecuadas a un fin racional. Es también un conocimiento
hecho cuerpo, una creencia somatizada, adherida a las elecciones más viscerales
por las que se pone en juego el cuerpo y que se explicita por el uso del
cuerpo.
El habitus no es sólo un hecho de
ideas susceptible de ser modificado por la prédica de otras ideas; es un hecho
de esquemas productores de ideas que se traducen en prácticas que habilitan un
repertorio acumulativo de prácticas susceptibles de ser repetidas sin necesidad
de conciencia sobre ellas, por la propia inercia de las disposiciones del
cuerpo, de las creencias corporales más profundas, y también claro, de la
conciencia y más allá de la conciencia, por las estructuras cognitivas del
cuerpo, objetivadas en la propia construcción social del cuerpo individual .
El habitus como “hexis”corporal.
“Los esquemas del habitus, formas de clasificación originarias, deben su
eficacia propia al hecho de que funcionan más allá de la conciencia y del
discurso, luego fuera de la influencia del examen y del control voluntario:
orientando prácticamente las prácticas, esconden lo que se denominaría
injustamente, unos valores en los gestos más automáticos o en las técnicas del
cuerpo más insignificantes en apariencia, como los movimientos de las manos o
las maneras de andar, de sentarse o tomar, las maneras de poner la boca al
comer o al hablar; y ofrecen los principios más elementales de la construcción
o la evaluación del mundo social”.
Ya sea la sobriedad, la discreción
y severidad en su manera de vestir, hablar y llevar el porte del pequeño
burgués, el “estilo deportivo”, delgado, la frente despejada, la sonrisa y
andar apurado de los juniors de la clase dominante, la esculpida delgadez
resaltada por la ropa ceñida, el hablar con la lengua retraída y la boca
semicerrada de las señoritas de “alta sociedad” o el cuerpo delgado pero tenso
marcado por el trabajo físico desde temprana edad de los jóvenes obreros, la
soltura controlada y la abundancia de la carne exhibida por el comerciante
exitoso, marcan todos por igual la manera en que las clases sociales
experimentan y expresan su opinión con el mundo social, la opinión que tienen
de si mismos en el. En el porte, los gestos, la manera de presentar y trabajar
el cuerpo, definen una “fisonomía social del cuerpo”, en los que están
depositadas las disposiciones más básicas y vitales del habitus pues en esa
hexis corporal las personas expresan el aprendizaje de su lugar en el mundo y
su manera objetiva de ser en el mundo. En la cara, los brazos y las piernas
están depositados los imperativos y valores sociales aprendidos en el pasado y
que ahora están hechos cuerpo ; por lo que con la hexis corporal, el habitus se
expresa como el más amplio “conocimiento por cuerpos”.
·
En este caso,
elegí la publicidad gráfica del desodorante Impulse Body Spray para explicar
como el cuerpo es portador de signos y a su vez productor de signos. El
habitus, junto a estas características presenta otras como la de la finalidad
de la acción práctica, el principio de incertidumbre e invención, el habitus
como formador de espíritu de cuerpo, como porvenir factible, etc., que también
son importantes para entender los procesos de elaboración de las prácticas
sociales.
Lo que quiero resaltar es como
estas predisposiciones incorporadas, hechas cuerpo, pueden ser vistas como
propiedades del cuerpo lanzadas como fuerzas de estructuración de la sociedad a
través de la práctica y, por tanto como una forma específica de capital, como
capital incorporado y acumulado en el cuerpo, que otorga a cada individuo, bajo
la forma de esquemas cognoscitivos del cuerpo, unas capacidades específicas y
diferenciadas, de clase, para involucrarse en el mundo.
Quiero dejar en claro que simplemente tomo
la publicidad para ver gráficamente el habitus representado por una fragancia,
como lo menciono antes también como hexis corporal.
El estudio del habitus tiene por
tanto una doble importancia para el estudio de las clases. En primer lugar,
permite entender la distribución del poder de generación de representaciones,
de disposiciones, de apreciaciones y valoraciones con el que las personas emprenden
acciones prácticas para conservar o modificar el orden social objetivo del
mundo que los ha producido a ellos.
En tanto poder
estructurante, el estudio del habitus es el estudio de uno de los poderes
sociales más prácticos y de mayor influencia sobre la realidad y la
conformación de las clases sociales contemporáneas, pero a la vez, uno de los
poderes sociales más “inmateriales” porque está corporalizado en el sujeto, al
modo de la fuerza de trabajo estudiada por Marx que no es el sujeto obrero pero
que está en el de manera inseparable físicamente.
En segundo lugar, porque el
habitus es un poder que es estructurado por las propias luchas de clases
desencadenadas en todos los demás terrenos de las condiciones de existencia de
clase y, en ese sentido, es una medida de la realidad de las relaciones de
clase, de sus posibles cursos, de sus potencialidades, de sus limites, etc.
El habitus al tiempo de ser un
conjunto de esquemas cognoscitivos productores de prácticas, es simultáneamente
una serie de esquemas cognitivos de percepción y apreciación de esas prácticas.
Las cosas sociales, las personas, las clases de personas, sus acciones, sus
productos no sólo tienen una existencia objetiva marcada por sus propiedades
materiales objetivas, sino que además poseen una segunda existencia simultánea
al momento en que esas propiedades son percibidas y apreciadas en sus
relaciones mutuas por las propias personas que las poseen en relación a las
propiedades poseídas por otras personas y clases, y que a la vez son percibidas
por esas otras personas desde el punto de vista de las propiedades que ellas
tienen o pueden llegar a tener. Esta manera de existencia del mundo social
donde las cosas tienen un significado que es percibido por los agentes
portadores de criterios de percepción pertinentes, es el espacio simbólico.
Las propiedades de
las personas, de sus acciones, mediante las cuales afirman y despliegan su
posición de clase en el espacio de las condiciones de existencia, son entonces,
también, signos, discursos, lenguajes que expresan en el terreno de lo
simbólico las posiciones, las diferencias de clase y las luchas simbólicas que
en este espacio simbólico se despliegan por el control y el monopolio del poder
simbólico que está en juego.
Con este concepto de
espacio simbólico, Bourdieu retoma una antigua preocupación de Weber sobre los
reconocimientos, el honor y el prestigio que dan lugar a los grupos de status,
sólo que ahora no como una clasficación paralela a la de la clase social, sino
como parte de ella, como uno de sus componentes estructurales sostenido sobre
la presencia de una estructura simbólica en las que las distintas posiciones de
clase y luchas han de desdoblarse.

El habitus
aparece como un «sistema socialmente constituido de disposiciones estructuradas
y estructurantes que es adquirido en la práctica y constantemente orientado
hacia las funciones prácticas» .
El habitus es, por lo tanto, el conjunto de los esquemas de percepción, de
apreciación y de acción inculcados por el medio social en un momento y en un
lugar determinado; es decir, es un conjunto de disposiciones socialmente
adquiridas mediante el aprendizaje. En las siguientes fotos podemos observar lo
anteriormente citado y además podemos hacer referencia a los cambios en la
vestimenta según la época y las prácticas.
·
Las fotografías muestran entre otras cosas como se visten
los jóvenes de la ciudad de Dolores para ir a bailar, los jóvenes en las dos
fotografías tienen edades que oscilan entre los 15 y 25 años. En la fotografía
de la izquierda es de 1991, un gran grupo tanto de chicas como de chicos con
características similares tanto en la vestimenta como en la imagen. La
fotografía de la derecha es de este año (2001), las jóvenes tienen entre 17 y
20 años. Se notan diferencias en la presentación ante el público entre las
fotografías, hay cambios y permanencias. Las texturas de las prendas son
diferentes, el vinílico, los colores brillantes, las transparencias, y la
texturas de las telas al tacto han cambiado. En la fotografía del 2001 el cuerpo
luce mas esbelto y delgado, los modelos al vestir son más estilizados y pegados
al cuerpo, los cabellos son mayoritariamente lacios, previa visita a la
peluquería. En la foto de 1991 las chicas se hacen bucles y rulos en su cabello
sin duda es “el boom de la permanente”, que menciona una peluquera entrevistada
mas adelante.
Sea en el vestir, en el comer, en
la manera de preparar los alimentos, en la elección de las lecturas o los
programas televisivos, en la práctica de los deportes o en la manera de
practicarlos, en los gustos musicales, en lo que se fotografía, en la elección
de la mujer o el hombre para enamorar, las personas al tiempo de elegir según
sus posibilidades y disposiciones incorporadas, afirman simbólicamente su
distinción frente a los demás de manera simultánea a cómo los demás se
distinguen (o se acercan) a ellas a través de sus propias elecciones y gustos.
“Expresiones del habitus percibidas según las categorías del habitus, las
propiedades simbolizan la capacidad diferencial de apropiación” mediante las
cuales los agentes representan su propia posición y la de los demás en el
espacio social .
Esto es muy importante tomar en
cuenta por cuanto hay una propensión de cierta etnohistoria a asignar como
peculiaridad andina la formación de identidades sociales emblemáticas
expresadas a través, por ejemplo de la ropa o el idioma. En realidad, toda
identidad social es emblemática; todo grupo o clase de condiciones de
existencia afirma sus condiciones de vida diferentes a las otras clases de condiciones
de existencia mediante sus gustos, sus elecciones estéticas, que vinculan sus
posibilidades objetivas con sus necesidades y deseos habilitados por su
posición en el espacio social. En los Andes como en Francia, en Australia como
aquí en Uruguay, el espacio de los estilos de vida manifiestos en los
alimentos, la vestimenta, las celebraciones de casamiento, los ritos
mortuorios, las formas del cuerpo, etc., son momentos de distinción, de
diferenciación social mediante los cuales, cada segmento afirma su ser
difiriendo de las otras formas de ser y las otras maneras de ser validan su
diferenciación exhibiendo simultáneamente su distinta manera de gustar y
elegir.

·
Esta foto fue tomada en una playa de Brasil cuando fui con
un grupo de amigos, solamente por la ropa
de baño se puede distinguir la nacionalidad.
En las preferencias definidas por
el gusto, las personas se acercan y optan por una clase de objetos y de
prácticas que han sido habilitadas por el rango de sus posibilidades objetivas
y las experiencias previas de haber satisfecho esos deseos que han reafirmado
el gusto por sus gustos; en esa medida, los objetos elegidos, las formas de
consumo optadas son elecciones que han manifestado el abanico de probables
despertado por su situación objetiva en volumen, posición y trayectoria de los
capitales poseídos y por eso aparecen como prácticas enclasadas.
Así, es posible
hallar tantas clases probables de maneras más o menos comunes de ordenar el
mobiliario, de servir la comida en público y de prepararla, de emplear los
utensilios, de elegir vestuarios, del uso de la ropa en publico y en casa, de
la manera de adornar o usar las paredes, de practicar o elegir el deporte de su
agrado, de hablar, de presentar el cuerpo, de elegir los programas de radio o
televisión, etc., como clases y fracciones clase objetiva existen en una
sociedad.
Pero a la vez, este gusto que
dirige las elecciones en los estilos de vida y que expresa hasta que punto la
clase se ha hecho cuerpo y cosa, permite percibir los cuerpos y cosas de otras
clases de estilos de vida que no son los propios. Se trata ciertamente de una
lectura de la posición social y las cualidades objetivas a través de las cosas
en que se expresa esa posición social.
La objetivación en
las cosas de las relaciones sociales
entre las personas como si se tratara de relaciones sociales entre las cosas
estudiada como fetichismo social por Marx y hasta cierto punto por Baudrillard,
toma aquí una presencia plena en la medida en que las personas y las clases de
personas se diferencian y buscan diferenciarse de otras clases, especialmente
si la estructura patrimonial de su capital es menor, a través de las cosas, al
tiempo que las otras clases la distinguen en su posición social a través de las
mismas cosas optadas.
Se trata de un complejo sistema de
diferencias elegidas y percibidas por todas las clases que convierten a los
estilos de vida en expresión simbólica de las diferentes capacidades de
apropiación, esto es, de la posición de clase, que vuelven a enclasar a las
clases de gustos en un sistema de clases, de posicionamientos en torno al poder
de distinción, al poder de ordenar las clasificaciones simbólicas, es decir, en
torno al capital simbólico capaz de legitimar y armar las gradaciones de
prestigio, de valor simbólico de las expresiones simbólicas de las posiciones
de clase.
Si el espacio de las estructuras
simbólicas es el de las creencias más profundas, de los esquemas de ordenación
y percepción incorporados con los cuales las personas viven su ubicación en el
mundo social, están en el mundo, trabajan el mundo más allá del cálculo y la
previsión consciente; el poder simbólico es la capacidad, la fuerza de ordenar
esas creencias hechas cuerpo, es el poder de enunciar el reconocimiento, la
distinción valorada, la distribución de los prestigios, de las virtudes
mencionables, de la autoridad reconocida.
El poder simbólico es
el poder de imponer los principios de visión y división legítimos, las
categorías de percepción y apreciación, los sistemas de clasificación, las
escalas de valores reconocidas como valederas, deseables, por las cuales se
está dispuesto a esforzarse, y con los que las personas, las clases sociales,
producen y enuncian la realidad social que producen.
El poder simbólico es la capacidad
de producir un sentido común legítimo, de convertir lo particular en universal,
de consagrar con palabras, cosas o gestos (véase las ceremonias de trasmisión
de mando presidencial, o de mando sindical en una comunidad) las posiciones
sociales que en potencia ya existían pero que no tienen hasta entonces una
fuerza de existencia completa mientras no sea reconocida y por tanto acatada,
percibida como legítima.
·
EL CULTO AL CUERPO
Entendida como consumo
cultural, la práctica del 'culto al cuerpo' se coloca hoy como preocupación
general, que atraviesa todos los sectores, clases sociales y períodos etarios,
apoyada en un discurso que ahora hecha mano de la cuestión estética, ahora
muestra preocupación por la salud. Con todo, en cuanto preocupación general el
culto al cuerpo está presente en todos los segmentos sociales, la forma como
este se establece en el interior de cada grupo es diversificada. La elección de
la modalidad deportiva, de gimnástica, de danza y del gimnasio en que se
practicará, esta asociada, probablemente, a las demás esferas de la vida y a
las demás elecciones realizadas en el mercado de bienes.
Según Bourdieu, el
lenguaje corporal es señal de distinción social, ocupando una posición
fundamental en su argumentación y construcción teórica, que coloca al consumo
de alimento, cultural y a la forma de presentación (incluyendo el consumo del
vestuario, artículos de belleza, higiene y de cuidados y manipulación del
cuerpo en general) como las tres más importantes maneras de distinguirse, pues
son reveladoras de las estructuras más profundas determinadas y determinantes
del hábitus.
"El cuerpo es la
más irrebatible objetivación del gusto de clase, que se manifiesta de diversas
maneras. En primer lugar, en lo que en apariencia parece más natural, esto es,
en las dimensiones (volumen, estatura, peso) y en las formas (redondas o
cuadradas, rígidas y flexibles, rectas o curvas, etc...) de su conformación
visible, pero que se expresa de mil maneras toda una relación con el cuerpo,
esto es, toda una manera de tratar al cuerpo, de cuidarlo, de nutrirlo, de
mantenerlo, que es reveladora de las disposiciones más profundas del hábitus".
Es posible que
entendamos la preocupación por el culto al cuerpo como un rasgo característico
de las sociedades contemporáneas, así como también como un aspecto íntimamente
ligado a la constitución de lo 'moderno'. La preocupación por la corporeidad
muchas veces aparece bajo la forma de 'diversión' o 'entretenimiento', hay una
serie de hábitos físicos, sensoriales y mentales que, aunque existían desde el
comienzo de siglo son incorporados sistemáticamente en los cotidiano de sus
habitantes en la segunda década del siglo XX.
El antiguo hábito de
descansar los fines de semana se volvió un despropósito ridículo. Todos afuera:
es allí que está la acción, así lo muestra García Canclini en “Consumidores y
ciudadanos”. La simple observación del conjunto de esas prácticas
caracterizadas como 'diversión' remite al ambiente urbano y a la idea de la
modernidad.
Por ejemplo, en el
departamento de Maldonado, en sus diferentes ciudades, así en el día o en la
noche se percibe: deportes, danzas, ebriedad, drogas, estimulantes,
competencias, cine, shopping, fiestas, lanzamientos de productos, desfiles de
moda, salones de té, confiterías, cervecerías, playas, paseos, excursiones,
viajes, entrenamientos, acondicionamientos, carreras de fondo, de caballos, de
bicicletas, de motocicletas, de coches, de avión, tiro, marchas, campamentos,
maniobras, parques de diversiones, el parque Medina, boliches, patinaje, paseos
y carreras en bote, natación, saltos ornamentales, masajes, saunas, la maratón
de San Fernando, recitales en la plaza del Vigía, eventos en general en las
principales ciudades, toda la semana.
En Punta del Este en verano
todo los eventos giran en torno a la estética, a la diversión, al show_off, a
la prensa, todo se mediatiza, existe un relajamiento de la moral, y son
aceptadas las reglas de la moda tanto en el día como en la noche, los cuerpos
se pasean muy sueltos de ropa, fragancias muy sugestivas acompañan el glamour
del balneario. La práctica del culto al cuerpo está asociada a la idea de la
modernidad: Por detrás de todo eso, la filosofía es: ser joven, deportista,
vestirse y saber danzar los ritmos de moda y ser moderno, y además apreciar la
estética en general.
Si nos remitimos al pasado,
la década del '20 fue decisiva en la configuración de un nuevo ideal físico,
habiendo la imagen cinematográfica interferido significativamente en esta
construcción. Hacia el final de la década, las mujeres, bajo el impacto
combinado de las industrias de los cosméticos, de la moda, de la publicidad y
de Hollywood, incorporaron el uso del maquillaje, principalmente el lápiz
labial, en sus vidas cotidianas y se pasa a valorizar el cuerpo esbelto, firme.
Como señala Featherstone (1993), la combinación de esas cuatro industrias fue
fundamental para la victoria del cuerpo delgado sobre el obeso, en el
transcurrir del siglo XX.
Es posible
identificar, también en este siglo, tres fuentes fundamentales para el estudio
del cuerpo: en los años cincuenta, en los sesenta y en los ochenta. Los
primeros, debido a dos elementos: la expansión del tiempo libre y la explosión
publicitaria en la postguerra. Ser "deportista" pasa a ser, cada vez
más, un imperativo de las sociedades contemporáneas. Y esta tendencia de
comportamiento está, ciertamente, relacionada a la expansión del tiempo de
ocio: vacaciones pagas, un tercio de días de asueto, la explosión de los
campings volviéndose las playas más accesibles, son elementos que
contribuyeron, a partir de la segunda mitad de los años cincuenta, la
"revolución del veraneo", que impondrá un nuevo concepto de
vacaciones veraniegas, en el que la exposición del cuerpo ocupa un lugar
central.
La explosión
publicitaria de la postguerra, por su parte, fue, sin duda, gran responsable
por la difusión de hábitos relativos a los cuidados del cuerpo y a las
prácticas de higiene, belleza y deportivas, recomendadas por médicos y
moralistas burgueses desde principios de siglo. El desarrollo del cine y de la
televisión, con su red de "olimpianos"
, contribuyó, en gran medida para que los profesionales de los cuidados del
cuerpo vendieran sus imágenes y sus productos. Pero es importante resaltar el
cambio de comportamiento que se imponía en aquel momento. Al colocar imágenes de estrellas de cine con blanca
sonrisa y cabellos brillantes anunciando crema dental y shampoo , mostrando su
cuerpo y un nuevo concepto de higiene.
Los años sesenta
fueron el escenario para la difusión de la píldora anticonceptiva, de la
llamada "revolución sexual" y del movimiento feminista, elementos
que, asociados a la contracultura y al "hippismo" coadyuvaron a
situar a la corporeidad como una dimensión importante en el contexto
contestatario que caracteriza a la época. El cuerpo es colocado en escena por
la contracultura como lugar de transgresión, de delirio y de
"trance", a través de experiencias con drogas y sexo.
Los años ochenta
pueden ser entendidos como un momento importante para la temática, en la medida
en que en esa década la corporeidad se hizo notar como nunca antes, en términos
de visibilidad y espacio en el interior de la vida social, pues si en el
período anterior los cuidados del cuerpo se reconocían durante su exposición en
los veranos, a partir de la década de los ochenta las prácticas física pasan a
ser más regulares y cotidianas, manifestándose en la expansión de gimnasios por
todos los centros urbanos. Paralelamente a este proceso vemos el nacimiento de
la llamada "Generación Salud", a partir de los años ochenta,
representativa de cierta postura frente a la vida que, en cierta medida en
oposición al modelo de comportamiento representativo de la generación de sus
padres, levantan la bandera anti-drogas, con especial énfasis en el tabaquismo
y el alcoholismo, junto a la defensa del medio ambiente, del naturalismo y del
llamado "sexo seguro"
que en algunos casos significa la revalorización de la virginidad femenina,
aunque no del casamiento, sino más bien de la certeza de que la primer relación
sexual puede significar un compromiso afectivo prolongado con la pareja.
¿Qué llevó a
las sociedades contemporáneas a intensificar la preocupación y exaltación del
cuerpo y colocarlo como uno de los elementos centrales en la vida de las
personas?.
En primer lugar, esa
intensificación está ligada a la propia historia de la moda, que puede ser
entendida como las imágenes sociales del cuerpo, el espejo de una determinada
época y en ese sentido es interesante recordar que en el siglo XIX el camisón
de dormir sólo podía ser usado en la intimidad y cualquier referencia a él en
público, era motivo de vergüenza.
De la misma
manera, los cabellos sueltos, sólo eran permitidos en el espacio privado,
siendo el peinado una exigencia para salir a la calle. Mostrar el cuerpo
tampoco era algo muy común, las personas decentes vestían con guantes y
sombrero, apenas mostrando el rostro, con excepción de los trajes de noche
femeninos, que mostraban grandes escotes. Gradualmente, la plasticidad en el
vestuario fue ganando espacio frente a la rigidez.
Los hombres
pasaron a usar cuellos más flexibles y sombreros de fieltro blando en lugar de
los cuellos duros y sombreros rígidos. En cuanto a las mujeres fueron
abandonando los corsés y las cintas, que cedieron su lugar a bombachas y
corpiños. Las faldas se fueron acortando, las medias valorizaron las piernas y
los tejidos pesados fueron reemplazados por otros más ligeros que permitían que
se marcaran las curvas del cuerpo .
·
En una de las fotos
vemos como se diferencian los trajes de baño en el final del siglo XIX y el
siglo XX. En otra, vemos un grupo de jóvenes en 1948 disfrutando en las costas
del río Uruguay.
En términos de
vestuario, el siglo XX estuvo marcado por un desnudamiento y flexibilidad cada
vez mayores, la apariencia física pasa a depender cada vez más del cuerpo y
cuidarlo se torna una necesidad, pues cuidar el cuerpo es prepararlo para ser
mostrado. Sin embargo, cada paso que se dio en el sentido de descubrir el
cuerpo no estuvo libre de prejuicios, conflictos y escándalos: la bermuda de
los boy scouts en los años '20 fue bastante censurada, porque mostrar la
piernas públicamente era tabú; la bikini en los años cincuenta generó muchos
conflictos entre padres e hijas; la osada minifalda de los años sesenta escandalizó
antes de volverse una moda y el topless de los años setenta todavía es tabú, un
ejemplo claro es lo que se vio este verano 2001 en Punta del Este donde muy
pocas mujeres se animaron a la propuesta. Me atrevo a decir que las mujeres
extranjeras fueron las que más se mostraron dado a que en otros países el
topless es comun y no cosa de jovencitas. Hoy, en las ciudades, los hombres
adoptan la bermuda como traje de paseo, y es común verlos con la camisa abierta
o el torso desnudo. Se trata de la exposición pública del cuerpo, que gana cada
vez más terreno.
La cuestión
nutricional -o dietética- está, sin duda, ligada al tema en cuestión. Cada vez
más la cultura alimentaria de las sociedades occidentales está eliminando los
panes y las papas y privilegiando carnes blancas asadas, lácteos, legumbres y
frutas frescas, en sintonía con la idea de que el cuerpo perfecto exige un tipo
de alimentación ideal, que muchas veces excluye delicias exigiendo una dosis de
sufrimiento. En la tapa de este trabajo vemos la portada de la revista Gente,
donde una joven actriz cuenta ese “sufrimiento”). No se puede dejar de exponer
la fuerte penetración de la "onda diet" en los últimos años.
Junto a la industria
"Diet", se ubica la de los Cosméticos
-que también viene creciendo en forma alarmante, indicando la
"materialidad" del proceso en cuestión: el aumento de la preocupación
por el cuerpo. No podemos dejar de reconocer y mencionar el papel de los medios
como parte fundamental en el proceso señalado. En lo que se refiere a los
medios impresos, vale destacar que la temática del cuerpo gana cada vez más
espacio desde los años ochenta, las revistas dedicadas a la moda y la imagen,
abrieron el camino para una veta que está siendo hábilmente explotada por las
industrias editoriales.
Los editores y escritores de moda de las revistas
especializadas, como Harpers AND Queen, Vogue, Marie Claire y Elle
influyen en el éxito o el fracaso de los nuevos estilos y diseñadores. Hoy por hoy
en Uruguay podemos acceder fácilmente a diferentes revistas de éste tipo,
Paula, Para Tí, Mía, Planeta Urbano, Cosmopolitan, Rouge, etc. La percepción
del cuerpo en la sociedad contemporánea está sometida por la existencia de un
vasto arsenal de imágenes visuales, “la lógica secreta de la cultura de consumo depende
del cultivo de un insaciable apetito para el consumo de imágenes."
El cine de Hollywood
ayudó a crear nuevos modelos de apariencia y exhibición físicas, llevando a un
público masivo la importancia del "looking good". Hollywood difundió
nuevos valores de la cultura de consumo y proyectó imágenes de estilos de vida
glamorosos hacia el mundo entero. Las estrellas de cine ayudaron a conformar un
ideal de perfección física, introduciendo nuevos tipos de maquillaje, cuidados
del cabello, técnicas para corregir imperfecciones.
En EEUU aparecen
revistas dedicadas a la vida privada de las estrellas, a sus consejos de
belleza, sus ejercicios y sus dietas. Revistas como Photoplay, Silver Screen, Screen Book
and Motion Picture al publicar los "secretos de las
estrellas" ofrecían a sus lectores la chance de autoayudarse, con avisos
llamando la atención para provisiones de remedios contra el acné, senos
grandes, senos pequeños, piel grasosa o reseca, etc... De la misma manera, las
imágenes publicadas por las revistas acerca de los personajes de la industria
hollywoodiana provocaban una revisión de la auto-imagen de los lectores, en un
juego de reconstrucciones constantes, ocasionando la reflexibilidad apuntada
por Giddens (1991) como constitutiva de la modernidad.
En nuestro
país las revistas similares a las anteriormente citadas son Gente, Caras,
Semanario, Look, Mía, etc.
Lo mismo puede ser
pensado en relación al texto televisivo, que transmite imágenes de cuerpos
perfectos y formas de alcanzarlo, a través de los más variados formatos (piezas
publicitarias, programas en vivo, novelas, películas, etc...).
La lista de los
programas que permiten afirmar que su
formato recupera y actualiza matices genéricos, tratando temas del universo
adolescente - juvenil, en realidad es una lista grande (tanto en televisión
abierta como codificada) algunos son: “Bay Watch” o “H de P”, “Verano del ´98”,
“Sexo en la ciudad”, “Ally Mc Beal”, “Versus”, “El Rayo”, MTv, y los reality
shows y mucho más...
Las historias giran
alrededor del universo adolescente - juvenil, tratando temas como la
virginidad, la sexualidad, los pros y los contras en la decisión de casarse,
las relaciones entre pares, drogas, deportes,etc.
Por ejemplo en Bay
Watch las escenas se desarrollan en diversos espacios, mostrando que todo puede
ser realizado sin salir de la playa:, cafetería, restaurant de comida japonesa,
video club, negocios de venta de ropa y accesorios, consultorios, masajes,
aparatos de gimnasia, etc, pero buena
parte de los diálogos ocurren sobre lo sucedido en el entorno, en la playa y en
el vestuario, espacio en el cual las chicas pueden intercambiar secretos
íntimos sin riesgo de ser oídas por algunos de los varones, porque los
vestuarios están separados por sexo. Constantemente los cuerpos se evidencian
aunque cambie el escenario, continúan predominando, en términos de imágenes,
muslos, torsos, ombligos y colas perfectamente esculpidos, entre los vivos
colores de bikinis y mallas de baño.
Esta idea nos lleva a
pensar que la imagen de la juventud, asociada al cuerpo perfecto e ideal -que
comprende las nociones de salud, vitalidad, dinamismo y, por sobre todo,
belleza- atraviesa contemporáneamente, los diferentes géneros, todas las fases
etarias y clases sociales, sobrepasando y componiendo, de manera diferenciada,
diversos estilos de vida.
Y es la fábrica de
imágenes -cine, tv y publicidad- la que ciertamente ha contribuido a para ello.
La asociación entre la producción de imágenes corporales por los medios (con
preeminencia en el cine y la televisión) y la percepción de los cuerpos y
construcción de auto-imagen por parte de los individuos, es inmediata. Ninguna
sociedad en la historia, como ha sido dicho reiteradamente, produjo y difundió
tal volumen de imágenes del cuerpo humano a través de periódicos, revistas,
avisos y de las imágenes del cuerpo en movimiento en la televisión y en las
películas.
Es curioso observar
que esta época en la que el culto al cuerpo gana espacio dentro de la vida
social es, coincidentemente, cercano al señalado como el punto de inflexión de
las sociedades capitalistas occidentales, que pasaron a tener una nueva
conformación. Si la modernidad entra en una nueva etapa y avanza sobre espacios
diferenciados, lo mismo ocurre con el culto al cuerpo, o la relación de los
individuos con sus cuerpos, pues si el desarrollo técnico tuvo gran influencia
sobre la vida social en esta etapa contemporánea de la era moderna, lo mismo
puede ser dicho en relación a la corporeidad.
La técnica impactó en
gran medida la relación de los individuos con sus cuerpos en la sociedad
contemporánea. La posibilidad de modelar o de diseñar su propio cuerpo se sitúa
como algo que favorece para cada uno estar lo más cercano posible a un modelo
de belleza que está establecido globalmente; finalmente las leyes del mercado
de la moda son internacionales.
Es evidente que la
existencia de técnicas de manipulación y cuidados con el cuerpo no son
exclusivas de las sociedades contemporáneas. Estas existieron en otros espacios
y tiempos.
·
Peluqueros vs. Estilistas ¿Hay diferencias?
Para completar este
trabajo realicé entrevistas semiestructuradas con un carácter cualitativo en la
ciudad de San Carlos, a 2 profesionales en el área de la estética capilar.
Seleccioné 2 comercios, ubicados en diferentes puntos de la ciudad de San
Carlos, manteniendo como variables la edad y el género de los clientes.
·
Los entrevistados
Son egresados de la misma Academia
(privada).
El entrevistado Nº1
Hombre
de 43 años, luce muy jovial, atlético, con 18 años de profesión.
Barrio “La Cuchilla” – Estilo Coiffeur
– estilista.
El salón es amplio y
funcional, tiene muy buena iluminación natural y artificial. Hay 2 cuadros
abstractos muy grandes. Tiene plantas interiores, una jaula con tres cardenales
que cantan y música funcional. Los muebles son reciclados y patinados en tonos
pastel. También hay un muestrario de productos reconocidos químicos y
naturales. Los sillones y las sillas son de rattán, las butacas donde se sienta
el cliente son modernas, y enfrente de cada una de las dos hay un espejo. El
entrevistado expresa que su comercio está lanzado a un público amplio, a la
Familia y al público masculino joven.
“... es un salón donde entra la familia, por ejemplo hoy vino un padre con
sus dos hijos y los 3 se cortaron el pelo...”
Las
mujeres en general se aplican en su mayoría tintas en sus diversas formas, se
hacen brushing, se peinan y se cortan el cabello. Los hombres en su mayoría se
cortan el cabello, algunos, los más jóvenes se aplican tintas (rubio, violeta,
verde, claritos, mechones, etc.)
“...en San Carlos la gente es muy
conservadora. Cuando realizo una tinta violeta a un joven, el que espera lo
observa demasiado y cuando sale, lo miran con cara rara, por más que esté de
onda ese color y el chico lo sepa llevar...”
Los niños y los
hombres en su mayoría sólo se cortan el cabello. El corte en las mujeres es muy
variado. Generalmente son cortos y melenas. Con respecto a los cortes en los
hombres, el corte hongo en los niños y algunos jóvenes es el más aceptado junto
con la media americana. En adultos los cortes son clásicos y en los
adolescentes desmechados.
“...yo corto sin patrón, doy forma,
sólo cuando utilizo la máquina tengo patrones a seguir”.
Los colores que más
se aplican son el caoba, los cobrizos, tonos ciruelas, rojos y pocos rubios.
Hace muchos claritos y agrega:
“...hay que jugar con los colores. El
caoba tiene vida, es difícil que quede mal. El rubio se usa. Ya no es tan
frecuente, se hace una base rubia y se le hacen mechas rojizas. Bajo ningún
concepto aplico tintas negras. El negro endurece las facciones y no queda bien
ni en natural. En cambio los demás colores tienen vida. Hay que jugar con los
colores”.
El estilista agrega:
“...trabajar con la cabellera de la gente es arte. Cuando trabajo
pienso lo mismo que piensa un pintor o un escultor. Siento que es arte, el goce
propio de lo que hago... la peluquería es una terapia para el hombre y la
mujer. La mujer viene cuando está bien, mal o deprimida. Te cuentan mucho, hay
que saber dialogar con la gente, hay que motivar a la persona”.
·
Los precios
“...hace tres años que los precios
están iguales. No hay que lucrar tanto. Relativamente trabajo bien durante todo
el año y en verano el trabajo aumenta un poco”.
Corte $ 90
Tinta en cabellos cortos $ 160
Tinta en cabellos largos $ 190
Claritos $ 280
Reflejos $ 280
Brushing $ 90
·
El entrevistado Nº 2:
Mujer de 48 años, obesa y muy coqueta,
con 31 años de profesión.
Barrio Artigas, Silvia Peinados Unisex
La peluquería es
mediana, con muy buena iluminación eléctrica, con un amplio espejo con
lámparas, y un mueble con secadores e implementos para trabajar. Tiene un
mueble grande para lavar el cabello, plantas y flores naturales, cuadros y
fotografías de peinados, revistas de actualidad (Mía, Mujer, Caras, Gente) y
libros de peluquería. Hay un mueble pequeño con rueditas con diferentes peines
y cepillos y diferentes accesorios. Tiene un secador de pie, dos muebles con
diferentes productos de cosmética capilar. Hay dos butacas de madera con pasamanería
para trabajar y sillones.
“...la peluquería es de barrio. Mis
clientes son de campaña y de diferentes barrios de San Carlos. La presentación
comercial tiene que ser buena desde el mobiliario hasta la relación con el
cliente. Cuando cambié el mobiliario modernicé la peluquería y sumó clientes.
Mientras ofrecía lo mismo, con los mismos productos y al mismo precio. El ojo
llena más de lo que ve, es verdad. Si ven lujo, creen que la peluquera sabe
mucho”.
La mayoría de los
clientes son mujeres de diferentes edades, predominando las de treinta en
adelante, siguiendo niños y jóvenes y por último caballeros. Las mujeres se
hacen tintas, cortes, peinados y brushing.
“...el cabello se usa lacio, la permanente ya fue. Ahora me piden
laciados, torniquetes y planchitas para mantenerlo, antes se marcaban el
cabello y se hacían bucles, frizados, era “el boom de la permanente”...”
Las señoras mayores
se cortan, se tiñen y se peinan el cabello con tonalidades rubio ceniza, pocos
caobas. Las más jóvenes se hacen claritos y reflejos, laciados o brushing,
claritos. Expresa que las niñas se cortan solamente las puntas y el flequillo,
los niños se cortan el cabello y el corte hongo es el más popular. La mayoría
de los hombres jóvenes y adultos se hacen cortes clásicos, con tijera y
máquina. Algunos jóvenes se hacen laciados o brushing, claritos y también dos
adultos se hacen tintas.
Con respecto a las
tintas y la edad agrega:
“...los colores claros rejuvenecen,
le dan vida a la cara, creo que la peluquera debe orientar al cliente dado a
que el cabello es el marco de la cara, y que muchas veces ha cortes y
coloraciones que no acompañan la estética del cliente, los colores claros
iluminan el rostro, como los claritos y
los reflejos. Cuando más edad tienen más coquetas quieren quedar, el
cliente que tiene dinero exige más...”
·
Los precios
“...mi peluquería tiene que ser
barata debido al punto donde se encuentra...”.
Corte $ 55
Tinta en cabellos cortos $ 130
Tinta en cabellos largos $ 160
Claritos en cabellos cortos $ 200
Claritos en cabellos largos $ 300
Laciado en cabellos cortos $ 200
Laciado en cabellos largos $ 280
BIBLIOGRAFÍA
Aportes
del Profesor Lic. Walter Menéndez.
Aportes
del seminario: De Reagan a Clinton – La política Exterior de USA por el
Prof. Fernando López Alvez.
BOURDIEU,
P. La distinción, Cap. “Economía de las prácticas”,y ”El habitus y los
estilos de vida”, Taurus, España,
1999
FEATHERSTONE, M.
"The body in consume culture". El Cuerpo: proceso social y teoría cultural, London,
Sage publications. (1993)
GUTIERREZ, Alicia B.
Los fundamentos de las Ciencias del Hombre, “Pierre
Bourdieu: las prácticas sociales”, Centro Editor de América Latina.
Buenos Aires. 1994
Trabajo
realizado por el Prof: Marcelo Fernando Mazzoni Michelena.
mazzo@lacasilla.com.ar