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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Bronquiectasias: Etiología y patogenia, Bronquiectasias congénitas, Anatomía patológica, Síntomas y signos, Diagnóstico, Profilaxis, Tratamiento, Agregado: 24 de MAYO de 2000 | Palabras: 3165 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Medicina > |
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BRONQUIECTASIAS
Dilatación focal e irreversible de los bronquios, por lo
general acompañada de infección. La mayoría de las veces son adquiridas y se
asocian a diversos procesos y enfermedades (congénitos y/o hereditarios).
Etiología
y patogenia
Bronquiectasias congénitas.
Proceso
poco frecuente en el que la falta de desarrollo de la periferia pulmonar
provoca la aparición de una dilatación quística de los bronquios. Bronquiectasias
adquiridas. Tienen su origen en: (1) la destrucción directa de la
pared bronquial por una enfermedad infecciosa, inhalación de sustancias
químicas nocivas, existencia de reacciones inmunológicas o de trastornos
vasculares capaces de interferir en la nutrición normal de los bronquios, o
bien (2) alteraciones mecánicas secundarias a la existencia de atelectasias o a
pérdida de parénquima pulmonar, con la consiguiente dilatación bronquial e
infección secundaria. Las toxinas bacterianas, las proteasas (p. ej., la
elastasa de los neutrófilos), la liberación de radicales superóxido y los
complejos antígeno-anticuerpo pueden facilitar la lesión de la pared bronquial.
Entre las causas más frecuentes de bronquiectasias
destacan: neumonías graves (sobre todo las que aparecen en los niños como
complicaciones del sarampión, tos ferina o algunas infecciones por adenovirus);
infecciones necrosantes (en enfermos de cualquier edad) causadas por Klebsiella,
estafilococo, virus de la gripe, hongos, micobacterias y, quizá, también por
micoplasma, e, independientemente de su causa, cualquier obstrucción bronquial
(p. ej., obstrucciones en enfermos con cuerpos extraños, hipertrofia
ganglionar, impactación de moco o cáncer de pulmón). Predisponen también a la
aparición de bronquiectasias un grupo variado de causas, entre las que destacan
principalmente las neumopatías fibróticas crónicas (p. ej., las que se aprecian
tras una neumonía por aspiración o tras la inhalación de diversos gases,
sustancias irritantes o partículas con propiedades inmunológicas activas
[sílice, talco o baquelita]). También tienen gran importancia diversos procesos
y enfermedades congénitos y/o hereditarios y algunos síndromes de
inmunodeficiencia adquirida, causantes de un aumento de la susceptibilidad del
huésped frente a las infecciones o de un trastorno de sus mecanismos de defensa
respiratorios y de la capacidad de eliminación de las secreciones bronquiales.
Aunque debido a la amplia utilización de antibióticos y a las vacunaciones de
la infancia han disminuido tanto la incidencia como la mortalidad por
bronquiectasias, éstas siguen siendo aún una manifestación clínica bastante
frecuente de la fibrosis quística o mucoviscidosis (v. Mucoviscidosis, cap. 196). Junto a la transposición visceral (o situs
inversus) y a la sinusitis, se aprecian también bronquiectasias en
los enfermos con síndrome de Kartagener, un subgrupo del denominado síndrome de
la discinesia ciliar primaria (DCP), en el que la existencia de
diversos trastornos de las organelas ciliares provoca una disminución
mucociliar que, a su vez, causa infecciones bronquiales supurativas y
bronquiectasias (junto a otitis, rinitis crónica, esterilidad masculina,
alteraciones corneales, cefaleas y trastornos olfatorios). Se ha informado
asimismo sobre la observación de bronquiectasias en enfermos con síndrome de
Young, que cursa con azoospermia obstructiva, sinusitis e
infecciones pulmonares crónicas, normoespermatogénesis y dilatación de la
cabeza del epidídimo (llena de espermatozoos) y presencia de un material amorfo
(con ausencia de espermatozoos) en el cuerpo. Además, en el examen por
microscopia electrónica no se aprecian las lesiones ciliares estructurales y
funcionales que se ven en el síndrome de la DCP, ni los enfermos presentan las
típicas alteraciones electrolíticas de la mucoviscidosis. En la aspergilosis
broncopulmonar alérgida (v. Aspergilosis broncopulmonar alérgica, cap. 41) se observa un patrón de bronquiectasias poco
habitual, con dilatación de las porciones proximales de los bronquios
segmentarios o subsegmentarios (más que la dilatación de los bronquios
periféricos observada en las bronquiectasias idiopáticas). Se cree que la
respuesta inmune frente a los hongos que existen en la luz bronquial,
habitualmente Aspergillus fumigatus, es la causante de la lesión de la
pared bronquial.
Anatomía
patológica
Las bronquiectasias pueden ser
unilaterales o bilaterales; son más frecuentes en los lóbulos inferiores,
aunque con frecuencia puede observarse la afectación del lóbulo medio derecho y
de la porción de la língula en el lóbulo superior izquierdo. Se las puede
describir como cilíndricas, varicosas o saculares, según su aspecto
anatomopatológico y radiográfico. En las bronquiectasias cilíndricas, el
bronquio, en lugar de disminuir de diámetro como lo hace normalmente, termina
de forma brusca a causa de la impactación mucosa o de una alteración fibrosa.
En las bronquiectasias varicosas y saculares, los bronquios distales están
obstruidos y tienen un aspecto de globo. No obstante, estas distinciones
revisten poco interés en la clínica. En todos los tipos de bronquiectasias, los
signos y síntomas y la evolución son similares.
Las paredes bronquiales muestran
destrucción inflamatoria extensa, inflamación crónica, aumento de la secreción
mucosa y pérdida de los cilios. Cuando las áreas intersticiales y alveolares
adyacentes son destruidas por la inflamación, la reorganización y la fibrosis
del tejido provocan pérdida de volumen. Las bronquiectasias se asocian a
bronquitis crónica y/o enfisema. Pueden observarse grandes anastomosis entre
las arterias bronquiales y pulmonares, con las primeras notablemente dilatadas.
Asimismo, las anastomosis entre las venas bronquiales y pulmonares presentan un
gran diámetro. El aumento del flujo resultante, unido a los cortocircuitos
derecha-izquierda y a la hipoxemia, provoca en una fase avanzada de la
enfermedad hipertensión pulmonar y cor pulmonale.
Síntomas
y signos
Las bronquiectasias pueden aparecer a
cualquier edad, pero son más frecuentes al principio de la niñez, si bien es
posible que la sintomatología no se manifieste hasta mucho tiempo después. La
gravedad y los síntomas del cuadro varían de un paciente a otro y, en
ocasiones, en un mismo paciente en épocas diferentes, dependiendo sobre todo
del grado de extensión de la enfermedad y de la presencia (y grado) de
infecciones crónicas que compliquen el proceso. Aunque el paciente puede estar
asintomático, los síntomas más típicos y frecuentes son la tos crónica y la
producción de esputo. A menudo comienzan de forma insidiosa, en general después
de una infección respiratoria, y tienden a empeorar de modo gradual con el paso
del tiempo. Una forma frecuente de comienzo de la enfermedad es con una
neumonía grave, falta de resolución clínica de la sintomatología y tos crónica
y productiva residual y persistente. A medida que la enfermedad evoluciona, la
tos tiende a hacerse más productiva y a aparecer con una regularidad típica
(sobre todo al levantarse por las mañanas, al final de la tarde y al
acostarse), pero muchos enfermos prácticamente no presentan tos en las horas
intermedias. En general, el esputo es muy parecido al de la bronquitis y
totalmente inespecífico. Aunque es menos frecuente, en los casos de evolución
crónica inveterada el enfermo emite una cantidad copiosa de esputo que, al sedimentar,
se separa en 3 capas distintas: una capa espumosa en la parte superior, una
capa de color verdusco y turbio en la zona media y una capa de esputo espeso y
purulento en el fondo. La hemoptisis es frecuente e, incluso, puede ser el
primero o el único signo. También se aprecian neumonías recurrentes, cuya
exploración adecuada permite establecer el diagnóstico de bronquiectasias. En
los casos avanzados y asociados a bronquitis crónica y enfisema, los pacientes
pueden presentar sibilancias, disnea y otras manifestaciones clínicas de
insuficiencia respiratoria (cap. 32) y de insuficiencia
cardíaca derecha por cor pulmonale (cap. 25).
La exploración física es inespecífica;
sin embargo, hay que pensar en bronquiectasias cuando se auscultan estertores
persistentes en una región pulmonar fija. En los casos con bronquiectasias muy
extensas e infecciones pulmonares crónicas y persistentes, los enfermos
presentan a veces dedos en palillo de tambor. Las alteraciones hemodinámicas y
de las pruebas funcionales respiratorias dependen en gran medida de la
extensión de las lesiones anatomopatológicas causadas por la enfermedad (p.
ej., bronquitis crónica difusa, enfisema o fibrosis pulmonar). Entre dichas
alteraciones destacan a veces la reducción de los volúmenes y flujos aéreos
pulmonares, los trastornos de la relación ventilación/perfusión, la hipoxemia
y, en los casos más graves, la hipertensión pulmonar y el cor pulmonale.
Diagnóstico
Debe sospecharse la existencia de
bronquiectasias en todo paciente que presenta los signos y síntomas descritos
anteriormente. Las radiografías de tórax convencionales pueden mostrar un
aumento de la trama broncovascular a causa de la fibrosis peribronquial y de la
acumulación de secreciones intrabronquiales, ocupación aérea en un pulmón
atelectásico, "imágenes en carril", áreas de apanalamiento o áreas
quísticas con niveles líquidos o sin ellos, pero a menudo son normales. La
interpretación de una TAC por un observador experto utilizando cortes delgados
(p. ej., de 1,5 mm) puede hacer innecesaria la práctica de la broncografía,
pero ésta se debería efectuar para confirmar el diagnóstico y la extensión de
la enfermedad, en particular en los casos complejos o cuando se plantea la posibilidad
de tratamiento quirúrgico. La broncografía debe llevarse a cabo una vez que el
estado del paciente sea estable y después de efectuar una higiene bronquial
vigorosa. La presencia de una cantidad excesiva de secreciones o de sangre en
el árbol bronquial o un cuadro de bronconeumonía aguda pueden provocar errores
en la interpretación de la broncografía. No hay que confundir la dilatación
reversible de los bronquios que aparece cuando existe una condensación de los
espacios aéreos (p. ej., en la neumonía) con las bronquiectasias verdaderas. No
debe practicarse una broncografía si el paciente es alérgico al yodo o presenta
una alteración funcional pulmonar importante. Hay que descartar la bronquitis
crónica y las infecciones por micobacterias y hongos. Cuando la enfermedad es
unilateral o de comienzo reciente, está indicada la práctica de una
fibrobroncoscopia para descartar la existencia de un tumor, un cuerpo extraño u
otras anomalías endobronquiales localizadas. La fibrobroncoscopia puede
efectuarse también en combinación con la broncografía; en este caso se inyecta
el contraste en el pulmón a través de un catéter introducido en el
fibrobroncoscopio hasta el área de interés o se hace pasar un catéter mediante una
guía mecánica insertada y colocada precisamente con ayuda del broncoscopio.
Debe efectuarse una investigación
rutinaria para descartar la existencia de enfermedades asociadas, en particular
mucoviscidosis (observada con frecuencia creciente en adultos),
inmunodeficiencias y anomalías congénitas predisponentes.
Debe sospecharse la existencia de
mucoviscidosis si las anomalías observadas en las radiografías de tórax son
predominantemente apicales o de los lóbulos superiores. Si bien constituye una
característica típica en los niños, la insuficiencia pancreática es poco
frecuente en los adultos, en los que predominan las manifestaciones pulmonares.
Una determinación de cloruros en el sudor (iontoforesis cuantitativa con
pilocarpina) que revele un nivel > 60 mEq/L en niños o > 80 mEq/L en
adultos tiene valor diagnóstico. Los valores comprendidos entre 45 y 60 mEq/L
en niños y entre 50 y 80 mEq/L en adultos justifican la repetición de la
prueba. La determinación de la diferencia de potencial eléctrico transepitelial
nasal puede ayudar también a diferenciar la mucoviscidosis de otras
enfermedades con síntomas similares. La diferencia negativa de potencial en la
mucoviscidosis es 2-3 veces mayor (p. ej., 45 mV) que en los individuos
normales y en los pacientes con un síndrome de Young o con bronquiectasias (17-20
mV).
El síndrome de Young, más frecuente que
la mucoviscidosis o los síndromes de DCP, debe sospecharse en los varones con
síntomas crónicos y recurrentes de afectaciones sinusales y pulmonares e
infertilidad. El hallazgo de espermatozoides normales, unas pruebas de función
testicular normales y una prueba del sudor también normal distinguen esta
enfermedad de la mucoviscidosis o los síndromes de DCP.
La DCP puede hallarse en el 11 % de los
niños que sufren enfermedades pulmonares crónicas. El diagnóstico se confirma
mediante el examen ultrastructural y funcional (estudio de la movilidad y de la
frecuencia de "latido") de los cilios nasales o de otras regiones del
tracto respiratorio, obtenidos con biopsia o cepillado, y mediante el estudio
del aclaramiento ciliar nasal, que se determina instilando sacarina sobre el
cornete nasal inferior de la nariz y anotando el tiempo que transcurrre hasta
que el individuo percibe por primera vez su gusto (el tiempo normal es de 12-15
min). Es importante efectuar el examen ultrastructural en varios cortes de
biopsia del tejido para descartar defectos ciliares inespecíficos, que pueden
observarse en £ 10 % de los cilios de los pacientes que sufren una neumopatía
adquirida y también en individuos normales. Al interpretar las anomalías se
debe recordar que la infección puede provocar una discinesia transitoria y que
se ha observado la existencia de solapamiento entre las características
ciliares de los enfermos y los controles.
Las deficiencias en la síntesis de
inmunoglobulinas pueden indentificarse mediante determinaciones de éstas en el
suero (caps. 18 y 19). Un déficit
de a1-antitripsina puede sospecharse cuando el nivel de a1-globulina
es bajo y confirmarse mediante la determinación del fenotipo por
inmunoelectroforesis cruzada (v. Enfermedades obstructivas crÓnicas de las vÍas
aéreas, cap. 34). Las anomalías congénitas del cartílago
traqueal o bronquial y del tejido conjuntivo se detectan habitualmente en las
radiografías de tórax. En la traqueobroncomegalia, el diámetro traqueal es
aproximadamente el doble del normal. En el síndrome de Williams-Campbell, de rara
presentación, la ausencia total o parcial de cartílago más allá de los bronquios
segmentarios principales provoca sibilancias y disnea en una fase temprana de
la infancia, y la broncografía muestra un abalonamiento inspiratorio y colapso
espiratorio de los bronquios afectados.
En el síndrome de las uñas amarillas,
que se atribuye a una hipoplasia congénita del sistema linfático, puede
observarse la existencia de uñas gruesas, curvadas y de coloración
amarillo-verdosa, así como linfedema primario; algunos pacientes presentan
derrames pleurales exudativos y bronquiectasias.
Puede sospecharse una aspergilosis
broncopulmonar alérgica cuando existe una reacción en forma de pápula y
vesícula frente a antígenos fúngicos, un nivel elevado de IgE sérica,
precipitinas séricas frente a Aspergillus fumigatus u otros tipos de
hongos, junto a un cuadro clínico sugestivo. A menudo existe también
eosinofilia en sangre y esputo.
Profilaxis
El conocimiento y la identificación temprana de las enfermedades que se asocian con mayor frecuencia a bronquiectasias puede permitir un tratamiento temprano para evitar su aparición y agravamiento. Cuando existen antecedentes familiares de mucoviscidosis, puede ser útil la práctica del diagnóstico prenatal mediante la determinación del tripsinógeno inmunorreactivo o el análisis del ADN. La vacunación contra la tos ferina y el sarampión en la infancia, el uso generalizado de antibióticos y la mejoría de las condiciones de vida y de la nutrición han ayudado a reducir la prevalencia y la morbimortalidad de las bronquiectasias. La administración anual de las vacunas antigripal y antineumocócica (ésta en una sola ocasión) en los pacientes sometidos a un riesgo particularmente elevado y con probabilidades de responder de modo favorable a ellas pueden ser una medida útil. El tratamiento temprano de la infección por el virus respiratorio sincitial mediante ribavirina en aerosol y de las infecciones por micoplasmas con eritromicina durante 7-10 d (en adultos 250-500 mg p.o. 4/d; en niños, eritromicina base, 40 mg/kg c 6 h, estolato de eritromicina, 40 mg/kg c 6 h) puede disminuir su potencial lesivo. El tratamiento sustitutivo con inmunoglobulinas en los estados de inmunodeficiencia, el diagnóstico temprano y la práctica de medidas broncoscópicas, quirúrgicas o de otro tipo para eliminar los cuerpos extraños y las obstrucciones bronquiales localizadas y el tratamiento de la sinusitis de repetición y del reflujo gastroesofágico pueden prevenir la aparición de las infecciones pulmonares de repetición que provocan las bronquiectasias. Debe evitarse por completo la inhalación de gases y partículas nocivas, incluyendo el humo de cigarrillos, o disminuirse mediante el uso de controles ambientales eficaces o de sistemas de protección personal.
Tratamiento
El tratamiento se dirige a controlar la
infección aguda y crónica, el aumento de volumen de secreciones, la obstrucción
de las vías aéreas y las complicaciones (p. ej., hemoptisis, hipoxemia,
insuficiencia respiratoria y cor pulmonale).
Para ello, el tratamiento incluye el
uso de antibióticos, broncodilatadores y fisioterapia para favorecer el drenaje
bronquial. Los microorganismos que forman la flora del esputo son habitualmente
una combinación de gérmenes grampositivos y gramnegativos, apareciendo con
frecuencia anaerobios dentro de los quistes bronquiectásicos. A menudo se
utiliza un antibiótico de amplio espectro (p. ej., ampicilina, 250-500 mg p.o.
c 6 h [50-100 mg/kg/d en dosis frac-cionadas c 6-8 h en niños, con una dosis
máxima de 2-3 g en niños mayores) o tetraciclina, 250-500 mg p.o. c 6 h) hasta
que el esputo ha dejado de ser purulento y su volumen se ha reducido
notablemente, al cabo de 1-2 sem. Se ha utilizado también con éxito la
asociación SMX/TMP, 1.600/320 mg p.o. c 12 h durante 14 d para reducir el
volumen de secreciones y eliminar los gérmenes; en los niños, el SMX/TMP (30-60/6-12
mg/kg/d) se administra en dosis fraccionadas c 12 h, dependiendo del peso del
niño y de la gravedad de la infección. El tratamiento antibiótico debe
repetirse ante el primer síntoma de reaparición de la infección (cambio del
volumen o aumento de la purulencia del esputo). Si la infección recurre con
frecuencia, puede intentarse quimioprofilaxis prolongada mediante ampicilina o
tetraciclina, pero sus resultados son en general decepcionantes. En los casos
más graves se ha descrito que las dosis elevadas de amoxicilina (3 g p.o. 2/d)
logran mayores concentraciones en suero y esputo que dosis idénticas de
ampicilina. Para el tratamiento de la bronconeumonía o de una infección
respiratoria grave está indicada la administración de antibióticos por vía parenteral,
utilizando como guía las tinciones de Gram, cultivos y estudios de sensibilidad
antibiótica.
El tratamiento de la mucoviscidosis se
expone en el cap. 196.
Los pacientes con bronquiectasias deben
evitar el humo de los cigarrillos y otros irritantes y abstenerse de consumir
sedantes o fármacos antitusígenos. El drenaje postural, el clapping y las vibraciones
(v. Fisioterapia respiratoria, cap. 31) efectuados con
regularidad pueden ser útiles y, en algunos casos, facilitan la eliminación del
esputo. La bronquitis crónica difusa, que acompaña a menudo a las
bronquiectasias, debe tratarse adecuadamente (v. Enfermedades obstructivas
crÓnicas de las vÍas aéreas, cap. 34). Los fármacos b2
agonistas, la teofilina y, en ocasiones, los corticoides pueden disminuir la
obstrucción al flujo aéreo. Si existe también asma o una aspergilosis
broncopulmonar alérgica, el tratamiento con corticoides puede ser beneficioso.
La hipoxemia crónica debe tratarse
mediante O2, en particular si la PaO2 de un paciente
estable es < 55 mmHg respirando aire ambiente o si existen signos de
hipertensión pulmonar o de policitemia secundaria. La insuficiencia
respiratoria y el cor pulmonale deben tratarse también como en otros pacientes
con enfermedad obstructiva crónica de las vías aéreas (v. Enfermedades
obstructivas crÓnicas de las vÍas aéreas, cap. 34). Si
es posible, hay que evitar la práctica de intubación y ventilación mecánica,
debido a que se pierde la capacidad para toser y, por tanto, aumenta el riesgo
de eliminación inadecuada de las secreciones bronquiales mediante el uso de la
aspiración y la posibilidad de una sobreinfección. (Para el tratamiento
específico de una descompensación respiratoria aguda, v. cap.
32.)
La extirpación quirúrgica es necesaria
en contadas ocasiones, pero debe considerarse cuando la respuesta al
tratamiento conservador es inaceptable, como lo demuestra la aparición de
episodios recurrentes de neumonía, infecciones bronquiales invalidantes o
episodios frecuentes de hemoptisis, y cuando la enfermedad está suficientemente
localizada y en fase estable. En los casos de hemorragia pulmonar masiva, la
resección pulmonar urgente o la embolización del vaso sangrante (habitualmente
una arteria bronquial) han permitido salvar la vida de algunos enfermos.
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