UNIVERSIDAD
IBEROAMERICANA, PLANTEL GOLFO CENTRO.
MODELOS LITERARIOS EUROPEOS DEL SIGLO XX.
MTRA: MARIBEL VÁZQUEZ LORENZO.
PRESENTA: MÓNICA DA SILVA GONZÁLEZ.
TERCER SEMESTRE DE COMUNICACIÓN.
TEMA: TRABAJO
FINAL SOBRE EL LIBRO “LA CAÍDA” DE ALBERT CAMUS.
OTOÑO, 1999.

“La novela no es una confesión del autor, sino una
exploración de lo que es la vida humana en la trampa en que hoy se ha
convertido el mundo”.
INTRODUCCIÓN:
Uno
de los temas que más me ha dado vuelva a la cabeza en estos últimos meses, es
el de la indiferencia de nuestra generación ante los problemas y situaciones
que a diario bombardean nuestra mente y nuestros actos. El libro de “La Caída” me ayudó mucho en
mis reflexiones, pues trata de la
historia de un personaje, el Dr. Jean Baptiste Clamence, que vive la posguerra
y que refleja la desesperación del
hombre contemporáneo que está encadenado a vivir en un mundo dominado por
absurdos y que es forzado a descubrir una realidad hostil y fría tras las
ilusiones o espejismos de la felicidad.
En
este trabajo, hablo de los temas narrativos esenciales, tales como espacio,
tiempo, narrador, etc. encontrados en la novela, pero sobre todo, trato de
analizar al personaje en sí (pues es
uno solo) y su vida, sus reflexiones y filosofías. También hablaré un poco de los personajes que recuerda el
protagonista, que si bien no participan activamente en la novela, son decisivos
para las acciones y los comentarios que Jean Baptiste realiza.
Este análisis está compuesto por
explicaciones y comentarios La
explicación y el comentario en una obra son cosas diferentes. “La primera es exponer el desarrollo y aclarar la
obra pero ciñiéndose exclusivamente a ella; el comentario puede desviarse hacia
cuestiones laterales nacidas del texto”.
Los
impedimentos que encontré para realizar este análisis fueron, principalmente,
que no encontré críticas literarias sobre el autor o la obra, por lo que me
tuve que basar en otros libros de teorías, análisis y opiniones de expertos. Además, es una historia que no tiene muchos
personajes y el único que tiene, toda la novela se la pasa filosofando, y esto
es más difícil de analizar que si fuera una historia lineal o más clara.
“La Caída” es la tercera y
última novela de Albert Camus y fue publicada en 1956, y es una obra en la que
resaltan la originalidad de sus planteamientos y el talento literario que la
anima. “El novelista no es
ni un historiador ni un profeta: es un explorador de la existencia.”.
La obra de
Camus es caracterizada por un estilo vigoroso y conciso, “refleja la philosophie
de l’absurde (la filosofía del absurdo), la sensación de alienación y desencanto
junto a la afirmación de las cualidades positivas de la dignidad y la
fraternidad humana”.[4]
Camus sometió
a examen lo que él consideró la absurdidad de la condición humana y la trágica incapacidad de los seres
humanos a la hora de comprender y trascender en su situación. A lo largo
de su obra, Camus describe un mundo aparentemente irracional en el que los
seres luchan infructuosamente por
encontrar significado y razón a sus vidas, como veremos con Jean Baptiste
Clamence.
Cabe mencionar que este trabajo está exento
de comparaciones entre el autor y el
personaje. El hecho que Albert Camus
haya vivido la Segunda Guerra Mundial y haya pertenecido a la resistencia
francesa y el personaje también, no quiere decir que Camus esté presente en el texto. “¿Porqué un
novelista ha de privarse del derecho a expresar su filosofía en sus textos?
Respuesta: en Chejov, Kafka, Proust o Musil, ¡ trate de extraer una filosofía
coherente de sus escritos ¡”
ANÁLISIS DE
CONTENIDO.
“La
obra es una unidad indisoluble, ya en los contenidos se incuba la tendencia
hacia la precisa configuración y
estructuración que la sostiene, hacia la forma que reviste, hacia la moralidad
expresiva que exhibe.”
ESPACIO:
La historia comienza en Holanda, en un bar en
Amsterdam llamado “México City”, en donde se recibían, principalmente, a
marinos recién llegados de sus viajes.
Más tarde, cuando Jean Baptiste se ofrece a guiar a su nuevo amigo, se
van a la isla de Marken, y navegan por el mar de Zuyderzee (ambos lugares
inexistentes en el mundo real); después se van a París y caminan por sus
calles. Finalmente, vuelven a Holanda, al hogar del protagonista, y en su
propia cama termina la novela.
“Si me lo permite, pago yo... en el México City está usted en
mi casa” (Camus, 13).
En los recuerdos de Jean Baptiste, éste se
transporta a los lugares a los que había visitado en sus viajes de joven: Java,
Sicilia, Grecia, África, Túnez, etc.
TIEMPO:
Por
comentarios que el protagonista lanza, puedo suponer que la novela se
desarrolla a mediados de siglo, después de la Segunda Guerra Mundial
(y en sus recuerdos, durante esta guerra), pues se comenta algo de los judíos y
del aprisionamiento de Jean Baptiste en
África.
“yo vivo en el barrio judío, en el
que así se llamaba antes de que nuestros hermanos hitlerianos despejaran el
lugar” (Camus, 13)
“Fue en África donde, gracias a
Rommel, ardía la guerra... quedé internado cerca de Trípoli en un campo en el
que más se padecía a causa de la sed y
de las privaciones que de los malos tratos, y me hicieron Papa en él. ” (Camus, 113).
Pero
el tiempo cambia constantemente en la novela, cuando se introducen los recuerdos
de Jean Baptiste, es decir, cuando empieza a hablar de su pasado, hablamos de
un tiempo subjetivo.
NARRADOR:
El
narrador es el personaje principal. Son
uno solo. Por lo mismo, la historia
está contada en primera persona, conversando con alguien más, que es un
personaje masculino del que no sabemos más.
Todo el tiempo el narrador – protagonista habla de él mismo, de sus
pensamientos y sentimientos, de sus gustos, errores, convicciones, etc. Se puede percibir que era encantador, pues
de otra manera, nadie le hubiera permitido conversar tanto tiempo.
En
sus reflexiones y movimientos, Jean Baptiste (el cual, admite, ni siquiera es
su nombre real) habla en presente (“lo que hacemos”) o tiempo pospretérito,
como probabilidad (“lo que haríamos”) y cuando recuerda algo, habla en pasado
(“lo que hacía”).
INTERTEXTUALIDAD:
Existe
un ejemplo muy claro de intertextualidad, cuando se cita la misma anécdota que
en “La Inmortalidad” de Milán Kundera.
La anécdota es la siguiente:
“ un oficial alemán pidió
cortésmente a una anciana que tuviera a bien escoger entre sus dos hijos al que
iba a ser fusilado como rehén” (Camus, 14).
PERSONAJES:
Difícilmente se pueden encontrar otros
personajes en esta novela, más que un hombre de edad madura, que se encuentra
con Jean Baptiste en un bar y comienzan a charlar , se vuelven camaradas y
hasta viajan juntos. Este personaje del
cual no sabemos nada – ni siquiera el nombre- es el supuesto interlocutor con
el que conversa el protagonista, pues aunque no se muestren sus diálogos en la
novela, se da por sentado que este hombre está dialogando, escuchando y
respondiendo a lo que Jean Baptiste dice.
Otros personajes son las mujeres, de las
cuales hablaremos más adelante, aunque de antemano podemos decir que no se
presenta ninguna en especial, ningún nombre, ninguna historia completamente
trascendental, al igual que el resto de los personajes: hubo muchos al paso de
su vida y que la afectaron (característica existencialista: su infierno eran
los otros y no podía vivir sin ellos), pero no se detiene a hablar
específicamente de alguien.
El único nombre que aparece, que no sea el
del personaje principal, es el de un tal Duguesclin, que fue un amigo suyo
durante su estancia en el campo de África.
Es a la única persona que reconoce haber querido en verdad.
“Conmigo estaba un joven francés que tenía fe”
....“Duguesclin sufría, y yo administraba su sufrimiento” (Camus, 113).
¿QUÉ CUENTA? Su vida.
¿CÓMO LO CUENTA? Desde un
bar, platicando con un hombre, recordando su pasado por episodios y filosofando
de la vida.
DR. JEAN BAPTISTE CLAMENCE: características del hombre
contemporáneo, existencialismo y otros temas.
“Moderno, contemporáneo...una forma insistente cuyo contenido es
cambiante e indeterminado.”
El
protagonista se describe a sí mismo como un hombre fornido, ya por los
cuarentas, gente “bien”, decente (o más bien, irreprochable), soltero y bien
parecido. Define su profesión como
juez penitente (abogado) y que defiende principalmente a viudas y huérfanos y
no cobraba a los pobres. En el momento
en el que está narrando la historia, ya no tiene dinero, pero cuenta que en su
juventud poseyó grandes riquezas. Como
abogado, era honrado y siempre estaba del lado bueno. Era también artista y deportista, generoso, educado y muy
bondadoso. Siempre aspira a ser un
hombre de honor, completo y respetado.
“...al ciego le guiaba por el paso
de peatones, entre los obstáculos de la circulación. Del mismo modo, siempre me gustó dar indicaciones a los transeúntes,
ofrecerles fuego, empujar un carro averiado,...” (Camus, 22)
Todas
las noches se encuentra en el mismo bar, y hasta me atrevería a decir que es un
alcohólico, pues todas las horas del día las acompaña con una copa, aún y
cuando acaba de despertarse. Pero el alcohol le sirve para filosofar y por eso
continúa bebiéndolo. Llega a reconocer
que éste lo ayuda a descubrir el secreto humano de los seres y el mundo, “pero el
cansancio desaparecía, y con él, el secreto” (Camus, 30).
Es
un personaje al que cuesta mucho trabajo entender, pues a veces cambia de
opinión y sus reflexiones, anécdotas y vida entera dan el perfil del hombre
contemporáneo. Es un hombre estudioso
del hombre. A veces simulaba tomarse la
vida en serio, y parecía estar ausente en los momentos en los que ocupaba más
sitio. Es un personaje lleno de
sentimientos, pero canalizados hacia él mismo, por eso no podía vivir sin los
demás, porque son “los otros” los que lo hacen sentir bien; en este caso, no
son su infierno.
“Yo quería ser el dueño de mis liberalidades” (Camus, 24)
“Mis criminales, al matar, habían
obedecido a sus sentimientos” (Camus, 27)
“A veces es verdad que me parecía
sufrir realmente” (Camus, 60)
Duda
del amor y la amistad, pero no los niega.
En una ocasión estuvo dispuesto a matarse por sus amigos, para
bromearlos o castigarlos. “la amistad
es distraída o impotente” (Camus, 32).
Las mujeres, según él, se le ofrecían por
montones, pero nunca se enamoró realmente, pues amar implica dar y sacrificarse
y él se amaba demasiado a sí mismo como para darse. Su técnica consistía en hacerse menos ante ellas, como que les
cumplía los requisitos, les daba un ser desprotegido y enfermo al cual cuidar;
por eso y por satisfacerse solo a él mismo, nunca duró en una relación. Cuenta que a una en especial, la trató
realmente mal , era su juguete, la mortificaba ( y hasta podemos decir que se
le nota un poco de arrepentimiento) y sorprendentemente, por este trato, acabó
por atarse a ella, aunque después la olvidó.
“Las amaba, lo que equivale a decir que jamás he
amado a ninguna” “Por supuesto, el
verdadero amor es excepcional, a lo sumo hay dos o tres por siglo. Lo demás es vanidad o aburrimiento” (Camus, 54)
“La abandonaba y la recuperaba, la
hacía entregarse en momentos y lugares inapropiados, la trataba de modo tan
brutal...” (Camus, 59)
“La prensa del corazón le enseñaba (a la mujer) a hablar de
amor, pero no a hacerlo)”(Camus, 90)
Jean
Baptiste es feliz, está de acuerdo con la vida, pero está insatisfecho: desea
más felicidad. No obstante, saca mucho
a relucir la muerte y el “delicioso” sentimiento del dolor y la autocompasión,
que siempre ponemos en práctica, pues a veces hacemos todo lo posible para
quedarnos solos y abandonarnos en la tristeza y la compasión.
“Cuando mi soledad quedaba bien
demostrada, podía entonces abandonarme a la delicia de una viril tristeza” (Camus, 78)
Marca,
también, muchas características del hombre moderno: el amor no se deslinda del dolor con el hombre contemporáneo, se
rechaza el esclavismo, es inseguro... . Existe un constante debate de ideas:
con el hombre moderno, las guerras, además de físicas, son intelectuales,
económicas, en lucha por el poder, el control y el mercado.
“La esclavitud..¡ah, no¡ estamos en
contra”. “Alguien
tiene que tener la última palabra, porque a toda razón puede oponérsele otra, y
así no se acabaría nunca”. (Camus, 43).
“Qué importa humillar al espíritu,
si por ese medio conseguimos dominar el mundo” (Camus, 52)
“Los hombres no se convencen de las
razones, de la sinceridad y de la gravedad de las penas de uno más que cuando
uno muere. Mientras uno vive, el caso
es dudoso, y sólo tiene derecho al escepticismo de los hombres”: (Camus, 69)
Otra
gran característica del hombre contemporáneo es su gran indiferencia a los
problemas que no le afectan directamente, cosa que a nosotros nos sucede mucho,
porque vemos a esos problemas muy “por encima”, o bien, todo lo que se hace, se
hace sin ganas o con muy pocas, es decir, vivimos al día y lo cumplimos como
requisito, y todos los días vivimos con nosotros mismos, y eso nos harta. La indiferencia es como la consecuencia a
la que llevan los excesos y lo malo del mundo: al no sentir nada. Concluye diciendo que en un futuro,
describirán al hombre moderno con dos palabras: leía el periódico y fornicaba.
“En el fondo, ya nada me importaba. La guerra, el suicidio, el amor, la miseria,
eran cosas a las que les prestaba atención cuando las circunstancias me
obligaban a ello, pero lo hacía de manera cortés y superficial” (Camus, 47).
“¡Todos esos libros, apenas leídos,
esos amigos, apenas queridos, esas mujeres, apenas poseídas, esas ciudades,
apenas visitadas ¡ Hacía gestos por aburrimiento o distracción.” (Camus, 48)
“La indiferencia, que ocupaba tanto
lugar en mí, no encontraba ya resistencia.
¡ Ya no sentía emociones¡” (Camus, 97).
“No le describiré ese campo: Nosotros, hijos del medio siglo, no tenemos
necesidad de ilustraciones para imaginarnos estos lugares.” (Camus, 113).
Un
ejemplo más del hombre contemporáneo es la apatía. Como encontramos apatía en el personaje de El Extranjero, Jean Baptiste también la
tiene, como cualquier hombre del siglo (y pienso más que de estas últimas
décadas, en las que ya no tenemos ganas de nada y nuestra capacidad de sorpresa
y asombro es mínima), y también habla de ella.
“No deseamos, pues, ni corregirnos
ni mejorarnos. Lo que deseamos
únicamente es ser compadecidos y
animados en nuestra vía. Al mismo tiempo querríamos no ser culpables y no hacer
el esfuerzo de purificarnos. No tenemos
ni suficiente cinismo ni virtud; no poseemos ni la energía del mal ni del bien” (Camus,76)
El
personaje caracteriza al hombre moderno o contemporáneo como un ser que hace la guerra, simula el amor, tortura a
sus semejantes, habla mal del vecino y es presumido. Yo estoy de acuerdo con él, pues aunque sé que a través de todos
los tiempos el hombre ha tenido estas características y el mal en la sangre,
estas señales son más dolorosas, pues se FINGEN los sentimientos, no se perdona
y todos nos hacemos infelices. “Simplemente,
es que no se absuelve ya a nadie” (Camus, 105).
El
hombre contemporáneo quiere que le sirvan, que le halaguen. “soy un
partidario de la servidumbre” (Camus, 120).
No
cree en la inocencia de nadie, más bien cree culpables a todos. También condena a la melancolía. Lo interpreto como si el personaje quisiera
poner que el único estado de ánimo válido es una ficción de la felicidad o el
bienestar.
Es
un personaje extremadamente vanidoso y lo reconoce; se cree más inteligente que los demás, es un ser bastante
egoísta, pero que también hace ver a los demás que son iguales a él. Se llena y se alegra por él mismo, de hacer
el bien a otros
“...me sentía un poco
superhombre...designado entre todos, para ese largo y constante éxito” (Camus, 29)
“...amamos nuestra emoción, o sea,
¡a nosotros mismos, en suma¡” ...” El hombre es así, querido señor. Tiene dos caras: no puede amar sin amarse”. (Camus, 33)
“ Nunca me he acordado más que de mí
mismo” (Camus, 48)
Sobre
temas como el juzgar, la riqueza y el éxito, habla como un experto, pues él se
considera rico y exitoso, y por lo tanto, con derecho a juzgar a los
demás. Esto es un error de su parte,
pues yo pienso que nadie debe juzgar a nadie, porque todos cometemos los mismos
errores.
“Hoy en día estamos tan dispuestos a
juzgar como a fornicar” (Camus, 71)
“Todos procuran ser ricos...la riqueza nos sustrae de
inmediato, nos separa de las multitudes del Metro, nos aísla en vastos parques,
en camarotes de lujo.... la riqueza no es todavía la absolución, pero sí el
sobreseimiento, que nunca viene mal” (Camus, 76)
Al
principio de la novela, se puede creer que Jean Baptiste no cree en Dios ni
tiene religión alguna, pero conforme avanza la historia (más por el final), se
puede percibir que sí cree en una fuerza divina. Llega a hablar con Dios para defenderse y/o excusarse de
algunas cosas. No cuestiona la
existencia de Dios, sino su efectividad para con los hombres y cree que Dios no
es el que castiga, sino que son los hombres los que lo hacen. En la siguiente cita se expresa claramente
una idea existencialista que concuerda con que “el infierno son los otros” y
que nosotros somos el infierno para los demás.
“Dios no es necesario para crear la
culpabilidad ni para castigar.
Nuestros semejantes, ayudados por nosotros mismos, bastan para
ello....El juicio final. He conocido
algo peor: el juicio de los hombres” (Camus, 101).
“Para quien esta sólo, sin Dios ni
amo, el peso de los días es terrible” (Camus, 121)
Otra
idea existencialista sobre la que reflexiona nuestro personaje es la libertad:
la ve como una cruz que llevar, pues yo pienso que él opina que la libertad
conlleva mucha responsabilidad porque tenemos que ser cuidadosos de nuestros
actos y de las consecuencias que éstos traigan, pues de cualquier manera van a
afectar a un tercero.
“Al cabo de toda libertad hay una
sentencia; por eso la libertad es una carga demasiado pesada, sobre todo cuando
se tiene fiebre o penas o cuando no se ama a nadie” (Camus, 121).
Hablando
del libertinaje, se explaya mucho y opina que éste es mucho más cómodo que el
amor. En esos momentos de su vida,
deseaba la vida eterna, se la pasaba bebiendo y acostándoste con prostitutas. Yo no estoy de acuerdo, pues pienso que el
libertinaje no llena lo suficiente como el amor. A lo mejor al personaje le parece el amor algo vacío PORQUE NUNCA
LO CONOCIÓ, porque no lo había encontrado ni experimentado, y por eso lo
intercambiaba por placer, que es algo momentáneo.
Para
este personaje sin misión en la vida, que sí había hecho cosas de provecho,
pero no algo así trascendental, todo el chiste de la novela radica en que no se quería ir del mundo sin haber
contado su vida, sus pensamientos, sus hazañas “confesar todas sus mentiras a un amigo”,
que es lo que está haciendo con este hombre desconocido. Su función, finalmente, es la de ser un
PREDICADOR DE SUS CREENCIAS; su profesión: practicar la confesión pública,
autoacusándose. Esto me hace pensar en
que no es curioso entonces el éxito de los programas de “confesiones” por la
televisión.
En
cierto momento, se encuentra alucinando risas... “La
Risa, si se observa atentamente y
durante mucho tiempo una historia graciosa, se vuelve cada vez más triste.
Poca cosa separa lo
horrible de lo cómico”. Y
aquí lo vemos claramente: Hubo un evento del cual se acuerda durante toda su
vida y la marca, con un tono de arrepentimiento: una muchacha de negro se tira al río Sena y aunque ella se quería
suicidar, gritaba horriblemente, y él ni siquiera volteó ni hizo el intento de
rescatarla. Creyó que era “demasiado
tarde” y que ella estaba “demasiado lejos”.
Poco más tarde, alucina a esta misma mujer por las calles y recuerda su
grito. Yo lo interpreto como si la
mujer fuera la culpa y que ésta lo iba a perseguir en su mente toda la
vida. La obra en sí, termina hablando
de ella:
“Oh, muchacha, vuelve a lanzarte
otra vez al agua, para que yo tenga una segunda oportunidad de salvarnos a los
dos.”