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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Calefaccion: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 3651 | Votar! | 1 voto | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Ingeniería > |
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Calefacción
La calefacción puede
ser directa, como en el caso de chimeneas o estufas en una habitación, o un
sistema central con vapor, agua caliente o aire caliente que recorre tubos y
cañerías para transportar su energía térmica a todas las estancias de un
edificio. El primer sistema de calefacción fue la hoguera, con la que las
personas calentaban sus moradas. Los antiguos romanos desarrollaron estufas y
braseros de diversos tipos, algunos de los cuales se siguen utilizando en
muchas partes del mundo.
Chimeneas
La chimenea es un
avance del método de calentar habitaciones mediante una hoguera. Las primeras
chimeneas eran fogones empotrados en la pared de la habitación, provistos de
conductos cortos para canalizar al exterior el humo de la combustión. Las
chimeneas con tubos de escape lo bastante largos para superar el tejado de la
casa y proporcionar así un tiro adecuado no se empezaron a utilizar hasta el
siglo XII.
Las chimeneas comunes
consisten en una hoguera encerrada por tres paredes de ladrillo y coronada por
una campana y un tubo de salida de humos y otros productos de la combustión. En
el fuego hay una parrilla metálica con unos soportes metálicos llamados
morillos. La parrilla se utiliza para quemar combustibles como carbón, coque, o
carbón vegetal, y los morillos se utilizan para sostener troncos de madera.
Estos útiles mejoran la combustión, ya que permiten la circulación de aire por
debajo del combustible.
El calor útil que
proporcionan las chimeneas es la emisión directa de calor que irradia el
combustible al quemarse y la radiación indirecta del calentamiento de las
paredes que lo encierran. Entre el 85 y el 90% del calor generado por la
combustión se pierde en los gases que escapan por el tiro. Las chimeneas se
construyen en las casas modernas sobre todo por razones estéticas más que por
eficacia calorífica. Hay chimeneas modernas de mayor rendimiento que tienen
tubos interiores que calientan el aire frío de la habitación y lo reparten por
la misma.
Estufas
Las estufas son
recipientes cerrados, de metal o materiales cerámicos, en cuyo interior se
quema el combustible. Presentan un avance con respecto a las chimeneas: su
superficie está en contacto con el aire de la habitación y transmiten el calor
por convección. Una estufa eficaz puede liberar cerca del 75% de la energía del
combustible. Los combustibles que se emplean son madera, carbón, coque y
queroseno.
Calefacción
central
En los sistemas de
calefacción central un solo centro calorífico calienta muchas habitaciones o un
edificio entero. Este sistema ya lo utilizaban los romanos, pero en el siglo
XIX aún se usaba muy poco: sólo algunos sistemas de agua caliente en
Inglaterra. En 1835 se perfeccionó el primer sistema central óptimo, que
utilizaba aire caliente y se instaló de forma generalizada en Estados Unidos.
Los sistemas de vapor se desarrollaron hacia el año 1850.
Los sistemas de
calefacción central actuales suelen distribuir calor de una caldera central a
un edificio o a un grupo de ellos. Los sistemas más extensos suelen funcionar
con vapor o agua caliente. Este sistema se utiliza además en muchas viviendas,
en casi todos los edificios de oficinas, hoteles y en grandes superficies como
centros comerciales o grandes almacenes.
Las calderas de estos
sistemas utilizan combustibles como fuel-oil, gas o carbón. Cuando se quema el
combustible se calientan las paredes metálicas de la caldera, y el calor se
transfiere al agua, vapor o aire.
La mayoría de las
calderas, tanto las grandes como las pequeñas, son de funcionamiento
automático, controladas por termostatos situados en las habitaciones que se van
a calentar. Las que funcionan con fuel-oil o gas sólo precisan el control de
los quemadores para regular el calor, pero las que funcionan con combustibles
sólidos requieren un mantenimiento mayor. Precisan la admisión de combustible
adicional y la eliminación de cenizas del alimentador o de la parrilla. La
cámara de combustión y la caldera están situadas en un recinto aislado.
Los dispositivos que
transfieren el calor que genera la caldera central a las habitaciones son los
radiadores y convectores. Los radiadores consisten en una serie de rejas o
bloques de hierro forjado que presentan una gran superficie para disipar más
calor. Los convectores consisten en una red de tubos de un reducido espesor, de
acero o de metales no ferrosos. Esta red se coloca en los recintos de manera
que permita la circulación del aire, y efectúan el proceso de calentamiento por
convección más que por radiación (véase Transferencia de calor). Los
almacenes, industrias y fábricas suelen llevar este tipo de convectores, que
incorporan unos ventiladores eléctricos que desvían el aire a la superficie
radiante.
Aunque el calor se
transfiere —al menos en parte— por radiación en todos los métodos de
calefacción directa, el término ‘calor radiante’ se aplica a los sistemas en
los que el suelo, paredes o techo se utilizan como superficies radiantes. En
estos casos se colocan tuberías para vapor o agua caliente en las paredes y
techos durante la construcción del edificio. Los sistemas eléctricos funcionan
a través de paneles que contienen los elementos caloríficos. Estos paneles se
introducen en las paredes, el techo o el suelo de las habitaciones. Los
sistemas radiantes proporcionan un reparto uniforme de calor a un coste
comparativamente bajo. Su rendimiento es alto, ya que calientan las superficies
desde su interior y proporcionan confort sin elevar en exceso la temperatura
del aire.
Sistemas de aire
caliente
Los sistemas más
sencillos de calefacción por aire caliente consisten en una caldera y un
conducto para eliminar gases, situados en una cámara o recinto metálico, y una
red de tuberías hacia las habitaciones. Para asegurar la circulación natural
del aire caliente, que tiende a elevarse, la caldera se coloca por debajo del
primer piso del edificio. El aire frío del interior del edificio o del
exterior, penetra en la cámara y se calienta por contacto con las paredes
calientes de la caldera. Se suele colocar en la caldera un pequeño depósito de
agua para que el aire caliente se humidifique antes de circular por la casa.
Según se calienta el aire, sube a las habitaciones y atraviesa las rejillas o
los elementos que haya en ellas. Estos se abren o cierran para regular la temperatura
de la habitación.
El problema principal
de estos sistemas radica en conseguir la adecuada circulación del aire. A no
ser que los tubos que transportan el aire caliente tengan un diámetro grande,
cuenten con una adecuada inclinación y estén aislados correctamente para
prevenir pérdidas de calor, el sistema no calentará la casa como es debido.
Los sistemas de
circulación forzada llevan un ventilador o soplador en la cámara de la caldera.
Esto asegura la circulación de gran cantidad de aire incluso en condiciones
desfavorables. También incorporan filtros para retener el polvo y asegurar la
limpieza del aire. Si se asocian con unidades de refrigeración, humidificadores
y desecadores, constituyen uno de los sistemas de calefacción y refrigeración
más efectivos.
Sistemas de agua
caliente
Los primeros sistemas
de calefacción por agua caliente funcionaban —de acuerdo a algunos datos
históricos— con aguas termales de manantiales naturales. Los sistemas actuales
emplean una caldera donde el agua se calienta a una temperatura entre 60 y 83 °C.
El agua se envía a los radiadores de las habitaciones por un circuito de
tuberías. La circulación del agua caliente se consigue por presión y gravedad,
y en algunos casos se utilizan bombas. La circulación forzada es más eficaz, ya
que permite mayor control y flexibilidad.
Hay sistemas de uno y
dos conductos. En los sistemas de una tubería, el agua se envía a la boca de
entrada del radiador, circula por éste y sale por la misma tubería. La
desventaja de este sistema es que el agua se enfría cada vez más a medida que
se aleja de la caldera, por lo que los radiadores más alejados deben ser más
grandes que los cercanos a la caldera para proporcionar la misma cantidad de
calor. En los sistemas de dos conductos, el agua caliente se envía a los
radiadores por una tubería de suministro y les llega a la misma temperatura; el
agua de todos los radiadores se recoge con una tubería común de retorno a la
caldera. Este sistema es más eficaz y más fácil de controlar. Los dos requieren
un tanque de expansión para compensar las variaciones de la cantidad de agua.
Estos tanques contienen aire (más o menos la mitad de su volumen), que se
comprime o expande para compensar las fluctuaciones del volumen de agua.
Sistemas de vapor
Los sistemas de calefacción
por vapor son similares a los de agua caliente, con la diferencia de que
circula vapor por las cañerías y radiadores en lugar de agua caliente. El vapor
se condensa en los radiadores y transmite su calor latente (véase
Calor: Calor
latente). Se utilizan también sistemas de una y dos tuberías para
hacer circular el vapor y devolver a la caldera el agua formada por
condensación. Hay tres tipos principales de sistemas de vapor: por orificios de
aireación, por vaporización y sistemas de vacío o de bomba mecánica. También
hay sistemas subatmosféricos, pero se utilizan muy poco.
Los sistemas por
orificios de aireación de una tubería se basan en que la fuerza de la gravedad
obliga al vapor condensado en el radiador a bajar a la caldera por la misma
tubería por la cual sube el vapor a los radiadores. Es el sistema de
instalación más barata, pero los conductos deben ser lo bastante anchos como
para albergar el vapor y recoger el condensado. Los orificios de los radiadores
permiten la salida del aire una vez calentado por el vapor durante la fase de
encendido o cuando está a pleno funcionamiento.
Los sistemas de
vaporización son sistemas de dos tuberías en los que el vapor se introduce en
el radiador por una válvula de admisión, y el aire y el condensado se liberan
por un purgador de vapor. El agua vuelve a la caldera y el aire se descarga a
través de un orificio central situado en la base o, en grandes instalaciones,
por respiraderos en cada zona que se debe calentar. Si el sistema tiene juntas
de poco calibre el aire retorna al sistema en cantidades mínimas, por lo que se
requiere muy poca presión para propulsar el vapor. Estos sistemas requieren de
una instalación más costosa que los de una tubería, pero resultan más
económicos porque pueden trabajar con mucho menos combustible.
Los sistemas de vacío
se parecen a los de vaporización, en los que cada radiador tiene una válvula de
entrada y un purgador de vapor, pero incorporan una bomba de vacío en la
tubería de retorno a la caldera. Esta bomba mantiene un vacío parcial en el
sistema para que el vapor, el aire y el condensado circulen con mayor
facilidad. El vapor condensado y el aire se envían a un punto central en el que
el primero se bombea a la caldera y el aire se expele a la atmósfera. En los
sistemas de vacío completo, el condensado no necesita de la fuerza de la
gravedad para volver a la caldera, por lo que no tiene una importancia esencial
que éstos se ubiquen por encima o por debajo de los radiadores.
Calefacción
eléctrica
La utilización de la
electricidad en los sistemas de calefacción está aumentando tanto en uso
doméstico como en sistemas de grandes edificios públicos. La energía eléctrica
suele ser más cara que la obtenida por la combustión de materiales, pero su
bajo mantenimiento, limpieza y su reducida necesidad de espacio justifican su
uso. Los elementos caloríficos se pueden situar sobre las paredes, o en
ventanas o en zócalos instalados por toda la habitación; también se pueden
incorporar en techos y suelos durante la construcción para irradiar calor a una
temperatura media. El coste total de la calefacción eléctrica se reduce de
manera sustancial empleando una bomba de calor.
Bomba de calor
Es un sistema diseñado
para proporcionar calefacción y refrigeración, y su actuación es en esencia la
misma en ambos procesos. En lugar de generar calor, como las calderas y los
hornos, la bomba de calor transfiere el calor de un lugar a otro. Durante el
invierno, un líquido refrigerante se bombea a un circuito situado en el
exterior del recinto a calentar. El refrigerante está muy frío, por lo que
absorbe el calor de la atmósfera, del suelo, del agua de un pozo, o de
cualquier fuente externa. Después se envía a un compresor que eleva su
temperatura y presión hasta convertirlo en vapor, que se manda entonces a una
rejilla interior, y el calor se transmite por radiación o convección al
recinto. El refrigerante, cuando ya ha disipado gran parte del calor que
contenía, atraviesa una válvula y se licúa; así descienden su temperatura y
presión. Después se envía al dispositivo exterior para continuar el ciclo. Para
acondicionar el aire del espacio interior, las válvulas invierten el sentido
del flujo, de manera que el refrigerante absorbe calor del interior y lo
descarga en el exterior. Las bombas de calor también se regulan con
termostatos, como las calderas.
La mayoría de las
bombas de calor utilizan el aire de la atmósfera como fuente de calor. Esto
constituye un problema en las zonas donde en invierno las temperaturas
descienden por debajo de los cero grados, ya que estas condiciones hacen
difícil elevar la temperatura y la presión del refrigerante. Para obtener un
funcionamiento rentable, el calor liberado debe ser mayor que el doble de la
cantidad obtenida de la fuente exterior. La bombas de calor se utilizan en residencias,
escuelas y centros comerciales.
Calor solar
Durante una hora de
sol, casi un kilovatio de energía solar alcanza cada centímetro cuadrado de la
superficie terrestre. La cantidad real de energía recibida varía de acuerdo al
momento del día, la época del año, la latitud, la claridad de la atmósfera y la
dirección relativa del sol con respecto a la superficie absorbente que recibe
la energía. Esta energía es suficiente para calentar edificios diseñados
exprofeso, que cuentan con las superficies absorbentes y sistemas de
almacenamiento de calor adecuados para abastecer al edificio durante la noche y
cuando la climatología sea inestable. El método más común consiste en colocar
paneles que incorporan circuitos de agua en el tejado. El agua, que se calienta
por la acción del sol, baja a un depósito o tanque aislado, situado en el
interior de la casa, que constituirá la fuente de calor. En zonas donde el frío
es intenso, es necesario disponer de una fuente de calor suplementaria.
Sistemas de este tipo funcionan con éxito en muchos países, sobre todo en áreas
donde el clima no es especialmente frío. El sellado adecuado de los cristales
de las ventanas, o la utilización de doble cristal, también reduce el consumo
de combustible y de electricidad para calefacción en invierno.
Calentadores
portátiles
Las viviendas que no
disponen de sistema de calefacción central pueden calentarse con diversos tipos
de aparatos portátiles o semiportátiles, muchos de los cuales se pueden
transportar de una habitación a otra según las necesidades. Dos de estos
aparatos son las estufas de petróleo y los calefactores eléctricos. Una estufa
de petróleo está hecha con chapa de metal y contiene uno o varios quemadores de
mecha que calientan varios conductos metálicos en su interior. Estas estufas
calientan tanto por radiación como por convección: reciben aire frío por
diversos orificios en su base y emiten aire caliente por las perforaciones de
la parte superior. Hay estufas de este tipo de gran tamaño, que pueden calentar
varias habitaciones. Deben utilizarse con ventilación adecuada porque los gases
de la combustión pueden ser perjudiciales. Los calefactores eléctricos más
sencillos calientan por radiación; consisten en una resistencia que se
calienta, situada delante de un reflector que concentra el calor radiante en un
haz estrecho. Ciertos calefactores incorporan un ventilador que obliga al aire
a circular a través de la unidad calentadora, por lo que calientan por
radiación y convección. Otros modelos consisten en una lámina o tubo de cuarzo
o de cristal resistente al calor en el que se introducen los alambres de
resistencia eléctrica. Estos alambres calientan la lámina o tubo que irradia el
calor. De esta manera, al no haber alambres incandescentes, su utilización es
más segura.
Los radiadores
eléctricos de vapor se utilizan para completar otros sistemas de calefacción.
Son calderas de vapor en miniatura en las que un dispositivo eléctrico genera
vapor para calentar un pequeño radiador convencional relleno en parte de agua.
No precisan la instalación de tuberías y se pueden transportar de un lugar a
otro; basta con enchufarlos a la red eléctrica. También hay radiadores de
aceite que se calientan por electricidad.
Ventilación
Los edificios en los
que viven y trabajan las personas deben ventilarse para reponer oxígeno, diluir
la concentración de dióxido de carbono, así como de vapor de agua, y eliminar
los olores desagradables. Suele haber circulación de aire o ventilación a
través de los huecos en las paredes del edificio, en especial a través de
puertas y ventanas. Pero esta ventilación natural, quizá aceptable en
viviendas, no es suficiente en edificios públicos, como oficinas, teatros o
fábricas.
Los sistemas de
ventilación en fábricas deben eliminar los contaminantes que pueda transportar
el aire de la zona de trabajo. Casi todos los procesos químicos generan gases
residuales y vapores que deben extraerse del entorno de trabajo con efectividad
y en ocasiones contando con un presupuesto ajustado. Los ingenieros químicos,
en particular, se encargan del diseño de los sistemas de ventilación para
fábricas y refinerías.
La mayoría de los
ingenieros consideran que para mantener un recinto ventilado hay que renovar el
aire por completo de una a tres veces por hora, o proporcionar a cada ocupante
de 280 a 850 litros de aire fresco por minuto. Para conseguir esta ventilación
es necesario utilizar dispositivos mecánicos para aumentar el flujo natural del
aire.
Los dispositivos de
ventilación más sencillos son ventiladores instalados para extraer el aire
viciado del edificio y favorecer la entrada de aire fresco. Los sistemas de
ventilación pueden combinarse con calentadores, filtros, controladores de
humedad y dispositivos de refrigeración. Muchos sistemas incorporan
intercambiadores de calor. Estos sistemas aprovechan el aire extraído para
calentar o enfriar el aire nuevo; así aumentan la eficacia del sistema y
reducen la cantidad de energía necesaria para su funcionamiento.
Aire acondicionado
Un sistema de aire
acondicionado consiste teóricamente en un conjunto de equipos que proporcionan
aire y mantienen el control de su temperatura, humedad y pureza en todo momento
y con independencia de las condiciones climáticas. Sin embargo, suele aplicarse
de forma impropia el término ‘aire acondicionado’ al aire refrigerado. Muchas
unidades llamadas de aire acondicionado son sólo unidades de refrigeración
equipadas con ventiladores, que proporcionan un flujo de aire fresco filtrado.
Muchos procesos de
fabricación, como los de la producción de papel, procesos textiles y de artes
gráficas, requieren el acondicionamiento del aire y el control de las
condiciones a las que se efectúan. Este tipo de acondicionamiento suele
consistir en el ajuste de la humedad del aire. Cuando se precisa aire seco
suele obtenerse por refrigeración o por deshidratación; después se conduce a
unas cámaras que contienen compuestos químicos adsorbentes como gel de sílice
(óxido de silicio). Para humedecer el aire se le hace circular por agua
pulverizada. Si el aire tiene que estar libre de polvo, como en el caso de la
fabricación de medicamentos, el sistema de aire acondicionado debe incorporar
algún tipo de filtro. El aire circula a través de agua pulverizada o, en
algunas ocasiones, por una red de láminas lubricadas; en otros sistemas, el
polvo se elimina electrostáticamente mediante precipitadores (véase
Precipitador electrostático).
Los sistemas
centralizados de aire acondicionado, que proporcionan ventilación, aire
caliente y aire frío, según las necesidades, se emplean en grandes almacenes,
restaurantes, cines, teatros y en otros edificios públicos. Estos sistemas son
complejos y suelen instalarse durante la construcción del edificio. Cada vez se
automatizan más para ahorrar energía y se controlan por computadoras u
ordenadores. En edificios antiguos, como edificios de apartamentos o de
oficinas, se suele instalar una unidad refrigeradora con ventiladores,
conductos para el aire y una cámara en la que se mezcla el aire del interior
del edificio con el aire del exterior. Estas instalaciones se utilizan para
refrigerar y deshumectar el aire durante los meses de verano. Hay aparatos más
pequeños para enfriar una habitación, que consisten en una unidad refrigeradora
y un ventilador en una estructura compacta que puede montarse en una ventana.
El diseño del sistema
de aire acondicionado depende del tipo de estructura en la que se va a
instalar, la cantidad de espacio a refrigerar, el número de ocupantes y del
tipo de actividad que realicen. Una habitación con grandes ventanales expuestos
al sol, o una oficina interior con muchos focos o bombillas, que generan mucho
calor, requieren un sistema con capacidad refrigeradora mucho mayor que una
habitación sin ventanas iluminada con tubos fluorescentes. La circulación del
aire debe ser mayor en espacios en los que los ocupantes pueden fumar que en
recintos de igual capacidad en los que no está permitido. En viviendas y
apartamentos, la mayor parte del aire calentado o enfriado puede circular sin
molestar a sus ocupantes; pero en laboratorios y fábricas donde se realizan
procesos que generan humos nocivos el aire no se puede hacer circular; hay que
proporcionar constantemente aire fresco refrigerado o calentado y extraer el
aire viciado.
Los sistemas
de aire acondicionado se evalúan según su capacidad efectiva de refrigeración,
que debería medirse en kilovatios. Sin embargo todavía se mide en algunas
ocasiones en toneladas de refrigeración, que es la cantidad de calor necesaria
para fundir una tonelada de hielo en 24 horas, y equivale a 3,5 kilovatios.
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