Cantares de Gesta
El mester de Juglaría
fue una generación de artistas populares que ganaron su vida cantando y
escenificando sus creaciones propias o ajenas para divertir a un publico que
gustaba de oír las hazañas o gestas de sus héroes nacionales.
Estos artistas
ofrecían dos tipos distintos: juglares, ejecutores de las composiciones que
otro creaba, y trovadores. El trovador compone lo que recita y, de ordinario,
no trata de ganar su vida en la recitación. También ahora hay autores-actores y
autores que no saben interpretar.
El Cantar del Mio Cid
Es el primer
monumento literario del español llegado hasta nosotros. Es un poema nacional.
Debió de corresponder al apogeo de la epopeya castellana. El castellano ha
tenido la fortuna de entrar en la vida literaria con una obra ampliamente
humana, llena de aciertos literarios.
El poeta no acudió a
las fábulas para dar valor a su obra, sino que la baso sobre la verdad
histórica y humana. El poema fue descubierto por el erudito Eugenio Llaguno, en
siglo XVIII, en un convento de Vivar. Esta escrito en letra del siglo XIV,
carolingia, en una copia de 1307.
Se trata de un poema
no muy largo, 3730 versos. Se halla copiado en una serie de hojas en pergamino
grueso. Son 74 hojas en 4. Falta alguna página que ha sido recompuesta por M.
Pidal.
Argumento
Se divide en tres
cantares. El primero, el destierro del Cid, el Cid, debido a la saña del rey
Alfonso VI, sale de su casa solariega, lastimosamente saqueada, y se dirige con
sesenta pendones a Burgos, cuyos habitantes no se atreven a darle hospitalidad
por no caer en las iras del rey.
Un sobrino del héroe,
llamado Martín Antonilez, se une a el, y en el glera o arenal del Arlazon le
proporciona dinero, valiéndose de unos judíos, Raquel y Vidas, a los que entrega
en deposito dos arcas llenas de arena.
Se dirige después el
héroe a San Pedro de Cardeña para despedirse de su mujer, doña Jimenea, y de
sus hijas, y emprende sus conquistas por tierra moros. Obtiene algunas
victorias, y por medio de su primo, Álvarez Fañez de Minaya, envía al rey un
presente de treinta caballos.
Hace prisionero al
conde de Barcelona, acción en la que consigue la Colada, que vale mas de mil
marcos, y la pone generosamente en libertad.
El segundo, las bodas
de las hijas del Cid, este conquista a Valencia, después de una dura
resistencia de los moros. Para congraciarse con el rey, le envía otro presente
por medio de Alvar Fañez, y consigue permiso para llevarse a su corte a doña
Jimena y a sus hijas, doña Elvira y doña Sol.
Obtiene la
restitución de sus bienes, y desde el alcázar muestra a doña Jimena todos sus
dominios. Se entabla una lucha con el rey de Marruecos, que es derrotado, y
tiene que huir de Valencia. Los infantes de Carrion, don Diego y don Fernando,
codiciosos de las riquezas del Cid, consiguen casarse con las hijas del héroe,
por intervención del rey.
En el tercero, la
afrenta de Corpes, después de las bodas, los de Carrion muestran repetidas
veces su cobardía en el asedio de la ciudad huyendo ante un león cautivo. Los
caballeros del Cid se burlan de su poquedad, y los infantes, para vengarse,
piden permiso al Cid para llevarse a sus mujeres a Carrion.
Al llegar a las
soledades del Robledo de Corpes, despojan de los vestidos a doña Elvira y a
doña Sol y, después de maltratarlas con las cinchas de sus caballos, las
abandonan en robledal.
Al saber el Cid el
agravio, manda a Alvar de Fañes a recogerlas, y a Nuño Gustioz, a pedir
justicia al rey. El monarca convoca las Cortes de Toledo, y el de Vivar
consigue la devolución de Tizina y la Coleda y exige la reparación de su honor
mediante una lid.
Tres semanas después
se verifica la lucha, en la que caen vencidos Fernando y Azur González, y don
Diego sales despavorido. Los vencedores son recibidos triunfalmente en Valencia
y se concierta el matrimonio de las hijas del Cid con los infantes de Aragón y
Navarra.
Otros Datos
M. Pidal, el analista
mas autorizado del poema, señala como fecha de su redacción hacia mediados del
siglo XII, no muy alejado de los hechos, ya que el Cid se coloca en el final
del XI, muerto en 1909.
El autor parece haber
sido algún trovador de tierras de Medinaceli y que conocía bien hasta San
Esteban de Gormaz, porque el paso del Cid pro estas tierras va señalado con
precisión de lugares. Además, coloca algunas formas de dialecto aragonés.
Como obras del mester
de juglaría, esta escrita en forma ametrica. Es irregular e inhábil, como de
versificador popular. Va en series de versos asonantados y variando sus medidas
desde las diez a las veinte sílabas.
Prof. Marcela Díaz