Carlos Marx
Carlos
Marx nace el 5 de junio de 1818. Ni demasiado tarde ni demasiado pronto: en el
momento preciso para que pudiese respirar en la impresionada juventud el
espíritu revolucionario que precede al
48; tomar parte en la lucha cumplidos los 30 años, y mantenerse luego a lo
largo de toda su vida como revolucionario
cada día más ardiente, y director del movimiento creado por él. Fue
Tréveris su ciudad natal, país renano incorporado a los dominios de Prusia. Su
casa paterna era la de un abogado judío (que a los 6 años de edad de Marx se
convierte al cristianismo), fiel al espíritu del siglo XVIII. Su padre
hallábase espiritualmente influido por
espíritu liberal del siglo de las luces.
Su madre
era holandesa: una buena mujer, sencilla y, como el padre, blandamente amorosa;
sus hermanos no salían de lo vulgar; sólo él se destacaba entre otros, como el
enigma del genio.
En sus
primeros años leía junto con su padre a Voltaire y a Racine y discutían temas
de filosofía, religión e historia. Así va tomando arraigo en él la afición a la
filosofía, que había de ocupar el primer lugar entre sus estudios favoritos.
De
muchacho, se presentan en él sus
cualidades de poeta. No faltan en su familia allegados que fortalezcan estas
disposiciones. Uno de ellos, el barón Westfalia, alto funcionario prusiano,
hácese su amigo paternal. La hija del barón, Jenny de Westfalia, una muchacha primorosamente bella, que lleva 4 años a
Marx, es llamada a ser la compañera de vida igualmente admirable del gran
revolucionario. El barón fue el que avivó en el amor por la poesía, como su padre por la filosofía.
Por
contentar los deseos paternos, abraza la carrera de Jurisprudencia, mas
poniendo al lado de ésta, por propia devoción, la Filosofía y la Poesía.
A los 17
años conquista a jenny de Westfalia. Luego a la edad de 19 años va a estudiar a
Berlín donde realiza diferentes estudios. De estos estudios nace una serie de
ensayos, Todo un sistema de Derecho para la cimentación de un hogar.
Continúa estudiando copiosamente
y se entrega febrilmente al estudio de las Matemáticas superiores, de la
Historia de la literatura, traduce inglés e Italiano, lee latín, llena
cuadernos de poesías, esboza dramas y hasta piensa en hacerse dramaturgo. Pero su naturaleza era demasiado batalladora
para vaciarse por entero en la poesía:
“No nos rindamos con
ira reprimida,
cobardemente, al oprobioso yugo,
que todavía es nuestra la
esperanza
la acción y la batalla”
Su padre muere en la primavera de
1838, terminando con ello prematuramente aquella hermosa compenetración de
espíritu entre los dos.
En
Berlín traba las primeras relacionas amistosas con algunos profesores y
doctores ya maduros, que le inician en la Filosofía de Hegel.
En la
primavera de 1841, alcanza de doctor en filosofía después de arduos estudios.
Tomando
por la senda del periodismo, Marx colabora en los “Anales alemanes”, que dirige
Arnold Ruge. Pero aquí se alzaba una barrera ante su rebeldía: el censor. La
primera campaña política de su vida fue en contra de la censura. Poco tiempo
después, entra de colaborador en la Gaceta del Rhin, y a los 24 años es
nombrado redactor –jefe. A partir de este instante comienza a revelarse en
brillantes artículos todo su conocimiento avaramente acumulado. Parafraseando
las palabras de Hegel “ la esencia del espíritu es la libertad”
inicia en estos términos la campaña por
la libertad de prensa. La censura cada vez más severa, irritada por sus
artículos amenaza con cerrar el periódico, y, para salvarle, Marx, no tiene más
remedio que abandonarlo a principios de 1843, sin que este sacrificio bastase
para conjurar aquel peligro.
Se
traslada a París donde, junto con Arnold Ruge, emprende la publicación de los “Anales
franco-alemanes”, y se entrega al gran afán que lo llevaba allí: El
estudio del socialismo
Casado
ya en el verano de 1843, se traslada con su mujer a París. De este mismo año
data su tratado espiritual con Enrique Heine, a cuyo lado pasaba días enteros
ayudándolo a pulir sus poesías; sus relaciones con Bakunín, el anarquista ruso;
con Proudhon, el fustigador francés de la propiedad, y con Cabet, el
utopista. Polémicas amistosas unen a
éstos y otros espíritus revolucionarios en la obra común de los “anales
franco-alemanes”, dirigidos por Marx y Ruge. Mas de esta publicación sólo un
número ve la luz, con dos artículos de Marx: la introducción a una crítica de
Hegel, y una aportación al “problema judío “, y al lado de ellos, un trabajo con el título de “trazos para una
crítica de la economía política”, de que era autor Federico Engels, un joven
alemán residente en Inglaterra.
Traza una gran amistad de Engels, en quien encuentra al lado de su
mujer el amigo que necesitaba, este amigo que ha de colaborar con él en la vida
entera, en la mas estrecha compenetración.
En su
juventud Engels trabajó como empleado en una fábrica de Manchester, en que su
padre tiene participación. Y desde esta fabrica ve el panorama de Inglaterra y
vive la vida del capitalismo moderno, y la vida del proletariado. Esta
experiencia hace de él un colaborador precioso para Marx, “el ojo” a través del
cual ve éste la realidad. Aficionado a la filosofía que cultiva en sus horas de
ocio, y adepto al neohegelianismo como Marx, su formación es, sin embargo, más accesible, muy adecuada para
vulgarizar la forma difícil y árida de
aquél.
Desterrado
de París por sus ataques contra el gobierno, Marx se traslada con su mujer y su
hijito a Bruselas, donde pasa tres años, hasta que “la zarpa de Prusia” logra arrojarle también de allí; en
Bruselas se le une Engels, y juntos maduran sus ideas y proyectos.
En
Bélgica entran en contacto con el movimiento obrero radical, conocido con el
nombre “comunismo”, que era el término por entonces de boga. Los años de
Bruselas –interrumpidos por un viaje que los dos amigos hacen juntos a
Inglaterra, y que Marx aprovecha, no tanto para traer una visión de la realidad
vida de éste país como para orientarse en la economía política inglesa- echan
los cimientos para la labor política futura y aseguran el papel magnífico de
conductores que a los dos les estaba reservado. Aquí es donde ve la luz el
“manifiesto comunista”, expresión de su punto de vista común: el materialismo
histórico. Y aquí también donde Marx empieza a divulgar, en círculos obreros
radicales, los problemas de la economía política, con los que va sintiéndose
familiarizado.
La
sacudida del año 48 le abre de nuevo las puertas de Alemania, a donde acude
para ponerse al frente de la “nueva gaceta del Rhin” y luchar desde el
periódico por la causa de la revolución, hasta que en l849 se decreta su suspensión
definitiva.
Es esta
la hora decisiva en la vida de Marx. Procesado por el tribunal de Colonia, se
defiende ante el jurado con un discurso formidable, mas no con la hábil esgrima
de un Lassalle; su defensa es la serena aplicación de la doctrina del
materialismo histórico a los sucesos políticos de 1849. Y es absuelto... pero
desterrado. Para expulsarle se le niega caprichosamente la ciudadanía prusiana,
que no había perdido en la inmigración.
Arrojado
de Prusia y más tarde de París, se dirige a Londres. Y así comienza una nueva
etapa de su vida donde el proletario es su camarada de combate y su firme
esperanza del porvenir.
La
familia de Marx, de descendencia aristocrática y hábitos burgueses, no se
aviene fácilmente a las obligadas estrecheces del proletariado. Sale de un
apuro para entrar en otro; acostumbrado a otra vida, no se da cuenta de la situación;
Marx regala lo que no tiene; los acreedores apremian, pero la generosa ayuda de
Engels no falta nunca. Marx fuma del peor tabaco; pasa las noches en claro
trabajando, acosado por las privaciones. Y la salud flaquea, y con la salud el
trabajo creador; su magna obra queda sin terminar.
Y, sin
embargo, casi puede asegurarse que, sin el destierro que le proscribe al cuarto
de estudio, no se hubiese rebelado en Marx el formidable economista que llevaba
adentro. Al cerrársele su profesión como puesto y medio de vida, pone al
servicio de la “ciencia” su gran pasión de trabajo. Lo que para el
revolucionario es impotencia, es tiempo y sosiego para el investigador. En el
retraimiento del British Museum estudia con ardor inconcebible, como en Berlín
durante sus años universitarios. Se abisma en los sistemas de todos lo economistas
clásicos, persigue las relaciones del Parlamento ingles sobre cuanto, de cerca o de lejos, afecta al
mundo obrero y , desde su mesa de trabajo, el proscripto atalaya todos los
horizontes de la política mundial, forja su histria y su teoría y así se van
formando los frutos sazonados de su obra.
En 1859
aparece su primera monografía: “Crítica de la economía política”; en 1867, el
primer tomo de “El capital”. Habían de pasar 30 años hasta que viese la luz,
por mano del amigo, el tomo tercero, con el remate de la obra y en él la clave
para su inteligencia. Marx deja escrita las líneas fundamentales, pero no
alcanza a desarrollarlas sistemáticamente.
A los 50
años, Marx aprende ruso para poder informarse directamente de las revelaciones
de aquel país, no propagadas; lee todos los idiomas europeos, escribe el
francés y el ingles con la misma soltura que su alemán nativo, y es en todas
las literaturas un literato y un erudito de primera fuerza. Y su cultura,
inmensa en todos los campos, es soberano dominio en la historia de la economía
y de las doctrinas de los economistas clásicos. Mas, gastadas sus fuerzas, Marx
tiene que dejar incompleta su misión más sagrada: la obra que iba a consagrar
su vida.
Este
hombre, nacido para teórico, no supo jamás preguntarse por los imperativos de
un fin práctico, de una norma de conducta: la obra de su vida, como su vida
misma, se desentiende de todas las imposiciones de la realidad, hasta de las
nacidas de la realidad misma de su sistema. Es absoluta la pureza de pasión con
que se entrega a los problemas y a los libros voluminosos que va vertiendo
sobre el papel, para vindicación de su honor y esclarecimiento de sus teorías
frente a antiguos amigos y nuevos adversarios. Pero los días no pasa en vano.
La teoría del materialismo histórico queda sin desarrollar. El más importante
de sus descubrimientos tiene que contarse con un par de líneas.
Al
frente de la Asociación Internacional Obrera que Marx dirige desde 1864 a 1872,
hubo de librar repetidas batallas contra Bakunín, y el puesto le cuesta no
pocos sinsabores, hasta el día en que consigue que la organización se traslade
a Nueva York. Tras otras batallas Marx
alcanza la paz. Pero ya es tarde. Desde 1870 no vuelve a gozar de salud; sus
últimos l3 años son una lenta agonía, que acaba a principios de 1883. Dos años
antes le precede en la muerte su mujer, terminando así aquella comunidad íntima
de vida entre el luchador y su compañera, que guardó hasta el último instante
el perfume de los primeros años.
El marxismo
El
materialismo dialéctico.
El pensamiento político liberal se
desarrolló principalmente como elaboración de dos ideas sociales o morales
fundamentales: que la política es, esencialmente, el arte de llegar a acuerdos
no coactivos entre intereses antagónicos y que los procedimientos democráticos
son el único camino efectivo para llegar a esos acuerdos. En consecuencia,
aunque su historia posterior decidió tomar en cuenta la válida crítica que hizo
Hegel al individualismo, nunca aceptó los dos supuestos principales de la
filosofía social de Hegel. Estos dos supuestos eran: que la sociedad es un
equilibrio móvil de fuerzas antitéticas, que engendran el cambio social
mediante su tensión y lucha y que la historia social es una evolución interna o
quasi-lógica de las fuerzas mismas. Marx realizó una serie de cambios a los
presupuestos “hegelianos”. Marx suprimió de la teoría de Hegel el supuesto de
que las naciones son las unidades efectivas de la historia social, y sustituyó
la lucha de las naciones por la lucha de clases. De esta manera, eliminó de
hegelianismo sus cualidades distintivas como teoría política (su nacionalismo,
su conservadurismo y su carácter contrarrevolucionario) y lo transformó en un
nuevo y poderoso tipo de radicalismo revolucionario.
Pero en importantes
aspectos, Marx continuó la filosofía de Hegel. En primer lugar, Marx siguió
creyendo que la dialéctica
era un eficaz método lógico, el único capaz de demostrar una ley del desarrollo
social y, en consecuencia, su filosofía, como la de Hegel, es una filosofía de
la historia. Para ambos, la base de todo cambio social es su necesidad o
“inevitabilidad” (concepto ambiguo en ambos autores). Aunque Marx elaboró su
teoría como una forma de materialismo,
utilizó la dialéctica para apoyar una teoría del progreso social en la que los
más altos valores morales se realizan necesariamente. En segundo lugar, para
Marx como para Hegel la fuerza impulsora del cambio social es la lucha. La
lucha tiene lugar entre clases sociales más bien que entre naciones y el poder
es económico mas que político; siendo el poder político en Marx una
consecuencia del poder económico. Pero ni para Marx ni para Hegel la lucha por
el poder era susceptible de un arreglo pacífico para mutuo beneficio de las
partes contendientes.
La
revolución proletaria.
La filosofía social de
Marx se basaba y fue la primera en llamar la atención sobre un cambio social de
primerísima importancia que se produjo en el siglo XlX: el surgimiento de la
conciencia política y, finalmente, el ascenso hacia el poder político de una
clase trabajadora industrial. Marx presentaba, en sus estudios históricos, al
capitalismo por primera vez en lo que podía llamarse su aspecto humano, como
institución que había producido y aumentaba constantemente una clase de hombres
que tiene que vivir absolutamente del salario y que se relacionaba, pues, con
los patronos sólo con un nexo monetario. La relación de patrón y obrero queda
así desprovista de sentido humano y de obligación moral y se convierte en una
relación de poder. Marx vio justamente en esta situación el hecho potencialmente
más revolucionario de la historia moderna -por una parte una clase definida por
su propiedad de los medios de producción y motivada esencialmente por la
necesidad de crear ganancias y, por otra parte, un proletariado industrial sin
ningún poder salvo a través de la presión de las masas organizadas y obligado a
fijarse como fin no la libertad política sino el sostenimiento o mejoramiento
de su nivel de vida. Entendiendo esto como un hecho histórico, Marx concebía al
capitalismo, no como un resultado de leyes económicas intemporales sino como
fase en la evolución de la sociedad moderna. Se dedicó a interpretar al
liberalismo político como ideología característica de la clase media y a crear
una filosofía social para el proletariado en ascenso, apropiada para servirlo
en su lucha por el poder.
Este proyecto, como la
teoría del estado de Hegel, se fundó en un estudio analítico de la importancia
histórica de la Revolución Francesa. Como Hegel, Marx creía que la Revolución
había sido el desplome de la sociedad feudal pero, mientras que Hegel pensaba
que la Revolución se consumaría con el surgimiento de los estados nacionales,
Marx la consideraba como un paso previo a una revolución más drástica y
completa. La abolición del feudalismo significaba para Marx la subida al poder
de la clase media y la creación de un sistema político que hiciera efectivo ese
poder.
La Revolución Francesa
había sido una revolución política. Había transferido el dominio social de la
nobleza y el clero a la clase media industrial y comercial; había creado el
estado como un típico órgano de expresión y explotación, de la clase media; y
su filosofía era la justificación y la racionalización ideal del derecho de la
clase media para explotar al trabajador. La revolución social debía ser la obra
del proletariado en ascenso, que debe desplazar a la clase media del poder como
ésta lo había hecho con la antigua clase feudal.
Marx, en su filosofía,
abarcaba la unión entre un programa de acción revolucionaria y una teoría
filosófica del curso “necesario” del desarrollo social. Para comprender esta
parte de su filosofía se hace imprescindible el entendimiento del sentido
peculiar que imparte la dialéctica a palabras como “necesario” e “inevitable”.
Si significaran simplemente la relación causa efecto, la participación humana
carecería de sentido; su consecuencia sería el quietismo político. Pero ni los
comunistas marxistas ni los nacionalistas hegelianos han sido quietistas. De
modo análogo, la Historia le da al revolucionario marxista su vocación, la
seguridad del éxito final y, quizá, la absolución de los crímenes que cometa en
nombre de la Historia.
La
ideología y la lucha de clases.
Ahora hablaremos sobre
la utilidad que unos folletos escritos por Marx acerca del fracaso de la lucha
revolucionaria que se había producido en Francia, nos pueden dar para poner más
en claro su concepción de la relación de las clases sociales con el transcurso
de la historia y con su propia conciencia. De éstos se desprende la idea de que
la clase tiene para Marx una unidad colectiva como la nación para Hegel. Actúa
en la historia como una unidad y produce sus ideas y creencias características como una unidad, actuando bajo la presión
de su situación en el sistema económico y social. El individuo cuenta principalmente
por su participación en la clase, porque sus ideas son esencialmente el reflejo
de su clase y de las ideas por ésta creadas. Las ideas reflejan y disfrazan más
o menos una realidad económica básica; son “mistificaciones” de esta realidad,
al menos mientras no se ha desenmascarado su origen. Y aunque parezcan válidas
y forzosas a su ingenuo poseedor, su fuerza compulsiva es realmente algo que no
se encuentra en su conciencia sino que está latente en la posición social de su
clase y en sus relaciones con la producción económica. Las fuerzas de
producción de Marx, como el Espíritu Universal de Hegel, son infinitamente
diestras para crear todo tipo de ilusiones y mistificaciones con el fin de
realizar su propósito inherente y las clases de Marx dan origen a sus
ideologías apropiadas así como Hegel imaginaba que el espíritu de la nación da
origen a una cultura nacional.
La idea de la
ideología era una de las ideas más fecundas en Marx y una de las más vagas y
susceptibles de abuso. Es obvio que los hombres son prejuiciados por la
posición social, es cierto también que ese prejuicio le sirva a veces para ver
realidades que otros no pueden percibir, pero la idea de que un error sobre
otro error pueda llegar a constituir una verdad no es más que un mito. La ideología,
tal como la utilizó Marx, era un arma poderosa y controvertible, pero
susceptible de ser empleada por todos los contendientes hasta que todas las
teorías, inclusive el marxismo, puedan llegar a “desenmascararse” como una
forma de interés especial. El árbitro de todas estas controversias es el poder.
Los dos folletos sobre
los intentos revolucionarios en Francia establecían también el esquema general
de la teoría de la estructura de clases de Marx en las sociedades industriales.
La teoría postulaba una clase media principalmente urbana y comercial en sus
intereses y dedicada políticamente a lasa libertades civiles y políticas de la
Revolución y un proletariado industrial, también principalmente urbano, pero
más preocupado por la seguridad económica que por la libertad política. Marx
consideraba a estas clases como las fuerzas políticas activas en una sociedad
moderna, las fuerzas entre las cuales tiene lugar la lucha de clases, de modo que
fundamentalmente el problema es el dominio de una por la otra. Las demás clases
reconocidas por la teoría, el campesinado y la pequeña burguesía, eran
consideradas por Marx como políticamente inertes aunque puedan, en situaciones
adecuadas, estar de acuerdo con lo que hagan las otras dos clases. Marx
consideraba también la ideología de los campesinos y de los agricultores como
característicamente pequeño-burguesa.
Esta teoría está
obviamente construida para adaptarse a la dialéctica que obligaba a Marx a
encontrar dos oponentes que generan el cambio mediante sus tensiones mutuas.
Por esta razón era en gran medida una teoría a priori, aunque encarnaba
su penetrante percepción de las fuerzas revolucionarias de la revolución
industrial. Como la dialéctica funciona como la contradicción lógica entre dos
tipos, los detalles son considerados
como simples variaciones sobre un tema y las diferencias menores no cuentan. En
consecuencia, aunque los marxistas crean que la lucha de clases es la única
guía confiable en la estrategia política, la vaguedad de la concepción de clase
social de Marx fue responsable de algunos de sus peores errores de predicción.
La
estrategia de la revolución social.
Marx consideró siempre
su filosofía como la orientación para una triunfante revolución proletaria y su
carrera se dividió entre la investigación y su labor de dirigente socialista.
Sería difícil citar alguna manifestación de radicalismo político en Europa
occidental después de Marx que no resultara influida por su pensamiento. Pero
ha habido dos grandes movimientos políticos que se han proclamado versiones
auténticas del marxismo y son, al mismo tiempo, tan semejantes y tan
sorprendentemente diferentes que su relación con Marx es un factor importante
para entender la filosofía de éste. Uno de éstos sería el socialismo de partido
tal como existió en la Europa occidental hasta la primera Guerra Mundial y el
otro sería el comunismo tal como lo ha existido desde la revolución rusa de
1917. Éste surgió directamente de aquél, puesto que Lenin era líder de un
partido marxista ruso y, también, fue el destructor de la Segunda
Internacional, organización de los partidos socialistas marxistas. La enemistad
entre comunistas y socialistas se hizo todavía más aguda que la enemistad entre
los comunistas y los partidos de clase media. La estrategia de los partidos
comunistas había sido totalmente diferente de la de los partidos socialistas.
Porque éstos en 1914 habían ganado considerables posiciones de gran fuerza
política en algunos países de la Europa occidental, especialmente en Alemania,
y en general su fuerza creció atrayendo votos en las elecciones libres, una vez
que se extendió el sufragio a las clases trabajadoras. El partido de Lenin por
el contrario nunca fue ni pretendió ser un partido popular que obtuviera sus
fines por el apoyo de las masas. Y, sin embargo, es verdad que tanto el
socialismo de partidos como el comunismo derivaron sus concepciones diferentes
de la estrategia de Marx.
La estrategia
implícita era doble: un partido socialista debe presionar por reformas
burguesas que fortalezcan a la clase trabajadora, pero su preocupación
principal debe ser conservar su propia pureza ideológica y su libertad de
acción. No debe dispensar su responsabilidad política cooperando con los
partidos de clase media. Esto fue convertido en estrategia convencional por los
partidos socialistas marxistas: la negativa a aceptar cargos de gabinete en los
gobiernos formados por coalición con partidos no socialistas.
Obviamente, sin
embargo, si triunfaba esta estrategia, lo más probable sería que contradijera
su propósito revolucionario original. Tiende a fortalecerse atrayendo votantes
con reformas que no son intrínsecamente socialistas. Pero a medida que un partido consigue más
reformas mediante el voto tiene menos razones para ser revolucionario. Y ésto
es lo que tendió a ocurrir a los partidos marxistas con éxito.
Cabe destacar que Marx
tendía a hacer una distinción entre la estrategia apropiada para un partido
socialista en un país con una economía industrial “madura” y la adecuada a
otro, con una economía relativamente atrasada. Sólo el primero podría realizar
una revolución, puesto que la revolución debe producirse, en última instancia,
en una economía desarrollada. Por razones obvias, las observaciones de Marx
acerca de la estrategia que debía seguirse en un país atrasado tenían especial
importancia para los marxistas rusos. Fue así como dos documentos que el propio
Marx nunca publicó, pero que editó Engels después de la muerte de Marx
asumieron para Trotsky y Lenin una importancia tal como nunca la había tenido
para los socialistas alemanes.
Marx afirmó, en cierta
conferencia, que un partido socialista debía cooperar con los revolucionarios
de clase media hasta que triunfe la revolución. Entonces debe volverse contra
sus aliados; debe mantener intacto su propio centro de poder; y, aunque no
pueda esperar el triunfo de una revolución socialista, debe utilizar todos los
medios de subversión y obstrucción para impedir que la economía del gobierno se
estabilicen. Debe instigar a los campesinos pobres contra los campesinos ricos;
debe tender hacia la nacionalización de la tierra; y debe obligar al gobierno
revolucionario, en lo posible, a atacar a la propiedad privada. En resumen el
grito de batalla de los proletarios debe ser: “La revolución permanente”. Así, en
1850, Marx creó el concepto de revolución permanente que Trotsky adoptó y
desarrolló en 1906 y que fundó en lo sustancial la política que siguió Lenin en
1917, en relación contra la revolución burguesa en Rusia.
La filosofía social de
Marx fundó, pues, dos concepciones de la estrategia política que se mostraron
divergentes en la práctica. Una, desarrollada por el socialismo marxista de
partido, esperaba que la evolución de la industrialización produciría un
proletariado con conciencia de clase, que crecería en fuerza hasta que pudiera
asumir el poder en una sociedad ya políticamente democrática. La otra línea,
que caracterizó después de 1914 la estrategia del leninismo, volvió a las
primeras etapas del pensamiento marxista, que consideraba al comunismo como el
ideal de una élite intelectual o de una minoría proletaria sumergida en una
sociedad predominantemente campesina y sin derechos políticos liberales. Por lo
que se refiere a sus intenciones los marxistas rusos no pensaban abandonar ni
modificar el principio central de la filosofía social de Marx, es decir el
determinismo económico y, sin embargo, inevitablemente los marxistas
occidentales pensaban que lo estaba descartando.
Comentario
acerca de algunas de sus obras y conferencias
Conferencias
de Marx sobre "Trabajo asalariado y capital"
Esta obra esta basada en las
conferencias que en 1847 dio Marx, en Bruselas, a los obreros alemanes.
En este trabajo descubrió Marx
el fundamento de la lucha de clases del proletariado. En él analizó por primera
vez la relación de producción fundamental del capitalismo: la relación entre
los capitalistas y los obreros asalariados. "Trabajo asalariado y
capital" constituye una etapa importante en la tarea de Marx, preparatoria
de su obra básica El Capital. Los puntos fundamentales del trabajo mencionado,
la esencia del capital y su acumulación, fueron incluidos después en el tomo 1
de El Capital.
En los dos primeros artículos
Marx se ocupa del problema del salario. Esta obra no establece diferencia
alguna entre el trabajo y la fuerza del trabajo. Pero bajo la denominación de
renta del comprende la venta de la actividad del obrero, que en realidad no es
más que la fuerza del trabajo. Ya en esta obra señala Marx que el producto de
dicha actividad no pertenece al obrero, ya que este último se le enajena el
producto de su trabajo. Hay que señalar que Marx considera la enajenación del
trabajo como una forma especial de su esclavización, característica tan sólo del capitalismo. Vemos, entonces, que
Marx se aproxima al concepto de fuerza de trabajo como mercancía.
Al ocuparse de la magnitud del
salario, Marx mostró que oscilaba alrededor del valor del trabajo, lo mismo que
los precios de mercado de otras mercancías oscilan alrededor de su valor. El
descubrimiento de Marx consiste en este caso en que analizó los precios de
mercado como una forma de manifestación de la ley de valor.
En el tercer artículo, Marx
analiza el capital. Los antecesores de Marx identificaban el capital con las
cosas. Los mercantilistas consideraban como capital el dinero; los
representantes de la economía política burguesa clásica definían el capital
como un trabajo acumulado, destinado a la subsiguiente producción. Marx muestra
que el capital es una relación burguesa de producción. El capital presupone
obligatoriamente un trabajo asalariado, y el trabajo asalariado presupone el
capital. El capital se conserva y se multiplica gracias a su cambio por trabajo
vivo.
En este artículo Marx
establecía también una diferencia entre el valor del trabajo y el valor creado
por el trabajo. Subrayaba que el empleo del trabajo, al igual que el empleo de
cualquier mercancía comprada, pertenece al comprador, que en este caso es el
capitalista. Por eso, el capitalista se apropia de una trabajo impago,
apoyándose en la ley del valor, y no infringiéndola. Estos puntos constituyen
el núcleo de la teoría de la plusvalía.
Al considerar el capital y el
trabajo asalariado como dos facetas de una misma relación social, Marx
ridiculiza las teorías burguesas de la identidad de intereses entre obreros y
capitalistas. Los intereses de dichas clases son francamente opuestos, ya que
una de las partes, la burguesía, la forman los explotadores, mientras que la
otra, los obreros, son los explotados.
Los economistas burgueses
pensaban que tanto los capitalistas como los obreros están interesados en
acrecentar el capital productivo. Marx investiga concienzudamente que es lo que
significa el aumento del capital productivo y como dicho aumento se refleja en
la situación de los obreros. Dedica a estas cuestiones los artículos cuarto y
quinto. Marx llega a la conclusión de que el aumento del capital productivo es
al mismo tiempo incremento del poder del trabajo acumulado con respecto al
trabajo vivo, el reforzamiento del dominio de la burguesía sobre la clase
obrera.
Al investigar la acción de los
factores paralelos a la acumulación del capital (división del trabajo,
desarrollo de la técnica, sustitución del trabajo calificado por el trabajo no
calificado, y aumento del desempleo), Marx pone en manifiesto que el
empobrecimiento relativo y absoluto de la clase obrera aumenta paralelamente a
la acumulación del capital.
En el manuscrito titulado 'El
salario', que fuera el esbozo de las conferencias de Marx, pronunciadas en la
segunda mitad de diciembre de 1847, pero que no fueron publicadas en la Nueva Gaceta
Renana, su autor se ocupo también de la cuestión referente a la
estructura del capital y su cambio de acuerdo con la acumulación.
Marx dividía entonces el
capital productivo en tres partes: 1)materias primas, 2) instrumentos de
trabajo y materiales auxiliares, 3)capital destinado a la manutención de los
obreros. Había establecido ya que el
valor de las dos primeras partes del capital no es de nueva creación y no varía
de magnitud, sino que se transmite a un nuevo producto. El aumento del valor se
produce únicamente gracias al trabajo de los obreros.
Marx mostró también que las dos
primeras partes de capital crecen mucho más deprisa que la que se dedica al
pago de los salarios. Ello lleva a Marx a la conclusión de que los obreros
perciben una parte de capital cada vez menor, en comparación con el volumen
total del capital productivo, a consecuencia de lo cual aumenta la competencia
entre ellos.
Por tanto, ya entonces había
elaborado Marx los puntos fundamentales de la ley general de la acumulación
capitalista. La población obrera aumenta , en realidad, con mayor rapidez, pero
es respecto de la demanda de trabajo por parte del capital, y no respecto de
los medios de vida en general.
Marx refuta las ilusiones burguesas
concernientes a la posibilidad de mejorar radicalmente la situación de los
obreros bajo el capitalismo, mediante la organización de cajas de ahorro, de la
instrucción, etc. Al mismo tiempo que llegaba a la conclusión de la
depauperación de los obreros bajo el capitalismo, Marx subrayó que sólo el
capitalismo crea las premisas necesarias para la emancipación del proletariado
y la creación de una nueva sociedad. Sin ello, el mismo proletariado, señala
Marx "... no llegaría a alcanzar tal unidad y grado de desarrollo que le
permitiera llevar a cabo la revolución en la vieja sociedad y revolucionarse a
sí mismo".
Problemas de economía política en el "Manifiesto del
partido Comunista"
El Manifiesto del Partido
Comunista constituye un documento programático de importancia excepcional.
Lenin escribió acerca de él: "Este pequeño libro vale por tomos enteros:
su espíritu da vida y movimiento, hasta hoy día, a todo el proletariado
organizado y combatiente del mundo civilizado". Las tesis fundamentales
del Manifiesto se han visto brillantemente confirmadas en la práctica de la
lucha de clases y de la edificación socialista.
Desde el punto de vista del
desarrollo de la teoría marxista, el Manifiesto constituye la cima de los
trabajos de Marx y Engels de la década de 1840 en el plano de la historia, la
filosofía, la economía política y el socialismo.
El primer bosquejo de esta obra lo constituyen los Principios
del Comunismo, de Engels, escritos en forma de preguntas y
respuestas. En ellos se formulan de manera resumida las ideas relativas a la
aparición y desarrollo del capitalismo, la lucha de clases y la inevitabilidad
de la revolución socialista. Los Principios de Comunismo ofrecen también
una breve caracterización del comunismo. Los puntos fundamentales de los Principios
del Comunismo están expuestos en la carta de Engels a Marx del 23 de
noviembre de 1847.
En el primer capítulo del
Manifiesto, bajo el título "Burgueses y proletarios", estudian Marx y
Engels la aparición y desarrollo del modo de producción capitalista, la
formación de clases en la sociedad burguesa y su antagonismo. El capítulo
concluye destacando la misión
histórico-mundial del proletariado como sepulturero de la burguesía.
El segundo capítulo,
"Proletarios y Comunistas", ofrece una caracterización del partido
comunista, de su papel rector y sus
tareas en la construcción del comunismo. En él se exponen también las tesis
fundamentales sobre la sociedad comunista.
El tercer capítulo,
"Literatura socialista y comunista", está dedicado al análisis de las
teorías fundamentales del socialismo premarxista.
En el cuarto capitulo se analizan las relaciones de los
comunistas con los otros partidos. Se subraya que los comunistas han de apoyar
en cualquier lugar todo movimiento revolucionario contra el régimen existente.
En el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y
Engels continúan el análisis del modo de producción capitalista, y exponen una
serie de principios muy importantes, que caracterizan la sociedad comunista.
Asimismo, analizan lo referente a la aparición y desarrollo del modo de
producción capitalista.
El hecho fundamental en el desarrollo de las fuerzas
productivas son las relaciones de producción burguesas. "En menos de cien
años de dominio de clase, la burguesía ha creado unas fuerzas productivas mas
numerosas y mas grandiosas que todas las generaciones precedentes
reunidas", señalaban Marx y Engels. Pero al llegar a una etapa
determinada, las relaciones burguesas se convierten en cadenas que frenan el
desarrollo de las fuerzas productivas.
Por tato, en el Manifiesto
aparece ya expuesto el fundamento económico de la revolución socialista,
consistente en que las relaciones de producción capitalistas no corresponden al
grado de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad burguesa. En el
adquirió mayor desarrollo la característica de las crisis económicas como
resultado del dominio de la propiedad privada capitalista. Marx y Engels
presentan las crisis como la rebelión de las fuerzas productivas contra la
propiedad capitalista.
"Las relaciones burguesas
de producción y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta
sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes medios de
producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las
potencias infernales que ha
desencadenado con sus conjuros”.
Marx y Engels llaman la
atención en este capitulo sobre la periodicidad de las crisis, y prevén su
agudización a medida que se desarrolle el capitalismo. La burguesía supera
parcialmente la crisis, destruyendo enormes masas de fuerzas productivas, y, en
parte aumentando la explotación de los mercados. Con ello prepara crisis mas
generales y más destructivas y reduce los medios de oponerse a ellas.
En íntima relación con la
historia de la producción capitalista, se investiga en el Manifiesto la aparición y
desarrollo de la burguesía y el proletariado, y se da una caracterización
científica del proletariado como clase que esta privada de los medios de
producción y vive de la venta de su trabajo.
Desarrollando sus puntos de
vista acerca de la situación de la clase obrara en el capitalismo, Marx y
Engels llegan a la conclusión de la depauperación de la clase obrera y la
inevitabilidad de la lucha de los obreros contra el yugo del capital. Estudian
desde su mismo comienzo el desarrollo de la lucha de clase del proletariado,
que conducirá indefectiblemente a la revolución socialista. En el Manifiesto
se expresan con toda amplitud las diferencias radicales entre la revolución
proletaria y la revolución burguesa. En el, Marx y Engels descubren las
premisas subjetivas de la revolución socialista. "La burguesía no ha
forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres
que empuñaran esas armas: los obreros modernos, los proletarios".
La misión del movimiento obrero
y, por consiguiente, la de los comunistas, consiste en destruir la propiedad
privada, cuya última forma la constituye el capital.
Marx y Engels exponen en el Manifiesto los principios básicos de la sociedad
comunista. Consideraban como condición fundamental para su realización la
transformación el proletariado en clase dominante y la conquista de la
democracia. El proletariado, al conquistar el poder, destruye las viejas relaciones
de producción y organiza la economía de una forma nueva. Las medidas concretas
propuestas en el Manifiesto consistían en la expropiación de la propiedad
agraria, la centralización del crédito y el transporte en manos del Estado, el
crecimiento de la propiedad estatal, la liquidación paulatina de los contrastes
entre la ciudad y el campo, la obligatoriedad de trabajo para todos, etc.
El comunismo nace de la
destrucción de la propiedad privada y su transformación en propiedad social.
Marx y Engels desenmascaran a los economistas burgueses, que identifican la
propiedad privada y la propiedad individual, y afirman que los comunistas
quieren destruir la propiedad individual, adquirida mediante el trabajo propio.
En el Manifiesto,
Marx y Engels subrayan que "el comunismo no arrebata a nadie la facultad
de apropiarse de los productos sociales; no quita más que el poder de sojuzgar
el trabajo ajeno por medio de esta apropiación".
En la sociedad burguesa, el
trabajo humano es tan solo un medio de aumentar el trabajo acumulado. En la
sociedad comunista, el trabajo a cumulado es tan solo un medio de ampliar y
facilitar el proceso vital de los obreros.
En estas tesis del Manifiesto
se refleja la diferencia radical que existe entre los fines de la producción en
la sociedad capitalista y en la sociedad comunista.
En el se caracteriza a la
sociedad comunista como una sociedad sin clases, en la que el poder político,
en el sentido de la palabra desaparece.
En el Manifiesto se exponen
problemas relacionados directamente con la historia de las doctrinas
económicas. Se critican todas las formas de socialismo premarxista. Marx y
Engels dividen este socialismo en tres grupos según su contenido de clase:
reaccionario, conservador y utópico-crítico.
El socialismo reaccionario es,
ante todo, el socialismo feudal, que refleja las aspiraciones de la nobleza
feudal a apoyarse en el pueblo para recuperar las posiciones que había perdido
en su lucha contra la burguesía. Marx y Engels incluyen también en el
socialismo reaccionario el socialismo pequeño-burgués. Este último, aunque
encerraba una critica del capitalismo, era en esencia reaccionario, ya que
perseguía el retiro de la gran producción industrial a la pequeña producción.
A diferencia del socialismo
reaccionario, el conservador trata de mantener las relaciones capitalistas. Por
su contenido de clase es burgués, y constituye un intento de la burguesía de
engañar a los trabajadores con pequeñas reformas.
La critica que del socialismo
burgués hicieron Marx y Engels no ha perdió su valor en los momentos actuales.
Los socialistas de derecha contemporáneos, los laboristas y los revisionistas,
repiten los postulados fundamentales del socialismo burgués, y tratan también
de encubrir el capitalismo con la etiqueta socialista, con el fin de apartar a
los trabajadores de la lucha revolucionaria.
Marx y Engels entendían como socialismo utópico-crítico
la doctrina de los que reflejaron por primera vez los intereses del
proletariado y de todos los trabajadores explotados por el capital. El
socialismo utópico-crítico surgió en el periodo en que el capitalismo y la
lucha de clases del proletariado no habían alcanzado aun un gran desarrollo.
Estas circunstancias condicionaban sus errores: su incomprensión del papel
histórico del proletariado, su desvinculación del movimiento obrero, la falta
de un profundo análisis del capitalismo y de una fundamentación científica de
la inevitabilidad del socialismo. Pero a la vez, Marx y Engels mostraron los
aspectos positivos de los grandes socialista utópicos, que consistían en su
critica del capitalismo y en su visión de muchos rasgos de la sociedad
socialista. Marx y Engels subrayaron que a medida que se fuera desarrollando la
lucha de clase del proletariado, el socialismo utópico-crítico, con su
obstinada negación de la lucha de clases, se transformaría en socialismo
conservador y reaccionario.
El Manifiesto del Partido Comunista
representó un nuevo paso en la transformación revolucionaria de la economía
política. En esta obra, Marx y Engels hicieron un resumen de sus primeras
investigaciones, y profundizaron la doctrina de la aparición del capitalismo y
el desarrollo de sus contradicciones, del capital y el trabajo asalariado y de
la revolución socialista.
En el Manifiesto del Partido Comunista
no se habla de la ley económica fundamental del capitalismo, que aun no había
sido descubierta, ni se realiza tampoco ninguna investigación acerca de otras
leyes económicas del capitalismo. La conclusión sobre el carácter inevitable de
la revolución socialista y de la dictadura del proletariado necesitaba, por
tanto, una fundamentación ulterior.
Manuscritos de "El capital" de la década del
sesenta
En 1861, Marx continuó
trabajando en la parte dedicada al capital. Entre agosto de 1861 y junio
de1863, escribió un nuevo manuscrito de 1.472 páginas. En el analiza Marx
problemas que posteriormente terminó de
elaborar en los tomos 1 y 2 de El Capital. Los problemas del tomo 3 se
dan en la sección titulada "Teoría de la
plusvalía", que contiene una historia critica del problema.
En el manuscrito de 1861-1863,
el orden de exposición no es todavía el que aparece en El Capital. La investigación
del capital y la teoría de la plusvalía se ven interrumpidas por el análisis de
las formas especiales de la plusvalía y la critica de las teorías burguesas.
Mientras trabajaba en el manuscrito de 1861-1863, Marx concibe la idea de
unificar todo su trabajo bajo el titulo general de El Capital.
Idea básica de "El Capital"
El Capital es "la obra
básica y fundamental en que se expone el socialismo
científico"(Lenin).Contiene la exposición de la doctrina económica de
Marx.
En el prólogo al tomo 1 de El
Capital Marx escribe: "El objetivo final de esta obra es demostrar la ley
del desarrollo (...)de la sociedad moderna..." En el mismo lugar, Marx
subraya que considera el desarrollo de la formación económica como un proceso
historico-natural.
Ya antes de aparecer El
Capital, Marx había escrito numerosos e importantes trabajos económicos. Entre
ellos se cuentan varias obras de la década del 40 y Contribución a la critica de la
economía política. Pero solo en el Capital llego Marx a investigar
plenamente la fisiología de la sociedad burguesa. Solo en El Capital se analiza
el desarrollo del capitalismo, comenzando por sus primeras fases para terminar
con la fundamentación de su inevitable desaparición.
La publicación de El Capital
significó un cambio total en la economía política. Marx expone en el su
doctrina de la plusvalía que, según palabras de Lenin, es la piedra angular de
la teoría económica del marxismo. En esa doctrina, Marx descubre la ley económica
fundamental del capitalismo, explica el secreto de la explotación capitalista.
Marx investiga también en El
Capital otras leyes económicas del capitalismo:
la ley universal de la acumulación capitalista , la ley capitalista de la
población, etc. Examina la lucha de clases y el papel que desempeña el Estado
burgués y critica la ideología burguesa.
En El Capital se ofrece una
síntesis profunda de la experiencia practica del movimiento obrero
internacional. Queda elaborada en todos sus aspectos una teoría que
"...une un rígido y supremo cientificismo al revolucionarismo, y los une,
no por casualidad, no solo porque el fundador de la doctrina unía en sí
personalmente las cualidades del científico y del revolucionario, sino que los
une en la teoría misma, con lazos internos
e indisolubles". (de Ibídem). Esta vinculación interna de la teoría
y la practica revolucionarias resalta cuando El Capital fundamenta la
conclusión de la inevitabilidad de la
revolución socialista y de la dictadura del proletariado. Gracias a ello, el
partido revolucionario del proletariado tuvo la posibilidad de apoyar su
actividad en la teoría científica. Se puso en claro el objetivo del movimiento
obrero y los medios de emplear para alcanzarlo. La teoría revolucionaria se
convirtió en guía para la acción. Con la aparición de El Capital , escribe Lenin,
"el marxismo actuó ya completamente pertrechado con la teoría".
Edmund Burke
Biografía:
Estadista y filósofo político británico nacido en Irlanda, famoso tanto por
su brillante oratoria como por su crítica de la Revolución Francesa. Burke
nació en Dublin y fue educado en el Trinity College de esa ciudad.
Durante un breve período
estudió derecho en Londres, introduciéndose en la vida cultural londinense. Su
primera obra importante fue "Vindicación de la sociedad
natural"(1756), sátira que ridiculizaba el razonamiento del estadista
británico Henry St john Bolingbroke. Esta obra, publicada de forma anónima,
tuvo un destacado éxito, al igual que su ensayo "Investigación filosófica
sobre el origen de nuestra ideas de lo sublime y lo bello"(1756).En 1757
comenzó su carrera como editor fundando El registro anual, anuario político
británico, al que dedicó treinta años de su vida.
En 1761 Burke se convirtió en
secretario privado de Wiiliam Hamilton, gobernador de Irlanda, y cuatro años
más tarde se convirtió en secretario privado del primer ministro Charles
Watson-Wentworth, marqués de Rockingham(1765-1766), cargo que ostentaría hasta
la muerte de Rockingham en 1782. En 1766 fue elegido miembro whig del
Parlamento por el pequeño distrito de Wendover.
En un escrito titulado
"Pensamientos sobre la causa de los descontentos actuales"(1770), y
en dos discursos, 'De los impuestos americanos'(1774) y 'Conciliación con
América'(1775), pidió justicia y reconciliación para las colonias americanas.
Su escrito criticaba también los intentos del rey Jorge III de aumentar el
poder real a costa del Parlamento. En 1774 fue elegido diputado al Parlamento
por Bristol sin ninguna adscripción partidista, aunque sus esfuerzos por
aliviar la discriminación comercial y religiosa que sufría Irlanda le costaron
su escaño en 1780; desde ese momento hasta 1794 pasó a ser designado en
representación del pequeño distrito de Malton. Nombrado en 1781 para formar
parte de un selecto comité parlamentario sobre la India, Burke comenzó a investigar
con empeño el gobierno colonial de la Compañía de las Indias Orientales.
Convencido de que la corrupción
existente en el seno del gobierno indio exigía la supresión del poder de favoritismo
de la Compañía, redactó en 1783 un proyecto de ley para las indias Orientales,
que fue rechazado en el Parlamento. Burke persistió, haciendo responsable de la
corrupción de la India al estadista y
administrador colonial Warren Hastings. El 15 de febrero de 1788 Burke dio
comienzo a su clásico discurso de cuatro días en Westminster Hall, en el debate
que siguió al impeachment contra Hating por graves delitos y faltas cometidos
en la India. A pesar de su insistencia
Hastings fue declarado inocente tras un juicio que duró siete años, y en el que
Burke vio afectada su reputación por exceso de celo y por los insultos
personales.
La publicación de Reflexiones
sobre la Revolución de Francia
(1790), leída en toda Europa, le confirmó como el defensor más elocuente del
orden establecido. Criticó de forma especial la idea de la Revolución, como
veremos más adelante, y su exaltación de principios abstractos por encima de la
evolución social, considerando al orden social como producto del derecho
natural y desconfiando de la capacidad del racionalismo para criticar y
modificar ese orden.
Se retiró de la vida
parlamentaria en 1794. Aunque nunca llegó a hacer una formulación global de su
pensamiento, sus ideas se convirtieron en la base del conservadurismo político
británico moderno. Murió en el año 1797.
Burke no escribió ningún
tratado sobre teoría política. Sus pensamientos sobre política se expresan en
cartas, discursos y panfletos de circunstancias. La inspiración es siempre la
misma. Es, en primer lugar (en este hombre que es ante todo un contradictor),
el odio hacia los "filósofos parisienses"(en particular Rousseau),
hacia esos "audaces experimentadores de la nueva moral".
No es que no admita, muy por el
contrario, la teoría del contrato social y de la soberanía del pueblo; pero
nadie insistió más que él en la idea de que razón y teoría no son referencias
válidas para la vida de las sociedades. Violento detractor del "
legalismo", Burke niega que las constituciones puedan "hacerse":
no pueden más que "crecer", gracias a la adquisición del
"patrimonio razonable de los siglos".
Las "Reflexiones sobre la
Revolución Francesa" fue un elogio de la revolución francesa pronunciado
por Price el 4 de noviembre de 1789 en la Sociedad de la Revolución.
Burke se indigna, ante todo, de
que Price haya propuesto la revolución francesa a los británicos como modelo.
¿No son acaso éstos, gracias a la revolución de 1688 y a las tradiciones y
Constitución del reino, un pueblo libre? En la libertad proclamada en Francia
no ve y prevé más que una fuente indefinida de desórdenes.
"Yo hubiera suspendido mis felicitaciones a Francia
por su nueva libertad hasta que me hubiera dado cuenta de como tal libertad se
adecuaba con el Gobierno, con la fuerza pública, con la disciplina y obediencia
de los ejércitos con la percepción y buena distribución de los ingresos, con la
moralidad y la religión..."[cit. de la trad. de Enrique Tierno Galvan,
pag. 36]
Se comprende enseguida el
movimiento constante de Burke a privilegiar bruscamente los valores prácticos,
únicos guardianes del orden natural.
Burke enfrenta, en un cuadro
violentamente contrastado, a la Revolución francesa, con la Constitución
inglesa, cuya profunda sabiduría no reside en algunas reglas o principios, sino
en una amplísima y sutil armonía de costumbres, prejuicios e instituciones
concretas depositadas en el curso de los siglos; las cuales frecuentemente, sin
excluirse lógicamente entre sí, se han superpuesto, armonizado y
"fundido", suscitando el diálogo alternativo de los partidos
políticos, cuyo papel consiste , a la vez, en estimular y equilibrar ese
organismo vivo que es la Constitución británica.
Esta antítesis entre las dos
Constituciones y las dos libertades constituye el telón de fondo sobre el que
Burke proyecta, a propósito del comienzo de la Revolución francesa, los
principales temas de una filosofía del conservadurismo.
La novedad de la Revolución
Francesa, que Burke diferencia radicalmente de las demás revoluciones y a la
que relaciona más bien con los desordenes y trastornos de origen religioso,
consiste en ser una "revolución de doctrina y dogma teórico"
Elogio de las sujeciones: Burke
cree que la sociedad civil descansa sobre un contrato que puso fin al estado de
naturaleza, que era el que correspondía a "nuestra desnuda y temblorosa
naturaleza ".Según Burke la sociedad civil tiene, sin duda, el fin de
proteger los derechos de los hombres, pero estos derechos son exclusivamente el
derecho de alcanzar la felicidad mediante la victoria de la virtud sobre las
pasiones. Por ello, ha de contarse en primer término, entre esos derechos, el
derecho a ser gobernado, el derecho a las leyes, a las sujeciones.
Las libertades, no la libertad: Así como Burke defendió ante todo, en la causa de los colonos de América,
las libertades de las comunidades inglesas contra la tentativa centralizadora
de Jorge III, así se alza contra los proyectos de la Asamblea nacional francesa
de remediar el aparente capricho de la organización administrativa y financiera
de la monarquía. Según él, las libertades sólo pueden ser el producto de una
herencia. En cambio, la libertad proclamada como absoluta no proporciona sino
miseria.
La revolución como castigo:
Bosquejando un tema que Maistre desarrolla luego, Burke no dista mucho de
considerar la Revolución francesa como un castigo de Dios por los pecados de
los hombres. En su pesimismo llega a pensar que los hombres no serán ni lo
bastante virtuosos ni lo suficientemente resueltos como para oponer una barrera
a una corriente tan poderosa.
La
Constitución "prescriptiva"