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Carlos Marx y Burke

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    Carlos Marx

                Carlos Marx nace el 5 de junio de 1818. Ni demasiado tarde ni demasiado pronto: en el momento preciso para que pudiese respirar en la impresionada juventud el espíritu revolucionario que precede  al 48; tomar parte en la lucha cumplidos los 30 años, y mantenerse luego a lo largo de toda su vida como revolucionario  cada día más ardiente, y director del movimiento creado por él. Fue Tréveris su ciudad natal, país renano incorporado a los dominios de Prusia. Su casa paterna era la de un abogado judío (que a los 6 años de edad de Marx se convierte al cristianismo), fiel al espíritu del siglo XVIII. Su padre hallábase  espiritualmente influido por espíritu liberal del siglo de las luces.

                Su madre era holandesa: una buena mujer, sencilla y, como el padre, blandamente amorosa; sus hermanos no salían de lo vulgar; sólo él se destacaba entre otros, como el enigma del genio.

                En sus primeros años leía junto con su padre a Voltaire y a Racine y discutían temas de filosofía, religión e historia. Así va tomando arraigo en él la afición a la filosofía, que había de ocupar el primer lugar entre sus estudios favoritos.

                De muchacho, se presentan en él  sus cualidades de poeta. No faltan en su familia allegados que fortalezcan estas disposiciones. Uno de ellos, el barón Westfalia, alto funcionario prusiano, hácese su amigo paternal. La hija del barón, Jenny de  Westfalia, una muchacha primorosamente bella, que lleva 4 años a Marx, es llamada a ser la compañera de vida igualmente admirable del gran revolucionario. El barón fue el que avivó en el  amor por la poesía, como su padre por la filosofía.

                Por contentar los deseos paternos, abraza la carrera de Jurisprudencia, mas poniendo al lado de ésta, por propia devoción, la Filosofía y la Poesía.

                A los 17 años conquista a jenny de Westfalia. Luego a la edad de 19 años va a estudiar a Berlín donde realiza diferentes estudios. De estos estudios nace una serie de ensayos, Todo un sistema de Derecho para la cimentación de un hogar.

               

    Continúa estudiando copiosamente y se entrega febrilmente al estudio de las Matemáticas superiores, de la Historia de la literatura, traduce inglés e Italiano, lee latín, llena cuadernos de poesías, esboza dramas y hasta piensa en hacerse dramaturgo.  Pero su naturaleza era demasiado batalladora para vaciarse por entero en la poesía:

                            “No nos rindamos con  ira reprimida,

                            cobardemente, al oprobioso yugo,

                            que todavía es nuestra la esperanza    

                            la acción y la batalla”

                Su padre muere en la primavera de 1838, terminando con ello prematuramente aquella hermosa compenetración de espíritu entre los dos.

                En Berlín traba las primeras relacionas amistosas con algunos profesores y doctores ya maduros, que le inician en la Filosofía de Hegel.

                En la primavera de 1841, alcanza de doctor en filosofía después de arduos estudios.

                Tomando por la senda del periodismo, Marx colabora en los “Anales alemanes”, que dirige Arnold Ruge. Pero aquí se alzaba una barrera ante su rebeldía: el censor. La primera campaña política de su vida fue en contra de la censura. Poco tiempo después, entra de colaborador en la Gaceta del Rhin, y a los 24 años es nombrado redactor –jefe. A partir de este instante comienza a revelarse en brillantes artículos todo su conocimiento avaramente acumulado. Parafraseando las palabras de Hegel “ la esencia del espíritu es la libertad” inicia  en estos términos la campaña por la libertad de prensa. La censura cada vez más severa, irritada por sus artículos amenaza con cerrar el periódico, y, para salvarle, Marx, no tiene más remedio que abandonarlo a principios de 1843, sin que este sacrificio bastase para conjurar aquel peligro.

                Se traslada a París donde, junto con Arnold Ruge, emprende la publicación de los “Anales franco-alemanes”, y se entrega al gran afán que lo llevaba allí: El estudio del socialismo

                Casado ya en el verano de 1843, se traslada con su mujer a París. De este mismo año data su tratado espiritual con Enrique Heine, a cuyo lado pasaba días enteros ayudándolo a pulir sus poesías; sus relaciones con Bakunín, el anarquista ruso; con Proudhon, el fustigador francés de la propiedad, y con Cabet, el utopista.  Polémicas amistosas unen a éstos y otros espíritus revolucionarios en la obra común de los “anales franco-alemanes”, dirigidos por Marx y Ruge. Mas de esta publicación sólo un número ve la luz, con dos artículos de Marx: la introducción a una crítica de Hegel, y una aportación al “problema judío “, y al lado de ellos,  un trabajo con el título de “trazos para una crítica de la economía política”, de que era autor Federico Engels, un joven alemán  residente en Inglaterra.

               Traza  una gran amistad de Engels, en quien encuentra al lado de su mujer el amigo que necesitaba, este amigo que ha de colaborar con él en la vida entera, en la mas estrecha compenetración.

                En su juventud Engels trabajó como empleado en una fábrica de Manchester, en que su padre tiene participación. Y desde esta fabrica ve el panorama de Inglaterra y vive la vida del capitalismo moderno, y la vida del proletariado. Esta experiencia hace de él un colaborador precioso para Marx, “el ojo” a través del cual ve éste la realidad. Aficionado a la filosofía que cultiva en sus horas de ocio, y adepto al neohegelianismo como Marx, su formación es, sin  embargo, más accesible, muy adecuada para vulgarizar la forma difícil y  árida de aquél.

                Desterrado de París por sus ataques contra el gobierno, Marx se traslada con su mujer y su hijito a Bruselas, donde pasa tres años, hasta que “la zarpa de  Prusia” logra arrojarle también de allí; en Bruselas se le une Engels, y juntos maduran sus ideas y proyectos.

                En Bélgica entran en contacto con el movimiento obrero radical, conocido con el nombre “comunismo”, que era el término por entonces de boga. Los años de Bruselas –interrumpidos por un viaje que los dos amigos hacen juntos a Inglaterra, y que Marx aprovecha, no tanto para traer una visión de la realidad vida de éste país como para orientarse en la economía política inglesa- echan los cimientos para la labor política futura y aseguran el papel magnífico de conductores que a los dos les estaba reservado. Aquí es donde ve la luz el “manifiesto comunista”, expresión de su punto de vista común: el materialismo histórico. Y aquí también donde Marx empieza a divulgar, en círculos obreros radicales, los problemas de la economía política, con los que va sintiéndose familiarizado.

                La sacudida del año 48 le abre de nuevo las puertas de Alemania, a donde acude para ponerse al frente de la “nueva gaceta del Rhin” y luchar desde el periódico por la causa de la revolución, hasta que en l849 se decreta su suspensión definitiva.

                Es esta la hora decisiva en la vida de Marx. Procesado por el tribunal de Colonia, se defiende ante el jurado con un discurso formidable, mas no con la hábil esgrima de un Lassalle; su defensa es la serena aplicación de la doctrina del materialismo histórico a los sucesos políticos de 1849. Y es absuelto... pero desterrado. Para expulsarle se le niega caprichosamente la ciudadanía prusiana, que no había perdido en la inmigración.

                Arrojado de Prusia y más tarde de París, se dirige a Londres. Y así comienza una nueva etapa de su vida donde el proletario es su camarada de combate y su firme esperanza del porvenir.

                La familia de Marx, de descendencia aristocrática y hábitos burgueses, no se aviene fácilmente a las obligadas estrecheces del proletariado. Sale de un apuro para entrar en otro; acostumbrado a otra vida, no se da cuenta de la situación; Marx regala lo que no tiene; los acreedores apremian, pero la generosa ayuda de Engels no falta nunca. Marx fuma del peor tabaco; pasa las noches en claro trabajando, acosado por las privaciones. Y la salud flaquea, y con la salud el trabajo creador; su magna obra queda sin terminar.

                Y, sin embargo, casi puede asegurarse que, sin el destierro que le proscribe al cuarto de estudio, no se hubiese rebelado en Marx el formidable economista que llevaba adentro. Al cerrársele su profesión como puesto y medio de vida, pone al servicio de la “ciencia” su gran pasión de trabajo. Lo que para el revolucionario es impotencia, es tiempo y sosiego para el investigador. En el retraimiento del British Museum estudia con ardor inconcebible, como en Berlín durante sus años universitarios. Se abisma en los sistemas de todos lo economistas clásicos, persigue las relaciones del Parlamento ingles  sobre cuanto, de cerca o de lejos, afecta al mundo obrero y , desde su mesa de trabajo, el proscripto atalaya todos los horizontes de la política mundial, forja su histria y su teoría y así se van formando los frutos sazonados de su obra.

                En 1859 aparece su primera monografía: “Crítica de la economía política”; en 1867, el primer tomo de “El capital”. Habían de pasar 30 años hasta que viese la luz, por mano del amigo, el tomo tercero, con el remate de la obra y en él la clave para su inteligencia. Marx deja escrita las líneas fundamentales, pero no alcanza a desarrollarlas sistemáticamente.

                A los 50 años, Marx aprende ruso para poder informarse directamente de las revelaciones de aquel país, no propagadas; lee todos los idiomas europeos, escribe el francés y el ingles con la misma soltura que su alemán nativo, y es en todas las literaturas un literato y un erudito de primera fuerza. Y su cultura, inmensa en todos los campos, es soberano dominio en la historia de la economía y de las doctrinas de los economistas clásicos. Mas, gastadas sus fuerzas, Marx tiene que dejar incompleta su misión más sagrada: la obra que iba a consagrar su vida.

                Este hombre, nacido para teórico, no supo jamás preguntarse por los imperativos de un fin práctico, de una norma de conducta: la obra de su vida, como su vida misma, se desentiende de todas las imposiciones de la realidad, hasta de las nacidas de la realidad misma de su sistema. Es absoluta la pureza de pasión con que se entrega a los problemas y a los libros voluminosos que va vertiendo sobre el papel, para vindicación de su honor y esclarecimiento de sus teorías frente a antiguos amigos y nuevos adversarios. Pero los días no pasa en vano. La teoría del materialismo histórico queda sin desarrollar. El más importante de sus descubrimientos tiene que contarse con un par de líneas.

                Al frente de la Asociación Internacional Obrera que Marx dirige desde 1864 a 1872, hubo de librar repetidas batallas contra Bakunín, y el puesto le cuesta no pocos sinsabores, hasta el día en que consigue que la organización se traslade a Nueva York.  Tras otras batallas Marx alcanza la paz. Pero ya es tarde. Desde 1870 no vuelve a gozar de salud; sus últimos l3 años son una lenta agonía, que acaba a principios de 1883. Dos años antes le precede en la muerte su mujer, terminando así aquella comunidad íntima de vida entre el luchador y su compañera, que guardó hasta el último instante el perfume de los primeros años.

    El marxismo

    El materialismo dialéctico.

                            El pensamiento político liberal se desarrolló principalmente como elaboración de dos ideas sociales o morales fundamentales: que la política es, esencialmente, el arte de llegar a acuerdos no coactivos entre intereses antagónicos y que los procedimientos democráticos son el único camino efectivo para llegar a esos acuerdos. En consecuencia, aunque su historia posterior decidió tomar en cuenta la válida crítica que hizo Hegel al individualismo, nunca aceptó los dos supuestos principales de la filosofía social de Hegel. Estos dos supuestos eran: que la sociedad es un equilibrio móvil de fuerzas antitéticas, que engendran el cambio social mediante su tensión y lucha y que la historia social es una evolución interna o quasi-lógica de las fuerzas mismas. Marx realizó una serie de cambios a los presupuestos “hegelianos”. Marx suprimió de la teoría de Hegel el supuesto de que las naciones son las unidades efectivas de la historia social, y sustituyó la lucha de las naciones por la lucha de clases. De esta manera, eliminó de hegelianismo sus cualidades distintivas como teoría política (su nacionalismo, su conservadurismo y su carácter contrarrevolucionario) y lo transformó en un nuevo y poderoso tipo de radicalismo revolucionario.

                Pero en importantes aspectos, Marx continuó la filosofía de Hegel. En primer lugar, Marx siguió creyendo que la dialéctica[1] era un eficaz método lógico, el único capaz de demostrar una ley del desarrollo social y, en consecuencia, su filosofía, como la de Hegel, es una filosofía de la historia. Para ambos, la base de todo cambio social es su necesidad o “inevitabilidad” (concepto ambiguo en ambos autores). Aunque Marx elaboró su teoría como una forma de materialismo[2], utilizó la dialéctica para apoyar una teoría del progreso social en la que los más altos valores morales se realizan necesariamente. En segundo lugar, para Marx como para Hegel la fuerza impulsora del cambio social es la lucha. La lucha tiene lugar entre clases sociales más bien que entre naciones y el poder es económico mas que político; siendo el poder político en Marx una consecuencia del poder económico. Pero ni para Marx ni para Hegel la lucha por el poder era susceptible de un arreglo pacífico para mutuo beneficio de las partes contendientes.

    La revolución proletaria.

                La filosofía social de Marx se basaba y fue la primera en llamar la atención sobre un cambio social de primerísima importancia que se produjo en el siglo XlX: el surgimiento de la conciencia política y, finalmente, el ascenso hacia el poder político de una clase trabajadora industrial. Marx presentaba, en sus estudios históricos, al capitalismo por primera vez en lo que podía llamarse su aspecto humano, como institución que había producido y aumentaba constantemente una clase de hombres que tiene que vivir absolutamente del salario y que se relacionaba, pues, con los patronos sólo con un nexo monetario. La relación de patrón y obrero queda así desprovista de sentido humano y de obligación moral y se convierte en una relación de poder. Marx vio justamente en esta situación el hecho potencialmente más revolucionario de la historia moderna -por una parte una clase definida por su propiedad de los medios de producción y motivada esencialmente por la necesidad de crear ganancias y, por otra parte, un proletariado industrial sin ningún poder salvo a través de la presión de las masas organizadas y obligado a fijarse como fin no la libertad política sino el sostenimiento o mejoramiento de su nivel de vida. Entendiendo esto como un hecho histórico, Marx concebía al capitalismo, no como un resultado de leyes económicas intemporales sino como fase en la evolución de la sociedad moderna. Se dedicó a interpretar al liberalismo político como ideología característica de la clase media y a crear una filosofía social para el proletariado en ascenso, apropiada para servirlo en su lucha por el poder.

                Este proyecto, como la teoría del estado de Hegel, se fundó en un estudio analítico de la importancia histórica de la Revolución Francesa. Como Hegel, Marx creía que la Revolución había sido el desplome de la sociedad feudal pero, mientras que Hegel pensaba que la Revolución se consumaría con el surgimiento de los estados nacionales, Marx la consideraba como un paso previo a una revolución más drástica y completa. La abolición del feudalismo significaba para Marx la subida al poder de la clase media y la creación de un sistema político que hiciera efectivo ese poder.

                La Revolución Francesa había sido una revolución política. Había transferido el dominio social de la nobleza y el clero a la clase media industrial y comercial; había creado el estado como un típico órgano de expresión y explotación, de la clase media; y su filosofía era la justificación y la racionalización ideal del derecho de la clase media para explotar al trabajador. La revolución social debía ser la obra del proletariado en ascenso, que debe desplazar a la clase media del poder como ésta lo había hecho con la antigua clase feudal.

                Marx, en su filosofía, abarcaba la unión entre un programa de acción revolucionaria y una teoría filosófica del curso “necesario” del desarrollo social. Para comprender esta parte de su filosofía se hace imprescindible el entendimiento del sentido peculiar que imparte la dialéctica a palabras como “necesario” e “inevitable”. Si significaran simplemente la relación causa efecto, la participación humana carecería de sentido; su consecuencia sería el quietismo político. Pero ni los comunistas marxistas ni los nacionalistas hegelianos han sido quietistas. De modo análogo, la Historia le da al revolucionario marxista su vocación, la seguridad del éxito final y, quizá, la absolución de los crímenes que cometa en nombre de la Historia.

    La ideología y la lucha de clases.

                Ahora hablaremos sobre la utilidad que unos folletos escritos por Marx acerca del fracaso de la lucha revolucionaria que se había producido en Francia, nos pueden dar para poner más en claro su concepción de la relación de las clases sociales con el transcurso de la historia y con su propia conciencia. De éstos se desprende la idea de que la clase tiene para Marx una unidad colectiva como la nación para Hegel. Actúa en la historia como una unidad y produce sus ideas  y creencias características como una unidad, actuando bajo la presión de su situación en el sistema económico y social. El individuo cuenta principalmente por su participación en la clase, porque sus ideas son esencialmente el reflejo de su clase y de las ideas por ésta creadas. Las ideas reflejan y disfrazan más o menos una realidad económica básica; son “mistificaciones” de esta realidad, al menos mientras no se ha desenmascarado su origen. Y aunque parezcan válidas y forzosas a su ingenuo poseedor, su fuerza compulsiva es realmente algo que no se encuentra en su conciencia sino que está latente en la posición social de su clase y en sus relaciones con la producción económica. Las fuerzas de producción de Marx, como el Espíritu Universal de Hegel, son infinitamente diestras para crear todo tipo de ilusiones y mistificaciones con el fin de realizar su propósito inherente y las clases de Marx dan origen a sus ideologías apropiadas así como Hegel imaginaba que el espíritu de la nación da origen a una cultura nacional.

                La idea de la ideología era una de las ideas más fecundas en Marx y una de las más vagas y susceptibles de abuso. Es obvio que los hombres son prejuiciados por la posición social, es cierto también que ese prejuicio le sirva a veces para ver realidades que otros no pueden percibir, pero la idea de que un error sobre otro error pueda llegar a constituir una verdad no es más que un mito. La ideología, tal como la utilizó Marx, era un arma poderosa y controvertible, pero susceptible de ser empleada por todos los contendientes hasta que todas las teorías, inclusive el marxismo, puedan llegar a “desenmascararse” como una forma de interés especial. El árbitro de todas estas controversias es el poder.

                Los dos folletos sobre los intentos revolucionarios en Francia establecían también el esquema general de la teoría de la estructura de clases de Marx en las sociedades industriales. La teoría postulaba una clase media principalmente urbana y comercial en sus intereses y dedicada políticamente a lasa libertades civiles y políticas de la Revolución y un proletariado industrial, también principalmente urbano, pero más preocupado por la seguridad económica que por la libertad política. Marx consideraba a estas clases como las fuerzas políticas activas en una sociedad moderna, las fuerzas entre las cuales tiene lugar la lucha de clases, de modo que fundamentalmente el problema es el dominio de una por la otra. Las demás clases reconocidas por la teoría, el campesinado y la pequeña burguesía, eran consideradas por Marx como políticamente inertes aunque puedan, en situaciones adecuadas, estar de acuerdo con lo que hagan las otras dos clases. Marx consideraba también la ideología de los campesinos y de los agricultores como característicamente pequeño-burguesa.

                Esta teoría está obviamente construida para adaptarse a la dialéctica que obligaba a Marx a encontrar dos oponentes que generan el cambio mediante sus tensiones mutuas. Por esta razón era en gran medida una teoría a priori, aunque encarnaba su penetrante percepción de las fuerzas revolucionarias de la revolución industrial. Como la dialéctica funciona como la contradicción lógica entre dos tipos, los detalles  son considerados como simples variaciones sobre un tema y las diferencias menores no cuentan. En consecuencia, aunque los marxistas crean que la lucha de clases es la única guía confiable en la estrategia política, la vaguedad de la concepción de clase social de Marx fue responsable de algunos de sus peores errores de predicción.

    La estrategia de la revolución social.

                Marx consideró siempre su filosofía como la orientación para una triunfante revolución proletaria y su carrera se dividió entre la investigación y su labor de dirigente socialista. Sería difícil citar alguna manifestación de radicalismo político en Europa occidental después de Marx que no resultara influida por su pensamiento. Pero ha habido dos grandes movimientos políticos que se han proclamado versiones auténticas del marxismo y son, al mismo tiempo, tan semejantes y tan sorprendentemente diferentes que su relación con Marx es un factor importante para entender la filosofía de éste. Uno de éstos sería el socialismo de partido tal como existió en la Europa occidental hasta la primera Guerra Mundial y el otro sería el comunismo tal como lo ha existido desde la revolución rusa de 1917. Éste surgió directamente de aquél, puesto que Lenin era líder de un partido marxista ruso y, también, fue el destructor de la Segunda Internacional, organización de los partidos socialistas marxistas. La enemistad entre comunistas y socialistas se hizo todavía más aguda que la enemistad entre los comunistas y los partidos de clase media. La estrategia de los partidos comunistas había sido totalmente diferente de la de los partidos socialistas. Porque éstos en 1914 habían ganado considerables posiciones de gran fuerza política en algunos países de la Europa occidental, especialmente en Alemania, y en general su fuerza creció atrayendo votos en las elecciones libres, una vez que se extendió el sufragio a las clases trabajadoras. El partido de Lenin por el contrario nunca fue ni pretendió ser un partido popular que obtuviera sus fines por el apoyo de las masas. Y, sin embargo, es verdad que tanto el socialismo de partidos como el comunismo derivaron sus concepciones diferentes de la estrategia de Marx.

                La estrategia implícita era doble: un partido socialista debe presionar por reformas burguesas que fortalezcan a la clase trabajadora, pero su preocupación principal debe ser conservar su propia pureza ideológica y su libertad de acción. No debe dispensar su responsabilidad política cooperando con los partidos de clase media. Esto fue convertido en estrategia convencional por los partidos socialistas marxistas: la negativa a aceptar cargos de gabinete en los gobiernos formados por coalición con partidos no socialistas.

                Obviamente, sin embargo, si triunfaba esta estrategia, lo más probable sería que contradijera su propósito revolucionario original. Tiende a fortalecerse atrayendo votantes con reformas que no son intrínsecamente socialistas. Pero  a medida que un partido consigue más reformas mediante el voto tiene menos razones para ser revolucionario. Y ésto es lo que tendió a ocurrir a los partidos marxistas con éxito.

                Cabe destacar que Marx tendía a hacer una distinción entre la estrategia apropiada para un partido socialista en un país con una economía industrial “madura” y la adecuada a otro, con una economía relativamente atrasada. Sólo el primero podría realizar una revolución, puesto que la revolución debe producirse, en última instancia, en una economía desarrollada. Por razones obvias, las observaciones de Marx acerca de la estrategia que debía seguirse en un país atrasado tenían especial importancia para los marxistas rusos. Fue así como dos documentos que el propio Marx nunca publicó, pero que editó Engels después de la muerte de Marx asumieron para Trotsky y Lenin una importancia tal como nunca la había tenido para los socialistas alemanes.

                Marx afirmó, en cierta conferencia, que un partido socialista debía cooperar con los revolucionarios de clase media hasta que triunfe la revolución. Entonces debe volverse contra sus aliados; debe mantener intacto su propio centro de poder; y, aunque no pueda esperar el triunfo de una revolución socialista, debe utilizar todos los medios de subversión y obstrucción para impedir que la economía del gobierno se estabilicen. Debe instigar a los campesinos pobres contra los campesinos ricos; debe tender hacia la nacionalización de la tierra; y debe obligar al gobierno revolucionario, en lo posible, a atacar a la propiedad privada. En resumen el grito de batalla de los proletarios debe ser: “La revolución permanente”. Así, en 1850, Marx creó el concepto de revolución permanente que Trotsky adoptó y desarrolló en 1906 y que fundó en lo sustancial la política que siguió Lenin en 1917, en relación contra la revolución burguesa en Rusia.

                La filosofía social de Marx fundó, pues, dos concepciones de la estrategia política que se mostraron divergentes en la práctica. Una, desarrollada por el socialismo marxista de partido, esperaba que la evolución de la industrialización produciría un proletariado con conciencia de clase, que crecería en fuerza hasta que pudiera asumir el poder en una sociedad ya políticamente democrática. La otra línea, que caracterizó después de 1914 la estrategia del leninismo, volvió a las primeras etapas del pensamiento marxista, que consideraba al comunismo como el ideal de una élite intelectual o de una minoría proletaria sumergida en una sociedad predominantemente campesina y sin derechos políticos liberales. Por lo que se refiere a sus intenciones los marxistas rusos no pensaban abandonar ni modificar el principio central de la filosofía social de Marx, es decir el determinismo económico y, sin embargo, inevitablemente los marxistas occidentales pensaban que lo estaba descartando.

    Comentario acerca de algunas de sus obras y conferencias

    Conferencias de Marx sobre "Trabajo asalariado y capital"

    Esta obra esta basada en las conferencias que en 1847 dio Marx, en Bruselas, a los obreros alemanes.

    En este trabajo descubrió Marx el fundamento de la lucha de clases del proletariado. En él analizó por primera vez la relación de producción fundamental del capitalismo: la relación entre los capitalistas y los obreros asalariados. "Trabajo asalariado y capital" constituye una etapa importante en la tarea de Marx, preparatoria de su obra básica El Capital. Los puntos fundamentales del trabajo mencionado, la esencia del capital y su acumulación, fueron incluidos después en el tomo 1 de El Capital.

    En los dos primeros artículos Marx se ocupa del problema del salario. Esta obra no establece diferencia alguna entre el trabajo y la fuerza del trabajo. Pero bajo la denominación de renta del comprende la venta de la actividad del obrero, que en realidad no es más que la fuerza del trabajo. Ya en esta obra señala Marx que el producto de dicha actividad no pertenece al obrero, ya que este último se le enajena el producto de su trabajo. Hay que señalar que Marx considera la enajenación del trabajo como una forma especial de su esclavización, característica tan  sólo del capitalismo. Vemos, entonces, que Marx se aproxima al concepto de fuerza de trabajo como mercancía.

    Al ocuparse de la magnitud del salario, Marx mostró que oscilaba alrededor del valor del trabajo, lo mismo que los precios de mercado de otras mercancías oscilan alrededor de su valor. El descubrimiento de Marx consiste en este caso en que analizó los precios de mercado como una forma de manifestación de la ley de valor.

    En el tercer artículo, Marx analiza el capital. Los antecesores de Marx identificaban el capital con las cosas. Los mercantilistas consideraban como capital el dinero; los representantes de la economía política burguesa clásica definían el capital como un trabajo acumulado, destinado a la subsiguiente producción. Marx muestra que el capital es una relación burguesa de producción. El capital presupone obligatoriamente un trabajo asalariado, y el trabajo asalariado presupone el capital. El capital se conserva y se multiplica gracias a su cambio por trabajo vivo.

    En este artículo Marx establecía también una diferencia entre el valor del trabajo y el valor creado por el trabajo. Subrayaba que el empleo del trabajo, al igual que el empleo de cualquier mercancía comprada, pertenece al comprador, que en este caso es el capitalista. Por eso, el capitalista se apropia de una trabajo impago, apoyándose en la ley del valor, y no infringiéndola. Estos puntos constituyen el núcleo de la teoría de la plusvalía.

    Al considerar el capital y el trabajo asalariado como dos facetas de una misma relación social, Marx ridiculiza las teorías burguesas de la identidad de intereses entre obreros y capitalistas. Los intereses de dichas clases son francamente opuestos, ya que una de las partes, la burguesía, la forman los explotadores, mientras que la otra, los obreros, son los explotados.

    Los economistas burgueses pensaban que tanto los capitalistas como los obreros están interesados en acrecentar el capital productivo. Marx investiga concienzudamente que es lo que significa el aumento del capital productivo y como dicho aumento se refleja en la situación de los obreros. Dedica a estas cuestiones los artículos cuarto y quinto. Marx llega a la conclusión de que el aumento del capital productivo es al mismo tiempo incremento del poder del trabajo acumulado con respecto al trabajo vivo, el reforzamiento del dominio de la burguesía sobre la clase obrera.

    Al investigar la acción de los factores paralelos a la acumulación del capital (división del trabajo, desarrollo de la técnica, sustitución del trabajo calificado por el trabajo no calificado, y aumento del desempleo), Marx pone en manifiesto que el empobrecimiento relativo y absoluto de la clase obrera aumenta paralelamente a la acumulación del capital.

    En el manuscrito titulado 'El salario', que fuera el esbozo de las conferencias de Marx, pronunciadas en la segunda mitad de diciembre de 1847, pero que no fueron publicadas en la Nueva Gaceta Renana, su autor se ocupo también de la cuestión referente a la estructura del capital y su cambio de acuerdo con la acumulación.

    Marx dividía entonces el capital productivo en tres partes: 1)materias primas, 2) instrumentos de trabajo y materiales auxiliares, 3)capital destinado a la manutención de los obreros.  Había establecido ya que el valor de las dos primeras partes del capital no es de nueva creación y no varía de magnitud, sino que se transmite a un nuevo producto. El aumento del valor se produce únicamente gracias al trabajo de los obreros.

    Marx mostró también que las dos primeras partes de capital crecen mucho más deprisa que la que se dedica al pago de los salarios. Ello lleva a Marx a la conclusión de que los obreros perciben una parte de capital cada vez menor, en comparación con el volumen total del capital productivo, a consecuencia de lo cual aumenta la competencia entre ellos.

    Por tanto, ya entonces había elaborado Marx los puntos fundamentales de la ley general de la acumulación capitalista. La población obrera aumenta , en realidad, con mayor rapidez, pero es respecto de la demanda de trabajo por parte del capital, y no respecto de los medios de vida en general.

    Marx refuta las ilusiones burguesas concernientes a la posibilidad de mejorar radicalmente la situación de los obreros bajo el capitalismo, mediante la organización de cajas de ahorro, de la instrucción, etc. Al mismo tiempo que llegaba a la conclusión de la depauperación de los obreros bajo el capitalismo, Marx subrayó que sólo el capitalismo crea las premisas necesarias para la emancipación del proletariado y la creación de una nueva sociedad. Sin ello, el mismo proletariado, señala Marx "... no llegaría a alcanzar tal unidad y grado de desarrollo que le permitiera llevar a cabo la revolución en la vieja sociedad y revolucionarse a sí mismo".

    Problemas de economía política en el "Manifiesto del partido Comunista"

    El Manifiesto del Partido Comunista constituye un documento programático de importancia excepcional. Lenin escribió acerca de él: "Este pequeño libro vale por tomos enteros: su espíritu da vida y movimiento, hasta hoy día, a todo el proletariado organizado y combatiente del mundo civilizado". Las tesis fundamentales del Manifiesto se han visto brillantemente confirmadas en la práctica de la lucha de clases y de la edificación socialista.

    Desde el punto de vista del desarrollo de la teoría marxista, el Manifiesto constituye la cima de los trabajos de Marx y Engels de la década de 1840 en el plano de la historia, la filosofía, la economía política y el socialismo.

    El primer bosquejo de esta obra lo constituyen los Principios del Comunismo, de Engels, escritos en forma de preguntas y respuestas. En ellos se formulan de manera resumida las ideas relativas a la aparición y desarrollo del capitalismo, la lucha de clases y la inevitabilidad de la revolución socialista. Los Principios de Comunismo ofrecen también una breve caracterización del comunismo. Los puntos fundamentales de los Principios del Comunismo están expuestos en la carta de Engels a Marx del 23 de noviembre de 1847.

    En el primer capítulo del Manifiesto, bajo el título "Burgueses y proletarios", estudian Marx y Engels la aparición y desarrollo del modo de producción capitalista, la formación de clases en la sociedad burguesa y su antagonismo. El capítulo concluye destacando la misión  histórico-mundial del proletariado como sepulturero de la burguesía.

    El segundo capítulo, "Proletarios y Comunistas", ofrece una caracterización del partido comunista,  de su papel rector y sus tareas en la construcción del comunismo. En él se exponen también las tesis fundamentales sobre la sociedad comunista.

    El tercer capítulo, "Literatura socialista y comunista", está dedicado al análisis de las teorías fundamentales del socialismo premarxista.

    En el cuarto capitulo se analizan las relaciones de los comunistas con los otros partidos. Se subraya que los comunistas han de apoyar en cualquier lugar todo movimiento revolucionario contra el régimen existente.

    En el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels continúan el análisis del modo de producción capitalista, y exponen una serie de principios muy importantes, que caracterizan la sociedad comunista. Asimismo, analizan lo referente a la aparición y desarrollo del modo de producción capitalista.

    El hecho fundamental en el desarrollo de las fuerzas productivas son las relaciones de producción burguesas. "En menos de cien años de dominio de clase, la burguesía ha creado unas fuerzas productivas mas numerosas y mas grandiosas que todas las generaciones precedentes reunidas", señalaban Marx y Engels. Pero al llegar a una etapa determinada, las relaciones burguesas se convierten en cadenas que frenan el desarrollo de las fuerzas productivas.

    Por tato, en el Manifiesto aparece ya expuesto el fundamento económico de la revolución socialista, consistente en que las relaciones de producción capitalistas no corresponden al grado de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad burguesa. En el adquirió mayor desarrollo la característica de las crisis económicas como resultado del dominio de la propiedad privada capitalista. Marx y Engels presentan las crisis como la rebelión de las fuerzas productivas contra la propiedad capitalista.

    "Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales  que ha desencadenado con sus conjuros”.

    Marx y Engels llaman la atención en este capitulo sobre la periodicidad de las crisis, y prevén su agudización a medida que se desarrolle el capitalismo. La burguesía supera parcialmente la crisis, destruyendo enormes masas de fuerzas productivas, y, en parte aumentando la explotación de los mercados. Con ello prepara crisis mas generales y más destructivas y reduce los medios de oponerse a ellas.

    En íntima relación con la historia de la producción capitalista, se investiga en el Manifiesto la aparición y desarrollo de la burguesía y el proletariado, y se da una caracterización científica del proletariado como clase que esta privada de los medios de producción y vive de la venta de su trabajo.

    Desarrollando sus puntos de vista acerca de la situación de la clase obrara en el capitalismo, Marx y Engels llegan a la conclusión de la depauperación de la clase obrera y la inevitabilidad de la lucha de los obreros contra el yugo del capital. Estudian desde su mismo comienzo el desarrollo de la lucha de clase del proletariado, que conducirá indefectiblemente a la revolución socialista. En el Manifiesto se expresan con toda amplitud las diferencias radicales entre la revolución proletaria y la revolución burguesa. En el, Marx y Engels descubren las premisas subjetivas de la revolución socialista. "La burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñaran esas armas: los obreros modernos, los proletarios".

    La misión del movimiento obrero y, por consiguiente, la de los comunistas, consiste en destruir la propiedad privada, cuya última forma la constituye el capital.

    Marx y Engels exponen en el Manifiesto  los principios básicos de la sociedad comunista. Consideraban como condición fundamental para su realización la transformación el proletariado en clase dominante y la conquista de la democracia. El proletariado, al conquistar el poder, destruye las viejas relaciones de producción y organiza la economía de una forma nueva. Las medidas concretas propuestas en el Manifiesto consistían en la expropiación de la propiedad agraria, la centralización del crédito y el transporte en manos del Estado, el crecimiento de la propiedad estatal, la liquidación paulatina de los contrastes entre la ciudad y el campo, la obligatoriedad de trabajo para todos, etc.

    El comunismo nace de la destrucción de la propiedad privada y su transformación en propiedad social. Marx y Engels desenmascaran a los economistas burgueses, que identifican la propiedad privada y la propiedad individual, y afirman que los comunistas quieren destruir la propiedad individual, adquirida mediante el trabajo propio. En el Manifiesto, Marx y Engels subrayan que "el comunismo no arrebata a nadie la facultad de apropiarse de los productos sociales; no quita más que el poder de sojuzgar el trabajo ajeno por medio de esta apropiación".

    En la sociedad burguesa, el trabajo humano es tan solo un medio de aumentar el trabajo acumulado. En la sociedad comunista, el trabajo a cumulado es tan solo un medio de ampliar y facilitar el proceso vital de los obreros.

    En estas tesis del Manifiesto se refleja la diferencia radical que existe entre los fines de la producción en la sociedad capitalista y en la sociedad comunista.

    En el se caracteriza a la sociedad comunista como una sociedad sin clases, en la que el poder político, en el sentido de la palabra desaparece.

    En el Manifiesto se exponen problemas relacionados directamente con la historia de las doctrinas económicas. Se critican todas las formas de socialismo premarxista. Marx y Engels dividen este socialismo en tres grupos según su contenido de clase: reaccionario, conservador y utópico-crítico.

    El socialismo reaccionario es, ante todo, el socialismo feudal, que refleja las aspiraciones de la nobleza feudal a apoyarse en el pueblo para recuperar las posiciones que había perdido en su lucha contra la burguesía. Marx y Engels incluyen también en el socialismo reaccionario el socialismo pequeño-burgués. Este último, aunque encerraba una critica del capitalismo, era en esencia reaccionario, ya que perseguía el retiro de la gran producción industrial a la pequeña producción.

    A diferencia del socialismo reaccionario, el conservador trata de mantener las relaciones capitalistas. Por su contenido de clase es burgués, y constituye un intento de la burguesía de engañar a los trabajadores con pequeñas reformas.

    La critica que del socialismo burgués hicieron Marx y Engels no ha perdió su valor en los momentos actuales. Los socialistas de derecha contemporáneos, los laboristas y los revisionistas, repiten los postulados fundamentales del socialismo burgués, y tratan también de encubrir el capitalismo con la etiqueta socialista, con el fin de apartar a los trabajadores de la lucha revolucionaria.

    Marx y Engels entendían como socialismo utópico-crítico la doctrina de los que reflejaron por primera vez los intereses del proletariado y de todos los trabajadores explotados por el capital. El socialismo utópico-crítico surgió en el periodo en que el capitalismo y la lucha de clases del proletariado no habían alcanzado aun un gran desarrollo. Estas circunstancias condicionaban sus errores: su incomprensión del papel histórico del proletariado, su desvinculación del movimiento obrero, la falta de un profundo análisis del capitalismo y de una fundamentación científica de la inevitabilidad del socialismo. Pero a la vez, Marx y Engels mostraron los aspectos positivos de los grandes socialista utópicos, que consistían en su critica del capitalismo y en su visión de muchos rasgos de la sociedad socialista. Marx y Engels subrayaron que a medida que se fuera desarrollando la lucha de clase del proletariado, el socialismo utópico-crítico, con su obstinada negación de la lucha de clases, se transformaría en socialismo conservador y reaccionario.

    El Manifiesto del Partido Comunista representó un nuevo paso en la transformación revolucionaria de la economía política. En esta obra, Marx y Engels hicieron un resumen de sus primeras investigaciones, y profundizaron la doctrina de la aparición del capitalismo y el desarrollo de sus contradicciones, del capital y el trabajo asalariado y de la revolución socialista.

    En el Manifiesto del Partido Comunista no se habla de la ley económica fundamental del capitalismo, que aun no había sido descubierta, ni se realiza tampoco ninguna investigación acerca de otras leyes económicas del capitalismo. La conclusión sobre el carácter inevitable de la revolución socialista y de la dictadura del proletariado necesitaba, por tanto, una fundamentación ulterior.

    Manuscritos de "El capital" de la década del sesenta

    En 1861, Marx continuó trabajando en la parte dedicada al capital. Entre agosto de 1861 y junio de1863, escribió un nuevo manuscrito de 1.472 páginas. En el analiza Marx problemas que posteriormente terminó de elaborar en los tomos 1 y 2 de El Capital. Los problemas del tomo 3 se dan en la sección titulada "Teoría de la  plusvalía", que contiene una historia critica del problema.

    En el manuscrito de 1861-1863, el orden de exposición no es todavía el que aparece en El Capital. La investigación del capital y la teoría de la plusvalía se ven interrumpidas por el análisis de las formas especiales de la plusvalía y la critica de las teorías burguesas. Mientras trabajaba en el manuscrito de 1861-1863, Marx concibe la idea de unificar todo su trabajo bajo el titulo general de El Capital.

    Idea básica de "El Capital"

    El Capital es "la obra básica y fundamental en que se expone el socialismo científico"(Lenin).Contiene la exposición de la doctrina económica de Marx.

    En el prólogo al tomo 1 de El Capital Marx escribe: "El objetivo final de esta obra es demostrar la ley del desarrollo (...)de la sociedad moderna..." En el mismo lugar, Marx subraya que considera el desarrollo de la formación económica como un proceso historico-natural.

    Ya antes de aparecer El Capital, Marx había escrito numerosos e importantes trabajos económicos. Entre ellos se cuentan varias obras de la década del 40 y Contribución a la critica de la economía política. Pero solo en el Capital llego Marx a investigar plenamente la fisiología de la sociedad burguesa. Solo en El Capital se analiza el desarrollo del capitalismo, comenzando por sus primeras fases para terminar con la fundamentación de su inevitable desaparición.

    La publicación de El Capital significó un cambio total en la economía política. Marx expone en el su doctrina de la plusvalía que, según palabras de Lenin, es la piedra angular de la teoría económica del marxismo. En esa doctrina, Marx descubre la ley económica fundamental del capitalismo, explica el secreto de la explotación capitalista.

    Marx investiga también en El Capital otras leyes económicas  del capitalismo: la ley universal de la acumulación capitalista , la ley capitalista de la población, etc. Examina la lucha de clases y el papel que desempeña el Estado burgués y critica la ideología burguesa.

    En El Capital se ofrece una síntesis profunda de la experiencia practica del movimiento obrero internacional. Queda elaborada en todos sus aspectos una teoría que "...une un rígido y supremo cientificismo al revolucionarismo, y los une, no por casualidad, no solo porque el fundador de la doctrina unía en sí personalmente las cualidades del científico y del revolucionario, sino que los une en la teoría misma, con lazos internos  e indisolubles". (de Ibídem). Esta vinculación interna de la teoría y la practica revolucionarias resalta cuando El Capital fundamenta la conclusión de la inevitabilidad  de la revolución socialista y de la dictadura del proletariado. Gracias a ello, el partido revolucionario del proletariado tuvo la posibilidad de apoyar su actividad en la teoría científica. Se puso en claro el objetivo del movimiento obrero y los medios de emplear para alcanzarlo. La teoría revolucionaria se convirtió en guía para la acción. Con la aparición de El Capital , escribe Lenin, "el marxismo actuó ya completamente pertrechado con la teoría".

    Edmund Burke

    Biografía:

                Estadista y filósofo político británico nacido en Irlanda, famoso tanto por su brillante oratoria como por su crítica de la Revolución Francesa. Burke nació en Dublin y fue educado en el Trinity College de esa ciudad.

    Durante un breve período estudió derecho en Londres, introduciéndose en la vida cultural londinense. Su primera obra importante fue "Vindicación de la sociedad natural"(1756), sátira que ridiculizaba el razonamiento del estadista británico Henry St john Bolingbroke. Esta obra, publicada de forma anónima, tuvo un destacado éxito, al igual que su ensayo "Investigación filosófica sobre el origen de nuestra ideas de lo sublime y lo bello"(1756).En 1757 comenzó su carrera como editor fundando El registro anual, anuario político británico, al que dedicó treinta años de su vida.

    En 1761 Burke se convirtió en secretario privado de Wiiliam Hamilton, gobernador de Irlanda, y cuatro años más tarde se convirtió en secretario privado del primer ministro Charles Watson-Wentworth, marqués de Rockingham(1765-1766), cargo que ostentaría hasta la muerte de Rockingham en 1782. En 1766 fue elegido miembro whig del Parlamento por el pequeño distrito de Wendover.

    En un escrito titulado "Pensamientos sobre la causa de los descontentos actuales"(1770), y en dos discursos, 'De los impuestos americanos'(1774) y 'Conciliación con América'(1775), pidió justicia y reconciliación para las colonias americanas. Su escrito criticaba también los intentos del rey Jorge III de aumentar el poder real a costa del Parlamento. En 1774 fue elegido diputado al Parlamento por Bristol sin ninguna adscripción partidista, aunque sus esfuerzos por aliviar la discriminación comercial y religiosa que sufría Irlanda le costaron su escaño en 1780; desde ese momento hasta 1794 pasó a ser designado en representación del pequeño distrito de Malton. Nombrado en 1781 para formar parte de un selecto comité parlamentario sobre la India, Burke comenzó a investigar con empeño el gobierno colonial de la Compañía de las Indias Orientales.

    Convencido de que la corrupción existente en el seno del gobierno indio exigía la supresión del poder de favoritismo de la Compañía, redactó en 1783 un proyecto de ley para las indias Orientales, que fue rechazado en el Parlamento. Burke persistió, haciendo responsable de la corrupción de la India  al estadista y administrador colonial Warren Hastings. El 15 de febrero de 1788 Burke dio comienzo a su clásico discurso de cuatro días en Westminster Hall, en el debate que siguió al impeachment contra Hating por graves delitos y faltas cometidos en la India. A  pesar de su insistencia Hastings fue declarado inocente tras un juicio que duró siete años, y en el que Burke vio afectada su reputación por exceso de celo y por los insultos personales.

    La publicación de Reflexiones sobre la Revolución  de Francia (1790), leída en toda Europa, le confirmó como el defensor más elocuente del orden establecido. Criticó de forma especial la idea de la Revolución, como veremos más adelante, y su exaltación de principios abstractos por encima de la evolución social, considerando al orden social como producto del derecho natural y desconfiando de la capacidad del racionalismo para criticar y modificar ese orden.

    Se retiró de la vida parlamentaria en 1794. Aunque nunca llegó a hacer una formulación global de su pensamiento, sus ideas se convirtieron en la base del conservadurismo político británico moderno. Murió en el año 1797.

    Burke no escribió ningún tratado sobre teoría política. Sus pensamientos sobre política se expresan en cartas, discursos y panfletos de circunstancias. La inspiración es siempre la misma. Es, en primer lugar (en este hombre que es ante todo un contradictor), el odio hacia los "filósofos parisienses"(en particular Rousseau), hacia esos "audaces experimentadores de la nueva moral".

    No es que no admita, muy por el contrario, la teoría del contrato social y de la soberanía del pueblo; pero nadie insistió más que él en la idea de que razón y teoría no son referencias válidas para la vida de las sociedades. Violento detractor del " legalismo", Burke niega que las constituciones puedan "hacerse": no pueden más que "crecer", gracias a la adquisición del "patrimonio razonable de los siglos".

    Las "Reflexiones sobre la Revolución Francesa" fue un elogio de la revolución francesa pronunciado por Price el 4 de noviembre de 1789 en la Sociedad de la Revolución.

    Burke se indigna, ante todo, de que Price haya propuesto la revolución francesa a los británicos como modelo. ¿No son acaso éstos, gracias a la revolución de 1688 y a las tradiciones y Constitución del reino, un pueblo libre? En la libertad proclamada en Francia no ve y prevé más que una fuente indefinida de desórdenes.

    "Yo hubiera suspendido mis felicitaciones a Francia por su nueva libertad hasta que me hubiera dado cuenta de como tal libertad se adecuaba con el Gobierno, con la fuerza pública, con la disciplina y obediencia de los ejércitos con la percepción y buena distribución de los ingresos, con la moralidad y la religión..."[cit. de la trad. de Enrique Tierno Galvan, pag. 36]

    Se comprende enseguida el movimiento constante de Burke a privilegiar bruscamente los valores prácticos, únicos guardianes del orden natural.

    Burke enfrenta, en un cuadro violentamente contrastado, a la Revolución francesa, con la Constitución inglesa, cuya profunda sabiduría no reside en algunas reglas o principios, sino en una amplísima y sutil armonía de costumbres, prejuicios e instituciones concretas depositadas en el curso de los siglos; las cuales frecuentemente, sin excluirse lógicamente entre sí, se han superpuesto, armonizado y "fundido", suscitando el diálogo alternativo de los partidos políticos, cuyo papel consiste , a la vez, en estimular y equilibrar ese organismo vivo que es la Constitución británica.

    Esta antítesis entre las dos Constituciones y las dos libertades constituye el telón de fondo sobre el que Burke proyecta, a propósito del comienzo de la Revolución francesa, los principales temas de una filosofía del conservadurismo.

    La novedad de la Revolución Francesa, que Burke diferencia radicalmente de las demás revoluciones y a la que relaciona más bien con los desordenes y trastornos de origen religioso, consiste en ser una "revolución de doctrina y dogma teórico"

    Elogio de las sujeciones: Burke cree que la sociedad civil descansa sobre un contrato que puso fin al estado de naturaleza, que era el que correspondía a "nuestra desnuda y temblorosa naturaleza ".Según Burke la sociedad civil tiene, sin duda, el fin de proteger los derechos de los hombres, pero estos derechos son exclusivamente el derecho de alcanzar la felicidad mediante la victoria de la virtud sobre las pasiones. Por ello, ha de contarse en primer término, entre esos derechos, el derecho a ser gobernado, el derecho a las leyes, a las sujeciones.

    Las libertades, no la libertad: Así como Burke defendió ante todo, en la causa de los colonos de América, las libertades de las comunidades inglesas contra la tentativa centralizadora de Jorge III, así se alza contra los proyectos de la Asamblea nacional francesa de remediar el aparente capricho de la organización administrativa y financiera de la monarquía. Según él, las libertades sólo pueden ser el producto de una herencia. En cambio, la libertad proclamada como absoluta no proporciona sino miseria.

    La revolución como castigo: Bosquejando un tema que Maistre desarrolla luego, Burke no dista mucho de considerar la Revolución francesa como un castigo de Dios por los pecados de los hombres. En su pesimismo llega a pensar que los hombres no serán ni lo bastante virtuosos ni lo suficientemente resueltos como para oponer una barrera a una corriente tan poderosa.

    La Constitución "prescriptiva"

    Se ha discutido mucho respecto a la coherencia de la filosofía política de Burke, y en especial a la congruencia entre sus principios whigs y su violenta reacción contra la Revolución francesa. Esa reacción destruyó asociaciones y amistades políticas de toda la vida y sus contemporáneos la juzgaron incompatible con su anterior defensa  de las libertades norteamericanas, su ataques contra el control ejercido por el rey sobre el parlamento y su empeño en acabar con los intereses creados de la Compañía de las Indias Orientales. En realidad esto era una equivocación. La coherencia de las opiniones políticas de Burke no fue nunca la de un sistema lógicamente construido, pero los mismos principios conservadores que motivaron su ataque contra la revolución se encuentran en todos sus escritos anteriores.

    Burke, acepto la teoría trasmitida por Locke de que la constitución era un equilibrio entre la corona, los lores y los comunes. Podía utilizar para fines retóricos el peso de la autoridad de Montesquieu, pero en realidad su idea del equilibrio constitucional tenía poco que ver con la separación de poderes que los liberales consideraban como baluarte de las libertades individuales. Para Burke existe ese equilibrio entre los grandes intereses creados del reino, y su base es simplemente la prescripción, no la inviolabilidad de los derechos individuales.

    Según él, la constitución prescriptiva es una constitución cuya única autoridad consiste en que ha existido inmemorial. El rey, los lores, los jueces , los jurados son todos ellos prescriptivos.

    La prescripción es el más sólido de todos los títulos, no sólo en materia de propiedad, sino también  en que ha de asegurar esa propiedad, el gobierno, etc.

    Esta concepción de la constitución podía apoyarse en la autoridad de Locke, pero no de aquellas partes de la obra que enseñaban que los derechos de los individuos son inviolables. Entroncaba más bien  con la tradición que Locke tomó de Hooker y que se remontaba hasta una idea pre-revolucionaria de la constitución como colaboración entre los diversos poderes; todos ellos tienen autoridad originaria, porque todos son órganos del reino, pero ninguno es legalmente soberano.

                Representación parlamentaria y partidos políticos

    Repudió la idea del distrito como unidad numérica o territorial. Negó que los ciudadanos en cuanto tales estuviesen representados y que las mayorías numéricas tuvieran alguna importancia real en la formación de la opinión madura del país. Burke concebía el gobierno parlamentario como dirigido por una minoría compacta, pero que buscaba el bien público, a la que en general el país estaba dispuesto a seguir, y en el cual el parlamento era ante todo una lugar done se podía criticar a los líderes de esa minoría y donde su partido podía exigirles responsabilidad, pero en interés de todo el país. A la vez, sus opiniones permitían alguna crítica sana del gobierno representativo que existía entonces. Señaló con acierto dificultades que surgían del intento de legislar con demasiado detalle en el parlamento. En sus discursos a los electores de Bristol escribió la defensa de la independencia de juicio y acción de un parlamentario, que ha llegado a ser clásica. Una vez elegido, el parlamentario es responsable del interés total de la nación y el imperio y debe a sus electores su mejor juicio libremente aplicado, tanto si esta de acuerdo con el de ellos como en el caso contrario.

    Además Burke formuló la clásica definición de un partido político:  Un partido es un grupo de hombres unidos para fomentar, mediante sus esfuerzos conjuntos, el interés nacional, basándose en algún principio determinado en el que todos sus miembros están de acuerdo.

    Sostuvo que todo estadista serio tiene que tener ideas acerca de lo que exige una política sana y que, si es responsable, tiene que confesar la intención de poner en práctica su política y que buscar los medios de  hacerlo así. Tiene que actuar con otras personas de opiniones análogas e impedir que consideraciones privadas quebranten su lealtad hacia ellas. Esas personas tienen que formar una unidad y negarse a alianzas o jefaturas incompatibles con los principios que constituyen la base del partido. Esta era indiscutiblemente una idea de gran importancia para la comprensión y funcionamiento del régimen constitucional.

                Los derechos abstractos y la personalidad política

    Pese a la importancia que tenían estas ideas acerca del gobierno inglés, es difícil que hubieran asegurado a Burke un lugar eminente entre los filósofos políticos. Fue la Revolución francesa lo que le obligó, muy contra su voluntad, a exponer en términos generales los principios con arreglo a los cuales había acostumbrado a actuar. En sus primeros escritos había eludido, casi con ostentación, toda filosofía política. En los dos casos en los que desempeñó un papel importante (la controversia con Norteamérica y el ataque contra los privilegios de la Compañía de las Indias orientales) se abstuvo de discutir los poderes jurídicos abstractos del parlamento y los derechos abstractos de las colonias y de la Compañía. En lo referente a Norteamérica había propuesto consultar el espíritu de la constitución, pero había negado que mereciera la pena discutir sobre su letra. Aún más, había sólido hablar despectivamente de las teorías abstractas acerca de los derechos de los ciudadanos. Había  negado que los problemas morales fueran nunca abstractos y había afirmado que " moralmente hablando, las cosas son justas o injustas por su relación o conexión con otras". En resumen, había concebido la política como un arte y un don de penetración que se ocupaba de una materia tan "evidentemente mezclada y modificada" que los derechos humanos " se encuentran en una especie de situación intermedia no susceptible de definición, pero no imposible de discernir".

    En un estado de naturaleza ruda no hay cosa semejante a un pueblo. Un cierto número de hombres no tiene en sí capacidad colectiva. La idea de un pueblo es la idea de una persona jurídica. Es eternamente artificial; y hecha, como todas las demás ficciones jurídicas, por acuerdo común. Cual fuera la naturaleza particular de ese acuerdo se deduce de la forma que ha adoptado esa determinada sociedad.( 'Appeal from the New to the old Whigs', Works,1791).

    Esta es la razón de que el ideal revolucionario de igualdad sea imposible de realizar y tenga efectos destructores. El gobierno de las mayorías no es sino una convención social, un artificio práctico implantado por acuerdo general y robustecido por el hábito. Construir un cuerpo político implica diferencias de rango entre sus miembros, una "habitual disciplina social en la que los más sabios, los más expertos y los más opulentos dirigen y, al dirigir, ilustran y protegen a los más débiles, los menos sabios y los menos provistos de bienes de fortuna". En resumen, un pueblo es un grupo organizado; tiene una historia y unas instituciones, unos modos de obrar, unas lealtades y unas autoridades habituales. Es una "verdadera personalidad política".

    Se considera con razón a Burke como fundador del conservadurismo político consciente. Casi todos los principios de este se encuentran en los discursos y folletos de Burke: una comprensión de la complejidad del sistema social, un respeto por la sabiduría de las instituciones establecidas, especialmente la religión y la propiedad, un fuerte sentido de continuidad en sus cambios históricos y una fina satisfacción moral en la lealtad que une a sus miembros a los diversos lugares que ocupan en la escala social. No se puede decir que no hubiera conservadurismo antes de Burke, pero es casi cierto afirmar que no hubo filosofía conservadora.

    Bibliografía consultada

    “El Capital” de Karl Marx resumido por Gabriel Deville

    “Elite y clase dominante” por Paul Sweezy

    “Historia de la teoría política”

    “Historia de las ideas políticas” por Sabine

                “Historia de las doctrinas económicas” por N. Karataiev y M. Ríndina

                Enciclopedia “Encarta”

                Diccionario Enciclopédico Salvat Básico



    [1] Dialéctica Método filosófico que trata de investigar y resolver las contradicciones del pensamiento y la realidad histórica. En la historia de la filosofía se distinguen tres concepciones fundamentales de d.: la platónica, la hegeliana y la marxista. (... )

    [2] Materialismo Doctrina metafísica que niega la existencia de sustancias espirituales y considera la materia como único constitutivo básico de lo real. (...)El m.dialéctico, por el contrario, admite transformaciones cualitativas y la emergencia de nuevos planos de realidad, que merecen ser explicados mediante leyes propias.


     
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