Introducción, Desarrollo, Nunca más, Madres de Plaza de Mayo,Conclusión, Anexo, centros clandestinos de detencion, zonas.
Introducción
Día a día se descubrían cientos de cadáveres no
identificados (NN)enterrados en fosas comunes o en fondos de lagos. El represor
Ramón Camps admitió que era responsable por el secuestro y la muerte de 5.000. Esa gente había sido
enterrada en tumbas sin inscripciones, pero lo justificaba diciendo que no eran
personas sino subversivos que querían poner un sistema político antihumanista,
anticristiano. La indignación popular
iba en aumento.
Se creó la Comisión Nacional Sobre La Desaparición De
Personas. La CONADEP estaba dirigida por el escritor Ernesto Sábato y compuesta
por numerosas personas de nuestra cultura; su misión era investigar y reunir
pruebas sobre el destino de los detenidos-desaparecidos los secuestros y
prisiones secretas e ilegales, la tortura y asesinatos. Durante nueve meses
reunió miles de expedientes con testimonios de sobrevivientes de los campos de
concentración, y de familiares y de
amigos de desaparecidos. Se sintetizó en el libro “Nunca Mas”.
Después de esta publicación fueron fracasados los
intentos militares de ser juzgados solo por sus pares, y los casos fueron
pasados a tribunales de apelaciones civiles. Alfonsín estaba dispuesto a disminuir el poder de los militares, reduciendo
su presupuesto y pasando oficiales de alto rango a retiro. Estas medidas y los
juicios provocaron distintas reacciones como la colocación de bombas por las
bandas clandestinas, acusaciones al gobierno marxista y a la asociación de los
derechos humanos de terroristas, mitines contra el gobierno de FAMUS (Familias
de Muertos por la Subversión ),etc.. Los juicios a las jerarquías militares de
la última dictadura comenzaron en 1985 y duraron hasta fin de año, siendo
varios condenados a cadena perpetua o a muchos años de prisión. Los procesos
judiciales aumentaba en número, y no se limitaron a militares, si no que
también en 1986 fue extraditado desde Miami José López Rega acusado de
corrupción y de conspiración terrorista por su papel en la “Triple A”.
Para finalizar debido a todas las muertes solo quedan
pocos testigos de los cuales, menos aún deben decir la verdad. No sé si algún
día se sabrá toda la verdad lo dudo mucho.
¿Era necesario lastimar a tanta
gente, había que ser cruel, se sentían superiores cuando maltrataban, cual es
el fondo de esta cuestión, donde esta lo oculto que no nos permite entender
como un ser humano puede cometer tantas atrocidades?
Desarrollo
Durante la década del 70 la Argentina fue
convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de
la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así
aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción
de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. Pero
esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para
combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales
ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en
juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los
servicios de seguridad le propuso al General Della Chiesa torturar a un
detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables:
"Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la
tortura" .
No fue de esta manera en nuestro país: a los
delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo
infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976
contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando,
torturando y asesinando a miles de seres humanos.
Con la técnica de la desaparición y sus
consecuencias, 'todos los principios éticos; que las grandes religiones y las
más elevadas filosofías erigieron años de sufrimientos y calamidades fueron
pisoteados y bárbaramente desconocidos.
Son muchísimos los pronunciamientos sobre los
sagrados derechos de la persona a través de historia y, en nuestro tiempo,
desde los que consagró la Revolución francesa hasta los estipulados en las
Cartas Universales de Derechos Humanos y en las grandes encíclicas de este
siglo. Todas las naciones civilizadas, incluyendo la nuestra propia,
estatuyeron en sus constituciones garantías que jamás pueden suspenderse, ni
aun en los más catastróficos estados de emergencia: el derecho a la vida, el derecho
a la integridad personal, el derecho a proceso; el derecho a no sufrir
condiciones inhumanas de detención, negación de la justicia o ejecución
sumaria.
Los derechos humanos fueron violados en forma
orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de
manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares
secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. Cómo no
atribuirlo a una metodología del terror planificada por los altos mandos? Cómo
podrían haber sido cometidos por perversos que actuaban por su sola cuenta bajo
un régimen rigurosamente militar, con todos los poderes y medios de información
que esto supone? Cómo puede hablarse de "excesos individuales"? De
nuestra información surge que esta tecnología del infierno, fue llevada a cabo
por sádicos pero regimentados ejecutores. Si nuestras inferencias no bastaran,
ahí están las palabras de despedida pronunciadas en la junta Interamericana de
Defensa por el jefe de la delegación argentina, General Santiago Mar Riberos,
el 24 de enero, de 1980: "Hicimos la guerra con la doctrina en la mano,
con las órdenes escritas de los Comandos Superiores". Así, cuando ante el
clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar
deploraban los "excesos de la represión, inevitables en una guerra
sucia", revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos
independientes los espantos planificados.
Los operativos de secuestro manifestaban la
precisa organización, a veces en los lugares de trabajo de los señalados, otras
en plena calle y a la luz del día, mediante procedimientos ostensibles de las
fuerzas de seguridad que ordenaban "zona libre" a las comisarías
correspondientes. Cuando la víctima era buscada de noche en su propia casa,
comandos armados rodeaban la manzana y entraban por la fuerza, aterrorizaban a
padres y niños, a menudo amordazándolos y obligándolos a presenciar los hechos,
se apoderaban de la persona buscada, la golpeaban brutalmente, la encapuchaban
y finalmente la arrastraban a los autos o camiones, mientras el resto del
comando casi siempre destruía o robaba lo que era transportable. De ahí se
partía hacia el antro en cuya puerta podía haber inscriptas las mismas palabras
que Dante leyó en los portales del infierno: "Abandonad toda esperanza,
los que entráis".
De este modo, en nombre de la seguridad
nacional, miles y miles de seres humanos, generalmente jóvenes y hasta
adolescentes, pasaron a integrar una categoría tétrica y fantasmal: la de los
Desaparecidos. Palabra -triste privilegio argentino- que hoy se escribe en
castellano en toda la prensa del mundo.
Arrebatados por la fuerza, dejaron de tener
presencia civil. Quiénes exactamente los habían secuestrado? Por qué? Dónde
estaban? No se tenía respuesta precisa a estos interrogantes: las autoridades
no habían oído hablar de ellos, las cárceles no los tenían en sus celdas, la
justicia los desconocía y los hábeas corpus sólo tenían por contestación el
silencio. En torno de ellos crecía un ominoso silencio. Nunca un secuestrador
arrestado, jamás un lugar de detención clandestino individualizado, nunca la
noticia de una sanción a los culpables de los delitos. Así transcurrían días,
semanas, meses, años de incertidumbres y, dolor de padres, madres e hijos, todos
pendientes de rumores, debatiéndose entre desesperadas expectativas, de
gestiones innumerables e inútiles, de ruegos a influyentes, a oficiales de
alguna fuerza armada que alguien les recomendaba, a obispos y capellanes, a
comisarios. La respuesta era siempre negativa.
En cuanto a la sociedad, iba arraigándose la
idea de la desprotección, el oscuro temor de que cualquiera, por inocente que
fuese, pudiese caer en aquella infinita caza de brujas, apoderándose de unos el
miedo sobrecogedor y de otros una tendencia consciente o inconsciente a
justificar el horror: "Por algo será", se murmuraba en voz baja, como
queriendo así propiciar a los terribles e inescrutables dioses, mirando como
apestados a los hijos o padres del desaparecido. Sentimientos sin embargo
vacilantes, porque se sabía de tantos que habían sido tragados por aquel abismo
sin fondo sin ser culpable de nada; porque la lucha contra los
"subversivos", con la tendencia que tiene toda caza de brujas o de
endemoniados, se había convertido en una represión demencialmente generalizada,
porque el epíteto de subversivo tenía un alcance tan vasto como imprevisible.
En el delirio semántico, encabezado por calificaciones como,
"marxismo-leninismo", "apátridas", 9cmaterialistas y ateos",
"enemigos de los valores occidentales y cristianos", todo era
posible: desde gente que propiciaba una revolución social hasta adolescentes
sensibles que iban a villas-miseria para ayudar a sus moradores. Todos calan en
la redada: dirigentes sindicales que luchaban por una simple mejora de
salarios, muchachos que habían sido miembros de un centro estudiantil,
periodistas que no eran adictos a la dictadura, psicólogos y sociólogos por
pertenecer a profesiones sospechosas, jóvenes pacifistas, monjas y sacerdotes
que habían Llevado las enseñanzas de Cristo a barriadas miserables. Y amigos de
cualquiera de ellos, y amigos de esos
amigos, gente que había sido denunciada por
venganza personal y por secuestrados bajo tortura. Todos, en su mayoría
inocentes de terrorismo o si quiera de pertenecer a los cuadros combatientes de
la guerrilla, porque éstos presentaban batalla y morían en el enfrentamiento o
se suicidaban antes de entregarse, y pocos Llegaban vivos a manos de los
represores.
Desde el momento del secuestro, la víctima
perdía todos los derechos; privada de toda comunicación con el mundo exterior,
confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales, ignorante
de su destino, mediato o inmediato, susceptible de ser arrojada al río o al
mar, con bloques de cemento en sus pies, o reducida a cenizas; seres que sin
embargo no eran cosas, sino que conservaban atributos de la criatura humana: la
sensibilidad para el tormento, la memoria de su madre o de su hijo o de su
mujer, la infinita vergüenza por la violación en público; seres no sólo
poseídos por esa infinita angustia y ese supremo pavor, sino, y quizás por eso
mismo, guardando en algún rincón de su alma alguna descabellada esperanza.
De estos desamparados, muchos de ellos apenas
adolescentes, de estos abandonados por el mundo hemos podido constatar cerca de
nueve mil. Pero tenemos todas las razones para suponer una cifra más alta,
porque muchas familias vacilaron en denunciar los secuestros por temor a
represalias. Y aún vacilan, por temor a un resurgimiento de estas fuerzas del
mal.
Con tristeza, con dolor hemos cumplido la misión
que nos encomendó en su momento el Presidente Constitucional de la República.
Esa labor fue muy ardua, porque debimos recomponer un tenebroso rompecabezas,
después de muchos años de producidos los hechos, cuando se han borrado
deliberadamente todos los rastros, se ha quemado, toda documentación y hasta se
han demolido edificios. Hemos tenido que basarnos, pues, en las denuncias de
los familiares, en las declaraciones de aquellos que pudieron salir del
infierno y aun en los testimonios de represores que por oscuras motivaciones se
acercaron a nosotros para decir lo, que sabían.
En el curso de nuestras
indagaciones fuimos insultados y amenazados por los que cometieron los
crímenes, quienes lejos de arrepentirse, vuelven a repetir las consabidas
razones de "la guerra sucia", de la salvación de la patria y de sus
valores occidentales y cristianos, valores que precisamente fueron arrastrados
por ellos entre los muros sangrientos de los antros; de represión. Y nos acusan
de no propiciar la reconciliación nacional, de activar los odios y
resentimientos, de impedir el olvido. Pero no es así no estamos movidos por el
resentimiento ni por el espíritu de venganza; sólo pedimos la verdad y la
justicia, tal como por otra parte las han. pedido las iglesias de distintas
confesiones, entendiendo que no podrá haber reconciliación sino después del
arrepentimiento de los culpables y de una justicia que se fundamente en la
verdad. Porque, si no, deberla echarse por tierra la trascendente misión que el
poder judicial tiene en toda comunidad civilizada. Verdad y justicia, por otra
parte, que permitirán vivir con honor a los hombres de las fuerzas armadas que
son inocentes y que, de no procederse así, correrían el riesgo de ser
ensuciados por una incriminación global e injusta. Verdad y justicia que
permitirá a esas fuerzas considerarse como auténticas herederas de aquellos
Ejércitos que, con tanta heroicidad como pobreza, Llevaron la libertad a medio
continente.
Se nos ha acusado, en fin, de. denunciar sólo
una parte de los hechos sangrientos que sufrió nuestra nación en los últimos
tiempos, silenciando los que cometió el terrorismo que precedió a marzo de
1976, y hasta, de alguna manera, hacer de ellos una tortuosa exaltación. Por el
contrario, nuestra Comisión ha repudiado siempre aquel terror, y lo repetimos
una vez más en estas mismas páginas. Nuestra misión no era la de investigar sus
crímenes sino estrictamente la suerte corrida por los desaparecidos,
cualesquiera que fueran, proviniesen de uno o de otro lado de la violencia. Los
familiares de las víctimas del terrorismo anterior no lo hicieron, seguramente,
_porque ese terror produjo muertes, no desaparecidos. Por lo demás el pueblo
argentino ha podido escuchar y ver cantidad de programas televisivos, y leer
infinidad de artículos en diarios y revistas, además de un libro entero
publicado por el gobierno militar, que enumeraron, describieron y condenaron
minuciosamente los hechos de aquel terrorismo.
Las grandes calamidades son siempre
aleccionadoras, y sin duda el más 'terrible drama que en toda su historia
sufrió la Nación durante el período que duró la dictadura militar iniciada en
marzo de 1976.
Nunca más
Nuestra
Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces
constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso
de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido
varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la
existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de
cincuenta mil páginas; documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura
militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje.
Y, si bien debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, no podemos
callar ante lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo, cual va mucho más
allá de lo que pueda considerarse como delictivo para alcanzar la tenebrosa
categoría de los crímenes de lesa humanidad.
Comisión
Nacional sobre la Desaparición de Personas
Conclusión
Después de haber investigado, leído y escuchado acerca
de este doloroso pasado que está en el corazón de todos los argentinos, tanto
los que lo vivieron como los que lo escucharon, pude comprender algunas cosas.
Siempre sentí que todo este tema había ideas y sentimientos encontrados
dependiendo del ojo con que se lo analizara y entonces, no era claro. Entre
otras cosas pude entender por qué era mejor no recordar.
La primer sensación que tuve es de dificultad para
poder diferenciar los buenos de los malos. Mi abuelo era militar de alto rango,
y se había retirado antes del inicio del Proceso. Tanto él como su familia,
incluida mi madre, sufrieron en carne propia esta parte de nuestra historia
reciente, porque fueron objeto de amenazas y hasta un intento de secuestro. Su
versión de los hechos está teñida del miedo y el dolor de esa época. Gracias a
esta investigación me enteré que las cosas no son como dicen las “Madres de Plaza de Mayo”, obviamente sin criticarlas, porque no puede desconocer el dolor que
tienen el sus almas. Pero me parece que a partir del sentimiento genuino de
madres que desconocen el paradero de sus hijos porque sorpresivamente
“desaparecieron”, su movimiento terminó
siendo más un partido político que una acción de reclamo. Las dos versiones
parecen tener profundas razones y alimentan los sentimientos encontrados de los
que hablaba al principio. Como yo no viví en esa época me cuesta mucho
interpretar cuál es la verdad porque hasta mi propia familia estuvo involucrada
en el tema.
Creo que esto no fue culpa de nadie en particular, fue
culpa de todos. Adoptar la violencia como método para conseguir mejoras
sociales y políticas me parece tan
aberrante como usarla para restaurar un orden supuestamente subvertido. Y no me
parece que se pueda aceptar la muerte (o desaparición) de sospechosos o
directamente de personas inocentes como el costo de una reorganización
nacional. En algún sentido pareciera que todos, los de uno y otro bando, y aún
los que no tomaron partido, quedaron lastimados y la sociedad toda hoy, 25 años después, sigue partida en dos.
¿Pero porque los militares son la basura y los
subversivos los santos? Murió mucha gente: subversivos, militares y gente
inocente...
Fue una guerra, en la guerra se mata gente
indiscriminadamente, todos contra todos. Ese fue el problema no se pensó en el
sufrimiento de los demás solo en la venganza.....
Bibliografía
4
www.nuncamas.org.
4
30
años de historia política argentina (1965-1995).
4
Nunca
Mas.

Anexo

Zona 1
59 Centros
Clandestinos de Detención
Capital Federal, casi toda la
provincia de Buenos Aires, y provincia de La Pampa
POBLACION: 11.502.200 habitantes (Censo de 1980).
Subzona
Capital Federal (1/CF)
14 Centros Clandestinos de
Detención
Area 1/CF/I
4 Centros Clandestinos de Detención
>
Superintendencia de Seguridad, Moreno 1417
> Garage Azopardo, Azopardo
650
> Comisaría 1a., Lavalle 451
> Comisaría 6a., Venezuela
1931
Area 1/CF/II
1 Centro Clandestino de Detención
> Regimiento de
Infantería I, Santa Fé y Bulrich
Area 1/CF/III
1 Centro Clandestino de Detención
> Hospital
Militar Central, Luis María Campos 726
Area
1/CF/IIIA
1 Centro Clandestino de Detención
> ESMA, Av
Libertador Gral. San Martín 8209
Area 1/CF/IV
1 Centro Clandestino de Detención
> Logístico 10,
Zufriategui 4800, Villa Marteli, Provincia de Buenos Aires
Area 1/CF/V
4 Centros Clandestinos de Detención
> Grupo de
Artillería Defensa Aérea 101, Pellegrini y Elizalde, Ciudadela, Provincia de
Buenos Aires.
> El Olimpo, Ramón Falcón y
Olivera
> Orletti (SIDE), Venancio
Flores 3519
> Hospital Aeronáutico,
Ventura de la Vega 3697

Area 1/CF/VI
2 Centros Clandestinos de Detención
> El Atlético,
Paseo Colón y Juan de Garay
Subzona
11 (1/11)
25 Centros Clandestinos de
Detención
Area 111
3 Centros Clandestinos de Detención
> Puerto Vasco,
Pilcomayo 59, Don Bosco, Quilmes.
> Pozo de Quilmes, Bell y
Garibaldi. Quilmes E.
> Comisaría 1a., Alem y
Sarmiento, Quilmes
Area
112
8 Centros Clandestinos de Detención
> Pozo de
Banfield, Siciliano y Vernet, Lomas de Zamora.
> Brigada de Investigaciones
2da. Lanús, 12 de Octubre 234, Avellaneda.
> Subcomisaría de Rafael
Calzada, Alte. Brown.
> Comisaría de Burzaco,
Burzaco
> Comisaría de Adrogué, Toll
1578, Adrogué
> Comisaría de Monte Grande,
Monte Grande
> Comisaría 4ta. de
Avellaneda, Adrogué
> Comisaría de Cañuelas,
Cañuelas.
Area
113
6 Centros Clandestinos de Detención
> Arana, 137 y
640, Arana.
> La Calesita, 55 N° 930, La
Plata
> Comisaría 5a., 24 y 74, La
Plata
> Comisaría 8va., La Plata
> Guardia de Infantería de
Seguridad de la Policía de Bs.As., 1 y 60, La Plata.
> Unidad Penitenciaria N° 9,
La Plata
Area
114
5 Centros Clandestinos de Detención
> Sheraton,
Quintana y Tapalqué, V. Insuperable
> El Banco, Richieri y Camino
de Cintura
> El Vesubio, Richieri y
Camino de Cintura
> Brigada de Investigaciones,
Villegas 2459, San Justo
> Comisaría 2da., Av. de Mayo
549, La Matanza
Area
115
Sin Información disponible
Area
116
2 Centros Clandestinos de Detención
> Casa del
Cilindro, Dentro del Batallón, Labougle y Guemes, City Bell, La Plata.
> Los Plátanos, Estación
Plátanos
Area
FT5
1 Centro Clandestino de Detención
> Batallón de
Infantería de Marina N° 3, Ensenada

Subzona
12 (1/12)
7 Centros Clandestinos de
Detención
Area 121
1 Centro Clandestino de Detención
> La Huerta,
Dentro del Batallón Logístico 1, Pujos s/N°, Tandil.
Area 122
2 Centros Clandestinos de Detención
> Base Naval de
Punta Indio, Magdalena.
> Instituto Penal de las
Fuerzas Armadas, Magdalena.
Area 123
2 Centros Clandestinos de Detención
> Delegación
Policía Federal, Azul
> Brigada de Investigaciones
Policía de Buenos Aires, Avellaneda 705, Las Flores.
Area 124
2 Centros Clandestinos de Detención
> Monte Pelone
(o Sierras Bayas), Sierras Bayas, Olavarría
> Comisaría, trenque Lauquen
Area 125
No hay antecedentes. Pudo funcionar un CCD dentro de la
unidad militar. Allí fue torturado y desaparecido el soldado conscripto THOMAS
MOLINA en 1976

Subzona
13 (1/13)
1 Centro Clandestino de
Detención
Area 131
Sin Información disponible
Area 132
1 Centro Clandestino de Detención
> Brigada de
Investigaciones, Rivadavia 71, San Nicolás
Area 133
Sin Información disponible

Subzona
14 (1/14)
Sin Información disponible

Subzona
15 (1/15)
6 Centros Clandestinos de
Detención
Area 151
3 Centros Clandestinos de Detención
> Cuartel
Central de Bomberos, Mar del Plata
> Comisaría 4a., Mar del Plata
> Destacamento Policía de
Batán, Ruta Nacional 88, km.15
Area 152
Sin Información disponible
Area FT6
2 Centros Clandestinos de Detención
> Base Naval,
Mar del Plata
> Escuela de Suboficiales de
Infantería de Marina, Mar del Plata
Area ARA