Clasificación genética o por grupos
de familias
El
hecho de que dos lenguas tengan el mismo orden de las palabras dentro de la
oración no quiere decir que estén relacionadas entre sí. Para saber cuándo lo
están hay que estudiar su genealogía y clasificarlas desde el punto de vista
genético. Esta clasificación, a diferencia de la tipológica, supone comparar
los sistemas fonéticos y las unidades de significación para demostrar su grado
de parentesco. Del mismo modo que los parecidos familiares entre las personas
muestran su raíz genética, entre las lenguas que se hallan emparentadas esos
parecidos surgen aunque se trate de lenguas que ya estén muertas. Los miembros
de una familia lingüística poseen una conexión histórica y descienden de un
antepasado idiomático común. Los árboles genealógicos muestran las relaciones
entre las lenguas; la lengua troncal más antigua se encuentra en la cúspide del
árbol y las ramificaciones subsiguientes enseñan el grado de alejamiento o
proximidad entre los miembros de la familia. Las lenguas que están emparentadas
lo están en sus elementos gramaticales, en el léxico y exhiben correspondencias
regulares entre los sistemas fonético y semántico. Por ejemplo, la palabra
inglesa fish
y la española pez corresponden a la latina piscem, asimismo la inglesa father
y la española padre corresponden a la latina patrem. Donde el latín tiene
-t-
en posición interior de palabra, el español tiene -d- y el inglés -th-,
como lo muestra el grupo anterior patrem, padre, father. Todas están
emparentadas, son calcos, es decir, genéticamente se trata de la misma palabra.
Donde el latín y el español tienen p-, el inglés tiene f-. El campo en el que se
establecen las correspondencias sistemáticas entre fonemas y sememas (sonidos y
unidades de significado) de las palabras calco (también llamadas cognadas) lo
estudia la lingüística comparada; por medio de la comparación entre las lenguas
vivas ya agrupadas se intenta reconstruir el antepasado común, perdido en
muchos casos. A estas lenguas precursoras, hoy total o parcialmente
reconstruidas, se les califica como proto-, como el proto-indoeuropeo.
Familias
europeas y asiáticas
La
más conocida es la indoeuropea, que la hablan en torno a 1.500 millones de
personas, en la que están incluidas la mayoría de las lenguas europeas, las del
norte de la India y de otras regiones intermedias. Consta de las siguientes
subfamilias: itálica, germánica, celta, griega, báltica, eslava, armenia,
albanesa, indoirania y las extinguidas hitita y tocaria. Hay otras subdivisiones
en cada una de las subfamilias. El español, por ejemplo pertenece a la rama de
las lenguas románicas, que están incluidas en la subfamilia itálica dentro de
la gran familia indoeuropea. El grado de parentesco que existe entre el español
y otras lenguas de la misma familia como el inglés, el griego y el sánscrito es
cada vez más remoto.
La
familia indoeuropea es una de las doce familias que se han propuesto como
extensas agrupaciones de lenguas. Existen diverson enfoques lingüísticos a la
hora de establecer las clasificaciones. Por eso, cuando determinadas escuelas
anglosajonas hablan de familias de lenguas, los lingüistas europeos, con mayor
tradición comparativa, prefieren hablar de subfamilias. Por otro lado, éstos
últimos se muestran muy reticentes cuando se fijan determinadas agrupaciones
porque hay pocos datos y mucha premura en las clasificaciones.
En
Europa existen otras lenguas que no pertenecen a la familia indoeuropea, como
la lengua vasca, es una lengua que no parece mantener relación con ningún otro
grupo de lenguas conocidas; el finlandés, estonio, lapón (o saami) y húngaro,
son las lenguas más occidentales de la llamada rama ugrofinesa (que también
incluye otras lenguas de los Urales y de Siberia). Algunos autores vinculan la
familia altaica a las lenguas urálicas en un grupo denominado uralaltaico
(agrupación hoy desechada por la escuela comparativa); la rama principal de las
lenguas altaicas está formada por el turco, el mongol y las manchú-tungus (véase
Lenguas altaicas). En el caso de algunos grupos de lenguas siberianas que no
parecen estar emparentadas, se les ha denominado con el nombre geográfico y se
habla de las lenguas paleosiberianas. En el Cáucaso se habla de las lenguas
caucásicas; la mejor estudiada es la georgiana. Muchas lenguas de la India y de
sus vecinos al noroeste pertenecen a la rama indoirania del indoeuropeo.
Representan a más de ochenta millones de hablantes los otros dos grupos de
lenguas las munda, que se suele considerar como rama de las lenguas
austroasiáticas y la familia dravídica (ambas incluidas en las lenguas indias).
En el sur de Asia están las lenguas chinotibetanas con cientos de millones de
hablantes. Sus ramas principales son la tibetano-birmana y la china (cuyos
numerosos dialectos suponen auténticas lenguas). Algunas escuelas lingüísticas
vinculan esta rama china con las lenguas taís (donde se incluyen la tai y la
siamesa), otras estiman que no forman parte de ella.
Lenguas
del Pacífico y africanas
En el
Pacífico existen tres grandes grupos; el primero es la familia
malayo-polinesia, cuya rama occidental es la indonesia, y la oriental que está
formada por la oceánica; el segundo grupo lo configuran las lenguas papúes, las
de Nueva Guinea, con muchas lenguas aisladas y otras agrupaciones (puede que
exista algún tipo de conexión no encontrada entre ellas); el tercer grupo lo
constituyen las lenguas indígenas de Australia (emparentadas entre sí, pero no
se conoce una agrupación mayor que las incluya). Aún cabría hablar de un cuarto
tipo, el referido a la lengua tasmana, hoy desaparecida.
En
África centro-oriental se hablan las lenguas de la familia camito-semítica o
afroasiática. Está integrada por cinco ramas semíticas además del árabe y el
hebreo; el chadiano que incluye el hausa, lenguas muy difundidas en el
occidente de África; el bereber del norte de África; la cusita, que se habla en
el este de África, y la copta, hoy desaparecida. Hay otras tres grandes
familias africanas. La nigero-kordofana cuya rama más extendida es la
nigero-congoleña, la bantú, que es la agrupación más difundida en toda África,
con el swahili y el zulú. La familia nilo-sahariana, cuya principal subdivisión
es la nilo-chari y la rama nilótica con la masai. La familia khoisán incluye
las lenguas clic de los pueblos que viven en el desierto de Kalahari.
Lenguas
aborígenes americanas
Los
intentos de clasificarlas han dado como resultado la identificación de unas 150
familias, según criterios muy puntillosos. Desde otras escuelas se han agrupado
en torno a una docena de conjuntos que se han denominado superestirpes, aunque
los últimos estudios han echado abajo tales clasificaciones. Incluso, aplicando
el primer criterio quedan sin agrupar bastantes conjuntos de ellas. En la costa
del Ártico y en Groenlandia los esquimales hablan las lenguas
aleutianas-esquimales, las esquimales se subdividen en la inupik y la yupik. En
la zona subártica del Canadá se encuentran las lenguas athabasca y algonquina.
En Estados Unidos se hablaba algonquino al este del río Mississipi, que
convivía con el iroqués y la muscogi. En las Grandes Llanuras se habla una
familia de lenguas que recibe ese nombre, cuyo principal idioma es el sioux,
pero también se hablan idiomas de la rama occidental del algonquino y las
lenguas caddo. Las lenguas shoshone (de la familia yuto-azteca) se hablan en el
Great Bassin, y más al norte se localiza la familia sahapta. En la costa
noroccidental se hallan las familias salish y wakashan, las lenguas tlingit
(que se creyeron emparentadas con las lenguas athabascas) y la haida, que es una
lengua aislada. Por todo el suroeste se encuentra el apache, rama de las
athabascas, y junto a ella el grupo yuma y otra rama de las lenguas
yuto-aztecas. En California se han encontrado muchas lenguas que constituyen
pequeñas agrupaciones, cuyas relaciones no parecen claras.
La
familia yuto-azteca esta muy difundida en México y en Centroamérica, cuyo
representante más importante es el náhuatl o azteca; también se reconocen las
lenguas de la gran agrupación otomanque (mixteca, otomí, zapoteca entre otras lenguas)
así como las familias mix-zoque, totoneca o totonaco y tequistlateca. La
familia maya con varios millones de hablantes comprende unas 24 lenguas.
Según
el criterio que se aplique para clasificar las lenguas de América del Sur cabe
cifrar la existencia de unas noventa familias, que no incluyen todas las
lenguas existentes en el subcontinente. El quechua, el aimará, el guaraní y el
mapuche son las lenguas más habladas de todo el continente. En el norte del
subcontinente así como en el sur del istmo se hallan las lenguas del grupo
chibcha (con el guaimí, el paez y el warao) pero el grupo que tuvo mayor
difusión lo constituye la familia arahuaca (con el isleño, el guajiro y el
campa). En el conjunto gê se pueden incluir muchas lenguas que se hablaron en
Brasil.
Clasificación geográfica:
También
resulta de gran utilidad analizar y observar las vías de comunicación por las
que las lenguas vecinas pudieran haberse relacionado. Cuando se han estudiado,
por ejemplo, las lenguas de la costa noroccidental de los Estados Unidos, se ha
descubierto que estas lenguas compartían un léxico de pesca, lo que supone que
mantenía muchas concomitancias. Lo que supone que a lo largo de los siglos han
existido préstamos gramaticales, fonéticos y léxicos entre ellas. Sin embargo,
los parecidos regionales no certifican el parentesco ni tampoco que formen
parte de una misma clase de lenguas.
Lenguaje oral y lenguaje escrito:
Cuando
una lengua posee escritura y expresión oral, es decir, no es una lengua muerta,
suele ocurrir que su escritura posea los caracteres gráficos de otra lengua y
que haya adaptado a su alfabeto los fonemas, sílabas o morfemas que no tenía.
Al estudiar la adaptación que existe entre escritura y expresión oral, se
pueden comparar las formas oral y escrita de una lengua.
Existen
muchos tipos de escritura. En chino cada signo escrito es un morfema. En la
escritura cherokee, cada símbolo representa siempre la misma sílaba. El japonés
posee una escritura parecida, los llamados silabarios. En las escrituras que
emplean un alfabeto, como el alfabeto latino, cada signo representa un sonido
de la lengua hablada. El alfabeto latino posee 26 letras que suelen mantener
las lenguas que lo emplean, aunque no coincidan con el número de fonemas que
tienen que representar. Por ejemplo en español existen sonidos que no tenía el
latín; para representarlos se usan combinaciones de letras que se llaman
dígrafos como ll, ch, o la tilde sobre la n, ñ, para representar un
sonido inexistente en el latín clásico.
La
forma escrita de las lenguas es constante, estática y suele reflejar la forma
que tenía la lengua cuando se adoptó el alfabeto, silabario o sistema gráfico
del que se trate. En cambio, la lengua hablada es dinámica y cambia
continuamente, aunque lo haga con lentitud desde el punto de vista fonético. El
caso del español no ofrece grandes problemas de adecuación entre la escritura y
la pronunciación, sobre todo si comparamos su situación con la de otros
idiomas, como el inglés, donde la inadecuación es enorme. En los idiomas que
han adoptado una escritura reciente, como el swahili, o bien la han reformado,
como el hebreo, es donde mejor se observa la adaptación entre la lengua oral y
la escritura.
A
diferencia del habla, la escritura no representa ni el timbre, el tono, la
intensidad, la entonación, si acaso incluye, en el mejor de los casos,
determinados signos, como los de puntuación o las mayúsculas. Tampoco incluye
las variantes dialectales e idiomáticas. Prueba de ello es que los chinos que
hablan dialectos diferentes se entienden mejor por medio de las formas escritas
que por el lenguaje oral. Por ese motivo los hablantes de los distintos
dialectos del alemán escriben en alto alemán, que han adoptado como norma
escrita. En Hispanoamérica no existe en general una aguda situación de
incomunicación entre los hablantes de las diversas zonas, por lo que ni la
lengua escrita ni la hablada suponen una barrera para la comprensión entre los
hispanohablantes.
La norma lingüística:
La
forma escrita del lenguaje tiene un prestigio mayor que la oral y suele tener
una complejidad gramatical y un léxico más preciso. Así pues, la norma escrita,
que se suele denominar literaria, suele influir en el habla de la población
escolarizada. En ciertas situaciones, esos hablantes intentarán imitar la norma
escrita e incluso, por razones de cultura, evitarán el empleo de sus usos
orales, que relegan para las situaciones menos importantes. En los países
árabes, por ejemplo, las personas cultas emplean la norma del árabe clásico
tanto en el habla como en la lengua escrita, mientas que las gentes menos
instruidas sólo emplean el árabe coloquial. El uso de dos variedades de la
misma lengua y por un único hablante en situaciones distintas se denomina
diglosia. Son diglósicos los hablantes que emplean la norma literaria como
lengua oral si están en público, y su norma nativa regional cuando están entre
amigos (como ocurre con los suizos germano-hablantes).
La
norma en una lengua en realidad es aquella variedad que se ha convertido en
dominante. A menudo, sucede por razones políticas y es la legislación o la
costumbre las que la consagran. La norma lingüística es la que rige la
escritura, esto es, es la variedad literaria de la comunidad de hablantes, o al
menos la que posee una norma ortográfica o un conjunto de materiales escritos
en ella. Cuando se enseña una lengua se enseña la norma lingüística, y quienes
la aprenden no pueden incorporar sus propios hábitos personales.
Dialecto, argot y jerga:
Un
dialecto es una variedad de una determinada lengua que se distingue claramente
de aquellas que se emplean en otras zonas geográficas y por diferentes grupos
sociales. Por ejemplo, los habitantes de las islas Canarias suben a la guagua
igual que los chilenos, en tanto que los hablantes del español en la península
Ibérica lo hacen al autobús. Entre aquellos que hablan el
mismo dialecto geográfico o social, existen otras variedades lingüísticas que
dependen de situaciones específicas. Un caso diferente es el de lenguajes
especiales que emplean profesionales o gremiales (abogados, médicos,
labradores, artesanos...) cuando hablan de su profesión o grupos sociales
(jóvenes, delincuentes) que se sirven de un lenguaje informal bien como
afirmación generacional o para no ser entendidos por personas ajenos a ellos; a
estos modo de expresión se les denomina argot en general. Un argot compuesto
por toda una terminología especializada que emplean los miembros de una
determinada profesión, sin connotaciones peyorativas es lo que constituye una
jerga. También se considera jerga o germania al lenguaje del mundo del hampa.
Lo emplean los abogados, médicos, los pescadores y los críticos, por citar
algunas profesiones. El empleo de los términos argot, jerga y germanía, sin
embargo, varía enormemente según los autores.
Sabir o pidgin y lenguas criollas:
Dada
la función comunicativa del lenguaje, hay lenguas que desarrollan sus
variedades dialectales y de argot para asegurar la comunicación hasta
transformarlas por completo (eso es lo que ocurrió en el paso del latín vulgar hasta
la consolidación de las lenguas románicas). Puede ocurrir que el cambio se haga
con gran rapidez como resultado del contacto entre pueblos que hablan idiomas
distintos y tienen la urgencia de establecer intercambios. En esas situaciones
es posible que aparezca un sabir o pidgin. Es una lengua de urgencia que está
basada en la estructura gramatical de una sola lengua, pero en el léxico y en
la fonética recibe y adopta las formas de cuantas lenguas poseen las personas
que lo utilizan. En el área hispánica recibe el nombre de sabir, porque ése fue
el nombre de la primera lengua de intercambio que se basó en la gramática del
español; en el área de influencia del inglés recibe el nombre de pidgin por
motivos análogos. Estas lenguas no poseen hablantes nativos y suelen tener por
origen las necesidades de los comerciantes para hacerse entender por los
indígenas de regiones distantes en zonas costeras. Cuando los hablantes de un
sabir lo transmiten a sus hijos y se acaba convirtiendo en su primera lengua,
aparece una lengua criolla. El criollo ya posee hablantes nativos que
constituyen toda una comunidad y evoluciona como un idioma cualquiera. Un
ejemplo de todo ese proceso lo representa el papiamento, lengua que surgió en
las Antillas como sabir hasta convertirse en criolla. Otro ejemplo lo
representa el pidgin-english que se habla en los puertos chinos y que ha
evolucionado hacia un criollo, el chinook. La palabra pidgin en una creación de
esta zona a partir de la palabra inglesa business. Otro ejemplo es el caso del
idioma de Sierra Leona, el krio, que surge a partir de un pidgin inglés en la
costa de África.