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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Comparación entre Tenochtitlán y Sevilla: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 1447 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
Trabajo Práctico de Historia:
La ciudad de
Tenochtitlán fue fundada en 1375 y planificada siguiendo el esquema
cuadriculado de calles y canales construidos en torno a un recinto ceremonial
formado por pirámides, templos y palacios, entre los que destacan: el Templo
Mayor, el de Quetzalcóatl, el Juego de Pelota y el Tzompantli o altar de
sacrificios. Hay dos leguas, por cualquier parte por donde se quiere entrar,
entre la tierra firme y el cuerpo de dicha ciudad. Tiene cuatro entradas, todas
de calzada hecha a mano, tan ancha como dos lanzas jinetas.
Sevilla, a su vez,
es igual de grande que Tenochtitlán. Estaba rodeada por la gran muralla
almohade, a lo largo de unos seis kilómetros. Los ríos Guadalquivir y Tagarete
la cercaban.La muralla, de cal, arena, y guijarros, con adarve y unas
doscientas torres, barbacana almenada separada por un foso de unos tres metros
de ancho y oradada por una docena de puertas y dos o tres postigos. Comenzando
por la de la Macarena -existe todavía- y hacia el sur seguían la de Córdoba,
del Sol, Osario, Carmona, de la Carne y de Jerez. A continuación el postigo de
los Azacanes o del Carbón, el Postigo del Aceite -existe hoy-, la Puerta del
Arenal, la de Triana, la de Goles (deformación de Hércules), la de San Juan, la
de Almenilla o Barqueta y la Nueva.
La más importante
de las torres era la del Oro, albarrana, unida a la muralla por un lienzo.En
importancia le seguían las dos torres de la Puerta de Jerez, la de Córdoba, la
Torreblanca en la Macarena, la de la Almenilla y las que se alzaban Flanqueando
todas las puertas. En el siglo XVI, perdida su funcionalidad, la muralla está
abandonada; junto a ella se adosan construcciones y se elevan montones de
muladares.
Tenochtitlán posee
calles anchas, derechas, y la mayoría mitad de tierra y mitad de agua, por la
cual andan en canoas. Las calles son tan anchas que pueden pasar diez caballos
a la par.
Sevilla, a su vez,
tiene una intrincada real vial, con calles irregulares y tortuosas herencia de
la concepción intimista y secreta que del urbanismo tenían los árabes. Calles
recónditas a las que asomaban las viviendas. La basura en las calles era
general.
Las collaciones
cristianas estaban integradas por un conglomerado de viviendas y vecinos en
torno a una iglesia. Dentro de la Parroquia estaban los barrios, diferenciados
según la actividad económica, étnica o burocrática de sus habitantes:
toneleros, toqueros, francos, catalanes, etc.
Tenochtitlán posee
muchas plazas, entre las que se encuentra una que es tan grande como dos veces
la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales alrededor donde hay continuos
mercados y cotidianamente acuden casi sesenta mil personas; encontramos aquí
todos los géneros de mercaderías como joyas de oro y plata, de cobre, de
estaño, de caracoles, de plumas. Se venden también gallinas, perdices,
codornices, águilas, conejos, liebres, venados, hierbas medicinales, maíz en
grano y en pan, huevos de gallina, etcétera.
Hay además casas
de barberos, donde lavan y rapan las cabezas, hay casas donde dan de comer y
beber por precio, hay casas donde venden medicinas hechas y hay hombres
destinados a traer cargas. Finalmente se comercia en estos mercados todo
aquello que tenga que ver con la tierra; cada género de mercadería se vende en
su calle y se realiza ordenadamente.
Sevilla poseía
plazas delante de los templos, de los palacios y de los edificios públicos,
pero no eran grandes. La plaza por antonomasia era la de San Francisco,
porticada, con miradores y una bella fuente en uno de sus extremos. Las plazas
se alegraban con fuentes o caños de agua. La traída de aguas dependía de
manantiales situados en la margen izquierda del río, a través de los romanos
Caños de Carona y gracias a una serie de fuentes cercanas como la del
Arzobispo, con propiedades medicinales, la de Martín Tavara y otras de Alcalá
de Guadaíra. En las casas donde esta agua no llegaba, se disponía de pozos y
aljibes, utilizándose norias para el riego de los jardines y huertas.
Las fuentes
estaban frente al convento de San Agustín, en San Ildefonso, junto al Palacio
Arzobispal, en la pila de hierro de las Gradas, en la Plaza de San Francisco,
en San Vicente, Relator, Santa Marina, Plaza de la Feria, San Andrés, San Juan
de la Palma, Salvador y en la Carnicería Mayor. Aparte estaban las de las
Iglesias, conventos y monasterios, palacios y edificios públicos. En total
habría unas trescientas.
En Tenochtitlán,
por una calzada, vienen dos caños de argamasa, y por uno de ellos viene un
golpe de agua dulce muy buena, del gordo de un cuerpo de hombre, que va a dar
al cuerpo de la ciudad, de donde se sirven y beben todos. El otro, que va
vacío, es para cuando quieren limpiar el otro caño, porque echan por allí el
agua mientras que éste se limpia; y porque el agua debe pasar por los puentes a
causa de las quebradas por donde atraviesa el agua salada, echan la dulce por
unos canales, abasteciendo así, a toda la ciudad.
Traen a vender el
agua por canoas por todas las calles, y la toman de los caños llegando con las
canoas debajo de los puentes, por donde están los canales, y allí hay hombres
en lo alto que hinchan las canoas, y su trabajo es remunerado por eso.
El campo sevillano
era rico en plantaciones de cítricos, olivares y pinos, así como encinares
donde se criaba el cerdo, no faltando salinas, ni canteras de jaspe y mármol. A
todo esto había que añadir los espectaculares desembarcos de metales preciosos
provenientes de América y todo lo que se mercadeaba en las alcaicerías,
procedente de Francia, Inglaterra, Indias Portuguesas, norte de Europa...
(sedas, paños, perlas, objetos de oro, piedras preciosas, etc).
El entorno
sevillano era rico desde el punto de vista agrícola, ganadero y pesquero, por
lo que la ciudad tenía asegurado el abastecimiento para sí y para la población
flotante. Era una ciudad pasiva, en el sentido de que no producía lo que
ciertos mercados le demandaban, pero tampoco consumía lo que de esos mercados
recibía.
Las artesanías
callejeras mostraban una industria de abastecimiento: calzas, jubones y libros
en la calle Génova; herrajes en la calle Castro; sombreros en la calle de la
Mar; bonetes y chapines en la Gradas; perfumes y mercería en Francos; lencería
en la calle de las Escobas, etc.
Con los Austrias
Sevilla adquiere rango de gran ciudad. Las condiciones eran extraordinarias: un
asentamiento junto a un río navegable; unas defensas -murallas-; un solar
urbanizado perfectamente con calles, plazas y edificios; y una población densa
y heterogénea hacen de la urbe un modelo de ciudad renacentista. Las casas
siguieron ofreciendo unas modestas fachadas al principio, que los aires
renacentistas se encargarían de modificar en ideas monumentales, calles anchas
y rectas y magníficas alamedas. En su interior la ciudad seguía siendo clausura
e irregularidad.
Clausura por la
muralla que ya no tenía el sentido práctico de la defensa inicial;
irregularidad por su vida cosmopolita, junto a un sentimiento atávico del
pasado.
La mayoría de las
casa sevillanas tenían patios enladrillados, azulejos en los muros y tabiques, azoteas,
soberanos, corral, pozo y fuentes a veces. Aparte de las viviendas privadas
existían "corrales de vecinos" que eran viviendas comunitarias de
ascendencia inequívocamente árabe. Estos corrales poseían servicios comunes y
las viviendas se encontraban en torno al patio. Entre palacios y conventos el
historiador Peraza cuenta doce mil viviendas que daban cobijo a unas treinta
mil personas.
Hay en la gran
ciudad de Tenochtitlán muchas mezquitas, donde reside gran cantidad de gente.
Dentro de éstas hay una principal que es tan grande que se podría hacer una
villa de quinientos vecinos; tiene, todo a la redonda, muy gentiles aposentos
donde hay grandes salas y corredores donde se aposentan los religiosos que allí
residen. Hay también cuarenta torres muy altas y bien obradas, de las cuales la
más alta es mayor que la torre de la iglesia mayor de Sevilla.
Hay tres salas
dentro de esta gran mezquita donde se encuentran los principales ídolos, de
maravillosa grandeza y altura.
Tenochtitlán
estaba protegida contra inundaciones mediante diques y conectada a tierra firme
por medio de varias calzadas: Xochimilco, Iztapalapa y Tlacopan que hoy forman
parte de la inmensa Ciudad de México.
Las
comunicaciones de Sevilla con los pueblos de alrededor, en especial los de Aljarafe,
eran caminos nutricios; esos caminos se prolongaban hacia Castilla, Galicia,
Cataluña, Europa, Africa y sobre todo América.
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