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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Comunicación, TV e Internet: Trabajo Práctico para Taller de Análisis de Texto.- Sartori y el homo videns. McLuhan y la mentalidad Gutenberguiana. El cogito interruptus para Eco. El futuro de Internet. Agregado: 19 de ABRIL de 2002 (Por Natalia Lorena Parracia) | Palabras: 1937 | Votar! | 1 voto | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Comunicación > |
Trabajo Práctico N°1.
Taller de Análisis
de Textos – Cuestionario Guía –
1.
Explique qué es para Sartori el homo videns y qué es para
McLuhan la mentalidad Gutenberguiana.
2.
¿Qué es el cogito interruptus para Eco? Relacione esta concepción con la
racionalidad y postpensamiento según Sartori.
3.
¿Está de acuerdo con la idea de Sartori que como
instrumento cultural la Internet tiene futuro? Discútalo.
La especie humana
es la única que goza un espacio conocido con el nombre de cultura. Entendiendo
por cultura la capacidad de planificar y de elucidar pensamientos conscientes,
la transmisión de las técnicas y del sistema de lazos sociales de una generación
a otra, y por último, la aptitud para modificar el medio ambiente. Ahora bien,
guardemos este concepto por un instante. Si por cultura entendemos al conjunto
de rasgos peculiares -espirituales y materiales, intelectuales y afectivos- que
caracterizan a una sociedad o grupo social en un periodo determinado y que,
además, engloba modos de vida, ceremonias, arte, invenciones, tecnología,
sistemas de valores, derechos fundamentales del ser humano, tradiciones y
creencias; llegamos a la conclusión (para nada asombrosa) de que a través de la
cultura se expresa el hombre. Y si es a
través de ella que el tipo toma conciencia de sí mismo, cuestiona sus
realizaciones, busca nuevos significados y crea obras que le trascienden,
llegamos a otra conclusión (que tampoco brilla demasiado) y es que, para
estudiar al hombre debemos caer en el estudio de su cultura. Hombre y cultura
parecen ser lo mismo y es quizás por eso que Sartori al interpretar al homo
videns incurre en la sociedad
teledirigida que vendría a ser la
consecuencia en masa del individuo teledirigido. Sin más y supeditándome a las
consignas propias de este trabajo práctico paso a concentrarme en el perfil
del homo videns según Sartori.
1) Cuando
hablamos del homo videns, hablamos de un individuo ligeramente (limitadamente)
enterado de lo que lo rodea. Es un sujeto relativamente informado, y con una educación humana que rasguña la
mediocridad y la miseria; muy entregado al pragmatismo, por una parte, y a
bastantes tópicos por la otra. El homo
videns tiene interés por todo, le seduce cualquier cosa aunque es notable su
desinterés por la sociedad que lo circunda.
Determinado por el universo de las imágenes sólo está apto para creer aquello que ve, aniquilando así toda información abstracta (invisible) lo que provoca en él la falta de racionalidad.
Es
curioso, pero en el ámbito superficial, no es capaz de hacer la síntesis de
aquello que percibe.
El hombre postmoderno se sujeta a razonamientos
múltiples y encontrados entre sí. En vez de un yo integrado, lo que surge es
la pluralidad de personajes; cada cual compone a gusto y piacere los fundamentos
de su existencia, asediando unas ideas de allá y otras de acá, sin interesarse
mucho por la lógica del conjunto.
El homo videns, de vuelta del racionalismo, se
subyuga a los sentimientos, errando de unas ideas a otras.
Sin tiempo casi - o sin capacidad - para otras
actividades más seductoras, la nueva criatura cool se ve caracterizada por el telespectador que con el mando a
distancia pasa de un canal a otro buscando no se sabe bien qué cosa y perdiendo
cada vez más el talento y la necesidad de opinión.
Este personaje del zapping, colmado de confort y
bienestar, un autentico hombre de
plástico, sin una escala de valores sólida y sumergido en el consumo, descreído
de casi todo lo que lo rodea, ambiguo en sus pensamientos y juicios, que a
menudo cambia de parecer es “un ser humano rebajado a la categoría de objeto”.
Pasa a ser simplemente un animal simbólico lejos, muy lejos, del homo sapiens.
Por su parte,
McLuhan abre paso a la Galaxia
Gutenberg, el escenario del que surge de la creación de la imprenta. McLuhan hizo
hincapié en el menester de percibir y abrigar en conciencia los cambios que
estos nuevos medios provocarán en la cultura actual. Sus hipótesis poco
ortodoxas sobre la comunicación surgen en el convencimiento de que los medios
electrónicos, en especial la televisión, producen un impacto que supera el
material comunicado.
El pensamiento gutenberguiano interpretará a la imprenta como a un medio
caliente entendiéndose por tal a aquel
que se cierne sobre un solo sentido (la vista en este caso) y que carga de
datos e informaciones precisas al receptor, manteniendo libre al resto de sus
capacidades.
Muy por
el contrario la televisión es planteada como un medio frío que lía todos los
sentidos y facultades. Y aunque la TV proporciona datos, estos están expuestos
de una manera vaga forzando al receptor a llenar los espacios vacíos. “La TV,
malla y mosaico, así como no favorece la perspectiva en el arte, tampoco
favorece la linealidad en el modo de vivir.” Sintetizando: la televisión no
presenta una sucesión lineal de los hechos sino que los expone de modo total. Quebrando así la era de la
Galaxia Gutenberg dando cierre de
persiana a la era mecánica. Y dando lugar al hombre pantalla que lejos está del
hombre iluminado y constructor de opiniones y reflexiones. Este es el adicto a
las imágenes envuelto en “una alucinación global que lo compromete por entero”.
En conclusión el sucesor de la era Gutenberg, el hombre simbólico es el mismo
que Sartori denomina como homo videns.
Al parecer el hombre postmoderno -definido también como hombre light- que adopta entre otros roles el de homo videns resulta un interesante objeto de estudio para numerosos pensadores (lingüistas, psicólogos, sociólogos, periodistas, filósofos, etc.). Tal es el caso del psiquiatra español Enrique Rojas que perfila el sujeto actual como a un hombre ligero (light). Y basándose en las conclusiones de Rojas, el periodista Rogelio Demarchi dispara la idea del hombre zapping. (Ver anexo)
2) Giovanni Sartori se introduce en el universo del homo insipiens (videns) y nos lo presenta como un individuo necio e ignorante con incapacidad de abstracción y por lo tanto de razonamiento. Producto de la televisión que apremia la extravagancia, el absurdo y la insensatez fomentando el pensamiento confuso, triunfando el postpensamiento. Resulta fashion y hasta sensible la soledad de razonamiento. La sociedad regida por la lógica lineal y la opinión desde la reflexión y el análisis, el mundo del hombre activo en racionalidad y capaz de tematizar al mundo es reemplazado (y sin vistas de ningún cambio) por el mundo del hombre simbólico. El mundo multimedia-cibernético cuyo eje es una lógica (?!) circular. Una pira de disparates e imágenes a mil por hora y en un desorden tal que nos hacen acordar a las estampas psicodélicas y multicolores que no tenían razón de ser.
El postpensamiento, muy lejos de la concatenación deductiva que niega el orden lineal de los hechos, afecta y de manera evidente la comunicación y por lo tanto el manejo de la lengua como forma esencial de la misma. Y es donde aparece la problemática del cogito interruptus.
El Cogito interruptus –o pensamiento
interrumpido- es aquel que emana de del mundo ocupado por los símbolos o
síntomas. El mismo mundo del homo videns de Sartori. El pensamiento aparece
como una serie símbolos aglomerados sin un porqué, y son simplemente datos desconectado (aislados) y por
consiguiente contradictorios. Este pensamiento (¿postpensamiento?) que sin conectores
nos llevan a la confusión está íntimamente relacionado con la desorientación
colectiva que se vive a fin de milenio. Si el pensamiento no liga es
simplemente un montón de palabras que se pierden en una ilógica legítima que
nos desconectará del resto. Por eso parece -y digo parece- paradójico que en el
boom de la comunicación sin fronteras, del siglo de comunicación y de la
avalancha de información, los hombres estemos cada día más desinformados (y
desinteresados) y sin poder establecer nexos que nos comuniquen. Cada día más
aislados, más formateados en efigies, hechos de plásticos, más ambiciosos, más
fríos, nihistas y motivados solo por el éxito. Insensible a las suertes
sociales y al amor; nosotros, tan lejos de la razón y además tan descartables .
3) Por
supuesto que la Red tiene futuro como organismo cultural y esto sucede sobre la
base de un individuo teledirigido y porqué no adicto a las pantallas. Ahora
bien, prefiero pensar en la Internet como complemento del ingreso del
conocimiento y no como centro o herramienta única del mismo. Por muchas razones
los libros seguirán siendo útiles y más que necesarios. Entre ellas, Eco
destaca la economía del libro y su practicidad. Imprimir las obras completas de
un autor no solo nos sería caro (pensemos en el papel, la tinta de la
impresora, la electricidad, la cuenta del teléfono frente a unos pocos pesos
del libro encuadernado) sino que nos demandaría un tiempo precioso.
Pese a que la interacción informática aún está en
su lactancia, ha cambiado radicalmente el mundo en que vivimos, anulando las
trabas del tiempo y la distancia y dándole
la posibilidad de compartir
información a las masas y trabajar en colaboración. El avance hacia la
'superautopista de la información' continuará a un paso cada vez más
vertiginoso. El englobado disponible aumentará velozmente, lo que
facilitará el encuentro de cualquier
información en Internet. Las nuevas usanzas permitirán ejecutar intercambios
económicos de manera segura y proporcionarán nuevas concesiones para el comercio.
Las nuevas tecnologías incrementarán la ligereza de traspaso de información, lo
que posibilitará la transferencia directa de 'ocio a la carta'.
Probablemente las transmisiones televisivas de hoy se vean
relevadas por transmisiones específicas en las que cada domicilio reciba una
señal especialmente bosquejada para los gustos de sus adeptos, para que puedan
ver lo que deseen en el instante que quieran.
El crecimiento
explosivo de Internet ha hecho que se planteen importantes cuestiones relativas
a la censura. Si este no es un paso adelante en la culturización de un pueblo
quizás yo no entienda que manera funciona
el proceso de culturización. La cuestión es que el aumento de las páginas de Web que
contenían textos y gráficos en los que se denigraba a una minoría, se
fomentaba el racismo o se exponía material pornográfico llevó a pedir que los
suministradores de Internet cumplieran voluntariamente unos determinados
criterios. En 1996 se aprobó en Estados Unidos la Ley para la Decencia en las
Comunicaciones, que convirtió en delito el que un suministrador de servicios
transmitiera material indecente a través de Internet. La decisión provocó
inmediatamente una reacción indignada de usuarios, expertos del sector y grupos
en favor de las libertades civiles, que se oponían a ese tipo de censuras. La
ley fue impugnada y posteriormente suspendida en junio de 1996 por un comité
de jueces federales. El comité describió Internet como una conversación
planetaria continua que merecía la máxima protección frente a la injerencia
gubernamental. La censura en Internet plantea muchas cuestiones. Una de ellas
radicaría en que la mayoría de los servicios de la red no pueden supervisar e
intervenir infatigablemente lo que dice la gente en Internet a través de sus
servidores.
Al ser un medio
libre quien lo emplea también lo es. Es un producto que hace hincapié en
nuestros intereses fomentando en nosotros el placer de la búsqueda de
información, sea cual fuese esta y para el fin que queramos (estudios, trabajo,
ocio, hobby, etc.). De esta manera dejamos de ser pasivos espectadores para ser
activos y curiosos individuos con ansia de recreación y porqué no sapiencia.
Natalia Lorena Parracia. Buenos Aires, 7 de
abril de 1999.
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