CONSTRUCTIVISMO Y FORMALISMO: DOS FORMAS
DIFERENTES DE VER LA MATEMATICA
GONZALO LÁZARO FERNÁNDEZ
En las próximas líneas
hablaremos de dos tendencias que han coexistido a lo largo de la historia de
las Matemáticas y que a lo largo de ella han aparecido enfrentadas la una con
la otra, hablamos del constructivismo y del formalismo.
Desde la época de Aristóteles y
Platón se ha creído que las matemáticas existen con independencia del
conocimiento humano y que son una verdad absoluta, y así, el trabajo de los
matemáticos era el descubrir esa verdad, en lo que personalmente estoy de
acuerdo. Pero antes de dar ninguna opinión veamos como se desarrolló esta idea
a lo largo de la historia.
El embrollo viene cuando
algunos matemáticos niegan esta idea de matemáticas independientes del
conocimiento humano. Así, un matemático alemán llamado Leopold Kronecker
escribió: "Dios creó los números enteros y todo lo demás es obra del
hombre". Según el, el trabajo de los matemáticos ya no es descubrir, sino
inventar. Esta es la principal idea de la llamada matemática constructivista,
que afirma que para probar la existencia de un objeto matemático existe es
necesario mostrar como puede construirse. El filósofo Immanuel Kant afirmó en
el s.XVII que la razón ultima de veracidad en la matemática residía en el hecho
de que sus nociones puedan ser construidas por la mente humana.
Sobre todo, la idea matemática
que a producido mayor controversia en la historia de las matemáticas ha sido la
noción de infinito.
Ya los griegos procedieron con
extrema cautela en lo concerniente al infinito. Euclides, al referirse a rectas
se refería a segmentos cuya longitud la podemos hacer todo lo larga que
queramos, y esta es la noción de infinito potencial. Podemos pensar también que
existen en verdad rectas infinitamente largas que es la noción de infinito
actual y es metafísicamente muy distinta a la anterior.
Esta noción de infinito actual
no es utilizada por los matemáticos hasta bien entrada la era moderna de la
matemática que comienza en el s.XVII cuando René Descartes y Pierre de Fermat
introducen las coordenadas cartesianas produciendo un cambio fundamental en el
desarrollo de las matemáticas: los objetos empiezan a ser números y no
longitudes.
Isaac Newton y Gottfried
Wilhelm Leibniz desarrollan a partir de ese cambio el cálculo diferencial, que
maneja números infinitamente pequeños pero distintos de cero.
Pero este descubrimiento
produjo serias discusiones con los matemáticos de la época y pasó algún tiempo
hasta que estos vieron su innegable utilidad y comenzaron a aceptarlo, aunque
dudando de su base filosófica.
Aun así, toda esta controversia produjo a finales del s.XIX una de
las teorías más importantes (y porqué no decirlo, más discutidas) de la
historia de las matemáticas: la teoría de conjuntos, que fue desarrollada sobre
todo por el matemático Georg Cantor.
Cantor definió los conjuntos
como colecciones de objetos reales o abstractos. Idea que tuvo grandes
consecuencias sobre la noción de infinito, ya que hay conjuntos que por su
naturaleza son infinitos actuales, como por ejemplo R.
El estudio de estos objetos
condujo a Cantor a la conclusión de que igual que varía la cardinalidad de los
conjuntos finitos, también varía la de los conjuntos infinitos, por ejemplo, R y N no tienen la misma cardinalidad ya que R es "más infinito" que N. Cantor demostró también que para cada conjunto infinito, existe
otro de mayor cardinalidad. Y aunque ahora nos parezca extraño, muchos
matemáticos de la época encontraron absurda la noción de conjunto infinito como
ente individual.
No obstante, todavía produjo
más escándalo las aplicaciones que Cantor dio a los conjuntos infinitos. Una de
ellas fue el procedimiento que ideó para demostrar que existen infinitos
números transcendentes, esto es, números que no verifican ninguna ecuación de
la forma :
anxn+an-1xn-1+...+a1x+a0=0
con aiÎZ "i
Demostró primero que el
conjunto de los números algebraicos (los que si verifican alguna de las
ecuaciones anteriores) es infinito numerable y luego supuso que el conjunto de
los números trascendentales también es infinito numerable, pero como R es infinito no numerable, llegó a una contradicción.
Esta forma de demostración por
reducción al absurdo fue criticada por Kronecker y sus seguidores ya que
demostraba existencia sin construcción, y según ellos, para establecer la
existencia de un objeto era necesaria la construcción de este, es decir, era
necesario un procedimiento por el cual el objeto fuese construido al menos en
principio, aunque no era necesario que tal procedimiento fuese llevado a la
práctica, lo único que pedía era que la construcción fuese llevada a cabo en un
número finito de pasos y que en cada paso no hubiese ninguna duda de como se
procedería en el paso siguiente. No hace falta decir que Cantor no cumplía
ninguno de estos requisitos en su demostración ya que no generaba en ella
ningún número trascendental.
La demostración que dio Cantor
fue la primera de las llamadas demostraciones de pura existencia. El establecía
la existencia de los números trascendentales demostrando que la no existencia
nos llevaba a una contradicción. Estas demostraciones por reducción al absurdo
eran aceptadas por todos los matemáticos si se trataban de conjuntos finitos ya
que se podía mostrar cualquier objeto inspeccionando todos los miembros del
conjunto, pero esto no es posible para un conjunto infinito como el de los
números trascendentales y este es el motivo por el cual muchos matemáticos no
aceptaban la demostración de Cantor.
Pero entonces apareció el bueno
de David Hilbert y lo hizo todavía más difícil, ya que en 1889 publicó una
demostración de pura existencia en la que demostraba la existencia de ciertos
objetos que nadie ha visto jamás y de los que no se tiene la menor idea de
construirlos.
Tras la muerte del Kronecker en
1891, la teoría de conjuntos fue produciendo valiosos resultados, y la lucha
que mantenían los matemáticos constructivistas contra los métodos de Cantor y
luego Hilbert se fue haciendo cada vez más débil hasta que apareció en escena
el matemático L.E.J. Brouwer. Este opinaba que había que hacer distinción entre
la existencia real, constructiva y la existencia pura o de lo contrario las
matemáticas llegarían a carecer de significado.
Brouwer no negaba la
posibilidad de demostrar la existencia de objetos que no pueden se construidos,
el afirmaba que si les damos la misma validez que a los objetos reales, es
decir, finitamente construidos, entonces las matemáticas serian inciertas.
Según el, no podemos aplicar la ley aristotélica del tercero excluido a los
conjuntos infinitos.
A partir de 1900, según se
reorganizaba las matemáticas sobre los fundamentos de la teoría de conjuntos
aparecieron algunas paradojas que indicaban que los fundamentos
teorico-conjuntistas de las matemáticas debían de tener defectos y, según
Brouwer, estos defectos eran debidos a la introducción por parte de Cantor de
objetos ideales. Brouwer propuso que todas las matemáticas hasta entonces
fuesen reconstruidas según procedimientos constructivistas. A esta corriente se
la denominó intuicionismo.
Muchos matemáticos, incluidos
algunos seguidores de Brouwer eran susceptibles a esta nueva corriente ya que
daba el traste con todo lo descubierto hasta entonces.
Hilbert ideó otro plan llamado
formalismo. Según el, aunque los objetos ideales carecieran de significado, de
estos se podrían deducir objetos y teoremas que si tuviesen significado. El
sistema ideado por Hilbert requería presentar la matemática como un sistema
formal axiomático utilizando las reglas de la lógica, así, todo razonamiento
que pudiera provocar paradojas quedaría al descubierto. Con todo esto, Hilbert
introdujo la llamada teoría de la demostración (o también metamatemática).
Aún así, Brouwer no quedó
satisfecho y prosiguió con sus intentos de demostrar que las matemáticas se
podían realizar de forma constructivista.
Y
aunque en 1931, Kurt Gödel demostrase que el esquema formalista de Hilbert
estaba condenado al fracaso, era tal la aceptación que tenía el formalismo que
era imposible su rechazo. Hoy en día, la mayoría de los matemáticos prefieren
la elegancia del formalismo de Hilbert al intuicionismo de Brouwer.
No obstante, el debate sobre
algunos aspectos de la teoría de conjuntos (y en especial sobre el axioma de
elección) está produciendo un renacido interés sobre las ideas
constructivistas. Este interés ha sido impulsado sobre todo por Errett Bishop,
que en 1967 publicó su libro The Foundations of Constructive Mathematics.
El trabajo de Bishop pone en relieve que los métodos constructivistas pueden
ser tan beneficiosos como los métodos formalistas para el desarrollo de las
matemáticas.
La principal diferencia entre
Bishop y Brouwer es que el primero no rechaza la teoría de conjuntos de Cantor,
sino que intenta modificarla para dotarla de validez constructivista. Según esto,
el axioma de elección, que fue el más criticado de la teoría de conjuntos de
Cantor por Brouwer y sus seguidores, es ahora totalmente aceptada.
Según Bishop, tan pronto se
viesen claramente las ventajas de su programa, las matemáticas modernas dejarían
de existir y pasarían a ser parte de las matemáticas constructivistas, y la
razón es que, a fin de cuentas, en matemática aplicada lo importante es
encontrar la solución a cierto problema y no solo saber su existencia.
A mi entender, las matemáticas
son como "el lenguaje de la Naturaleza" y esta ha existido siempre,
así que por ejemplo, los grupos existían antes de que Galois los descubriera.
Pero también pienso que sería un error dejar de lado la matemática
constructivista ya que esta intenta darnos una visión más clara de la realidad
al intentar mostrarnos los objetos tal y como son. Se tendría que intentar que
una vez demostrada la existencia de cierto objeto mediante una demostración de
pura existencia (más corta y elegante) se efectuase una construcción del objeto
que ya sabemos que existe. Y todo ello sin rechazar, como ya he dicho antes, la
existencia de las matemáticas con independencia del conocimiento humano. Puesto
que las leyes de la Naturaleza han existido y existirán siempre, con ellas
existirá su lenguaje.