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Copi: Capítulo II. Los usos del lenguaje

II.1. Las tres funciones básicas del lenguaje

El lenguaje humano puede cumplir un multitud de funciones, pero todas o casi todas pueden agruparse en tres grandes categorías. Esta clasificación es una simplificación, pero es útil para el estudio del lenguaje. Estos tres usos principales del leguaje son el informativo, el expresivo y el directivo.

El primero es el que intenta comunicar información (verdadera o falsa), y se expresa generalmente mediante la formulación de proposiciones, su afirmación y su negación.. El discurso informativo es el usado para describir el mundo y razonar acerca de él. La ciencia ofrece los mejores ejemplos de lenguaje informativo.

El segundo tiene como función la expresión y la comunicación de sentimientos y actitudes personales del hablante. La poesía suministra los mejores ejemplos, pero también pertenecen a esta categoría las exclamaciones, las plegarias, etc. Al lenguaje expresivo no pueden aplicársele los criterios de verdad y falsedad. En ocasiones, el lenguaje expresivo tiene como única finalidad la expresión; en otras, intenta a la vez expresar los propios sentimientos y despertar ciertas emociones en los oyentes.

El tercer uso del leguaje tiene como fin el originar o impedir una acción manifiesta. Tiene sus ejemplos más evidentes en las órdenes y pedidos. Las preguntas también se incluyen en esta categoría, ya que constituyen un pedido de respuesta. Al igual que el discurso expresivo, el directivo no es ni verdadero ni falso; todo lo que puede decirse de una orden es que es razonable o irrazonable, adecuada o inadecuada.

II.2. El discurso que cumple funciones múltiples

La división anterior no puede aplicarse mecánicamente, porque en casi todos los casos el lenguaje cumple más de una función. Esto no se debe generalmente a una confusión del hablante, sino que responde al hecho de que una comunicación efectiva exige cierta combinación de funciones.

El tipo de lenguaje que mayor combinación exige es el directivo, porque salvo situaciones especiales, es difícil lograr la conducta buscada en el otro simplemente impartiendo una orden. Se puede conseguir una determinada acción con informaciones que muestren que tendrá buenos resultados, o con un discurso expresivo que despierte en los oyentes el deseo de realizar la acción, o con ambas cosas simultáneamente.

Otro uso mixto del lenguaje es lo que ha sido llamado función ceremonial, que comprende desde los saludos convencionales hasta los documentos de Estado y los ritos religiosos verbales. Puede ser analizado como una combinación de funciones más que como una función separada: por ejemplo, la charla de las reuniones sociales sirve para manifestar la sociabilidad (expresión) y para que la otra persona nos tenga en buen concepto (dirección). Un uso del lenguaje relacionado con el anterior es el de la función ejecutiva, que parece informar de una acción pero en realidad la realiza. Algunos “verbos ejecutivos” son “prometer”, “aceptar”, “bautizar”, etc., que al ser usados en primera persona del singular cumplen una función ejecutiva.

II.3. Las formas del discurso

Las oraciones suelen clasificarse como declarativas, imperativas, interrogativas o exclamativas. Hay quienes identifican la forma con la función y piensan que las oraciones declarativas son informativas, las imperativas e interrogativas, directivas y las exclamativas, expresivas. Pero esta identificación no es correcta y conduce a confusiones. Muchas oraciones declarativas, especialmente las que “informan” sobre deseos, tienen una función directiva, y es común encontrar oraciones declarativas dentro de una obra literaria, que tiene, naturalmente, una función expresiva. Existen oraciones exclamativas que funcionan como pedidos, y preguntas que son más expresivas que directivas (como las retóricas). Para apreciar adecuadamente un pasaje, y resolver si puede ser verdadero o falso, justo o injusto, o correcto o incorrecto, debemos determinar la función o las funciones que desempeña. Es importante también saber discriminar entre la proposición que una frase formula y lo que su enunciación revela sobre la persona que la dice. En general, no existe ninguna técnica mecánica que permita distinguir el discurso informativo y demostrativo de los otros tipos de discurso.

II. 4. Palabras emotivas

Para que una oración formule una proposición, sus palabras deben tener un significado literal o cognoscitivo referido a objetos o acontecimientos y a sus propiedades o relaciones.. Sin embargo, cuando expresa una actitud o un sentimiento, algunas de sus palabras pueden tener también una sugestión o impacto emotivo. Una misma palabra o frase puede tener simultáneamente una significación literal y un impacto emotivo, que son totalmente independientes. Por ejemplo, las expresiones “burócrata”, “empleado del gobierno” y “servidor público” tienen idéntica significación literal, pero el significado emotivo de la primera es negativo, el de la segunda neutra, y el de la tercera positivo. La propaganda se vale a menudo de los significados emotivos de las palabras; la poesía debe muchas veces su efecto a los significados emotivos de lo que dice y no a los literales.

II.4. Tipos de acuerdo y de desacuerdo

En la medida en que una misma situación puede ser descripta con varias frases distintas, que expresen actitudes muy distintas, se plantea el problema de los distintos tipos de acuerdo y de desacuerdo que pueden existir ante una situación. Dos personas pueden diferir acerca de si un suceso determinado ha ocurrido o no, en cuyo caso tendrían un desacuerdo acerca de las creencias. Pero también pueden estar de acuerdo sobre la realidad del suceso, pero valorarlo de maneras distintas. La persona que lo aprueba lo describirá con términos que expresen aprobación, mientras que la otra eligirá palabras que expresen desaprobación. En este caso nos encontramos con un desacuerdo en las actitudes. Respecto de cualquier cuestión, dos personas pueden estar de acuerdo o en desacuerdo tanto en las creencias como en las actitudes, produciéndose así cuatro posibilidades distintas: acuerdo o desacuerdo total, acuerdo sólo en creencias o sólo en actitudes.

Para resolver ambos tipos de desacuerdos deben utilizarse métodos distintos. Un desacuerdo de creencias se puede resolver buscando información, interrogando testigos, etc. Un desacuerdo que únicamente de actitudes no puede resolverse de esta manera, sino examinando las consecuencias de las acciones, los motivos de éstas, y otros factores morales, o mediante el uso de la persuasión retórica.

II.6. El lenguaje emotivamente neutro

Si bien existen casos como la poesía en los cuales el reemplazo de lenguaje con efectos emotivos por otro emotivamente neutro desvaloriza el texto, hay también otros en los cuales el lenguaje desprovisto de significado emotivo es altamente preferible al que lo tiene. Esto ocurre especialmente cuando nuestra intención es conocer la verdad acerca de algo, puesto que la existencia de fuertes emociones sobre un tema dificulta su estudio objetivo. Es por esto que la ciencia usa un lenguaje neutro y evita el lenguaje emotivo, que no es malo en sí mismo, pero que distrae a la mente del objetivo de conseguir información. El uso descuidado del lenguaje lleva fácilmente a falacias.

Unidad 1 - Lenguaje y ciencia

1.1. El lenguaje

1.1.1. Concepto y clases de lenguaje

Se llama signos a los fenómenos relacionables con otros fenómenos de modo que su presencia nos trae a la mente los otros (por ejemplo, las nubes con la lluvia). Estos fenómenos pueden tener una relación natural de causa-efecto o una vinculación puramente arbitraria; en este último caso, son llamados símbolos. Los símbolos siempre son dependientes de una convención tácita entre los miembros de un mismo grupo.

El lenguaje es un conjunto de signos estructurados de manera que sirvan a la comunicación. Que ésta se logre depende de diversos factores: un emisor, un receptor, un mensaje, un canal o vía por la cual el mensaje es transmitido, y un código en el cual se transmite el mensaje, que debe ser común al emisor y el receptor. Las interferencias en la comunicación se conocen genéricamente con el nombre de ruido.

Existen diversos tipos de lenguaje. El lenguaje natural es el que se formó gradualmente a través del tiempo por una sociedad humana, de forma no deliberada. Está caracterizado, como se verá más adelante, por la vaguedad y la ambigüedad. Pero también existen lenguajes artificiales, que pueden ser técnicos o formales; los primeros utilizan las palabras del lenguaje natural, pero redifiniendo sus términos en forma más precisa, en tanto que los segundos surgen cuando existe una gran exigencia de precisión que debe subsanarse con la creación de un lenguaje enteramente nuevo en el que todos los vocablos tengan definiciones exactas (p.ej.: el álgebra).

1.1.2. La semiótica y los niveles del lenguaje

La semiótica es la disciplina que estudia los elementos del proceso de comunicación. Saussure dividió el concepto de lenguaje en dos partes: la lengua, que es el sistema de signos y de reglas que los relacionan que utiliza una comunidad, y el habla, que es el acto individual en el que se manifiesta la lengua. La lengua se puede estudiar de dos maneras distintas. El enfoque sincrónico la estudia en un momento particular (es el que sirve para confeccionar un diccionario, por ejemplo). El enfoque diacrónico, por el contrario, se ocupa de los cambios que sufre una lengua a través del tiempo (cambios en el significado de las palabras, adición de nuevas palabras, cambio de reglas ortográficas, etc.).

Cuando se realiza una investigación acerca de un lenguaje, se llama a éste el leguaje objeto y al lenguaje en el cual se expresan los resultados de la investigación se lo denomina metalenguaje. El metalenguaje se considera ubicado en un nivel superior de lenguaje que el lenguaje objeto, pero una oración que hable de este metalenguaje estará a su vez en un tercer nivel, y así sucesivamente. La jerarquía de lenguajes no tiene fin.

1.1.3. Sintaxis

La semiótica puede dividirse en tres partes diferentes: la sintaxis, la semántica y la pragmática. La sintaxis estudia los signos mismos con independencia de su significado. La gramática de un lenguaje, por ejemplo, se cae dentro del campo de estudio de la sintaxis, porque trata de la forma “correcta” de combinar sus símbolos. Cualquier lenguaje está formado por tres tipos de elementos: un conjunto de signos primitivos, que son aquellos que no se definen explícitamente mediante otros signos del mismo lenguaje (las palabras); un grupo de reglas de formación, que determinan la manera de construir mensajes con significado a partir de los signos primitivos (el orden correcto de las palabras dentro de una frase, por ejemplo), y un grupo de reglas de derivación, que permiten transformar algunas expresiones en otras de igual sentido (ejemplo: el pasaje de voz activa a voz pasiva)

1.1.4. Semántica

La semántica es el estudio de los signos en relación a los objetos designados, es decir, es el estudio del significado. La fuente del significado aparece en nuestra niñez, cuando aprendemos los nombres de las distintas cosas en el idioma del lugar donde nacemos. Luego aprendemos a usar el diccionario para encontrar el “verdadero” significado de las palabras. Pero advertimos que la relación entre una palabra y el objeto que designa no es de ningún modo necesaria, ya que una misma cosa se puede designar de varias maneras distintas en los distintos idiomas, o incluso dentro de un mismo idioma (los sinónimos). Por lo tanto, no hay nombres verdaderos, sólo nombres comúnmente aceptados. Pero tampoco los objetos a los que damos distintos nombres corresponden a una división auténtica de la realidad, sino que al dar nombres a las cosas parcelamos a la realidad cortándola en “trozos” lingüísticos según el interés que sintamos por distintas partes del mundo. Esto se advierte por las distintas clasificaciones que hay en los distintos idiomas.

En una clasificación se agrupan los objetos individuales en conjuntos o clases, estableciéndose que un objeto pertenecerá a una clase determinada si reúne ciertas características. Debe recordarse que no hay clasificaciones “reales” o “verdaderas”, sino que todas son hechos culturales que se aceptan en función de su utilidad.

Todos los signos poseen designado, que es el criterio para su uso. Pero no todos ellos tienen lo que se llama denotado; para tenerlo, el designado debe ser una parte de la realidad. El signo “hombre” tiene designado y denotado; el signo “unicornio” tiene designado (un animal semejante a un caballo con un único cuerno) pero carece de denotado, ya que este animal no existe. La denotación de los conceptos abstractos es un problema más complicado, pero puede decirse que la “blancura” (por ejemplo) denota mediatamente la clase de los objetos blancos.

Los requisitos elegidos para llamar a un objeto con cierto nombre (palabra de clase) son determinadas características eventualmente presentes en el objeto. Estas partes de la descripción de un objeto que a su vez forman parte del criterio del uso del vocablo que le corresponde se llaman características definitorias. En cambio, las características cuya ausencia o presencia resulta irrelevante para asignar determinado nombre al objeto se llaman características accidentales o concomitantes. Hay que tener en cuenta que ninguna característica es definitoria o accidental por sí misma, sino sólo en relación con un nombre particular. La característica de ser un hombre que escribe poesía es definitoria para el término “poeta” y accidental para el término “verdulero”.

La falta de precisión en el significado (la designación) de una palabra se llama vaguedad. Una palabra es vaga cuando hay casos en los cuales su aplicabilidad es dudosa. Por ejemplo, la palabra “ciudad” es vaga en tanto no sepamos cuántos habitantes debe tener un “pueblo” para convertirse en una ciudad. Para cada palabra existe un conjunto central de casos en los que el nombre resulta claramente aplicable, y otro conjunto infinito de casos externos a los cuales en ningún caso aplicaríamos la palabra; pero entre ambos existe un “cono de vaguedad” en el cual nuestros criterios resultan insuficientes y se requiere una decisión adicional para decidir la aplicabilidad del concepto. Otro problema de las palabras es que además de vaguedad pueden poseer ambigüedad o polisemia, esto es, el mismo símbolo tiene más de un significado (ejemplos: vela, partido, navegar). En la mayor parte de los casos la ambigüedad no causa mayores problemas porque el contexto determina por sí solo el significado correcto de la palabra; en cuanto a la vaguedad, debe señalarse que es hasta cierto punto necesaria, porque una precisión excesiva complicaría indebidamente la comunicación.

Sin embargo, en ocasiones el lenguaje científico requiere un nivel menor de vaguedad y ambigüedad que el cotidiano, y es por esto que se inventan el lenguaje técnico y el formal. En algunos casos se inventan términos absolutamente nuevos, en otros se redefinen en forma más precisa los ya existentes.

Esto nos lleva al problema de las definiciones, que son los actos por los cuales se indica el significado de las palabras. A veces se distingue entre las definiciones nominales (que definen una palabra) y las definiciones reales, que supuestamente definen una cosa. Como las definiciones reales plantean problemas metafísicos, no las consideraremos aquí. Existen distintas maneras de clasificar las definiciones nominales:

a) Definiciones verbales y ostensivas. Las primeras comunican el significado de una palabra usando otras palabras (como las definiciones de diccionario), mientras que las segundas señalan uno o varios ejemplos de objetos incluidos en la designación de la palabra. La primera es por lo general mejor, ya que reduce la posibilidad de error, pero las definiciones ostensivas son imprescindibles para empezar el estudio de un lenguaje y para definir conceptos sensoriales como “rojo” y “dulce”.

b) Definiciones intensionales y extensionales. Las primeras definen por designación, es decir, indicando el significado del concepto en cuestión. Las segundas definen por denotación, enumerando todos los objetos existentes en esa categoría. La definición intensional es por lo general preferible, puesto que no hace falta cambiarla cada vez que se encuentra un objeto nuevo que pertenezca a la misma categoría que los otros.

c) Definiciones informativas y estipulativas. Las primeras hablan sobre un hecho objetivo (una costumbre lingüística), porque tienen la forma: “En el idioma A, la palabra X significa Y” (explícita o implícitamente). Nótese que pueden ser verdaderas o falsas. Las segundas simplemente establecen el significado particular que dará el emisor a la palabra en cuestión en su discurso. El no distinguir entre ambos tipos de definiciones puede llevar a confusiones o a caer en falacias.

Para terminar el tema de la semántica, diremos que las oraciones son secuencias significativas de palabras; que las oraciones descriptivas se refieren a estados de cosas, y que una proposición es el significado de una oración descriptiva una vez abstraído de las palabras concretas que lo indican. Dos oraciones de igual significado pronunciadas en distintos idiomas son ejemplos de la misma proposición.

1.1.5. Pragmática

La pragmática es la disciplina que estudia el discurso como un acto humano dirigido a la producción de ciertos efectos. Puede definírsela más ampliamente como la parte de la semiótica que trata del origen de los signos, de sus usos y de los efectos que ellos producen en la conducta dentro de la cual aparecen.

Las funciones del lenguaje son los distintos usos que puede tener según la influencia que se intenta causar en el receptor. Las principales son:

a) La función descriptiva, que se usa para llevar a la mente del receptor determinada proposición. Se usa para discutir y razonar acerca del mundo, y procede normalmente relacionando propiedades con sujetos. Sus proposiciones pueden ser verdaderas o falsas.

b) La función directiva, que es la cumplida por expresiones que se emplean para provocar en otra persona ciertos comportamientos. No guarda relación con los valores de verdad.

c) Función expresiva. La cumplen las combinaciones lingüísticas que sirven para manifestar sentimientos o emociones. Al igual que el caso anterior, una expresión que cumple esta función no es verdadera ni falsa.

d) Función operativa. En ella el lenguaje no describe, ordena o expresa nada, sino que realiza por sí mismo un cambio en la realidad. El saludar, el absolver, el despedir son ejemplos. Una vez más, estas expresiones no son ni verdaderas ni falsas.

No debe olvidarse que en la mayoría de los casos las funciones del lenguaje se encuentran entremezcladas, de modo que siempre hay que tener en cuenta el contexto de una expresión para decidir su función en ese caso particular.

Los efectos emotivos del lenguaje son las asociaciones que algunas palabras tienen con determinadas reacciones emotivas. Pueden derivar de condicionamientos individuales del receptor o ser fenómenos sociales. La capacidad de una palabra de causar ciertas reacciones en las personas se conoce como significado emotivo, que debe distinguirse del significado descriptivo. El hecho de que palabras que significan lo mismo puedan tener asociaciones emotivas tan distintas como las palabras “médico” y “matasanos” es usado a menudo en la propaganda, la literatura y el humor.

Por último, debemos considerar las definiciones retóricas o persuasivas, que no son otra cosa que cambios en la definición estipulativa de una palabra para apoderarse de su significado emotivo. Por ejemplo, un gobierno represivo que defina la “democracia” de forma que pueda presentarse verazmente como democrático, por la fuerte connotación positiva de esta palabra.

Sección 1.2. El saber y la ciencia

1.2.1. Conocimiento y creencia

Las palabras “saber” y “conocer” tienen diversos significados, pero se utilizarán aquí en el sentido de que “conocer” significa una relación entre el sujeto que conoce y la verdad de una proposición, siendo así las proposiciones verdaderas el objeto del conocimiento. Pero el conocimiento tiene también un elemento subjetivo, que es la creencia. Esta es un estado de conciencia en el cual nos sentimos poseedores de saber. Entendemos la creencia como equivalente a la creencia en que determinada proposición es verdadera. No se puede conocer lo falso, pero tampoco conocer lo que no se cree. Para decir que conocemos la verdad de una preposición necesitamos dos condiciones: que esta sea efectivamente verdadera y que creamos que lo es.

Se plantea entonces el problema ¿cómo saber que una proposición creída es verdadera? ¿Cómo diferenciar la creencia del conocimiento? Mediante la prueba o justificación suficiente de una creencia, que son las circunstancias que nos hacen elevar una creencia al rango de conocimiento.

Pero esto trae nuevos problemas. La prueba de un hecho siempre es otro hecho distinto de éste, del cual puede exigirse a su vez otra prueba, y así hasta el infinito. La única manera de eludir este resultado es en apariencia suponiendo la existencia de enunciados incorregibles, que no necesitan prueba. Pero aún nuestras creencias más firmes (como las de los hechos de la experiencia) pueden estar equivocadas. Una solución mejor es, por el contrario, el dar a la palabra “conocimiento” un significado más débil. En este sentido, quien afirme saber algo considerará su creencia como pasible de refutación y no como incontrovertiblemente cierta; para llamar a su creencia “conocimiento” se conformará con ciertos elementos de juicio considerados suficientes.

1.2.2. Formas de conocimiento

Cuándo se pregunta cuáles son los elementos de juicio que nos permiten decir que “sabemos” algo, existen tres respuestas que son las principales:

a) La experiencia. Es la fuente básica de conocimiento. Sabemos algo por experiencia cuando el estado de cosas descripto por la proposición ha caído bajo la acción de nuestros sentidos.

b) La razón. Podemos no tener experiencia directa del hecho en cuestión, pero razonar, basándonos en otros hechos, que debe ser verdadero. El razonamiento es el proceso por el cual se pasa del conocimiento de algunas verdades al conocimiento de otras, y las reglas que lo rigen se llaman método. En algunos casos el razonamiento se basa en la experiencia, en conocimientos empíricos; en otros, es independiente de ella (por ejemplo: las matemáticas) y se llama razonamiento formal.

c) La autoridad. Se apela al argumento de autoridad cuando el conocimiento se ha recibido de otra persona, en vez de ser elaborado por uno mismo. Siendo una fuente derivada de conocimiento (que depende tanto de las razones o experiencias del otro como de su sinceridad y de mi buena recepción de su mensaje) no goza de mucha confianza. Sin embargo, resulta imprescindible, ya que son muy pocas aquellas proposiciones que podemos verificar directamente, ya sea por experiencia o por razonamiento. Aparte de confirmar lo que escuchamos o leemos, lo único que podemos hacer para no ser engañados por las “falsas autoridades” es, por un lado, confiar en aquellas que son prestigiosas y objetivas, y, lo que es más importante, exigir a nuestras autoridades cuál es su fuente de conocimiento, y si esta es también la autoridad pedir la de ésta, y así hasta llegar a un fundamento racional o empírico. Esto es, recordar que la autoridad es sólo fuente de conocimiento derivada, no originaria.

Existen otros casos en los cuales para justificar un conocimiento no se recurre a ninguna de estas razones, sino a la intuición, esto es, la certidumbre emocional de la verdad de una proposición. Sin embargo, esto puede criticarse sobre la base de que el mero estado mental en ningún caso basta para asegurar que se posee conocimiento, sino que debe apelarse a elementos de juicio externos a la propia creencia. A pesar de que las discusiones sobre si la intuición puede ser fuente de conocimiento metafísico (no empírico) no alcanzan la unanimidad absoluta, parece claro que la ciencia debe basarse en la verificación de las creencias, y por lo tanto no puede aceptar la intuición como fuente de conocimiento.

También suele apelarse a la fe, especialmente para justificar las creencias religiosas. Sin embargo, la fe es también un estado mental (una creencia muy fuerte) y por lo tanto no sirve como justificación de que esta creencia es verdadera. Esto no significa que las creencias religiosas no sean verdaderas, sino simplemente que no constituyen conocimiento, en el sentido en que usamos la palabra.

1.2.3. Conocimiento necesario y conocimiento empírico

Algunas proposiciones no planten mayores problemas para determinar su verdad o falsedad. El caso extremo lo constituyen las proposiciones necesariamente verdaderas (cuya falsedad es imposible) y las proposiciones necesariamente falsas (cuya verdad es imposible). La mayor parte de las proposiciones pertenecen a estas categorías; no son ni necesarias ni imposibles, y se llaman proposiciones contingentes.

La necesidad y la imposibilidad se dan en distintos planos: el técnico (algo que es posible en teoría pero irrealizable en la práctica es técnicamente imposible), el empírico (algo es obligado o imposibilitado por las leyes de la naturaleza) y el lógico, que es el más importante. Una proposición lógicamente imposible es aquella que contiene una descripción autocontradictoria; una proposición lógicamente posible es aquella que contiene una descripción no contradictoria, aunque puede ser falsa de hecho, y una proposición lógicamente necesaria es aquella cuya negación es autocontradictoria. Ejemplos son: “Los porteños no son porteños”, “Los precios bajan constantemente” y “Todas las mesas son mesas”, respectivamente. Las proposiciones lógicamente necesarias se llaman a veces verdades de razón, y las lógicamente posibles se llaman verdades de hecho. Como las primeras se pueden conocer independientemente de la experiencia (dependen solamente de las definiciones de las palabras) se dice también que son cognoscibles a priori, en tanto que las verdades contingentes serían cognoscibles únicamente a posteriori, esto es, después de determinadas experiencias.  El conocimiento a posteriori se llama también conocimiento empírico.

1.2.4. El conocimiento científico

Algunos de nuestros conocimientos se denominan conocimientos científicos. Las características que debe tener un conocimiento para caer dentro de esta categoría son básicamente tres: debe ser general, social y legal. La generalidad significa que el conocimiento científico se interesa por los enunciados referidos a una multitud de casos, nunca a hechos particulares. Estos últimos cuentan sólo como ejemplos o casos de una clase de hechos, que es la que interesa al científico. El elemento social se relaciona con que el conocimiento científico debe ser comunicable en proposiciones descriptivas y no inefable, y además debe ser verificable, esto es, debe haber experiencias repetibles por distintas personas que lo comprueben o lo refuten. El elemento legal de la ciencia aparece en la forma en que se expresan sus conocimientos; las proposiciones científicas no son meramente generales (refiriéndose  a muchos hechos pasados) sino que también pretenden predecir los hechos futuros del mismo tipo. Las leyes describen el comportamiento de la realidad, pero debe tenerse en cuenta que existe en toda ciencia una jerarquía de leyes, cada una de las cuales explica los hechos y leyes de niveles inferiores.

1.2.5. Concepto y características de la ciencia

El conocimiento científico, entonces, se presenta en conglomerados de hipótesis, de leyes o de conjuntos de leyes que buscan comprender ciertos sectores del universo. Pero debe tenerse en cuenta que la separación entre las distintas ciencias particulares es hasta cierto punto arbitraria, hecha por los seres humanos para un estudio más adecuado de la realidad. Una ciencia puede definirse como una agrupación de conocimientos científicos ordenados sistemáticamente. Dos conceptos que resumen las pautas de las que se vale la ciencia para cumplir su objetivo son la precisión y el método.

La precisión científica se logra mediante la introducción de términos definidos estipulativamente, con lo cual maneja un lenguaje técnico, o mediante la creación de lenguajes nuevos compuestos de símbolos arbitrarios (lenguaje formal). La precisión no llega nunca a un nivel absoluto, pero la eliminación de la ambigüedad y la vaguedad se realiza en la medida en que es necesaria para la investigación. Otra consecuencia del afán de precisión es la paulatina matematización de la ciencia, su deseo de medir con la mayor exactitud posible todos los fenómenos.

La ciencia es también una actividad metódica, en el sentido de que existen ciertos procedimientos reconocidos que le permiten obtener los resultados deseados. Uno de los más importantes es el que permite partir de ciertos datos o premisas para extraer las conclusiones pertinentes.

1.2.6. Ciencia formal y ciencia empírica

Existen muchas clasificaciones posibles de los distintos tipos de ciencias existentes, pero una de ellas ha sido reconocida como la más útil. Se trata de la distinción entre ciencias formales y ciencias empíricas o fácticas.

El objeto de estudio de las ciencias fácticas es una determinada porción de la realidad, es decir, son siempre los hechos. Parten de la experiencia, y su objetividad, si bien discutida, se basa en la descripción de objetos externos. Por el contrario, el objeto de las ciencias formales no forma parte de la realidad sensible, sino que son los conceptos abstractos, elaborados directamente por la mente del hombre. Esta diferencia de objeto provoca una diferencia en la fuente de sus conocimientos respectivos: las primeras tienen su base en la experiencia (combinada con el razonamiento) y las segundas en el razonamiento puro. La utilidad de una ciencia formal (p.ej.: la matemática) está en que permite manejar mejor y con más orden nuestros conceptos sobre la realidad. En cuanto a la forma que tienen las ciencias de demostrar sus conocimientos, las primeras apelan a la verificación empírica (que siempre es falible y provisional) y las segundas a la deducción a partir de las premisas de un sistema lógico. El siguiente cuadro resume las diferencias:

Aspecto

Ciencia empírica

Ciencia formal

objeto

realidad sensible

abstracción

fuente

experiencia

razonamiento

demostración

confirmación, refutación

verificación lógica

utilidad

directa

indirecta

1.2.7. Vaguedad, prestigio y evolución

Debe señalarse que el concepto de “ciencia”, como todos, tiene algo de vaguedad. Existen muchas actividades que se autocalifican como científicas sin llenar todos los requisitos del punto 1.2.4. En general, una ciencia atraviesa seis etapas sucesivas en su progreso. Estas son: la fase descriptiva, la taxonómica (clasificatoria), la legal (descubrimiento de leyes), la cuantificación, la formalización (matemática) y la axiomatización (construcción de un sistema formal). Pero debe tenerse en cuenta que algunas ciencias no han pasado por todos estos períodos; quizás la única que lo ha hecho es la física.

Trabajo de IPC

Resumen de las guías de la materia

Integrantes: Pablo Aire

                   Adrián Gutman

                   Jonás Mosse

                   Alejandro Satz

Introducción al pensamiento científico

6º año, división “A”

Colegio Nacional de Buenos Aires

1998

 


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