Historia de su origen. Quién era en verdad? Cuál era su nacionalidad? Era navegante? Su verdadero nombre era Cristoforo Colombo?
1. Introducción
Este escrito
pretende desarrollar la historia del origen de
Colón.
La personalidad de Cristóbal Colón, es harto conocida, para
que tornemos a reproducir aquí la biografia del personaje. Interesa su blasón,
porque, antes de emprender la aventura que le llevaria a descubrir unas tierras
a las que él creyó que se trataban de las Indias, y con este convencimiento
murió, lo que hizo fue descubrir, sin saberlo, un Nuevo Mundo, un continente
que había permanecido ignorado hasta entonces.
Cristóbal Colón no podía poseer escudos ni blasones por la
circunstancia de que, como veremos más adelante, su familia genovesa, si es que
era genovés, que también nos referiremos a eso, era bastante humilde, todo lo
que puede ser un tabernero y tratante de vinos como, de acuerdo a ciertos
antecedentes, era su padre.
Las armas que los Reyes Católicos concedieron a Colón reflejan
bien su aventura: Se trata de un escudo de cuatro cuarteles: el primero lleva
el león de los monarcas españoles; el segundo, un castillo, con clara
referencia a Castilla; el tercero, cinco anclas referidas a su arte de navegar
y el cuarto, las islas que fue descubriendo.
Pero, hasta llegar a ostentar blasón, ¿Qué era, qué había sido
Cristóbal Colón?, y sobre todo, como datos más importantes, ¿Cuál fue el lugar
de su nacimiento?. Este es al dato que interesa y que, contrariamente a
aquellos que se aferran a hacerlo genovés, sin admitir la menor controversia,
entendemos que todavía el hecho es oscuro, bastante oscuro.
Vicente Blasco Ibáñez, se ocupó de ese asunto en su trabajo
"El Misterio de Colón". Basándonos en los argumentos del escritor
valenciano, trataremos de tocar el tema, adaptándolo al espacio del que
disponemos. Afirma Blasco que, durante 18 años estuvo estudiando la enigmática
personalidad del Descubridor, en su deseo de llevar alguna luz a la oscuridad
que rodea los orígenes de este.
2. Su historia
Cristóbal Colón entra en la historia a partir del año 1.486, al
hacer su aparición en España. De su vida anterior, muy poco es lo que se sabe.
Y siendo tan poco, para colmo resulta todo tan contradictorio, tan oscuro, que
hace incluso dudar de la veracidad de Colón en aquello que dice o habla. Es
cierto, que se le de por nacido en Génova, no aclara contundentemente las cosas.
Pocos personajes de la historia en encuentran envueltos en tal halo de
misterio.
No son pocos los que le hacen de nacimiento judío, y explican así
su deseo de rodearse de nebulosidades, a fin de evitar problemas con la
Inquisición.
Es cierto que el mismo Cristóbal Colón se declaró genovés. Pero
lo hizo cuando ya era un viejo que, andaba en pleitos con el rey de España,
para que este le reconociese cuantos privilegios le habían otorgado los Reyes
Católicos que, en suma, le hacían creerse dueño de medio mundo.
En su juventud, dice Pereirs, uno de los historiadores que más a
fondo ha estudiado la biografía de este hombre singular, no tuvo otra patria
que la de sus conveniencias.
Que en los primeros tiempos de sus andanzas por España, sólo
figura como un extranjero sin que se cite para nada el lugar de su nacimiento,
es un hecho indiscutible.
Colón siempre pareció mostrar un gran interés en dejar envuelto
en el misterio el origen de su nacimiento y su propio hijo Fernando tampoco
aclara el asunto, dado que al escribir la historia de su padre, se abstuvo de
explicar cuando y donde había nacido.
Porque hay que comenzar aclarando que Cristóbal Colón, se llamó
así, y no Cristoforo Colombo como escriben los italianos. No existe ni un solo
documento en el que no se estampe, y firme, con este nombre: Cristóbal Colón.
Y hay más datos: Como todos los navegantes, hablaba varias
lenguas, pero ya es casualidad que el castellano fuera el que hablaba mejor y
con tanta claridad como un hombre nacido en España. Y, en cambio, tan sólo
existe un documento que escribió en italiano y está lleno de faltas
gramaticales, revela como si el que lo escribió desconociera un idioma que era
el suyo, si es que había nacido en Génova. Cristóbal Colón siempre se expresó
en lengua española, incluso cuando andaba en tratos con el rey de Portugal. Y
la única vez que escribió en italiano, lo hizo en forma torpe y a veces hasta
incomprensible, intercalando tales faltas que más parece que desconocía el
idioma. También es verdad que, en los últimos días de su vida se acuerda que ha
nacido en Génova y la declara su patria.
Pero es que se da el caso de que, según actas notariales, el
único con el apellido Colombo que había en Génova por aquellas fechas, era un
tal Doménico Colombo, un tabernero y cardador de lana, que aparece con tres
hijos: Cristóforo,Bartolomé y Diego. Sí, esto parece concordar con los nombres
de los dos hermanos que tuvo el Almirante. Pero es rarísimo que el propio Colón
ni una sola vez llamase Colombos a los parientes que dejó en Italia. En su
testamento, cuando los alude dice "los Colones".
Todos los datos sobre el tabernero genovés Doménico Colombo son
exactos: Pero el hijo, el Cristóforo Colombo aparece asimismo como tabernero,
de unos veinticinco años de edad. Y en dicha época, ya hacía varios años que
Colón navegaba de un lado a otro. ¿Qué entendía de las cosas de la mar un joven
tabernero?. En la época en que Cristóbal Colón afirma haber sido capitán de un
buque de la flota de Renato de Anjou, el otro, el Colombo tabernero e hijo de
tabernero, tenía doce años. Es evidente que algo no cuadra.
¿De donde aprendió el tabernero el arte de navegar, si todavía
figura en las actas notariales al lado de su padre en 1.471, cuando el otro, el
que siempre se llamó Cristóbal Colón era ya capitán de nave?.
Todas estas preguntas se las hace Vicente Blasco Ibáñez en el
estudio al que nos hemos referido en un principio. Y tiene razón: son
demasiadas contradicciones
El joven tabernero genovés, el Cristóforo Colombo que, repetimos
que las actas notariales así lo atestiguan, tenía veinte años cuando Cristóbal
Colón, a juzgar por cuantos lo conocieron personalmente, estaba cercano a los
treinta y cinco, y llevaba ya muchos años navegando.
El tabernerillo jamás figura, en ningún escrito, como marinero u
hombre avezado a la mar. Siempre es eso, un tabernero, o un tratante en lanas.
Naturalmente, alguna explicación debe tener todo este embrollo: y así hay quien
afirma que Cristóbal Colón pretendió oscurecer su origen, para que no lo
confundieran con los famosos piratas los Collones, que en España se tradujo por
los Colones, "el viejo" y "el Joven", verdaderos bandidos
de la mar.
Conviene tener en cuenta que un cronista de la época al hablar de
los piratas Colones llegó a decir "que el nombre de estos facinerosos
hacía llorar a los niños de Galicia".
Hay también quien sostiene que Colón navegó con semejantes
bandidos y de ahí su interés en borrar esta página negra de su vida,
envolviendo su origen en el misterio.
Además, según parece, Colón navegó en las naves corsarias que,
asolaban las costas levantinas españolas y si es así se comprende fácilmente
que tratara de ocultar los "malos pasos" de sus mocedades.
Hay otra explicación para el misterio: el judaísmo. Cierto es que
Colón jamás disimuló sus simpatía por los conversos y es verdad asimismo que
estos lo protegieron cuanto pudieron. Santángel, el Tesorero de los Reyes
Católicos, era judío converso, y fue uno de los más firmes apoyos de Colón,
hasta el punto de que fue él quien realizó el préstamo de dineros a los
Monarcas españoles para que Cristóbal Colón pudiera llevar adelante su empresa.
En una época en que la Inquisición había puesto su punto de mira
en los judíos, muchos hombres trataban de ocultar dicho origen y hasta
cambiaban de nombre para librarse del largo brazo del Santo Oficio.
En cuanto a los conocimientos marinos de Colón, era innegable que
los poseía. Pero también es muy cierto que lo que él pretendió no fue encontrar
un nuevo continente, sino hallar el camino más corta hacia las Indias.
El hablaba de Cipango (Japón), y de Catay (China), y quería ir a
Asia navegando, evitando así el largo camino por tierra. Jamás tuvo la sospecha
de que pudiera existir un nuevo mundo. En realidad, murió ignorando totalmente
la verdad de lo que había descubierto.
No fue ni un sabio, ni un santo iluminado por un ideal. Siempre y
en todo momento, y así los demuestran sus tratos con los Reyes Católicos, se
mostró como un comerciante y de ahí sus regateos con los Monarcas.
A él jamas le importó la cuestión científica de su proyecto, lo
único que le interesaba era el provecho que pudiera sacar.
Pero también fue un hombre de enorme imaginación y de una
voluntad firmísima, audaz unas veces y en otras, prudente en exceso. Genial en
ocasiones y en otras terco y obstinado de un modo incomprensible.
Natalia Parracia