ENSAYO SOBRE
"EL ORIGEN DE LAS ESPECIES"
Francesc Jiménez
¿Cuál es el origen de las especies? Esta es la pregunta que Darwin
contestó y que los biólogos del siglo XX han refinado para producir la
síntesis, llamada neodarwinismo. Contestarla en el idioma moderno es descender
por debajo de las especies y subespecies, a los genes y cromosomas, y, por
tanto, a los orígenes últimos de la diversidad biológica.
La teoría de Charles Darwin sobre la
evolución por selección natural puede ser considerada, simplificadamente, como
basada en una serie de proposiciones.
I. Los individuos que
constituyen una población de una especie no son idénticos; muestran
variaciones, a veces muy reducidas, lo que supone un gran problema en
determinar si una variedad de una especie es en realidad otra especie
diferente. Por lo tanto, hay que considerar los conceptos de especie y variedad
como arbitrarios (ambos se aplican para distinguirse). Un grado elevado de
variabilidad es evidentemente favorable, pues ofrece los materiales para que
trabaje la selección. Pero la selección natural sólo afecta a las variaciones
útiles, a las variaciones con valor adaptativo. Sobre las leyes de la
variación, considera que existen dos factores: la naturaleza del organismo, y
la naturaleza de las condiciones de vida. Pero le da menos importancia a la
acción directa de las condiciones ambientes que a una tendencia a variar debido
a causas que él considera desconocidas. Estos hechos desconocidos son lo que
hoy en día se conoce como mutación y recombinación genética espontanea.
II. Por lo menos una parte de la
dicha variación es hereditaria. En otras palabras, la descendencia muestra una
tendencia a compartir ciertas características con los progenitores. Observó una
reversión o vuelta a los caracteres de los antepasados; cuando un carácter
perdido reaparece, el carácter en cuestión ha permanecido latente en todas las
generaciones sucesivas hasta que, al fin, vuelve a aparecer. Por lo tanto,
aunque no se conocían los mecanismos de la herencia, Darwin parecía estar en el
camino acertado, a pesar de postular la teoría errónea de la pangénesis (1868).
Esta teoría determina, en esencia, que los caracteres se heredan gracias a las
partículas que se encuentran en los fluidos corporales. Hoy en día se sabe que,
gracias a los estudios de August Weismann (1883), sólo los cambios en las
células germinales se transmiten. Es la teoría de la continuidad del plasma
germinativo, teoría que constituye la base del llamado neodarwinismo.
III. Hay una lucha universal por la vida, hay una “lucha
por la existencia" (expresión que se debe usar en sentido amplio). Esta
fue la idea que Thomas Malthus dio a conocer en su ensayo sobre la población (Ensayo
sobre el principio de la población, 1798), y que Darwin trasladó al
universo animal y vegetal. Se producen más individuos que los que pueden
sobrevivir debido a la cantidad de alimento (en general, podemos decir, que la
disponibilidad de alimento está determinada por las condiciones climáticas),
pero también el servir de presa a otros animales. Aunque posteriormente el
autor indica que las especies en estado natural están limitadas a las regiones
que habitan por la competencia de otros seres orgánicos, tanto o más que por la
adaptación a climas determinados. Esta lucha por la vida es rigurosísima entre
individuos y variedades de la misma especie (de ahí que haya una tendencia a
suplantar y exterminar en cada generación a sus precursores y a su tronco
primitivo).
Esta idea indica, en esencia, que sólo
sobreviven los más adecuados, o como dijo el filósofo Herbert Spencer, los más
aptos.
IV. Supongamos que los organismos varían en
la naturaleza, aunque sea escasamente, bien por cambio de las condiciones
ambientales (la geología nos proporciona abundantes ejemplos de ello), bien por
cualquier otra causa. Supongamos que estas variaciones hereditarias favorecen
en algo al individuo en sus relaciones complejas y variables con el medio
ambiente. La lucha sin tregua ni piedad por la vida habrá tenido que conservar
las variaciones favorables y hacer desaparecer las que no lo eran, y esto es
válido para cualquier ventaja de estructura, de constitución o de instinto.
Esto es lo que Darwin considera corno selección natural(se distingue de la
selección artificial, el mismo proceso pero realizado por el hombre), el
concepto sobre el que gira su gran obra. Comprendió de manera general la
diferencia entre evolución vertical y escisión de las especies, pero carecía de
un concepto de especie biológica basado en el aislamiento reproductor. En
consecuencia, no descubrió el proceso por el que tiene lugar la multiplicación.
Como dice F.B.Baird Jr. en su obra La diversidad de la vida, la idea de
diversidad de Charles Darwin permaneció confusa, en este sentido, el título
abreviado Sobre
el origen de las especies es engañoso.
Cambiando las condiciones de vida, la
selección natural acumula ligeras modificaciones que sean de algún modo útiles.
En muchos casos es probable que la costumbre, el uso y desuso hayan entrado en
juego. Es en este punto donde se observa al Darwin más titubeante. La herencia
de los caracteres adquiridos no parece sustentarse con firmeza cuando el autor
habla del instinto en las hormigas: “las costumbres peculiares, limitadas a las
obreras o hembras estériles, por mucho tiempo que puedan haber sido
practicadas, nunca pudieron afectar a los machos y a las hembras fecundas, que
son los únicos que dejan descendientes”. Pero no renuncia a aplicar la herencia
de los caracteres adquiridos a su teoría, solamente considera que en este caso
no es aplicable, considerando este hecho como la dificultad más grave que ha
encontrado en su teoría. Por todo esto, es sorprendente la crítica negativa que
realiza de las carencias de la doctrina lamarckiana sobre este tema, sobretodo
cuando parte de su obra se basa en la herencia de los caracteres adquiridos
(aunque da un mayor peso específico a la evolución por selección natural). Esto
nos hace creer, que el pensamiento darwiniano puro prescinde de la evolución
por uso y desuso, idea que el autor se vio obligado a incorporar debido a las
críticas sobre la evolución por simple acumulación de variaciones espontaneas
pequeñas que sean útiles.
Darwin también habla del concepto de
selección sexual, como la lucha entre los individuos de un sexo - generalmente,
los machos - por la posesión del otro sexo. Es menos rigurosa que la selección
natural, pues no da como resultado la muerte del competidor desafortunado, sino
poca o ninguna descendencia. Aunque se admita que la selección sexual es menos
rígida en su acción, a largo plazo acarrea los mismos efectos “devastadores”
que la selección natural.
El autor dedica una parte de su obra a
responder a algunas preguntas que parecen hundir su teoría, pero que él
responde con elegancia y perspicacia. Uno de los problemas expuestos es la no
siempre presencia de especies unidas por gradaciones intermedias. La respuesta
es clara y concisa: tienen que haber existido innumerables variedades
intermedias que enlacen todas las especies del mismo grupo, pero el mismo
proceso de selección natural tiende constantemente al exterminio de las formas
madres y de los eslabones intermedios. Por lo tanto, sólo pueden encontrarse
pruebas de su pasada existencia en los restos fósiles, cuyos registros son
sumamente imperfectos e interrumpidos. Pero la perspectiva actual de la teoría
de la Evolución, nos lleva a hablar de la Teoría de los Equilibrios Puntuados o Interrumpidos:
el registro fósil no es del todo imperfecto, pues puede existir una evolución
saltacional que determine la ausencia de eslabones intermedios.
Sobre la existencia de seres orgánicos que
tienen costumbres y conformación peculiares (un ejemplo es la presencia de
gansos y rabihorcados con patas con membranas interdigitales viviendo en tierra
o que rara vez se posen en el agua), es el resultado de las variaciones en
costumbres y conformación que han obtenido, dándoles ventaja sobre otros
que habitan en el mismo lugar, por diferente que este pueda ser de su propio
puesto.
Sobre la cola de algunos monos americanos,
que se ha convertido en un órgano prensil, que sirve como una quinta mano. Las
críticas hacían observar que era imposible que esta capacidad se hubiese
adquirido por selección natural. Darwin sale al paso indicando que la costumbre
bastaría para esta obra. Nada más lejos que la realidad, quién puede dudar de
que las colas largas y prensiles de los monos americanos (como la del mono
araña Ateles
geoffroyi), mostrándose inicialmente como débil tendencia, pudiesen
salvar la vida de los individuos que la poseían o aumentar las probabilidades
de tener y criar descendencia. Puesto que sabemos que estos monos pueden
permanecer colgados de una rama sosteniéndose sólo con la cola, dejando todas
las manos libres, como también pueden recoger frutos y hojas con la cola.
El panorama que emerge de la evolución a
nivel del gen ha alterado nuestra concepción tanto de la naturaleza de la vida
como del lugar del hombre en la naturaleza. Antes de Darwin era habitual usar
la enorme complejidad de los organismos vivos como prueba de la existencia de
Dios. La más famosa exposición de esta argumentación procedía del reverendo
William Paley, quien en su Natural Theology (Teología natural) de
1802 introdujo la analogía del relojero: la existencia de un reloj implica la
de un relojero, en otras palabras, grandes efectos implican grandes causas. La
obra de Darwin es una continua lucha por acabar con la teoría de las creaciones
especiales según la cual las especies habían sido creadas separadamente. Pero
el mensaje de Darwin va más allá, intenta determinar el origen del hombre y su
posición en la naturaleza. El origen de las especies resume en un
sentido unitario un enorme conjunto de hechos
acumulados en los trabajos de naturalista que había hecho y condensa todos los
problemas sobre el tema conocidos en aquella época. El libro determinó una
verdadera revolución del pensamiento científico y filosófico, provocó el
entusiasmo de numerosos naturalistas, pero también condujo a una ola de
críticas y de violentas polémicas. Una revolución que choca aún hoy en día con
las fuerzas reaccionarias y oscurantistas.