DEPRESIÓN, en la niñez
Ø Por
el Lic. José Luis Dell’Ordine
Ø Contacto:
dellordine@arnet.com.ar
Ø Palabras
claves: depresión, niñez, diagnóstico.
Objetivo:
El presente artículo trata de la problemática del
diagnóstico de la depresión en la niñez y de las distintas dificultades para
diferenciarlo de otros cuadros psico-patológicos de esa etapa evolutiva y sus
diferencias con la depresión del adulto dejando abierto el ahondar en el mismo
desde perspectivas neuropsicológicas.
Desarrollo:
Se comienza a hablar sobre este tema en el
niño a comienzos de siglo, aunque los
estudios sistematizados aparecen recién en la década del 50 aproximadamente.
Abraham,
en 1912 delinea el mecanismo psicodinámico de depresión aludiendo a las
pérdidas del objeto amado en los períodos tempranos del desarrollo.
Freud y Melanie klein continúan elaborando el tema dentro de la misma
línea. Ana Freud, Spitz, Burlingham
acentúan los efectos de la separación materna en niños de edad preescolar.
Spitz estudia esta problemática, la que denomina depresión analítica como
síndrome que afecta al bebé cuando es separado de su madre después de los seis
meses de vida. Se caracteriza por:
tristeza, apatía, llanto, reacción lenta a estímulos, lentitud de movimiento,
trastorno del sueño y de la alimentación.
Este
fenómeno será luego denominado por los pediatras, quienes lo observaron en los niños que permanecían hospitalizados
por periodos prolongados sin su madre presente, como “hospitalismo”. Se
ha observado también otro fenómeno semejante a este, provocado por la falta materna que se denominó “Falta de lozanía”. Ambos producen un retraso en el crecimiento
y desarrollo.
A partir de la década del 60 se comienza a
discutir si la causa de la depresión infantil es psicodinámica y si algunos
trastornos infantiles podrían enmascarar una depresión.
La psiquiatría infantil utiliza el término
depresión con una variedad de significados, lo cual ha generado una confusión
en relación a este tema que no se observa en la depresión adulta.
-Depresión: estado de tristeza o dolor
emocional en reacción a una situación displacentera (ej. perdida o fracasos).
-Depresión como rasgo de personalidad:
estado relativamente estable de incapacidad de obtener placer.
-Depresión
como síntoma individual: estado patológico de humor bajo o triste.
Estas desviaciones pueden darse tanto en
forma cuantitativa como cualitativa.
-Depresión como trastorno: síndrome
depresivo desviado de la normalidad.
Estos
aparece en el marco de otro cuadro psicopatológico.
-Depresión como síndrome: conjunto de
síntomas que regularmente se dan juntos.
-Depresión como enfermedad: es una forma
particular de la depresión anterior,
donde el trastorno aparece definido,
con correlaciones psicopatológicas, base genética, una patología física,
pronostico y respuesta especifica a tratamiento.
v
DIFICULTADES EN EL DIAGNÓSTICO DE LA DEPRESIÓN
INFANTIL
Existen
dificultades en la tarea diagnostico de este trastorno en los niños debido a:
1-Falta
de unidad en la utilización del termino depresión
2-Desarrollo o etapa evolutiva por la que atraviesa el niño.
3-Rendimiento intelectual y características emocionales.
4-Incapacidad de los niños, sobre todo de los más pequeños, para
expresar con precisión sus estados de ánimo.
Generalmente la consulta es solicitada por los padres o por observación
de los maestros, quienes son los que
aportan los relatos y datos sobre los que se basará el profesional para
realizar su trabajo.
Se ha
observado a través de técnica (Cuestionario sobre Depresión Infantil) que no
siempre los padres tienen capacidad para detectar síntomas depresivos en sus
hijos
Los
estudios de Angold y col. (1987)demuestran una baja sensibilidad en tal sentido.
El
Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de
Harbad y Massachussets estructuro un sistema diagnostico basado en cinco etapas
del desarrollo del niño, siendo necesario en todos los casos la presencia del
humor disforico para el diagnostico de este trastorno a cualquier edad. Para concretar el diagnostico deben estar
presentes por lo menos cuatro conductas
disfunciones: trastornos del sueño, de la alimentación, retrasos del
desarrollo, alteraciones del lenguaje, de la conducta motriz, agresividad, etc.
Los mismos deben presentarse por lo menos durante dos semanas como
mínimo.
Los
equivalentes depresivos aumentan la dificultad para realizar aumentan la
dificultad para realizar el diagnostico,
podemos definirlos como conductas antisociales y quejas somáticas
(depresión enmascarada). En la mayoría
de los casos estos se presentan junto a síntomas depresivos
convencionales. Es difícil asegurar si
la depresión es causa o síntoma secundario del trastorno de conducta.
Por
ejemplo en el síndrome por déficit atencional con hiperactividad la depresión puede aparecer como consecuencia de las
dificultades en la adaptación social que aqueja a estos niños.
La coexistencia de trastornos de
conducta asociados a síndrome depresivos fueron descriptos por Shafer (1974)
quien afirma que en el 75% de los suicidios en niños y adolescentes estos
habrían presentado con anterioridad conductas antisociales.
No podemos atenernos a un criterio
rígido aceptado como depresión infantil solamente los criterios preestablecidos
para los adultos. Para realizar una
adecuada selección de las estrategias clínicas es necesario basarse en un
diagnóstico correcto, por lo cual se
hace necesario profundizar sobre el terna especialmente en la compresión del
desarrollo de la efectividad. Los
criterios de severidad y duración han ayudado para distinguir la tristeza
normal de la patológica.
En cuanto al trabajo terapéutico con
niños que padecen depresión primero hay que hacer un diagnóstico
diferencial de acuerdo a la edad de los
mismos y las características e intensidad de los síntomas.
A través de las primeras entrevistas
con los padre el profesional contará
con un conjunto de datos entre los cuales son de gran importancia:
1- Antecedentes
familiares de enfermedad psiquiátrica,
los cuales aportan información
valiosa acerca del cuadro clínico.
2- Si
el niño ha estado deprimido antes, es importante saber si se realizó alguna
consulta y el tipo de tratamiento llevado a cabo.
3- Saber
si el niño ha sufrido un trauma emocional grave reciente.
Una vez evaluada la información
obtenida, ésta debe completarse con la
observación y el proceso diagnostico .
De acuerdo a la edad del mismo se eligen las pruebas y técnicas
adecuadas que nos permitan el abordaje correspondiente, siendo efectivas para tal fin la hora de
juego diagnostico y el dibujo libre entre otras.
Los trastornos de las funciones
cognitivas son manifestación sintomática del síndrome depresivo. Se pude observar en algunos niños una
hipermnesia de los errores cometidos,
de recuerdos desalentadores y una amnesia en relación a hechos
felices; las conductas están afectada
por sentimientos de carácter pesimista.
En el afán de llegar a una definición
de la depresión infantil se ha comparado lo observado con estudios realizados
en adultos, llegando a la conclusión de
que la depresión es frecuente en pacientes orgánicos y que el deterioro
cognitivo estaría relacionado con el estado depresivo. Desde una visión neuropsicologica podemos
decir que la depresión infantil tiene un claro componente neurobiótico y una
manifestación sociocognitiva que abarca
a todas la áreas del conocimiento, pero
fundamentalmente debemos decir como terapeutas que desde los más arcaicos
procesos estructurales se conjuga un yo psíquico que da cuenta de su
imposibilidad vivencias con un des-orden que lleva a ese niño, si supera las primeras etapas, a constituirse en un adulto con una
existencia más del orden del sufrimiento que
del placer. Debemos buscar en el
ejercicio de la función materna y paterna y en su interjuego dinámico lo
patológico, que hace que un niño que
tiene toda su existencia por construir,
sólo puede sentir, pensar y
actuar en la “no-existencia”.
Ø
conclusión:
En los
momentos actuales de una sociedad en donde abundan los modelos agresivos y
competitivos, no sólo los investigadores, sino también los líderes educativos,
sociales y políticos están descubriendo la importancia de las actitudes y
comportamientos pro sociales, tanto por el potencial que ofrecen de cara a la optimización de una convivencia más
armónica, funcional y ajustada como por su valor preventivo de higiene mental
para la persona en particular sometida, generalmente a fuertes presiones de una
sociedad que no siempre facilita, espontáneamente, las conductas sanas.
Ø
Bibliografía consultada:
Þ
“Psicología y Educación para la
Prosocialidad”, Robert Roche Olivar, 1998, Red Federal de Formación Docente,
Ministerio de Cultura y Educación de la Nación.
Þ
Revistas del CONSUDEC, Nros.860, 878, Años
2000, Buenos Aires.
28 de abril de 2001
Argentina
Ø