Derecho a
la vida-Derecho a la muerte
Declaración
americana de los derechos y deberes del hombre (aprobada en la novena
conferencia internacional americana-Bogotá, Colombia 1948).
Artículo
primero: Todo ser humano tiene derechos a la vida, a la libertad y a la
integridad de su persona.
El
derecho a la vida es el más esencial de los derechos de los que goza una
persona, es el derecho a vivir.
Con respecto al derecho
a la muerte, queremos dejar en claro que no figura en ninguna declaración de
derechos humanos. Desde nuestro punto de vista, consideramos correcto
interpretar que el derecho a la muerte implica prescindir del derecho a la
vida, puesto que cada uno puede hacer con este último lo que crea conveniente.
EUTANASIA
Es
indudable que para el paciente muy enfermo o terminal, para su familia y para
los médicos que lo atienden, las decisiones sobre el curso del tratamiento a
seguir acarrean graves consecuencias. Muchos factores son especialmente
relevantes en la toma de estas decisiones ante una muerte inminente, y los
dilemas que se originan no fuerzan a examinar nuestras prioridades éticas -el
respeto por la vida; ¿ es la vida algo sagrado?, ¿ a que debe darse prioridad,
a la cantidad o a la calidad de vida?-; el respeto por la autonomía de la persona
-¿ qué papel deben jugar los deseos del enfermo en estos casos?- y nuestra
concepción de los fines de la medicina -¿ es el “salvar vidas” su única
función, o acaso no cuenta entre sus objetivos “aliviar el sufrimiento del
enfermo”?.
En
este artículo nos centraremos en los problemas que surgen cuando pacientes y
médicos consideran seriamente dos opciones límite:
a)
no realizar un tratamiento considerado inútil (lo que, si produce la muerte de
la persona, se considera eutanasia pasiva)
b)
ayudar a morir al paciente competente que así lo solicita, con el objeto de
aliviar su sufrimiento y de evitar una muerte prolongada (eutanasia activa y
suicidio asistido).
El propósito de este
artículo es abrir el debate sobre las diversas formas de eutanasia, examinado
algunos argumentos importantes que han sido presentados a favor y en contra de
estas prácticas.
Tipos de eutanasia
El término “ eutanasia”
proviene del griego y significa “ buena muerte” . Interpretada de manera
general, se puede decir que se refiere al acto de inducir la muerte en una
persona, ya sea pasivamente (al no administrar el tratamiento requerido), o activamente [dando los pasos específicos para provocar la
muerte del paciente, por ejemplo, al aplicar una inyección letal). Estas
distinciones, como ya veremos, son bastante cuestionables.
La posición estándar
considera que la eutanasia pasiva es aceptable desde el punto de vista moral, y
no hay dudas de que es usual en la práctica médica. De esta manera, se acepta
la idea de que a los pacientes competentes -o a las personas competentes que
toman decisiones en nombre de un paciente incompetente- se les debe permitir
evaluar las ventajas y desventajas de diferentes tratamientos alternativos. A
partir de dicha evaluación, pueden rechazar un determinado tratamiento o elegir
entre las alternativas (algunas formas de eutanasia pasiva, entonces, surgen
del rechazo del tratamiento por el paciente; se trata de casos de eutanasia
pasiva voluntaria.).
Eutanasia voluntaria y
no- voluntaria
Se
habla de eutanasia voluntaria cuando el paciente competente, después de evaluar
la información necesaria sobre su situación, solicita la eutanasia. En cambio,
cuando se carece del consentimiento de la persona, dado que el paciente es
incompetente para proveerlo, y no puede expresar sus deseos, se trata de
eutanasia no-voluntaria. En el caso de pacientes que por edad, un handicap
mental o por estar inconscientes no son competentes para tomar decisiones de vida o muerte y, por este
motivo, otros toman las decisiones en lugar de ellos. Mientras que la eutanasia
voluntaria puede justificarse más fácilmente aludiendo al principio de
autonomía y respeto por la persona, la eutanasia no-voluntaria plantea
problemas mucho más difíciles, y puede dejar en estado de indefensión a quienes
no son competentes para tomar una decisión. En general, se argumenta en su
favor aludiendo al sufrimiento o a la calidad de vida, pero estos son conceptos
complicados en tanto implican un grado bastante alto de subjetividad.
Eutanasia activa voluntaria
y suicidio asistido: argumentos a favor y en contra.
El debate sobre la
justificación moral de la eutanasia no es nuevo, pero actualmente este tema
está cobrando una repercusión inédita en la prensa. Este fenómeno se explica a
partir de nuevos factores: la tolerancia y la reciente legislación holandesa
acerca de la eutanasia, nuevos intentos legislativos en los E.E.U.U. y la
aparición, en el mismo país, del doctor Kervorkian y de otras organizaciones
que ayudan a pacientes. La eutanasia está dejando de ser una práctica negada,
realizada en silencio.
Argumentos en contra:
Existen
diferentes argumentos en contra de la eutanasia activa voluntaria;
esencialmente éstos tratan de fomentar el valor del respeto por la vida y
señalan la necesidad de evitar posibles abusos. Los detallaremos a continuación
junto con las respuestas que ofrecen aquellos que están a favor de tal
práctica.
1. Jugar a ser
Dios: se trata de un argumento que proviene de un marco teórico
religioso. La idea es que al matar a una persona el ser humano se está
atribuyendo derechos que no tiene. Sólo Dios puede quitar la vida. A esta
objeción se suele responder que también jugamos a ser Dios cuando tratamos de
curar a una persona y no acatamos los designios de Dios. Sin embargo, en este
caso, no se considera que la medicina sea inmoral. Es difícil saber qué es lo
que el ser humano tiene derecho a hacer y qué no, cuáles son los límites del
poder humano frente a la Providencia divina. Dado que la medicina muchas veces
va en contra del llamado “designio divino”, prolongando artificialmente vidas, uno
se puede preguntar si no se puede aplicar a estas acciones el mismo argumento
que se acaba de enunciar.
2. Argumento de
la ley natural: tenemos una inclinación natural a vivir, y esta
inclinación natural es violada cuando se practica la eutanasia.
Respondiendo a esta
objeción, podemos preguntarnos qué se entiende por “natural”. Si por natural se
entiende “no intervención humana”, casi ninguna intervención médica es natural.
Si por natural se alude a la no corrección de “desviaciones” o “problemas” de
la naturaleza, el uso de anteojos no es natural. Por otro lado, también es
lícito cuestionar por qué lo natural debe ser lo bueno. ¿En qué se funda el que
adscribamos a lo natural un juicio de valor positivo? Derivar del ser, de
aquello que es, aquello que debe ser podría llegar a criticarse como
un tipo de falacia. El filósofo británico G. E. Moore, sostenía en 1903 que lo
bueno no era una cualidad “natural”.
Así, aquellos que identificaban la bondad con una cualidad natural serían
culpables de una falacia naturalista.
3. Argumento de
la competencia: cuestiona la posibilidad de que el paciente otorgue
un verdadero consentimiento informando. En principio, debido a la enfermedad,
que lo colocaría en un especial estado de inferioridad, el paciente deja de ser
competente. Con frecuencia, para aliviar el dolor se administran drogas que
provocan en el enfermo una especie de sopor, estado en el cual también sería
incompetente. Finalmente, el argumento señala que, aún si a veces el enfermo es
competente, es muy difícil discriminar a los pacientes competentes de los que
no lo son.
Frente a esta
objeción, se señale que es posible recurrir a evaluaciones psiquiátricas que
permiten saber con certeza si el consentimiento del paciente es producto del
dolor y de la depresión o, por el contrario, de su autonomía.
4. ¿Puede haber
un derecho a matar?:: Aún cuando se determine la competencia del
enfermo y se justifique su pedido, falta establecer la legitimidad de la acción,
esto es, el derecho moral del médico de matar al paciente. Se apunta al hecho
de que la eutanasia no implica sólo la auto-determinación del paciente, sino
una decisión social mutua entre dos personas. La pregunta es ¿quién otorga ese
derecho al médico? Después de todo, prácticas tales como la esclavitud fueron
abolidas fundándose en el principio según el cual ninguna persona goza del
derecho de poseer a otra, aun con el consentimiento de esta última.
Esta es una
objeción de peso. Sin embargo, por un lado, se apoya en la distinción entre
matar y dejar morir. En el contexto de la medicina, la prohibición moral de
matar al inocente es plausible si se supone que nada de lo que hace el médico
en la práctica médica es “matar”. Esta objeción requiere que el discontinuar un
tratamiento (práctica común en medicina) no sea considerado matar. De esta
manera se tendría una posición coherente.
Por otro lado,
se ha señalado que la analogía que se hace entre el individuo que se vende para
ser esclavo y el que pide a otro ser humano que le quite la vida en una
situación extrema, no es válida. Cuando una persona elige ser esclava de otra,
esa persona se somete a la dominación y posiblemente a la opresión del otro.
En
cambio, el resultado de pedir a otro ser humano que lo asista en la propia
muerte no implica opresión por parte del otro, ni implica que uno pase a ser
propiedad ajena. Así, se puede decir que mientras ayudar a otro e morir es una
manera de preservar su dignidad, no lo es tomar a otro como esclavo. Además, el
resultado final es uno que de todas maneras era inevitable: la muerte. La vida
del paciente no pertenece al médico; en tanto los seres humanos tienen derecho
a la vida, pueden eventualmente transferir ese derecho.
5. Argumento
del error de diagnóstico o de pronóstico: Una decisión como la que
está en discusión es irreversible. Por lo tanto este argumento considera la
posibilidad de errores de diagnósticos respecto de la posibilidad de encontrar
una cura en el futuro. Aquí se apunta, por un lado, a la falibilidad de nuestro
conocimiento y, por el otro, se demuestra una confianza optimista con respecto
al mismo.
6. Argumento de
la pendiente resbaladiza: se señala que mientras la eutanasia activa
puede ser moralmente aceptable en ciertos casos en los que, sin duda, se posee
el consentimiento del paciente, la legalización de la práctica llevará
inevitablemente a que se practique eutanasia activa en otros casos en los
cuales no se explicitaría ese consentimiento y, en consecuencia, no estaría
moralmente justificada. Si permitimos la eutanasia activa se puede llegar al
asesinato involuntario de personas, es decir, a abusos terribles.
Mientras que no
se puede negar la posibilidad que la práctica legal de la eutanasia pueda tener
malos usos, esta posibilidad no es suficiente para prohibirla, dado que el que
se pueda abusar de una práctica no implica, necesariamente que vaya a ser abusada.
La existencia de abusos depende del tipo de medidas que se establezcan para
protegernos de los mismos.
Argumentos
a favor:
1. Derecho a la
vida y a la muerte: el derecho a vivir implica el derecho a morir.
En la medida en que poseemos ese derecho, podemos hacer con él lo que creamos
conveniente. Según ya hemos señalado, se ha argumentado que el derecho a morir
de una persona no implica una obligación de matar por parte del médico.
2. Eliminación
del sufrimiento y bienestar: una persona enferma que sufre está
siendo torturada por la naturaleza. Debemos dejar que elija su destino y ayudar
a evitar su sufrimiento. Oponerse a estos principios implicaría la conducta
sádica de continuar manteniendo el sufrimiento de esa persona.
3. Distinción
entre calidad y cantidad de vida: como hemos mencionado
anteriormente, este argumento distingue entre la cantidad y la calidad de vida
de la que puede gozar una persona; esgrimiendo que lo que debe promoverse no es
mera cantidad de vida -días en agonía y sufrimiento-, sino la posibilidad de
disfrutar una vida mínimamente digna. Las objeciones que surgen se resumen en
dos interrogantes: ¿Qué es la calidad de vida y quién la determina?
4. Argumento
basado en la no diferencia entre matar y dejar morir: si se acepta
la eutanasia pasiva, debe consentirse la eutanasia activa, dado que no habría
una diferencia moral entre matar y dejar morir. En ambos casos, la intención es
la misma. No parece haber, entonces, diferencia en culpabilidad moral.
Paradójicamente, este mismo argumento se puede utilizar para rechazar
totalmente la eutanasia: la eutanasia pasiva no es moralmente diferente de la
eutanasia activa, por lo tanto, no habría que aceptar ninguna de las dos.
5. Autonomía o
autodeterminación del individuo: todo individuo racional es libre y
tiene derecho a tomar decisiones relativas a su vida y a ser responsable de
dichas decisiones.
Decisiones
de tratamientos en pacientes incompetentes.
Ya hemos visto
que cuando el paciente no puede expresar sus deseos y otra persona decide por
él, se trata de un acto de eutanasia no voluntaria. Los casos de eutanasia no
voluntaria son muy polémicos: considérese, por ejemplo, los casos de recién
nacidos con serias minusvalías. Estos bebés, a veces, necesitan de una
operación simple para, por ejemplo, poder alimentarse naturalmente. En ciertos
caso, los padres se han opuesto a consentir a la operación y los médicos no han
cuestionado la decisión, provocando así la muerte del recién nacido. No
realizar tal intervención quirúrgica, en el caso de un bebé “normal” no se
plantea.
No sólo son los
menores quienes pueden ser considerados incompetentes. También las personas en
coma, las que han perdido la consciencia o con ciertas deficiencias mentales
son incompetentes. Frente a estas situaciones en las que los pacientes no son
competentes, surgen los siguientes interrogantes: ¿Quiénes deben decidir?, ¿Los
familiares?, ¿Los médicos?, ¿Los jueces? Generalmente, se considera que la
decisión puede ser tomada por los familiares del paciente.
También se
plantean problemas respecto de cuál debe ser el criterio de decisión, esto es,
qué principios deben guiar la toma de decisión por parte de los representantes
del paciente. Se pueden considerar cuatro posibilidades:
1.
Criterio
de la persona razonable: considera intuitivamente lo que
cualquier individuo razonable, en esa situación elegiría.
2.
Criterio
sustantivo: una vez evaluados los riesgos y los beneficios, se
busca lo “mejor” para el paciente.
3.
Criterio
de identidad de intereses: los intereses de los terceros y de la
persona incompetente están tan ligados, que al elegir su propia conveniencia,
la persona que decide protege los intereses del individuo incompetente.
4.
Criterio
de procedimiento: se sustituye el propio juicio por el del paciente:
requiere que el representante sostenga lo que el paciente incompetente hubiera
preferido. Se puede aplicar en el caso de personas que fueron competentes y
expresaron sus preferencias.
A veces, estos
criterios coinciden y refuerzan una decisión pero otras, conducen a respuestas
diferentes. Los médicos y los familiares del paciente pueden estar considerando
diferentes criterios. Existe, aun, otra dificultad, y ésta reside en una
adecuada interpretación y aplicación a los casos concretos de los criterios
recién mencionados. En estas situaciones es donde el Comité de Etica juega un
papel esencialmente importante, ya que hay que decidir qué es lo mejor para el
paciente y, a veces, cuál es la posición que debe prevalecer (la de los médicos
o la de sus familiares).
Los
interrogantes que surgían en el caso de menores, se pueden aplicar también a
casos de pacientes que, en el pasado, han sido competentes pero que ya no lo
son. Muchas veces, ciertas condiciones físicas incurables o el proceso mismo de
muerte conducen a esta situación. ¿Cómo pueden dichos pacientes asegurarse de
que sus deseos van a ser respetados en caso de que no puedan tomar decisiones?
En muchos países, la forma más segura de respetar los deseos del paciente se da
a través de lo que se conoce como “directivas adelantadas” o “testamentos
vitales”. A través de ellos, los pacientes pueden estipular anticipadamente
cuáles son los tratamientos que están dispuestos a aceptar y cuáles no.
ABORTO
Se llama aborto
a la terminación de un embarazo.
Existen leyes y
reglamentos que regulan el aborto, así como la asistencia sanitaria en general,
en cuanto a la formación profesional, y a la licencia del ejercicio de la
práctica médica, el tipo de instalaciones, la dotación de personal, la
publicidad, la financiación y los honorarios. Pero, más allá de la regulación
del aborto, en la permisibilidad de dicha práctica reside una cuestión moral.
La prestación
de asistencia urgente al aborto es una norma ética de la práctica de la
medicina en todos los países, ya que dicha asistencia es esencial para salvar
la vida de la mujer y proteger su salud.
Legislación
en el aborto
Los
reglamentos, la legislación sobre medicina y los códigos de práctica
profesional, , duelen el modo y las circunstancias en que puede prestarse
asistencia urgente al aborto y las personas capacitadas para hacerlo.
Las leyes sobre
el aborto han cambiado con el tiempo, llevando a una liberalización de las
disposiciones que rigen el aborto voluntario, aún quedan reminiscencias de la
antigua legislación restrictiva en países como Burkina Faso, Indonesia, Kenya,
Mali, Nigeria y muchos países de América Latina.
La reforma o la
liberalización de las leyes no siempre conduce de inmediato ala mejora de la
práctica y la seguridad del aborto ni asegura la prestación de servicios a las
mujeres de todos los grupos socioeconómicos o culturales o a las que viven en
zonas apartadas. En algunos países en que dicha reforma ha limitado la práctica
del aborto voluntario y su disponibilidad, siguen practicándose abortos en
condiciones de riesgo, por lo que persiste la necesidad de asistencia urgente.
Los últimos
cambios de la legislación han sido para admitir nuevos casos en que el aborto
está permitido, a saber: el embarazo de adolescentes, la edad avanzada de la
madre, las circunstancias familiares y la infección de las madres por el virus
del HIV.
Legalmente,
el aborto está contemplado por los artículos 85, 86, 87, 88 del Código Penal de
nuestro país. El artículo 86 establece que el aborto provocado sólo es legal
si:
·
se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la
vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros
medios;
· el embarazo proviene
de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o
demente.
Fuera de estos
casos, el aborto es considerado un hecho delictivo, en el que, generalmente, la
vida de la madre corre grave peligro ya que, la mayoría de las veces, el aborto
es practicado por personas irresponsables, que no tienen conocimientos médicos,
y en sitios que no cuentan con las medidas de higiene y asepsia necesarias para
la realización de una intervención quirúrgica. Además de los riesgos de hemorragias,
infecciones y de secuelas que pueden conducir a la esterilidad, es factible que
queden marcas emocionales profundas, como sentimientos de culpa, estados de
angustia, temor a nuevas relaciones sexuales, etcétera.
La motivación
para interrumpir un embarazo puede ser tan fuerte que se da el caso de mujeres
normalmente respetuosas de las normas y atentas a su propia salud, que hacen
caso omiso de las creencias tradicionales y están dispuestas a transgredir la
ley y a exponerse a la enfermedad, la muerte y las consecuencias sociales y
legales del aborto con tal de evitar un nacimiento no deseado.
En general, las
razones que se citan para justificar la práctica del aborto pueden dividirse en
cinco categorías principales:
1.
El embarazo pone en peligro la entonces una medida
terapéutica cuyo objetivo es preservar la salud física materna);
2.
Se descubre en el feto una deformidad o discapacidad
severa (en cuyo caso el aborto se convierte en una medida eugenésica cuyo objetivo es
evitar el nacimiento de un niño severamente discapacitado);
3.
El embarazo es producto de la violación de la madre
o de incesto por lo cual la madre sufre problemas psicológicos y emocionales
serios (el aborto en estos casos se propone por razones humanitarias siendo el
objetivo preservar la salud mental materna);
4.
La mujer embarazada o la pareja carece de medios
económicos para criar al niño que va a nacer (en cuyo caso el aborto se propone
por una razón socio-económica);
5.
El niño que va a nacer interfiere con la felicidad y
el bienestar de la mujer, la pareja o la unidad familiar. En general, muchos lo
defienden cuando el embarazo es el resultado de la violación de la mujer o de
incesto. Pero su permisividad moral se cuestiona mucho más cuando se sugiere
por cualquiera de las otras razones mencionadas.
Las
posiciones conservadora y liberal
En los últimos
años el debate sobre la moralidad del aborto se ha polarizado, oponiendo de
manera dramática dos tradiciones morales importantes: la de respeto por la vida
(que se conoce como posición conservadora o “pro-vida”) y la de respeto por la
autonomía y bienestar de la persona (posición liberal). La primera postura
afirma que el aborto es inmoral (con la posible excepción de algunos casos en
los que se hace necesario para salvar la vida de la madre) y pone un énfasis
especial en el status moral del embrión y del feto. La postura liberal
considera que el aborto es una alternativa moralmente legítima, y se concentra
en la necesidad de reconocer el derecho de la mujer a su autonomía e integridad
corporal. Entre estas dos posiciones extremas encontramos una variedad de
versiones moderadas, de acuerdo con las cuales el aborto es a veces inmoral y
otras no, según las circunstancias o la etapa del embarazo en la que se
produce. Hay una convicción que comparten la postura liberal y algunas
versiones de la moderada: que el aborto es una cuestión privada y personal que
debe ser decidida por la mujer sin que la ley interfiera con su decisión. Por
su énfasis en la importancia de la elección estas posturas se conocen
generalmente como posiciones pro-elección.
En gran medida,
para los conservadores, el status moral de la vida embrionaria y fetal es el
eje de la disputa sobre el aborto. En general, este status se expresa en
términos de derechos: decir que el feto tiene status moral significa atribuirle
derechos, entre ellos, el derecho a la vida.
Las discusiones
sobre el status moral del feto generalmente se conectan con el desarrollo
biológico del mismo y con su status ontológico. Sin embargo, la controversia no
se soluciona simplemente analizando las características biológicas del feto
(sobre las cuales tanto los liberales como los conservadores están de acuerdo).
La polémica es conceptual: ¿Cuál es el criterio para determinar si un ser puede
considerarse humano con derechos plenos?, ¿En qué momento del desarrollo
continuo del feto nos hallamos en presencia de vida humana (donde el adjetivo
“humana” implica posesión de status moral con todo en lo que esto supone)?.
Intuitivamente
parece cierto que la vida de los seres humanos “nacidos” tiene valor. Por ello,
el acto de matar a un ser humano inocente es condenado moralmente. ¿Pero cómo
se evalúa moralmente el acto de terminar la vida de un cigoto o un embrión?.
Para sostener que el aborto es un asesinato y por ello moralmente condenable,
hay que demostrar que el cigoto, que a primera vista no es un ser humano, posee
el mismo status moral. Por otra parte, para juzgar legítimo el aborto, se debe
mostrar que hay un momento a partir del cual la vida humana comienza a tener
valor y a merecer protección especial.
Para la
posición conservadora el momento de concepción marca la diferencia entre lo
humano y lo no-humano, en sentido no solo biológico sino también moral. Es
decir, para el conservador la condición necesaria para que una entidad sea
considerada humana en sentido pleno es puramente biológica. Por ello, a partir
del momento de la concepción, se considera al cigoto como un ser humano
individual poseedor de los derechos humanos que tiene un adulto. Así, esta
posición describe de manera elocuente el valor de la vida humana inocente
argumentando que la vida embrionaria o fetal merece la misma protección que la
de un recién nacido o un adulto.
La posición
liberal presenta dos estrategias importantes con respecto al status moral del
feto y lo que dicho status implica:
a) Algunos
liberales niegan directamente que el feto tenga status moral y,
consecuentemente, derechos y por ello
niegan que el aborto sea una forma de homicidio como afirman los conservadores.
b) Otros
consideran que el status moral del feto es irrelevante en la determinación de
la moralidad o inmoralidad del adulto y se concentran en los derechos de la
mujer, a los cuales dan prioridad.
Quienes niegan
que el feto tiene status moral señalan que, aunque el feto es biológicamente
humano, no posee características que sean significativas desde el punto de
vista moral-especialmente en las etapas tempranas del embarazo-, lo cual
implica que terminar con su vida no es incorrecto. La noción que defienden es
que no todos los seres humanos son efectivamente personas, concepto al cual dan
relevancia moral. De ésta manera presentan argumentos destinados a mostrar que
sólo las entidades que satisfacen ciertas características específicas que
tienen que ver con la presencia de vida mental -tales como la racionalidad y la
autoconciencia- y con un tipo determinado de comportamiento merecen la
denominación de “ personas” , y por lo tanto se les puede atribuir derechos.
Como los fetos no son ni racionales ni autoconcientes, carecen de este derecho
y no se tienen obligaciones morales con respecto de ello. Por ello, aunque el
aborto pone fin a la vida del feto, no hace del feto una víctima (ya que
participa de la comunidad moral). La decisión sobre el aborto depende de cada mujer
y no es justificación para que dicha decisión sea regulada legalmente.
Esta línea de
argumento es la que Mary Anne Warren desarrolla en defensa del derecho de la
mujer para obtener un aborto. Warren considera que si se parte del supuesto de
que el feto es una persona, es muy difícil justificar moralmente el aborto.
Pero en tanto no lo es -dado que no satisface los criterios que lo acreditan
como tal- el terminar con su vida no es un homicidio. Por otro lado, la mujer
es una persona y por ello tiene derecho a decidir por sí misma la continuación
de su embarazo.
La segunda
estrategia liberal señala que lo importante no es el status moral del feto sino
la autonomía de la mujer y sus derechos a controlar su cuerpo. Esto significa
que aun si el feto tuviera status moral, el aborto es moralmente legítimo.
Dentro de esta posición encontramos una versión más radical y otra más
moderada. Para la primera postura, la mujer en tanto autónoma, tiene un derecho
absoluto sobre su cuerpo. Este derecho lo permite, si así lo desea, hacer lo
necesario para deshacerse del feto incluso matándolo.
Esta posición
no considera que los casos de aborto son verdaderamente problemáticos dado que
se le da una total preeminencia a los derechos de la mujer, a su autonomía e
integridad corporal. El aborto es una opción a la cual las mujeres deben tener
acceso si quieren ser “dueñas de su cuerpo” y en cierta medida controlar sus
capacidades reproductivas. La idea es que la mayor libertad reproductora de las
mujeres las llevara a su madurez moral en tanto les otorgara la posibilidad
genuina de tomar decisiones y ser responsables por ellas.
La versión más
moderada ve los casos de aborto como una lucha entre los derechos maternales y
los derechos fetales.
Además de
presentar argumentos sobre el status moral del feto y los derechos de la mujer,
algunos liberales apelan también a las consecuencias sociales positivas de la
práctica legal del aborto para defender su legitimidad moral. Rechazando la
crítica conservadora que sostiene que abortar daña física y psicológicamente a
las mujeres, los liberales afirman que, a corto plazo, la legalización del
aborto beneficia a las mujeres y a los niños. A las primeras porque si desean
abortar (y así ejercer un derecho que poseen) pueden hacerlo en hospitales
atendidas por médicos, en vez de tener que recurrir a abortos clandestinos que
ponen en peligro sus vidas. Consideran que una legislación que prohiba el
aborto, en definitiva no lo elimina, sino que determina una praxis mucho mas
peligrosa. Beneficia a los niños porque solo nacen aquellos que son sanos y
realmente deseados. Consideran, por otro lado que el beneficio es también para
la supervivencia de los sistemas sociales de los cuales dependemos. Argumentan
que la libertad reproductora de las mujeres es no sólo esencial para su
bienestar, sino también un requisito indispensable de toda sociedad bien
constituida. Además actualmente, el crecimiento de población es descontrolado
y, por la falibilidad de los métodos contraceptivos, el aborto se presenta como
una alternativa aceptable.
Finalmente, al
argumento conservador que sostiene que la práctica del aborto promueve la falta
de respeto por la vida humana, los liberales responden que dicho argumento no
es verificado por la experiencia ya que en países los cuales el aborto es legal
no se ha notado una mayor incidencia de crímenes que en aquellos en los que se
prohibe la práctica.
Desarrollo fetal y derecho a la vida
En la
aplicación de estas sugerencias para definir la comunidad moral se plantean dos
problemas con respecto a la determinación del status moral preciso de un feto
humano. Dado que el ejemplo paradigmático de una persona es un ser humano
adulto normal, entonces, 1) ¿Cuán parecido a este paradigma y en particular
cuán avanzado desde la concepción debe ser un ser humano para que comience a
tener derecho a la vida, no por ser plenamente una persona todavía sino por ser
parecido a una persona?, y 2)¿En qué medida, si la hay, el hecho de que un feto
tiene el potencial de convertirse en persona lo dota de algunos de los mismos
derechos?. Cada una de estas preguntas requiere de algún comentario.
Para contestar
a la primera pregunta, no necesitamos intentar una consideración detallada de
los derechos morales de los organismos que no están lo suficientemente
desarrollados, o no son lo suficientemente conscientes e inteligente, etcétera,
como para ser considerado gente, pero que se parecen a la gente en algunos
aspectos. Parece razonable sugerir que, cuanto más parecido a una persona es un
ser (en sus aspectos relevantes), más fuerte es el argumento para considerarlo
poseedor de derecho a la vida, y realmente más fuerte es su derecho a ella.
Así, debemos tomar en cuenta seriamente la sugerencia de que, en la medida en
que “el individuo humano se desarrolla biológicamente de manera continua...los
derechos de una persona humana pueden desarrollarse en la misma forma”. Pero
debemos recordar que los atributos que son relevantes para determinar si una
entidad es lo suficientemente parecida a una persona o no como para
considerarla con algunos derechos humanos no son diferentes de aquellos que
determinan si es o no es una persona completa -es decir, no son diferentes de
uno a cinco- y que ser genéticamente humana, o tener características faciales o
físicas reconocidamente humanas, o actividad cerebral detectable o la capacidad
de sobrevivir fuera del útero, simplemente no están entre esos atributos
relevantes.
De este modo
resulta claro que, aún cuando un feto de siete u ocho meses tenga
características que lo hacen apto para despertar en nosotros el mismo y
poderoso instinto protector que despierta un niño pequeño, no es
significativamente más parecido a una persona de lo que es un embrión muy
pequeño. Es un poco más parecido a una persona; aparentemente puede sentir y
responder al dolor, y hasta puede poseer una forma rudimentaria de conciencia
en la medida en que su cerebro es bastante activo. Sin embargo, parece seguro
decir que no es completamente consciente en la forma en que lo es un niño de
pocos meses, y que no puede razonar o comunicar mensajes de maneras
indefinidamente diversas, no tiene actividad automotivada y no posee
autoconciencia. De este modo, en los aspectos relevantes, un feto -aún uno
completamente desarrollado- es considerablemente menos parecido a una persona
que los mamíferos maduros promedio (y, ciertamente, el pez promedio). Y creo
que una persona racional debe concluir que si el derecho a la vida de un feto
esta basado a una persona, entonces no puede decidirse que tiene mas derecho a la
vida que, digamos, un pececito de color recién nacido (que también parece capaz
de sentir dolor), y que un derecho de esa magnitud nunca podría anular el
derecho de una mujer a obtener un aborto, cualquiera sea la etapa de su
embarazo.
Por su puesto
que puede haber otros argumentos en favor de poner limites legales al estadio
de embarazo en el que pueda practicarse el aborto. Dada la relativa seguridad
de las nuevas técnicas de inducción artificial del trabajo de parto durante el
tercer trimestre, el riesgo de vida o la salud de la mujer ya no es un
argumento. Tampoco lo es el hecho de que la gente tienda a responder a la idea
del aborto, en los últimos estadios de embarazo, con repulsión emocional, ya
que las meras respuestas emocionales no pueden remplazar el razonamiento moral
para determinar lo que debe permitirse. Finalmente, tampoco (vale) el argumento
frecuentemente escuchado de que legalizar el aborto, especialmente en el
embarazo avanzado, pueda desgastar el respeto por la vida humana, llevando quizás
a un aumento de la eutanasia injustificada y de otros crímenes. Porque esta
amenaza, si es una amenaza, puede cubrirse mejor educando a la gente con los
tipos de distinciones morales que marcamos aquí, que limitando el acceso al
aborto (limitación que puede, en su descuido de los derechos femeninos, ser
igualmente dañina para el nivel de respeto de los derechos humanos).
De este modo,
el hecho que aun un feto completamente desarrollado no es lo suficientemente
parecido a una persona como para tener algún derecho importante a la vida sobre
la base de tal semejanza muestra que ninguna restricción legal respecto del
momento del embarazo en que se haga un aborto puede justificarse sobre la base
de que debemos proteger los derechos del feto de más edad, y dado que no hay
otra justificación aparente para otras restricciones, podemos concluir que
ellas son completamente justificadas. Si es o no indecente (cualquiera sea su
significado) para una mujer abortar en su séptimo mes sólo para no posponer un
viaje a Europa no sería en sí mismo inmoral, y por lo tanto debería permitirse.
MITOS Y REALIDADES SOBRE EL ABORTO
PRIMER MITO
Debería
permitirse el aborto cuando el embarazo no es deseado, porque trauma a la
mujer.
REALIDAD
Las
consecuencias de un embarazo no deseado pueden llegar a ser graves a lo largo
de la vida de una mujer, más aun si se trata de una muchacha adolescente o no
casada, sin embargo, todos sabemos que la vida humana se compone de momentos
felices y momentos tristes e incluso amargos.
El llevarse un disgusto
grave, es algo que ocurre continuamente en todos los órdenes de la vida, sin
que por ello se pueda decirse en serio que se sufre un trauma. Aún cuando una
mujer se encuentre embarazada sin querer estarlo, la experiencia demuestra que
si se deja nacer al bebé, muchos hijos no deseados se convierten en muy
queridos.
Stan Sinberg confiesa en
The Baltimore Sun (8-II-93) estar perplejo, como partidario del derecho al
aborto, desde el día en que supo que él estuvo a punto de ser abortado: en una
reunión su propia madre le confesó que al enterarse que estaba embarazada,
intentó abortarlo; su padre dijo que trataría de encontrar a alguien que
realizara el aborto y al no encontrarlo - o no buscarlo-, lo tuvieron. Así
pues, él debía su existencia a una legislación social represiva al aborto; vive
gracias a que su mamá no tuvo el derecho al aborto .
¡Cuántos deberán su vida
a la legislación! En los partidarios del aborto existe el convencimiento de que
todo deseo si tiene público, tiene derecho a que se le satisfaga; siendo que la
verdadera importancia lo da la justicia en la pretensión, así por ejemplo, ante
el deseo que alguien pueda tener de matar a su suegra o a su vecino, no debe
llevarse a la práctica tan sólo porque se contrapone al deseo que ella tiene de
conservar su vida, sino porque no es justo hacerlo. Y tratándose del deseo,
también habría que preguntarse ¿cuál es el deseo del bebé? ¿Cómo se puede negar
la vida a quien no ha cometido ningún delito? El aborto no es alternativa, como
tampoco lo es robar si faltara el dinero, la lícita sería trabajar. En la
actualidad existe un ambiente antinatal que favorece la falta de acogida para
los hijos por venir; anteriormente ser madre era considerado un gran honor, y
las mujeres desde muy jóvenes pensaban en cómo habrían de educar a sus futuros
hijos.
El Papa comenta en la
carta a las mujeres "te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en
seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia
única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te
hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia
en el posterior camino de la vida" .
"¿Y qué decir de
los obstáculos que, en tantas partes del mundo, impiden aún a las mujeres su
plena inserción en la vida social, política y económica? Baste pensar en cómo a
menudo es penalizado, más que gratificado, el don de la maternidad, al que la
humanidad debe también su misma supervivencia. Ciertamente, aún queda mucho por
hacer para que el ser mujer y madre no comporte una discriminación" .
Un equipo de médicos
canadienses presentaron en el Congreso Mundial sobre la Salud y la Infancia,
celebrado en Roma en 1993, un estudio sobre los problemas físicos y
psicológicos que suceden en una familia después de haber sufrido un aborto
voluntario. El estudio, conducido por el Dr. Philip Nev, del estado de Columbia
Británica sobre más de 3,000 pacientes, ha puesto de manifiesto lo que llama
"síndrome de sobrevivencia post-aborto", cuyos síntomas comprenden
diversos daños a la salud de la madre, incluyendo alteraciones del sistema
inmunitario y aumento de episodios de violencia contra los niños. Respecto a la psicología
del hermano del niño que no ha llegado a nacer, se ve perturbada por que no
suele fiarse de sus padres porque teme que él también ha sido un hijo no
deseado, o se siente incluso culpable de que su hermano no haya visto la luz,
pues si él no hubiera existido, probablemente sus padres no hubieran abortado .
La mujer que acude a una
clínica de aborto, puede tener por seguro que no le informarán bien acerca de
los traumas que podrá sufrir. Nadie le dice que se podría sentir loca después
del aborto; ni que lo más probable es que termine con el novio; dejará de
sentirse respeto a ella misma y posteriormente a los demás, incluso pensará en
el suicidio; celos de las mujeres embarazadas y dificultad para llevarse bien
con los hijos propios y ajenos; etc. El trauma para la mujer se dará años más
tarde, si toma la decisión de abortar.
SEGUNDO MITO
El
embrión es sólo una masa de células, es dudoso de que se trate de un verdadero
ser humano.
REALIDAD
Los
abortistas nunca hablan de un niño no nacido. Es el fruto y el invento de un
prejuicio, nada más. ¿puede alguien sostener seriamente que lo que hoy es
humano y lo que ayer estaba en el útero no lo era? Y si es cuestión de
viabilidad ¿se podría decir que un niño recién nacido es significativamente más
viable que el niño fuera del útero? Más bien, que es bastante menos viable. Hay
que poner más cuidados, más atención. Lo que se extrae del útero cuando se
realiza un aborto ¿es una cosa o un ser viviente? Y si es ser viviente, ¿a qué
especie pertenece? La posición de los abortistas no responde a la ciencia;
responde a un interés, y a un interés nada humanitario.
Y la "duda".
La única actitud cuerda sería cuidar el embarazo, estar a favor de la vida y no
destruirla, así por ejemplo: si voy de cacería con un amigo y escucho un ruido,
no disparo, ante la duda de si es un jabalí o mi compadre que ronca muy
parecido.
"Desde el momento
en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre
ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí
mismo. Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia
de siempre ... la genética moderna otorga una preciosa confirmación ... Con la
fecundación inicia la aventura de una vida humana, cuyas principales
capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar ... El ser
humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su
concepción".
En los seres humanos,
recién efectuada la fecundación, estamos ante una sola célula compuesta de 23
pares de cromosomas, que va creciendo, trasladándose y multiplicando; al poco
tiempo se nos presentan un conjunto de células bien organizadas, al igual que
en un ser humano adulto. Es exclusivo de los seres humanos poseer 23 pares de
cromosomas en las células.
La genética nos dice que
desde la concepción estamos ante un ser humano con sus 46 cromosomas y con esto
se tiene todo el material genético que se va a desarrollar a lo largo del
tiempo.
No existe un ser humano
adulto que no haya pasado antes por ser embrión, feto y bebé. Por eso se dice
que si el vientre de la madre fuera transparente, el aborto provocado se vería
de otra manera. El sentido común -que no necesita conocimientos científicos-
nos dice que lo que se lleva en el seno materno es algo vivo, sin embargo
algunos dudan de que se trate de un ser humano, pero, ¿si no es un ser humano,
qué tipo de ser es?, si no se tuviera la convicción de que es un ser humano
¿por qué se interrumpe su crecimiento? y ¿por qué se espera el nacimiento de un
bebé?
TERCER MITO
El
aborto debería permitirse, porque la mujer tiene derecho a disponer de su
cuerpo.
REALIDAD
El
derecho al propio cuerpo, siendo verdadero, tiene sus límites, por ejemplo, no
es permitido manejar en estado de ebriedad, drogarse, o desvestirse en vía
pública, y es que "ser dueños" del propio cuerpo no justifica
cualquier acción y menos aún tratándose del aborto en donde se acaba con la
vida de otra persona.
En
años recientes la genética, la inmunología y la fecundación in vitro (FIV) lo
han demostrado cada quien por su cuenta y desde hace mucho más tiempo los
exámenes clínicos lo han anunciado: madre e hijo son seres distintos. De la
madre sólo recibe alimento y espacio para vivir, de la misma manera que un
adulto requiere oxígeno, alimento, calor, y ni el oxígeno, ni el alimento, ni
el calor son el mismo hombre.
El
código Penal para el Distrito Federal reconoce al no nacido como un ser humano
al incluir el aborto entre los delitos contra "la vida y la integridad
corporal", similar al trato que le da el código en Sonora dentro de los
delitos contra "la vida y la salud" .
Cuando
se defiende la vida humana no se está en contra de la liberación femenina, al
contrario, se está a favor de ella evitando el homicidio de muchas mujeres, ya
que estadísticamente está demostrado que por cada dos abortos, uno era del sexo
femenino. No porque una mujer esté en posibilidad de destruir a su hijo, en
razón de su tamaño y dependencia, se le concede el derecho a tirarlo a la
basura, sería un interés egoísta y caprichoso.
La
mujer que ha procurado un aborto sabe que ha procurado la muerte de su propio
hijo, y se queda con la conciencia torturada. Una sociedad permisiva quizá no
encuentre gran dificultad en dejar pasar esa acción, lo peor es que ella misma
no se lo perdonará fácilmente. Y si efectivamente se sobrepone a sí misma, y
hace callar a su conciencia, lo hace a base de insensibilizarse moralmente, de
destruir su sentido de valores, de desfeminizarse, de deshumanizarse. Su
capacidad de amar, su instinto maternal, pueden sufrir una enorme e irreparable
lesión.
A
aquellas que pretenden reivindicar unos "derechos" contraponiéndolos
a la vida de sus hijos, habría que recordarles que también existe el amor
incondicional. Ningún tipo de mujer normal apoya la muerte de los hijos, en
todo caso buscaría iniciativas que contribuyeran al amor ¿quién se sentiría
afortunado de casarse con una de esas mujeres?, o de tenerla por madre,
hermana, hija, o suegra.
CUARTO MITO
Que
el aborto lo decidan los médicos, ellos saben si es conveniente o no realizarlo
en cada caso.
REALIDAD
En
Estados Unidos desde hace años existe un negocio llamado "Industria del
aborto". Anualmente se realizan en ese país alrededor de 1.3 millones de
abortos y se cobra un promedio de 350 dólares por cada uno. Carol Everett
estuvo envuelta en la "Industria del aborto" en el área de Dallas,
Texas desde 1977 hasta 1983, como directora de cuatro clínicas y dueña de dos
de éstas. En aquél entonces el precio oscilaba entre los 185 y 1,250 dólares
según el estado de adelanto del embarazo. Ella personalmente llegó a ganar
150,000 dólares anuales. La Sra. Everett se alejó de la industria del aborto
por una conversión religiosa.
Por
otro lado, cada vez son menos los médicos en los Estados Unidos que están
practicando el aborto, porque empiezan a estar marginados dentro del ambiente
de su profesión, y es que la medicina está para curar, no para comerciar con el
homicidio de seres humanos.
El
ginecólogo norteamericano George Flesh, decidió abandonar la práctica del
aborto cuando empezó a sufrir ataques de ansiedad, con náuseas, palpitaciones y
vértigo. El mismo explica por qué, en un artículo (International Herald
Tribune, 18-IX-91) "Ya no estaba orgulloso de ser cirujano. Cuando volvía
del trabajo y abrazaba a mis hijos, me sentía indigno de que Dios me hubiera
bendecido con sus caras sonrientes. Al comienzo de mi ejercicio profesional,
una pareja de casados vino y me pidió que les practicara un aborto. Como el
cuello uterino de la paciente estaba rígido, no pude dilatarlo para llevar a
cabo la operación. Le dije que volviera la semana siguiente, pasada la cual el
cuello uterino estaría más blando. La pareja volvió y me dijo que había
cambiado de opinión. Les asistí en el nacimiento de su hijo siete meses
después. Años más tarde, pude jugar con el pequeño Jeffrey en la piscina del
club de tenis del que sus padres y yo éramos miembros. Era un niño precioso y
feliz. Yo estaba horrorizado al pensar que tan sólo un obstáculo técnico me
impidió terminar con su vida en formación ... Todas las mañanas, cuando
abrazaba a mis hijos, empezaba a pensar en el aspirador que usaría dos horas
después. Era una tensión emocional que no podía aguantar".
La
cuestión del aborto no es algo que deba resolver el médico, como tampoco la
aplicación de la silla eléctrica es asunto de los ingenieros eléctricos.
QUINTO MITO
Legalizar
el aborto por los que sí lo deseen hacer, si alguno no está de acuerdo, que no
lo haga, pero no quiera imponer su criterio sobre los demás.
REALIDAD
Es
frecuente entre políticos decir que están personalmente en contra del aborto,
pero que lo apoyan por respeto a los que mantienen otros puntos de vista. Pero
ese "respeto" por la conciencia ajena, nunca debe exigir abdicar de
la propia. Ningún político apoyaría una ley que protegiera la vida de todos,
pero permitiera a cualquiera privarle de la suya.
En
este, como en otros casos, no es posible estar en una posición neutral porque
se favorecería el aborto. Quien está a favor de la libre elección, realmente
está a favor del aborto; al igual que si alguien sostuviera que no está a favor
de los accidentes de tránsito, pero defendiera la libre elección de la
velocidad en las calles de la ciudad.
Cambiando
de giro, sería tanto como aceptar que, por ejemplo, en la Alemania Nazi se
dijera: yo soy neutral, pero si tú quieres realizar el genocidio es asunto
tuyo, tú escoge. La "neutralidad" favorece al opresor, perjudicando
al oprimido. El aborto es un acto de violencia que no debe ser alentado.
En
el caso Dred Scott de los Estados Unidos del 6 de marzo de 1857 la Suprema
Corte de Justicia de Estados Unidos, a través de el juez Roger B. Taney
confirmó y extendió la esclavitud; declaró que los negros no eran personas y
por tanto podían ser esclavos. Actualmente existe un acuerdo general en que la
postura de Taney fue la peor decisión constitucional. Pero hay un hecho
curioso. Treinta años antes, Taney había liberado a sus propios esclavos. Hoy
podríamos decir que estaba personalmente en contra de la esclavitud, pero que
no quería imponer sus puntos de vista a otros. La contradicción de Taney -la de
oponerse en privado, pero tolerar públicamente una extendida práctica social-
es la postura preferida respecto al aborto por los que se declaran pro-choice.
Se
envuelve el slogan de ser pro-choice (pro-elección) del aborto en un ropaje
falto de claridad. Le llaman elección a que otro pague el precio con su muerte.
Siguiendo la "lógica" del mito también se podría decir: si tú no
quieres violar, no violes, pero no impongas tu criterio sobre los demás. ¿Cómo
suena esto?
Si
se desconoce el derecho a la vida, ¿qué derecho subsiste?; el aborto ¿es una
elección de la madre o tiene otro nombre? ¿acaso se puede "escoger"
la suerte del vecino, de la suegra o del hermano? ¿por qué se ha de poder
escoger la suerte del hijo?
SEXTO MITO
El
aborto es un asunto de la propia conciencia, es una cuestión personal, íntima,
en la que ni la legislación, ni la religión, ni nadie, excepto la propia madre,
debe intervenir.
REALIDAD
Aunque
todos debemos seguir la propia conciencia, el papel de ella no es crear la
verdad moral, sino percibirla y comunicarla. La verdad moral es la ley natural,
y es posible que una persona se equivoque al percibir la realidad moral en una
situación particular. Esa persona puede ser sincera, pero está sinceramente
equivocada.
No
es verdad que el aborto sea un asunto de la propia conciencia, una cuestión
personal, íntima, en la que ni la legislación, ni nadie, excepto la propia
madre, debe intervenir, sino que afecta en concreto a una persona, al no
nacido, que es asesinado.
Si
actualmente se realizan campañas a favor de la conciencia ecológica, cuanto más
hacerlo por los seres humanos.