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    Derecho a la Vida


    Agregado: 10 de OCTUBRE de 2002 | Palabras: 17293 | Votar! | 2 votos | Promedio: (5 / 10) | Sin comentarios | Agregar Comentario
    Categoría: Apuntes y Monografías > Sociología >

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    Derecho a la vida-Derecho a la muerte

     

     

    Declaración americana de los derechos y deberes del hombre (aprobada en la novena conferencia internacional americana-Bogotá, Colombia 1948).

     

    Artículo primero: Todo ser humano tiene derechos a la vida, a la libertad y a la integridad de su persona.

     

    El derecho a la vida es el más esencial de los derechos de los que goza una persona, es el derecho a vivir.

                           

                            Con respecto al derecho a la muerte, queremos dejar en claro que no figura en ninguna declaración de derechos humanos. Desde nuestro punto de vista, consideramos correcto interpretar que el derecho a la muerte implica prescindir del derecho a la vida, puesto que cada uno puede hacer con este último lo que crea conveniente.


    EUTANASIA

     

     

    Es indudable que para el paciente muy enfermo o terminal, para su familia y para los médicos que lo atienden, las decisiones sobre el curso del tratamiento a seguir acarrean graves consecuencias. Muchos factores son especialmente relevantes en la toma de estas decisiones ante una muerte inminente, y los dilemas que se originan no fuerzan a examinar nuestras prioridades éticas -el respeto por la vida; ¿ es la vida algo sagrado?, ¿ a que debe darse prioridad, a la cantidad o a la calidad de vida?-; el respeto por la autonomía de la persona -¿ qué papel deben jugar los deseos del enfermo en estos casos?- y nuestra concepción de los fines de la medicina -¿ es el “salvar vidas” su única función, o acaso no cuenta entre sus objetivos “aliviar el sufrimiento del enfermo”?.

    En este artículo nos centraremos en los problemas que surgen cuando pacientes y médicos consideran seriamente dos opciones límite:

    a) no realizar un tratamiento considerado inútil (lo que, si produce la muerte de la persona, se considera eutanasia pasiva)

    b) ayudar a morir al paciente competente que así lo solicita, con el objeto de aliviar su sufrimiento y de evitar una muerte prolongada (eutanasia activa y suicidio asistido).

    El propósito de este artículo es abrir el debate sobre las diversas formas de eutanasia, examinado algunos argumentos importantes que han sido presentados a favor y en contra de estas prácticas.

     

     

                            Tipos de eutanasia

     

                            El término “ eutanasia” proviene del griego y significa “ buena muerte” . Interpretada de manera general, se puede decir que se refiere al acto de inducir la muerte en una persona, ya sea pasivamente (al no administrar el tratamiento requerido), o activamente  [dando los pasos específicos para provocar la muerte del paciente, por ejemplo, al aplicar una inyección letal). Estas distinciones, como ya veremos, son bastante cuestionables.

                            La posición estándar considera que la eutanasia pasiva es aceptable desde el punto de vista moral, y no hay dudas de que es usual en la práctica médica. De esta manera, se acepta la idea de que a los pacientes competentes -o a las personas competentes que toman decisiones en nombre de un paciente incompetente- se les debe permitir evaluar las ventajas y desventajas de diferentes tratamientos alternativos. A partir de dicha evaluación, pueden rechazar un determinado tratamiento o elegir entre las alternativas (algunas formas de eutanasia pasiva, entonces, surgen del rechazo del tratamiento por el paciente; se trata de casos de eutanasia pasiva voluntaria.).

     

     

    Eutanasia voluntaria y no- voluntaria

     

    Se habla de eutanasia voluntaria cuando el paciente competente, después de evaluar la información necesaria sobre su situación, solicita la eutanasia. En cambio, cuando se carece del consentimiento de la persona, dado que el paciente es incompetente para proveerlo, y no puede expresar sus deseos, se trata de eutanasia no-voluntaria. En el caso de pacientes que por edad, un handicap mental o por estar inconscientes no son competentes para tomar  decisiones de vida o muerte y, por este motivo, otros toman las decisiones en lugar de ellos. Mientras que la eutanasia voluntaria puede justificarse más fácilmente aludiendo al principio de autonomía y respeto por la persona, la eutanasia no-voluntaria plantea problemas mucho más difíciles, y puede dejar en estado de indefensión a quienes no son competentes para tomar una decisión. En general, se argumenta en su favor aludiendo al sufrimiento o a la calidad de vida, pero estos son conceptos complicados en tanto implican un grado bastante alto de subjetividad.

     

     

    Eutanasia activa voluntaria y suicidio asistido: argumentos a favor y en contra.

     

    El debate sobre la justificación moral de la eutanasia no es nuevo, pero actualmente este tema está cobrando una repercusión inédita en la prensa. Este fenómeno se explica a partir de nuevos factores: la tolerancia y la reciente legislación holandesa acerca de la eutanasia, nuevos intentos legislativos en los E.E.U.U. y la aparición, en el mismo país, del doctor Kervorkian y de otras organizaciones que ayudan a pacientes. La eutanasia está dejando de ser una práctica negada, realizada en silencio.

     

    Argumentos en contra:

                           

    Existen diferentes argumentos en contra de la eutanasia activa voluntaria; esencialmente éstos tratan de fomentar el valor del respeto por la vida y señalan la necesidad de evitar posibles abusos. Los detallaremos a continuación junto con las respuestas que ofrecen aquellos que están a favor de tal práctica.

    1. Jugar a ser Dios: se trata de un argumento que proviene de un marco teórico religioso. La idea es que al matar a una persona el ser humano se está atribuyendo derechos que no tiene. Sólo Dios puede quitar la vida. A esta objeción se suele responder que también jugamos a ser Dios cuando tratamos de curar a una persona y no acatamos los designios de Dios. Sin embargo, en este caso, no se considera que la medicina sea inmoral. Es difícil saber qué es lo que el ser humano tiene derecho a hacer y qué no, cuáles son los límites del poder humano frente a la Providencia divina. Dado que la medicina muchas veces va en contra del llamado “designio divino”, prolongando artificialmente vidas, uno se puede preguntar si no se puede aplicar a estas acciones el mismo argumento que se acaba de enunciar.

    2. Argumento de la ley natural: tenemos una inclinación natural a vivir, y esta inclinación natural es violada cuando se practica la eutanasia.

                            Respondiendo a esta objeción, podemos preguntarnos qué se entiende por “natural”. Si por natural se entiende “no intervención humana”, casi ninguna intervención médica es natural. Si por natural se alude a la no corrección de “desviaciones” o “problemas” de la naturaleza, el uso de anteojos no es natural. Por otro lado, también es lícito cuestionar por qué lo natural debe ser lo bueno. ¿En qué se funda el que adscribamos a lo natural un juicio de valor positivo? Derivar del ser, de aquello que es, aquello que debe ser podría llegar a criticarse como un tipo de falacia. El filósofo británico G. E. Moore, sostenía en 1903 que lo bueno no era una  cualidad “natural”. Así, aquellos que identificaban la bondad con una cualidad natural serían culpables de una falacia naturalista.

                                     3. Argumento de la competencia: cuestiona la posibilidad de que el paciente otorgue un verdadero consentimiento informando. En principio, debido a la enfermedad, que lo colocaría en un especial estado de inferioridad, el paciente deja de ser competente. Con frecuencia, para aliviar el dolor se administran drogas que provocan en el enfermo una especie de sopor, estado en el cual también sería incompetente. Finalmente, el argumento señala que, aún si a veces el enfermo es competente, es muy difícil discriminar a los pacientes competentes de los que no lo son.

                                     Frente a esta objeción, se señale que es posible recurrir a evaluaciones psiquiátricas que permiten saber con certeza si el consentimiento del paciente es producto del dolor y de la depresión o, por el contrario, de su autonomía.

                                     4. ¿Puede haber un derecho a matar?:: Aún cuando se determine la competencia del enfermo y se justifique su pedido, falta establecer la legitimidad de la acción, esto es, el derecho moral del médico de matar al paciente. Se apunta al hecho de que la eutanasia no implica sólo la auto-determinación del paciente, sino una decisión social mutua entre dos personas. La pregunta es ¿quién otorga ese derecho al médico? Después de todo, prácticas tales como la esclavitud fueron abolidas fundándose en el principio según el cual ninguna persona goza del derecho de poseer a otra, aun con el consentimiento de esta última.

                                     Esta es una objeción de peso. Sin embargo, por un lado, se apoya en la distinción entre matar y dejar morir. En el contexto de la medicina, la prohibición moral de matar al inocente es plausible si se supone que nada de lo que hace el médico en la práctica médica es “matar”. Esta objeción requiere que el discontinuar un tratamiento (práctica común en medicina) no sea considerado matar. De esta manera se tendría una posición coherente.

                                     Por otro lado, se ha señalado que la analogía que se hace entre el individuo que se vende para ser esclavo y el que pide a otro ser humano que le quite la vida en una situación extrema, no es válida. Cuando una persona elige ser esclava de otra, esa persona se somete a la dominación y posiblemente a la opresión del otro.

    En cambio, el resultado de pedir a otro ser humano que lo asista en la propia muerte no implica opresión por parte del otro, ni implica que uno pase a ser propiedad ajena. Así, se puede decir que mientras ayudar a otro e morir es una manera de preservar su dignidad, no lo es tomar a otro como esclavo. Además, el resultado final es uno que de todas maneras era inevitable: la muerte. La vida del paciente no pertenece al médico; en tanto los seres humanos tienen derecho a la vida, pueden eventualmente transferir ese derecho.

                                     5. Argumento del error de diagnóstico o de pronóstico: Una decisión como la que está en discusión es irreversible. Por lo tanto este argumento considera la posibilidad de errores de diagnósticos respecto de la posibilidad de encontrar una cura en el futuro. Aquí se apunta, por un lado, a la falibilidad de nuestro conocimiento y, por el otro, se demuestra una confianza optimista con respecto al mismo.

                                     6. Argumento de la pendiente resbaladiza: se señala que mientras la eutanasia activa puede ser moralmente aceptable en ciertos casos en los que, sin duda, se posee el consentimiento del paciente, la legalización de la práctica llevará inevitablemente a que se practique eutanasia activa en otros casos en los cuales no se explicitaría ese consentimiento y, en consecuencia, no estaría moralmente justificada. Si permitimos la eutanasia activa se puede llegar al asesinato involuntario de personas, es decir, a abusos terribles.

                                     Mientras que no se puede negar la posibilidad que la práctica legal de la eutanasia pueda tener malos usos, esta posibilidad no es suficiente para prohibirla, dado que el que se pueda abusar de una práctica no implica, necesariamente que vaya a ser abusada. La existencia de abusos depende del tipo de medidas que se establezcan para protegernos de los mismos.

     

    Argumentos a favor:

                                    

                                     1. Derecho a la vida y a la muerte: el derecho a vivir implica el derecho a morir. En la medida en que poseemos ese derecho, podemos hacer con él lo que creamos conveniente. Según ya hemos señalado, se ha argumentado que el derecho a morir de una persona no implica una obligación de matar por parte del médico.

                                     2. Eliminación del sufrimiento y bienestar: una persona enferma que sufre está siendo torturada por la naturaleza. Debemos dejar que elija su destino y ayudar a evitar su sufrimiento. Oponerse a estos principios implicaría la conducta sádica de continuar manteniendo el sufrimiento de esa persona.

                                     3. Distinción entre calidad y cantidad de vida: como hemos mencionado anteriormente, este argumento distingue entre la cantidad y la calidad de vida de la que puede gozar una persona; esgrimiendo que lo que debe promoverse no es mera cantidad de vida -días en agonía y sufrimiento-, sino la posibilidad de disfrutar una vida mínimamente digna. Las objeciones que surgen se resumen en dos interrogantes: ¿Qué es la calidad de vida y quién la determina?

                                     4. Argumento basado en la no diferencia entre matar y dejar morir: si se acepta la eutanasia pasiva, debe consentirse la eutanasia activa, dado que no habría una diferencia moral entre matar y dejar morir. En ambos casos, la intención es la misma. No parece haber, entonces, diferencia en culpabilidad moral. Paradójicamente, este mismo argumento se puede utilizar para rechazar totalmente la eutanasia: la eutanasia pasiva no es moralmente diferente de la eutanasia activa, por lo tanto, no habría que aceptar ninguna de las dos.

                                     5. Autonomía o autodeterminación del individuo: todo individuo racional es libre y tiene derecho a tomar decisiones relativas a su vida y a ser responsable de dichas decisiones.

     

     

    Decisiones de tratamientos en pacientes incompetentes.

                                     Ya hemos visto que cuando el paciente no puede expresar sus deseos y otra persona decide por él, se trata de un acto de eutanasia no voluntaria. Los casos de eutanasia no voluntaria son muy polémicos: considérese, por ejemplo, los casos de recién nacidos con serias minusvalías. Estos bebés, a veces, necesitan de una operación simple para, por ejemplo, poder alimentarse naturalmente. En ciertos caso, los padres se han opuesto a consentir a la operación y los médicos no han cuestionado la decisión, provocando así la muerte del recién nacido. No realizar tal intervención quirúrgica, en el caso de un bebé “normal” no se plantea.

                                     No sólo son los menores quienes pueden ser considerados incompetentes. También las personas en coma, las que han perdido la consciencia o con ciertas deficiencias mentales son incompetentes. Frente a estas situaciones en las que los pacientes no son competentes, surgen los siguientes interrogantes: ¿Quiénes deben decidir?, ¿Los familiares?, ¿Los médicos?, ¿Los jueces? Generalmente, se considera que la decisión puede ser tomada por los familiares del paciente.

                                     También se plantean problemas respecto de cuál debe ser el criterio de decisión, esto es, qué principios deben guiar la toma de decisión por parte de los representantes del paciente. Se pueden considerar cuatro posibilidades:

    1.      Criterio de la persona razonable: considera intuitivamente lo que cualquier individuo razonable, en esa situación elegiría.

    2.     Criterio sustantivo: una vez evaluados los riesgos y los beneficios, se busca lo “mejor” para el paciente.

    3.     Criterio de identidad de intereses: los intereses de los terceros y de la persona incompetente están tan ligados, que al elegir su propia conveniencia, la persona que decide protege los intereses del individuo incompetente.

    4.     Criterio de procedimiento: se sustituye el propio juicio por el del paciente: requiere que el representante sostenga lo que el paciente incompetente hubiera preferido. Se puede aplicar en el caso de personas que fueron competentes y expresaron sus preferencias.

                                     A veces, estos criterios coinciden y refuerzan una decisión pero otras, conducen a respuestas diferentes. Los médicos y los familiares del paciente pueden estar considerando diferentes criterios. Existe, aun, otra dificultad, y ésta reside en una adecuada interpretación y aplicación a los casos concretos de los criterios recién mencionados. En estas situaciones es donde el Comité de Etica juega un papel esencialmente importante, ya que hay que decidir qué es lo mejor para el paciente y, a veces, cuál es la posición que debe prevalecer (la de los médicos o la de sus familiares).

                                     Los interrogantes que surgían en el caso de menores, se pueden aplicar también a casos de pacientes que, en el pasado, han sido competentes pero que ya no lo son. Muchas veces, ciertas condiciones físicas incurables o el proceso mismo de muerte conducen a esta situación. ¿Cómo pueden dichos pacientes asegurarse de que sus deseos van a ser respetados en caso de que no puedan tomar decisiones? En muchos países, la forma más segura de respetar los deseos del paciente se da a través de lo que se conoce como “directivas adelantadas” o “testamentos vitales”. A través de ellos, los pacientes pueden estipular anticipadamente cuáles son los tratamientos que están dispuestos a aceptar y cuáles no.


    ABORTO

     

     

                                     Se llama aborto a la terminación de un embarazo.

                                     Existen leyes y reglamentos que regulan el aborto, así como la asistencia sanitaria en general, en cuanto a la formación profesional, y a la licencia del ejercicio de la práctica médica, el tipo de instalaciones, la dotación de personal, la publicidad, la financiación y los honorarios. Pero, más allá de la regulación del aborto, en la permisibilidad de dicha práctica reside una cuestión moral.

                                     La prestación de asistencia urgente al aborto es una norma ética de la práctica de la medicina en todos los países, ya que dicha asistencia es esencial para salvar la vida de la mujer y proteger su salud.

    Legislación en el aborto

                                     Los reglamentos, la legislación sobre medicina y los códigos de práctica profesional, , duelen el modo y las circunstancias en que puede prestarse asistencia urgente al aborto y las personas capacitadas para hacerlo.

                                     Las leyes sobre el aborto han cambiado con el tiempo, llevando a una liberalización de las disposiciones que rigen el aborto voluntario, aún quedan reminiscencias de la antigua legislación restrictiva en países como Burkina Faso, Indonesia, Kenya, Mali, Nigeria y muchos países de América Latina.

                                     La reforma o la liberalización de las leyes no siempre conduce de inmediato ala mejora de la práctica y la seguridad del aborto ni asegura la prestación de servicios a las mujeres de todos los grupos socioeconómicos o culturales o a las que viven en zonas apartadas. En algunos países en que dicha reforma ha limitado la práctica del aborto voluntario y su disponibilidad, siguen practicándose abortos en condiciones de riesgo, por lo que persiste la necesidad de asistencia urgente.

                                     Los últimos cambios de la legislación han sido para admitir nuevos casos en que el aborto está permitido, a saber: el embarazo de adolescentes, la edad avanzada de la madre, las circunstancias familiares y la infección de las madres por el virus del HIV.

    Legalmente, el aborto está contemplado por los artículos 85, 86, 87, 88 del Código Penal de nuestro país. El artículo 86 establece que el aborto provocado sólo es legal si:

    ·       se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros medios;

    ·      el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente.

                                     Fuera de estos casos, el aborto es considerado un hecho delictivo, en el que, generalmente, la vida de la madre corre grave peligro ya que, la mayoría de las veces, el aborto es practicado por personas irresponsables, que no tienen conocimientos médicos, y en sitios que no cuentan con las medidas de higiene y asepsia necesarias para la realización de una intervención quirúrgica. Además de los riesgos de hemorragias, infecciones y de secuelas que pueden conducir a la esterilidad, es factible que queden marcas emocionales profundas, como sentimientos de culpa, estados de angustia, temor a nuevas relaciones sexuales, etcétera.

     

                                     La motivación para interrumpir un embarazo puede ser tan fuerte que se da el caso de mujeres normalmente respetuosas de las normas y atentas a su propia salud, que hacen caso omiso de las creencias tradicionales y están dispuestas a transgredir la ley y a exponerse a la enfermedad, la muerte y las consecuencias sociales y legales del aborto con tal de evitar un nacimiento no deseado.

                                     En general, las razones que se citan para justificar la práctica del aborto pueden dividirse en cinco categorías principales:

    1.      El embarazo pone en peligro la entonces una medida terapéutica cuyo objetivo es preservar la salud física materna);

    2.     Se descubre en el feto una deformidad o discapacidad severa (en cuyo caso el aborto se convierte en una medida eugenésica cuyo objetivo es evitar el nacimiento de un niño severamente discapacitado);

    3.     El embarazo es producto de la violación de la madre o de incesto por lo cual la madre sufre problemas psicológicos y emocionales serios (el aborto en estos casos se propone por razones humanitarias siendo el objetivo preservar la salud mental materna);

    4.     La mujer embarazada o la pareja carece de medios económicos para criar al niño que va a nacer (en cuyo caso el aborto se propone por una razón socio-económica);

    5.     El niño que va a nacer interfiere con la felicidad y el bienestar de la mujer, la pareja o la unidad familiar. En general, muchos lo defienden cuando el embarazo es el resultado de la violación de la mujer o de incesto. Pero su permisividad moral se cuestiona mucho más cuando se sugiere por cualquiera de las otras razones mencionadas.

     

     

    Las posiciones conservadora y liberal

     

                                     En los últimos años el debate sobre la moralidad del aborto se ha polarizado, oponiendo de manera dramática dos tradiciones morales importantes: la de respeto por la vida (que se conoce como posición conservadora o “pro-vida”) y la de respeto por la autonomía y bienestar de la persona (posición liberal). La primera postura afirma que el aborto es inmoral (con la posible excepción de algunos casos en los que se hace necesario para salvar la vida de la madre) y pone un énfasis especial en el status moral del embrión y del feto. La postura liberal considera que el aborto es una alternativa moralmente legítima, y se concentra en la necesidad de reconocer el derecho de la mujer a su autonomía e integridad corporal. Entre estas dos posiciones extremas encontramos una variedad de versiones moderadas, de acuerdo con las cuales el aborto es a veces inmoral y otras no, según las circunstancias o la etapa del embarazo en la que se produce. Hay una convicción que comparten la postura liberal y algunas versiones de la moderada: que el aborto es una cuestión privada y personal que debe ser decidida por la mujer sin que la ley interfiera con su decisión. Por su énfasis en la importancia de la elección estas posturas se conocen generalmente como posiciones pro-elección.

                                     En gran medida, para los conservadores, el status moral de la vida embrionaria y fetal es el eje de la disputa sobre el aborto. En general, este status se expresa en términos de derechos: decir que el feto tiene status moral significa atribuirle derechos, entre ellos, el derecho a la vida.

                                     Las discusiones sobre el status moral del feto generalmente se conectan con el desarrollo biológico del mismo y con su status ontológico. Sin embargo, la controversia no se soluciona simplemente analizando las características biológicas del feto (sobre las cuales tanto los liberales como los conservadores están de acuerdo). La polémica es conceptual: ¿Cuál es el criterio para determinar si un ser puede considerarse humano con derechos plenos?, ¿En qué momento del desarrollo continuo del feto nos hallamos en presencia de vida humana (donde el adjetivo “humana” implica posesión de status moral con todo en lo que esto supone)?.

                                     Intuitivamente parece cierto que la vida de los seres humanos “nacidos” tiene valor. Por ello, el acto de matar a un ser humano inocente es condenado moralmente. ¿Pero cómo se evalúa moralmente el acto de terminar la vida de un cigoto o un embrión?. Para sostener que el aborto es un asesinato y por ello moralmente condenable, hay que demostrar que el cigoto, que a primera vista no es un ser humano, posee el mismo status moral. Por otra parte, para juzgar legítimo el aborto, se debe mostrar que hay un momento a partir del cual la vida humana comienza a tener valor y a merecer protección especial.

                                     Para la posición conservadora el momento de concepción marca la diferencia entre lo humano y lo no-humano, en sentido no solo biológico sino también moral. Es decir, para el conservador la condición necesaria para que una entidad sea considerada humana en sentido pleno es puramente biológica. Por ello, a partir del momento de la concepción, se considera al cigoto como un ser humano individual poseedor de los derechos humanos que tiene un adulto. Así, esta posición describe de manera elocuente el valor de la vida humana inocente argumentando que la vida embrionaria o fetal merece la misma protección que la de un recién nacido o un adulto.

                                     La posición liberal presenta dos estrategias importantes con respecto al status moral del feto y lo que dicho status implica:

                                     a) Algunos liberales niegan directamente que el feto tenga status moral y, consecuentemente, derechos y  por ello niegan que el aborto sea una forma de homicidio como afirman los conservadores.

                                     b) Otros consideran que el status moral del feto es irrelevante en la determinación de la moralidad o inmoralidad del adulto y se concentran en los derechos de la mujer, a los cuales dan prioridad.

                                     Quienes niegan que el feto tiene status moral señalan que, aunque el feto es biológicamente humano, no posee características que sean significativas desde el punto de vista moral-especialmente en las etapas tempranas del embarazo-, lo cual implica que terminar con su vida no es incorrecto. La noción que defienden es que no todos los seres humanos son efectivamente personas, concepto al cual dan relevancia moral. De ésta manera presentan argumentos destinados a mostrar que sólo las entidades que satisfacen ciertas características específicas que tienen que ver con la presencia de vida mental -tales como la racionalidad y la autoconciencia- y con un tipo determinado de comportamiento merecen la denominación de “ personas” , y por lo tanto se les puede atribuir derechos. Como los fetos no son ni racionales ni autoconcientes, carecen de este derecho y no se tienen obligaciones morales con respecto de ello. Por ello, aunque el aborto pone fin a la vida del feto, no hace del feto una víctima (ya que participa de la comunidad moral). La decisión sobre el aborto depende de cada mujer y no es justificación para que dicha decisión sea regulada legalmente.

                                     Esta línea de argumento es la que Mary Anne Warren desarrolla en defensa del derecho de la mujer para obtener un aborto. Warren considera que si se parte del supuesto de que el feto es una persona, es muy difícil justificar moralmente el aborto. Pero en tanto no lo es -dado que no satisface los criterios que lo acreditan como tal- el terminar con su vida no es un homicidio. Por otro lado, la mujer es una persona y por ello tiene derecho a decidir por sí misma la continuación de su embarazo.

                                     La segunda estrategia liberal señala que lo importante no es el status moral del feto sino la autonomía de la mujer y sus derechos a controlar su cuerpo. Esto significa que aun si el feto tuviera status moral, el aborto es moralmente legítimo. Dentro de esta posición encontramos una versión más radical y otra más moderada. Para la primera postura, la mujer en tanto autónoma, tiene un derecho absoluto sobre su cuerpo. Este derecho lo permite, si así lo desea, hacer lo necesario para deshacerse del feto incluso matándolo.

                                     Esta posición no considera que los casos de aborto son verdaderamente problemáticos dado que se le da una total preeminencia a los derechos de la mujer, a su autonomía e integridad corporal. El aborto es una opción a la cual las mujeres deben tener acceso si quieren ser “dueñas de su cuerpo” y en cierta medida controlar sus capacidades reproductivas. La idea es que la mayor libertad reproductora de las mujeres las llevara a su madurez moral en tanto les otorgara la posibilidad genuina de tomar decisiones y ser responsables por ellas.

                                     La versión más moderada ve los casos de aborto como una lucha entre los derechos maternales y los derechos fetales.

                                     Además de presentar argumentos sobre el status moral del feto y los derechos de la mujer, algunos liberales apelan también a las consecuencias sociales positivas de la práctica legal del aborto para defender su legitimidad moral. Rechazando la crítica conservadora que sostiene que abortar daña física y psicológicamente a las mujeres, los liberales afirman que, a corto plazo, la legalización del aborto beneficia a las mujeres y a los niños. A las primeras porque si desean abortar (y así ejercer un derecho que poseen) pueden hacerlo en hospitales atendidas por médicos, en vez de tener que recurrir a abortos clandestinos que ponen en peligro sus vidas. Consideran que una legislación que prohiba el aborto, en definitiva no lo elimina, sino que determina una praxis mucho mas peligrosa. Beneficia a los niños porque solo nacen aquellos que son sanos y realmente deseados. Consideran, por otro lado que el beneficio es también para la supervivencia de los sistemas sociales de los cuales dependemos. Argumentan que la libertad reproductora de las mujeres es no sólo esencial para su bienestar, sino también un requisito indispensable de toda sociedad bien constituida. Además actualmente, el crecimiento de población es descontrolado y, por la falibilidad de los métodos contraceptivos, el aborto se presenta como una alternativa aceptable.

                                     Finalmente, al argumento conservador que sostiene que la práctica del aborto promueve la falta de respeto por la vida humana, los liberales responden que dicho argumento no es verificado por la experiencia ya que en países los cuales el aborto es legal no se ha notado una mayor incidencia de crímenes que en aquellos en los que se prohibe la práctica.

     

    Desarrollo fetal y derecho a la vida

     

                                     En la aplicación de estas sugerencias para definir la comunidad moral se plantean dos problemas con respecto a la determinación del status moral preciso de un feto humano. Dado que el ejemplo paradigmático de una persona es un ser humano adulto normal, entonces, 1) ¿Cuán parecido a este paradigma y en particular cuán avanzado desde la concepción debe ser un ser humano para que comience a tener derecho a la vida, no por ser plenamente una persona todavía sino por ser parecido a una persona?, y 2)¿En qué medida, si la hay, el hecho de que un feto tiene el potencial de convertirse en persona lo dota de algunos de los mismos derechos?. Cada una de estas preguntas requiere de algún comentario.

                                     Para contestar a la primera pregunta, no necesitamos intentar una consideración detallada de los derechos morales de los organismos que no están lo suficientemente desarrollados, o no son lo suficientemente conscientes e inteligente, etcétera, como para ser considerado gente, pero que se parecen a la gente en algunos aspectos. Parece razonable sugerir que, cuanto más parecido a una persona es un ser (en sus aspectos relevantes), más fuerte es el argumento para considerarlo poseedor de derecho a la vida, y realmente más fuerte es su derecho a ella. Así, debemos tomar en cuenta seriamente la sugerencia de que, en la medida en que “el individuo humano se desarrolla biológicamente de manera continua...los derechos de una persona humana pueden desarrollarse en la misma forma”. Pero debemos recordar que los atributos que son relevantes para determinar si una entidad es lo suficientemente parecida a una persona o no como para considerarla con algunos derechos humanos no son diferentes de aquellos que determinan si es o no es una persona completa -es decir, no son diferentes de uno a cinco- y que ser genéticamente humana, o tener características faciales o físicas reconocidamente humanas, o actividad cerebral detectable o la capacidad de sobrevivir fuera del útero, simplemente no están entre esos atributos relevantes.

                                     De este modo resulta claro que, aún cuando un feto de siete u ocho meses tenga características que lo hacen apto para despertar en nosotros el mismo y poderoso instinto protector que despierta un niño pequeño, no es significativamente más parecido a una persona de lo que es un embrión muy pequeño. Es un poco más parecido a una persona; aparentemente puede sentir y responder al dolor, y hasta puede poseer una forma rudimentaria de conciencia en la medida en que su cerebro es bastante activo. Sin embargo, parece seguro decir que no es completamente consciente en la forma en que lo es un niño de pocos meses, y que no puede razonar o comunicar mensajes de maneras indefinidamente diversas, no tiene actividad automotivada y no posee autoconciencia. De este modo, en los aspectos relevantes, un feto -aún uno completamente desarrollado- es considerablemente menos parecido a una persona que los mamíferos maduros promedio (y, ciertamente, el pez promedio). Y creo que una persona racional debe concluir que si el derecho a la vida de un feto esta basado a una persona, entonces no puede decidirse que tiene mas derecho a la vida que, digamos, un pececito de color recién nacido (que también parece capaz de sentir dolor), y que un derecho de esa magnitud nunca podría anular el derecho de una mujer a obtener un aborto, cualquiera sea la etapa de su embarazo.

                                     Por su puesto que puede haber otros argumentos en favor de poner limites legales al estadio de embarazo en el que pueda practicarse el aborto. Dada la relativa seguridad de las nuevas técnicas de inducción artificial del trabajo de parto durante el tercer trimestre, el riesgo de vida o la salud de la mujer ya no es un argumento. Tampoco lo es el hecho de que la gente tienda a responder a la idea del aborto, en los últimos estadios de embarazo, con repulsión emocional, ya que las meras respuestas emocionales no pueden remplazar el razonamiento moral para determinar lo que debe permitirse. Finalmente, tampoco (vale) el argumento frecuentemente escuchado de que legalizar el aborto, especialmente en el embarazo avanzado, pueda desgastar el respeto por la vida humana, llevando quizás a un aumento de la eutanasia injustificada y de otros crímenes. Porque esta amenaza, si es una amenaza, puede cubrirse mejor educando a la gente con los tipos de distinciones morales que marcamos aquí, que limitando el acceso al aborto (limitación que puede, en su descuido de los derechos femeninos, ser igualmente dañina para el nivel de respeto de los derechos humanos).

                                     De este modo, el hecho que aun un feto completamente desarrollado no es lo suficientemente parecido a una persona como para tener algún derecho importante a la vida sobre la base de tal semejanza muestra que ninguna restricción legal respecto del momento del embarazo en que se haga un aborto puede justificarse sobre la base de que debemos proteger los derechos del feto de más edad, y dado que no hay otra justificación aparente para otras restricciones, podemos concluir que ellas son completamente justificadas. Si es o no indecente (cualquiera sea su significado) para una mujer abortar en su séptimo mes sólo para no posponer un viaje a Europa no sería en sí mismo inmoral, y por lo tanto debería permitirse.

     

    MITOS Y REALIDADES SOBRE EL ABORTO

     

    PRIMER MITO

     

    Debería permitirse el aborto cuando el embarazo no es deseado, porque trauma a la mujer.

     

    REALIDAD

     

    Las consecuencias de un embarazo no deseado pueden llegar a ser graves a lo largo de la vida de una mujer, más aun si se trata de una muchacha adolescente o no casada, sin embargo, todos sabemos que la vida humana se compone de momentos felices y momentos tristes e incluso amargos.

                            El llevarse un disgusto grave, es algo que ocurre continuamente en todos los órdenes de la vida, sin que por ello se pueda decirse en serio que se sufre un trauma. Aún cuando una mujer se encuentre embarazada sin querer estarlo, la experiencia demuestra que si se deja nacer al bebé, muchos hijos no deseados se convierten en muy queridos.

                            Stan Sinberg confiesa en The Baltimore Sun (8-II-93) estar perplejo, como partidario del derecho al aborto, desde el día en que supo que él estuvo a punto de ser abortado: en una reunión su propia madre le confesó que al enterarse que estaba embarazada, intentó abortarlo; su padre dijo que trataría de encontrar a alguien que realizara el aborto y al no encontrarlo - o no buscarlo-, lo tuvieron. Así pues, él debía su existencia a una legislación social represiva al aborto; vive gracias a que su mamá no tuvo el derecho al aborto .

                            ¡Cuántos deberán su vida a la legislación! En los partidarios del aborto existe el convencimiento de que todo deseo si tiene público, tiene derecho a que se le satisfaga; siendo que la verdadera importancia lo da la justicia en la pretensión, así por ejemplo, ante el deseo que alguien pueda tener de matar a su suegra o a su vecino, no debe llevarse a la práctica tan sólo porque se contrapone al deseo que ella tiene de conservar su vida, sino porque no es justo hacerlo. Y tratándose del deseo, también habría que preguntarse ¿cuál es el deseo del bebé? ¿Cómo se puede negar la vida a quien no ha cometido ningún delito? El aborto no es alternativa, como tampoco lo es robar si faltara el dinero, la lícita sería trabajar. En la actualidad existe un ambiente antinatal que favorece la falta de acogida para los hijos por venir; anteriormente ser madre era considerado un gran honor, y las mujeres desde muy jóvenes pensaban en cómo habrían de educar a sus futuros hijos.

                            El Papa comenta en la carta a las mujeres "te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida" .

                            "¿Y qué decir de los obstáculos que, en tantas partes del mundo, impiden aún a las mujeres su plena inserción en la vida social, política y económica? Baste pensar en cómo a menudo es penalizado, más que gratificado, el don de la maternidad, al que la humanidad debe también su misma supervivencia. Ciertamente, aún queda mucho por hacer para que el ser mujer y madre no comporte una discriminación" .

                            Un equipo de médicos canadienses presentaron en el Congreso Mundial sobre la Salud y la Infancia, celebrado en Roma en 1993, un estudio sobre los problemas físicos y psicológicos que suceden en una familia después de haber sufrido un aborto voluntario. El estudio, conducido por el Dr. Philip Nev, del estado de Columbia Británica sobre más de 3,000 pacientes, ha puesto de manifiesto lo que llama "síndrome de sobrevivencia post-aborto", cuyos síntomas comprenden diversos daños a la salud de la madre, incluyendo alteraciones del sistema inmunitario y aumento de episodios de violencia contra los niños.                         Respecto a la psicología del hermano del niño que no ha llegado a nacer, se ve perturbada por que no suele fiarse de sus padres porque teme que él también ha sido un hijo no deseado, o se siente incluso culpable de que su hermano no haya visto la luz, pues si él no hubiera existido, probablemente sus padres no hubieran abortado .

                            La mujer que acude a una clínica de aborto, puede tener por seguro que no le informarán bien acerca de los traumas que podrá sufrir. Nadie le dice que se podría sentir loca después del aborto; ni que lo más probable es que termine con el novio; dejará de sentirse respeto a ella misma y posteriormente a los demás, incluso pensará en el suicidio; celos de las mujeres embarazadas y dificultad para llevarse bien con los hijos propios y ajenos; etc. El trauma para la mujer se dará años más tarde, si toma la decisión de abortar.

     

    SEGUNDO MITO

     

    El embrión es sólo una masa de células, es dudoso de que se trate de un verdadero ser humano.

     

    REALIDAD

     

    Los abortistas nunca hablan de un niño no nacido. Es el fruto y el invento de un prejuicio, nada más. ¿puede alguien sostener seriamente que lo que hoy es humano y lo que ayer estaba en el útero no lo era? Y si es cuestión de viabilidad ¿se podría decir que un niño recién nacido es significativamente más viable que el niño fuera del útero? Más bien, que es bastante menos viable. Hay que poner más cuidados, más atención. Lo que se extrae del útero cuando se realiza un aborto ¿es una cosa o un ser viviente? Y si es ser viviente, ¿a qué especie pertenece? La posición de los abortistas no responde a la ciencia; responde a un interés, y a un interés nada humanitario.

                            Y la "duda". La única actitud cuerda sería cuidar el embarazo, estar a favor de la vida y no destruirla, así por ejemplo: si voy de cacería con un amigo y escucho un ruido, no disparo, ante la duda de si es un jabalí o mi compadre que ronca muy parecido.

                            "Desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia de siempre ... la genética moderna otorga una preciosa confirmación ... Con la fecundación inicia la aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar ... El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción".

                            En los seres humanos, recién efectuada la fecundación, estamos ante una sola célula compuesta de 23 pares de cromosomas, que va creciendo, trasladándose y multiplicando; al poco tiempo se nos presentan un conjunto de células bien organizadas, al igual que en un ser humano adulto. Es exclusivo de los seres humanos poseer 23 pares de cromosomas en las células.

                            La genética nos dice que desde la concepción estamos ante un ser humano con sus 46 cromosomas y con esto se tiene todo el material genético que se va a desarrollar a lo largo del tiempo.

                            No existe un ser humano adulto que no haya pasado antes por ser embrión, feto y bebé. Por eso se dice que si el vientre de la madre fuera transparente, el aborto provocado se vería de otra manera. El sentido común -que no necesita conocimientos científicos- nos dice que lo que se lleva en el seno materno es algo vivo, sin embargo algunos dudan de que se trate de un ser humano, pero, ¿si no es un ser humano, qué tipo de ser es?, si no se tuviera la convicción de que es un ser humano ¿por qué se interrumpe su crecimiento? y ¿por qué se espera el nacimiento de un bebé?

                           

    TERCER MITO

     

    El aborto debería permitirse, porque la mujer tiene derecho a disponer de su cuerpo.

     

    REALIDAD

     

    El derecho al propio cuerpo, siendo verdadero, tiene sus límites, por ejemplo, no es permitido manejar en estado de ebriedad, drogarse, o desvestirse en vía pública, y es que "ser dueños" del propio cuerpo no justifica cualquier acción y menos aún tratándose del aborto en donde se acaba con la vida de otra persona.

    En años recientes la genética, la inmunología y la fecundación in vitro (FIV) lo han demostrado cada quien por su cuenta y desde hace mucho más tiempo los exámenes clínicos lo han anunciado: madre e hijo son seres distintos. De la madre sólo recibe alimento y espacio para vivir, de la misma manera que un adulto requiere oxígeno, alimento, calor, y ni el oxígeno, ni el alimento, ni el calor son el mismo hombre.

    El código Penal para el Distrito Federal reconoce al no nacido como un ser humano al incluir el aborto entre los delitos contra "la vida y la integridad corporal", similar al trato que le da el código en Sonora dentro de los delitos contra "la vida y la salud" .

    Cuando se defiende la vida humana no se está en contra de la liberación femenina, al contrario, se está a favor de ella evitando el homicidio de muchas mujeres, ya que estadísticamente está demostrado que por cada dos abortos, uno era del sexo femenino. No porque una mujer esté en posibilidad de destruir a su hijo, en razón de su tamaño y dependencia, se le concede el derecho a tirarlo a la basura, sería un interés egoísta y caprichoso.

    La mujer que ha procurado un aborto sabe que ha procurado la muerte de su propio hijo, y se queda con la conciencia torturada. Una sociedad permisiva quizá no encuentre gran dificultad en dejar pasar esa acción, lo peor es que ella misma no se lo perdonará fácilmente. Y si efectivamente se sobrepone a sí misma, y hace callar a su conciencia, lo hace a base de insensibilizarse moralmente, de destruir su sentido de valores, de desfeminizarse, de deshumanizarse. Su capacidad de amar, su instinto maternal, pueden sufrir una enorme e irreparable lesión.

    A aquellas que pretenden reivindicar unos "derechos" contraponiéndolos a la vida de sus hijos, habría que recordarles que también existe el amor incondicional. Ningún tipo de mujer normal apoya la muerte de los hijos, en todo caso buscaría iniciativas que contribuyeran al amor ¿quién se sentiría afortunado de casarse con una de esas mujeres?, o de tenerla por madre, hermana, hija, o suegra.

     

    CUARTO MITO

     

    Que el aborto lo decidan los médicos, ellos saben si es conveniente o no realizarlo en cada caso.

     

    REALIDAD

     

    En Estados Unidos desde hace años existe un negocio llamado "Industria del aborto". Anualmente se realizan en ese país alrededor de 1.3 millones de abortos y se cobra un promedio de 350 dólares por cada uno. Carol Everett estuvo envuelta en la "Industria del aborto" en el área de Dallas, Texas desde 1977 hasta 1983, como directora de cuatro clínicas y dueña de dos de éstas. En aquél entonces el precio oscilaba entre los 185 y 1,250 dólares según el estado de adelanto del embarazo. Ella personalmente llegó a ganar 150,000 dólares anuales. La Sra. Everett se alejó de la industria del aborto por una conversión religiosa.

    Por otro lado, cada vez son menos los médicos en los Estados Unidos que están practicando el aborto, porque empiezan a estar marginados dentro del ambiente de su profesión, y es que la medicina está para curar, no para comerciar con el homicidio de seres humanos.

    El ginecólogo norteamericano George Flesh, decidió abandonar la práctica del aborto cuando empezó a sufrir ataques de ansiedad, con náuseas, palpitaciones y vértigo. El mismo explica por qué, en un artículo (International Herald Tribune, 18-IX-91) "Ya no estaba orgulloso de ser cirujano. Cuando volvía del trabajo y abrazaba a mis hijos, me sentía indigno de que Dios me hubiera bendecido con sus caras sonrientes. Al comienzo de mi ejercicio profesional, una pareja de casados vino y me pidió que les practicara un aborto. Como el cuello uterino de la paciente estaba rígido, no pude dilatarlo para llevar a cabo la operación. Le dije que volviera la semana siguiente, pasada la cual el cuello uterino estaría más blando. La pareja volvió y me dijo que había cambiado de opinión. Les asistí en el nacimiento de su hijo siete meses después. Años más tarde, pude jugar con el pequeño Jeffrey en la piscina del club de tenis del que sus padres y yo éramos miembros. Era un niño precioso y feliz. Yo estaba horrorizado al pensar que tan sólo un obstáculo técnico me impidió terminar con su vida en formación ... Todas las mañanas, cuando abrazaba a mis hijos, empezaba a pensar en el aspirador que usaría dos horas después. Era una tensión emocional que no podía aguantar".

    La cuestión del aborto no es algo que deba resolver el médico, como tampoco la aplicación de la silla eléctrica es asunto de los ingenieros eléctricos.

     

    QUINTO MITO

     

    Legalizar el aborto por los que sí lo deseen hacer, si alguno no está de acuerdo, que no lo haga, pero no quiera imponer su criterio sobre los demás.

     

    REALIDAD

     

    Es frecuente entre políticos decir que están personalmente en contra del aborto, pero que lo apoyan por respeto a los que mantienen otros puntos de vista. Pero ese "respeto" por la conciencia ajena, nunca debe exigir abdicar de la propia. Ningún político apoyaría una ley que protegiera la vida de todos, pero permitiera a cualquiera privarle de la suya.

    En este, como en otros casos, no es posible estar en una posición neutral porque se favorecería el aborto. Quien está a favor de la libre elección, realmente está a favor del aborto; al igual que si alguien sostuviera que no está a favor de los accidentes de tránsito, pero defendiera la libre elección de la velocidad en las calles de la ciudad.

    Cambiando de giro, sería tanto como aceptar que, por ejemplo, en la Alemania Nazi se dijera: yo soy neutral, pero si tú quieres realizar el genocidio es asunto tuyo, tú escoge. La "neutralidad" favorece al opresor, perjudicando al oprimido. El aborto es un acto de violencia que no debe ser alentado.

    En el caso Dred Scott de los Estados Unidos del 6 de marzo de 1857 la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, a través de el juez Roger B. Taney confirmó y extendió la esclavitud; declaró que los negros no eran personas y por tanto podían ser esclavos. Actualmente existe un acuerdo general en que la postura de Taney fue la peor decisión constitucional. Pero hay un hecho curioso. Treinta años antes, Taney había liberado a sus propios esclavos. Hoy podríamos decir que estaba personalmente en contra de la esclavitud, pero que no quería imponer sus puntos de vista a otros. La contradicción de Taney -la de oponerse en privado, pero tolerar públicamente una extendida práctica social- es la postura preferida respecto al aborto por los que se declaran pro-choice.

    Se envuelve el slogan de ser pro-choice (pro-elección) del aborto en un ropaje falto de claridad. Le llaman elección a que otro pague el precio con su muerte. Siguiendo la "lógica" del mito también se podría decir: si tú no quieres violar, no violes, pero no impongas tu criterio sobre los demás. ¿Cómo suena esto?

    Si se desconoce el derecho a la vida, ¿qué derecho subsiste?; el aborto ¿es una elección de la madre o tiene otro nombre? ¿acaso se puede "escoger" la suerte del vecino, de la suegra o del hermano? ¿por qué se ha de poder escoger la suerte del hijo?

     

    SEXTO MITO

     

    El aborto es un asunto de la propia conciencia, es una cuestión personal, íntima, en la que ni la legislación, ni la religión, ni nadie, excepto la propia madre, debe intervenir.

     

    REALIDAD

     

    Aunque todos debemos seguir la propia conciencia, el papel de ella no es crear la verdad moral, sino percibirla y comunicarla. La verdad moral es la ley natural, y es posible que una persona se equivoque al percibir la realidad moral en una situación particular. Esa persona puede ser sincera, pero está sinceramente equivocada.

    No es verdad que el aborto sea un asunto de la propia conciencia, una cuestión personal, íntima, en la que ni la legislación, ni nadie, excepto la propia madre, debe intervenir, sino que afecta en concreto a una persona, al no nacido, que es asesinado.

    Si actualmente se realizan campañas a favor de la conciencia ecológica, cuanto más hacerlo por los seres humanos.