Filosofía.
Ensayo
"La dimensión
humana."
Ante todo, deberíamos preguntar qué
es la dimensión humana etimológicamente. No se puede analizar ningún tema sin
antes saber que significa esa definición que uno está tratando de desarrollar,
sea cual fuere el objetivo. Si buscamos dimensión en un diccionario cualquiera,
encontraremos, ante todo, que proviene de la raíz latina -nsione, y que es una
magnitud de un conjunto que sirve para definir un fenómeno, segundo, que es un
producto de las potencias de las unidades físicas fundamentales que sirve para
definir otras unidades físicas derivadas. Las unidades fundamentales son la
masa, la longitud y el tiempo. También tiene dos significados con respecto a la
geometría, en que representa la longitud de una línea, área de una superficie o
volumen de un cuerpo, o una extensión de un objeto en dirección determinada.
Veremos también que en el área de la música simboliza la medida de los
compases, y por último, que se usa cuando se le quiere dar importancia o
relieve a una cosa.
Si buscamos humano, hay varias
definiciones posibles. Indica algo relativo al hombre (por ejemplo, que el
linaje humano es la inteligencia humana), y también se usa cuando se señala a alguien compasivo o generoso, o
para indicar una persona.
O sea que la dimensión humana
indica la magnitud del conjunto de las personas.
Las personas son seres que pueden,
o no, tener vida. ¿Cuál es el sentido de la vida humana? En ésta juegan un
papel fundamental la idea de la inmortalidad (que daría sentido a la existencia
humana) y de un dios (que debe ser el sostén del hombre), que están enfrentados
entre la razón del individuo, que le lleva al escepticismo, y su corazón, que
necesita desesperadamente de Dios.
Con respecto a la inmortalidad,
vemos que ésta es común a muchas religiones. Así podemos observar que en el
sentido de la vida humana están jugando un papel fundamental dos factores, que
además dependen uno del otro. Pero, continuando con el tema de la inmortalidad,
observamos que ésta, en otras culturas adopta formas diversas, que van desde la
extinción definitiva del alma a su supervivencia final y a la resurrección del
cuerpo. Examinando diferentes credos religiosos del hombre, vemos que, en el
hinduismo, se considera que la aspiración personal última es la absorción en el
espíritu universal. Por otro lado, la doctrina del budismo promete el nirvana,
estado de completa felicidad logrado a través de la total extinción de la
personalidad. En la religión del antiguo Egipto, la entrada en la vida inmortal
dependía de los resultados del examen divino de los méritos de una vida
individual. La religión de los primeros griegos prometía una vaga continuación
de la vida en la Tierra, en una región subterránea conocida como Hades. En el
cristianismo y en el Islam, así como en el judaísmo, la inmortalidad prometida
es en esencia la del espíritu. Los dos primeros difieren del judaísmo en
sostener que tras la resurrección de la carne y el juicio universal de la
especie humana, el cuerpo se reunirá con el espíritu para recibir su premio o
su castigo. En la escatología judía la resurrección de las almas se producirá
con el advenimiento del Mesías, aunque la reunión del cuerpo con el espíritu se
mantendrá sólo durante la época mesiánica, cuando el espíritu regrese a la
gloria.
Podemos concluir que la
inmortalidad es la inacabable existencia del alma después de la muerte física.
Las personas, cuando dialogan entre
sí, (según podemos entender), están aceptando dos cosas: primero, que cada una
de las dos está confirmando a la otra como valor único (porque sino, en un
diálogo entre, por ejemplo, Juan y su amigo Pedro, si Juan no estaría aceptando
que esa persona que dialoga con él no es Pedro, entonces quiere decir que no
está hablando con Pedro), y cada persona conoce y utiliza a los demás pero no
los ve ni valora en realidad por sí mismos. (Los valora por el valor único que
tiene cada persona, ya que no puede haber dos iguales) En el caso de la
religión, lo que se hace es hablar a Dios, y no sobre Dios. Esto no es
monoteísmo, sino el diálogo entre el hombre y Dios que es la esencia del judaísmo
bíblico. El hombre adquiere conciencia de ser dirigido por Dios en cada
encuentro si permanece abierto a esos signos y dispuesto a responder con todo
su ser.
En este caso, en que retomamos el
tema de la religión, debemos analizar un elemento que está notablemente
involucrado con la religión y la inmortalidad (Como habíamos dicho antes, la
inmortalidad es la inacabable existencia del alma después de la muerte física o
en otras culturas se la reconoce como, la extinción definitiva del alma para la
supervivencia final o la resurrección del cuerpo). El alma es el componente al
que debemos dar tanta importancia es el alma, elemento tan controversial en las
religiones y filosofías.
El alma, es muchas religiones y
filosofías, un elemento inmaterial que, junto con el cuerpo material,
constituye al ser humano individual. En general, el alma se concibe como un
principio interno, vital y espiritual, fuente de todas las funciones físicas y
en concreto de las actividades mentales. La creencia en alguna clase de alma
que puede existir independiente del cuerpo se encuentra en todas las culturas
conocidas. En muchas culturas contemporáneas de tradición oral, se dice que los
seres humanos tienen varias almas (a veces hasta siete) localizadas en
diferentes partes del cuerpo, cada una con distintas funciones. La enfermedad
es descrita a menudo como la pérdida del alma; lo que puede ocurrir, por
ejemplo, cuando las brujas roban el alma o los espíritus del mal lo apresan.
En Oriente, la creencia en el alma
humana es crucial en varios sistemas filosóficos y religiosos. Así, por
ejemplo, a comienzos del hinduismo el alma (atmán) estaba considerada como el
principio que controla todas las actividades y define la identidad de uno y su
conciencia. Las obras filosóficas hindúes, las upanisads, identifican el atmán
con lo divino (Brahman), añadiendo una dimensión eterna al alma. Vinculado
estrechamente a ello, el alma humana es atrapada en el ciclo de la
reencarnación hasta que alcanza la purificación y el conocimiento se funde de
nuevo con la realidad última. El budismo es único en la historia de las
religiones porque afirma que el alma individual es una ilusión producida por
diversas influencias psicológicas y fisiológicas. No tiene concepción de un
alma o ser que pueda sobrevivir a la muerte. El punto de vista budista sobre la
reencarnación no es otro que el de una cadena de consecuencias mediatizadas por
cualquier identidad continuada, aunque en la creencia popular esta sutileza se
suele perder y los seguidores consideran a los muertos como almas
transmigratorias.
La religión china postula un alma
dual, dividida en una parte más baja, más material (el p'o) y una parte mental
más elevada (el hun). La primera muere con el cuerpo y la última sobrevive a la
muerte y se convierte en el foco de adoración de los antepasados.
En el judaísmo primitivo se define
la personalidad humana en su conjunto, sin hacer una clara distinción entre el
cuerpo y el alma. Hacia la edad media, sin embargo, el alma era definida como
el principio de vida, y era considerada capaz de sobrevivir a la decadencia
corporal. La doctrina cristiana del alma se apoyó en las filosofías de Platón y
Aristóteles. La mayoría de los cristianos cree que cada individuo tiene un alma
inmortal y que la personalidad humana en su conjunto, compuesta de alma y de
cuerpo resucitado, debe, a través de la fe, garantizar la presencia de Dios
después de la vida. La teoría neoplatónica del alma como prisionera en un
cuerpo material prevaleció en el pensamiento cristiano hasta que el teólogo del
siglo XIII santo Tomás de Aquino aceptó el análisis de Aristóteles sobre el
alma y el cuerpo como dos elementos conceptualmente distinguibles de una sola
sustancia. De ahí, el cristianismo luchó durante un largo periodo contra el
gnosticismo, el maniqueísmo y sectas análogas que consideran el alma como
exiliada de los reinos espirituales de luz en un universo material
completamente corrupto.
Las enseñanzas del islam sobre el
alma relacionan las del judaísmo y las del cristianismo. Según el Corán, Dios
dotó de alma al primer ser humano, y a la hora de la muerte el espíritu de los
creyentes es llevado ante Dios.
La fe en la existencia de las almas
puede tener efectos sociales importantes mediante el reforzamiento de los
deberes morales y servir como principio guiador en la vida. El significado
cultural de la creencia en las almas refleja la universalidad de los problemas
para los cuales representa una respuesta: la compleja cuestión de la
personalidad humana, las experiencias morales y espirituales de la vida, y la
eterna cuestión de la inmortalidad.
Como vemos, hay un entrecruzamiento
entre el alma, la religión y la inmortalidad, tres elementos que indudablemente
deben estar relacionados con el tema de la dimensión humana. Podemos advertir
que en los tres casos, en todos los análisis producidos, aparece el tema del
ser humano.
Sin embargo, nosotros estuvimos hasta ahora, hablando sobre el
humano con vida, pero es importante destacar que dos factores que se oponen con
gran fuerza, tienen mucha importancia: la materia inerte en conflicto con la
vida orgánica. El impulso vital siempre se esfuerza por conseguir la acción
libre creadora.
Podemos plantear que las personas
no tienen una percepción constante de sí mismas como entidades diferentes, no
son más que un conjunto o colección de diferentes percepciones.
Englobando a la existencia del hombre, hay un factor que se
encuentra vigente, desde hace mucho tiempo, como un elemento importante que
califica a cada sujeto: la ética.
Los conceptos del bien y el mal no
son racionales, sino que nacen de una preocupación por la felicidad propia. El
supremo bien moral, según su punto de vista, es la benevolencia, un interés
generoso por el bienestar general de la sociedad que se puede definir como la
felicidad individual.
Es importante destacar aquí los
comportamientos sociales de las masas que conforman a las diferentes sociedades
del mundo. Generalmente hay una influencia destructiva de la mentalidad
general, y de la gente mediocre, que de no ser dirigida por una minoría
intelectual y moralmente superior alienta el ascenso del autoritarismo. Los
humanos son seres que crean su propio mundo al rebelarse contra la autoridad.
Pero al mismo tiempo que se rebelan
contra una autoridad, aceptan la responsabilidad personal de sus acciones, sin
el respaldo ni el auxilio de la sociedad, la moral tradicional o la fe
religiosa. Al distinguir entre la existencia humana y el mundo no humano,
mantenemos que la existencia de los hombres se caracteriza por la nada, es
decir, por la capacidad para negar y rebelarse. [1]
Sartre afirmaba la ineludible responsabilidad de todos los individuos al
adoptar sus propias decisiones y hacía del reconocimiento de una absoluta
libertad de elección la condición necesaria de la auténtica existencia humana.
Sartre expresa su creencia de que la libertad y la aceptación de la
responsabilidad personal son los valores principales de la vida y que los
individuos deben confiar en sus poderes creativos más que en la autoridad
social o religiosa.
O sea que la dimensión humana está
limitada y formada, por varios elementos: la religión, el alma, inmortalidad,
la materia inerte, la vida orgánica, la ética y el comportamiento de los
individuos, en particular, y en general, con el de las masas. El humano, una
persona, tiene, ante todo, un alma, que es un principio interno, vital y
espiritual, fuente de todas las funciones físicas y en concreto de las
actividades mentales (aunque en cada religión la concepción de alma varía, como
ya vimos previamente), una materia que lo forma y una ética, que conforma su
estilo moral para con la vida y sus semejantes. La ética y el comportamiento
están ínfimamente relacionados con la forma de vida, y estos dos principios son
alterados con la educación de esa persona, desde el nacimiento hasta la muerte,
y es muy difícil que cambien cuando se mantuvieron constantes durante mucho
tiempo. En el caso de los individuos sin vida, el alma ya no está unida a la
materia que conforma al individuo (antes orgánica, y ahora inerte) y la ética y comportamiento también siguen
latentes (factor que puede ser discutido depende a las religiones).