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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Los ecosistemas: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 1834 | Votar! | Sin Votos | 1 comentario - Leerlo | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Ecología > |
Monografía sobre los ecosistemas
Ecosistema: sistema
dinámico relativamente autónomo formado por una comunidad natural y su medio
ambiente físico. El concepto, que empezó a desarrollarse en las décadas de 1920
y 1930, tiene en cuenta las complejas interacciones entre los organismos
—plantas, animales, bacterias, algas, protozoos y hongos, entre otros— que
forman la comunidad y los flujos de energía y materiales que la atraviesan.
Hay
muchas formas de clasificar ecosistemas, y el propio término se ha utilizado en
contextos distintos. Pueden describirse como ecosistemas zonas tan reducidas
como los charcos de marea de las rocas y tan extensas como un bosque completo.
Pero, en general, no es posible determinar con exactitud dónde termina un
ecosistema y empieza otro. La idea de ecosistemas claramente separables es, por
tanto, artificiosa.
Principales ecosistemas
No
obstante, el concepto de ecosistema ha demostrado su utilidad en ecología. Se
aplica, por ejemplo, para describir los principales tipos de hábitats del
planeta. Ecosistemas terrestres: árticos y alpinos, propios de regiones frías y
sin árboles; bosques, que pueden subdividirse en un amplio abanico de tipos,
como selva lluviosa tropical o pluvisilva, bosque mediterráneo perennifolio,
bosques templados, boreales y bosques templados caducifolios; praderas y
sabanas; y desiertos y ecosistemas semiáridos. Ecosistemas de agua dulce:
lagos, ríos y pantanos. También hay ecosistemas híbridos, terrestres y de agua
dulce, como las llanuras de inundación estacionales. La gama de ecosistemas
marinos es amplísima: arrecifes de coral, manglares, lechos de algas y otros
ecosistemas acuáticos litorales y de aguas someras, ecosistemas de mar abierto
o los misteriosos y poco conocidos sistemas de las llanuras y fosas abisales
del fondo oceánico.
El
término ecosistema puede también utilizarse para describir áreas geográficas
que contienen un espectro amplio de tipos de hábitats mutuamente vinculados por
fenómenos ecológicos. Así, la región del Serengeti-Seronera, en África
oriental, una de las regiones salvajes más espectaculares del mundo, suele
considerarse como un único ecosistema formado por distintos hábitats: llanuras
herbáceas, sabana arbórea, espesuras, manchas de bosque, afloramientos rocosos
(localmente denominados koppies o kopjes), ríos, arroyos y charcas
estacionales. Asimismo, las zonas más productivas de los océanos se han
dividido en una serie de grandes ecosistemas marinos que contienen hábitats muy
variados. Son ejemplos de grandes ecosistemas marinos de características muy
distintas: el mar Negro, el sistema formado por la corriente de Benguela,
frente a la costa suroccidental de África, o el golfo de México.
Cambios naturales de los
ecosistemas
El
mundo natural está en perpetuo estado de transformación. El cambio opera a
todas las escalas de tiempo, desde las más cortas a las más largas. Los cambios
a corto plazo, observables por las personas, suelen ser cíclicos y predecibles:
noche y día, ciclo mensual de las mareas, cambio anual de las estaciones, crecimiento,
reproducción y muerte de los individuos. A esta escala, muchos ecosistemas no
expuestos a la acción humana parecen estables e invariables, en un estado de
‘equilibrio natural’.
Cada
vez es más evidente que esto no es así. Pero los cambios a largo plazo, los que
actúan durante décadas, siglos, milenios y hasta decenas de millones de años,
son más difíciles de seguir. La propia ecología es una ciencia con menos de un
siglo de antigüedad, un simple guiño en la historia de la mayor parte de los
ecosistemas naturales. Además, es evidente que casi todos estos cambios a largo
plazo no son ni regulares ni predecibles.
En
conjunto, el clima es, sin duda, el factor más influyente a corto y medio
plazo. En tierra, la temperatura, la precipitación y la estacionalidad son los
tres factores que más afectan a la distribución de ecosistemas. Los cambios de
cualquiera de ellos pueden tener consecuencias duraderas. En tiempos geológicos
recientes, el ejemplo más visible de esto es, sin duda, la serie de
glaciaciones que han caracterizado a gran parte del pleistoceno. Estos
prolongados periodos de enfriamiento global han afectado profundamente a los
ecosistemas de todo el mundo, han provocado la invasión por los casquetes de
hielo polares de regiones templadas y la contracción de los hábitats forestales
húmedos en partes del trópico.
A
escalas temporales más cortas pueden también producirse alteraciones climáticas
de influencia geográfica amplia. Uno de los ejemplos más espectaculares es la
corriente de El Niño, una corriente de agua fría que recorre periódicamente el
Pacífico. Ejerce una influencia enorme sobre los ecosistemas marinos y provoca,
por ejemplo, la muerte de arrecifes de coral en muchos lugares del Pacífico o
la pérdida de productividad de las pesquerías del ecosistema de la corriente de
Humboldt, frente a las costas de Perú y Chile. La corriente de El Niño sigue un
ciclo irregular y varía en cuanto a intensidad e impacto; raramente pasan más
de veinte años sin que se produzca, pero en ocasiones el fenómeno se ha
repetido con un intervalo de sólo uno o dos años. Afecta también a los
ecosistemas terrestres, pues altera las pautas de precipitación, sobre todo en
América.
Ciertos
episodios locales también afectan con fuerza a los ecosistemas: incendios,
inundaciones y corrimientos de tierras son fenómenos naturales que pueden tener
repercusiones catastróficas a escala local. Este impacto no es necesariamente
negativo: de hecho, muchos ecosistemas necesitan estas perturbaciones
periódicas para mantenerse. Ciertos ecosistemas, una vez alcanzado el estado
óptimo o clímax, son dependientes del fuego, ya que los incendios periódicos
forman parte esencial del ciclo de crecimiento; estos ecosistemas son muy
comunes en áreas semiáridas, como gran parte de Australia.
A
escalas de tiempo más prolongadas, los fenómenos geológicos y la evolución
desempeñan una función crucial en el cambio de funcionamiento de los
ecosistemas. La deriva continental altera, literalmente, la faz de la Tierra,
destruye paisajes y crea otros nuevos, mientras que la evolución da lugar a
nuevas formas de vida que, a su vez, pueden crear ecosistemas nuevos al tiempo
que inducen la extinción de otras especies y la pérdida o transformación de los
ecosistemas de los que formaban parte.
Pero
esto no significa que los ecosistemas naturales carezcan de continuidad. Muchos
han demostrado una elasticidad y una persistencia enormes durante millones de
años. Son ejemplos de ecosistemas que se han mantenido aparentemente estables
durante mucho tiempo: las extensas llanuras del fondo oceánico, los ecosistemas
de tipo mediterráneo del sur de África y el oeste de Australia y algunas áreas
de selva tropical lluviosa o pluvisilva, como las del Sureste asiático
continental o las montañas del este de África.
Influencia humana sobre los
ecosistemas
Todos
los medios y ecosistemas naturales se enfrentan ahora a una dificultad sin
precedentes: la humanidad. El ser humano ha comprimido en unos pocos siglos
cambios que en su ausencia hubiesen exigido miles o millones de años. Las
consecuencias de estos cambios están todavía por ver. A continuación se
describen los impactos más importantes de la actividad del hombre sobre los
ecosistemas .
Destrucción y fragmentación
de hábitats
La
influencia más directa del hombre sobre los ecosistemas es su destrucción o
transformación. La tala a matarrasa (el corte de todos los árboles de una
extensión de bosque) destruye, como es lógico, el ecosistema forestal. También
la explotación selectiva de madera altera el ecosistema. La fragmentación o división
en pequeñas manchas de lo que era un ecosistema continuo puede alterar
fenómenos ecológicos e impedir que las parcelas supervivientes continúen
funcionando como antes de la fragmentación.
Cambio climático
Ahora
se acepta de forma generalizada que las actividades de la humanidad están
contribuyendo al calentamiento global del planeta, sobre todo por acumulación
en la atmósfera de gases de efecto invernadero. Las repercusiones de este
fenómeno probablemente se acentuarán en el futuro. Como ya se ha señalado, el
cambio climático es una característica natural de la Tierra. Pero antes sus
efectos se podían asimilar, porque los ecosistemas ‘emigraban’ desplazándose en
latitud o altitud a medida que cambiaba el clima. Como ahora el ser humano se
ha apropiado de gran parte del suelo, en muchos casos los ecosistemas naturales
o seminaturales no tienen ningún sitio al que emigrar.
Contaminación
La
contaminación del medio ambiente por herbicidas, plaguicidas, fertilizantes,
vertidos industriales y residuos de la actividad humana es uno de los fenómenos
más perniciosos para el medio ambiente. Los contaminantes son en muchos casos
invisibles, y los efectos de la contaminación atmosférica y del agua pueden no
ser inmediatamente evidentes, aunque resultan devastadores a largo plazo. Las
consecuencias de la lluvia ácida para los ecosistemas de agua dulce y
forestales de gran parte de Europa septentrional y central es un fenómeno que
ilustra este apartado.
Especies introducidas
El
hombre ha sido responsable deliberado o accidental de la alteración de las
áreas de distribución de un enorme número de especies animales y vegetales.
Esto no sólo incluye los animales domésticos y las plantas cultivadas, sino
también parásitos como ratas, ratones y numerosos insectos y hongos. Las
especies naturalizadas pueden ejercer una influencia devastadora sobre los
ecosistemas naturales por medio de sus actividades de depredación y
competencia, sobre todo en islas en las que hay especies naturales que han
evolucionado aisladas. Así, la introducción de zorros, conejos, sapos, gatos
monteses y hasta búfalos han devastado muchos ecosistemas de Australia.
Plantas, como el arbusto sudamericano del género Lantana, han invadido el bosque natural en muchas islas tropicales
y subtropicales y han provocado alteraciones graves en estos ecosistemas; el
jacinto acuático africano, género Eichhornia,
también ha perturbado de forma similar los ecosistemas de agua dulce de muchos
lugares cálidos del mundo.
Sobreexplotación
La
captura de un número excesivo de animales o plantas de un ecosistema puede
inducir cambios ecológicos sustanciales. El ejemplo más importante en la
actualidad es la sobrepesca en los mares de todo el mundo. El agotamiento de la
mayor parte de las poblaciones de peces es, sin duda, causa de cambios
importantes, aunque sus repercusiones a largo plazo son difíciles de evaluar .
Control de la influencia
humana sobre los ecosistemas
Controlar
el cambio de los ecosistemas puede ser para la humanidad el reto más importante
durante el próximo milenio. Será necesario encontrar soluciones a todas las
escalas, desde la local hasta la mundial.
La
protección de los ecosistemas naturales que quedan en parques nacionales y
otras áreas protegidas es decisiva. Pero esto no evitará la influencia de factores
como el cambio climático o la contaminación arrastrada por el aire y el agua.
Además, la continua pérdida de terreno que experimentan las áreas naturales
significa que probablemente exigirán una gestión más activa para mantener sus
funciones ecológicas: control de especies exóticas, manipulación de los niveles
de agua en los humedales, incendios periódicos controlados en hábitats
forestales, entre otros. Esta clase de intervenciones son siempre peligrosas,
pues todavía desconocemos el funcionamiento de la mayor parte de los
ecosistemas.
El control de la contaminación y de la emisión de gases de invernadero exigirá adoptar medidas a escala mundial; también requiere medidas coordinadas de este tipo la interrupción del deterioro de las pesquerías marinas por sobrepesca. En última instancia, la solución estriba en controlar el crecimiento de la población humana y en adoptar una postura mucho más restrictiva en cuanto al uso de recursos naturales y energía.
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