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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: El ejército y la política en Argentina: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 1117 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
El ejército y la política en Argentina (Potash)
III) El
ejército en el poder, 1930-1932
Septiembre de 1930: Uriburu se convierte en Presidente del Gobierno
Provisional. Este gobierno no es una “junta militar” porque Uriburu era coronel
retirado y tuvo éxito por su prestigio, no por su mando militar; además, el
gobierno formado era principalmente civil. Estaba formado por representantes
del conservadurismo tradicional que habían ocupado cargos en la época anterior
a Yrigoyen (edad: + de 50-60 años).
El gobierno revolucionario designó nuevos gobernadores para todas las
provincias excepto E. Ríos y S. Luis (casi todos civiles). También se
designaron civiles como directores de muchas de las entidades de Gobierno. El
componente “militar” del gobierno se centraba en Uriburu y en sus asesores
inmediatos. Uriburu elegía a los funcionarios gubernamentales combinando la
arbitrariedad total en algunos casos con el respeto escrupuloso de la ley en
otros.
El gobierno de Uriburu actuó bajo el imperio del estado de sitio y de
la ley marcial (suspensión temporaria de las garantías individuales). Al asumir
el poder la usó para arrestar a muchos partidarios de Yrigoyen. La ley marcial
duró 9 meses, durante los cuales se arrestó y deportó a muchas personas; la
mayoría criminales comunes, pero también sindicalistas extranjeros (que fueron
deportados) y anarquistas. En muchos casos se aplicaron torturas físicas.
El régimen de Uriburu dependía de las Fuerzas Armadas, de algunos
grupos nacionalistas y de los partidos conservadores. Como a principios de su
gobierno Uriburu anunció que respetaría la Constitución y haría lo posible por
restablecer la república llamando a elecciones lo antes posible, hubo amplios
sectores que le brindaron apoyo: socialistas, demócratas progresistas, radicales
antipersonalistas. Pero perdió su apoyo cuando reveló sus intenciones de
efectuar reformas constitucionales que cambiarían el sistema electoral y
representativo. Las principales oposiciones que enfrentó Uriburu a partir de
esto fueron dos: los oficiales leales a Yrigoyen y la facción del ejército
liderada por Justo. La amenaza radical se conjuró fácilmente, pero el
enfrentamiento con Justo fue más grave.
Justo permaneció al margen del gobierno (se negó a ser vicepresidente)
pero mantuvo sus vínculos con muchos oficiales y figuras políticas, que al
ocupar cargos en el gobierno ejercieron sobre él una influencia moderadora. Una
parte de los oficiales apoyaba a Justo porque éste favorecía las elecciones
para el Congreso, y sólo el Senado podría (cuando existiera) confirmar los
ascensos a coronel, etc.
Lo que deseaba Uriburu eran reformas constitucionales que impidieran la
repetición de un gobierno como el de Yrigoyen. Entre los cambios que quería
estaba el final del sistema de sufragio universal y representación geográfica,
que sería reemplazado por uno de representación corporativa (parecido al
fascismo). No obstante, al comienzo de su gobierno (y antes del golpe, en sus
arreglos con el grupo de Justo) prometió un retorno gradual al régimen
constitucional por medio de elecciones generales. El 5 de abril de 1931 comenzó
a ponerse en práctica con elecciones para gobernador y legislatura en la
provincia de Buenos Aires. Seguros de su triunfo, los líderes conservadores
permitieron que radicales y socialistas presentaran candidatos. Sin embargo,
fueron los radicales quienes triunfaron, poniendo así en tela de juicio el
futuro del gobierno. Este pasó por una crisis: el 15 de abril renunció todo el
gabinete. Uriburu se vio forzado a hacer concesiones a Justo. Pero el
presidente seguía aferrado a la idea de una reforma institucional, sin
reconocer que su posición era demasiado débil como para poder tener éxito.
El 8 de mayo Uriburu anunció elecciones para dentro de 6 meses, pero el
mismo día un decreto suyo llamaba a una sesión especial del nuevo Congreso para
discutir la reforma constitucional. Estaba dispuesto ahora a sacrificar la
representación corporativa, pero era claro que no había cambiado el carácter
fascista de su actitud. Esto se vio por la creación de la Legión Civil
Argentina, grupo paramilitar organizado por el Presidente “para la defensa de
la Patria y el orden” a imitación de la milicia fascista italiana.
Pero la oposición a Uriburu en el ejército ya era muy acentuada. Un
grupo de oficiales que simpatizaban con el radicalismo preparó una revolución
para junio de 1931. Justo, al enterarse de este movimiento, lo utilizó para sus
propios fines; estableció contacto con el jefe de la conspiración en Bs.As. (el
Tte. coronel Bosch) y tras las
negociaciones asumió la dirección del movimiento. Justo ordenó que se
postergara la insurrección hasta después de las elecciones de noviembre y
utilizó el movimiento para imponer a Uriburu su candidatura como presidente en
esas mismas elecciones.
Algunos miembros originales de la conspiración (Cattáneo, Pomar), no
aceptaron la orden de Justo e intentaron una revuelta el 20 de julio. Pomar
logró dominar Corrientes, pero el resto del ejército en el resto del país no lo
apoyó y tuvo que huir. Esta revolución frustrada tuvo dos consecuencias: dio al
gobierno una excusa para perseguir a los radicales y abrió el camino a la
candidatura de Justo.
El 24 de julio un decreto del gobierno prohibió la candidatura para
noviembre de los que hubiera ocupado puestos en el gobierno depuesto de
Yrigoyen. Esta medida iba dirigida contra el ex presidente Alvear (líder de los
radicales) y cristalizó con el veto definitivo a la candidatura de Alvear y
Güemes (6/10). De esta manera se volvía a las políticas anteriores a 1912.
El principal beneficiario de todo esto fue, naturalmente, el general
Justo. Rápidamente se creó la organización nacional que debía existir para
promover su candidatura. Se la llamó la Concordancia, y estaba formada por los
partidos Conservador, Antipersonalista y Socialista Independiente (los mismos
que se habían unido contra Yrigoyen en 1930). La abstención del Partido Radical
hizo que la principal oposición a Justo residiera el la Alianza formada por
socialistas y demócratas progresistas, con Lisandro de la Torre como candidato.
Pero el hecho de que el gobierno no vaciló en usar la policía y las condiciones
de estado de sitio en beneficio de la campaña de Justo limitó las posibilidades
de la Alianza. El 8 de noviembre de 1931 Justo fue elegido presidente. La
elección, a pesar de estar viciada por exclusiones y limitaciones, fue el
puente que permitió a la Argentina pasar de un prolongado período de gobierno
de facto a lo que era por lo menos una apariencia de gobierno constitucional.
El daño que causó este período a la Argentina fue doble. Por una parte,
muchos oficiales se resistieron a aceptar la idea de que la actividad política
partidaria es un fenómeno normal y esencial en una sociedad democrática. Por
otra parte, se destruyó la confianza de los civiles en las Fuerzas Armadas como
una institución nacional situada por encima de la política.
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