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El Cosmos

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Categoría: Apuntes y Monografas > Astronoma >
Material educativo de Alipso relacionado con Cosmos
  • El Cosmos:
  • Los Aztecas: Dioses. Cosmogonia y edades del cosmos. El Calendario. La explicacion del mundo. La creacin del sol, luna y estrellas.La naturaleza y la ciencia. Vida despus de la muerte.

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    COSMOS

    El hombre empezaba a aventurarse, en el sentido casi exacto de la palabra, por otros mundos.

    La exploracin subsiguiente de la Tierra fue una empresa mundial, incluyendo viajes de ida y vuelta a China y Polinesia. La culminacin fue sin duda el descubrimiento de Amrica por Cristbal Coln, y los viajes de los siglos siguientes, que completaron la exploracin geogrfica de la Tierra. El primer viaje de Coln est relacionado del modo ms directo con los clculos de Eratstenes. Coln estaba fascinado por lo que llamaba la "Empresa de la Indias", un proyecto para llegar al Japn, China y la India, no siguiendo la costa de frica y navegando hacia el Oriente, sino lanzndose audazmente dentro del desconocido ocano occidental; o bien como Eratstenes haba dicho con asombrosa preciencia: "pasando por mar de Iberia a la India".

    Coln haba sido un vendedor ambulante de mapas viejos y un lector asiduo de libros escritos por antiguos gegrafos, como Eratstenes, Estrabn y Tolomeo, o de libros que trataran de ellos. Pero para que la Empresa de las Indias fuera posible, para que las naves y sus tripulaciones sobrevivieran al largo viaje, la Tierra tena que ser menor de lo que Eratstenes haba dicho. Por lo tanto Coln hizo trampa con sus clculos, como indic muy correctamente la facultad de la Universidad de Salamanca que los examin. Utiliz la menor circunferencia posible de la Tierra y la mayor extensin hacia el este de Asia que pudo encontrar en todos los libros de que dispona, y luego exager incluso estas cifras. De no haber estado las Amricas en medio del camino, las expediciones de Coln habran fracasado rotundamente.

    La Tierra est en la actualidad explorada completamente. Ya no puede prometer nuevos continentes o tierras perdidas. Pero la tecnologa que nos permiti explorar y habitar las regiones ms remotas de la Tierra nos permite ahora abandonar nuestro planeta, aventuramos en el espacio y explorar otros mundos. Al abandonar la Tierra estamos en disposicin de observarla desde lo alto, de ver su forma esfrica slida, de dimensiones eratostnicas, y los perfiles de sus continentes, confirmando que muchos de los antiguos cartgrafos eran de una notable competencia. Qu satisfaccin habran dado estas imgenes a Eratstenes y a los dems gegrafos alejandrinos!

    Fue en Alejandra, durante los seiscientos aos que se iniciaron hacia el 300 a. de C., cuando los seres humanos emprendieron, en un sentido bsico, la aventura intelectual que nos ha llevado a las orillas del espacio. Pero no queda nada del paisaje y de las sensaciones de aquella gloriosa ciudad de mrmol. La opresin y el miedo al saber han arrasado casi todos los recuerdos de la antigua Alejandra. Su poblacin tena una maravillosa diversidad. Soldados macedonios y ms tarde romanos, sacerdotes egipcios, aristcratas griegos, marineros fenicios, mercaderes judos, visitantes de la India y del frica subsahariana -todos ellos, excepto la vasta poblacin de esclavos- vivan juntos en armona y respeto mutuo durante la mayor parte del perodo que marca la grandeza de Alejandra.

    La ciudad fue fundada por Alejandro Magno y construida por su antigua guardia personal. Alejandro estimul el respeto por las culturas extraas y una bsqueda sin prejuicios del conocimiento. Segn la tradicin -y no nos importa mucho que esto fuera o no cierto- se sumergi debajo del mar Rojo en la primera campana de inmersin del mundo. Anim a sus generales y soldados a que se casaran con mujeres persas e indias. Respetaba los dioses de las dems naciones. Coleccion formas de vida exticas, entre ellas un elefante destinado a su maestro Aristteles. Su ciudad estaba construida a una escala suntuosa, porque tena que ser el centro mundial del comercio, de la cultura y del saber. Estaba adornada con amplias avenidas de treinta metros de ancho, con una arquitectura y una estatuaria elegante, con la tumba monumental de Alejandro y con un enorme faro, el Faros, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

    Pero la maravilla mayor de Alejandra era su biblioteca y su correspondiente museo (en sentido literal, una institucin dedicada a las especialidades de las Nueve Musas). De esta biblioteca legendaria lo mximo que sobrevive hoy en da es un stano hmedo y olvidado del Serapeo, el anexo de la biblioteca, primitivamente un templo que fue reconsagrado al conocimiento. Unos pocos estantes enmohecidos pueden ser sus nicos restos fsicos. Sin embargo, este lugar fue en su poca el cerebro y la gloria de la mayor ciudad del planeta, el primer autntico instituto de investigacin de la historia del mundo. Los eruditos de la biblioteca estudiaban el Cosmos entero. Cosmos es una palabra griega que significa el orden del universo. Es en cierto modo lo opuesto a Caos. Presupone el carcter profundamente interrelacionado de todas las cosas. Inspira admiracin ante la intrincada y sutil construccin del universo. Haba en la biblioteca una comunidad de eruditos que exploraban la fsica, la literatura, la medicina, la astronoma, la geografa, la filosofa, las matemticas, la biologa y la ingeniera. La ciencia y la erudicin haban llegado a su edad adulta. El genio floreca en aquellas salas. La Biblioteca de Alejandra es el lugar donde los hombres reunieron por primera vez de modo serio y sistemtico el conocimiento del mundo.

    Adems de Eratstenes, hubo el astrnomo Hiparco, que Los reyes griegos de Egipto que sucedieron a Alejandro tenan ideas muy seras sobre el saber. Apoyaron durante siglos la investigacin y mantuvieron la biblioteca para que ofreciera un ambiente adecuado de trabajo a las mejores mentes de la poca. La biblioteca constaba de diez grandes salas de investigacin, cada una dedicada a un tema distinto; haba fuentes y columnatas, jardines botnicos, un zoo, salas de diseccin, un observatorio, y una gran sala comedor donde se llevaban a cabo con toda libertad las discusiones crticas de las ideas.

    El ncleo de la biblioteca era su coleccin de libros. Los organizadores escudriaron todas las culturas y lenguajes del mundo. Enviaban agentes al exterior para comprar bibliotecas. Los buques de comercio que arribaban a Alejandra eran registrados por la polica, y no en busca de contrabando, sino de libros. Los rollos eran confiscados, copiados y devueltos luego a sus propietarios. Es difcil de estimar el nmero preciso de libros, pero parece probable que la biblioteca contuviera medio milln de volmenes, cada uno de ellos un rollo de papiro escrito a mano. Qu destino tuvieron todos estos libros? La civilizacin clsica que los creo acab desintegrndose y la biblioteca fue destruida deliberadamente. Slo sobrevivi una pequea fraccin de sus obras, junto con unos pocos y patticos fragmentos dispersos. Y qu tentadores son estos restos y fragmentos. Sabemos por ejemplo que en los estantes de la biblioteca haba una obra del astrnomo Aristarco de Samos quien sostena que la Tierra es uno de los planetas, que orbita el Sol como ellos, y que las estrellas estn a una enorme distancia de nosotros. Cada una de estas conclusiones es totalmente correcta, pero tuvimos que esperar casi dos mil aos para redescubrirlas. Si multiplicamos por cien mil nuestra sensacin de privacin por la prdida de esta obra de Aristarco empezaremos a apreciarla grandeza de los logros de la civilizacin clsica y la tragedia de su destruccin.

    Hemos superado en mucho la ciencia que el mundo antiguo conoca, pero hay lagunas irreparables en nuestros conocimientos histricos. Imaginemos los misterios que podramos resolver sobre nuestro pasado si dispusiramos de una tarjeta de lector para la Biblioteca de Alejandra. Sabemos que haba una historia del mundo en tres volmenes, perdida actualmente, de un sacerdote babilnico llamado Beroso. El primer volumen se ocupaba del intervalo desde la Creacin hasta el Diluvio, un perodo al cual atribuy una duracin de 432 000 aos, es decir, cien veces ms que la cronologa del Antiguo Testamento. Me pregunto cul era su contenido.

    Los antiguos saban que el mundo es muy viejo. Intentaron investigar este remoto pasado. Sabemos ahora que el Cosmos es mucho ms viejo de lo que ellos llegaron a imaginar. Hemos examinado el universo en el espacio y descubierto que vivimos en una mota de polvo que da vueltas a una vulgar estrella situada en el rincn ms remoto de una oscura galaxia. Y si somos una mancha en la inmensidad del espacio, ocupamos tambin un instante en el cmulo de las edades. Sabemos ahora que nuestro universo -o por lo menos su encarnacin ms reciente- tiene una edad de unos quince o veinte mil millones de aos. Este es el tiempo transcurrido desde un notable acontecimiento explosivo llamado habitualmente big bang (captulo 10). Galileo Galilei

    UN REGALO MUY MAL CORRESPONDIDO

    Autor: Mario Prez Colman - Fuente: Diario La Nacin

    Vivi en tiempos en que las pruebas cientficas podan ser consideradas como subversivas. Sera revindicado mucho despus como el hombre que prob las teoras de Coprnico sobre el sistema solar

    Si la Inquisicin de la leyenda negra no se hubiera cruzado en su camino, Galileo Galilei (1564-1642) sera nada ms -y nada menos- que el fundador de la fsica moderna, el formulador de las leyes de la cada libre de los cuerpos y de la oscilacin del pndulo, y el constructor de un centenar de anteojos, uno de los cuales le permiti observar, antes que ningn otro hombre, que la Luna no es plana, sino que posee montaas y crteres; que el Sol presenta manchas cuyo desplazamiento revela que gira sobre s mismo; que Venus tiene fases como la Luna, fenmeno que indica un movimiento de rotacin en torno del Sol tal como lo pensaba Coprnico; que Jpiter posee lunas y que las estrellas carecen de dimetro aparente...

    Pero el hecho de verse forzado a abjurar de la teora heliocntrica y aun as sostener ante los inquisidores Eppur, si muove!, lo convirti, adems, en un smbolo de la libertad de pensamiento. Su clebre frase -divisa universal de la heroica porfa en la verdad- acaso no sali nunca de sus labios, ni en aquel mircoles 22 de junio de 1633, durante su abjuracin en la sala de honor del convento romano de Santa Mara Sopra Minerva, ni en ningn otro momento de su vida. Tal vez sea, aquella frase, un mito solamente.

    No obstante, pocas veces en la historia se aplica con tanta propiedad como en este caso la sentencia si non e vero e ben trovato, porque, reales o mstificadas, las tres palabras que expresan un rapto de suprema rebelda -Eppur, si muove!- representaran el carcter de Galileo Galilei a la perfeccin.

    El juicio inquisitorial en su contra por defender la teora copernicana constituye un asunto nico en los anales del Santo Oficio, y una paradoja. A Galileo le toca sealar un error en la exgesis de las Escrituras, en tanto que a la Inquisicin, guardiana de la doctrina religiosa, le toca indicar por boca de una comisin de telogos-astrnomos, errores cientficos en los argumentos con los cuales Galileo intentaba demostrar el desplazamiento de la tierra alrededor del sol. Galileo no poda demostrar palmariamente el doble movimiento de la Tierra, su rbita anual en torno del Sol y su rotacin diaria en torno del eje polar.

    Supona haber encontrado la prueba de tales desplazamientos en las mareas ocenicas, cuyo verdadero origen lo demostrara a su tiempo Newton.

    Ya el papa Urbano VIII, cardenal Maffeo Barberini, quien celebr en versos los descubrimientos astronmicos de Galileo, le haba planteado a ste la posibilidad de que estuviese equivocado al sostener que las mareas se deban al movimiento de la Tierra.

    Por su parte, Galileo haba observado acertadamente que sus jueces quiz se equivocaban al considerar que la Biblia proclama el mismo sistema que Ptolomeo (la Tierra inmvil en el centro del universo) cuando relata el episodio en que las armas de Josu triunfan sobre las huestes de cinco reyes cananeos, combatiendo bajo el Sol milagrosamente detenido en su movimiento alrededor de la Tierra.

    "No busquen astronoma en la Biblia -les haba dicho a sus jueces- porque ella no pretende decirnos cmo marchan los cielos, sino cmo marchar nosotros hacia el cielo".

    Sus ideas exegticas, segn las cuales el movimiento de la Tierra es un fenmeno que no contradice a las Sagradas Escrituras, haban sido expresadas previamente en cuatro cartas. De estas haban circulado innumerables copias, algunas no demasiado fieles a las originales. Levantaron gran polvareda en la comunidad cientfica, especialmente entre los aristotlicos que, se supone, fueron quienes lo denunciaron a la Congregacin del Santo Oficio de Roma.

    Galileo haba credo, con cierto candor, que todos se rendiran ante lo que l consideraba evidencias virtualmente incontrastables. Siglos ms tarde, en 1992, Juan Pablo II subray ante la Pontificia Academia de las Ciencias, el error de los jueces de Galileo en la exgesis bblica. Aquellos telogos contemporneos del astrnomo florentino, imbudos de la concepcin unitaria del universo que haba imperado hasta principios del siglo XVII en todo el mundo, no haban hecho sino trasplantar al campo de la fe, y tal como los presenta la Biblia, determinados hechos naturales que pertenecen exclusivamente al campo de la observacin fctica.

    Galileo, en cambio, haba preferido emplear los criterios de San Agustn y creer que el episodio del Sol inmvil sobre el campo de batalla de Gaban pudiera no ser literal y, antes bien, encerrar una idea metafrica del sentido ltimo del universo, a cuya comprensin se accede por el camino de la fe.

    Con su enfoque exegtico, Galileo compatibilizaba -tal como l estaba seguro de haberlo hecho- el Antiguo Testamento y la teora heliocntrica de Coprnico, en la que haba profundizado. Pero el Tribunal, aunque tena ideas cientficas parecidas a las suyas, tampoco poda comprobar sus propias hiptesis.

    En consecuencia, los jueces optaron por la inviolabilidad del texto bblico, con lo cual erraron. Un tribunal eclesistico puede, sin embargo, equivocarse sin comprometer la infalibilidad de la Iglesia.

    A su tiempo, en 1741, cuando se comprob el heliocentrismo copernicano, la Iglesia Catlica reconoci aquel error suyo en un campo -el cientfico- donde ella es humanamente falible; su juicio slo est preservado de error cuando se pronuncia sobre fe y moral a travs de las solemnes declaraciones "ex cathedra" del Papa y de los concilios ecumnicos en comunin en con el Sumo Pontfice.

    La condena a prisin impuesta a Galileo por el Santo Oficio fue inmediatamente conmutada por Urbano VIII. El tribunal la cambi entonces por reclusin domiciliaria en el jardn de la Trinit dei Monti, luego en Siena y finalmente en Arcetri, donde pas los ltimos aos de su vida, dedicado a sus investigaciones. La condena no fue firmada por el Papa ni eman del magisterio de la Iglesia, sino de un tribunal.

    El pecadillo de Galileo -determinante de tan duro castigo, que incluy la humillante obligacin de leer en voz alta, ante el tribunal, una abjuracin que l no haba escrito-, consisti bsicamente en rechazar una sugerencia de la Inquisicin para que se limitara a presentar el sistema copernicano slo como una hiptesis y slo mientras no fuera confirmado con pruebas irrefutables.

    Galileo inscribi en su historia otra paradoja al resistirse entonces a esa exhortacin, que implicaba, de su parte, emplear el mtodo experimental, cuya paternidad le pertence.

    El sabio florentino haba nacido en una poca signada por lo que suele llamarse "la crisis de la conciencia europea", un cambio de mentalidad propiciado por las ideas de Bacon y Descartes, que lo alejaron de la fsica aristotlica a la hora de construir su cosmologa. Bsicamente, Galileo Galilei sostena la existencia de una armona universal y, por otro lado, postulaba la aplicacin de la matemtica a los fenmenos observados. Al afirmar que los fenmenos materiales connotan leyes bien definidas y que el objeto de la ciencia es formularlas mediante observaciones cuidadosas y experimentos controlados, Galileo abra camino a la ciencia moderna, al tiempo que no dejaba de ser un ferviente miembro de la Iglesia Catlica que, en el siglo XVII, posea enorme influencia personal, social y estatal.

    Bastara tomar en cuenta esa circunstancia histrica para que la accin del Santo Oficio contra Galileo se advirtiera menos arbitraria y desptica de lo que parece cuando se la observa con los criterios culturales del siglo XX.

    Por otra parte, como es evidente, no fue la Inquisicin la nica en recelar de los descubrimientos de Galileo, que socavaban creencias histricas y por los cuales cay en desgracia ante el Santo Oficio.

    Mucho le cost, por ejemplo, convencer al escptico dogo de Venecia para que lo acompaara al campanario de San Marcos a fin de probar su anteojo, que aumentaba mil veces el tamao de las cosas y que las acercaba 30 veces al observador. Slo la insistente intercesin de un poderoso amigo de Galileo, que dio fe de su honestidad intelectual y de su genio cientfico.

    Desde aquella eminencia enfoc con su artefacto un grupo de torres y las mostr al dogo, cuya primera observacin acerca de lo que vea fue que tales torres no eran las de Venecia. Galileo le sugiri que podran ser las de Padua y el dogo admiti que parecan serlo. Galileo le confirm entonces que, en efecto, lo eran. El dogo lanz una imprecacin; ahora se negaba a creer lo que vea por el anteojo. No era posible avistar Padua desde Venecia!

    Pero Galileo lo persuadi de que s era posible hacerlo a travs de su lente. Convenci al dogo de que sus ojos, auxiliados por el aparato, no lo engaaban. Inmediatamente el seor de Venecia le hall al anteojo una utilidad eminentemente prctica. En la guerra prestara invalorables servicios. Pregunt a Galileo cunto costara ese "chisme". El sabio le respondi que mucha plata, pero que se lo regalaba encantado de servirlo. Y el dogo acept el presente con la naturalidad de los poderosos...

    Ni un mago que pudiese alcanzar el futuro con un poder como el de ese anteojo, hubiese logrado avizorar en ese instante de gloria la declinacin de la estrella de Galileo. Eppur , si muove!.

    La visin de un sabio

    Imagine la escena. Estamos en 1610; es 7 de enero. Galileo Galilei apunta su telescopio a Jpiter. Nadie lo haba hecho antes. Su instrumento no es ms potente que un largavistas actual, barato. Pero ve algo inesperado. Pequeas estrellitas, muy brillantes, que rodean el planeta. Son lunas alrededor de Jpiter. Nadie jams haba visto algo as. Pero Galileo descifra el misterio. Entiende lo que est viendo.

    El siguiente es un fragmento del "Sidereus Nuncius", donde el sabio relat el momento del hallazgo:

    "En el sptimo da del presente ao, 1610, en la primera hora de la siguiente noche, cuando estaba viendo las constelaciones de los cielos a travs de un telescopio, el planeta Jpiter se present a mi vista [...] Not una circunstancia que nunca antes haba podido ver. Especialmente, que tres estrellas pequeas pero muy brillantes estaban cerca del planeta [...] Cuando el 8 de enero por alguna fatalidad volv a mirar la misma parte de los cielos encontr un estado de cosas muy diferente. Ahora haba tres pequeas estrellas al oeste de Jpiter [...] De all conclu y decid sin dudarlo que hay tres estrellas en los cielos movindose alrededor de Jpiter, como Venus y Mercurio alrededor del Sol."

    Es muy fcil ver Jpiter desde Buenos Aires en esta poca del ao. En cuanto oscurece, aparece como una estrella muy brillante. La ms brillante del cielo. Con unos prismticos pequeos se pueden ver perfectamente sus lunas.

    Hacia la derecha, una estrella ms dbil, amarillenta, tambin aguarda una visita. Es Saturno, el planeta de los anillos.

    Una nave de la Tierra -la sonda Cassini que parti en 1997- llegar all en el ao 2004. Entonces una pequea sonda experimental que viaja con ella descender en la misteriosa luna Titn.

    En el inicio de este universo no haba galaxias, estrellas ni planetas, no haba vida ni civilizacin, sino una nica bola de fuego uniforme y radiante que llenaba todo el espacio. El paso del Caos del big bang al Cosmos que estamos empezando a conocer es la transformacin ms asombrosa de materia y de energa que hemos tenido el privilegio de vislumbrar. Y hasta que no encontremos en otras partes a seres inteligentes, nosotros somos la ms espectacular de todas las transformaciones: los descendientes remotos del big bang, dedicados a la comprensin y subsiguiente transformacin del Cosmos del cual procedemos.

    Fuetne: "Cosmos", de Carl Sagan


     
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