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MORIAE ENCOMIUM: La burla al dogma de poder

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Análisis literario de la Novela del escritor Erasmo de Rotterdam “Elogio a la Locura”. PorMaria del Carmen Saldarriaga Muñoz, Estudiante de último semestre de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín- Colombia)

Agregado: 25 de NOVIEMBRE de 2001 (Por Maria del Carmen Saldarriaga Muñoz) | Palabras: 2110 | Votar! |
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    MORIAE ENCOMIUM

    La burla al dogma de poder

    Por

    Maria del Carmen Saldarriaga Muñoz

    Saldarriagam@epm.net.co

    Estudiante de último semestre de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín- Colombia)

    (Análisis literario de la Novela del escritor Erasmo de Rotterdam “Elogio a la Locura”. Categoría recomendada: Literatura)

    Noviembre de 2001

    “He querido de esta manera imitar a algunos de los retóricos de nuestro tiempo que se tienen por unos dioses en cuanto lucen dos lenguas, como la sanguijuela, y creen ejecutar una acción preclara al intercalar en sus discursos latinos, a modo de mosaico, algunas palabritas griegas, aunque no vengan a cuento. Si les faltan palabras de lenguas extranjeras, arrancan de podridos pergaminos cuatro o cinco palabras anticuadas con las cuales derramen las tinieblas sobre el lector, de suerte que los que las entiendan se complazcan más con ellas, y los que no, se admiren tanto más cuanto menos se enteren.”

    (“El Elogio a la Locura, Erasmo de Rotterdam)

    La locura del mundo moderno aún no ha quedado totalmente demostrada, ya que los límites de las verdades absolutas han sido rotos hace mucho tiempo y ahora no sabemos cuál es la diferencia entre locura y razón, pero durante el Renacimiento y en la patria de la razón y la lógica pura si se podía establecer dicho límite y el desafío estaba en hacer la critica de forma sutil y llamar “locos” a los poseedores de dicha razón.

    En el libro “El Elogio a la Locura” escrito por Erasmo de Rotterdam, se critica a la sociedad de la época como una estulta que desconoce sus orígenes, haciéndolos banales y estableciendo el poderío de la lógica sobre la condición humana, y es que la lógica era la nueva opción que hacia ver las acciones de las personas como “viables”, esto sí realmente se creía que la locura personificada por Rotterdam era aquella que iba en contra de la razón.

    Sin duda, Erasmo de Rotterdam no fue uno de los hombres menores del Renacimiento ni de los menos conocidos durante su época, y esto lo demuestra mediante el "Elogio a la locura", claro que ¿quien que estuviera medianamente cuerdo escucharía sin reparos un monologo de la locura y le daría la razón?, es probable que el mundo renacentista no. La locura de Rotterdam dice tener la razón de su lado, dice decir la verdad y la manera frívola y fútil como lo hace despierta nuestra curiosidad, y es que para estar loco no se necesita hacer ningún esfuerzo, en realidad estar loco es, se podría decir, seguir el cauce de la naturaleza humana y seguir lo que se nos mando hacer: vivir.

    Escrito de forma suelta y ricamente violenta el libro del holandés, nacido en Rotterdam en 1469, nos cuenta con gran franqueza las debilidades y defectos de una sociedad que no se permitió el lujo de mirarse al espejo y que mediante la risa intenta debelar los males de su época. Surgen entonces dos formas de analizar este libro: el autor pretendió criticar de forma satírica su época o el autor pretendió criticar de forma satírica a toda la conformación de la sociedad. Yo me inclinaría por la segunda.

    El asumir a la locura como personaje principal fue una decisión bastante acertada, ya que  ¿Quién culparía a la locura de decir insensateces si está loca?, además se debe tener en cuenta el peso que implica que sea la locura quien nos habla, un personaje de respeto y causante de muchos temores: nadie quiere estar loco.

    Desde el primer punto de análisis la Locura hace una critica a las clases sociales de la época, su burla mordaz no deja escapar a nadie: ni reyes ni papas, ni campesinos ni nobles, ni mujeres ni monjes se sustraen al dominio de la locura, la estulticia y la estupidez. Esta es una crítica que ahonda en un mordaz análisis de la Iglesia y sus instituciones, así como de la teología y su anticuado método, todos ellos bajo el gobierno de la Locura porque se han apartado de la verdadera fuente de la religión: el cristianismo primitivo. La locura aboga por huir del mundo de las apariencias, de ese teatro de la inautenticidad y del discurso de la razón como la excusa de los comportamientos oscurantistas. Para ella el pasado es considerado como un motor de renovación que nos permite rehacer los pasos y es donde la critica cobra mayor fuerza al querer mostrar como los hombres primitivos habían sido más cuerdos que los hombres de la razón y la sabiduría.

    Desde el segundo punto de análisis que había mencionado anteriormente, la critica de la locura a la conformación de cualquier sistema social independientemente de su época es la critica a la razón y la lógica. Las sociedades han renunciado a su individualidad, masificada mediante las religiones y culturas, haciendo del discurso de la sabiduría un arma de protección ante aquello que les hace humanos: los impulsos, el instinto y la necedad, aquello que los caracteriza y da lógica a la humanidad, pero que no implica la debilidad de la raza. Cuando la locura se proclama y risueñamente habla a los dirigentes del mundo enguanta en terciopelo la violencia de sus palabras:

    Diga lo que quiera de mí el común de los mortales, pues no ignoro cuán mal hablan de la Estulticia incluso los más estultos, soy, empero, aquélla, y precisamente la única que tiene poder para divertir a los dioses y a los hombres. Y de ello es prueba poderosa, y lo representa bien, el que apenas he comparecido ante esta copiosa reunión para dirigiros la palabra, todos los semblantes han reflejado de súbito nueva e insólita alegría, los entrecejos se han desarrugado y habéis aplaudido con carcajadas alegres y cordiales, por modo que, en verdad, todos los presentes me parecéis ebrios de néctar no exento de repente, como los dioses homéricos, mientras antes estabais sentados con cara triste y apurada, como recién salidos del antro de Trofonio.”

    Ha sido frecuente considerar la locura como un delirio o furor que se apodera durante un tiempo de un hombre y le hace hablar o actuar en formas distintas de las usuales, o estimadas usuales, y, en todo caso, en forma extraordinaria. Ejemplos de este modo de concebir la locura los tenemos en muchas comunidades humanas especialmente (y algo sospechoso) en los regímenes manejados por el catolicismo. La locura y sus equivalentes formas (delirio, furor, éxtasis, etc.) han sido concebidas de diversos modos, la locura puede considerarse de dos modos: o como una enfermedad del cuerpo que se manifiesta "en el alma"; o como una posesión del alma por algún "demonio". Sin la locura no habría, dice la estulticia, posibilidad de vivir y de pensar sana y simplemente, lejos de la pedantería de los sabios, o falsos sabios.

    La locura puede ser entonces un punto de partida para cuestionar las estructuras sociales, para desenmascarar las hipocresías de la sociedad ya que es ella misma quien habla y diseca estrato por estrato la sociedad de su tiempo. Al poner voz en la boca de la locura, el autor dota a su discurso de autoridad, un discurso que luego se convierte en un tratado de poder, del cómo se maneja dicho poder. La locura, al igual que la Vida o la Muerte tomadas como personajes, es un ente que reviste un respetuoso temor. Sus palabras, por lo tanto, aun reconociendo el tono paródico del discurso, remeten a un personaje que está por encima del lector, ya que la locura será locura, pero sabe de lo que habla y tiene derecho y elementos para hacer eso.

    La duda que se plantea para quien escucha a la locura está en dónde se encuentra la locura y dónde la razón. Pero en Erasmo la locura, como oradora, expone formas de demencia que quizás no eran evidentes para la sociedad, pero sí para ella, dueña del saber sobre el equilibrio mental.

    La locura hace una crítica a las costumbres de los contemporáneos, a las supersticiones, a los prejuicios, a la ignorancia y al fanatismo en todas sus formas.

     

    Los medios de comunicación de la época de Erasmo de Rotterdam estaban en poder de los sabios, aquellos que sabían leer y conformar el discurso en la oratoria, aquellos que pasaban horas enteras discutiendo acerca de los rumbos de su nación y se vanagloriaban del poder sobre los pueblos, aquellos que nunca esperaron ser atacados con igual elocuencia por aquella que criticaba su elocuencia. Cuando se toma la locura como personaje estos no pueden rebatir sus opiniones y criticas, solo la pueden escuchar y esperar no ser envueltos por su discurso. En la historia de la literatura ha habido innumerables clases de locos y en la modernidad han colapsado tantas formas de angustia humana que ya nadie se atreve a culpar al otro de estarlo, pero no se trata de la locura como enfermedad física, sino más bien de quitarle a la razón el terreno que ha ganado entre los hombres. En nombre de la razón se llevan a cabo atrocidades de todas clases encubiertas en lo que es “correcto”. ¿Cómo es que la razón ganó en la historia de la humanidad el nombre de lo correcto y la estulticia el de lo insano? Es ahí donde estamos errados y donde faltamos al principio de no creer en verdades absolutas.

    El ser humano se ha tornado profano de sus propias creencias, prostituyendo aquello por lo que alguna vez hubiese dado la vida, y esta actitud sola confirma la veracidad del discurso de la locura, los individuos son seres impulsivos, desesperados y dispuestos a creer y seguir a quien los guíe, en la batalla entre la razón y la locura el discurso de la primera ha sido simplemente más convincente. ”El Elogia a la Locura” es un monologo de las bondades de la estupidez y el olvido, “desaprender lo aprendido” al igual que el discurso de la adquisición del conocimiento argumentado por los humanistas. Aquel que aprovecha las capacidades del olvido y aprende desde la misma inocencia adquirirá nuevas ideas sin verdades preconcebidas; aquel que es lo suficientemente valiente como para asumir la estupidez del estulto escapará de los razonamientos de la sabiduría dada por quienes controlan los destinos de la humanidad.

    Pero no nos debemos dejar engañar, ya que la locura tiene intereses al igual que la razón. Todo cuanto se ha dicho hasta ahora ha sido un ciego voto de confianza a aquella que pierde a los hombres y sus mentes, aquella misma que detesta al oyente que todo lo cree y aquella que se convierte solo en excusa de critica disfrazada.

    En la historia de los dioses, sea uno o sean varios, ha sido demostrado que quien no sigue los dogmas de poder establecidos será eliminado de muchas maneras, ¿Quiénes somos para desafiar lo ya establecido? Pero es que en esto se basa la historia de la evolución, en la utilización de conocimientos anteriores para la creación de mundos nuevos, y es aquí donde razón y lógica toman forma, donde el discurso del método recupera todo su valor y donde la estupidez y el olvido se convierten en solo eso: estupidez y olvido.

    La humanidad ha tomado aquello que ya estaba hecho, lo ha mejorado o empeorado, pero en cualquier caso ha evolucionado, ha ascendido hacia una lógica cada vez más amplia y más accesible, una lógica que conforma las bases sociales. Si la critica hecha por Erasmo de Rotterdam apuntaba a la razón, sus fuentes y creencias, fue un error el hacerlo desde la literatura, sin escenario establecido ni personajes claramente definidos (aparte de las estultas debilidades humanos), pero sí lo que hizo fue una critica al sistema conformado por esta misma razón el acierto estuvo en hacerlo de una forma tan incuestionable. La critica hecha por la locura, como ya lo he mencionado, no es susceptible de una contracritica, ya que a la vez que conduce un discurso de extrema lógica (lo cual es paradójico) individualiza a las personas de tal forma que las pone más en un conflicto ético y moral ante su forma de asumir las verdades absolutas de su sociedad.

    La locura desdibuja la línea entre la razón y la estulticia, nos pierde en un limbo de autocuestionamientos y nos invita a rechazar lo preconcebido para al final recordarnos que no debemos creer todo lo que escuchamos. El Elogio que la locura se hace a sí misma es, en mi opinión, la burla más seria que los humanistas han hecho del mundo y su sabia retórica.


     
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