Ensayo de Literatura.
La
apariencia de triunfo en la conquista de América: historia de un malentendido.
¿Hubo
realmente un triunfo en la conquista de América o fue al revés? ¿Quién
conquistó a quién? Si uno no analiza la situación, piensa automáticamente que
el que triunfó fue el hombre, por varias razones: llegó a un mundo nuevo del
cual nada sabía, se asentó, logró llevar riquezas a Europa, se relacionaba con
los indios que poblaban estas tierras, etc. Pero ésto no fue así. En realidad,
la tierra derrotó al hombre, obligándolo a hacer lo que él quería que hiciera
el indio o consideraba un trabajo o tarea de bajo nivel.
Sin analizar como
llegaban los colonos a América no se puede saber igual quien triunfó sobre
quien. Lo que pasaba era que los colonos llegaban a América con sueños
hiperbolizados por los europeos o las historias que eran transmitidas oralmente
en los relatos sobre América.
Y por la deformación
de la realidad que provocaba esta transmisión, también se deformaba la
verdadera situación de América. Este
continente era visto como un mundo lleno de riquezas y tesoros, con la fuente
de la juventud, Trapalanda, etc. , cosas que no existían realmente, y por eso
era considerado como un mundo mágico, una huida de la realidad. Embarcarse era
hacerse a la mar en nombre de los Reyes Católicos era trabajar para Dios.
Abandonar el Viejo Mundo les permitía dejar atrás a sus familias sin lastre y
sin dinero, para llegar a una tierra con regímenes sociales menos exigentes,
que les eran más convenientes que las modalidades de lo conocido. Llegaban a un
mundo lejano, del cual nada conocían.
Cuando llegaron a América se dieron cuenta que la realidad del suelo se
superponía a la realidad de la utopía. La vida en América era radicalmente
opuesta a la que se vivía en Europa.
Lo único que no
variaba era la tierra y el que llegaba al Nuevo Mundo se aferraba a este bien.
El ideal del colono no era colonizar ni poblar, ya que faltaban necesidades e
incentivos que los llevaran a esta práctica. Sembrar, construir y establecer
una relación con la tierra resultaba fuera de los valores de conquista y
dominio. Trabajar la tierra era ser vencido, era ponerse a la altura del
indígena. Así se estableció una nueva jerarquía en América que en su momento ya
había tenido lugar en Europa: diferenciaba a los poseedores de tierra con los
que no la poseían. Esto surgía ya que la tierra era en América lo más fácil de
adquirir y lo que exigía menor inteligencia para conservar.
El conquistador era un
héroe sobre un país vencido que había venido a tomar posesión de las tierras, a
exigir, a llevar y a ser obedecido. Era un buscador de irrealidades. Vino a
eso, y planeaba llevar a Tierra Santa los tesoros hallados, le obstinaba la creencia
que en alguna parte estaba lo que ansiaba; y así iba poco a poco cerrando los
ojos a la realidad. La tierra entonces pasó a ser mucho más importante de lo
que había sido hasta ese momento. Poseer tierra era poseer futuras ciudades, el
posible dominio de gentes que la poblarían en lo futuro y rentas que se
multiplicarían en lo futuro. Lo ilusorio reemplazó a lo verdadero: se valorizó
por ser un ideal.
También podría
pensarse que tener la posibilidad de lograr riquezas en el futuro podría ser
una clase de triunfo. Pero esto no es así. ¿O lo es? ¿Qué significa triunfar?
Si se busca la definición en una enciclopedia, probablemente se encontrará
“Quedar victorioso, en la guerra o en cualquier contienda; tener éxito ”. Además, si ellos consideraban su situación
como un triunfo, ¿por qué no lo fue? No niego esto, pero lo que se busca es
quien triunfó sobre quien globalmente, no en momentos de la historia. Entonces,
sí se puede decir que venció el hombre mientras tomaba tierras. Pero, a medida
que pasaba el tiempo, iba ganando lugar el continente. Pasó de una forma muy
simple: cuando los hombres organizaron expediciones en busca de ciudades y
tesoros inexistentes, provocaron entre ellos resentimientos, rencores, y sueños
de grandeza. Allí es cuando sale a la luz el verdadero triunfo, el verdadero
perdedor de la lucha por la historia. Allí es cuando se demuestra que el
conquistador no triunfó de ninguna forma porque no conquistó nada. Fue vencido
por la tierra. Tarde se dio cuenta que debía poblar y no conquistar y que tenía
que sembrar en lugar de recoger. No iba a ser el señor de su tierra, sino, a
trabajarla y a padecerla. El hombre conquistó una tierra que nadie reclamaba y que no poseía ningún
bien más allá del ganado y de los productos de una tierra que se negaba a
cultivar.
Al verse derrotado por
la naturaleza, el conquistador destruyó al indio y amplió sus dominios para
disimular su fracaso. Quiso vengarse de la naturaleza triunfadora haciendo
trabajar al aborigen, al hombre de su seno para llevar a cabo lo que el no pudo
y no quiso hacer y así obtuvo, por medio de la encomienda y la mita, el fruto
que la tierra no había preparado para su llegada. Poseer la tierra pasó a ser
una consecuencia de la furia del invasor y el poderío por tener la misma remite
a la situación de la Edad Media. Quiso mostrar que podía tener el poder, y que
no había sido derrotado todavía, que podría levantar vuelo y demostrar que
podía ser un dictador en potencia, y tan solo necesitaba una masa de población
inferior a ella, para tener súbditos que lo obedecieran y se sometieran.
Los que arribaban con
sueños personales eran más peligrosos que los que venían a hurtar y partir.
Muchos proponían situaciones para quedarse. El tema de acrecentar las
posesiones de tierra o ganado se convirtió en la única meta para el hombre que
estaba en América. Así, se iba destruyendo la vida de los colonos sin ideales,
sin afanes espirituales, son inquietudes místicas, y con miedo. Estaban en el
corazón del universo pero estaban solos. Tenían extensiones de tierras enormes,
pero que no lo conducían a ningún lado. El mundo era lo que tenía alrededor y
enfrente. Había sido engañado, y solo le quedaban dos alternativas:
considerarse un enviado de Dios para un cargo religioso o político, o seguir
aceptando y aferrándose a lo que tenía.
Los colonos emigraron
de tierras menos productivas y regímenes más exigentes a América. Dejaban lo
conocido y se lanzaban hacia lo desconocido. Al contrario que los
conquistadores, llegaban sin armas, esperando menos, conformándose con poco y
no poseían el arrojo de estilo épico. Los colonizadores poseen tierra (que
consistía en un título de propiedad, y les daba la capacidad de mandar), que es
un botín, un premio del combate, que además fue tomado en nombre de Dios y del
Rey y más tarde pasó a ser capital extranjero.
El colonizador
trabajaba contra la realidad. No quería someterse al indio; pero al final tomó
sus hábitos, aprendió su táctica de combatir y de vivir, construyó su choza
eventual, usó el arma que el indio había adaptado (el cuchillo) y dejó
descendencia.
Además, también tenían
sueños, esperanzas y ambiciones similares a las de sus antepasados, los
conquistadores. Trataban a la tierra en forma similar aunque no se asentaban.
Los descendientes de los colonos tomaban como botín todo lo que conseguían. A
través de la fortuna, conseguían lugares destacados, no procuraban la grandeza
del país al que nunca había amado. Esos derrotados eran los colonizadores
victoriosos, cuyos descendientes heredaban la decepción. La situación en la que
se encontró este colono desengañado es comparable a la que tuvo que sufrir el
conquistador cuando fue vencido por la tierra: la cosecha era hipotética
(dependía del azar), el precio era hipotético (dependía de la demanda de granos
y carnes)
Al final, se descubrió
la verdadera riqueza de América, que no era ningún material precioso: consistía
en cereal y ganado. Así se dio la victoria de la tierra sobre el hombre. El
colono, que en su país nunca había trabajado la tierra, ni había estado sujeto
a su terruño (esto se puede comprobar leyendo el Cid) esperaba que la fortuna
surgiese y anduviese por sí sola. Ésta, surgió en forma de ganado, y como el
colono había sometido al indio, hizo lo mismo con el ganado, que era,
previamente propiedad, del indio. El colono tuvo que adoptar la condición del
indígena: se hizo pastor, agricultor y ganadero a cambio de carne, maíz y
trigo.