Monasterio de San Lorenzo del
Escorial
La Sacristía
Para llegar a la Sacristía y a
los Panteones hay que cruzar la sala de la Antesacristia, tanto si accedemos desde
la Basílica como si lo hacemos a través del patio de los Evangelistas (claustro
principal bajo).
La Antesacristía es una sala cuadrada
con suelos de mármol, paredes rojizas y bóveda decorada artísticamente con
grutescos por Nicolás Granello. Uno de los muros está ocupado por los mármoles
del pilón de las abluciones sacerdotales con cinco fuentes cuyos grifos son
cabecitas de ángeles que arrojan agua sobre un alargado pilón cuyo reborde
exterior está desgastado por cuatro siglos de uso. También pueden verse en esta
sala trece cuadros de las indulgencias concedidas al Escorial.
La Sacristía es una hermosa sala profunda contenida entre los luminosos
tonos de los mármoles de la soleria y de los grutescos de la bóveda. Uno de sus
lados está ocupado por una magnífica cajonería de maderas finas embutidas y
adornadas con mosaicos. Sobre los cajones, de tan enormes proporciones que
admiten extendidas las capas del coro, se levanta un cuerpo de alacenas para
los vasos y ornamentos sagrados en el que se intercalan espejos con bellos
marcos de chapa de plata; el espejo central, regalo de la reina doña Mariana de
Austria (madre de Carlos II), destaca de los demás por su hermoso marco barroco
de plata con adornos de cristal de roca.
Descrita la artesanía de
lujo de esta sala hay que fijarse en sus obras de arte: las pinturas y el altar
de la Sagrada Forma. Este altar que ocupa el frontal sur capta enseguida
nuestra atención y parece prologar la profundidad del recinto, pues el fondo
del cuadro que lo preside reproduce la propia sala. El cuadro de la Sagrada
Forma es una de las mejores realizaciones de la pintura española y desde luego
la obra maestra de Claudio Coello. Representa a Carlos II y sus cortesanos
adorando la Sagrada Forma; en realidad es un cuadro que incorpora un motivo devoto,
un hecho histórico y una galería portentosa de retratos de la época.
El componente devoto queda reflejado
por la Sagrada Forma, reliquia milagrosa, pues tras ser pisoteada por herejes
brotó sangre de ella adorándose desde aquel momento y llegando poco después a
manos de Felipe II, que la depositó en algún lugar del monasterio, Carlos II
fue particular devoto de la reliquia desde que conoció su historia y se propuso
destacarla con capilla especial. Pero el cuadro es también el fiel reflejo de
un momento determinado: el 19 de octubre de 1684, cuando se inaugura la capilla
en presencia de monjes y aristócratas, protagonistas años antes de una sonada
algarada cuando éstos perseguían al válido Valenzuela caído en desgracia que se
hizo fuerte en el monasterio hasta que asediado primero y profanado después
lograron los intrusos su propósito vejando a los monjes y llevándose además del
proscrito una excomunión dictada por el prior del Escorial. El acto de
desagravio con el que el Papa accede a levantar la excomunión es el que refleja
el cuadro y, naturalmente, casi todos sus protagonistas están presentes: el firme
prior-alzando la custodia-, el intruso-con bigotillo y melena rubia ajeno al
acto-, el valido de turno-con faz papuda y ajeno también al acto-, los
ofendidos monjes-en actitud piadosa-y el consentidor monarca, de inconfundible
perfil. El pintor, que se refleja en el cuadro-en primer término, a la izquierda,
sin peluca y con patillas,-logra una composición "con tanta verdad, con
tal corrección de dibujo, con tal fuerza de colorido, con tanta
propiedad
en la perspectiva, que cuanto en él se representa, todo parece moverse, salirse
del cuadro".
Pero el altar es el centro de
una hermosa fachada con dos puertas laterales de finas maderas con blasones y
adornos de concha y bronce sobre las que descansan relieves de mármol blanco
que representan la posesión de la reliquia por Rodolfo II rey de Hungria y
emperador de Alemania y por Felipe II. El conjunto es una obra espléndida en la
que los jaspes y mármoles se combinan y adornan con preciosos broncas dorados
que tienen su prolongación en el altar propiamente dicho, cubierto por el cuadro,
que oculta una magnifica escultura con la figura de Cristo bellamente modelada
y fundida en bronce dorado a fuego sostenida por dos ángeles que rematan un
templete neogótico. Sólo queda visible el altar dos veces al año-29 de
septiembre y 28 de octubre- en que el cuadro se baja a torno y queda bajo el pavimento.
El resto de las pinturas de la
sala lo forman los grutescos de la bóveda, obra de Granello y Castello, y la
colección de cuadros que la decoran, entre cuyas obras hay que destacar los cinco
temas bíblicos de Luca Giordano: Noé embriagado y sus hijos, la Oración del
Huerto, el falso profeta Belaán, el santo Job, la heroína Jael y Sisara y el
Extasis de San Juan de Dios. También hay obras de otros autores como el
Crucificado, de Tiziano, el San Pedro en prisión, de Ribera; la Virgen con
Santa Ana, de Coxcie; el martirio de Santa Inés, de Gómez; la Sagrada Familia
con la visión del martirio de Jesús, de Simonelli; otra Sagrada Familia, ésta
de Herrera Barnuevo, y otras obras de autoría menos precisa como la Virgen con
el Niño y San Juanito, de escuela italiana, un busto de San Pedro que imita el
estilo de Giordano, un San Antonio, de escuela española del XVII, otra versión
de la Sagrada Familia, de escuela italiana, una copia de la Transfiguración, de
Rafael, y dos figuras correspondientes a San Pablo y San Pedro.