Monasterio de San Lorenzo del
Escorial
Salas Capitulares
Donde se juntan los monjes de
ocho a ocho días, según la Constitución que profesan, y donde dicen sus culpas
y se las reprenden y castigan para que siempre esté en pie la observancia.
En la actualidad están
convertidas en exposición de pinturas. Son tres habitaciones consecutivas, de
las cuales la primera, que sirve de antecamara o zaguán, ocupa el centro y las
otras dos, que se extienden a uno y otro lado, son las llamadas propiamente
Capítulos.
Las obras que se pueden ver
son de El Bosco, Mártire Neri, Navarrete, Lucas Jordán, Mario de Fiori etc.
Estas salas pertenecen a las dependencias monacales, pues eran utilizadas
por los frailes para sus capítulos o juntas. Están situadas entre el claustro
principal bajo y la fachada sur, y compuestas por cuatro amplias salas: el
vestíbulo de acceso, la sala vicarial y la sala prioral a ambos lados de la
primera, y una habitación más pequeña conocida como celda prioral baja. Tienen
la misma disposición que las habitaciones de la sacristía: ventanas rasgadas
hasta el suelo y otras más pequeñas sobre ellas que se corresponden por nichos
o ventanas ciegas en el muro opuesto. Todas ellas presentan una bella
decoración de las bóvedas pintadas al fresco con grutescos y figuras bíblicas y
de santos, obra de Granello y Fabricio, hijos del Bergamasco.
El vestíbulo o sala central ofrece
un fantástico cielo con ángeles que bajan portando coronas de laurel en las
manos, escena piadosa que distrae del atrevimiento de los pintores que nos
ofrecen un imaginativo firmamento de sátiros, dioses de la selva, ninfas,
leones, tigres, extrañas aves, frágiles templetes... En uno de los testeros se
exhibe un bello frontal de altar bordado en gran relieve procedente del
convento sevillano de Las Leandras; en el centro de la sala, un Angel de bronce
dorado sobre pedestal sosteniendo un atril que hacia oficio de facistol en la
basílica, y en las paredes, podemos ver varios cuadros interesantes: retrato de
Inocencio X, copia de Velázquez, varios floreros de Seghers y la Adoración de
los Pastores y la Adoración de los Reyes que recuerdan el estilo del Veronés.
La sala vicarial ofrece una
valiosisima colección de pinturas. En el lado derecho vemos a San Juan Bautista
y San Juan Evangelista, de escuela española del XVI, a continuación cinco grandes
obras de Navarrete el Mudo, el pintor español que mejor contribución aportó a
la decoración del monasterio; se trata de temas religiosos: San Jerónimo en
penitencia, la flagelación del Señor, el martirio de Santiago Apóstol (la obra
maestra del Mudo), la Sagrada Familia, el Nacimiento del Señor, de Zúccaro y la
Adoración de los Pastores. En el testero menor se encuentra el Altar portátil
del Emperador, que Carlos V llevaba en sus campañas; combina bronce, plata y
esmaltes adoptando forma de retablo en el que alternan relieves y estatuillas
en varios cuerpos. En el muro de la izquierda vemos unas pinturas, éstas de
inferior interés: San Pedro, la Asunción, San Agustín, Cristo muerto, San
Jerónimo, Dolorosa y Sagrada Familia con San Juanito.
La sala prioral también exhibe
una numerosa colección pictórica: cuatro cuadros con coronas de flores que
contienen un relieve con asuntos bíblicos, una Inmaculada de Vicente Carducho,
una Transfiguración, copia de Rafael; Nazareno orante, de escuela italiana;
copia de la Magdalena de Tiziano por Lucas Jordán, un San Bartolomé anónimo,
una copia de la Dolorosa de Tiziano, Noé después del diluvio, de Andrés Vaccaro
La Adoración de los Pastores, de Ribera; otra Adoración de Pablo Matteis, la Santísima
Trinidad de Ribera, la incredulidad de Santo Tomás, también de Matteis; otra
Adoración de los Pastores de Ribera y la Anunciación de María de Francisco
Rizzi.
La celda prioral baja, con
bóveda bellamente decorada al fresco representando el Juicio de Salomón,
atesora una valiosa colección de vestiduras litúrgicas del siglo XVI
preciosamente bordadas en sedas y oro en el mismo monasterio siguiendo la escuela
del extremeño de Guadalupe; constituyen cuatro juegos riquísimos y
deslumbradores: terno en verde, terno de las calaveras o de difuntos, terno de
la fiesta de San Lorenzo y terno de la Vida de Cristo. En otra vitrina se halla
la colección de marfiles: la arquetarelicario castellana del siglo X o XI, un
pequeño díptico gótico de taller parisién del siglo XIV y un grupo que
representa el Descendimiento de los talleres del Buen Retiro (s. XVIII). Entre
la orfebrería sobresale una arquetarelicario de esmaltes de Limoges (s. XII),
un portapaz plateresco, un San Lorenzo en coral y esmalte, también del XVI procedente
de Italia, un relicario en forma de libro regalado a Felipe II y otras muchas
piezas interesantes por su valor o curiosidad. En los espacios que quedan
libres entre las vitrinas pueden verse otras dos valiosas obras: un frontal de
altar y un templete de alabastro.