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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Las estrellas: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 3372 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Astronomía > |
Gran cuerpo celeste compuesto de
gases calientes que emiten radiación electromagnética, en especial luz, como
resultado de las reacciones nucleares que tienen lugar en su interior. El Sol
es una estrella. Con la única excepción del Sol, las estrellas parecen estar
fijas, manteniendo la misma forma en los cielos año tras año. En realidad, las
estrellas están en rápido movimiento, pero a distancias tan grandes que sus
cambios relativos de posición se perciben sólo a través de los siglos.
El número de estrellas visibles a
simple vista desde la Tierra se ha calculado en un total de 8.000, de las
cuales 4.000 están en el hemisferio norte del cielo y 4.000 en el hemisferio
sur. En cualquier momento durante la noche, en ambos hemisferios sólo son
visibles unas 2.000 estrellas. A las demás las ocultan la neblina atmosférica,
sobre todo cerca del horizonte, y la pálida luz del cielo. Los astrónomos han
calculado que el número de estrellas de la Vía Láctea, la galaxia a la que
pertenece el Sol, asciende a cientos de miles de millones. A su vez, la Vía
Láctea sólo es una de los varios cientos de millones de galaxias visibles
mediante los potentes telescopios modernos. Las estrellas individuales visibles
en el cielo son las que están más cerca del Sistema Solar en la Vía Láctea.
La estrella más cercana a nuestro
Sistema Solar es Proxima Centauri, uno de los componentes de la estrella triple
Alpha Centauri, que está a unos 40 billones de km de la Tierra. En términos de
velocidad de la luz, patrón utilizado por los astrónomos para expresar la
distancia, este sistema de estrella triple está a unos 4,29 años luz; la luz,
que viaja a unos 300.000 km/s, tarda más de cuatro años y tres meses en llegar
desde esta estrella hasta la Tierra.
Descripción física
El Sol es una estrella típica, con
una superficie visible llamada fotosfera, una atmósfera saturada de gases
calientes y por encima de ellas una corona más difusa y una corriente de
partículas denominada viento solar (estelar). Las áreas más frías de la
fotosfera, que en el Sol se llaman manchas solares, probablemente se encuentren
en otras estrellas comunes; su existencia en algunas grandes estrellas próximas
se ha deducido mediante interferometría. La estructura interna del Sol y de
otras estrellas no se puede observar de forma directa, pero hay estudios que
indican corrientes de convección y una densidad y una temperatura que aumentan
hasta alcanzar el núcleo, donde tienen lugar reacciones termonucleares. Las
estrellas se componen sobre todo de hidrógeno y helio, con cantidad variable de
elementos más pesados.
Las estrellas más grandes que se
conocen son ‘supergigantes’, con diámetros 400 veces mayores que el del Sol, en
tanto que las estrellas conocidas como ‘enanas blancas’ pueden tener diámetros
de sólo una centésima del diámetro del Sol. Sin embargo, las estrellas gigantes
suelen ser difusas y pueden tener una masa 40 veces mayor que la del Sol,
mientras que las enanas blancas son muy densas a pesar de su pequeño tamaño.
Puede haber estrellas con una masa 1.000 veces mayor que la del Sol y, a escala
menor, bolas de gas caliente demasiado pequeñas para desencadenar reacciones
nucleares, denominadas enanas. Un objeto que puede ser de este tipo (una enana
marrón) fue observado por primera vez en 1987, y desde entonces se han
detectado otros.
El brillo de las estrellas se
describe en términos de magnitud. Las estrellas más brillantes pueden ser hasta
1.000.000 de veces más brillantes que el Sol; las enanas blancas son unas 1.000
veces menos brillantes.
Catálogos de
estrellas
Excepto las relativamente pocas
estrellas visibles a simple vista, a las estrellas se las denomina mediante
números de acuerdo con los atlas y catálogos de estrellas realizados por los observatorios
astronómicos. El primer catálogo de estrellas fue obra del astrónomo griego Tolomeo
en el siglo II d.C. Conocido como Almagesto, enumeraba los nombres y las
posiciones de 1.028 estrellas. En 1603, el astrónomo alemán Johann Bayer
publicó en Augsburgo un atlas estelar. Bayer mencionaba una cantidad de
estrellas mucho mayor que Tolomeo y las designaba mediante una letra griega y
la constelación, o configuración celeste, donde aparece la estrella.
En el siglo XVIII, el astrónomo
inglés John Flamsteed también publicó un atlas en el que las estrellas eran
denominadas según su constelación, pero Flamsteed las diferenciaba con números
en vez de letras. Este atlas contenía la situación de unas 3.000 estrellas. El
primer catálogo de estrellas moderno, realizado en 1862 por el Observatorio de Bonn,
en Alemania, contiene la situación de más de 300.000 estrellas.
En 1887 un comité internacional
comenzó a trabajar en un catálogo detallado de estrellas. Fue realizado a
partir de fotografías tomadas por unos 20 observatorios, incluyendo 21.600
placas individuales, que muestran de 8 a 10 millones de estrellas.
Los catálogos de estrellas modernos
no son libros, sino copias de placas fotográficas de cristal tomadas con
telescopios de gran alcance. El primer informe importante de este tipo se
completó a mediados de los años cincuenta, utilizando el telescopio Schmidt de
1,22 m en Monte Palomar (Estados Unidos). Cada placa cubre una región del
cielo de 6° por 6°, y 1.035 mapas cubren todo el cielo visible desde este
lugar. El conjunto de mapas correspondiente al sur del cielo se ha realizado
utilizando telescopios Schmidt en Australia y Chile.
Clasificación de
los espectros estelares
El estudio fotográfico de los espectros
estelares lo inició en 1885 el astrónomo estadounidense Edward Pickering en el
Observatorio del Harvard College y lo concluyó su colega Annie J. Cannon. Esta
investigación condujo al importante descubrimiento de que los espectros
estelares pueden estar dispuestos en una secuencia continua según la intensidad
relativa de ciertas líneas de absorción. Las variaciones observadas dentro de
la secuencia proporciona datos de las edades de las diferentes estrellas y de
sus grados de desarrollo.
Las diversas etapas en la secuencia
de los espectros, designadas con las letras O, B, A, F, G, K y M, se
caracterizan sobre todo por las variaciones en la intensidad de las líneas de
hidrógeno que se dan por toda la secuencia. Además, las líneas de otros
elementos llegan a ser notables en diferentes etapas. Los subíndices del 0 al 9
se utilizan para indicar las sucesiones en el modelo dentro de cada clase.
Clase O
Este grupo se caracteriza en primer
lugar por las líneas de helio, oxígeno y nitrógeno, además de las líneas de
hidrógeno. El grupo O que comprende estrellas muy calientes, incluye tanto las
que muestran espectros de línea brillante de hidrógeno y helio, como las que
muestran líneas oscuras de los mismos elementos.
Clase B
En este grupo las líneas de helio
alcanzan la máxima intensidad en la subdivisión B2 y palidece progresivamente en subdivisiones más
altas. La intensidad de las líneas de hidrógeno aumenta de forma constante en
todas las subdivisiones. Este grupo está representado por la estrella Épsilon (e) Orionis.
Clase A
Este grupo comprende las llamadas
estrellas de hidrógeno con espectros dominados por las líneas de absorción del
hidrógeno. Una estrella típica de este grupo es Sirio.
Clase F
En este grupo son fuertes las
llamadas líneas H y K de calcio y las líneas características de hidrógeno. Una
estrella notable en esta categoría es d Aquilae.
Clase G
Este grupo comprende estrellas con
fuertes líneas H y K de calcio y líneas de hidrógeno menos fuertes. También
están presentes los espectros de muchos metales, en especial el hierro. El Sol
pertenece a este grupo y por ello a las estrellas G se les denomina con
frecuencia estrellas de tipo solar.
Clase K
A este grupo pertenecen las
estrellas que tienen fuertes líneas de calcio y líneas que indican la presencia
de otros metales. La luz violeta del espectro es menos intensa, comparada con
la luz roja de las clases antes mencionadas. Este grupo está tipificado por Arturo.
Clase M
Este grupo comprende estrellas con
espectros dominados por bandas que resultan de la presencia de moléculas de
óxidos metálicos, sobre todo las de óxido de titanio. El final violeta del
espectro es menos intenso que el de las estrellas K. La estrella Betelgeuse,
Alpha Orionis, es típica de este grupo.
Todas estas características son
compatibles con la conclusión de que las estrellas de estas clases son todas de
similar composición química y están organizadas en un orden de temperatura de
más caliente a más frío. Las temperaturas de la superficie de varios grupos son
aproximadamente las siguientes: O, 22.200 °C; B, 13.900 °C; A, 10.000 °C; F, 6.650 °C; G, 5.540 °C; K, 3.870 °C; y M, 1.760 °C. La temperatura en el centro de la estrella media
es de unos 20.000.000 °C.
Estrellas dobles
Más de la mitad de las estrellas
del firmamento son, de hecho, miembros de sistemas de dos estrellas o de
sistemas de estrellas múltiples. Algunas estrellas dobles o binarias cercanas
aparecen separadas cuando se las observa a través de telescopios, pero a la
mayoría se las detecta como dobles sólo por medios espectroscópicos. Las
estrellas dobles están compuestas por dos estrellas próximas y que giran en una
órbita alrededor de su centro de masa común. Estas estrellas dobles fueron
descritas por primera vez en 1803 por el astrónomo británico William Herschel.
Las binarias espectroscópicas,
identificadas por primera vez en 1889, no son separables visualmente por medio
del telescopio, pero se pueden reconocer duplicando o ensanchando las líneas
del espectro cuando gira el par de estrellas. Cuando uno de los componentes se
aleja de la Tierra, el otro se aproxima a ella; las líneas del espectro de la
estrella que se aleja se desplazan hacia el rojo, mientras que las de la
estrella que avanza se desplazan hacia el violeta
Otro tipo de estrella doble es la
llamada variable eclipsante. Las estrellas de este tipo están formadas por un
componente más brillante y otro más oscuro. Vista desde la Tierra, cuando la
órbita es tal que la estrella más pálida eclipsa a la más brillante, la intensidad
de la luz que llega desde la estrella oscila con regularidad.
Las investigaciones han demostrado
que una de cada dos o tres estrellas visibles con telescopio de moderado tamaño
es una estrella doble. Miles de binarias visuales y muchos cientos de binarias
espectroscópicas han sido estudiadas con gran detenimiento. Estas estrellas son
la fuente principal de información sobre las masas estelares.
Estrellas
variables
Es probable que todas las
estrellas, incluido el Sol, varíen ligeramente de brillo con cierta
periodicidad. Estas variaciones apenas son mensurables. Sin embargo, algunas
estrellas cambian mucho de brillo y se les denomina estrellas variables. Hay
muchos tipos. Algunas repiten los ciclos con una precisión casi de reloj; otras
son muy irregulares. Algunas necesitan sólo horas o días para volver a un
brillo determinado, otras necesitan años. El brillo de estas estrellas puede
cambiar de modo casi imperceptible o de forma violenta.
Las variables más espectaculares
son las novas y supernovas. Las novas pueden llegar a brillar hasta 200.000
veces más que el Sol perdiendo quizá una centésima o una milésima del 1% de la
masa del Sol a velocidades por encima de los 960 km/s. Algunas novas repiten este
proceso cada cierto tiempo hasta que pierden demasiada masa para continuar.
Aunque las supernovas tienen un
nombre similar, son un fenómeno mucho más catastrófico y no periódico.
Representan la explosión real de una estrella que a veces brilla durante unos
pocos días unos 100.000 millones de veces más que el brillo real del Sol antes
de desvanecerse del todo. Dejan tras de sí restos que se expanden y se
contemplan como nubes brillantes de gas o nebulosas. Un ejemplo de esto es la
nebulosa del Cangrejo, observada por primera vez desde la Tierra como supernova
en 1054. A veces también queda un púlsar como vestigio en el centro de los
restos. Las novas se presentan con frecuencia en la Vía Láctea, quizá una de
cada dos de las que se observan cada año, pero las supernovas son mucho más
raras. La supernova más reciente de la Vía Láctea apareció en 1604, aunque hubo
una en una galaxia cercana que en 1987 llamó mucho la atención.
Muchas estrellas variables cambian
su brillo porque oscilan, esto es, se expanden y se contraen de forma parecida
a un globo. Un tipo importante, llamadas variables cefeidas (por Delta Cefei,
de la constelación Cefeo), repiten sus ciclos de brillo con bastante exactitud.
Sus periodos oscilan de un día a cientos de días, siendo todos cientos de veces
más luminosos que el Sol. Cuanto más largo sea el periodo de una variable
cefeida, mayor será el brillo medio de la estrella. Esta relación entre el
periodo y la luminosidad, descubierta por la astrónoma estadounidense Henrietta
Leavitt, ha resultado inestimable para medir distancias estelares, en
particular las de las galaxias cercanas. Para medir una distancia sólo se
necesita observar el brillo medio aparente de una cefeida. Las novas y
especialmente las supernovas también son medidas de distancia importantes
porque su increíble brillantez en su luz máxima hace que se las pueda observar
a distancias enormes.
Las estrellas variables son de un
interés extraordinario porque su variación suele producirse por alguna
peculiaridad de su estructura interna que desarrolla con el tiempo. De este
modo, las estrellas variables pueden aportar información sobre la evolución
estelar. Por ejemplo, las supernovas han consumido su combustible nuclear y
deben expulsar materia porque se hacen inestables cuando sufren un colapso
gravitacional.
La variable eclipsante, mencionada
en la sección anterior, cambia más por causas externas que por causas internas.
Es típica la estrella Algol, en la constelación Perseo. Algol es una estrella
doble formada por una componente brillante y otra más pálida que giran una
alrededor de la otra en un plano casi en la línea de visión desde la Tierra.
Cuando la componente más oscura eclipsa a la más brillante, el brillo aparente
del par cae de modo abrupto; una disminución semejante pero menos marcada se da
cuando la componente más brillante eclipsa a la más oscura. Los astrónomos han
observado miles de variables eclipsantes, valiosas para medir las masas
estelares.
Púlsares y
estrellas de neutrones
Con los radiotelescopios se han
descubierto numerosas fuentes distintas de radiopulsos, calificadas como
púlsares. Los periodos de vibración oscilan entre varios segundos y una
minúscula fracción de segundo, como confirman observaciones ópticas y de rayos
X. Los periodos de vibración son tan constantes que sólo los relojes más
precisos pueden detectar un leve aumento en el intervalo del pulso medio y sólo
en unos pocos púlsares. Este aumento indica que tardaría un millón de años en
duplicar su periodo característico.
Los indicios sugieren que los
púlsares son estrellas de neutrones que giran con diámetros de sólo unos 16 km. Es probable que giren una vez
por periodo de vibración. Su densidad es tan enorme que si la carga de una
pluma estuviera hecha de un material semejante tendría una masa de más de
91.000 toneladas.
Evolución de las
estrellas
Las teorías sobre la evolución
estelar se basan fundamentalmente en pruebas obtenidas de estudios de los
espectros relacionados con la luminosidad. Las observaciones realizadas han
demostrado que muchas de las estrellas conocidas se pueden clasificar en una
secuencia regular en la que las estrellas más brillantes son las más calientes
y las más pequeñas, las más frías. Esta serie de estrellas aparece como una
banda conocida como la secuencia principal en el diagrama temperatura-luminosidad
desarrollado por el astrónomo holandés Ejnar Hertzsprung y el astrónomo
estadounidense Henry Norris Russell y conocido como diagrama
Hertzsprung-Russell. Otros grupos de estrellas que aparecen en el diagrama
incluyen las estrellas gigantes y enanas antes mencionadas.
Una estrella comienza su ciclo como
una gran masa de gas relativamente fría. La contracción de este gas y el
consiguiente aumento de temperatura continúa hasta que la temperatura interior
de la estrella alcanza un valor de 1.000.000 °C. En este punto tienen lugar reacciones nucleares,
cuyo resultado es que los núcleos de los átomos de hidrógeno se combinan con
los deuterones (núcleos de los llamados átomos de hidrógeno pesado) para formar
núcleos de helio. Esta reacción libera grandes cantidades de energía y se
detiene la nueva contracción de la estrella.
Cuando finaliza la liberación de
energía de la reacción deuterón-núcleo de hidrógeno, la contracción comienza de
nuevo y la temperatura de la estrella vuelve a aumentar hasta que alcanza un
punto en el que se puede dar una reacción entre el hidrógeno y el litio y otros
metales ligeros presentes en el cuerpo de la estrella. De nuevo se libera
energía y la contracción se detiene. Cuando el litio y otros materiales ligeros
se consumen, la contracción se reanuda y la estrella entra en la etapa final
del desarrollo en la cual el hidrógeno se transforma en helio a temperaturas
muy altas merced a la acción catalítica del carbono y el nitrógeno. Esta
reacción termonuclear es característica de la secuencia principal de estrellas
mencionada antes y continúa hasta que se consume todo el hidrógeno que hay. La
estrella se hincha gradualmente y se convierte en una gigante roja. Alcanza su
mayor tamaño cuando todo su hidrógeno central se ha convertido en helio. Si
continúa brillando, la temperatura del centro debe subir lo suficiente como
para producir la fusión de los núcleos de helio. Durante este proceso es
probable que la estrella se haga mucho más pequeña y más densa. Cuando ha gastado
todas las posibles fuentes de energía nuclear, se contrae de nuevo y se
convierte en una enana blanca. Esta etapa final puede estar marcada por las
explosiones estelares conocidas como novas. Cuando una estrella se despoja de
su cubierta exterior por explosión como una nova o una supernova, devuelve al
medio interestelar elementos más pesados que el hidrógeno que ha sintetizado en
su interior. Las generaciones futuras de estrellas formadas a partir de este
material comenzarán por tanto su vida con un surtido más rico de elementos más
pesados que las anteriores generaciones de estrellas. Las estrellas que se
despojan de sus capas exteriores de una forma no explosiva se convierten en
nebulosas planetarias, estrellas viejas rodeadas por esferas de gas que
irradian en una gama múltiple de longitudes de onda.
Las estrellas con una masa muchas
veces mayor que la del Sol recorren su ciclo de evolución con rapidez según los
patrones astronómicos, quizá un lapso de unos pocos millones de años desde su
nacimiento a la explosión de una supernova. Los restos de la estrella pueden
ser una estrella de neutrones. Sin embargo, existe un límite para el tamaño de
las estrellas de neutrones, más allá del cual estos cuerpos se ven obligados a
contraerse hasta que se convierten en un agujero negro, del que no puede
escapar ninguna radiación. Estrellas típicas como el Sol pueden persistir
durante muchos miles de millones de años. El destino final de las enanas de
masa baja es desconocido, excepto que cesan de irradiar de forma apreciable. Lo
más probable es que se conviertan en cenizas o enanas negras. Para la discusión
de los procesos nucleares de la evolución estelar
El nacimiento de las estrellas está
íntimamente conectado con la presencia de granos de polvo y moléculas, como en
la nebulosa Orión en nuestra galaxia. Aquí, el hidrógeno molecular (H2) está condensado a altas densidades y temperaturas,
y sus moléculas están disociadas. Entonces, el hidrógeno atómico vuelve a
derrumbarse y forma un denso núcleo estelar que atrae gravitacionalmente el
material circundante. El caliente núcleo disipa la nube de polvo de las
moléculas sobrecargadas y surge la nueva estrella. Un posterior calentamiento
gravitacional aumenta la temperatura hasta que se pueden dar procesos
nucleares. Las estrellas nacen, por lo general, en pequeños grupos en un
extremo de una gran nube molecular. Sucesivas generaciones de estrellas se
consumen cada vez más en el extremo de la nube, dejando un rastro de estrellas
de edad creciente.
Se ha observado el nacimiento de estrellas en fotografías tomadas en una región del cielo durante un periodo de años. Modernas técnicas de ultravioletas, infrarrojos y radioastronomía han fijado con precisión otros lugares de formación de estrellas y han detectado signos de los procesos actuales que se están llevando a cabo.
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