En su obra Metafísica, Aristóteles intentó definir el SER. Quizá sea ésta su principal aportación a la historia de la filosofía griega y occidental en general. En el texto siguiente, Emile Bréhier profundiza en la concepción aristotélica de tal aspecto, e
Ética a Nicómaco
Descripción
temática: En su obra Metafísica, Aristóteles intentó definir el
“ser”. Quizá sea ésta su principal aportación a la historia de la filosofía
griega y occidental en general. En el texto siguiente, Emile Bréhier profundiza
en la concepción aristotélica de tal aspecto, estableciendo su relación con la
anterior dialéctica platónica.
Palabras Claves:
ética, filosofía, metafísica, dialéctica, prudencia, placer, lógica, sabiduría,
utilitarismo, reforma, felicidad...
Índice:
1.
Introducción
Ø Aristóteles
Ø Vida
Ø Obras
Ø Métodos
Ø Doctrinas
Ø Ética
Ø Lógica
Ø Metafísica
Ø Influencia
Ø Principios
éticos
Ø Prudencia,
Placer o Poder
Ø La
temprana ética griega
Ø Escuelas
griegas de éticas
Ø Estoicismo
Ø Epicureísmo
Ø Ética
Cristiana
Ø Ética
de los Padres de la Iglesia
Ø Ética
y Penitencia
Ø Ética
después de la reforma
Ø Folosofías
éticas seculares
Ø Las
leyes de Newton
Ø Filosofías
éticas anteriores al Darwinismo
Ø Utilitarismo
Ø Ética
Hegeliana
Ø Ética
a partir de Darwin
Ø Psicoanálisis
y Conductismo
Ø Tendencias
recientes.
2.
Felicidad y Virtud
3.
Virtud y Placer
4.
Conclusión
Ø Bibliografía
Ø Autor
del trabajo
Ø Banners
1. INTRODUCCIÓN Ética a Nicómaco, obra escrita
por Aristóteles en el siglo IV a.C. Dedicada a su hijo, Nicómaco, consta de
diez libros y su contenido versa sobre la felicidad. Está considerada una de
las dos obras fundamentales en que posteriormente se basó la ética occidental,
siendo la otra el mensaje bíblico judeocristiano.
Ø
Aristóteles (384-322 a.C.), filósofo y científico griego, considerado,
junto a Platón y Sócrates, como uno de los pensadores más destacados de la
antigua filosofía griega y posiblemente el más influyente en el conjunto de
toda la filosofía occidental.
Ø
VIDA
Nació en Estagira (actual ciudad griega
de Stavro, entonces perteneciente a Macedonia), razón por la cual también fue
conocido posteriormente por el apelativo de El Estagirita. Hijo de un médico de
la corte real, se trasladó a Atenas a los 17 años de edad para estudiar en la
Academia de Platón. Permaneció en esta ciudad durante aproximadamente 20 años,
primero como estudiante y, más tarde, como maestro. Tras morir Platón
(c. 347 a.C.), Aristóteles se trasladó a Assos, ciudad de Asia Menor
en la que gobernaba su amigo Hermias de Atarnea. Allí contrajo matrimonio con
una pariente de éste (posiblemente su sobrina o su hija), llamada Pitias, y
actuó como su consejero. Tras ser capturado y ejecutado Hermias por los persas
(345 a.C.), Aristóteles se trasladó a Pela, antigua capital de Macedonia,
donde se convirtió en tutor de Alejandro (más tarde Alejandro III el Magno),
hijo menor del rey Filipo II. En el año 336 a.C., al acceder Alejandro al
trono, regresó a Atenas y estableció su propia escuela: el Liceo. Debido a que
gran parte de las discusiones y debates se desarrollaban mientras maestros y
estudiantes caminaban por su paseo cubierto, sus alumnos recibieron el nombre
de peripatéticos. La muerte de Alejandro (323 a.C.) generó en Atenas un
fuerte sentimiento contra los macedonios, por lo que Aristóteles se retiró a
una propiedad familiar situada en Calcis, en la isla de Eubea, donde falleció
un año más tarde.
Ø
OBRAS
Al igual que Platón en sus primeros años
en la Academia, Aristóteles utilizó muy a menudo la forma dialogada de
razonamiento, aunque, al carecer del talento imaginativo de Platón, esta
modalidad de expresión no fue nunca de su pleno agrado. Si se exceptúan escasos
fragmentos mencionados en las obras de algunos escritores posteriores, sus
diálogos se han perdido por completo. Aristóteles escribió además algunas notas
técnicas, como es el caso de un diccionario de términos filosóficos y un
resumen de las doctrinas de Pitágoras; de estos apuntes sólo han sobrevivido
algunos breves extractos. Lo que sí ha llegado hasta nuestros días, sin
embargo, son las notas de clase que Aristóteles elaboraba para sus cursos, delimitados
con gran esmero y que cubrían casi todos los campos del saber y del arte. Los
textos en los que descansa la reputación de Aristóteles se basan en gran parte
en estas anotaciones, que fueron recopiladas y ordenadas por sus editores
posteriores.
Entre sus textos existen tratados de
lógica, llamados en conjunto Organon (‘instrumento’), ya que
proporcionan los medios con los que se ha de alcanzar el conocimiento positivo.
Entre las obras que tratan de las ciencias naturales está la Física, que
recoge amplia información sobre astronomía, meteorología, botánica y zoología.
Sus escritos sobre la naturaleza, el alcance y las propiedades del ser, que
Aristóteles llamó “filosofía primera”, recibieron el nombre de Metafísica
en la primera edición de sus obras (c. 60 a.C.), debido a que en
dicha edición aparecían tras la Física. A su hijo Nicómaco dedicó su
obra sobre la ética, llamada Ética a Nicómaco. Otros escritos
aristotélicos fundamentales son Retórica, Poética (que se
conserva incompleta) y Política (también incompleta).
Ø
MÉTODOS
Frente a la importancia que Platón
concedió a las matemáticas, la filosofía de Aristóteles hizo hincapié en la
biología, quizá debido a la influencia que sobre él ejerció la profesión de su
padre. Para Aristóteles, el mundo estaba compuesto por individuos (sustancias)
que se presentaban en tipos naturales fijos (especies). Cada individuo cuenta
con un patrón innato específico de desarrollo y tiende en su crecimiento hacia
la debida autorrealización como ejemplo de su clase. El crecimiento, la
finalidad y la dirección son, pues, aspectos innatos a la naturaleza, y aunque
la ciencia estudia los tipos generales, éstos, según Aristóteles, encuentran su
existencia en individuos específicos. La ciencia y la filosofía deben, por
consiguiente, no limitarse a escoger entre opciones de una u otra naturaleza,
sino equilibrar las afirmaciones del empirismo (observación y experiencia
sensorial) y el formalismo (deducción racional).
Una de las aportaciones características de la
filosofía de Aristóteles fue la nueva noción de causalidad. Los primeros
pensadores griegos habían tendido a asumir que sólo un único tipo de causa
podía ser explicatoria; Aristóteles propuso cuatro. (El término que usa
Aristóteles, aition, ‘factor responsable y explicatorio’, no es sinónimo
de causa en el sentido moderno que posee esta palabra.)
Estas cuatro causas son: la causa material (materia
de la que está compuesta una cosa), la causa eficiente o motriz (fuente de
movimiento, generación o cambio), la causa formal (la especie, el tipo o la
clase) y la causa final (objetivo o pleno desarrollo de un individuo, o la
función planeada de una construcción o de un invento). Así pues, un león joven
está compuesto de tejidos y órganos, lo que constituiría la causa material; la causa
motriz o eficiente serían sus padres, que lo crearon; la causa formal es su
especie (león); la causa final es su impulso innato por convertirse en un
ejemplar maduro de su especie. En contextos diferentes, las mismas cuatro
causas se aplican de forma análoga. Así, la causa material de una estatua es el
mármol en que se ha esculpido; la causa eficiente, el escultor; la causa
formal, la forma que el escultor ha dado a la estatua (Hermes o Afrodita, por
ejemplo); y la causa final, su función (ser una obra de arte).
En todos los contextos, Aristóteles insiste en que
algo puede entenderse mejor cuando se expresan sus causas en términos
específicos y no en términos generales. Por este motivo, se obtiene más
información si se conoce que un escultor realizó la estatua que si apenas se
sabe que la esculpió un artista, y se obtendrá todavía más información si se
sabe que fue Policleto el que la cinceló, que si tan sólo se conoce que fue un
escultor no especificado.
Aristóteles creía que su noción de las causas era la
clave ideal para organizar el conocimiento. Sus notas de clases son una
impresionante prueba de la fuerza de dicho esquema.
Ø
DOCTRINAS En la siguiente exposición se pueden apreciar algunos de los
principales aspectos de las doctrinas o teorías del pensamiento aristotélico.
Física o filosofía natural En astronomía, Aristóteles propuso la existencia de un Universo
esférico y finito que tendría a la Tierra como centro. La parte central estaría
compuesta por cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. En su Física,
cada uno de estos elementos tiene un lugar adecuado, determinado por su peso
relativo o “gravedad específica”. Cada elemento se mueve, de forma natural, en
línea recta —la tierra hacia abajo, el fuego hacia arriba— hacia el lugar que
le corresponde, en el que se detendrá una vez alcanzado, de lo que resulta que
el movimiento terrestre siempre es lineal y siempre acaba por detenerse. Los
cielos, sin embargo, se mueven de forma natural e infinita siguiendo un
complejo movimiento circular, por lo que deben, conforme con la lógica, estar
compuestos por un quinto elemento, que él llamaba aither, elemento
superior que no es susceptible de sufrir cualquier cambio que no sea el de
lugar realizado por medio de un movimiento circular. La teoría aristotélica de
que el movimiento lineal siempre se lleva a cabo a través de un medio de
resistencia es, en realidad, válida para todos los movimientos terrestres
observables. Aristóteles sostenía también que los cuerpos más pesados de una
materia específica caen de forma más rápida que aquellos que son más ligeros
cuando sus formas son iguales, concepto equivocado que se aceptó como norma
hasta que el físico y astrónomo italiano Galileo llevó a cabo su experimento
con pesos arrojados desde la torre inclinada de Pisa.
Biología En zoología, Aristóteles propuso un conjunto fijo de tipos
naturales (especies), que se reproducen de forma fiel a su clase. Pensó que la
excepción a esta regla la constituía la aparición, por generación espontánea
(concepto que acuñó), de algunas moscas y gusanos “muy inferiores” a partir de
fruta en descomposición o estiércol. Los ciclos vitales típicos son epiciclos:
se repite el mismo patrón, aunque a través de una sucesión lineal de
individuos. Dichos procesos son, por lo tanto, un paso intermedio entre los
círculos inmutables de los cielos y los simples movimientos lineales de los
elementos terrestres. Las especies forman una escala que comprende desde lo
simple (con gusanos y moscas en el plano inferior) hasta lo complejo (con los
seres humanos en el plano superior), aunque la evolución no es posible.
Ø
Ética Aristóteles creía que la libertad de elección del individuo hacía
imposible un análisis preciso y completo de las cuestiones humanas, con lo que
las “ciencias prácticas”, como la política o la ética, se llamaban ciencias
sólo por cortesía y analogía. Las limitaciones inherentes a las ciencias
prácticas quedan aclaradas en los conceptos aristotélicos de naturaleza humana
y autorrealización. La naturaleza humana implica, para todos, una capacidad
para formar hábitos, pero los hábitos formados por un individuo en concreto
dependen de la cultura y de las opciones personales repetidas de ese individuo.
Todos los seres humanos anhelan la “felicidad”, es decir, una realización
activa y comprometida de sus capacidades innatas, aunque este objetivo puede
ser alcanzado por muchos caminos.
La Ética a Nicómaco es un análisis de la
relación del carácter y la inteligencia con la felicidad. Aristóteles
distinguía dos tipos de “virtud” o excelencia humana: moral e intelectual. La
virtud moral es una expresión del carácter, producto de los hábitos que
reflejan opciones repetidas. Una virtud moral siempre es el punto medio entre
dos extremos menos deseables. El valor, por ejemplo, es el punto intermedio
entre la cobardía y la impetuosidad irreflexiva; la generosidad, por su parte,
constituiría el punto intermedio entre el derroche y la tacañería. Las virtudes
intelectuales, sin embargo, no están sujetas a estas doctrinas de punto
intermedio. La ética aristotélica es una ética elitista: para él, la plena
excelencia sólo puede ser alcanzada por el varón adulto y maduro perteneciente
a la clase alta y no por las mujeres, niños, “bárbaros” (no griegos) o
“mecánicos” asalariados (trabajadores manuales, a los cuales negaba el derecho
al voto).
Como es obvio, en política es posible encontrar
muchas formas de asociación humana. Decidir cuál es la más idónea dependerá de
las circunstancias, como, por ejemplo, los recursos naturales, la industria,
las tradiciones culturales y el grado de alfabetización de cada comunidad. Para
Aristóteles, la política no era un estudio de los estados ideales en forma
abstracta, sino más bien un examen del modo en que los ideales, las leyes, las
costumbres y las propiedades se interrelacionan en los casos reales. Así,
aunque aprobaba la institución de la esclavitud, moderaba su aceptación
aduciendo que los amos no debían abusar de su autoridad, ya que los intereses
de amo y esclavo son los mismos. La biblioteca del Liceo contenía una colección
de 158 constituciones, tanto de estados griegos como extranjeros. El propio
Aristóteles escribió la Constitución de Atenas como parte de la
colección, obra que estuvo perdida hasta 1890, año en que fue recuperada. Los
historiadores han encontrado en este texto muy valiosos datos para reconstruir
algunas fases de la historia ateniense.
Ø
Lógica En lógica, Aristóteles desarrolló reglas para establecer un
razonamiento encadenado que, si se respetaban, no producirían nunca falsas
conclusiones si la reflexión partía de premisas verdaderas (reglas de validez).
En el razonamiento los nexos básicos eran los silogismos: proposiciones
emparejadas que, en su conjunto, proporcionaban una nueva conclusión. En el
ejemplo más famoso, “Todos los humanos son mortales” y “Todos los griegos son
humanos”, se llega a la conclusión válida de que “Todos los griegos son
mortales”. La ciencia es el resultado de construir sistemas de razonamiento más
complejos. En su lógica, Aristóteles distinguía entre la dialéctica y la
analítica; para él, la dialéctica sólo comprueba las opiniones por su
consistencia lógica. La analítica, por su parte, trabaja de forma deductiva a
partir de principios que descansan sobre la experiencia y una observación
precisa. Esto supone una ruptura deliberada con la Academia de Platón, escuela
donde la dialéctica era el único método lógico válido, y tan eficaz para
aplicarse en la ciencia como en la filosofía.
Ø
Metafísica
En su Metafísica, Aristóteles
abogaba por la existencia de un ser divino, al que se describe como “Primer
Motor”, responsable de la unidad y significación de la naturaleza. Dios, en su
calidad de ser perfecto, es por consiguiente el ejemplo al que aspiran todos
los seres del mundo, ya que desean participar de la perfección. Existen además
otros motores, como son los motores inteligentes de los planetas y las
estrellas (Aristóteles sugería que el número de éstos era de “55 o 47”). No
obstante, el “Primer Motor” o Dios, tal y como lo describe Aristóteles, no
corresponde a finalidades religiosas, como han observado numerosos filósofos y
teólogos posteriores. Al “Primer Motor”, por ejemplo, no le interesa lo que
sucede en el mundo ni tampoco es su creador. Aristóteles limitó su teología,
sin embargo, a lo que él creía que la ciencia necesita y puede establecer.
Ø
INFLUENCIA Tras la caída del Imperio romano las obras de Aristóteles se
perdieron en Occidente. Durante el siglo IX, los estudiosos musulmanes
introdujeron su obra, traducida al árabe, en el ámbito del islam. De estos
pensadores que examinaron y comentaron la obra aristotélica, el más famoso fue
Averroes, filósofo hispanoárabe del siglo XII. En el siglo XIII el Occidente
latino renovó su interés por la obra de Aristóteles y santo Tomás de Aquino
halló en ella una base filosófica para orientar el pensamiento cristiano,
aunque su interpretación de Aristóteles fuera cuestionada en un principio por
las instancias eclesiásticas. En las primeras fases de este redescubrimiento,
la filosofía de Aristóteles fue tomada con cierto recelo, en gran parte debido
a la creencia de que sus enseñanzas conducían a una visión materialista del
mundo. Sin embargo, la obra de santo Tomás acabaría siendo aceptada,
continuando más tarde la filosofía del escolasticismo la tradición filosófica
fundamentada en la adaptación que santo Tomás hacía del pensamiento
aristotélico.
La influencia de la filosofía de
Aristóteles ha sido general, contribuyendo incluso a determinar el lenguaje
moderno y el denominado sentido común, y su concepto del “Primer Motor” como
causa final ha tenido un importante papel dentro de la teología. Antes del
siglo XX, decir lógica significaba en exclusiva hacer referencia a la lógica
aristotélica. Hasta el renacimiento, e incluso después, tanto poetas como
astrónomos ensalzaron el concepto aristotélico del Universo. El estudio de la
zoología estuvo basado en la obra de Aristóteles hasta que, en el siglo XIX, el
científico británico Charles Darwin cuestionó la doctrina de la inmutabilidad
de las especies. En el siglo XX se ha producido una nueva apreciación del
método aristotélico y de su relevancia para la educación, el análisis de las
acciones humanas, la crítica literaria y el análisis político.
No sólo la disciplina de la zoología,
sino el mundo del saber en general, parece justificar el comentario realizado
por Darwin, quien llegó a afirmar que los héroes intelectuales de su época
“eran simples colegiales al lado del viejo Aristóteles”.
Ética (del griego ethika,
de ethos, ‘comportamiento’, ‘costumbre’), principios o pautas de la
conducta humana, a menudo y de forma impropia llamada moral (del latín mores,
‘costumbre’) y por extensión, el estudio de esos principios a veces llamado
filosofía moral. Este artículo se ocupa de la ética sobre todo en este último
sentido y se concreta al ámbito de la civilización occidental, aunque cada
cultura ha desarrollado un modelo ético propio.
La ética, como una rama de la filosofía,
está considerada como una ciencia normativa, porque se ocupa de las
normas de la conducta humana, y para distinguirse de las ciencias formales,
como las matemáticas y la lógica, y de las ciencias empíricas, como la
química y la física. Las ciencias empíricas sociales, sin embargo, incluyendo
la psicología, chocan en algunos puntos con los intereses de la ética ya que
ambas estudian la conducta social. Por ejemplo, las ciencias sociales a menudo
procuran determinar la relación entre principios éticos particulares y la
conducta social, e investigar las condiciones culturales que contribuyen a la
formación de esos principios.
Ø
PRINCIPIOS ÉTICOS
Los filósofos han intentado determinar
la bondad en la conducta de acuerdo con dos principios fundamentales y han
considerado algunos tipos de conducta buenos en sí mismos o buenos porque se
adaptan a un modelo moral concreto. El primero implica un valor final o summum
bonum, deseable en sí mismo y no sólo como un medio para alcanzar un fin.
En la historia de la ética hay tres modelos de conducta principales, cada uno
de los cuales ha sido propuesto por varios grupos o individuos como el bien más
elevado: la felicidad o placer; el deber, la virtud o la obligación y la
perfección, el más completo desarrollo de las potencialidades humanas.
Dependiendo del marco social, la autoridad invocada para una buena conducta es
la voluntad de una deidad, el modelo de la naturaleza o el dominio de la razón.
Cuando la voluntad de una deidad es la autoridad, la obediencia a los
mandamientos divinos o a los textos bíblicos supone la pauta de conducta
aceptada. Si el modelo de autoridad es la naturaleza, la pauta es la conformidad
con las cualidades atribuidas a la naturaleza humana. Cuando rige la razón, se
espera que la conducta moral resulte del pensamiento racional.
Ø
PRUDENCIA, PLACER O PODER
Algunas veces los principios elegidos no
tienen especificado su valor último, en la creencia de que tal determinación es
imposible. Esa filosofía ética iguala la satisfacción en la vida con prudencia,
placer o poder, pero se deduce ante todo de la creencia en la doctrina ética de
la realización natural humana como el bien último.
Una persona que carece de motivación para tener una
preferencia puede resignarse a aceptar todas las costumbres y por ello puede
elaborar una filosofía de la prudencia. Esa persona vive, de esta forma,
de conformidad con la conducta moral de la época y de la sociedad.
El hedonismo es la filosofía que enseña que el bien
más elevado es el placer. El hedonista tiene que decidir entre los
placeres más duraderos y los placeres más intensos, si los placeres presentes
tienen que ser negados en nombre de un bienestar global y si los placeres
mentales son preferibles a los placeres físicos.
Una filosofía en la que el logro más elevado es el poder
puede ser resultado de una competición. Como cada victoria tiende a elevar el
nivel de la competición, el final lógico de una filosofía semejante es un poder
ilimitado o absoluto. Los que buscan el poder pueden no aceptar las reglas
éticas marcadas por la costumbre y, en cambio, conformar otras normas y regirse
por otros criterios que les ayuden a obtener el triunfo. Pueden intentar
convencer a los demás de que son morales en el sentido aceptado del término,
para enmascarar sus deseos de conseguir poder y tener la recompensa habitual de
la moralidad.
Desde que los hombres viven en
comunidad, la regulación moral de la conducta ha sido necesaria para el
bienestar colectivo. Aunque los distintos sistemas morales se establecían sobre
pautas arbitrarias de conducta, evolucionaron a veces de forma irracional, a
partir de que se violaran los tabúes religiosos o de conductas que primero
fueron hábito y luego costumbre, o asimismo de leyes impuestas por líderes para
prevenir desequilibrios en el seno de la tribu. Incluso las grandes
civilizaciones clásicas egipcia y sumeria desarrollaron éticas no
sistematizadas, cuyas máximas y preceptos eran impuestos por líderes seculares
como Ptahhotep, y estaban mezclados con una religión estricta que afectaba a la
conducta de cada egipcio o cada sumerio. En la China clásica las máximas de
Confucio fueron aceptadas como código moral. Los filósofos griegos, desde el
siglo VI a.C. en adelante, teorizaron mucho sobre la conducta moral, lo que
llevó al posterior desarrollo de la ética como una filosofía.
Ø
LA TEMPRANA ÉTICA GRIEGA En el siglo VI a.C. el filósofo heleno Pitágoras desarrolló una de
las primeras reflexiones morales a partir de la misteriosa religión griega del
orfismo. En la creencia de que la naturaleza intelectual es superior a la
naturaleza sensual y que la mejor vida es la que está dedicada a la disciplina
mental, fundó una orden semirreligiosa con leyes que hacían hincapié en la
sencillez en el hablar, el vestir y el comer. Sus miembros ejecutaban ritos que
estaban destinados a demostrar sus creencias religiosas.
En el siglo V a.C. los filósofos griegos conocidos
como sofistas, que enseñaron retórica, lógica y gestión de los asuntos
públicos, se mostraron escépticos en lo relativo a sistemas morales absolutos.
El sofista Protágoras enseñó que el juicio humano es subjetivo y que la
percepción de cada uno sólo es válida para uno mismo. Gorgias llegó incluso al
extremo de afirmar que nada existe, pues si algo existiera los seres humanos no
podrían conocerlo; y que si llegaban a conocerlo no podrían comunicar ese
conocimiento. Otros sofistas, como Trasímaco, creían que la fuerza hace el
derecho. Sócrates se opuso a los sofistas. Su posición filosófica, representada
en los diálogos de su discípulo Platón, puede resumirse de la siguiente manera:
la virtud es conocimiento; la gente será virtuosa si sabe lo que es la virtud,
y el vicio, o el mal, es fruto de la ignorancia. Así, según Sócrates, la
educación como aquello que constituye la virtud puede conseguir que la gente
sea y actúe conforme a la moral.
Ø
ESCUELAS GRIEGAS DE ÉTICA La mayoría de las escuelas de filosofía moral griegas posteriores
surgieron de las enseñanzas de Sócrates. Cuatro de estas escuelas fueron
creadas por sus discípulos inmediatos: los cínicos, los cirenaicos, los
megáricos (escuela fundada por Euclides de Megara) y los platónicos.
Los cínicos, en especial el filósofo Antístenes,
afirmaban que la esencia de la virtud, el bien único, es el autocontrol, y que
esto se puede inculcar. Los cínicos despreciaban el placer, que consideraban el
mal si era aceptado como una guía de conducta. Juzgaban todo orgullo como un
vicio, incluyendo el orgullo en la apariencia, o limpieza. Se cuenta que
Sócrates dijo a Antístenes: “Puedo ver tu orgullo a través de los agujeros de
tu capa”.
Los cirenaicos, sobre todo Aristipo de Cirene, eran
hedonistas y creían que el placer era el bien mayor (en tanto en cuanto no
dominara la vida de cada uno), que ningún tipo de placer es superior a otro y,
por ello, que sólo es mensurable en grado y duración.
Los megáricos, seguidores de Euclides, propusieron
que aunque el bien puede ser llamado sabiduría, Dios o razón, es ‘uno’ y que el
Bien es el secreto final del Universo que sólo puede ser revelado mediante el
estudio lógico.
Según Platón, el bien es un elemento esencial de la
realidad. El mal no existe en sí mismo, sino como reflejo imperfecto de lo
real, que es el bien. En sus Diálogos (primera mitad del siglo IV a.C.)
mantiene que la virtud humana descansa en la aptitud de una persona para llevar
a cabo su propia función en el mundo. El alma humana está compuesta por tres
elementos —el intelecto, la voluntad y la emoción— cada uno de los cuales posee
una virtud específica en la persona buena y juega un papel específico. La
virtud del intelecto es la sabiduría, o el conocimiento de los fines de la
vida; la de la voluntad es el valor, la capacidad de actuar, y la de las
emociones es la templanza, o el autocontrol.
La virtud última, la justicia, es la relación
armoniosa entre todas las demás, cuando cada parte del alma cumple su tarea
apropiada y guarda el lugar que le corresponde. Platón mantenía que el
intelecto ha de ser el soberano, la voluntad figuraría en segundo lugar y las
emociones en el tercer estrato, sujetas al intelecto y a la voluntad. La
persona justa, cuya vida está guiada por este orden, es por lo tanto una
persona buena. Aristóteles, discípulo de Platón, consideraba la felicidad como
la meta de la vida. En su principal obra sobre esta materia, Ética a
Nicómaco (finales del siglo IV a.C.), definió la felicidad como una
actividad que concuerda con la naturaleza específica de la humanidad; el placer
acompaña a esta actividad pero no es su fin primordial. La felicidad resulta
del único atributo humano de la razón, y funciona en armonía con las facultades
humanas. Aristóteles mantenía que las virtudes son en esencia un conjunto de
buenos hábitos y que para alcanzar la felicidad una persona ha de desarrollar
dos tipos de hábitos: los de la actividad mental, como el del conocimiento, que
conduce a la más alta actividad humana, la contemplación, y aquéllos de la
emoción práctica y la emoción, como el valor. Las virtudes morales son hábitos
de acción que se ajustan al término medio, el principio de moderación, y han de
ser flexibles debido a las diferencias entre la gente y a otros factores
condicionantes. Por ejemplo, lo que uno puede comer depende del tamaño, la edad
y la ocupación. En general, Aristóteles define el término medio como el estado
virtuoso entre los dos extremos de exceso e insuficiencia; así, la generosidad,
una virtud, es el punto medio entre el despilfarro y la tacañería. Para
Aristóteles, las virtudes intelectuales y morales son sólo medios destinados a
la consecución de la felicidad, que es el resultado de la plena realización del
potencial humano.
Ø
ESTOICISMO La filosofía del estoicismo se desarrolló en torno al
300 a.C. durante los periodos helenístico y romano. En Grecia los
principales filósofos estoicos fueron Zenón de Citio, Cleantes y Crisipo de
Soli. En Roma el estoicismo resultó ser la más popular de las filosofías
griegas y Cicerón fue, entre los romanos ilustres, uno de los que cayó bajo su
influencia. Sus principales representantes durante el periodo romano fueron el
filósofo griego Epicteto y el emperador y pensador romano Marco Aurelio. Según
los estoicos, la naturaleza es ordenada y racional, y sólo puede ser buena una
vida llevada en armonía con la naturaleza. Los filósofos estoicos, sin embargo,
también se mostraban de acuerdo en que como la vida está influenciada por
circunstancias materiales el individuo tendría que intentar ser todo lo
independiente posible de tales condicionamientos. La práctica de algunas
virtudes cardinales, como la prudencia, el valor, la templanza y la justicia,
permite alcanzar la independencia conforme el espíritu del lema de los
estoicos, “Aguanta y renuncia”. De ahí, que la palabra estoico haya
llegado a significar fortaleza frente a la dificultad.
Ø
EPICUREÍSMO En los siglos IV y III a.C., el filósofo griego Epicuro desarrolló
un sistema de pensamiento, más tarde llamado epicureísmo, que identificaba la
bondad más elevada con el placer, sobre todo el placer intelectual y, al igual
que el estoicismo, abogó por una vida moderada, incluso ascética, dedicada a la
contemplación. El principal exponente romano del epicureísmo fue el poeta y
filósofo Lucrecio, cuyo poema De rerum natura (De la naturaleza de
las cosas), escrito hacia la mitad del siglo I a.C., combinaba algunas
ideas derivadas de las doctrinas cosmológicas del filósofo griego Demócrito con
otras derivadas de la ética de Epicuro. Los epicúreos buscaban alcanzar el
placer manteniendo un estado de serenidad, es decir, eliminando todas las
preocupaciones de carácter emocional. Consideraban las creencias y prácticas
religiosas perniciosas porque preocupaban al individuo con pensamientos
perturbadores sobre la muerte y la incertidumbre de la vida después de ese
tránsito. Los epicúreos mantenían también que es mejor posponer el placer
inmediato con el objeto de alcanzar una satisfacción más segura y duradera en
el futuro; por lo tanto, insistieron en que la vida buena lo es en cuanto se
halla regulada por la autodisciplina.
Ø
ÉTICA CRISTIANA Los modelos éticos de la edad clásica fueron aplicados a las
clases dominantes, en especial en Grecia. Las mismas normas no se extendieron a
los no griegos, que eran llamados barbaroi (bárbaros), un término que
adquirió connotaciones peyorativas. En cuanto a los esclavos, la actitud hacia
los mismos puede resumirse en la calificación de ‘herramientas vivas’ que le
aplicó Aristóteles. En parte debido a estas razones, y una vez que decayeron
las religiones paganas, las filosofías contemporáneas no consiguieron ningún
refrendo popular y gran parte del atractivo del cristianismo se explica por la
extensión de la ciudadanía moral a todos, incluso a los esclavos.
El advenimiento del cristianismo marcó una
revolución en la ética, al introducir una concepción religiosa de lo bueno en
el pensamiento occidental. Según la idea cristiana una persona es dependiente
por entero de Dios y no puede alcanzar la bondad por medio de la voluntad o de
la inteligencia, sino tan sólo con la ayuda de la gracia de Dios. La primera
idea ética cristiana descansa en la regla de oro: “Lo que quieras que los
hombres te hagan a ti, házselo a ellos” (Mt. 7,12); en el mandato de amar al
prójimo como a uno mismo (Lev. 19,18) e incluso a los enemigos (Mt. 5,44), y en
las palabras de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de
Dios” (Mt. 22,21). Jesús creía que el principal significado de la ley judía
descansa en el mandamiento “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con
toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti
mismo” (Lc. 10,27).
El cristianismo primigenio realzó como virtudes el
ascetismo, el martirio, la fe, la misericordia, el perdón, el amor no erótico,
que los filósofos clásicos de Grecia y Roma apenas habían considerado
importantes.
Ø
ÉTICA DE LOS PADRES DE LA IGLESIA
Uno de los
puntos fuertes de la ética cristiana fue la oposición al maniqueísmo, una
religión de origen persa que mantenía que el bien y el mal (la luz y la sombra)
eran fuerzas opuestas que luchaban por el dominio absoluto. El maniqueísmo tuvo
mucha aceptación en los siglos III y IV d.C. San Agustín, considerado como el
fundador de la teología cristiana, fue maniqueo en su juventud pero abandonó
este credo después de recibir la influencia del pensamiento de Platón. Tras su
conversión al cristianismo en el 387, intentó integrar la noción platónica con
el concepto cristiano de la bondad como un atributo de Dios, y el pecado como
la caída de Adán, de cuya culpa una persona está redimida por la gracia de
Dios. La creencia maniqueísta en el diablo persistió, sin embargo, como se
puede ver en la convicción de san Agustín en la maldad intrínseca de la
naturaleza humana. Esta actitud pudo reflejar su propio sentido de
culpabilidad, por los excesos que había cometido en la adolescencia y puede
justificar el énfasis que puso la primera doctrina moral cristiana sobre la
castidad y el celibato.
Durante la edad media tardía, los trabajos de
Aristóteles, a los que se pudo acceder a través de los textos y comentarios
preparados por estudiosos árabes, tuvieron una fuerte influencia en el
pensamiento europeo. Al resaltar el conocimiento empírico en comparación con la
revelación, el aristotelismo amenazaba la autoridad intelectual de la Iglesia.
El teólogo cristiano santo Tomás de Aquino consiguió, sin embargo, armonizar el
aristotelismo con la autoridad católica al admitir la verdad del sentido de la
experiencia pero manteniendo que ésta completa la verdad de la fe. La gran
autoridad intelectual de Aristóteles se puso así al servicio de la autoridad de
la Iglesia, y la lógica aristotélica acabó por apoyar los conceptos agustinos
del pecado original y de la redención por medio de la gracia divina. Esta
síntesis representa la esencia de la mayor obra de Tomás de Aquino, Summa
Theologiae (1265-1273).
Ø
ÉTICA Y PENITENCIA Conforme la Iglesia medieval se hizo más poderosa, se desarrolló
un modelo de ética que aportaba el castigo para el pecado y la recompensa de la
inmortalidad para premiar la virtud. Las virtudes más importantes eran la
humildad, la continencia, la benevolencia y la obediencia; la espiritualidad,
o la bondad de espíritu, era indispensable para la moral. Todas las acciones,
tanto las buenas como las malas, fueron clasificadas por la Iglesia y se
instauró un sistema de penitencia temporal como expiación de los pecados.
Las creencias éticas de la Iglesia medieval fueron
recogidas en literatura en la Divina Comedia de Dante, que estaba
influenciada por las filosofías de Platón, Aristóteles y santo Tomás de Aquino.
En la sección de la Divina Comedia titulada ‘Infierno’, Dante clasifica
el pecado bajo tres grandes epígrafes, cada uno de los cuales tenía más
subdivisiones. En un orden creciente de pecado colocó los pecados de
incontinencia (sensuales o emocionales), de violencia o brutalidad (de la
voluntad), y de fraude o malicia (del intelecto). Las tres facultades del alma
de Platón son repetidas así en su orden jerárquico original, y los pecados son
considerados como perversiones de una u otra de las tres facultades.
Ø
ÉTICA DESPUÉS DE LA REFORMA La influencia de las creencias y prácticas éticas cristianas
disminuyó durante el renacimiento. La Reforma protestante provocó un retorno
general a los principios básicos dentro de la tradición cristiana, cambiando el
énfasis puesto en algunas ideas e introduciendo otras nuevas. Según Martín
Lutero, la bondad de espíritu es la esencia de la piedad cristiana. Al
cristiano se le exige una conducta moral o la realización de actos buenos, pero
la justificación, o la salvación, viene sólo por la fe. El propio Lutero había
contraído matrimonio y el celibato dejó de ser obligatorio para el clero
protestante.
El teólogo protestante francés y reformista
religioso Juan Calvino aceptó la doctrina teológica de que la salvación se
obtiene sólo por la fe y mantuvo también la doctrina agustina del pecado
original. Los puritanos eran calvinistas y se adhirieron a la defensa que hizo
Calvino de la sobriedad, la diligencia, el ahorro y la ausencia de ostentación;
para ellos la contemplación era holgazanería y la pobreza era o bien castigo
por el pecado o bien la evidencia de que no se estaba en gracia de Dios. Los
puritanos creían que sólo los elegidos podrían alcanzar la salvación. Se
consideraban a sí mismos elegidos, pero no podían estar seguros de ello hasta
que no hubieran recibido una señal. Creían que su modo de vida era correcto en
un plano ético y que ello comportaba la prosperidad mundana. La prosperidad fue
aceptada pues como la señal que esperaban. La bondad se asoció a la riqueza y
la pobreza al mal. No lograr el éxito en la profesión de cada uno pareció ser
un signo claro de que la aprobación de Dios había sido negada. La conducta que
una vez se pensó llevaría a la santidad, llevó a los descendientes de los
puritanos a la riqueza material.
En general, durante la Reforma la responsabilidad
individual se consideró más importante que la obediencia a la autoridad o a la
tradición. Este cambio, que de una forma indirecta provocó el desarrollo de la
ética secular moderna, se puede apreciar en De iure belli et pacis (La
ley de la guerra y la paz, 1625) realizado por el jurista, teólogo y
estadista holandés Hugo Grocio. Aunque esta obra apoya algunas de las doctrinas
de santo Tomás de Aquino, se centra más en las obligaciones políticas y civiles
de la gente dentro del espíritu de la ley romana clásica. Grocio afirmaba que
la ley natural es parte de la ley divina y se funda en la naturaleza humana,
que muestra un deseo por lograr la asociación pacífica con los demás y una
tendencia a seguir los principios generales en la conducta. Por ello, la
sociedad está basada de un modo armónico en la ley natural.
Ø
FILOSOFÍAS ÉTICAS SECULARES En el Leviatán (1651), el filósofo inglés Thomas Hobbes
atribuye la mayor importancia a la sociedad organizada y al poder político.
Afirmaba que la vida humana en el “estado de naturaleza” (independiente de o
anterior a, la institución del estado civil) es “solitaria, pobre, sucia,
violenta y corta” y que es “una guerra de todos contra todos”. En consecuencia,
la gente busca seguridad participando en un contrato social en el que el poder
original de cada persona se cede a un soberano que, a su vez, regula la
conducta.
Esta postura conservadora en política asume que los
seres humanos son malos y precisan un Estado fuerte para reprimirlos. No
obstante, Hobbes afirmaba que si un soberano no da seguridad y orden y es
derrocado por sus súbditos, la sociedad vuelve al estado de naturaleza y puede
comprometerse en un nuevo contrato. La doctrina de Hobbes relativa al estado y
al contrato social marcó el pensamiento del filósofo inglés John Locke. En sus
dos Tratados sobre el gobierno civil (1690) Locke mantenía, sin embargo,
que el fin del contrato social es limitar el poder absoluto de la autoridad y,
como contrapeso, promover la libertad individual.
La razón humana es el criterio para una conducta
recta en el modelo elaborado por el filósofo holandés Baruch Spinoza. En su
obra más importante, Ética (1677), Spinoza afirmaba que la ética se
deduce de la psicología y la psicología de la metafísica. Sostenía que todas
las cosas son neutras en el orden moral desde el punto de vista de la
eternidad; sólo las necesidades e intereses humanos determinan lo que se
considera bueno o malo, el bien y el mal. Todo lo que contribuye al
conocimiento de la naturaleza del ser humano o se halla en consonancia con la
razón humana está prefigurado como bueno. Por ello, cabe suponer que todo lo
que la gente tiene en común es lo mejor para cada uno, lo bueno que la gente
busca para los demás es lo bueno que desea para sí misma. Además, la razón es
necesaria para refrenar las pasiones y alcanzar el placer y la felicidad
evitando el sufrimiento. El estado humano más elevado, según Spinoza, es el
“amor intelectual de Dios” que viene dado por el conocimiento intuitivo, una
facultad mayor que la razón ordinaria. Con el uso adecuado de esta propiedad,
una persona puede contemplar la totalidad del universo mental y físico y
considerar que éste engloba una sustancia infinita que Spinoza denomina Dios
sin disociarlo del mundo.
Ø
Las leyes de Newton La mayoría de los grandes descubrimientos científicos han afectado
a la ética. Los descubrimientos de Isaac Newton, el filósofo científico inglés
del siglo XVII, aportaron uno de los primeros y más claros ejemplos de esta
influencia. Las leyes de Newton se consideraron como prueba de un orden divino
racional. La opinión contemporánea al respecto fue expresada por el poeta
inglés Alexander Pope en el verso “Dios dijo: ¡dejad en paz a Newton!, y se
hizo la luz”. Los hallazgos e hipótesis de Newton provocaron que los filósofos
tuvieran confianza en un modelo ético tan racional y ordenado como se suponía
que era la naturaleza.
Ø
Filosofías éticas anteriores al
darwinismo Durante el
siglo XVIII, los filósofos británicos David Hume, en Ensayos morales y
políticos (1741-1742), y Adam Smith, autor de la teoría económica del laissez-faire,
en su Teoría de los sentimientos morales (1759), formularon modelos
éticos del mismo modo subjetivos. Identificaron lo bueno con aquello que
produce sentimientos de satisfacción y lo malo con lo que provoca dolor. Según
Hume y Smith, las ideas de moral e interés público provocan sentimientos de
simpatía entre personas que tienden las unas hacia las otras incluso cuando no
están unidas por lazos de parentesco u otros lazos directos.
El filósofo y novelista francés Jean-Jacques
Rousseau, en su Contrato social (1762), aceptó la teoría de Hobbes de
una sociedad regida por las cláusulas de un contrato social. En su novela Emilio
o De la educación (1762) y en otras obras, sin embargo, atribuía el mal
ético a las inadaptaciones sociales y mantuvo que los humanos eran buenos por
naturaleza. El anarquista, filósofo, novelista y economista político británico
William Godwin llevó esta convicción hasta su extremo lógico en su Ensayo
sobre la justicia política (1793), que rechazaba todas las instituciones
sociales, incluidas las del Estado, sobre la base de que su simple existencia
constituye la fuente del mal.
Una mayor aportación a la ética fue hecha a finales
del siglo XVIII por el filósofo alemán Immanuel Kant en su Fundamentación de
la metafísica de las costumbres (1785). Según Kant, no importa con cuánta
inteligencia actúe el individuo, los resultados de las acciones humanas están
sujetos a accidentes y circunstancias; por lo tanto, la moralidad de un acto no
tiene que ser juzgada por sus consecuencias sino sólo por su motivación ética.
Sólo en la intención radica lo bueno, ya que es la que hace que una persona
obre, no a partir de la inclinación, sino desde la obligación, que está basada
en un principio general que es el bien en sí mismo. Como principio moral
último, Kant volvió a plantear el término medio en una forma lógica: “Obra como
si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley
universal de la naturaleza”. Esta regla es denominada imperativo categórico,
porque es general y a la vez encierra un mandato. Kant insistió en que uno ha
de tratar a los demás como si fueran “en cada caso un fin, y nunca sólo un
medio”.
Ø
Utilitarismo La doctrina ética y política conocida como utilitarismo fue
formulada por el británico Jeremy Bentham hacia finales del siglo XVIII y más
tarde comentada por el también filósofo y británico James Mill y su hijo John
Stuart Mill. En su Introducción a los principios de la moral y la
legislación (1789), Bentham explicó el principio de utilidad como el medio
para contribuir al aumento de la felicidad de la comunidad. Creía que todas las
acciones humanas están motivadas por un deseo de obtener placer y evitar el
sufrimiento. Al ser el utilitarismo un hedonismo universal, y no un hedonismo
egoísta como podría interpretarse el epicureísmo, su bien más elevado consiste
en alcanzar la mayor felicidad para el mayor número de personas.
Ø
Ética hegeliana En La filosofía del Derecho (1821), el filósofo alemán
Georg Wilhelm Friedrich Hegel aceptó el imperativo categórico de Kant, pero lo
enmarcó en una teoría universal evolutiva donde toda la historia está
contemplada como una serie de etapas encaminadas a la manifestación de una
realidad fundamental que es tanto espiritual como racional. La moral, según
Hegel, no es el resultado de un contrato social, sino un crecimiento natural
que surge en la familia y culmina, en un plano histórico y político, en el
Estado prusiano de su tiempo. “La historia del mundo, escribió, es disciplinar
la voluntad natural incontrolada, llevarla a la obediencia de un principio
universal y facilitar una libertad subjetiva”.
El filósofo y teólogo danés Sören Kierkegaard
reaccionó con fuerza en contra del modelo de Hegel. En O lo Uno o lo Otro
(1843), Kierkegaard manifestó su mayor preocupación ética, el problema de la
elección. Creía que modelos filosóficos como el de Hegel ocultan este problema
crucial al presentarlo como un asunto objetivo con una solución universal, en
vez de un asunto subjetivo al que cada persona tiene que enfrentarse de manera
individual. La propia elección de Kierkegaard fue vivir sometido a la ética
cristiana. Su énfasis en la necesidad de la elección tuvo influencia en algunos
filósofos relacionados con el movimiento conocido como existencialismo, tanto
como con algunos filósofos críticos, cristianos y judíos.
Ø
Ética a partir de Darwin
El desarrollo científico que más afectó
a la ética después de Newton fue la teoría de la evolución presentada por
Charles Darwin. Los hallazgos de Darwin facilitaron soporte documental al
modelo, algunas veces denominado ética evolutiva, término aportado por el
filósofo británico Herbert Spencer, según el cual la moral es sólo el resultado
de algunos hábitos adquiridos por la humanidad a lo largo de la evolución. El
filósofo alemán Friedrich Nietzsche dio una explicación asombrosa pero lógica
de la tesis darwinista acerca de que la selección natural es una ley básica de
la naturaleza. Según Nietzsche, la llamada conducta moral es necesaria tan sólo
para el débil. La conducta moral —en particular la defendida por el
judeocristianismo, que según él es una doctrina esclava— tiende a permitir que
el débil impida la autorrealización del fuerte. De acuerdo con Nietzsche, toda
acción tendría que estar orientada al desarrollo del individuo superior, su
famoso Übermensch (‘superhombre’), que será capaz de realizar y cumplir la más
nobles posibilidades de la existencia. Nietzsche encontró que este ser ideal
quedaba ejemplificado en los filósofos griegos clásicos anteriores a Platón y
en jefes militares como Julio César y Napoleón.
En oposición al concepto de lucha despiadada e
incesante como fundamento de la ley rectora de la naturaleza, el anarquista y
filósofo ruso Piotr Alexéievich Kropotkin, entre otros, presentó estudios de
conducta animal en la naturaleza demostrando que existía la ayuda mutua.
Kropotkin afirmó que la supervivencia de las especies se mantiene a través de
la ayuda mutua y que los humanos han alcanzado la primacía entre los animales a
lo largo de la evolución de las especies mediante su capacidad para la
asociación y la cooperación. Kropotkin expuso sus ideas en una serie de
trabajos, entre ellos Ayuda mutua, un factor en la evolución (1890-1902) y
Ética, origen y desarrollo (publicado después de su muerte en 1924). En la
creencia de que los gobiernos se basan en la fuerza y que si son eliminados el
instinto de cooperación de la gente llevaría de forma espontánea hacia la
implantación natural de un orden cooperativo, Kropotkin defendió el anarquismo.
Los antropólogos han aplicado los principios
evolutivos al estudio de las sociedades y las culturas humanas. Estos análisis
han vuelto a subrayar los distintos conceptos del bien y del mal planteados por
diferentes sociedades; por lo tanto, se creía que la mayoría de esos conceptos
tenía un valor más relativo que universal. De entre los conceptos éticos
basados en un enfoque antropológico resaltan los del antropólogo finlandés
Edvard A. Westermarck en Relatividad ética (1932).
Ø
PSICOANÁLISIS Y CONDUCTISMO La ética moderna está muy influida por el psicoanálisis de Sigmund
Freud y sus seguidores y las doctrinas conductistas basadas en los
descubrimientos sobre estímulo-respuesta del fisiólogo ruso Iván Petróvich
Pávlov. Freud atribuyó el problema del bien y del mal en cada individuo a la
lucha entre el impulso del yo instintivo para satisfacer todos sus deseos y la
necesidad del yo social de controlar o reprimir la mayoría de esos impulsos con
el fin de que el individuo actúe dentro de la sociedad. A pesar de que la
influencia de Freud no ha sido asimilada por completo en el conjunto del
pensamiento ético, la psicología freudiana ha mostrado que la culpa,
respondiendo a motivaciones de naturaleza sexual, subyace en el pensamiento
clásico que dilucida sobre el bien y el mal.
El conductismo, a través de la observación de los
comportamientos animales, formuló una teoría según la cual la naturaleza humana
podía ser variada, creando una serie de estímulos que facilitaran
circunstancias favorables para respuestas sociales condicionadas. En la década
de 1920 el conductismo fue aceptado en Estados Unidos, en especial en teorías
de pediatras, aprendizaje infantil y educación en general. Tuvo su mayor influencia,
sin embargo, en el pensamiento de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas. Allí, el llamado nuevo ciudadano soviético fue instruido de acuerdo
con los principios conductistas a través del condicionante poder de la rígida y
controlada sociedad soviética. La ética soviética definía lo bueno como todo
aquello beneficioso para el Estado y lo malo como aquello que se le oponía o lo
cuestionaba.
En sus escritos de finales del siglo XIX y
principios del XX, el filósofo y psicólogo estadounidense William James abordó
algunos de los puntos centrales y característicos en las interpretaciones de
Freud y Pávlov. James es más conocido como el fundador del pragmatismo, que
defiende que el valor de las ideas está determinado por sus consecuencias. Su mayor
contribución a la teoría ética, no obstante, descansa en su insistencia al
valorar la importancia de las interrelaciones, tanto en las ideas como en otros
fenómenos.
Ø
TENDENCIAS RECIENTES El filósofo británico Bertrand Russell marcó un cambio de rumbo en
el pensamiento ético de las últimas décadas. Muy crítico con la moral
convencional, reivindicó la idea de que los juicios morales expresan deseos
individuales o hábitos aceptados. En su pensamiento, tanto el santo ascético
como el sabio independiente son pobres modelos humanos porque ambos son
individuos incompletos. Los seres humanos completos participan en plenitud de
la vida de la sociedad y expresan todo lo que concierne a su naturaleza.
Algunos impulsos tienen que ser reprimidos en interés de la sociedad y otros en
interés del desarrollo del individuo, pero el crecimiento natural
ininterrumpido y la autorrealización de una persona son los factores que
convierten una existencia en buena y una sociedad en una convivencia armoniosa.
Varios filósofos del siglo XX, algunos de los cuales
han asumido las teorías del existencialismo, se han interesado por el
problema de la elección ética individual lanzada por Kierkegaard y Nietzsche.
La orientación de algunos de estos pensadores es religiosa, como la del filósofo
ruso Nikolái Alexándrovich Berdiáiev, que subrayó la libertad del espíritu
individual; la del filósofo austro-judío Martin Buber, que se ocupó de la moral
de las relaciones entre individuos; la del teólogo protestante
germano-estadounidense Paul Tillich, que resaltó el valor de ser uno mismo, y
la del filósofo y dramaturgo católico francés Gabriel Marcel y el filósofo y
psiquiatra protestante alemán Karl Jaspers, ambos interesados en la unicidad
del individuo y la importancia de la comunicación entre los individuos. Una
tendencia distinta en el pensamiento ético moderno caracteriza los escritos de
los filósofos franceses Jacques Maritain y Étienne Gilson, que siguieron la
línea marcada por santo Tomás de Aquino. Según Maritain, “el existencialismo verdadero”
pertenece a esta tradición cristiana.
Otros filósofos modernos no aceptan ninguna de las
religiones tradicionales. El filósofo alemán Martin Heidegger mantenía que no
existe ningún Dios, aunque alguno puede surgir en el futuro. Los seres humanos,
por lo tanto, se hallan solos en el Universo y tienen que adoptar y asumir sus
decisiones éticas en la conciencia constante de la muerte. El filósofo y
escritor francés Jean-Paul Sartre razonó su agnosticismo pero también resaltó
la heideggeriana conciencia de la muerte. Sartre mantuvo que los individuos
tienen la responsabilidad ética de comprometerse en las actividades sociales y
políticas de su tiempo. El supuesto conflicto sobre la existencia de un Dios
omnipresente, no revestía ningún sentido de trascendencia para el individuo,
pues en nada afectaba a su compromiso con la libertad personal
Entre otros filósofos modernos, como el
estadounidense John Dewey, figuran los que se han interesado por el pensamiento
ético desde el punto de vista del instrumentalismo. Según Dewey, el bien es
aquello que ha sido elegido después de reflexionar tanto sobre el medio como
sobre las probables consecuencias de llevar a cabo ese acto considerado bueno o
un bien.
La discusión contemporánea sobre la ética ha
continuado con los escritos de George Edward Moore, en particular por los
efectos de su Principia ethica. Moore mantuvo que los principios éticos
son definibles en los términos de la palabra bueno, considerando que ‘la
bondad’ es indefinible. Esto es así porque la bondad es una cualidad simple, no
analizable.
Los filósofos que no están de acuerdo
con Moore en este sentido, y que creen que se puede analizar el bien, son
llamados naturalistas. A Moore se le califica de intuicionista.
Naturalistas e intuicionistas consideran los enunciados éticos como
descriptivos del mundo, o sea, verdadero o falso. Los filósofos que difieren de
esta posición pertenecen a una tercera escuela, no cognitiva, donde la ética no
representa una forma de conocimiento y el lenguaje ético no es descriptivo. Una
rama importante de la escuela no cognitiva defiende el empirismo o positivismo
lógico, que cuestiona la validez de los planteamientos éticos que están
comparados con enunciados de hecho o de lógica. Algunos empiristas lógicos
afirman que los enunciados éticos sólo tienen significado emocional o
persuasivo.
2. FELICIDAD Y VIRTUD
Para Aristóteles, aunque la opinión
general coincide en que la felicidad constituye el “bien supremo”, a la hora de
definirla cada uno manifiesta su punto de vista. La felicidad del ser humano en
la ciudad (“el animal político”) es colectiva. Es lo “que basta al hombre para
ser feliz”. El bien es, pues, el fin último de nuestras acciones y consiste en
“una actividad del alma en consonancia con la virtud”.
Aristóteles exponía que lo propio del
ser humano, su función natural, es “una cierta vida práctica de la parte
racional del alma” a la que se refieren las virtudes intelectuales (como la
prudencia y la sabiduría) adquiridas por el aprendizaje y la experiencia. La otra
parte, la de los apetitos del alma, se somete a las razones de la primera: son
las virtudes morales (valentía, moderación y justicia, por ejemplo) adquiridas
por el hábito y vinculadas a ella. La virtud es el hábito de “decidir
preferentemente [...] un justo medio, relativo a nosotros y determinado
racionalmente como lo haría el hombre prudente”. El deseo de lograr nuestros
fines es lo que establece nuestro razonamiento.
Del mismo modo, “el dominio de sí mismo”
frente a las pasiones (sensaciones y emociones) forma parte de la virtud para
alcanzar el “justo medio” (por ejemplo, el valor es un “justo medio” entre la
cobardía y la temeridad). De esta forma, Aristóteles evoca la justicia, que es
“una cualidad moral que obliga a los seres humanos a practicar cosas justas”.
Los derechos, diferentes según el país, dependen de la voluntad de los seres
humanos y de la forma de su gobierno, pero la equidad es superior a la justicia
que corrige.
3. VIRTUD Y PLACER Si la virtud depende de un acto voluntario, entonces la prudencia
se convierte en un criterio. Es tan necesaria, en la búsqueda de la virtud,
como la moderación y la educación de la parte del alma que alberga el deseo.
Alguien es inmoderado por ignorancia o por falta de dominio de sí mismo, sobre
todo frente al placer que todos buscamos, al tiempo que huimos del sufrimiento.
El filósofo griego constata y afirma que el placer es actividad y fin, y puede
ser considerado a su vez como el bien supremo.
Para Aristóteles, la amistad crea el
vínculo social, y la más auténtica es la que se funda en la igualdad. Se
considera al amigo como otro uno-mismo y es porque nos amamos a nosotros mismos
por lo que podemos hacer el bien a nuestro alrededor identificándonos con el
prójimo. Si la virtud lleva a la acción, el placer la consuma: Aristóteles
consigue así conciliar en la acción las virtudes y el placer. Sin embargo, la
felicidad de los sabios se halla en otro lugar: en el placer puro que ofrece la
contemplación de lo divino y en la búsqueda de la inmortalidad. Los demás se
limitarán a la política para vivir bien en la ciudad.
4. Conclusión: Para encarar una verdadera formación integral se
impone como conocimiento previo, el conocimiento de sí mismo, tanto en lo
temperamental que es heredado, como de la utilización que el alma con sus tres
potencias: inteligencia, conciencia y voluntad racional, realiza para encausar
dicho temperamento nocional, en un continuo perfeccionamiento que solo termina
con la muerte. Todo esto para potencia
al máximo la Formación integral, que debe abarcar lo intelectual, los tres
planos del conocimiento humano: ciencia, razón y revelación.
Esta visión coordinada del conocimiento,
logradas con las técnicas del SABER, donde predomina la concentración, debe
volcarse en un SABER-HACER, en el cual predomina la ejercitación, hacia el
SABER HACER-HACER, donde predomina el ejercicio del carácter para llegar al
SABER SER: sentido ético moral de la vida, por el cual viéndonos tal cual
somos, luchemos por ser mejores cada día, buscando gnoseológicamente el bien de
la humanidad, el cual está sumergida en dificultades adversar, y que por lo
expuesto anteriormente debemos aunar las fuerzas para ir construyendo una
Patria Libre y Soberna, con valores fundados en la Familia y en la Sociedad toda.
Ø
Bibliografía:
Brentano, Franz. Aristóteles.
Barcelona: Editorial Labor, 1983. Gran trabajo introductorio sobre Aristóteles.
Heller, Agnes. Aristóteles y el mundo
antiguo. Barcelona: Península, 1983. Análisis de Aristóteles en relación
con el conjunto del mundo antiguo.
Jaeger, Werner. Aristóteles, bases
para la historia de su desarrollo intelectual. México, D. F.: Fondo de
Cultura Económica, 1946. Clásico trabajo sobre el pensamiento de Aristóteles.
Montoya, J. y Conill, J. Aristóteles:
sabiduría y felicidad. Madrid: Editorial Cincel, 1985. Interesante estudio
sobre los principales conceptos del sistema aristotélico.
Ross, W. D. Aristóteles. Buenos Aires: Editorial
Sudamericana, 1957. Introducción a la vida, obra y pensamiento de Aristóteles.
Apuntes Pesonales de Filosofía.
Ø
Trabajo realizado:
Lic. José Luis Dell'Ordine
Buenos Aires - Argentina
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